Yo no soy gay 24, Jugando al fútbol…
Lindo Culo 04.
Cuando salimos a la cancha comprendí que me había equivocado
con el largo de los pantaloncitos cortos. Los míos eran demasiado apretados y
cortísimos, tanto así que la parte inferior de mis nalgas quedaba afuera. Por el
contrario, yo tendría que haber usado pantaloncitos más sueltos y no tan cortos.
Ni tampoco de color colorado.
Así que, sin proponérmelo, me convertí en un espectáculo
digno de verse, dado lo soberbio de mi lindo culo. Y me di cuenta por las
miradas de mis compañeros de equipo.
Me asignaron el rol de delantero, es decir el 10. Yo pensé
que ese era el modo de reconocer mi jerarquía futbolística, como goleador. Pero,
dado que era mi primer partido de fútbol, yo no era ningún goleador. Así que
pienso que poniéndome en esa posición, todos mis compañeros podían verme el
culo. Lo cual no tenía mucha importancia, dado que todos ellos son
heterosexuales como yo. Así que no había nada de lo tuviera que preocuparme.
De cualquier modo, decidí subirme un poco el pantaloncito
colorado. Pero fue otro error, porque se metió en la raya que separa mis nalgas.
"En fin", me dije, "hay días que son así…"
Al principio las cosas no fueron fáciles. Si bien se trataba
de un "amistoso", nuestros rivales pusieron todo de sí, para no dejarme llegar
al arco. Pero un poco pude avanzar y los rivales que quedaron detrás de mí me
vieron el culo, lo que pareció desconcertarlos un poco. Y los muchachos de mi
equipo se venían detrás de mí con todo el ímpetu. Así que conmigo como cuña,
nuestro equipo se fue adentrando hacia el arco adversario. Pero cuando pateé, el
arquero contrario pudo hacerse con la pelota. Entonces, dándome vuelta, retorné
hacia nuestro campo. Que fue cuando el arquero me vio el culo, fue el último de
su equipo que lo hizo.
En el siguiente avance, uno de los nuestros hizo un tiro que
normalmente yo hubiera cabeceado, pero en un momento de inspiración culeé la
pelota, lo que desconcentró completamente al arquero, ya que no sabía adonde
mirar, si a la pelota o a mi culo. Fue un golazo sensacional, y los muchachos de
mi equipo saltaron sobre mí para festejarlo. Me dieron muchos abrazos con todo
el cuerpo, y a muchos de ellos pude sentirles las pollas, que me refregaron con
todo el entusiasmo.
Eso fue sólo el principio. Los siguientes goles fueron
llegando con cada vez más facilidad. Y las pollas de mis amigos se sentían cada
vez más gordas. Inclusive las de algunos de nuestros adversarios, que
evidentemente confundidos, saltaron sobre mí para abrazarme.
Me abrazaron por todos lados, pero la mayoría de los pollazos
vino por el lado del culo. Claro, como era un "amistoso" hasta nuestros
adversarios querían festejar nuestros goles. Y manos no faltaron, tampoco.
Yo estaba un poco cachondo, no se si por el orgullo de haber
cometido tantos goles, o por tantas restregadas que estaba recibiendo.
Al final del primer tiempo íbamos ganando por nueve a cero,
todos logrados por mí.
Cuando volvimos al vestuario, los muchachos estaban muy
contentos, así hicieron todo el camino tocándome el culo. Y no voy a negar que
al llegar al vestuario estaba bastante cachondo.
Así que cuando nuestro arquero me bajó el pantaloncito
dejando mi culo al aire, no me opuse y dejé que mi compañero me culeara con
muchas ganas. Acabó enseguida, porque me había estado mirando el culo durante
todo el primer tiempo. Pero yo no acabé, y solamente quedé empalmado y con mi
agujero chorreando semen. Por suerte, enseguida vino otro de mis compañeros, y
continuó el trabajo iniciado por el arquero. Pero como también él estaba muy
caliente tampoco pudo durar tanto como para que yo acabara. Así que dejé mi culo
en pompa, por si algún otro compañero quería hacerme el favor. Lo encontré
inmediatamente, y aunque ya no recuerdo bien quien era, logró que me corriera.
Pronto comprendí que todos mis amigos querían colaborar conmigo, y no me pareció
bien negarme a darles un gustito. Fue todo bastante rápido, porque entre la
visión de mi redondo culo durante el partido y la visión de las garchadas que me
estaban dando, todos mis compañeros se vinieron en mi culo, que terminó
rebosante de leche, luego de otros tres orgasmos míos. Pero teníamos que volver
a la cancha porque ya habían pasado los quince minutos. Así que me subí los
pantaloncitos y salimos todos juntos. Por mi muy abierto agujero seguía
chorreando el semen, así que el trasero de mi pantaloncito fue quedando
completamente pringoso, cosa que a nuestros adversarios puede haberles
intrigado. Por lo menos a los que me miraron el culo, que fueron todos.
Mis compañeros parecían un poco cansados, pero yo me sentía
liviano cual mariposa.
Así que me adentré en el campo enemigo, pero no tuve en
cuenta que mis adversarios no venían de tener relaciones, así que estaban
terriblemente calientes. Hasta tal punto que me rodearon completamente, de modo
que mis compañeros no pudieran llegar hasta mí.
Y empezaron a manosearme y llenarme de pollazos erectos
contra mi cuerpo. Si bien yo venía de ser bien cogido, la pasión de estos
muchachos pudo conmigo, y cuando el más audaz de ellos me bajó el pantaloncito,
dejando mi delicioso y redondo culo al aire, acepté que me enterrara su tranca
ferozmente y me cogiera con frenesí. Dos minutos para llenarme el culo de leche.
Y enseguida comenzó el siguiente. Bueno, como te imaginarás me recontra
cogieron, mientras yo con los ojos extraviados, miraba sin ver.
Cinco polvos más me hicieron echar, ya que además se sumaron
los jugadores del banco.
Cuando terminaron de garcharme algunos volvieron a repetirlo,
mientras yo en cuatro patas chupaba las porongas que se me ponían adelante.
Tragué mucha leche, ya que también los muchachos de mi equipo se unieron al
festejo, haciéndome sentir su solidaridad viril, hasta el fondo, y muchas veces.
Yo terminé babeando, panza abajo y con el culo en pompa,
mientras los muchachos seguían festejándomelo. Esos momentos son algo glorioso
para cualquier terapeuta sexual, especialmente para los héteros como es mi caso.
Uno siente que es aceptado por el mundo. ¡Y cómo!
Después, entre todos me llevaron al vestuario y salvo cinco
que quisieron seguir disfrutándome, los demás se fueron, muy contentos, eso sí.
Cuando finalmente todo terminó, me quedé planchado, mientras
la enorme cantidad de semen que me habían ido inyectando iba saliendo y saliendo
y saliendo.
Cuando pude me levanté, y con paso muy tambaleante me
encaminé a mi casa. Incluso ya vestido, mi ojete seguía chorreando semen y más
semen. Y comprendí cuanta razón tenían mis compañeros de equipo al intuir que yo
tenía pasta de goleador.
Ese día, además de haber tenido un partido memorable,
descubrí muchas cosas sobre los hombres heterosexuales como yo mismo, que jamás
habría supuesto, ni siquiera en mi condición de terapeuta sexual.
Gracias por las cartas, queridos amigos y amigas. Pueden
enviarme sus comentarios a esta página, o directamente a lindoculo04@yahoo.com.ar
que es mi dirección electrónica. Un abrazo.