ENSAYO SOBRE LA DEGENERACIÓN
La sorpresa
Mientras espero a que Daniel me abra la puerta de su casa,
pienso en el tiempo que hace que no le veo. Después de meses sin coincidir, hoy
me ha llamado por si me apetecía tomar un café. No me pude negar, fuimos muy
amigos en nuestro tiempo de juventud y, aunque ahora nos vemos muy poco, la
amistad perdura.
Hola Juan, ¿cómo estás? –me dice, tras abrirme la
puerta-
Bien, bien, cuanto me alegra verte –le respondo
mientras me acerco a él para darle un pequeño abrazo-.
Pasa, siéntate y sírvete algo. En unos minutos bajo,
estoy acabando de mandar un correo.
Por mi no te preocupes, tengo tiempo.
Mientras el sube las escalares, yo le doy una pequeña visual
a su apartamento. Realmente esa había sido la excusa para que hoy estuviese allí
y no iba perder la oportunidad de verlo porque sé que a Daniel le hacía mucha
ilusión comprarse uno y, al fin, se había decidido. El salón no era muy grande y
hacía las veces de hall ya que la puerta de entrada daba directamente con él.
Mientras hablaba con Daniel no había dejado de observar la
magnífica estantería repleta de libros que domina la pared que está enfrente de
la puerta y, como si fuese un autómata, me dirijo a ella para ver los que tiene.
Son mi pasión y me encanta ver las bibliotecas de mis amigos. Yo soy de los que
piensan que "por sus libros les conocereis". Y no son malos los que tiene
Daniel. Autores en su mayoría extranjeros pero elegidos con buen gusto. Se nota
que no se deja influenciar por el mercado y es selectivo a la hora de comprar.
Seguramente acabaré pidiéndole alguno para leerlo, estoy pensando mientras me
dirijo a una especie de mueble bar, que está limitando con la estantería, para
servirme una copita de whisky. Dos hielos y un pequeño chorro serán más que
suficientes. Hoy no me queda otro remedio que conducir.
Al girarme para buscar asiento es cuando los músculos se me
inmovilizan y por poco provoco un desastre si llega a caerme el vaso de las
manos. Justo enfrente de mí están dos personas, un hombre y una mujer, de unos
cuarenta y pocos años, completamente desnudos. No me había percatado de su
presencia hasta ahora porque estaban totalmente inmovilizados, con una mordaza
puesta cada uno de ellos. Los dos están atados de la misma manera, con una cinta
de cuero en cada pierna que les obliga a tener juntos los muslos con los gemelos
y otra pieza de cuero que hace de esposas en sus manos, con una aplique metálico
en el medio que está enganchado a lo que antes parece que fue la argolla para
recoger las cortinas. La posición de los brazos, con las manos amarradas a esa
argolla muy por encima de la cabeza, hace que la mujer muestre sus pechos con
total claridad. Unos pechos enormes y bellos que mantienen su fuerza juvenil. Mi
mirada no es capaz de apartarse de ellos y cuando, al fin lo consigo, la voy
bajando para hacer nuevos descubrimientos. Las piernas las tienen separadas por
lo que se ven con claridad el sexo de cada uno de ellos. Él con la polla en
estado de erección y ella con su coño totalmente depilado, resaltando unos
labios especialmente grandes.
No sé qué hacer. Les conozco de vista, aunque tampoco soy
capaz de saber quienes son. Pero, les ponga nombre o no, se me hace difícil
estar ahí. Sin embargo, no me marcho. El morbo que me esta produciendo esta
escena hace que mis músculos no respondan y no pueda desviar la mirada de esos
dos cuerpos.
En muy poco tiempo pasan por mi mente muchísimas
explicaciones a todo lo que estoy viendo pero ninguna con la coherencia
suficiente como para triunfar sobre las demás. Ella es muy guapa, con pelo
castaño, algo ondulado, y con un cuerpo bien conservado que es agradable de ver
y que finaliza con unos pies algo grandes para ser una mujer y con unas manos no
muy alargadas aunque sí femeninas. Lleva puesto dos pulseras y un reloj como
únicos complementos. El hombre tiene el pelo muy corto y un pendiente en la
oreja izquierda que, si bien no hace disimular la edad que tiene, sí le da un
toque más juvenil. Estaba tan excitado o más que yo, supongo que por mi
presencia, y su polla tenía un aspecto aceptable, sin llegar a la longitud de la
mía pero si de un grosor similar.
El ruido de Daniel bajando las escaleras me llevó a la
realidad, una realidad que me parecía un sueño.
Ya te has ubicado –me dice sonriendo-, te voy a
presentar a mi pareja de perritos. Él es Rafa y ella Maite. Es posible que
los conozcas porque tienen una farmacia en la avenida de América.
Si, me resultaban conocidos aunque hasta que me lo has
dicho, no era capaz de situarlos. Pero... ¿qué hacen aquí de esa manera?
–le pregunté yo-
Son mis esclavos. Bueno, realmente primero fue Rafa y
al final acabó entregándome a su pareja. Aquí los tienes. Les llamo mis
perritos porque no dejan de ser eso. No tienen hijos y eso les da la
posibilidad de que cada vez que no tienen que abrir la farmacia, vengan a
mi casa –tienen una copia de la llave-, se desnudan y se enganchan a su
correspondiente argolla. Y ahí están, todo el tiempo que sea necesario,
esperando mis órdenes.
Así, ¿sin mas?.
Sí. Te veo extrañado –dice mientras se rie- No sé en
qué mundo vives, hombre. Hoy en día, lo normal es lo que estás viendo y ya
nadie oculta sus tendencias y desviaciones. La hora de los tabúes ha
quedado lejana. El incesto, la sumisión, los cambios de pareja y cosas
similares es lo que hace la mayoría y son muy pocos los que, como tú,
sigue practicando un sexo convencional.
Ya, puede ser eso. Pero no me negarás que por mucho que
haya avanzado esto, el hecho de tener aquí a estas dos personas, atadas y
desnudas delante de mi, es algo degenerado.
Mucho menos de lo que crees.
Es posible que tú conozcas a muchas más personas como
vosotros pero yo no.
No es que no las conozcas, sólo que no lo ves porque no
es evidente para ojos que no estén acostumbrados. Pero si te fijases,
observarías como esto que hoy ves aquí es generalizado. La gente necesita
entregarse a otras personas. Rafa y Maite han decidido entregarse a mí y
yo estoy facilitándoles ese deseo. ¿Que te parecen físicamente?, ¿a que
están muy bien?.
Si, eso es cierto. Ella es muy guapa.
¿A que si?. Siempre se lo digo a Rafa, que tiene una
novia guapísima. No sé como le da por regalármela. ¿Quieres utilizarlos?
–me pregunta sonriendo-.
¿Cómo? –le pregunto para ganar tiempo consciente de que
mi polla estaba creciendo de tamaño de forma alarmante-
Tranquilo Juan, relájate hombre, que estás tenso... y
excitado –me dijo echando una ojeada al bulto que se veía por debajo de mi
pantalón-. No te preocupes, son mis perritos y los utilizo tanto para mí
como para mis invitados. A ver... ¿te van las mujeres o los hombres?.
Las mujeres, al menos de momento –respondo casi como un
autómata-.
Haces bien en no cerrar puertas – me dice riendo al
tiempo que se levanta y suelta el gancho de la argolla de Maite-.
Se pone tras ella y agarrándola bajo los brazos la levanta en
peso y me la acerca, colocándola en medio de mis piernas. Yo, como hipnotizado,
sigo sin reaccionar. Sin perder tiempo, Daniel me desabrocha el pantalón y
bajándome la cremallera, busca mi polla ofreciéndosela a Maite. Ella, muy
despacio, va acercando su boca a ella lo que hace que mi cuerpo reaccione y mi
polla amenace con explotar en cualquier momento. Sin prolegómenos, Maite la
introduce en su boca y noto como sus labios me van recorriendo todo, dando una
sensación de calor extraordinario. Maite acelera el movimiento y, por un
momento, pierdo la noción de donde estoy, de que hace pocos minutos estaba
entrando por la puerta para visitar a un amigo que tenía algo abandonado, de que
éste me estaba ofreciendo a una mujer para que me chupase la polla, de que la
pareja de esa mujer está aquí, amordazado y atado, viendo toda la escena.
Sólo el ruido producido por una llave en la puerta de entrada
de la casa me hace volver y con rapidez aparto a Maite de mi polla y trato de
guardarla. Me para Dani, indicándome que siga con lo que estoy haciendo, que
estoy en su casa y que no hay problema. En estos momentos estoy tan lejos de la
realidad que le dejo hacer y continuo tranquilo, con la boca de Maite
recorriendo mi polla de arriba hasta abajo sin importarme quien va entrar por la
puerta.
Aún así, con el rabillo del ojo, veo hacia la puerta. Sé que
Daniel vive solo desde hace años. Sus padres y hermana están en Madrid. No soy
capaz de adivinar quien puede ser... al final, una silueta femenina vestida con
un chándal entra por la puerta. Es Raquel, su hermana. Entra con rapidez y me
reconoce al instante.
Hola Juan, ¿que tal? –me dice con toda naturalidad-. Ya
veo que Matilde te está haciendo un buen trabajo. Es muy buena perra.
Se acerca a Matilde y le agarra del pelo con suavidad
haciendo que deje libre mi polla. La agarra con su mano como si estuviese
tomándole medidas.
Buen tamaño – me dice sonriendo y como relamiéndose-.
Me gusta. Bueno hermanito, me voy a dar una ducha, que estoy toda sudada.
Vale, baja cuando quieras –le contesta-.
Raquel se aleja mientras Maite continúa con su trabajo. Me ha
dejado helado el desparpajo de Raquel al observar la escena y la naturalidad con
la que están todos.
Si te apetece correrte, puedes hacerlo cuando y donde
quieras. A Maite le encanta que se corran en su boca, sobre todo si es de
pollas nuevas para ella. Así que, si te apetece, no te cortes.
Pues si no para pronto, me correré seguro.
Pues hazlo hombre, seguro que te hará bien.
El placer que me está dando Maite es tan grande que a duras
penas puedo mantener la concentración necesaria para no correrme. Y cuando lo
consigo, un simple vistazo a Rafa me hace perder los papeles de nuevo. Es
increíble con qué tranquilidad nos observa, viendo como su novia le come la
polla a un desconocido por el simple hecho de que mi amigo lo haya decidido así.
A pesar de que mi polla es bastante grande, Maite se está
esforzando para que entre toda en su boca. Noto como sus labios la recorren,
como mi glande toca su garganta y como aguanta las arcadas producidas, como una
profesional. En cuanto puede, su lengua también acaricia mi piel y, aunque el
hecho de que tenga las manos atadas me excita muchísimo, no quiero pensar que
sería de mí si ella pudiese utilizar las manos.
Las convulsiones previas al orgasmo ya están aquí. Ella lo
tiene que notar porque mis jadeos no cesan y mis movimientos no lo disimulan.
Pero aún así, continúa chupando, con más rapidez, si cabe, y todo culmina con
una gran corrida en la boca. Chorro tras chorro, mi polla está descargando todo
mi semen en lo más profundo de su garganta y veo, complacido, como hilillos de
mi leche salen por la comisura de los labios de Maite. Ha sido un orgasmo brutal
y no se lo he ocultado a nadie. Ni a Maite, que ha sentido toda mi descarga, ni
a Rafa e Daniel que lo han visto todo.
Daniel, sin decir nada, vuelve a coger a Maite por debajo de
los brazos, la sitúa en su posición original y levantándole los brazos, vuelve a
amarrar el enganche a la argolla. Veo tanto para Maite como para Rafa y ninguno
de los dos expresa ninguna reacción en su cara. Sólo la erección de Rafa y
algunos flujos de Maite me hacen ver que han disfrutado con la escena.
Te has corrido bien, cabroncete – me suelta Daniel
entre risas-.
Ha sido magnífica.
Maite lo hace muy bien. Sabe que a mi me gusta mucho
que me la chupen y se esfuerza en que disfrute lo máximo posible. Bueno...
cuéntame, ¿que tal te va?.
Tirando como se suele decir en estos casos.
Y comienzo a contarle todo lo que me ha pasado durante estos
últimos meses, y aunque sigo hablando con Daniel y contestándole a todo tipo de
preguntas, mi mente no es capaz de volver y camina por otros lugares, recordando
todo lo que ha sucedido en los minutos previos e intentando explicarse porqué
está pasando todo esto.
Minutos más tarde, una mano en mi hombro me hace dejar de
atender a Daniel y dirigir la vista hacia mi izquierda. Es Raquel que ya se ha
duchado. Tiene la toalla anudada a su cuerpo y está irresistible. Su media
melena cayéndole sobre los hombros, con el pelo todavía mojado, resulta
excitante. Continúo bajando y me encuentro con unos hombros que emanan erotismo
por todas partes, con unos pechos que se insinúan por debajo de la toalla,
grandes y fuertes que nada tienen que ver con el recuerdo que tenía yo de ellos.
Era evidente que había crecido mucho y la silueta reflejaba que había sido para
bien. Daba gana de comérsela.
Veo que te has corrido –me dijo mientras se acercaba a
Maite y le pasaba el dedo por la comisura de los labios metiéndoselo
después en su boca-. Rico, muy rico Juan. ¿Supongo que tendré mi ración,
verdad? – Le pregunta a su hermano-.
Claro Raquel, sabes que Maite es muy aplicada. Abre la
boca, Maite.
La siguiente imagen que llega a mi retina es mi semen cayendo
por la barbilla de Maite y precipitándose al vacío quedando restos por todo su
cuerpo. Boquiabierto, me doy cuenta de que Maite no había tragado mi semen sino
que lo había mantenido en su boca durante todo este tiempo. Por la forma y
familiaridad con que Raquel recorre todas las partes de su cuerpo buscando
cualquier resto de semen que hubiese quedado, parece que eso era habitual.
Raquel se está inclinando cada vez más a medida que va
bajando por el cuerpo de Maite y, llegado un punto, la toalla no es capaz de
ocultar su trasero y su coño que se me muestran en todo su esplendor. Mi polla
se vuelve a poner erecta. Realmente, está muy buena, con un moreno precioso que
le da más alegría a ese cuerpo perfecto.
A Daniel no se le escapa detalle y estoy convencido que se
imagina todo lo que pienso. Al final, con una mueca de aparente aprobación, que
indica que no hay problema en tomar a su hermana.
Te gusta mi hermana, ¿verdad?. ¿A que está muy buena?.
No te puedes imaginar la de pollas que han entrado por ese coño que estás
viendo. Anda, fóllatela, que casi te lo está pidiendo a gritos.
El cualquier otra circunstancia no hubiera reaccionado y lo
tomaría a chiste pero hoy es diferente. Me levanto y me acerco a Raquel, me bajo
los pantalones, cojo mi polla con la mano y la pongo en la entrada de su coño.
Con sólo acercarla noto el calor que desprende su coño. La voy metiendo poco a
poco y la sensación es placentera. Tiene un coño bien hecho, que deja entrar con
facilidad una polla como la mía. Raquel también ayuda y poco a poco se va
acoplando. Casi se podría decir que en vez de estar yo follándola, me está ella
follando a mi.
Sigo metiendo y sacando mi polla, cambiando de ritmo cada vez
que noto que es posible que me corra, Raquel ya ha limpiado todo mi semen del
cuerpo de Maite y ahora se está ocupando de Daniel que, supongo que no
aguantando más, sacó su polla y entre Maite y Raquel se la están comiendo. No
sabía que los hermanos se "llevasen tan bien", pero a estas alturas ya nada me
sorprende. Yo sigo con mi trabajo, quiero que Raquel disfrute con este polvo
porque puede que después de este haya alguno más si le resulta placentero.
Siempre he aguantado muy bien y si no quiero correrme, consigo no hacerlo.
Además, ya he descargado una vez y eso ayuda a liberar presión, pero al final no
puedo contenerme más y, al ver como Daniel se corre en la cara de Raquel, como
algún chorro incluso me alcanza a mi y como hace que Maite lame todo ese
esperma, no aguanto más y alcanzo mi segundo .
Con la polla aún semierecta, me siento de nuevo en el sillón.
Estoy agotado tanto física como mentalmente y creo que es la hora de irme. Ver
como Rafa sigue observándome me está poniendo nervioso. Hoy su novia me ha
chupado la polla, me he corrido en su boca y ha tragado parte de mi semen. Creo
que es suficiente por hoy y, disimuladamente, me preparo para salir de casa. Me
levanto, acaricio el pelo todavía mojado (ya no sé si de agua o de semen) de
Raquel y le digo a Rafa que me voy y que, si tal, nos llamamos.
Venga, chao Juan, espero que hayas disfrutado –me dice
con una sonrisa en la boca-
Vaya si no. Hablamos. Chao.
Salgo de la casa, tremendamente confuso. Si saber discernir
un sueño de la realidad y sin saber que ha ocurrido allí dentro. Pero me noto
contento, me he sentido libre y he hecho lo que he querido. Llamo al ascensor,
entro y marco el 0. En breve estaré en el mundo normal... o ¿ya no es tan normal
como cuando entré?.
Este puede ser un primer relato de una serie siempre que a la
gente le guste la idea. Espero vuestro comentarios para continuarla o dejarla de
lado.