Recuerdo que mi abuela vino a vivir con nosotros cuando quedó
viuda. Ella siempre estaba triste desde que perdió a su marido. El relato que os
presento ocurrió tres años después de que viniese a vivir con nosotros. Yo tenía
quince años y empecé a oírla dar gemidos por la noche en su habitación.
Cada vez que me encontraba solo en casa, registraba los
cajones de las mesitas de su dormitorio y los armarios. Encontré bajo los
cajones del armario unas cuantas revistas pornográficas. Casi todas eran de
pollas muy grandes. Por la parte superior del armario encontré un consolador.
Era una enorme polla de látex. En dos meses de espiarla y registrar sus cosas,
supuse que se masturbaba utilizando como estimulo las pollas grandes.
Entonces recordé a un compañero de clase. Le llamábamos "The
Monster" por lo grande que la tenía. Con sólo quince años ya tenía veinticinco
centímetros. Mi plan era llevarlo a casa y que mi abuela se despachara a gusto.
Para ello me hice amigo de Rogelio, que ese era su nombre. Empezamos a estudiar
juntos y poco a poco nos hicimos buenos amigos. A las pocas semanas de ser
amigos ya teníamos bastante confianza y hablábamos de cualquier tema, así que me
contó que con aquella polla sólo en los prostíbulos podía follar, su padre lo
había llevado algunas veces.
Por la conversación deduje que siempre estaba dispuesto a
meterla, si había alguna mujer que la aceptara, y le comenté la afición de mi
abuela. Ella tenía sesenta años y su cuerpo no estaba muy en condiciones, pero
seguramente una buena mamada sí le daría. A él no le pareció mal y empezamos a
cavilar para conseguir que mi abuela tomara a Rogelio.
Una tarde íbamos a estar solos mi abuela y yo en casa, mi
padre trabajaba y mi madre salió de compras, así que llamé a Rogelio para que
viniese a estudiar. Estaba mi abuela en su habitación y la escuchamos gimotear,
por lo que supusimos que se estaba masturbando. Rogelio se sentó en el sillón de
la salita con la polla fuera y se empalmó un poco para que impresionara a mi
abuela.
Corrí a la habitación de mi abuela para pedirle ayuda pues mi
amigo se había golpeado y se le había hinchado mucho el golpe. Ella salió algo
alterada pues le había cortado la paja y casi estaba a punto de correrse, me
siguió a la salita y Rogelio estaba en el sofá doblado simulando que tenía mucho
dolor en la entrepierna.
-¿Qué te pasa, chiquillo?
-Nada... que se me ha hinchado esto... – le dijo a mi abuela
y se volvió para mostrarle su polla.
-¡Dios santo, eso qué es! – llegó a asustarse al ver la
polla.
-Abuela, creo que te gustan bien grande y esta es para que la
disfrutes.
Mi abuela no habló más, se arrodilló delante de él y le quitó
los pantalones y los calzones. La estuvo tocando un poco y sacó su lengua para
empezar a chuparla, abrió la boca y comenzó a comerse su enorme glande. Rogelio
le acariciaba la cabeza y ella estaba poseída por el enorme falo que tenía el
chaval. Yo me senté en un rincón de la habitación y me comencé a masturbar al
verlos.
Sólo se escuchaba las mamadas que le daba mi abuela a la gran
polla y los gruñidos de placer de Rogelio, según me contó hacía tiempo que no se
la chupaban. Él había follado con algunas mujeres y sabía como hacer para
aguantar sin correrse. Mi abuela se afanaba en mamar para que la leche del
chiquillo le llenara la boca.
-Mamá, ¿qué estás haciendo? – escuché la voz de mi madre que
sonaba tras la puerta de la habitación sin que ella pudiera verme.
-Hija, mira cómo es esta polla. – le dijo mi abuela sin
intención de dejar de mamar.
-Señora, dónde ha encontrado esa maravilla. – sonó la voz de
Ángeles, amiga de mi madre.
-Vengan señoras, hay polla para todas. – les invitó Rogelio
para que se unieran a mi abuela.
Mi madre y Ángeles se arrodillaron una a cada lado de mi
abuela y entre las tres le comían la polla. Rogelio disfrutaba el momento. Yo
desde mi sitio veía como mi madre se metía la polla todo lo posible en su boca y
como lo mamaba. Ángeles le chupaba los huevos. Empezaron a desnudarlo y cuando
lo tenían sin ropas lo tumbaron en el sofá.
Mi abuela se quedó mamando la polla con la ayuda de su hija.
Ángeles se sacó las tetas y después de besarlo un poco se las ofreció para que
la mamara. Mi madre se quitó la ropa de cintura para arriba y con sus hermosas y
grandes tetas comenzó a hacerle una cubana a Rogelio que gemía y disfrutaba.
-¿Cómo has conseguido quedarte a solas con esta maravilla? –
preguntó mi madre.
-No estoy sola, - dijo mi abuela. – tu hijo está en el rincón
pajeándose a nuestra salud.
Mi madre se volvió y me miró con la cara descompuesta. Se
puso colorada e intentó taparse los pechos, yo seguí pajeándome ante la vista de
mi madre que se excitó aún más al verme.
-Vamos Carmen, que ya lleva un rato viéndote. – dijo Ángeles.
- ¿Te importa si ayudo a tu hijo?
Mi madre sólo movió la cabeza para indicarle que podía
hacerlo. Me levanté de la silla y me acerqué a Ángeles, se arrodilló delante de
mí y me quitó los pantalones y los calzoncillos. Mi polla estaba dura y, aunque
era la mitad de la otra, ella la empezó a mamar. Yo tocaba sus tetas y aquellos
grandes pezones. Era la primera vez que tenía relaciones y no pude aguantar
mucho. Se lo indiqué y ella aceleró las mamadas para que me corriera en su boca.
La llené de semen y ella se lo tragó todo. Parecía que me iba a caer y me senté
en el sofá.
Allí, en el sofá, estaba Rogelio con su gran polla erecta,
dentro del coño de mi madre que tenía los pies puestos en las rodillas de él y,
apoyando sus manos en el respaldar del sofá se sentaba para clavarse a Rogelio,
mientras mi abuela chupaba los huevos y la polla que quedaba fuera del coño de
mi madre.
Ángeles comenzó de nuevo a chuparme para que me volviera a
empalmar. Mientras sentía la boca de ella veía como Rogelio empalaba a mi madre.
Ella gemía cada vez que le entraba la polla y él, agarrándola por la cintura, la
follaba cada vez más duro. Mi madre comenzó a gemir y se corrió. Se levantó de
él y mi abuela aprovechó para mamar de nuevo la polla. Ángeles tomó el lugar de
mi madre y lo empezó a follar.
Mi madre estaba sentada junto a mí, desnuda, sólo tenía la
falda enrollada en la cintura y los zapatos puestos. Mirábamos como Rogelio
empezó a follar a Ángeles por detrás, como su enorme polla se perdía en el culo
de ella. Follaba su coño como si fuera una perra, muy fuerte y a ella le gustaba
y lo agradecía con chillidos y gemidos.
Sentí que una boca me chupaba la polla. Mi abuela se había
puesto delante de mí y se la estaba tragando. Mi polla era más chica, pero a
ella no le importaba.
-¿Qué haces mamá? – le dijo mi madre.
-Déjate de tonterías, agáchate, mámalo y después te lo follas
que yo no puedo.
Mi madre se quedó mirando como mi abuela se tragaba mi polla
entera, abrió sus piernas y comenzó a tocarse el coño. La miré a la cara y ella
me miró a mí. Acerqué mi boca y comenzamos a besarnos, cada vez con más pasión.
Alargué una mano y comencé a tocar sus enormes tetas, con sus pezones erectos.
Bajé hasta ellos y los chupaba. Ella gemía y se masturbaba. Yo estaba en la
gloria, mi abuela me mamaba la polla y yo disfrutaba de mi madre.
Rogelio y Ángeles seguían follando. No había forma de que él
se corriera y unos minutos más tarde Ángeles comenzó a gritar con cada envestida
descomunal, al sentir que se estaba corriendo. Pero Rogelio no se corría. Le
sacó la polla a Ángeles y se arrodilló delante de mi madre. Le abrió las piernas
y comenzó a comerle el coño.
Noté como los pezones de mi madre se ponían más duros en mi
boca cuando la lengua de Rogelio comenzaba a jugar con su clítoris. Mi abuela
alargó la mano y lo masturbaba sin dejar de mamarme la polla. Mi madre tenía el
coño en el filo del sofá y me pidió que me pusiera en medio de sus piernas y la
follara.
Así lo hice, sentí que ella agarró mi polla y la llevó a su
coño. Nos mirábamos a los ojos y me hizo una indicación con la cabeza para que
la penetrara. Empujé despacio y mi polla fue entrando. Sentí por primera vez el
calor de un coño, el coño de mi madre. La fui penetrando y ella se retorcía de
placer.
Sentí que mi abuela se colocaba detrás de mí y, abriéndome
los cachetes del culo, me lamía el ano. Sentía un gran placer al tener mi polla
dentro de mi madre y la lengua de mi abuela que me lamía el culo. Rogelio se
colocó detrás de mi abuela y le indicó que le iba a follar por el culo.
Ángeles se sentó junto a mi madre y abrió las piernas.
Rogelio cogió a mi abuela y la puso delante del coño de Ángeles para que se lo
comiera. Yo veía como se colocaban sin dejar de follar a mi madre. Mi abuela le
indicó a él donde había un bote de lubricante. Lo cogió y lo untó en el agujero
de ella, metiéndole primero un dedo y después dos. Ella lamía el coño de Ángeles
mientras él preparaba su ano.
Cuando mi abuela se lo indicó, Rogelio tomo lubricante y se
untó toda la polla con él. La agarró con una mano y la llevó a su agujero.
Empezó a empujar y mi abuela gruñía por el dolor de la penetración. Su glande
había entrado y el esfínter de ella estaba totalmente dilatado. Ángeles la cogió
del pelo y la obligó a chupar su coño. Rogelio continuó penetrando su culo sin
prestar atención a los chillidos de dolor de la vieja.
Cuando los huevos de él tocaron su culo, ella ya estaba
totalmente excitada. Chupaba el coño de la otra a la vez que sentía como la
polla le entraba cada vez más rápido. Ángeles la agarraba por el pelo y pasaba
su raja por toda su cara, llenándola de flujos. Mi abuela chillaba y gemía entre
los dos. Rogelio, después de un buen rato de partirle el culo, le saco la polla
para correrse encima de ellas. Mi abuela se volvió y se sentó entre las piernas
de la otra. Él se masturbaba encima de ellas y comenzó a lanzar chorros de semen
que llenaron a mi abuela y a la otra. Acercó la polla y las dos la limpiaron con
la lengua.
Yo seguía con mi polla dentro de mi madre y ella estaba a
punto de correrse al ver el numerito de los otros tres. Me separó y se tumbó en
el suelo boca arriba. Me coloqué entre sus piernas y la penetré de una vez. La
follaba todo lo rápido que podía y ella gemía con cada penetración. A los pocos
minutos gemía con fuerza y sentía como me clavaba las uñas en mi espalda. Seguí
follándola y sentí que iba a descargar dentro de ella. Se lo dije y me pidió que
no lo hiciera. Intentó separarme de ella, pero el placer y la fuerza con la que
la follaba impidieron que me sacara, sentí como mi polla lanzaba muchos chorros
dentro de ella.
Ella, con una mezcla de placer y miedo por mi corrida, me
separó cuando perdí las fuerzas por la corrida. Mi polla echó un poco más de
semen y de su coño salía otro poco. Mi abuela vino en mi ayuda y me la mamó para
que saliera toda mi leche. Unos minutos después volvía a tener otro orgasmo y el
resto de mi leche se derramó en la boca de mi abuela que la comió con placer.
Durante un tiempo mi madre estuvo preocupada por si había
quedado embarazada, pero mi inmadurez y que no estaba en el momento fértil hizo
que le viniera la regla para su tranquilidad. Mi abuela sigue mamando y culeando
con Rogelio cada vez que viene a casa a estudiar. Ángeles también viene algunas
veces para follar con él y muchas veces los tres, mi abuela, Ángeles y Rogelio
hacen tríos. Mi madre después del susto ha vuelto a follar conmigo, con
precauciones. Todo lo hacemos cuando no está el cornudo de mi padre, pero ya os
iré contando.