Cocinando placer
Llegue de la oficina excitado, la charla cotidiana de sexo
con los amigos me encendió, y la libido despertó en mi ser, quise sorprenderla y
la abrasé con fuerza, estaba preparando la cena, los niños estaban en casa de
mis padres y nuestro nido de amor era solo para nosotros.
Como una buena alumna respondió a mi estímulo y me abrasó con
fuerza, susurró en mi oído y sentí el despertar de mi sexo, rozándola con la
yema mis dedos la excitaba en grado sumo y me pidió amarla en ese momento, la
besé con ganas de absorberla, saboreé su cuerpo buscando el sabor de su sudor y
de sus fluidos, respiraba en mi oído y su lengua lo recorría, mi pelo se
electrizaba al recibir semejantes lamidas, su lengua recorrió mi cuello y
continuó hasta mi pecho, la miré desfigurarse de pasión y la adoré, conjugaba su
boca, su lengua y sus manos en un mismo compás, era una experta y era mía.
La tomé de las caderas y la levanté para sentarla en la mesa,
su piernas se arquearon para dejarme espacio y su falda no puso resistencia a
mis manos sedientas de sentir sus labios íntimos, ambos nos recorríamos,
excitados, fogosos y llenos de deseo de amarnos, su sabor era dulce y el calor
de su sudor era tan grande, que por poco quemaba mi lengua, gemía agradecida de
mis caricias mientras mis dedos incursionaban en su sexo regalándole placer, mi
sexo estaba cada vez mas grandioso y rígido, dejaba escapar pequeños chorros de
mi néctar, preparándome para imbuirme en ella, sus manos me acariciaban con
ganas de fundirnos y sentía como su sexo chorreaba mares de exquisitos fluidos
que quise beber, mis labios buscaron su fuente de placer y mi lengua recorrió
cada uno de sus pliegues, estaba tendida sobre la mesa desnuda, radiante,
hermosa y con sus piernas arqueadas para sentir mi lengua jugar con su clítoris,
respiraba su aroma de mujer y la sentí mas mía que nunca, realizada, jugosa y
disfrutando.
Sentí sus pies deteniendo mi hazaña, me miró distorsionada,
su goce estaba reflejado en sus pupilas, mi sexo quiso explotar cuando sentí sus
labios sobre él, nos acomodamos y nos regalamos placer, nos besábamos
apasionadamente, pero no en la boca, si no en nuestra integridad y sentí su
cuerpo llenarse de espasmos intensos, la mesa de la cocina se nos hizo pequeña,
por eso decidimos que el piso era una mejor opción, sus fluidos eran cada vez
mas abundantes y mi sexo casi explotaba sintiendo su lengua reconociéndolo y
escarbando sus partes, sus manos se adueñaban de mis testículos inyectados de mi
néctar y su pelo rozaba mi vientre, la escuchaba gemir disfrutando de todos mis
fluidos y sintiendo mi lengua introducirse dentro de ella queriendo reconocer su
profundidad, su pubis era amplio y generoso y podía sentir pequeños cosquilleos
con su roce.
Nos succionamos uno al otro y bebimos hasta saciarnos de
nuestros jugos, me sentía prisionero de su integridad y no quería escapar, fui
adicto al caldo manado de su sexo y sacie mi sed con mi lengua recorriéndolo y
apoderándome de su clítoris erecto, duro y dispuesto a dejarse llevar por mi,
sentí miles de mariposas en mi cuerpo y espasmos lentos y deliciosos que me
anunciaban que estaba cerca del clímax, la oía emitir fuertes bramidos de
pasión, sentía su pezones duros rozando mi piel y mi sexo quería dejar escapar
todo mi ansiedad contendida.
Una gran descarga de electricidad recorrió mi cuerpo de la
cabeza a los pies y me retorcí dejando escapar todo mi néctar en su boca, grite
con fuerza al percatarme de su orgasmo provocado por mi lengua, y bebí cada
centímetro cúbico de su jugo y sentí como mi néctar era saboreado por su boca
hasta llegar a su estomago.
Quedamos en el suelo, extasiados, desmadejados, desnudos, nos
incorporamos lentamente, nos miramos, nos besamos con amor y con ganas de seguir
amándonos.
La tomé de la mano y nos fuimos a la ducha, nos bañamos
juntos y volvimos a amarnos, eufóricos, salvajes, la hice mía de miles de formas
y quede extasiado, tranquilo y aún más enamorado.
Cenamos muy tarde y disfrutamos todo lo que preparamos
juntos, amarnos con locura nos dio hambre, al terminar la noche estábamos
satisfechos, con el estomago y nuestros sexos llenos de amor.