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Follando en una isla desierta
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[ La ocasión cuando es propicia, tonto es quien la desperdicia. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 20-Jun-07 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2694 de 3498)

El regalo

Larsvontrier
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¿Tanto morbo da ver a tu mujer con un tercero que estás dispuesto a entregarla? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Despacio, con calma, doblo la hoja y la dejo sobre la mesa. En silencio, como midiendo mis movimientos, levanto mi mirada.

¿Sigues manteniendo todo lo que pones en este escrito?.

Si Señor, lo mantengo.

La voz que contestaba a mis preguntas provenía de un cuerpo que se encontraba delante de mi, atado y completamente desnudo. Era un hombre cercano a los 40, con un cuerpo aceptable teniendo en cuenta que hace tiempo que dejó atrás sus tiempos atléticos. Estaba sentado sobre el suelo, con las piernas atadas de tal forma que quedaban abiertas mostrando su pene con claridad, como si fuese el centro y lo más importante de su cuerpo. Un pene en estado de erección máxima denotando la excitación que para su dueño representaba ese instante. Tenía las manos atadas en alto haciendo que su cuerpo estuviese estirado y con la cabeza visible. Un cuerpo ofrecido, que en principio no debería utilizar, pero que tampoco me estaba prohibido explícitamente.. Estaba atado de tal manera que prácticamente no tenía movilidad. Así lo quería él, formaba parte de su fantasía y hoy iba a cumplirla.

¿Y tu estás de acuerdo?

Si lo estoy Señor. Es la máxima fantasía de mi marido y quiero que la cumpla.

El amor tiene esas cosas, pienso para mi. A mi derecha, arrodillada, con las manos en la nuca, tal como le había ordenado, se encontraba su mujer. Más nerviosa que su marido a juzgar por el movimiento de sus pechos, unos preciosos pechos todavía firmes y que lucían aún más por la postura que mantenía Sonia. Era guapa y esa belleza me hacia disfrutar con la idea de que su marido me la entregase. Así lo ponía en la carta de petición que me había remitido.

Me levanté, la agarré de su pelo y la acerqué hasta su marido. Todos estábamos desnudos a excepción de un minúsculo tanga que tenía Sonia puesto. Yo estaba con mi polla en plena erección y la acerqué a la cara de Carlos.

¿La ves?. Esta polla es la que se va a tragar en breve tu mujer no por ser su deseo sino por el tuyo. Quieres regalármela. Te gusta ser cornudo y yo me encargaré de que lo seas.

La acerqué a Sonia para que fuese chupando y tragando mi polla delante de la cara de Carlos. Deseaba que tuviese la imagen en primer plano, que viese como mi polla se iba follando la boca de su mujer como prólogo a todas las visitas que, en breve, iba a hacer dentro de su cuerpo.

Sonia empezó a chupar, muy despacio, con delicadeza. No estaba acostumbrada a la mia y quería familiarizarse primero con ella. Su excitación iba creciendo y poco a poco iba dejando atrás la timidez inicial y, casi sin darme cuenta, mi polla empezaba a desaparecer dentro de su boca. Carlos observaba toda la escena con deleite. Se notaba que disfrutaba y, por un lado, me sentía contento de poder estar realizando la fantasía de ese pobre cornudo. La escena en que una mujer sumisa y entregada me estaba chupando la polla delante de su marido me resultaba tan excitante que en cualquier momento, y a pesar de que habitualmente aguanto bastante, podría correrme. Y no quería que eso sucediese, al menos de momento, por lo que hice que Sonia dejase de chupar indicándole que se dedicase ahora a la polla de su marido que pedía a gritos que alguien se ocupara de ella. Carlos tenía sus manos atadas y yo no estaba por la labor. Hice que Sonia se agachase y de la única forma que la posición lo permitía, comenzó a chuparle la polla. No hubo prolegómenos ni timideces, era un terreno en el que ella se manejaba bien. Es de suponer que nunca lo había hecho así, totalmente tumbada en el suelo, pero el cuerpo humano, por naturaleza, tiene una facultad enorme de adaptarse al medio. Entretanto, empecé a masturbarla haciendo que poco a poco su tanga se fuese introduciendo en su coño, ya suficientemente lubricado. Quería que se fuese impregnando de todo su sabor ya que ese trozo de tela tendría un papel protagonista durante esa tarde. Poco a poco fui aumentando el ritmo consiguiendo que Sonia se comportase como una posesa.

Tienes que pedirme permiso para correrte, cornudo.

Así lo haré Señor –me contestó él-.

La contestación fue entrecortada, se notaba que Sonia estaba haciendo un buen trabajo. A cada segundo que pasaba se notaba que el orgasmo estaba cercano y no pudo contenerse más.

Señor, ¿puedo correrme?

No, espera un momento, yo te diré cuando.

Aparté a Sonia de la polla de su marido porque sabía que su marido poco más aguantaría. Le quité el tanga. Me acerqué a Carlos y le seguí masturbando para que por fin se pudiese correr.

Ahora si puedes, cornudo.

Mi frase fue como un pistoletazo de salida ya que en un instante noté las primeras convulsiones previas a la eyaculación. Acerqué el tanga de Sonia a su polla y con unos buenos chorros el tanga quedó totalmente impregnado de semen. Fueron acertadas mis indicaciones previas a esa tarde. Una de ellas era de que tenían que pasar sin follar durante la semana anterior. Los quería bien llenos a los dos y Carlos me acababa de demostrar que así se mencontraba. Los chorros fueron abudantes, más que suficientes como para impregnar toda la prenda y mi mano. Sonia estaba observando la escena visiblemente excitada y le hice indicaciones de que debía abrir la boca y poco a poco le fui introduciendo el tanga con el sabor de su coño y el semen de su marido. Con los restos de semen que quedaban en mi mano unté la cara y pelo de Sonia. Lo cierto es que en ese momento envidié a Carlos. ¡Que gran mujer tenía!.

Llegaba mi momento. Cogí a Sonia para que se situase a cuatro patas, con la cara enfrente a la de su marido y la penetré por detrás. Lo deseaba tanto que el contacto de mi polla con su coño, caliente y húmedo, me resultó una sensación muy placentera. Aceleré el ritmo porque Sonia me decía con su movimiento que quería más rapidez y fuerza en sus embestidas.

Sonia, debes pedirme permiso para correrte. Recuérdalo.

Durante varios minutos seguí introduciendo mi polla en ese coño que me pedía a gritos que lo follase. Llegó un momento en que Sonia parecía no aguantar más y masculló algo ininteligible que supuse que era una pregunta.

¿Que quiere tu mujer, cornudo?

Pide permiso para correrse, Señor.

Puede hacerlo siempre que se vuelva a correr más tarde.

Es multiorgásmica, Señor.

Entonces puedes correrte. Hazlo delante de tu marido. Que vea como te corres con otros, como disfrutas de otra polla que no sea la de él.

El orgasmo fue sublime, tanto que casi me hace correrme a mi. Me salí para que eso no sucediese y disfruté del momento.

Mientras acababa su orgasmo me fui colocando para estrenar un nuevo agujero. Ensalivé bien el agujero y me dispuse a introducir mi polla en ese agujero. Sonia gruñó algo pero, supongo que derivado de la excitación que tenía en ese momento, no se negó. Por lo lubricada que estaba, mi polla entró sin problemas. Y, poco a poco, yo fui perdiendo la prudencia y ella el miedo por lo que nos acoplamos perfectamente. Cuando, de nuevo, notaba que estaba cerca mi orgasmo volví a salirme y comencé a toquetear con la punta de la polla su clítoris para mantenerla tal como estaba, como una perra en celo.

Hice que se levantase y que acercase su cara al rostro de su marido. Le quité el tanga de su boca, un tanga con sus flujos, el semen de su marido y su saliva. Se lo metí en la cabeza de su marido de forma que pudiese oler todos los aromas de sus dos cuerpos y comencé a masturbar a Sonia.

Escupele Sonia.

¿Cómo?.

Que escupas en la cara a este cornudo que quiere ver como te folla un tercero. Que te ha regalado para cumplir su fantasía. Que está gozando como nunca lo ha hecho antes. Escúpele porque quiere que le humillen, así que humíllalo.

No soy capaz.

Si que lo eres, ¿hazlo!.

Mi orden acompañada al dolor que estaba sufriendo en su pecho izquierdo por la presión de mi mano libre hizo que al final acabase escupiéndole.

Otro y más grande Sonia. Escúpelo porque es lo que desea.

Otro y otro y otro, cada uno de ellos mayor que el anterior fueren cayendo sobre el rostro de Carlos. Su marido tenía un aspecto lamentable, tal como el quería que sucediese. Podría seguir escupiéndole pero, en cambio, salió de su boca una petición. Deseaba correrse de nuevo.

Aguante un poco Sonia.

Hice levantarse y que acercase su coño a la boca de su marido mientras yo continuaba estimulándole el clítoris.

Hazlo ahora, acaba de decorar la cara de tu marido

Y dejé que ella se ocupase. Su orgasmo fue aún mejor que el primero y observaba como iba restregando todo su coño por la cara del cornudo que tenía delante de ella. Sublime. Comencé a masturbarme al tiempo que también lo hacia a Carlos. El poco pudo aguantar a y a los segundo comenzó a correrse. Ver como su esperma iba saliendo, casi con la misma intensidad que la primera vez, hizo que no pudiese aguantar más y levantándome, apunté hacia la espalda de Sonia donde mis chorros de semen dibujaron un dibujo abstracto que en ese momento, para mi, eran de una gran belleza. La gravedad y los movimientos de Sonia hicieron que el dibujo se fuese difuminando convirtiéndose en dos chorros de semen que se dirigían a sus glúteos y, como consecuencia de su maravillosa redondez, se volvieron a unir en uno solo hilo de semen sobre la línea divisoria que separa uno del otro precipitándose, posteriormente, al suelo. Por las cosas que tiene el azar, fue a parar al charco de semen que había dejado Carlos segundos antes.

Ahí tienes nuestro regalo, Sonia. Cuando el cornudo te acabe de limpiar, quiero que lo guardes en lo más profundo de ti. – le susurré al oído -.

Me voy a dar un baño, cuando salga no quiero veros por aquí. He disfrutado mucho. Hasta otro momento.

Y allí los dejé, a esa pareja de enamorados. En ocasiones, el amor se demuestra de las formas más inverosímiles y excitantes.

TodoRelatos.com © Larsvontrier

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