EN LA SIERRA
Hola a todos los amigos de esta página de amor. Quiero
exponerles un nuevo relato. No es original mío. Solo lo adorno, ya que se base
en la historia que me ha mandado "Pablo".
Hola. Me llamo "Pablo" y les narraré como he llegado a tener
sexo con la mujer más maravillosa del mundo, mi madre, Maribel. Los hechos
narrados ocurrieron hace poco menos de dos años, en el verano.
Antes que nada quiero decir que en casa somos tres, mi padre,
Javier, de 41 años, alto ejecutivo de una multinacional. Tipo jovial, atlético
de gimnasio, con cierta tendencia a ganar peso y es de la clase de personas que
podemos decir que cae bien. Luego está mi madre, Maribel, que tiene 38 años. Da
clases en un colegio, después de estudiar la carrera de magisterio. No hace
mucha gimnasia, pero la verdad es que no le hace falta, ya que está de un bueno
que se rompe. Simplemente diré que fue mi primera inspiración para mis pajas y
sigue siendo la gran musa que me acompaña en los momentos de placer solitario.
Por último estoy yo, Pablo, hijo único, ya que después de nacer mi padre dijo
que no quería más hijos por lo que se hizo la vasectomía. Tengo 17 años, hago
deporte con regularidad y creo no estar del todo mal.
Vivimos en Madrid, en un piso en una zona bastante tranquila
de la capital.
Bueno, el curso había terminado. Era mi último año de
instituto antes de empezar la Universidad, y como premio a unas muy buenas
notas, después de la Selectividad mis padres me regalaron un viaje a un lujoso
complejo en el Caribe. La pena es que ellos también venían, con lo cual no me
podría desmadrar todo lo que querría.
Al llegar me quedé extasiado, la verdad es que el complejo
era todo lo que uno podría soñar: unas playas que sólo ves en tus sueños,
instalaciones del hotel de lujo, posibilidad de hacer deporte, incluso jugar al
golf (mi padre si lo hacía, pero a mi ese deporte tan sedentario no me va) y lo
mejor, unas tías para cagarse. Al dar una vuelta pude comprobar que en la
piscina del hotel no dejaban hacer topless, pero en la playa era otra cosa, y
había unos pibones…
La verdad es que no me podía quejar de mi madre. En realidad
estaba más buena que muchas de las chicas más jóvenes que había por allí. Para
hacer una pequeña descripción diré que es un poco más baja que yo, así que si yo
mido 1,78, ella estará por el 1,72, por lo que podemos considerarla alta, sobre
todo para su generación. En cuanto a sus atributos puedo asegurar que tiene una
talla 95 de sujetador, ya que más de una vez he cogido su ropa interior para que
me sirviese de inspiración para alguna de mis pajas. Como son sus tetas no lo
puedo decir, ya que nunca se las he visto, ya que si bien no podemos decir que
sea una recatada de tomo y lomo, no enseña sus encantos (creo que más por mi
padre, que si que es chapado a la antigua que por ella misma), aunque sospecho
que sus pezones deben ser grandes, por lo que marcan bajo el bikini. Si a esto
le acompañamos un vientre liso, buenas caderas y cintura apropiada, la verdad es
que queda lo que es: un monumento.
Mis opciones de echar un polvo en el Caribe se esfumaron
cuando pude comprobar que la mayoría de las tías que allí estaban iban en
pareja, por lo que era difícil, y las que no estaban con un tío, o eran de la
edad de mi abuela, o unas niñas, así que me dediqué a recrear la vista con las
tás en topless de la playa y el cuerpo espectacular de mi madre en bikini, ya
fuera en la playa o en la piscina.
Al volver a España, como todos los veranos, mi padre se
quedaba en Madrid de lunes a jueves y casi todos los viernes por la tarde se iba
a un chalet que tenemos en la sierra de Madrid (algunos tenía que quedarse,
incluso todo el fin de semana por temas de trabajo). La cosa empezó como una vía
de escape para los fines de semana y se ha ido convirtiendo en un estilo de
vida, sobre todo para mi madre y para mí. Allí puedo decir que me lo paso
realmente bien, ya que es una zona tranquila, tengo mi pandilla de amigos de
mucho tiempo (incluso alguno iba al mismo colegio que yo). En mi habitación
tenía de todo lo que podía tener: T.V. de plasma, ordenador con conexión a
Internet, sin control paterno, aunque a veces tanto mi padre como mi madre lo
usaban, etc. Y la casa no estaba nada mal, pero lo mejor que tenía era una
piscina, de 15 metros por 4, la joya de la casa en verano, oculta de las miradas
de todo el que no fuese por el aire.
Lo interesante de esta historia ocurrió un día de bastante
calor de agosto. Mi padre había llamado para decir que tenía que ausentarse
durante 2 o 3 semanas por temas de su empresa, en un viaje no previsto a una
capital europea. Al principio mi madre se disgustó bastante, ya que ese fin de
semana hacía 19 años que se habían casado, y mi padre ni se había acordado. Como
casi siempre solo pensaba en él y en la empresa (muchas veces era su único tema
de conversación).
Así que sin decirle nada a mi madre, para que no pudiese
echarse atrás, y en vista de su estado de ánimo un poco bajo, decidí reservar
mesa en el mejor restaurante de la zona, muy bueno, por cierto, para el viernes
por la noche, fecha en la que era el aniversario. El viernes a la hora de comer,
le solté la sorpresa.
- Oye, mami. Esta noche no te comprometas a nada. Como es el
día que es he reservado mesa en … para las 10.
- Oh, cielo, ¡ te has acordado!, cosa que no puedo decir de
tu padre, que ni siquiera ha llamado y cuando lo he hecho yo tiene el teléfono
apagado. Eres un tesoro. Me pondré mi mejor vestido. Gracias, por ser el mejor
hijo del mundo.
- No, gracias a ti. Tu si que eres la mejor madre.
Se levantó y me dio un beso en la mejilla.
Por la tarde estuvimos en la piscina tomando el sol y a eso
de las 8 de la tarde se fue a su habitación para arreglarse. Yo tenía menos que
hacer y a las 9 me fui a afeitar, me duché y me puse un traje, con unos zapatos
nuevos y una corbata que me había regalado mi madre, no recuerdo por qué. Cogí
la cartera, con bastante dinero, ya que intuía que la cena no sería barata, pero
quería ser el que pagase, a pesar de saber que mi madre insistiría en pagar
ella.
La verdad es que cuando vi a mi madre entrar en la sala casi
me da algo. Estaba espectacular. El vestido era, como diría un famoso torero "en
dos palabras: im-presionante", negro, con un escote que realzaba ese par de
preciosas y perfectas tetas que tenía y el resto bien ceñido a su espectacular
cuerpo. Salimos y fuimos andando, ya que no eran más de 10 minutos desde casa.
Al llegar nos colocaron en una de las mejores mesas, cerca de
un rincón, poca iluminación, velas,…en fin, que mi imaginación voló y se posó en
mi polla, que de inmediato reaccionó. Menos mal que nos habíamos sentado y no se
vio nada raro. Cuando trajeron la carta mi madre insistió en que como la idea
había sido mía, fuese yo el que eligiese el menú. Conociendo sus gustos pedí lo
que más le gustaba, con el mejor vino posible para acompañarlo. Estaba
impresionada de lo bien que la conocía, y así me lo hizo saber.
- Como es posible que me conozcas tan bien. Si hubiese pedido
yo para mi, habrías escogido lo mismo, sin variar nada.
- Eso espero, ya que si no, hubiese elegido otra cosa.
La cena fue espectacular y nos tomamos dos botellas de vino,
con eso de no tener que conducir (ella, ya que yo no tengo carne todavía), el
postre fue insuperable. Al final sabía que nos ofrecerían licor y habano.
- Sabes que no fumo, pero hoy es un día muy especial, así
que…si no te molesta, voy a pedir un habano. Un día es un día.
- Hijo, hoy puedes hacer lo que quieras…después de acordarte
del día y sacarme de casa…
Pedimos el licor y cuando trajeron la caja con los habanos
tomé uno, un poco para sorpresa del camarero. Lo encendí, le di un par de
caladas y ahora para mi sorpresa mi madre me lo pidió (ella tampoco fuma) y fue
de las cosas más sensuales que recuerdo ver como se llevaba a los labios un
cigarro habano de un cierto grosor y aspiraba un par de veces antes de
devolvérmelo.
- La verdad es que un puro después de una comida como esta es
el colofón perfecto.
- Si fumas un puro una vez al año, hijo, no me parece mal, si
no fumas más.
- Sabes que no. Pero hoy es, como te he dicho, un día
especial…
- Sí que lo es, hijo, si que lo es.
Se puede decir que nos fumamos el habano a medias, ya que me
lo pidió en otras dos ocasiones, pedimos la cuenta (ella insistió en pagar, ero
no lo consentí), pagué y nos fuimos a casa. Era casi la una y media.
Al llegar, entre el vino, las copas de licor, el habano,
etc., estábamos bastante contentos. Incluso se puede decir que desinhibidos, al
menos en el tono verbal. Nos servimos una copa de whisky, solo, con hielo,
pusimos un poco de música de fondo, lenta, a un volumen baja, para poder hablar,
sentados en el sofá.
- Gracias hijo, por ofrecerme una de las noches más
memorables de mi vida.
- Gracias por nada. Ya te dije antes que eres la mejor madre
del mundo.
- No de verdad. Esto que has hecho hoy no lo podré olvidar
nunca. Es una pena que…
- Es una pena ¿qué?
- No nada…
- Venga, dilo, no te cortes ahora.
- No, de verdad, nada…
- No seas así, termina lo que empezaste: Es una pena ¿qué?
- Es una pena que no puedas sustituir a tu padre en más
cosas…
- Dime en que y sabes que lo haré.
- Ya me gustaría pero no puede ser.
- Si quieres ir al cine, o a un museo, o lo que sea, no
tienes más que pedírmelo.
- Lo que quiero no puedo pedírtelo.
- ¿Por qué?
- Porque en lo que ahora me gustaría que lo pudieses
sustituir es en la cama…
Estaba a punto de estallar.
- Ya te he dicho antes que hoy es un día muy especial.
- Si que lo es.
En ese momento acercó sus labios a los míos y poco a poco el
beso se fue tornando más apasionado hasta que llegó a subirse la parte de abajo
del vestido para ponerse a horcajadas sobre mí. Seguro que notó como mi polla
estaba a punto de reventar.
Torpemente le bajé la cremallera al vestido, que dejó caer
sobre la alfombra. Solo llevaba un conjunto de ropa interior negra como el
vestido, tipo tanga las bragas y todo transparente, por lo que pude observar que
como sospechaba tenía unos pezones de gran tamaño. De todas formas para verlos
mejor le quité el sujetador que cayó junto al vestido y mi corbata y camisa.
Estaban erectos y debían tener cerca de 2 centímetros de longitud y bien gordos.
- Oh dios, mami, como me gustan tus tetas.
- ¿Sí? Te gustan?. Pues cómetelas
- Sí, que buenas…
Me cogió de la mano y me llevó hasta su dormitorio. Sonreía
de forma pícara.
- Y ahora, tigre, vamos a ver que tal rematas la faena. Te
advierto que hace más de un mes que no follo y estoy al rojo vivo
- No te preocupes que te voy a follar como nadie lo ha hecho
Casi le arranco las bragas, mientras que ella hacía lo mismo
con mis calzoncillos. Me fue dirigiendo a la entrada de su arreglado coño.
- Ahora, nene, fóllate el coño de mami.
- Si te voy a follar ese coñito tan bonito.
- Si, sigue así, despacio.
- Despacio, te gusta?
- Síiiii. Es la gloria, párteme el coño, así
- Toma, quieres más, es toda para ti.
- Si la quiero toda para mí. Así en mi coño.
- Pues toma, toma polla.
- Ahora, así, más rápido, más rápido, hijoputa.
- Más rápido, zorra…
- Si, zorraaaaa
- Así, ¿te gusta tener la polla de tu hijo en tu coño?
- Me encanta tener la polla de mi hijo en mi coño. Quiero
correrme como una perra…
- Pues toma, leche, puta
- Síiiiiii, lléname el coño de tu leche….
- Toma, para ti
- Síiii, Dios me muero, me muero.
- Ya me voy, me voy.
- Vente conmigo, hijo, vente en mi coño, asíiiiii!
La verdad es que no me lo podía creer. Acababa de correrme en
el coño de mi madre. Se incorporó y me besó de nuevo en los labios.
- Como te he dicho antes: gracias por hacer de este un día
inolvidable.
- Y a ti, porque para mi también ha sido inolvidable, único.
- Me has hecho sentir cosas que nunca había sentido. Se me ha
puesto la carne de gallina.
Nos besamos de nuevo y nos dormimos abrazados.
Cuando me desperté mi madre ya no estaba en la cama. Tenía un
poco de dolor de cabeza, por los excesos de la noche anterior. Cuando conecté
con el mundo me asusté un poco. No sabía como iba a reaccionar mi madre. Me
levanté y fui a la cocina.
- Buenos días hijo, ¿Qué tal has dormido?
Me miraba con una sonrisa de lado a lado
- Bien, y ¿tú?
- He dormido como nunca.
Me dio un beso en la boca. No había sido un sueño, y estaba
claro que le había gustado. Desayunamos y nos fuimos a la piscina, ya que el día
era espectacular, sin una sola nube en el cielo. Me quité la camiseta y me quedé
con el bañador. Mi madre hizo la mismo, pero solo que esta vez no llevaba parte
de arriba del bikini. Era un bikini que no le había visto nunca, tipo tanga. De
nuevo pude contemplar esas tetas que me fascinaban.
- ¿Y esto?
- La verdad es que no hacía topless por tu padre, pero ahora
me he dicho: que coño, a vivir que son dos días. Además aquí no me ve nadie, y
si alguien lo hace, pues que le aproveche. ¿no crees?
- Pues si. Con ese cuerpazo que tienes…
- Siiiii? ¿Te gusta el cuerpo de mami?
- Me encanta el cuerpo de mami.
- Vamos al agua.
Nos metimos en el agua, que estaba deliciosa y en seguida mi
madre se acercó a darme un beso, mientras con sus piernas rodeaba mi cuerpo.
- ¿Sabes una cosa, Pablo?
- ¿Qué?
- Tengo una fantasía, y como ahora le estoy dando rienda
suelta a mi imaginación…
- ¿Qué fantasía?
- Me gustaría follar en la piscina, vamos, si eres capaz…
¿Tú que crees?
Al decirle esto le señalaba el bulto de mi entrepierna. Mi
polla tenía vida propia y estaba a mil por hora.
- Pues si esta así el elemento, creo que será capaz de
satisfacer mi fantasía.
- Creo que sí.
- Venga, Pablito. Ayúdame a realizar esta fantasía.
Al decir eso se quitó el tanga, quedándose completamente
desnuda de nuevo, por segunda vez en menos de 24 horas, se acercó y me besó.
- Venga, cariño, fóllate a la puta de tu madre
- Pues si…
- Sí ¡¡¡¿qué?!!!
- Pues que sí te voy a follar y que sí que eres una puta.
- Me encanta oírte decir esas cosas. Haces que el coño se me
estremezca.
- Pues prepárate zorra, que te voy a partir el coño en dos y
voy a hacer que te corras como una perra en celo.
- Siii. Sigue así, amor.
- Así, te gusta que te clave la polla por el coño que me
parió?
- Si, me gusta, sigue así, así, diosssss! Que gusto, me matas
de gusta, hijoputa, no pares.
- Así, así, como estás Maribel, como te quiero, amor.
Era la primera vez en mi vida que llamaba a mi madre por su
nombre. Parece que esto hizo que le diera una descarga.
- Así amor, sigue, me corro, me corro…
- Y yo, me voy, me corro, me corro…
- Hazlo dentro de mi, mi amor, lléname de nuevo, lléname…
- Toma, toda para ti, Maribel, puta, zorra, mamáaaaa, te
quiero!
- Y yooooo!
La verdad es que fue espectacular. Menos mal que los vecinos
no podían oírnos.
Al rato, cuando estábamos tomando el sol, completamente
desnudos, me acerqué a mi madre.
- Mamá!?
- Dime hijo.
- Antes te he ayudado a cumplir una de tus fantasías.
- Sí. Y de que manera!
- Pues ahora soy yo el que quiere pedirte una cosa.
- Sabes que si. ¿Qué quieres?
- Quiero que me hagas una paja con tus tetas.
- ¿Quieres que mamá te haga una cubanita?
- ¡Si!
- ¿A mi nene le gustan las tetitas de mami?
- Me vuelven loco…
- ¿Si?
Con su mano derecha se cogió su teta izquierda y la pasó por
encima de mi polla, que de nuevo estaba a punto.
- Así, le gusta al nene que mami le pase las tetas por su
pollita.
- Sí!!!
- Pues mami le va a hacer una pajita con las tetas a su nene
hasta que se corra sobre las tetas de mamá
Empezó a mover sus tetas con mi polla en medio. Era sublime.
Cuando llevaba un rato estaba a punto.
- Mami, me corroooo….
- ¿ A ver si esto te gusta?
Separó sus tetas de mi polla para llevarsela a la boca y
seguir chupándomela hasta que me corrí.
- Me voy, diossss, que gusto….
La verdad es que fue glorioso. Mi madre casi se atraganta con
la cantidad de líquido. Al momento se volvió hacia mí y con cara de malicia se
acercó a darme un beso. Fue el éxtasis.
Ese verano fue inolvidable. Hacíamos el amor todos los días,
jugábamos, estábamos enamorados.
En Madrid en casa follábamos menos porque tanto mi madre como
yo teníamos clases y cuando estaba mi padre, claro…no podíamos.
Hasta que llegó un día en que mi padre le dijo a mamá que
tenían que hablar. La cosa quedó en que mi padre estaba liado con su secretaria,
y que no le quería hacer daño a mi madre, pero claro, era mejor dejarlo que
engañarse, etc. Que le pasaría una buena pensión y se podía quedar con las dos
casas (ya tenía otro piso con su secretaria) Creo que pensaba que mi madre le
montaría un número, pero…no. Le dijo que muy bien, que si él pensaba que era lo
mejor, ella no pondría obstáculos, y que una pareja son dos por lo que si uno no
quiere…bueno.
Esa noche fuimos a celebrarlo, cenando, como la primera vez.
Mi madre estaba exultante. Mi padre era un problema y se había quitado de en
medio. Ahora ya éramos una pareja, de puerta adentro. Fuera éramos madre e hijo
muy bien avenidos.
El verano pasado pasamos nuestras primeras vacaciones juntos.
Eso será otra historia, que si quieren les contaré…