[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ] [ SexShop ]
 Enlace Recomendado del día: [ Foro sobre Dinero ]
 1,144,533 Miembros | 12,854 Autores | 54,279 Relatos | 1,378 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
VARIOS
 
 
SEXSHOP
RELATO HABLADO

Primero lo pruebo, luego lo escribo
TODORELATOS » RELATOS » LA DUCHA
[ El que cuida la higuera, comerá de su fruto. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 04 de Diciembre, 2008.
Fecha: 16-Jun-07 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2685 de 3498)

La ducha

Gelan
Accesos: 1,558
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 5 min. ]
 -   + 
El agua caliente caía sobre nuestros rostros fundidos, sobre nuestros cuerpos enlazados, empapando la cuerda deslizada por mis manos alrededor de tus caderas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

LA DUCHA

Se adivinaba la silueta de tu cuerpo desnudo tras el vidrio empañado de la mampara. Encontré la puerta del cuarto de baño entornada, lo que me permitió entrar sigilosamente, descalzo, desnudo, midiendo cada movimiento, cada paso, para que no advirtieras mi presencia. El vapor del agua caliente diluía aún más la tenue intensidad de la luz del espejo, la única que encendías cuando te duchabas. Sobre el cristal, dibujé con el dedo índice las cuatro letras de tu nombre. Y con el mismo sigilo, me fui aproximando a la bañera, llevando en mis manos la cuerda azul de algodón con la que a menudo te ataba a la cama.

Gritaste asustada cuando descorrí la puerta de la mampara, salpicándome con el agitado movimiento de tu cuerpo sobresaltado. En un acto reflejo, cruzaste tus brazos sobre el pecho para cubrir con ellos tus redondos senos, como si la imprevista aparición te llenara de vergüenza al mostrarte desnuda ante un desconocido que de repente hubiera irrumpido en el cuarto de baño. Entornaste los ojos y suspiraste aliviada, queriendo desprenderte del susto que había disparado tus pulsaciones. Durante unos segundos, dejaste caer el agua sobre tu cabeza y tu rostro, deslizando suavemente tus dedos sobre tu corto pelo, recuperando la quietud en tu agitada respiración.

Traviesamente, zarandeaste la cabeza para volver a salpicarme. Me sonreíste pícaramente y entonces advertiste la cuerda en mis manos.

– ¿Qué haces? – preguntaste con voz nerviosa.

Vengo a ducharme contigo – te respondí clavando mis ojos en los tuyos.

– ¿Y la cuerda?

– No hagas preguntas tontas, zorrita.

Mi respuesta fue tajante y te hizo enmudecer. Sin darte tiempo a reaccionar, me introduje en la bañera y cerré la puerta de la mampara. Te rodeé la cintura con la cuerda, estrechándote contra mi cuerpo y besé tu boca con violencia, frenéticamente. Respondiste con besos profundos, mordiéndonos suavemente los labios, atrapándonos las lenguas y los paladares, sin dejarnos apenas respirar. Noté en la piel la súbita erección de tus pezones y apreté contra tu vientre la inminente erección de mi verga, mientras tus manos recorrían mi espalda y manoseaban mis nalgas con lujuria. El agua caliente caía sobre nuestros rostros fundidos, sobre nuestros cuerpos enlazados, empapando la cuerda deslizada por mis manos alrededor de tus caderas.

Te separé de mí y te ordené que me dieras la espalda, abrieras las piernas y apoyaras las manos en la pared. Obedeciste al instante. Ahora el agua caía sobre tu cuello, tu torso levemente inclinado hacia delante, tus pies separados y firmemente apoyados en el suelo de la bañera, tus brazos extendidos, tus manos abiertas y posadas en los azulejos. Me recreé en la hermosa visión de tu culo ofrecido, de tu coño expuesto, de tu espalda arqueada, por la que serpeaba el agua descendiendo por ella hasta tus nalgas, deslizándose hacia tus anchos y firmes muslos.

Sentí un ardiente deseo de poseerte, de penetrarte, de sodomizarte. Acercándome a ti, separé tus nalgas para que al soltarlas atraparan mi polla endurecida. La moví lentamente entre aquellas lunas henchidas, mis manos tensando la cuerda para acariciar con ella tu espalda, para rodear tus pechos, tu vientre, para soltar un cabo y reliarla en tu cuerpo, para deslizarla con rápidos movimientos entre los labios de tu coño. Te oía gemir, sentía los primeros temblores en tu cuerpo, los primeros jadeos. Y mis manos buscaban tus pechos para amasarlos a mi antojo, tu coño mojado por el agua y por la creciente excitación, mi polla aplastada contra tu espalda y mi vientre, mi boca en tu nuca y en tu cuello, mis labios susurrándote al oído las cuatro letras de tu nombre, reclamándote como mi propiedad, mi puta, mi golfa mojada por el agua caliente, por mis labios calientes, por mi sexo caliente.

– No tienes permiso para correrte – te recordé casi imperativamente.

Pero tú ya estabas presa del deseo, del placer incontrolable por tu mente, desbordándose en tu cuerpo, haciéndote temblar, flaquear tus piernas. Apretaste los labios para ahogar el orgasmo atravesado en tu garganta y eran suaves e intensos gemidos los que se escapaban de tu boca, inevitables, como si fueras una gatita ronroneándole a su dueño.

Tus manos se apretaron contra la pared, como si temieras que las fuerzas te fallasen y acabaras por caer de bruces.

– ¡No tienes permiso para correrte! – te grité, palmeando tus nalgas con un golpe seco de mi mano.

El manotazo hizo ceder la apretura de tus labios, haciéndote jadear con fuerza. Balbuceaste, queriendo hablar pero no fuiste capaz de pronunciar palabra alguna. Volviste instintivamente la cabeza al notar que retrocedía, separándome de ti, hasta la pared opuesta a la que apoyabas tus manos. Entre ambos se creó un denso espacio de vapor y de silencio. Te ordené que miraras al frente, mientras volvía a unir los cabos de la cuerda, anudándolos para acortar su longitud y doblar su anchura. Hice un nuevo nudo para afirmarla, exprimiéndola con mis manos para tensar el algodón mojado.

Adelanté unos pasos y el silencio, hasta entonces únicamente roto por el brotar del agua y tu respiración, se quebró con el leve silbido de la cuerda rasgando el aire y el vapor, con el sonoro golpe contra la carne de tus nalgas desnudas y mojadas, con el grito impotente y desprevenido arrancado de cuajo de tu garganta. Se tambalearon tus piernas, se agitó tu cuerpo hacia delante sostenido por tus manos apretadas contra los azulejos, tu cabeza desgajada hacia atrás. Durante unos segundos, el agua recorrió tu nuca y tu corto pelo, borboteando sobre tu frente y tus ojos, aliviándote el dolor inesperado por el primer azote. La cuerda pesada por el agua contenida se clavó varias veces en tu espalda, en tus nalgas y en tus muslos, marcándote la piel con agua y fuego. Gritabas, te retorcías, implorabas, llorabas, en los cortos espacios de tiempo en que la cuerda retrocedía para iniciar nuevamente su danza en el aire, su leve silbido a la búsqueda de tu carne enrojecida y mancillada.

Te supe sin fuerzas para soportar un nuevo golpe y arrojando la cuerda al suelo de la bañera, me acerqué a ti para acariciar con ternura tu cuerpo dolorido. Gemiste dulcemente y dejaste caer suavemente tus manos por la pared chorreante, sin separarlas de ella, arqueando aún más tu espalda para elevar tus nalgas, buscando rozar con ellas mi cuerpo, ofreciéndote sin musitar palabra, temblando de deseo.

Sosteniéndote con mi brazo bajo tu vientre, penetré tu coño lentamente para que sintieras cómo entraba en ti cada milímetro de mi polla hasta llenarte por completo. Te estremeciste de placer cuando mis dedos alcanzaron tu clítoris y mi verga comenzó a moverse en el interior de tu coño comprimido, entrando y saliendo desenfrenadamente, alocadamente, deshaciéndote, inundándote, traspasándote de un placer consentido y sin límites, vertido en tu garganta que gritó hasta enronquecer, en tus lágrimas calientes, tú mojada por dentro y por fuera, mientras el agua caía sobre mi nuca, sobre tu espalda, para hacerse vapor en el fuego de nuestros cuerpos enredados.

Salí del baño y cerré la mampara. Contemplé la silueta de tu cuerpo desnudo, aún tembloroso, tras el vidrio empañado, tus manos en la cabeza, alisándote el corto pelo, apartándolo de la frente. Sobre el cristal del espejo, dibujé con el dedo índice las cuatro letras de tu nombre. Y debajo de él, escribí "Te amo" con huellas de agua. Entonces, desde la puerta, te ordené que cerraras el grifo, que salieras de la ducha y miraras el espejo.

TodoRelatos.com © Gelan

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (2)
\"Ver  Perfil y más Relatos de Gelan
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 

Sexo en Vivo
 
 
SEXO

WebCam de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

Galerías Porno
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
     
 
Emotik: Nicks y Emoticonos para MSN Messenger
InverForo: Comunidad sobre Dinero y Vivienda
ForoCoches: El mayor foro de coches en Internet
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.42 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto