No hace mucho contaba algo de lo sucedido, bastante tiempo
atrás, junto a mi primo en el departamento de una amiga suya mientras ella no se
encontraba en él.
En realidad cuando llegué allí estaba re quemada por mucho de
lo anteriormente vivido ese día, sobretodo porque me quedó muy en claro, una vez
más, lo precario de mi realidad socio-económica, sobretodo al verme reflejada en
otras personas, pasando una situación similar, con las que estuve interactuando
en un centro de asistencia público,
Pero también diría, que en esa tarde, algunas de nuestras
fantasías eróticas se hicieron más que evidente a partir de lo que sentimos con
mi primo en ese depar, aunque de hecho, que ciertas locuras y algunas
esporádicas actitudes mías ya se habían manifestado en el pasado, y no siempre
muy sutilmente.
Entonces, de esa tarde en la ciudad, en aquel pequeño y
coqueto lugar, que mi primo había conseguido para que pudiéramos pasar por
primera vez un buen rato solos y tranquilos, lo que más recuerdo tiene que ver
con lo que sentí y sentimos más que con lo que hicimos
Porque, por ejemplo, esa vez, a medida que cogíamos al no
sentir la acostumbrada adrenalina del peligro de ser descubiertos, me fue
invadiendo un estado de extraña ansiedad e insatisfacción; mismo habiendo estado
libremente desnudos; franeleando con total comodidad y sosiego, comiéndonos a
besos totalmente, hacer el amor delicadamente por un buen rato y sin ningún
apuro, para terminar, ya no tan tiernamente, con mi primo atiborrándome el culo
con su semen, mientras veíamos un par de sugerentes fotografías de la dueña de
casa; incluso llegando a alterar en mucho el pesimista estado de animo con que
había llegado.
Pero, sin dudas, había experimentado, que luego de estar
cogiendo por un buen rato, de alguna manera, para que yo pudiera llegar a gozar
intensamente me urgí, imperiosamente, a exigirnos más y más motivación
psicológica, quizás porque no quería sentir que el estar en ese tan propicio
momento pasase a solo haber sido otra de la tantas veces en que nos
encontrábamos para amarnos y mucho menos quería desperdiciar tan excitante e
inédito lugar, sobretodo porque no tenía certeza alguna de que la oportunidad
pudiera llegar a repetirse en un futuro cercano.
Acostumbrada a la locura de hacerlo en cualquier lado y bajo
presión, por el constante riesgo que corríamos de quedar en evidencia frente a
todos, más que nada cuando lo hacíamos en mi casa, en la playa o en casa de mis
padres, que eran los lugares donde más nos encontrábamos, ese día y en esa
cómoda cama me dejé dar verga tranquilamente, pero una vez que mi concha se
super dilató y se encharcó comencé a extrañar un poco la emoción y cierta
violencia que caracterizaba a nuestras relaciones.
Pero, el poder curiosear, cosa que me excita mucho, las cosas
intimas de la mina, verla en dos provocativas fotos, inmediatamente después de
haberle escuchado hablar por teléfono, llegar a la conclusión de que, de alguna
forma, ella se prostituía, además, de entender recién ahí, exactamente lo que mi
primo, días antes, me había dicho sobre: que hacía unos años ella había hecho de
todo para conseguir el dinero para poder pagarse un aborto; entonces, ya sin
dudas, imaginarla entregándose por dinero y evidenciar que aquel confortable
mono ambiente, en el que con mi primo estábamos disfrutando totalmente desnudos,
era indudablemente un bulo, un punto de encuentros sexuales que, era usado con
ese fin no solo por ella sino, probablemente, también por alguna de sus amigas;
fue motivación más que suficiente para que yo me re calentase y gozase, pero a
la vez, al vigorizar mis propias fantasías, permaneciese con una ansiedad y
agitación mental en busca de más morbo.
Además, corporalmente, al estar tanto rato con él dentro,
cuando yo ya estaba totalmente dilatada y super mojada, comencé a sentir cierta
perdida de sensibilidad física en mi sexo ya que el miembro de mi primo no es
muy grueso y, en esa época, nunca me lo metía hasta el fondo; esa insensibilidad
me llevó a asumir rotundamente, porque así lo experimenté, que una vez llegaba a
ese estado, lo que más deseaba era sentirla por atrás, bien apretada y
abriéndome la cola; porque el sexo anal siempre tuvo entre nosotros el atractivo
de haber sido nuestro desvirgue sexual, y es de todas las formas en que nos
unimos, la que me hace sentirme más única con él y más segura en nuestra
relación amorosa. A parte de que, por momentos, cuando me la mete por el culito
siento que soy toda suya, con la misma entrega y la misma complicidad secreta de
nuestros primeros juegos.
Pero luego, a medida que la tarde transcurrió, comencé a
sentirme rebelde conmigo misma, por decirlo de alguna forma, ya que me negaba a
aceptar que en algún momento tenía que emprender la partida y el regreso a mi
casa. Así que cuando la hora estuvo próxima comencé a inventar cualquier cosa,
caprichosamente, para retardarla y demostrar mi sincero desagrado y a maldecir
lo de mi matrimonio, hasta cuestionar, pero sin llegar a renegar, la relación
con mi primo.
Aunque lo mío, en un momento, se puso grave ya que solo
pensar que, además, aun tenía casi dos horas de viaje de bus y que seguramente
al llegar casa no tendría ni un poco de ganas de hablar con mi marido porque ese
día solo quería estar allí: en ese departamento.
Cariñosamente, comprendiendo mi situación, mi primo. no
dejaba de hacerme mimos mientras yo, hay que reconocerlo, también excitada por
la situación y por la champaña no dejaba de decir los más variados disparates:
como que llamaría a mi marido al trabajo para decirle que esa noche no iría a
dormir casa, inventando las más inverosímiles excusas que sin quererlo hacía
sonreír a mi primo, o que comenzaría, mientras ojeaba las agendas de la mina, a
llamar a varios de los tipos que sus teléfonos aparecían en ellas para conocer y
enganchar alguno que tuviera la fantasía de hacerlo con una embarazada y por
supuesto fuese muy generoso conmigo, aunque enseguida agregué haciendo un mohín
aniñado, algo así: - siempre y cuando por lo menos me guste aunque sea un
poquito.
Incluso, aunque sabía que no lo iba hacer, tomé el teléfono
amagando a llamar, lo que ya era, en sí, un juego erótico, pero mi primo, como
siempre tan cuidadoso, hasta lo paranoico, para algunas cosas, me cortó,
diciendo que: desde aquí ni en broma porque del otro lado pueden llegar a tener
captor y se nos podría armar terrible lío , a lo que yo, arrogante y no
queriendo achicar en ese juego de mi porvenir como gato, le dije: entonces voy a
copiar algunos de estos teléfonos, por las dudas, ya que nunca se sabe; y
realmente así lo hice garabateando a las apuradas cuatro de los nombres y
números que estaban acompañados por las cifras más grandes.
Como mi primo se sorprendió un poco, comencé super melosa,
mientras lo masturba, a decirle, en tono ambiguo, que era en broma y mucha
fantasía mía, aunque quizás... algún día ... para probar .... si él quería y no
se enojaba.... pero que, en realidad y en ese preciso momento, lo que más me
desagradaba era irme y tener que volver con mi marido porque, ese día, solo
quería quedarme ahí con él; e , incluso llegué a decir, que lamentaba mucho no
tener una amiga en la ciudad, aunque fuera la prosti dueña del depar, para que
me sirviera de excusa o para que llegara a ser mi cómplice en este tipo de
situaciones.
Pero, también, le dije cosas tan disparatadas como que fuera
él quien llamara a mi maridito, con cualquier cuento sobre mi salud, para
hacerlo venir al depto y después terminar cogiendo en su propia cara.
Mismo que por momentos mis locuras eran cualquiera, ya que la
cosa era inventar algo para fantasear con quedarme más tiempo, nos fuimos
calentándonos nuevamente.
Con mi primo cómodamente acostado boca arriba, me fui, a la
vez que hablaba, sentando en su plana barriga a la vez que su miembro, a medida
que, de a poco, adquiría rigidez, golpeaba en mis nalgas; en tanto, él,
estirando sus manos, me aguijoneaba masajeando mis tetas.
A cada locura que yo decía, mi primo, como premio, me exigía
que mi inclinase para poder besarnos en la boca apasionadamente, a la vez que mi
culo quedaba, por la posición, super abierto y expuesto bien de frente a la
ventana, que de morbosos no más, nunca le habíamos corrido las cortinas
totalmente.
La posibilidad de que alguien nos estuviese viendo nos puso
re locos; y mucho más, cuando yo sugerí la inverosímil posibilidad de que mi
marido, desconfiando algo, no hubiese ido a trabajar para poder seguirme,
confirmar sus sospechas, y ubicado en algún lugar nos estuviese espiando con sus
binoculares, que realmente los tenía.
Entonces, rápidamente, de ésta loca quimera pasamos a la
fantasía mucho más probable, ya que siempre, mismo estando mi marido cerca,
andábamos más que manoseándonos, de que en algún momento terminaríamos siendo
descubiertos por él en plena acción.
Nuestra fantasía de ser vistos cogiendo por mi marido se
desarrolló de una forma que se transformó en un proyecto posible y la erótica
conversación derivó a como lo haríamos delante de él y en que postura nos
gustaría más que nos viera; mientras fantaseábamos en voz alta yo ya me había
sentado encima de sus testículos y su verga bien dura sobresalía hacia delante
entre nuestros vientres y yo la manipulaba pajeándola como si fuera parte de mi
cuerpo.
Lo provocaba, con la voz entrecortada y frotando mi vulva con
el nacimiento de su pija, a que me dijera que era lo que él más preferiría. Y
cuando, con los ojos cerrados mientras lo pajeaba, me dijo: el culo, no me
contuve más y yo misma me fui ensartando, al vez que observaba como mi concha se
devoraba con facilidad y avidez la punta de su largo pene.
Apoyada en mis rodillas a ambos lados de su cuerpo comencé,
mirándolo a la cara, un suave y corto sube y baja. Esta vez no solo era yo la
que estaba arriba cabalgándolo sino la que lo incitaba a que me dijera más:
entonces frente a mi caliente y exigente pregunta de: el culo qué?, me confesó
que le gustaría cualquier cosa: como que le hiciera una mamada o tenerme sentada
en la pija delante de mi marido, pero lo más le encantaría es que nos viera
cuando lo hacemos por el culo ya que en realidad pensar en penetrarme por detrás
delante de alguien era una de las cosas que más lo excitaba.
Yo, enternecida y enardecida, le aseguré que sí, que
cualquier día de esos, cuando él quisiese lo haríamos no bien se presentase la
oportunidad y encontrásemos a alguien bien dispuesto, pero también, le confesé
que en ese momento, lo que era verdad, lo más quería era que mi marido me viera
exactamente así como estábamos, en esa posición.
Inmediatamente lo insté a que nos pusiéramos, sin cambiar la
postura, transversalmente en la cama para que mi cola y espalda quedase bien de
frente al espejo, lo incité a que imaginara, a que por alguna razón mi marido
llegaba hasta ahí, y se diera de cara con ese mismo espectáculo que nosotros
podíamos ver reflejado en el espejo: mis nalgas bien abiertas, mi recién cogido
ojetito hinchándose y sobresaliendo cada vez que mi vulva devoraba fácilmente
más de quince centímetros de verga sin contar el pedazo que siempre quedaba
fuera sobresaliendo de mi concha acompañado por un par de poderosas bolas
Entonces, insistí, sin parar de subir y bajar mi grupa
enhebrada, en mi fantasía de mi primo llamando a mi maridito al trabajo para
decirle algo así que como, al salir de la clínica, me había sentido un poco mal,
sobretodo sicológica y anímicamente, y luego de no haber encontrado a mi tío en
su oficina, me había venido hasta ahí porque sabía que él estaría haciendo unos
trabajos y que una vez acá me había puesto peor y me negaba a irme y menos sola,
así que lo mejor era que viniera él a buscarme o ya que aquí estaba todo bien
incluso existía la posibilidad de todos quedarnos a dormir esa noche porque la
dueña no volvía hasta pasado el fin de semana.
Inclusive el hecho de que mi primo algunas veces fuese el
encargado, para complacerme, en manipular a mi marido para, de cierta forma,
malearlo y pervertirlo a mi antojo pasó a ser bastante reiterativo en mis más
inmediatas fantasías de esa época.
Así que poniendo de manifiesto de que ambos éramos unos
tremendos pajeros mentales gozamos, esa vez, muchísimo imaginando al pibe parado
detrás nuestro, con la cara desencajada y los ojos desorbitados por la sorpresa
de ver a su mujercita embarazada desnuda, sentada en el vientre de su primo
hermano, con la concha ensartada por una pija bien perpendicular y varios
centímetros mas larga que la suya.
Imaginarme que mi marido pudiera llegar a estar presenciando
de como con mi primo me convertía una verdadera zorra, algo que en la realidad
seguramente ya intuía, hasta, sin quererlo, algunas pocas veces, ya se había
beneficiado sexualmente, pero que, quizás por su falta de imaginación erótica,
se resistía en hacer conciente; la posibilidad de que me viera gozando
prolongadamente como jamás me había visto, dada, entre otras cosas, su tendencia
a la eyaculación precoz, me voló la cabeza.
Entonces, mientras mi primo con sus manos en mis nalgas me
ayudaba a subir y bajar, para su placer, enfundando y desenfundando con mi sexo
su rica y dura vara, entre gemidos, risas y hasta lágrimas, pudiendo solo
articular y repetir innumerables veces las palabras si ...quiero me vine en un
poderoso e interminable orgasmo que se reactivó cuando comencé a percibir que mi
primo empezó a inundarme con su leche a la vez que lo oía decir un par de veces
yo también.
Esos precisos instantes se me han hecho inolvidables; no solo
por lo que sentí mental y físicamente sino por lo que significaba esa fantasía
para ambos.
Al punto que luego nos quedamos muy abrazados, yo diría, que
muy enamorados. Mi primo cariñosamente seco con su labios algunas lágrimas que,
con la emoción, se me habían escapado y para consolarme, ya que ambos éramos
conciente de que, por lo menos ese día, me era imposible, no solo realizar mi
fantasía, ni siquiera quedarme por otro rato, me dijo tiernamente algo así como
que haremos todo lo necesario y lo que tu quieras para no tener que pasar tanta
veces por esto de separarnos estando en lo mejor. Resignada y físicamente un
poco agotada pero bastante reconfortada por sus palabras y muestras de amor,
picarescamente le dije que no se olvidara de lo que me acababa de decir, y que
no dudara que yo las tomaba muy en serio, de la misma forma que a mis confesas
fantasías.
Ya en el baño nos dimos una ducha juntos y mientras me vestía
le hice prometer que se portaría bien, ya que a pesar de todo el morbo no podía
dejar de inquietarme, que se quedara solo en la ciudad con aquel confortable
departamento a su disposición o que apareciera la trola de la dueña de casa y
quisiera pagarle con sexo en vez de con plata.
El me aseguró, luego de ordenar todo, no se quedaría mucho
más, evitando cualquier reclamo de la dueña, además ella ya le había dejado,
junto a las llaves, algo de dinero. en un sobre en las manos del encargado del
edificio,
Y para que terminase yéndome tranquila, también, me aseguró,
ya que lo del mueble de la cocina había quedado en suspenso iba a hacer todo lo
posible para que hubiera, para nosotros, una segunda vez allí.
Entonces, antes de partir y ya vestida, estando él parado y
yo sentada poniéndome las sandalias, me abracé con fuerza a su cuerpo desnudo,
para luego pajiándolo con una mano bien cerca de mi cara, y sin dejar de mirarlo
con ojos febriles, le confesé que me hubiera gustado que me hubiese hecho la
cola usando el lubricante sexual había descubierto en el armario del baño y que
me había quedado con muchas ganas de experimentarlo; en realidad era cosa bien
de pendeja chica ya que mi primo fácilmente lograba dilatar mi ano y
lubrificarlo bien cualquier cosa que estuviese a mano.
Entonces él, devolviéndome la intensa mirada, mordiéndose los
labios y moviendo la cabeza como si yo no tuviera remedio, me dijo, haciendo
resaltar que lo primero que había hecho, esa tarde, era advertirme de que no le
revisara, sin su permiso, las cosas a la dueña, y que por eso, si yo pudiera
quedarme aunque sea un poco más: - me merecía recibir algún doloroso correctivo
físico en el trasero.
Sinceramente, no me hubiese molestado sufrir algún pequeño y
amoroso castigo a cambio de poder quedarme un poco más y de paso, una vez que mi
primo estuviese bien caliente luego de darme una apasionada soba, curiosear todo
lo de la casa; es más, en verdad, esa vez me hubiese encantado recibir un par de
nalgadas que me dejasen bien rosadita la cola, para que luego mi primo terminase
por recorrerla con sus ardientes labios y su húmeda lengua; y quizás si al
llegar a casa continuaba así de emocionada hasta podía como quien no quiere la
cosa dejar que mi marido la entreviese un poco y, sin saber bien porque, le
llamase la atención.