SIN QUERER QUERIENDO DESVIRGUÉ A MI MEJOR AMIGO...
La noche de su cumpleaños, gracias a la influencia del
alcohol y de un desafortunado consejero, comencé a ver a mi mejor amigo de otra
forma...
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Me llamo Mauro Santamarina, tengo 25 años, estudio el último
año de Comunicación Social en la universidad, mi mejor amigo se llama Rodrigo,
tiene 21 y estudia conmigo, cursamos juntos los primeros semestres de la
carrera, a medida que avanzaba la carrera comenzamos a inscribir diferentes
horarios, sobre todo por cuestiones de tiempo, pues yo comencé a trabajar, y por
ende me inscribía en el nocturno, sin embargo siempre inscribimos electivas
juntos y una que otra obligatoria, además ambos pertenecemos al equipo de Futsal,
ya ahorita estamos culminando el trabajo de tesis y también las pasantías, en
cuestión de 4 meses, debería ser nuestro acto de graduación; Rodrigo y yo nos
conocimos en el primer día de clases y desde entonces nuestra relación ha sido
muy intensa, quizás demasiado, nos pasamos todo el día juntos, nos la pasamos
uno en la casa del otro y cuando no hablando por teléfono, salimos todos los
viernes y los fines de semana, pero nada fuera de lo normal, más allá de los
escarceos y jugueteos de dos buenos amigos, que si te toco un poco el culo
bromeando, que si jugamos a las luchas, que si te robo un beso cerca de la boca
para molestarte, que si te trato de "mami" o de "mi amor", y cosas así, lo que
si habían eran muchos celos, pero celos de amigo pues, que si hoy saliste con
otros panas y no me dijiste, que si te llamé y no estabas en casa, total es que
adoro a Rodrigo como si fuera mi hermano, creo que incluso más que a mi propio
hermano, poco a poco se ha hecho alguien indispensable en mi vida.
Como es de esperar ambos estamos en muy buena condición
física, pues entrenamos con el equipo 3 veces a la semana y los fines vamos a la
playa a nadar o hacemos escalada, yo por mi parte soy un tipo normal, 180 de
estatura, 85 kilos, blanco, pecoso, cabello castaño y ojos almendrados, heredero
de los rasgos europeos de mis antepasados, él es moreno, ojos verdes, cabello
negro y 175 de estatura, 80 kilos, yo soy más corpulento y él más atlético, y
ambos tenemos la musculatura marcada sin exagerar, ambos tenemos bastante suerte
con las mujeres, pues además de atractivos somos bastante sociables, de hecho yo
soy más extrovertido y conversador, cosa que a él le molesta un poco, además yo
soy algo mayor, y tengo más experiencia pues he pasado por varias carreras antes
y siempre he trabajado, he tenido muchos rollos de mujeres, incluso viví una vez
con una por varios meses, él por su lado comenzó a estudiar apenas se graduó de
bachillerato y sus papás lo mantienen, siempre con noviazgos con niñas bien,
tenemos ideologías políticas diferentes y planes de vida distintos, pero así nos
la llevamos, y sabemos complementarnos.
Todo comenzó en su fiesta de cumpleaños, habíamos discutido
fuertemente varios días antes, fue una tontería, pero yo me extralimité e
incluso le dije que no sabía porqué me la pasaba con un carajito inmaduro como
él, eso lo lastimó y optó por no hablarme, yo me sentía muy mal, nuestros amigos
le prepararon una fiesta sorpresa en un sitio y yo me llegué como 3 horas
después de que comenzó, lo felicité efusivamente y aún lo notaba resentido, no
sólo por lo que había pasado sino porque no me había visto en todo el día, total
que entre tanta gente no había chance de ponerse intensos y ambos optamos por
pasarla bien con otra gente, bailamos, tomamos, y todo iba de maravilla, en
verdad había un gentío que no conocía, parecía que había un montón de
"arroceros" en la fiesta, en una de estas me pongo a hablar con un chamo que me
presentó un pana de la Facultad como amigo suyo, el tipo era bien entretenido, y
según me habían comentado, trabajaba en una empresa en la que yo iba a solicitar
trabajo próximamente, así que decidí hacerme su pana, por aquello de que uno
nunca sabe quién te puede hacer un favor, así comenzamos a hablar de negocios
que a ambos nos interesaban y en un momento, Fabián, que así se llamaba el pana,
ya mas tomado, me empieza a preguntar por el cumpleañero, me pareció raro pero
le seguí la corriente.
- Y.. por cierto.. qué sabes del cumpleañero?- Preguntó
Fabián
- Bueno.. se llama Rodrigo, y estudia con nosotros en la universidad
- Si eso lo sé, Carlos me lo presentó
- Entonces qué quieres saber?- Pregunté ya más intrigado
- No sé... bueno... tiene novia?
- Sí, bueno, ya no, terminó con ella hace una semana- Dije ya sabiendo por donde
venía la cosa
- Ummmm, interesante, y no sabes si anda pendiente con alguien...
- No, no sé si anda pendiente con alguien, porqué no me dices de una vez qué
quieres saber?- Dije sin poder ocultar mi incomodidad
- Bueno, bueno, no te molestes, me hubieras dicho que ya lo tenías reservado y
no te hubiera preguntado
- Cómo que reservado? De que hablas?
- Bueno obviamente tienes algo con él, te felicito hermano, es un muy buen
ejemplar- Dijo mientras lo miraba como si se lo estuviera comiendo
- Ya va.. un momentico... yo no tengo nada con él, él es mi amigo y además
nosotros no somos maric... bueno.. gays
- Ah claro, si tú lo dices... pero de verdad que no hay que ser gay para
reconocer que ese muchachote es todo una delicia, nada más mira cómo se mueve
Voltee casi que por reflejo y allí lo vi, sin camisa,
bailando reggaeton rodeado de mujeres, esa canción llamada "Noche de Sexo", la
única de ese pseudo-género musical que a mi parecer vale la pena, que me excita
sólo de oírla, Rodrigo ya estaba bastante tomado, y la verdad es que tiene muy
buen cuerpo, hombros, espalda y pectorales definidos, con el vello rasurado en
pecho y axilas, triceps y biceps tensos y abultados, con miles de brillantes
gotitas de sudor deslizándose presurosas hasta esa hondonada que lleva
directamente al elástico de sus boxers Calvin Klein, que cubren junto a sus
ajustados jeans esas nalgas grandes, redondas y duras, tan ejercitadas por el
Futsal, la verdad es que no había reparado en lo bueno que está mi amigo, en la
forma en que mueve sus caderas, de una forma que pocos hombres pueden hacerlo y
que muchas mujeres envidiarían, quizás mi cabeza estaba llena de ideas por las
mariqueras de borracho que me decía Fabián, pero estaba viendo a Rodrigo con
otros ojos, comencé a sentirme raro, a imaginarme esos movimientos de cadera en
otros contextos, ya no escuchaba a Fabián pero decía algo con respecto a eso, a
lo bueno que debe ser en la cama, y a lo mucho que podría un hombre gozar con
él, inconscientemente comencé a enjugarme los labios, como si pudiera saborear
el gusto salado de su sudor, comencé a sudar como si la cercanía con su cuerpo
me quemara, comencé a recordar todas aquellas veces que lo había visto desnudo
en los vestuarios, o en su casa, o en la mía, las muchas veces que dormimos
juntos, lado a lado, ambos en ropa interior, como olía de rico luego de salir
del baño y afeitarse, comencé a reparar en todas esas pequeñas cosas, esos
sutiles momentos entre él y yo que serían típicos de dos buenos amigos, pero que
yo sentía que eran algo más, tantos detalles que no había podido ver, o que no
había querido ver.
Fabián se fue junto a su amigo, cuando se despidió de mi me
dijo al oído que si él fuera yo, siendo amigo de Rodrigo, no dejaría de intentar
algo, aunque fuera sólo por probar, ya ni me molestaban sus imprudencias, estaba
muy confundido, quizás por el alcohol, ya quería irme a casa de mi novia a darle
una buena cojida para que se me pasaran las pendejadas que estaba pensando, sólo
era eso, estaba cachondo y tenía que sacarme la leche para dejar de imaginarme
tonterías con Rodrigo, mi mejor amigo, mi hermanote del alma, fui a la barra
justo cuando Rodrigo también se dirigía hacia allá, ya estaba más tomado, me
tiró un brazo sobre los hombros, exponiéndome así a su olor a sudor mezclado con
su perfume Jean Paul Gaulthier, recostó su cabeza contra la mía y colocó su boca
a centímetros de mi oreja, en una posición que no estaba ayudando para nada a
mis sentidos a alejarse de esas ideas prohibidas.
- Hola Mau
- Hola Rodrigo, cómo la estás pasando?- Dije buscando parecer natural
- No tan bien como debería... te extraño mucho- Dijo arrastrando un poco las
palabras
- Yo también te he extrañado, pero aquí estoy, eso es lo importante
- No se si eso sea suficiente, te he sentido muy lejos, es mi cumpleaños y tú no
deberías estar lejos
- Es verdad, pero han pasado varias cosas y preferí que habláramos después
- No me importa después, no me quiero seguir sintiendo así, por favor quédate
conmigo el resto de mi cumpleaños, no me importa lo que haya pasado o lo que me
hayas dicho, pero me siento muy mal sin ti -Dijo apretándome aún más fuerte
- Eso no es así Rodrigo, yo te dije cosas que no debía y no puedo fingir que
nada pasó, quisiera aclararlo
- Entonces déjame quedarme en tu casa esta noche si?, para que hablemos, no te
quiero sentir lejos- Dijo casi susurrando en mi oreja, haciéndome estremecer, no
sabía hasta que punto aquello sería una buena idea
- No sé Rodrigo, yo me quería ir a casa de Andrea y por lo visto tu estabas
cuandrando algo con Paola no?, creo que esta noche nos sale sexo compadre..
Mejor termina de disfrutar tu cumple con ese bombón y nos vemos mañana sí?
-Traté de hacerle desistir de la idea de pasar la noche juntos
- Sabes Mauro, de pana no sé qué coño significo yo para ti.. Podría ir a cojerme
a Paola ahorita mismo, que está bien buena la perra esa.. pero a mi sí me ha
afectado el hecho que hoy estemos distanciados, si a tí te sabe a mierda y sólo
te interesa ir a metérselo a tu novia como haces cualquier día... Bueno, hazlo
cabrón, jódete, me cansé de estarte jalando bolas para que me prestes atención,
no sé ni siquiera porqué te dignaste a aparecerte por aquí..
- Rod.. Marico.. espérate.. No...- Dije tratando de reparar la cagada que había
hecho, por mi miedo a mis fantasías pendejas había herido aún más a mi amigo
Él se fue a seguir bailando y jodiendo con otros panas, pero
se le notaba la perturbación, decidí esperar un rato más y cuando decidió irse
lo aparté un poco del resto de la gente y le dije que se viniera conmigo, se
rehusó pero insistí, finalmente anunció que se venía conmigo, nos despedimos y
emprendimos hacia mi casa, todo el camino estuvo muy callado, ambos lo
estuvimos, aún estaba sin camisa y trataba de calentarse frotándose y
abrazándose a sí mismo pues a esas horas de la madrugada el frío arrecia.
- Rodrigo ponte la camisa, estás sudado y con el frío te
puedes enfermar
- Acaso eso te importa?- Dijo secamente
- Claro que me importa Rodrigo, no te comportes como un niño
- Ah claro, como un "carajito inmaduro" si mal no recuerdo...
- Sabes que no es eso lo que quiero decir
- Sí Mauro, tú siempre dices lo que no quieres decir... en verdad sólo me
intriga una cosa.. si te parezco tan inmaduro y te importo tan poco, porqué
sigues andando conmigo, no hay rollo pana, la vida sigue, no tienes porque
seguir aguantándome
- Ya deja de decir esas cosas Rodrigo, tu sabes que te quiero y que me importas
- Es por eso que me hiciste venir contigo, por lástima, nada, el carajito
pendejo borracho se puso sentimental, déjame llevármelo para que no llore,
seguro eso pensaste...
- Basta Rodrigo, ya estás diciendo idioteces
- E idiota además, sabes marico si lo que quieres es ir a cojerte a tu noviecita
pues ve, hazme el favor y llevame a la casa de Paola que yo también me la voy a
cojer, deja de fingir que quieres estar conmigo
- Maldita sea cállate la boca!!!, si te molesta tanto que te diga carajito
entonces déjate de idioteces y compórtate como un hombre, te llevo para mi casa
porque me da la puta gana de llevarte y punto, se acabó, no te voy a llevar para
ningún otro sitio entiendes?- Le grité arriesgándome a que se pusiera peor pero
en realidad no aguantaba
Rodrigo me vió un poco sorprendido y quizás asustado, nunca
le había gritado así, en el camino hacia la casa no dijo una palabra más, sentí
que había hecho lo correcto, a veces tenía que tratarlo así de fuerte, llegamos
a mi casa, le dije que pasara a mi cuarto para prestarle algo de ropa, él suele
dormir en boxers pero esa noche hacía bastante frío, él me siguió al cuarto sin
rechistar, no le quedaron ganas de contradecirme, le di una franelilla y un
short, cuando se desvistió volvieron a mi cabeza los sucios comentarios que
Fabián hacía sobre su cuerpo, sobre su culo redondo y perfecto, su espalda
limpia y tersa, miré hacia otro lado y comencé a cambiarme por mi cuenta, luego
salí, tenía hambre y supuse que él también.
- Tengo hambre Rodrigo.. voy a hacer unas súper arepas
monstruosas de esas que tanto te gustan... quieres?- Le dije en un tono más
amigable
- Si, está bien- Dijo tímidamente
- Pásame las cosas pues, lo de siempre, huevos, queso, tomates, jamón, creo que
hay pollo asado... las salsas..- él obedeció de inmediato sacando las cosas de
la nevera, lentamente, se notaba triste
- Rodrigo... este... discúlpame por haberte gritado así, no quería asustarte es
que...
- No tienes que disculparte, yo me porté como un imbécil...
- En serio marico, me arrechó mucho que dijeras todas esas cosas como si de
verdad te las creyeras, es que a veces no sé cómo hacer para que sepas que te
quiero, yo.. yo.. no sé si te doy suficiente o si necesitas más.. o si de verdad
te llego, es muy difícil para mi
- Perdón Mau, yo sé que a veces.. bueno, no, la mayoría de las veces... exijo
mucho y no te digo que es lo que espero... es que sabes, hasta que llegaste tú
nunca sentí que tuve un amigo de verdad, alguién a quién querer tanto...
entonces me da miedo perderte y no sé cómo actuar... en serio me da mucho miedo
que ya no me quieras o algo así... sé que es una estupidez, pero bueno, es así,
lo siento
Ya ambos estábamos muy tristes, su dulzura y timidez de niño
asustado me llenaba de una inmensa ternura, sentía que tenía que protegerlo, de
sí mismo, de sus miedos, tenía que demostrarle que lo amaba y que estaría ahí
siempre para él, que jamás me iría de su lado, ya no bastaba decírselo, tenía
que hacérselo sentir, y en ese momento no se me ocurrió una forma mejor, me
acerqué a él, puse mi mano derecha a un lado de su cuello, con mi pulgar
acaricié su cara, su mejillas, sus labios, luego junté mi nariz con la suya y
como en una batalla en la cual no podía decidirme, las rocé infinitas veces
hasta que sin pensarlo más cerré los ojos y lo besé en los labios, un
corrientazo me recorrió todo el cuerpo, no supe cuanto duró aquel momento, pero
para mi fue eterno.
- Pe.. perdón Rod.. perdó... yo...- Tartamudee presa del
terror por lo que había hecho, por lo que podía pasar
Sin decir una palabra Rodrigo me seguía viendo a los ojos,
con un gesto de estupefacción que no me permitía anticipar lo que vendría, de
repente se abalanzó sobre mi y comenzó a besarme, desesperadamente, como si lo
hubiese estado esperando por años, como si mis labios fueran tan vitales para él
como el propio aire, y quizás lo eran, así le respondí, de la misma forma,
quizás sin darnos cuenta ambos esperamos ese momento por mucho tiempo.
Ya aquel beso se hizo casi una lucha entre nuestros cuerpos,
entre nuestras lenguas, era una cuestión salvaje, violenta, casi animal, yo por
fin podía tocar ese cuerpo que tanto deseaba a mi antojo, comprobar con mis
propias manos la tersa suavidad de su piel, la firmeza de sus músculos, mis
manos no se daban abasto para abarcar toda su belleza, todo su esplendor de
hermoso muchacho joven y excitado, confundido y dudoso, yo sentía tantas cosas,
una profunda lujuria, una necesidad salvaje de apropiarme de su cuerpo, de
tomarlo, de hacerlo sentirme, y a la vez una pasión tan avasallante como nunca
antes había sentido, una necesidad de fundirme con él, de no dejarlo ir, allí
descubrí que lo amaba, no sólo como a un hermano o como a un amigo, nunca antes
lo había sentido, pero así era, lo amaba como hombre, lo amaba en toda la
extensión de la palabra, su existencia era parte de mi mismo, su olor era brisa
fresca, su saliva era agua pura, sus gemidos eran música, su cuerpo era arena
cálida del desierto, su mirada era luz de las estrellas, ya en ese momento no
quedaba ninguna duda, estaba completamente enamorado de Rodrigo Córdoba, de mi
mejor amigo.
Seguimos besándonos y tocándonos todo, éramos un par de
desesperados, lo llevé al sofá de la sala por estar más cerca que otra cosa, ya
yo no podía esperar más, allí lo tiré y me acosté sobre él, en el camino
habíamos dejado ya las franelas y los shorts, ya ambos estabamos sólo en boxers,
él con uno corto blanco y muy pegado y yo con uno negro un poco más suelto,
podía sentir cada centímetro de su cuerpo, su calidez, su suavidad, su olor que
me enloquecía, tenía ganas casi que de devorarlo, comencé a besar su cuello, su
pecho, a chupar sus pezones, él se aferraba a mi espalda, a mis nalgas, me
apretaba, me mordía, era una cuestión casi bestial, sexo de dos machos que
luchaban para ver quién ganaba, quién dominaba, a ratos yo estaba encima y a
ratos lo estaba él, yo lograba sujetarlo y servirme de su cuerpo y luego él
hacía lo propio conmigo, no hacía falta decir una palabra para expresar todo lo
que estaba pasando, aquello no era un evento inesperado, y tampoco era producto
del alcohol, ambos nos deseamos por mucho tiempo, por eso los conflictos, por
eso los celos, y sólo hasta ahora fuimos capaces de reconocerlo y dejarnos
llevar por eso, esa noche le iba a dar un regalo de cumpleaños que jamás iba a
olvidar.
En el sexo realmente me vuelven loco dos cosas: una buena
mamada y un buen culo, y Rodrigo me las iba a dar ambas, sin mencionar el
detallito adicional deque me iba a comer ese virguito, ese sería uno de los
mejores polvos de mi vida, ya para ese momento tenía la paloma más tiesa que una
cabilla de acero y demandando un poco de cariño.
- Rodrigo, sabes cuanto me gusta una buena chupada...
- Pero, es que yo no sé, yo... nunca...- Dijo mi tierno amante algo dubitativo
- Tranquilo, siempre hay una primera vez, sólo recuerda cómo te gusta que te lo
mamen y haces lo mismo conmigo, o mejor házmelo como te gustaría que te lo
hicieran a ti
- Pero, yo, no sé si quiera...
- Te doy asco o algo así?... bueno, si no quieres...- Traté de hacerlo sentir
culpable
- No, no es eso Mau, está bien, voy a tratar sí, no sé si pueda hacerlo bien
A mi no me importaba como carajo lo hiciera, el solo placer
de penetrar esa dulce boquita por primera vez era suficiente para mi, no se
imaginan el morbo que da tener a tu mejor amigo allí arrodillado entre tus
piernas, preocupado por darle gusto a tu carajo bien hinchado, la sensación de
poder que sientes cuando alguien te da una mamada es mil veces mayor con un
hombre, es la consumación de la victoria de tu propia virilidad sobre la del
otro, la mayor muestra de sumisión posible, es delicioso, y estaba a punto de
disfrutarlo con Rodriguito, me senté en el sofá tal como me gusta, bien
recostado y con las manos tras la nuca, él se arrodilló en el piso entre mis
piernas abiertas, comenzó a sobar mi paquete que más bien formaba una tienda de
campaña bajo mi tenso boxer, lo insté a olerlo y a darle pequeñas mordidas, lo
hizo y eso me encantó, mi amigo era toda una lindura, lo hacía con cierta
timidez, me saqué el miembro por la abertura para orinar que tiene el boxer, lo
tomé con mi mano y comencé a blandirlo cual espada, a golpearlo suavemente
contra su cara, él comenzó a lamerlo como si fuera un helado, aquello me
enardecía, acariciaba sus cabellos mientras tanto, "Abre la boca Rodrigo,
cómetelo todo", le dije, como los tiene un poco largos me alcanzaba para
sujetarle una cola de caballo tras la cabeza, luego de darle cabida a mi
enhiesto aparato dentro de su mojada y caliente boquita, comencé a dirigir su
ritmo, comenzó un poco lento, y a mi me gusta rápido y profundo, sé que él no
estaba acostumbrado pero yo lo haría acostumbrarse, poco a poco comencé a
bombearle con la cadera hasta que le estaba haciendo rimming, él se veía
incómodo pero no protestaba, quería complacerme, yo le entraba cada vez más,
hasta que empezó a tener arcadas, entonces se lo sacaba un poco para que
respirara y se lo volvía a introducir más hondo, él no podía manejarlo, se
estaba babeando todo, eso me encantaba, "Saboréalo nene, es todo tuyo, mírame a
los ojos compadre, no dejes de mirarme", le repetía una y otra vez.
Qué ganas me estaban entrando de meterle la cojida de su
vida, sólo una vez le había desvirgado el culo a una jevita que tuve, y en
verdad fue maravilloso, ahora sería la segunda vez que lo haría, lo levanté del
suelo y comencé a besarlo, sintiendo aún el agrio sabor de mi pene en su boca,
se acostó sobre mi y seguimos besándonos como locos, entonces le di la vuelta y
me acosté sobre él, comencé a darme gusto manoseando y apretando ese par de
hermosas nalguitas, en realidad están tan duras como las imaginé, pero suaves
como la piel de un durazno, en eso estaba cuando Rodrigo dentro de su agitación
me preguntó:
- Hey.. Mau.. supongo que ahora quieres... bueno ya sabes...
- A qué te refieres?- Dije tratando de hacerme el inocente
- Bueno, tú sabes.. que lo hagamos pues..
- Sí claro, me estoy muriendo de ganas, pero tu quieres también no?- Dije
ligando una respuesta afirmativa
- Bueno.. es que.. es mi primera vez y bueno... no sé si me vaya a doler...-
Dijo muy asustado mi lindo amante
- Pues no sé, seguramente dolerá algo, pero si ambos ponemos de nuestra parte
puede dolerte menos
- Seguro?
- Confías en mi?
- Sí, claro que confío en tí, pero es que esto...
- Me quieres o no?- Acepto que usé un truco de manipulación muy típico
- Bueno Mau, claro que sí
- Entonces creeme cuando te digo que no voy a lastimarte, deja que yo me
encargue sí?, esto va a ser maravilloso para los dos
Ahí comenzó mi trabajo de dilatación para poder rasparme ese
culito vírgen sin mayores contratiempos, dejándolo acostado boca arriba en el
sofá me arrodillé entre sus piernas, lo tomé por las nalgas y lo levanté para
dejarlas a la altura de mi boca, separé sus lindas nalgas con ambos pulgares y
entonces lo vi, el ano más hermoso sobre esta tierra, rosado, pequeño y muy, muy
fruncido, por un momento creí que sería una locura tratar de trabar mi manguera
que ya para ese momento alcanzaría los 21 cms. que posee, en ese pequeño
orificio, pero la anticipación del placer que me provocaría me hacía no pensar
en más nada, inicié mi beso negro, en verdad estaba delicioso, no sólo
introducía mi lengua en ese hoyito cada vez más abierto, sino también besaba y
mordía sus nalgas, todo el conjunto era delicioso, la virginidad es tan pero tan
dulce, ahí me dejé llevar y no sé cuanto tiempo estuve saboreando aquel manjar,
total que él estaba transportado de placer, no paraba de gemir y aferrarse a los
bordes del sofá, ahora mandaría el miedo al carajo y sería capaz hasta de
rogarme para que me lo cogiera, una vez que había probado las mieles del placer
anal, no se estaría satisfecho hasta verse bien ensartado en mi tranca, de eso
me encargaría yo personalmente.
Luego de poder introducirle dos dedos sin dificultad,
previamente ensalivados en su boquita, le avisé que era el momento, de nuevo
puso cara de asustado, pero estaba tan excitado que no dudó ni un segundo, su
culo se lo pedía, ya no era una cuestión de la pacata voluntad de la conciencia,
a mi me encanta la posición en 4 patas, pero esa la dejaría para luego, ahora no
podía perderme cada detalle de su cara a medida que me iba adentrando en su ser,
así como lo tenía lo abrí de piernas, puse sus pies recostados en mis hombros,
me recosté sobre él hasta poder de nuevo juntar nuestras bocas, que como viejas
amigas se agasajaron inmediatamente, pensé en ponerme un condón, pero no quería
romper la magia de aquel beso, que era como la firma del contrato en el cual me
entregaba lo más preciado de sí, además prefería sentirlo en carne viva, al
pelo, como me gusta, se lo comenté y me dijo que él confiaba en mí, yo también
confiaba en él, así que sin más preámbulos, con mi mano coloqué la punta de mi
ariete en ese rosado anillo, lo acaricié un poco, matándonos a ambos de placer,
y sosteniéndolo firme para que no se doblara o se saliera comencé a penetrar,
superé ese breve instante en el que crees que no es posible que entre,
sometiendo a mi enhiesto glande a la calidez y a la presión de ese recto
intacto, empujé un poco más y metí como 5 cms, él comenzaba a tensarse, cerró
los ojos, apretaba los labios y se aferraba a mis brazos tensionados, yo le
decía que no apretara, que relajara, pero supongo que eso no es nada fácil en su
situación, mi placer era sencillamente indescriptible, era como meter el güevo
en un condón que te queda pequeño, duele, incomoda, pero a la vez te da un
extraño placer, apretaba como si me lo quisiera arrancar, y estaba literalmente
hirviendo por dentro, yo me regocijaba en el rictus de dolor que mostraba su
carita, no me gustaba lastimarlo, pero creo que nada te hace sentir más hombre
que notar como el otro te siente en lo más adentro, como a pesar, o mejor dicho,
por medio de su dolor te vas apropiando de su cuerpo, de su intimidad, te vas
metiendo de poco a poco en su alma.
Logré introducírselo completo, cada uno de los 21 cms, hasta
que mis bolas peludas se tocaron con sus nalgas, estaba bien empalado, su
virginidad anal era cosa del pasado, todo lo que él sabía o creía que sabía de
sí mismo en ese momento se fue a la basura, y conmigo pasaba igual, nuestras
vidas comenzaron a transformarse, yo no podríamos decir que nos dejamos llevar
por el alcohol y que nos dimos unos besos y unos toqueteos, no, oficialmente me
lo había cogido, y de una u otra forma eso daría un vuelco a nuestra relación
para siempre, aunque parezca estúpido en eso pensaba mientras lo penetraba, no
obstante al dejarlo acostumbrarse al nuevo intruso que profanaba su ano, comencé
a bombear, lentamente, con un ritmo casi imperceptible, al notar que su
expresión se relajaba comencé a aumentar la velocidad, él comenzó a gemir, así
nos fuimos comunicando hasta alcanzar el nivel máximo, entraba y salía de él
como perro por su casa, ya que en realidad era mi casa, su estrechez era ya un
vano recuerdo, sangró un poco y eso me daba mucho morbo, por lo menos a mi,
aumenté al ritmo hasta el nivel que me gusta, duro, salvaje, casi bestial, él ya
solo gemía y balbuceaba incoherencias, estaba delirando de placer, yo quería
hacerlo llegar al cielo, hacerlo sentir cosas que jamás había sentido, y que
jamás sentiría con nadie más, luego intentamos varias posiciones, había
inexperiencia de su parte, no acostumbrado a estar al otro lado de la cópula no
sabía como moverse, pero ya aprendería, ya juntos aprenderíamos, sin embargo lo
hice ponerse en cuatro, luego me cabalgó y lo hicimos hasta de pie, él acabó dos
veces con mis masturbaciones, apretándome de una forma deliciosa, y yo acabé
solo una dentro de él, pero que valió por dos, en realidad inundé todos y cada
uno de los resquicios de sus entrañas, ya mi semilla estaba dentro de él, ya
quisiéramos o no, nos arrepintiéramos o no, aquello no tenía vuelta atrás.
No recuerdo cuánto tiempo lo hicimos esa noche, sólo sé que
al terminar ambos estábamos exhaustos, no era solo cansancio físico, era esa
sensación de pesadez que sientes cuando pasa algo trascendental en tu vida,
cuando muere algo, cuando nace, o cuando sólo algo comienza, también sentía ese
vacío en el estómago, era la incertidumbre, de estar satisfecho por haber
conseguido algo que deseabas, pero sin tener la menor idea de qué vendrá
después, me preguntaba si tendríamos la valentía de tener una relación, sí él
quería eso, y sobre todo si ¿yo quería eso?, si seguiríamos siendo amigos o si
nos veríamos obligados a terminar, en verdad no sabía nada más allá de que
estaba allí tirado en el sofá, desnudo, con mucho frío, exhausto, y con Rodrigo,
mi mejor amigo, a mi lado en iguales condiciones, lancé un brazo hacia él y lo
traje hacia mi, él se recostó en mi pecho, abrazándome como si fuera una
almohada, sentí menos frío, el calor de su cuerpo me cobijó, tomé una sábana que
tenía cerca y nos arropé con ella, ya nada podía ser más perfecto, más natural,
más espontáneo, pero la vida no se trataba de eso, la noche pasaría con el frío
y volvería a hacer calor, quizás trayendo miedos, vergüenzas y culpas, tarde o
temprano nos tendríamos que levantar de allí y salir al mundo a seguir siendo
los mismos de siempre, sólo en apariencias, fingir que no ha pasado nada entre
nosotros, ante nuestros padres y nuestros amigos, la vida es difícil, y esa
noche nos la hicimos un poco más, pero ya nada se podía hacer, nada más que
dormir así, juntos, y esperar que el tiempo no pasara.
Esa mañana despertamos en idéntica posición, yo me levanté
primero y me fui a bañar, él hizo un poco de café y luego me sustituyó en la
ducha, en toda la mañana no dijimos una palabra, por lo menos yo no hallaba que
decir, mientras desayunábamos uno frente a otro en la mesa de mi cocina, él
rompió el hielo.
- Sabes Mau, no tuve tiempo de decirte nada, pero ayer me
llamaron de la Embajada de Brasil
- Ah si, y eso?- Dije sin entender nada
- Pues recuerdas que te había comentado que mi papá y yo estábamos pensando en
la posibilidad de irme a otro país luego de graduarme, a hacer un postgrado y
eso...
- Ajá- Balbuceé anticipando su noticia
- Pues conseguí el cupo en el postgrado, es en Producción Audiovisual, mi papá
me va a financiar, y pues... un mes después de la graduación me voy para Sao
Paulo, me voy a vivir para allá
- Ah... si... pues.. felicidades...- Contesté luego de un largo silencio,
tratando de sonar un poco menos destruido de lo que realmente estaba
No encontré que decir, quizás porque no encontraba que
sentir, cuando él me había comentado eso de irse lo sentía como algo abstracto,
nunca lo consideré una posibilidad, aunque aún así me angustiara, pero ya no
había tiempo de imaginarme nada y menos de acostumbrarme, él se iba en 6 meses,
y no se iba de vacaciones como otras tantas veces, se iba a vivir, se iba de mi
vida, y luego de lo que pasó la noche anterior estaba aún más confundido, cuando
abrió la boca para hablar no me dijo que sentía, que creía, cómo esperaba que
siguieran las cosas, sino sólo me dijo que se iba, en pocas palabras sin mayores
vueltas me dijo que todo acabó allí, que nuestra amistad de años, que al amor
que comenzamos a sentir, y que esa noche surgió de la forma en que lo hizo, no
tenía posibilidades de un mañana, de un quizás, él ya no tenía nada que pensar
ni que reflexionar, más que terminar de pulir su portugués en los meses que le
quedaban, y yo me sentía cómo si me hubiera arrancado un pedazo de vida, ya no
había más que hacer.
Yo que me sentía como un cazador, como el tipo maduro que
desvirgó y pervirtió a su joven amigo, que ingenuo fui, fue él quién me enredó,
quién poco a poco se metió en mí para no salir jamás, quién penetró y dejó su
semilla en lo más hondo de mi alma, ahora sólo me queda esperar, rogar porque se
arrepienta y se decida a devolverme el aliento, y entonces ver qué pasa...