Yo era una joven universitaria que iba a empezar la carrera
de derecho en la prestigiosa universidad de Clemson, famosa porque todos los que
estudiaban allí tenían una carrera brillante, pasando a ocupar altos puestos en
la sociedad civil. Era una chica tímida de un pequeño pueblo agrícola, rubia,
bastante menudita pero con muy buen cuerpo, moldeado a la perfección tras
pasarme varias horas diarias en el gimnasio (y haciendo "gimnasia" con mi novio
Peter).Cuando iba a comenzar el curso estaba bastante nerviosa. Me habían
comentado que para poder ser alguien y poder sobrevivir en esta Universidad, me
tenía que granjear las amistades de las super reinas de las hermandades. Yo
había conseguido que me hicieran una entrevista para poder pertenecer a una de
estas hermandades. La de más prestigio e influencia, la de las diosas de la
justicia. Lo conseguí a través de una amiga de mi hermana. Mi hermana perteneció
a esta universidad, pero no consiguió terminar la carrera, dejándolo en el
primer curso por causas que nunca comentó.
Llegó el gran día. Tenía la entrevista en la casa de la
hermandad, un edificio apartado unos metros del campus, bastante grande y
lujosa.
Me recibió Cindy, mi contacto. Me estuvo comentando el
funcionamiento de la hermandad, y me dijo que para poder formar parte de su
grupo debía pasar unas pruebas que durarían todo el año. Es lo que llaman
periodo de Rookie, donde tienes que obedecer a todo lo que te ordenen las
hermanas superiores. Me presentó al resto del grupo.
Para empezar debes ir esta noche a coger un bate de
béisbol y una cuerda que hay en el trastero del gimnasio.- me dijeron.
Bueno eso no es difícil, pensé.
A lo que añadieron, - por cierto, tendrás que ir
completamente desnuda.-
Me quedé atónita, aunque ya venía avisada de que se solía
pedir este tipo de pruebas. Yo quería entrar en la hermandad, así que me desnudé
y pregunté por el gimnasio. Salí a buscarlo y lo primero que noté es que por las
noches bajaba bastante la temperatura, así que instintivamente empecé a correr
en dirección al gimnasio. Toda mi piel estaba erizada. Sin embargo conseguí
entrar puesto que no había llave, cogí el bate y la cuerda y volví corriendo.
Llegué a la puerta que estaba entreabierta, así que empujé esperando entrar en
calor. Pero al entrar me cayó un cubo de agua congelada que hice que me
paralizara. Que shok, que casi sin verlo me tiraron sobre una cama y empezaron a
atarme. No podía reaccionar. Estaba temblado y con las piernas abiertas. Me
empezaron a masturbar. Un dedo, luego dos. Acariciaban mi clítoris que
rápidamente reaccionó. Empecé a gemir. Una de las chicas llevaba una cámara con
la que grababa todo. Me corrí al notar la piel caliente sobre mi coño congelado.
Había llegado a un punto que me daba todo igual puesto que estaba excitadísima.
De repente todo se puso en silencio, y sonaba una música de tambores de fondo
así como el alboroto de las chicas. ¿qué sería? Lo averigüé pronto. Empezaron a
untarme el coño con un líquido, que se parecía a la vaselina. Me abrieron los
labios del coño y empezaron a meterme algo. Era muy gordo, lo que hacía que me
estremeciera de dolor, qué era eso ¿ En seguida me di cuenta que era el bate de
béisbol que entraba y salía, que grande, que dolor, que sensación….Hasta que no
pude más me corrí soltando un chorro que nunca había soltado (eyaculación
femenina) y mi cuerpo empezó a convulsionarse. Me quedé exhausta pero pude oír a
Cindy que riendo decía, - vaya filón hemos encontrado -.
Si os gusta continúo.
Parece ser que la primera prueba la superé con éxito. Yo
podía formar parte de la prestigiosa hermandad. Sería respetada, causando la
envidia del resto de universitarias que poblaban el campus. Ellas, inocentes
criaturas no conocían los entresijos de las diosas de la justicia y el calvario
que hay que pasar hasta llegar a ser una de ellas.
Al día siguiente prácticamente no me podía mover. Me dolía
todo el cuerpo, sobre todo las partes bajas. Además hay que añadir el fuerte
resfriado que pillé como consecuencia de las aventuras nocturnas. Sin embargo
estaba contenta, ya formaba parte de la hermandad, además que me gustaba el
sexo, por lo tanto yo creo que iba a ser un buen año.
Pasó una semana hasta que Cindy me llamó a su habitación. Me
dijo: "estoy muy contenta contigo, te portaste muy bien aquella noche, pero
quiero que sepas que esto es el comienzo. Hay muchas que no lo aguanta, como tu
hermana, puta novata de mierda." Me sorprendió que una chica que era un modelo
de buena conducta en público, sea una auténtica zorra en privado. "Estamos
pensando en hacerte una nueva prueba. Será esta noche. No faltes. Y ven vestida
con esto que hay en la maleta, no añadas ni quites nada, ¿entendido?" asentí con
cierto miedo al ver la cara de lascivia de Cindy y el miedo a lo que me
esperaba.
Llegué a mi habitación y abrí la maleta. Había una pequeña
falda de cuero negro, una chaqueta a juego, unos zapatos de tacón. No había ropa
interior, pero si unas bolas chinas. Junto a ellas había una nota que decía
"esto también te las tienes que poner". Eran unas bolas gordas de metal. Total
cinco bolas. Me quedé sorprendida, seguro que quiere que las lleve dentro. Pensé
en dejarlo, en volver a casa como mi frustrada hermana y seguir trabajando en la
granja. Pero no estaba dispuesta a esto. Soy fuerte y tengo el ejemplo de mi
hermana que no quiero seguir. Me armé de valor, además se iba haciendo tarde,
así que me desnudé fui a por un bote de jabón y enjaboné las bolas para que
adquirieran la lubricación precisa. Me tumbé en la cama y empecé a frotarme el
coño para que se lubricara. Esto no funcionaba. Así que pensé en mi novio y como
me follaba lentamente con su pequeño pene. Sabía moverlo y hacerme vibrar, pero
siempre me trataba con dulzura, A veces le pedía que fuera más rápido, a lo que
él me comentaba que había que ir con cuidado. Me puse a pensar en fantasías con
mi novio, como me penetraba salvajemente, y me llamaba puta obsesa. Sin darme
cuenta me estaba excitando. Mi coño empezaba a lubricar, mis pezones se
erizaban, me gustaba. Pero no había tiempo que perder. Cogí las bolas y las fui
introduciendo. Eran muy grandes, pero gracias a mi excitación y al jabón,
entraban… una, dos, tres…Umm que gusto. ¡Peter sííííí.! Sigue… Metí la cuarta,
ya no cabían más, pero me corrí, llegando a un orgasmo prolongado. Dejé colgando
la última bola, y aún sudorosa me puse la ropa ordenada y salí dispuesta a
soportar todo lo que me pidieran.
Con estas bolas en el coño, no podía prácticamente ni andar.
Después de la excitación dolía bastante. Tampoco ayudaba mucho los zapatos de
tacón. Conseguí llegar, llamé a la puerta y me esperaba la misma comitiva de la
última prueba, con la cámara incluida.
Sonia dijo. Umm, parece que esta todo bien, la falda, la
chaqueta y los zapatos. No te habrás puesto ropa interior, verdad puta?, Me
levantó la falda para comprobar sí llevaba bragas y empezó a reirse,
- Jajajajaja, mirar a esta puta, se ha metido el collar en el
chocho, pero que puta eres¡¡¡ Graba esto bien, Amanda, jajajaja que putón, lo
que le habrá costado meterse eso. Escúchame bien, las voy a sacar, no quiero que
te muevas, abre bien las piernas.
Como si no la obedecí. Cogió la última bola y tiró con
fuerza, sacándolas de un tirón. ARRRRG, que dolor, sentí que me moría…Me quedé
echa un ovillo en el suelo retorciéndome de dolor, escuchando las risas de las
hermanas. Cogieron el collar y me lo pusieron en el cuello donde siempre debía
haber estado. Me sentía muy mal.
Cindy dijo que ya era hora de que conociera a la mascota de
la hermandad. Pensé en un perrito. Pero dijo, "se llama SuperDyc". Vi aparecer
un armatoste con ruedas. Parecía una antigua máquina inquisitorial. En la punta
había un gran falo de plástico, me tiraron a una cama abriéndome las piernas. Yo
no podía o no quería poner resistencia. Así pues introdujeron el falo en la
entrada de mi vagina. Apretaron un botón y este se puso en movimiento, adelante
y atrás, con una armonía y conjunción entre el plástico y la carne. Cindy me
gritó;
- " te gusta guarra?",
- y un grito salió de mi boca; siiiiii.
¿quieres más?
Darme más
Más rápido?
Si por favor,
Suplica
Más rápido
Manipularon el aparato dándole mayor velocidad, que gusto me
daba, me corri. Estaba empapada de sudor y exhausta pero la máquina seguía
entrando con fuerza. Mi coño estaba completamente abierto. Me empezaron a
masajear el clítoris y a tirarme de los pezones duros como piedras. Me daban
palmaditas en las tetas que pronto adquirieron un color rojizo. En el fondo de
mi ser creo que me gustaba. Sonia se levantó apareció con el chocho al aire, lo
puso en mi boca diciéndome que me lo comiera. Yo nunca había saboreado los
flujos. Estaba tan excitada que empecé a comerlo pasando la lengua por sus
labios, ella me restregaba su sexo por la cara, metiéndolo en mi nariz. Estaba
muy lubricado, dejándome la cara empapada de flujo. Al principio me daban
arcadas, pero al poco le fui cogiendo gusto.
Tony cogió un consolador de plástico, Era pequeño y metálico.
Me lo pasó por el culo, abrió mis nalgas y me lo metió de un solo golpe. Un
espasmo recorrió mi cuerpo, quedándome sin respiración y empecé a temblar. De
pronto sacaron la máquina de mi coño, y no pude controlar que un chorro saliera
de él. Parecía que no iba a parar nunca, empapándolo todo ante las risas y
asombro del resto de las hermanas.
Cindy se acercó a mí y me dice;
mira como has puesto todo puta, tendrás que
recogerlo.
Me incorporé como pude intentando quitarme el consolador del
culo.
-qué coño te crees que haces? Quien te ha dicho que te lo
quites?
Resignada la pregunté por la fregona
para que necesitas una fregona teniendo la lengua? A
trabajar puta esclava.
Me tiré al suelo y sacando fuerzas de flaqueza lo lamí todo.
ya te puedes ir, vístete y sólo cuando llegues a casa
sácate el consolador. Ya sabes que debes estar preparada para cuando te
necesite cualquiera de nosotras.
Como pude llegué a mi residencia, me quité el consolador y me
tumbé derrotada en la cama. Algo me hizo empezar a llorar, pero estaba
satisfecha, por seguir perteneciendo a la hermandad, y haber quemado una etapa
más. Sin querer me puse a pensar en que otras sorpresas me depararían.
Pasaron los días entre libro y libro, entre la historia del
derecho y el derecho político (asignaturas que no suelen gustar mucho al ser mas
teóricas que prácticas). No había vuelto a saber nada de mis hermanas lo cual
era buena señal. Sin embargo ya se había corrido la voz de que había entrado a
formar parte de la hermandad de las diosas de la justicia, así que todo el mundo
me respetaba y quería ganarse mi confianza y llegar a ser amiga mía. Esto me dio
mucha popularidad e hizo que pudiera integrarme en la siempre difícil sociedad
de Clemson, rodeada de niños pijos, con sus flamantes deportivos, mientras yo
era una simple granjera beneficiaria de una de las pocas becas que concedía la
institución.
Esa tarde encontré una nota en mi casillero que decía:
No hagas planes para esta noche, te espera un Bukkake
Cindy.
Yo no tenía ni idea de lo que era eso. Así que me fui a la
sala de ordenadores y tecleé en el buscador la maldita palabra que me sonaba a
comida japonesa. En seguida me di cuenta que si, que era japonesa y que tenía
algo que ver con comida, pero era comida de semen a montones. Un baño de semen.
En seguida cerré el buscador porque salían montones de imágenes porno en la
pantalla y era un sitio público. Pero sabía a lo que me atenía.
Así pues, me armé nuevamente de valor y me fui a la
residencia de la hermandad. Me recibió Sonia. Y me dijo: "muy bien llegas
puntual perra. Desnúdate, rápido, tenemos que depilarte ese coño mugriento que
tienes"
Me desnudé tan rápido como pude. La verdad que nunca me había
depilado el coño ya que a mi novio le gustaba así, al natural.
En seguida vi la cámara otra vez enfocándome. Túmbate en el
suelo, me gritaron. Obedecí, aunque estaba un tanto paralizada. Dijo cindy " te
dan miedo las cuchillas?, yo asentí sin poder articular palabra. Bueno, me dijo,
pues por propia petición no vamos a usar cuchillas, lo haremos a la cera.
Habré oído bien. Depilación a la cera en mi chocho, eso podía
doler mucho. Mi cara cambió de gesto, pero ya era demasiado tarde. Me cogieron
por las manos y me abrieron las piernas, untándome con la cera todas mis partes
bajas. Estaba caliente. Cindy me dijo que esperarían a que se enfriase para
proceder a quitar esa mata de pelo. Me empezó a preguntar sobre las clases con
total naturalidad, como si yo no estuviera en perlotas tirada en el suelo
esperando para ser depilada. Cuando estuvo seca llamaron a Amanda, se acercó y
me comentó que había que tirar fuerte que si no dolía más. Cogió la punta de la
cera y tiró con todas sus fuerzas. Un grito de dolor salió de mi boca y dos
lagrimones recorrieron mis mejillas.
Gritos de alegría sonaban por doquier. A falta de pequeños
retoques ya estaba casi lista. Me escocía todo. Seguro que lo tenía en carne
viva. Apareció Yoly con una cesta de limones, ante la algarabía de las chicas.
Los partieron y empezaron a pasarmelos por la rajita El escozor era increíble.
Me retorcía y lloraba de dolor. Al cabo de unos minutos todo terminó. Tenía el
coño escocido. Solo con rozarme veía las estrellas.
Cindy dijo:" te recuerdo a lo que has venido, a hacer un
bukkake, así que prepárate"
Ya se me había olvidado el motivo principal de mi visita a la
residencia. Me pusieron un collar de perro con una cadena, y obligándome a ir a
cuatro patas me hicieron subir al piso de arriba. Había una habitación grande y
en el centro había una piscina de plástico sin agua. Me dijeron que iban a
empezar a llegar chicos y que, como buena granjera tendría que ordeñarlos. En
total 20 chicos. Me obligaron a ponerme a cuatro patas mirando hacia la pared, y
pusieron música hevy a todo volumen.
Empezó a entrar gente con la cara tapada. De repente noté
como de un solo golpe me metieron una polla hasta los huevos, tenía el coño tan
escocido que vi las estrellas, dándome un escalofrío que recorrió todo mi
cuerpo. Tuve un orgasmo que subió como el Sputnik, hasta que me metieron otra
poya por la boca, mientras me gritaban, ¡¡¡chúpala zorra!!!!!!. Empecé a
chuparla, pero el tio la metía muy dentro provocándome arcadas, pero cogida por
la cabeza no me podía zafar. Tampoco ayudaba mucho las envestidas por detrás.
Otros dos chicos se pusieron a mi lado para que les pajeara. Tenía el chocho a
punto de reventar, cuando noté como se corrían dentro de mi entre duras
embestidas. Me la sacó y el semen empezó a descender por mis labios del coño. En
seguida el que tenía delante mía se corrió salvajemente en mi cara. Un chorro a
presión de caliente leche, que me restregó por la cara con su poya. Los otros
dos descargaron uno en mi pelo y el otro noté como lo hacía en mi espalda.
Sin tiempo ni para respirar, les dieron el relevo otros
cuatro chicos. Uno se tumbó y me comentó que tenía que follarle. Me puse a
horcajadas sobre él y empecé a cabalgar. Entró hasta el fondo. Era una poya
enorme, y noté como entraba y no paraba de entrar. "Cabalga granjera," me
gritaba el chico. Yo estaba como loca. Me gustaba. Tenía el coño muy sensible y
notaba cada embestida. En medio del éxtasis, noté que me abrían las nalgas y me
empezaban a encularme. Estaba tan excitada que no costó que la metiera. Nunca
había pensado que me pudieran llenar los dos agujeros a la vez. ¡Que gusto
sentía!!! Era un poco incomodo, pero enseguida cogimos ritmo. Cuando uno
empujaba el otro se apartaba. Otro chico se acerco a mi cara y me eyaculó en la
boca, que tenía abierta en busca de aire. Alguien que casi ni vi se corrió en
mis tetas, y otro en mi cabeza resbalándome por la cabeza. El semen me resbaló
por la mandíbula. Me seguían follando, hasta que se apartaron los dos a la vez,
provocándome una espectacular eyaculación que hicieron que me temblaran las
piernas quedándome tirada en la piscina con el corazón a punto de estallar. Los
flujos salían de mi coño de manera incontrolable. Los tres chicos descargaron
sobre mi, empapándome las tetas y tripa. Caí exhausta adentrándome en un sueño
del que no podía escapar.
Desperté pasadas unas horas, tirada en la piscina, aun llena
de semen y flujos por todas partes, y ahí seguían las chicas, estudiando como si
nada hubiera pasado. Me sentía muy sucia, pero creo que tuve el mejor orgasmo de
mi vida. Cindy me dijo:
Ah ¿ya te has despertado perezosa?, tienes que
estudiar más que se acercan los exámenes, ya está bien de tanta fiesta.
Menos mal que están aquí las hermanas para guiarte por la senda
adecuada. Anda vístete y vete a estudiar a tú residencia.
Pero, ¿podría ducharme antes?
Sería mejor que lo hagas en casa. Ahí tienes tu ropa.
Estaba totalmente llena de semen. Cogí mi ropa y me di cuenta
que también habían descargado los chicos allí en mi ausencia. Las bragas estaban
chorreando pero me las tuve que poner. En los zapatos también habian descargado
notando algo pringoso cuando metí el pie el ellos. Me vestí como pude, con la
ropa empapada y me fui a mi residencia. Los compañeros no podían dejar de
mirarme en mi paseo a mi residencia, notando unas risas cómplices. Yo no se si
me miraban por todo el semen que tenía o porque habían participado en la orgía.
Llegué a mi residencia y fui directa a la ducha. Tenía el
coño totalmente escocido, así que me apliqué agua fría sobre mi chocho pelado.
Me vino un pensamiento de aquella gran polla me follo como un animal. Sin duda
disfruté, y ya no sabía si quería que me volvieran a llamar.
En esto iba pasando el tiempo, entre libros y exámenes. Ya
habían pasado los temibles parciales, solo había suspendido una asignatura, pero
en conjunto no me podía quejar. Ya era una diosa de la justicia en toda la
regla, o al menos eso era lo que me creía. La gente me respetaba, me dejaban los
mejores apuntes cuando faltaba algún día a clase, me cedían el sitio en la
biblioteca en época de exámenes y me invitaban a las mejores y más selectas
fiestas del campus. Esto para una chica acostumbrada a la ruda vida del campo
significaba mucho y estaba dispuesta a pasar todas las pruebas a las que me
sometieran
Además le estaba empezando a coger el gusto a esto. Sabía que
las hermanas no traspasarían algunas barreras. Por algo yo era una de ellas.
Me dirigí a mi taquilla, cogí mis libros y me acerqué a la
biblioteca. Al abrir un libro, se deslizo una hoja de papel que planeó hasta el
suelo. En seguida me vino a la mente una nueva prueba de mis hermanas. ¿Qué me
propondrán esta vez? Me sentía eufórica, ya no tenía miedos ni dudas. Era una de
las hermanas y a buen seguro que cuidarían de mí. Recogí con avidez la hoja
disponiéndome a leerla con el máximo interés, olvidándome de libros y clases.
Había dibujado un plano, y escrito con la reconocible letra de Cindy que decía
"esta vez nos iremos al campo a pasar el fin de semana, seguro que lo pasaremos
bien". El mapa se adentraba en el bosque que había a unos kilómetros de la
residencia guiándonos hasta una casa de campo discordante con los árboles que la
circundaba.
Me dirigía hasta allí cargada con una simple mochila con lo
esencial para poder pasar el fin de semana. La verdad es que no llevaba mucha
ropa porque a buen seguro que no iba a necesitarla. Cogí el autobús que dejaba
en las postrimerías del bosque y me puse a caminar por el esperando no tener que
dar muchas vueltas para conseguir encontrarla. Ya llevaba caminando unos 40
minutos cuando creí que me había perdido. La inseguridad se apoderó de mí. Creí
oir unos pasos que me seguían en mi deambular, pero en seguida pensé que se
trataba de un producto de mi imaginación. Una jugada de mi mente deseosa de
encontrar la casa o a alguien que me pudiera orientar de su paradero. Pero ahí
no se encontraba nadie. De repente algo me golpeó en la cabeza. Un golpe seco
proveniente de un mazo o de un instrumento por el estilo. Se me nubló la vista y
las piernas me flaquearon hasta hacerme caer y perder el conocimiento.
Cuando me desperté aturdida aún por el golpe y con la vista
borrosa, empecé a tomar consciencia de la situación. Me encontraba totalmente
desnuda, atada en cruz sobre unos postes de una lúgubre habitación únicamente
iluminada por una serie de velas colocadas como si de un ritual se tratara. En
la boca tenía una pelota de goma que me impedía hablar, o lo que quería, gritar.
Por ninguna parte había rastros de mis hermanas. Temblaba, seguramente por el
frío que hacía, pero más seguramente porque tenía miedo. Era la primera vez que
sentí verdaderamente miedo.
Al cabo de un rato se abrió una puerta entrando una figura
gruesa, enorme y de aspecto rudo. Tenía un capuchón en la cabeza que me impedía
ver sus facciones. Se dirigió a mí y me dijo: "una chica tan joven y guapa no
debería andar sola por este bosque. Es muy peligroso. Hay gente que te puede
hacer daño. Menos mal que te he encontrado yo, que si no podías haber sido
devorada por las alimañas del lugar"
"ya que has venido hasta aquí tendré que jugar contigo, es
una muestra de hospitalidad por mi parte. Te gusta jugar ¿verdad?" me miró y se
acercó con rapidez hacia mí dándome una torta en la cara que hizo que se me
saltaran las lágrimas. "asiente cuando te hable" gritó, a lo cual moví la cabeza
en signo de aseveración. Se puso a mis espaldas "bonito culo, blanco y redondo,
pellizcándome una nalga con unos dedos que parecían tenazas, provocándome un
fuerte dolor. Cogió una fusta y empezó a golpearme en el culo con una gran
fuerza. Mis gritos quedaban ahogados por la bola que tenía en la boca, pero el
dolor era intenso. Los golpes se sucedían con rapidez, incidiendo sobre la zona
dolorida por el golpe anterior. Dijo;
"Así me gusta, el blanco se ha tornado en rojo. Me encanta el
rojo ¿sabes?, mientras me acariciaba los gluteos con una sensibilidad alejada de
los golpes anteriores. Y estos pezoncitos tan redondos? Que hermosura" Se
dirigió hasta una cesta y cogió unas pinzas. Se ausentó un momento y vino con
una cubitera. Me restregó un hielo por mis pezones hasta que estos se erizaron,
poniéndose duros como piedras. Acto seguido me colocó las pinzas en los pezones
sensibilizados, por lo que el daño era superior. Quería gritar pero no podía.
Se aproximó a mi coño y empezó a masajearlo, metiendo poco a
poco los dedos. En seguida me puse mojada. –Mira que putita, si le gusta- me
dijo.
Puso el armatoste donde estaba colgada en posición
horizontal, por lo que dejaba mi coño totalmente abierto y expuesto. Cogió una
regla y empezó a darme golpecitos en el chocho, lo que acrecentaba mi humedad.
Se bajó los pantalones mostrando un miembro extremadamente grueso pero no muy
largo. Lo paseó por mi chocho hasta que alcanzó un grosor espectacular. Entonces
me la metió de un solo golpe. Siguió dando unas embestidas bestiales que hacían
que viera las estrellas. No se corría nunca, ni perdía velocidad en la
penetrada. Yo ya había tenido dos orgasmos seguidos. De repente se separó, me
quitó la pelota de la boca y se corrió sobre mí. Tenía un gusto realmente
amargo.
Me dijo- eres mi putita, así que harás todo lo que te pida.
Me pedirás permiso para todo lo que necesites hacer. Si necesitas ir al baño, me
pedirás permiso, si quieres comer me pedirás permiso. ¿Entiendes? Asentí, pero
él me propinó una bofetada. –Imbécil, contéstame con el debido respeto- Yo dije
– Si señor he comprendido. Le solicito permiso para ir al baño, necesito hacer
pipi ya que no lo he hecho en mucho tiempo- La verdad es que me estaba meando, y
no aguantaba mucho más.
Permiso denegado. No te lo has ganado. Así que tienes
ganas de mear, verdad putita?. Se fue a otra habitación, viniendo al
poco con una litrona de cerveza. Bueno, como has sido buena te invito a
una cerveza. Quiero que te bebas esto, tienes diez minutos. Vendré en
seguida.
Empecé a beber la cerveza, que además estaba caliente. Debido
al miedo que sentía y a las ganas de mear, no me entraba. Pero tenía que hacer
un esfuerzo y beberme toda la botella si no quería que ese monstruo se
enfureciera. Asi que seguí bebiendo la cerveza, cada vez tragos más largos y
cada vez que bebía notaba como iba aumentando mi borrachera, puesto que había
mezclado la cerveza con algún licor más fuerte. Las ganas de mear eran cada vez
más fuertes, estaba a punto de explotar. Conseguí bebermela toda, y al poco
entró el secuestrador.
Permiso para mear mi amo.
Permiso denegado
Estaba que reventaba, pero él me abrió las piernas y empezó a
meterme dedos en mi chocho, moviéndolos con velocidad, hasta que tuve que
mearme, mezcla de meada y eyaculación, aunque todavía mantenía dos dedos dentro
de mi.
Me tiró al suelo y me empezó a restregar por el suelo
encharcado de meado, hasta que empapó mi cuerpo. En esto mi secuestrador se fue
a la otra habitación, lo que aproveche para abrir la ventana y saltar fuera.
Corrí con todas mis fuerzas. Estaba desnuda y empapada en
meado pero corría a gran velocidad ayudada por el miedo. Sin mirar atrás, pero
oía que alguien me seguía. Las piedras se clavaban en mis pies descalzos. No
sabía donde iba. Llegue a una carretera, que parecía que no había sido usada en
años. Seguí por ella hasta llegar a una pequeña gasolinera abandonada. Busqué a
ver si encontrase algo que me sirviera, pero estaba todo cerrado. Lo único que
encontré era una pequeña bicicleta, pero nada de ropa. Cogí la bicicleta y
empecé a avanzar por la carretera. Pedaleé como loca. De repente oí que venía un
coche. Estaba salvada, pero y si era el secuestrador? Se acercó, era una
camioneta y en la parte trasera pude ver a Cindy con la cámara de video,
gravándome, pero manteniendo una distancia prudencial para poder gravarme sin
que cogiera el coche, mientras iba insultándome y lanzándome escupitajos.
Al cabo de un buen rato de pedaleo y cuando no podía andar
mucho más, me encontré en una zona que conocía. Tiré la bici y corrí hasta el
apartamento, salvada de mi secuestrador.
Pasaron los días, en los que no le conté lo sucedido a nadie.
Entré a clase de derecho Penal, donde nos tocaba un profesor nuevo. No se si
fueron imaginaciones mías, o era el secuestrador de aquel dia?
Ya prácticamente había finalizado el primer curso en la
Universidad. Casi había superado el mayor examen de todos. El que me hacían mis
hermanas. La verdad es que cada vez tengo menos tiempo para hacer nada entre
exámenes, trabajos, prácticas y demás. Habían terminado los exámenes. Durante
este tiempo, mis hermanas me habían dejado un poco más tranquila, sin duda ellas
también tendrían mucho trabajo que hacer. Sin embargo había una cita ineludible
antes de irnos de vacaciones. La fiesta de fin de curso. Supuse que las hermanas
me tendrían preparada alguna sorpresita. La fiesta era de disfraces, así que
seguro que me asignarían uno.
Un día antes de la fiesta me llegó un paquete de las
hermanas. Me dispuse a abrirlo y encontré el juego completo de sumisa. Consistía
en un corsé negro, con el tanga a juego, un collar de perro, una bola para la
boca, unos zapatos de tacón de aguja y una cola de perro que debía enganchar en
el tanga. También encontré una nota de Cindy, que decía "todos verán lo perra
sumisa que eres". Me pasé toda la tarde pensando en lo que me podrían hacer.
Al día siguiente me puse el disfraz, con mucha dificultad
para ponerme el corsé porque era muy estrecho. Tuve que ajustármelo con fuerza,
lo que hacía que mis tetas casi se salieran rebentonas por arriba, me puse el
mini tanga, casi de hilo dental, al que enganché el rabo de perro y los zapatos
de tacón de aguja. Con esos zapatos era dificilísimo andar. Cogí la bola de la
boca y me dirigía a la hermandad. Me abrió una chica vestida de criada que me
dejó pasar
Buenos días zorrita, veo que te has vestido como
debes. Muy bien, ya sabes que debes obedecernos a todas.
Si claro, dije, bajando la mirada debido al respeto
que me daba Cindy.
Las hermanas ya habían empezado la fiesta por su cuenta,
bebiendo unos cócteles de alta graduación, y metiéndose unas rallas de coca. A
buen seguro habría una legión de profesores en la fiesta y nos restringirían la
bebida.
Toma zorra, bébete estas tres bebidas de colores, una
detrás de otra, no tenemos mucho tiempo y quiero que te pongas a tono
para la fiesta.
Me bebí la primera bebida de dos grandes sorbos. Sin duda
tenían gran graduación, pero el sabor afrutado hacía que entrara bastante bien.
En seguida me obligaron a beberme las otras dos. Por tanto estaba con una
borrachera considerable
Mira que zorra, si ya va borracha. Entra al baño y
tómate una ralla de coca.
Yo nunca me había tomado ninguna droga, así que me sentó como
un tiro, despejándome de la borrachera.
Bueno ya estamos preparadas, salgamos putita. Solo
unas pequeñas instrucciones. Quiero que te enrolles con estos tres
chicos y los lleves al almacén que hay detrás del gimnasio, (me dio una
lista que sin duda contenía el nombre de las tres víctimas que me tenía
que "ligar") Les tendrás que decir que eres virgen, pero si quieren te
pueden dar por culo, puesto que eso no sería un desvirgamiento. A ver
como te las arreglas con la fama de putita que te estás ganando. Por
cierto, en el almacén hay varias cámaras. A ver si sales guapa.
Salimos hacia la fiesta, con ese mini atuendo que llevaba,
doblándome los tobillos por culpa de los tacones y la borrachera.
Ya en la fiesta pude habría la hoja con el nombre de los tres
afortunados. El primero de ellos se llamaba Franky. Le conocía porque estaba en
mi clase de historia. Era el típico sabelotodo, que sacaba sobresalientes en
todas las asignaturas, con gafas de pasta negra, pelo grasiento y perteneciente
a una familia acaudalada de banqueros de la zona. Sin duda sería virgen, lo que
dificultaría la penetración.
Llegamos a la fiesta, y todos se me quedaron mirando por mi
indumentaria llamativa. Se me acercó una profesora, preguntándome si no iba con
muy poco ropa, a lo que la contesté que era una fiesta y que podía ir como
quisiera.
Había un grupo de música que tocaba los temas de moda por
aquellos años. Me acerqué a la improvisada barra donde solo había bebidas de
frutas, nada de alcohol. En seguida se me acercó un chico y me invitó a bailar,
lo cual yo rechacé con suma amabilidad. No era uno de los chicos. En seguida vi
a mi víctima. Estaba rodeado de otros "pringados" como él. No me sería difícil
llevarle al almacén.
Me acerqué y le dije al oído que tenía una sorpresa para él,
que viniera y no se le olvidaría en la vida. Me siguió sin preguntar, únicamente
que le vieran a mi lado era un logro. Llegamos en seguida al almacén. Fui
directa al grano, desabrochando los pantalones y sacando una pequeña verga. En
seguida se puso tiesa y solo con tocarla se corrió soltando grandes chorros de
semen, ¡prácticamente no lo había tocado y se corrió!. Me iba a ser difícil que
me diera por detrás. Pero tenía que intentarlo. Le cogí la polla todavía erecta
y empecé a masajearla, por lo que no perdía su vigor. Frankie estaba temblando
como un niño. Me quité el tanga y me acercó la polla a la vagina.
Lo siento Frankie, pero eso está reservado a mi
futuro marido, pero si quieres me puedes dar por detrás, que me encanta.
Me colocó la polla en la entrada del ano, pero sin llegar a
introducirla se volvió a correr, chorreando por mis piernas. Me di la vuelta y
bajé mi boca hacía su virgen polla. Empecé a mamarsela en un intento desesperado
de que no desfalleciera y no cumpliera la prueba impuesta. Gracias a Dios no
perdió fuerza, seguro que le excitaba bastante la situación. Al recobrar su
fuerza, decidí cogerla e introducírmela por mi mismo. La acerqué a mi ano
dejándome caer sobre ella, introduciéndomela con fuerza. El chico se quedó
inmóvil, por lo que tuve que moverme para que entrara y saliera. A los dos
minutos se volvió a correr, esta vez dentro de mí
Siiiii, es lo único que salió de su boca cuando se corrió.
Primera prueba superada. Recogí mi tanga y sin despedirme
siquiera me lancé a por la siguiente presa. En este caso se trataba de John
Ansley, un chico pelirrojo, lleno de granos y pecas, seguro que se trataba de un
auténtico palillero adicto a las películas porno. Le vi haciendo el tonto,
bailando torpemente en la pista de baile. Al poco tiempo se acercó hasta el
servio, lo que aproveché para acercarme a él. Antes de que entrara en el baño,
le cogí de la mano y le llevé, ante una gran sorpresa por su parte, al almacén.
Seguí el mismo procedimiento que con el chico anterior. El
tiempo se echaba encima, pues tenía que cumplir mi misión antes de que acabara
la fiesta. Me desnudé con rapidez. No pude disimular una sonrisa al ver sus ojos
desorbitados. Le abrí los botones del pantalón, y bajé unos gastados
calzoncillos que seguro que no tenía la intención de ser vistos por nadie en esa
noche. La tenía completamente erecta, era de un tamaño medio. Me puse de
espaldas y sin que le dijera nada, me penetró con fuerza por detrás,
aprovechando que mi ano estaba ya dilatado. Me la metió hasta el fondo, con una
pericia de maestro. Sin duda, habría imaginado y visto en miles de películas
porno como se hacía. Me agarraba fuertemente de las tetas, tirando de mis
pezones. La verdad es que me gustaba, el tío lo hacía muy bien, aunque
aparentaba que no se había tirado a nadie en su vida. Me decía que era una
auténtica puta, y me daba azotes en la nalgas mientras bombeaba en mi culo.
Mientras me penetraba, me hacía un dedo en mi vagina, por lo que tuve un gran
orgasmo, que hizo que el se corriera en mi ano. Estaba completamente exhausta,
John la sacó lentamente de mi culo, dejando un gran placer a su salida. Estaba
aun en el suelo recuperando el aliento, cuando noté un líquido caliente
corriendo por mis piernas. Levanté la mirada y vi que me estaba meando el muy
cabrón.
Me dijo "no me dejaste ir al baño, así que no aguantaba mas".
Le eché a patadas del almacén, el muy cerdo me había meado sin casi darme ni
cuenta, pero mi tanga y mis piernas estaban empapadas de orín, a parte de que mi
culo estaba lleno de semen.
Tenía menos de una hora para la última enculada. Michael
Rodgers, Defensa del equipo de football. Un auténtico mastodonte, pero mas
simple que el asa de un cubo. 190 de estatura y 150 kg de peso, pero el cerebro
de un bebe.
Estaba empujándose y pegándose con otros compañeros,
mostrando una torpe virilidad. Me acerqué a él ante los gritos del resto de los
compañeros. Le dije al oído que viniera al almacén que le estaba esperando
alguien muy especial. Él dudó, pero me siguió. Los chicos vitoreaban y decían,
¡¡¡¡dala duro Micky!!!
Entramos en el almacén
Donde está esa persona que me dijiste, yo no veo a
nadie; dijo
En esas me desnudé en un pis pas y le dije que a quien
esperaba ver mejor que a este culito. Me agaché, mostrando mi agujero, el cual
estaba dilatado por tanto mete saca. Entré risas, el chico se bajó los
pantalones y mostró una verga que iba a juego con el resto del cuerpo. Una verga
gruesa como no había visto nunca. El muy bestia me cogió como si fuera un balón
de football, dejándome en bolandas, con el culo en pompa, insertándome el pollón
con dureza, lo que hizo que se me saltaran las lágrimas. El tio empujaba y
empujaba, me iba a romper el culo. Su gran forma física hizo que aguantara
bastante tiempo a ritmo infernal. Yo mientras tanto estaba exhausta, pero sin
embargo pude llegar a tener varios orgasmos.
Tras un tiempo que me pareció eterno, el joven defensa se
corrió, soltando grandes montones de semen dentro de mi culo destrozado. Me dejó
en el suelo, se agachó a recoger sus pantalones y se fue. Cuando recuperé el
aliento busqué mi ropa para irme a casa después de haber logrado la prueba
propuesta. Estaba todo menos el tanga. ¡El cabrón de Michael se había llevado mi
tanga como trofeo. Por lo tanto me tocaría regresar a la habitación con el culo
dolorido y sin nada de cintura para abajo.