Tercera parte de Recuerdos de una Nana,
Gabriel me fue a dejar a la casa, ambos estábamos en
silencio, yo agotada, él supongo que trataba de asimilar la situación. Al día
siguiente me esperaba al salir de mi casa con destino al liceo, nunca me había
ido a buscar tan temprano.
Hola hermosa, ¿puedes faltar a clases?, no, pero puedo llegar
un poco más tarde, ¿que tienes en mente?, no me contestó sólo echó a andar el
auto, pese a que aún no estaba del todo oscuro se estacionó en el mismo sitio
que el día anterior.
¿Sabes Angélica?, anoche no pude dormir. Lo miré preocupada.
Cerraba los ojos y te miraba coger primero con el Cabo y después con el
Sargento. Te escuche gemir toda la noche
Pero..mi amor....si lo hice fue porque me obligaron, si no lo
hacía nos hubieran llevado presos y tanto tu señora como mis patrones se
hubieran enterado
no, no me entiendes, no te estoy recriminando. te digo que
soñé toda la noche contigo, anoche a pesar que había terminado y que después me
masturbé no me pude sacar la calentura. Te parecerá raro e incluso hasta
estúpido, pero te digo que me gustó mucho verte coger, disfruté cada gemido
tuyo, tu cara cuando el sargento te la metió y cuando te estaba culeando, el
verte terminar y sobretodo el oírte gozar. Anoche soñé y soñé, me masturbé
varias veces y en lo único que pensaba era en verte como te culean nuevamente.
Sus palabras salían a borbotones, como si no pudiera controlarse.
él sabía que yo cogía con los muchachos y siempre me había
preguntado detalles, yo había notado que eso le excitaba, pero de todas maneras
me quedé de una pieza, sin saber que decirle. ¿no pretenderás que el domingo nos
juntemos los tres con el Sargento?
No, no se trata de eso, no sería lo mismo, ¿confías en mi?.
Por supuesto mi amor, ¿pero que quieres hacer?.
Consigue permiso para mañana toda la tarde y veraz.
Ok, si dejo todo listo en la mañana no tengo problemas, le
digo a la Señora que voy a ir a estudiar para un prueba. Pero, ¿de verdad te
gustó verme?.
Mi mira, Me llevó la mano a su verga, estaba muy dura. no
dejo de pensar en eso, es lo más caliente que he echo.
Me beso con mucha pasión. yo le acaricie la verga por sobre
el pantalón.
No, con la manito no, con la boquita.
¿estas loco?, aún es de día y nos pueden ver, además, después
tengo que ir a clases.
él no me escuchó, o si lo hizo no le importó en lo más
mínimo, se sacó la verga del pantalón y tomándome la cara con ambas manos me
empujó hacia su verga, literalmente me la puso en la boca y comenzó a follarme
por la boca. Yo nunca lo había visto tan caliente. Me decía obscenidades
mientras lo hacía. Yo traté de sacármelo de encima pero fue inútil, Gabriel
realmente estaba muy caliente y al poco rato su leche llenaba mi boca. Me hice
la ofendida pero no por mucha rato, esa noche no fui a clases, nos quedamos en
su auto, cogimos una vez más y sobretodo conversamos mucho, me explicó su plan
para el día siguiente, y que quería que me hicieran. Es extraño pero me
calentaba verlo tan caliente imaginando la situación.
Gabriel me fue a dejar temprano a la casa, Antonio se alegró
al verme llegar, apenas sus padres se fueron a dormir apareció por mi
habitación, me daba un poco de susto lo que quería hacer Gabriel, pero no me
atreví a contarle a Antonio, él sabe que normalmente he cogido con Gabriel a la
salida del liceo, pero parece gustarle la situación, le gusta que lo espere ya
desnuda y con la conchita aún abierta y mojada por mi amante, le gusta meterme
los dedos en la conchita caliente y lamérmela, yo me dejo querer, es rico sentir
su lengua suavecita después de un buen polvo, y esa noche no fue la excepción.
Al día siguiente hice el aseo lo más rápido que pude, a las
14:00 en punto me pasó a buscar Gabriel, nos fuimos en silencio, al llegar a la
penitenciaría me sobrecogí al pensar lo que debe ser pasar años presos y
careciendo de lo más elemental.
Gabriel me había explicado algunas cosas, una fila para
hombres y una para mujeres, es día es el único día de visitas en la semana y la
cola es larga, entramos de a diez mujeres a una salita, todas quedamos desnudas
delante de las gendarmes (mujeres para lo mal pensados), entregas tu ropa a una
gendarme que te la revisa concienzudamente, luego pasas por un detector de
metales. Yo le había preguntado a Gabriel porqué el detector de metales si iba a
estar desnuda, la respuesta me dejó helada, "mucha mujeres trafican cosas
metiéndoselas en la vagina o el culo", no lo podía creer pero hasta armas han
ingresado así. Después del detector de metales una gendarme se te acerca con un
perro que te huele el culo y la vagina buscando drogas. Sólo después de este
trato denigrante puedes vestirte e ingresar al patio donde esperan los presos
las visitas de sus familiares. Una vez, para cumplir una fantasía erótica puede
ser, pero visitar todas las semanas a tu pareja, hijo o hermano en esas
condiciones debe ser terrible.
El patio era un circo, nada de esas pulcras salas de visitas
que se ven en las películas gringas donde conversan a través de un vidrio, esto
parecía una feria de gitanos. una inmensidad de carpas echas con la ropa de cama
de los mismos presos, para tener un podo de privacidad y conversar con la
familia o los amigos.
El amigo de Gabriel no esperaba visitas, deambulaba en el
patio junto con otros reos sin familia o cuyas familias se habían aburrido del
trato denigrante hacia las visitas. Luis, así se llamaba su amigo, estaba preso
por matar a un tipo, según él fue en defensas propia porque el tipo trato de
asaltarlo, según el fiscal un lío de faldas, Luis habría sido el amante de la
mujer del muerto, todavía no tenía el juicio y ya llevaba 6 meses en la cárcel.
Luis se alegró mucho y hasta se emocionó con la visita de su
amigo, nadie lo visitaba nunca. Gabriel me presentó como su novia y se lo llevó
a un lado para explicarle el motivo de la visita. Desde la distancia pude ver la
cara de sorpresa de Luis, se tomó la cabeza a dos manos y se reía como niño
chico, abrasaba a Gabriel y me miraba con una cara de perro caliente y baboso.
Me estremecí con su mirada y al pensar lo que significaba para él, que después
de seis meses sin estar con una mujer viniera su amigo del alma a verlo y le
ofreciera su novia. No pude dejar de imaginar su verga dentro mio y sus bolas
inchadas de leche contenida durante meses ansiosas por vaciarse.
Gabriel le alargó unos billetes a Luis quien desapareció
durante un poco rato. Gabriel se me acercó, no te preocupes mi amor, Luis está
muy emocionada y contento de conocerte, fue a conseguir un lugar. Llegó
corriendo y nos empujó a una fila donde habían unas cinco parejas, al final un
gendarme custodiaba 6 carpas echas también por frazadas y sin techo, en cada
carpa una pareja que no había previsto la situación había pagado a un gendarme
para tener ese espacio de privacidad, "privacidad" bien entre comillas, entrabas
delante de todo el mundo, las paredes echas con una frazada te impedían ver a la
pareja del lado pero no impedían oírlos, en el suelo una colchoneta usada quizás
por cuantos, sin techo, desde los muros de la prisión varios gendarmes hacían
guardia y otros más de dedicaban a observar a las parejas coger.
La espera duró media hora, es el tiempo que te arrendaban la
carpa, en la fila las parejas se acariciaban y besaban sin pudor, a nadie
parecía llamarle la atención tal promiscuidad. Luis al principio se comportaba
como un caballero, después de unos minutos ya me abrazaba, al poco rato un beso
y casi de inmediato sus manos en mis tetas, al final como todos en las fila, sus
besos que me dejaban sin aliento, su lengua que se metía en mi boca sin
contemplaciones, una de sus manos bajo mi blusa manoseandome las tetas y la otra
dentro de mi pantalón escarbando en mi vagina. Yo metía mi mano en su pantalón y
acariciaba su verga. Gabriel participaba a ratos con algún beso o caricia pero
más bien miraba. A nadie parecía importarle lo que hacíamos.
YA, SE CUMPLIÓ EL TIEMPO, gritó el gendarme, cinco minutos
más y las parejas salían felices, tomados de la mano o abrasados. El gendarme ni
nos miró, sólo recibió los billetes que le pasó Luis. La carpa olía a sexo, me
quedé inmóvil al centro de la carpa sin atinar a que hacer, fuimos los últimos
en ocupar las carpas, las otras parejas ya se encontraban en lo suyo, la famosa
privacidad no era tal, las frazadas estaban amarradas arriba y abajo al palo que
las sostenía, pero al medio se producía una abertura de casi diez centímetros,
suficientes para ver el culo peludo del ocupante de al lado que se movía
ritmicamente sobre su novia, y la cara y las tetas de la chica de enfrente, que
a cuatro patas recibía por detrás los embistes de su pareja.
Venga linda, me dijo Luis tomándome por detrás de las tetas,
él ya estaba desnudo y Gabriel se desnudaba en una esquina. Luis me desabrochó
la blusa y me sacó el sostén con premura, sin sacarme los pantalones me hizo
arrodillar delante de él y que le chupara la verga un rato, Gabriel vino a
salvarme y me recostó hacia atrás en la colchoneta, se puso de rodillas al lado
de mi cabeza y me pidió que se lo chupara, arriba en el muro de la penitenciaría
pude ver como crecía el número de gendarmes a disfrutar del espectáculo.
Luis me sacó los pantalones junto con mis calzones, dejándome
absolutamente desnuda, como un niño goloso me comenzó a chupar la conchita,
chupaba y lamía con avidez, haciéndome gozar de lo lindo. Me metía los dedos y
me chupaba el clítoris, yo me retorcía de gusto mientras le chupaba las bolas
Gabriel.
Gabriel se estiró por sobre mi y me levantó las pierna hacia
él, así levantaba mi sexo y se lo ofrecía a su amigo, Luis no se hizo esperar y
se arrodilló entre mis piernas, afirmó su verga en mi lubricado canalcito y se
movía sobre el, abarcando su movimiento desde el ano hasta el clítoris, unos
pocos movimientos así y ya me tenía loca, alargando mi mano tomé su verga y yo
misma le señale el camino. Bastó que Luis me la metiera hasta el fondo para que
comenzara a eyacular profusamente. Pobrecito, seis meses de abstinencia y
acababa como un adolescente que no se puede controlar. Se quedó arrodillado en
la misma posición mientras u verga se ponía flácida.
Gabriel se dio cuenta de lo que le había pasado a su amigo,
se incorporó y me ayudó a hacerlo, me arrodillé frente a Luis abrazándolo ,
Gabriel se puso por detrás haciéndome un Sándwich, su verga entre mis piernas
recibía la leche de Luis que manaba de mi conchita.
¿y compadre, le gustó la conchita que le traje? preguntó
Gabriel
Si afirmó él, pero con tono apesadumbrado agregó, me da lata
haber durado tan poco.
No sea weon compadre, que todavía nos queda mucha fiesta, una
buena chupada y Angélica lo deja listo.
Obediente abrí mi boca y saqué mi lengua ofreciéndome para
hacerle sexo oral, como Luis no atinaba a hacer nada comencé a darle lenguetazos,
primero en la cara y después bajando por su cuello hasta sus tetillas. Luis al
fin entendió la idea y se incorporó, dejando frente a mi sus bolas y su verga.
No sé como explicarlo racionalmente ni físicamente, pero
tomar esas bolas peludas con mi mano, ver ese pene flácido y a ese hombre
derrotado, sabiendo que gracias a mi, a mis caricias y besos en sus bolas,
gracias a mis lamidas y chupadas en su verga, volverá a ser un MACHO , así con
mayúsculas, con las bolas llenas de leche, con la verga bien dura y dispuesto a
cualquier cosa con tal de follarse a una mujer, me gusta, me da placer.
Dicho y echo, bastaron unas pocas lamidas sus bolas y a su
verga, unas chupadas más a su verga y unas buenas caricias a sus escrito para
que Luis estuviera listo para una nueva cogida. Mientras yo estaba en mi faena,
Gabriel no se despegaba detrás mio ni me soltaba las tetas, su cara pegada a la
mía, en esa posición podía ver en forma privilegiada como su mujercita se la
chupaba a su amigo del alma. Incluso me atreví a mirarlo a los ojos mientras
degustaba la verga de su compadre, poniendo cara de puta le ofrecí la verga, en
sus ojos sólo había pasión y deseo, rechazó la verga pero no dudó en darme un
apasionado beso en la boca con mucho juego de lenguas.
Ven cariño, le dije a Luis, tiendete aquí que ahora yo te voy
a coger. Luis obediente se acostó en el suelo con su verga apuntando hacia donde
estaban los gendarmes, quienes seguían el espectáculo desde su cómoda posición,
en el muro a unos 4 metros encima de nosotros.
Gabriel me soltó para que pudiera acomodarme, sentí unos ojos
clavados en mi, eran de un hombre en la carpa diagonal al a nuestra, muy peludo,
a través de la abertura pude ver su mirada que no perdía detalle de lo que yo
hacía, él se cogía a su mujer al estilo misionero, pero estaba más pendiente de
nosotros que de su mujer, sus movimientos eran acompasados y más bien mecánicos.
Me corté un poco, pero no quise armar escándalos pues se habría armado una
pelea.
Haciendo como que no veía al mirón, me arrodille encima de
Luis y tomando su verga con mi mano la deslicé un par de veces por mi jugosa
vagina, su glande encontró de inmediato la entrada a mi cuevita, bastó
sencillamente que yo bajara las caderas para que su verga entrara en gloria y
majestad y yo me sintiera llena. Me encanta ese momento, el de la primera
metida, aunque el mismo hombre te haya cogido mil veces, cada primera metida,
cada vez que vuelvo a sentir sus bolas acariciando mi entrada es especial.
El ruido de una cachetada me sobresaltó, los gendarmes en el
muro inmediatamente se pusieron alertas, era la muchacha del mirón, una mujer
joven, morena, no muy bonita sin llegar a ser fea, lindo cuerpo y tetas
preciosas. al parecer había descubierto al mirón y no le gustó que nos observara
o que no estuviera pendiente de ella. Desde mi trono de amazona le hice un gesto
con los hombros y la cara, no importa, ella me miró con cara de enfado y algo le
dijo al hombre. Este se salió de arriba de la muchacha y se tendió de espaldas,
ella volvió a decirle algo y el tipo se giro en 180 grados, quedando de espaldas
al piso y con sus pies hacia nosotros, así no podría vernos más.
La chica con una mirada desafiante hacia mí, puso sus pies a
los costados de las caderas del avergonzado mirón, doblando su rodillas se sentó
sobre su verga, una cosa delgada y larga, con la ayuda de su mano se la acomodó
y ella misma se penetró. Me dio la impresión que por el culo, pero desde la
distancia no estaba segura, ella tenía una buen mata de pelos negros que
dificultaban la visión, lo que si era claramente visible eran las grandes bolas
del tipo que sobresalían de la muchacha, y el buen par de tetas que tenía que
bailaban al ritmo con que ella se follaba esa verga.
Gabriel la miraba embobado, la chica parecía disfrutar tanto
la cogida como que Gabriel la mirara. Yo me dediqué a lo mio y me dedique a
follarme a Luis quien ajeno a todo lo disfrutaba de lo lindo y me besaba las
tetas cada vez que podía. Gabriel más osado con la complacencia de la chica, se
sujetaba las bolas y se las exhibía, ella le coqueteaba desinhibidamente
lanzándole besos, poniendo su boca como una O y sacándole la lengua como si le
chupara la verga a Gabriel. Bueno, en la circunstancias en que todos nos
encontrábamos y en la pose que adoptó la muchacha, hubiera sido absurdo que
mostrara un poco de pudor.
El resto de nuestra media hora continuó sin grandes
novedades. Con Luis en el piso y yo encima controlando el ritmo y la profundidad
de la cogida, fue fácil correrme deliciosamente, a lo que Luis retribuyó
corriéndose unos pocos segundos después de mi, que sensación más rica, correrse
y luego como la guinda de la torta, sentir la leche del macho llenadome la
conchita. En cuanto a Gabriel, se limitó a masturbarse mientras la muchacha lo
veía. Después un cigarrillo y todos conversábamos relajados cuando escuchamos el
grito del gendarme, YA SE ACABÓ EL TIEMPO.
Nos vestimos y salimos todos contentos, las últimas parejas
de la fila al fin pudieron ocupar las carpas para coger con cierta intimidad,
nos quedamos hasta el fin del horario de visita a la muchacha de la carpa de al
lado no la vi por ninguna parte. El poco tiempo que nos quedaba lo ocupamos en
conversar banalidades.
Hora de salida, nueva filas para hombres y mujeres, ahora
nada complicado, sólo retirar nuestros documentos de identidad.
Disculpa no debí hacerlo, era la muchacha de la carpa, sin
dejarme hablar agregó; lo que pasó es que me dieron celos que mi pareja te
mirara, pero fui una tonta, no debí exhibirme de esa manera.
No te preocupes, yo no me había dado cuenta que tu pareja me
observara, además, si me hubiera dado cuenta no había mucho con que taparme.
Jajaja, la conversación siguió en todo distendido hasta las
afueras del penal. apenas salimos se nos acercó Gabriel, la chica se cortó un
poco o al menos los simuló muy bien.
Gabriel nos invitó a unas cervezas, yo sólo acepté una
gaseosa porque ahora si no podía faltar a clases, la chica se negó la primera
vez pero después de insistirle accedió a acompañarnos.
Después de cinco minutos de conversación me quedó claro donde
se descargaría la verga de Gabriel esa noche, me despedí con la excusa de mis
clases. Gabriel se perdió varios días de ir a buscarme, sólo a la semana
siguiente apareció y me contó con lujo de detalles sus encuentros con Nora, así
se llamaba la chica del penal.
El jueves siguiente yo no quise ir al penal, Nora fue como
todos los jueves a ver a su marido, Gabriel fue también a ver a su amigo, se
quedaron cerca de las carpas viendo la fila de parejas, entre las que se
encontraba Nora con su marido, cuando entraron a la carpa disfrutó de esa media
hora de imaginar a Nora cogiendo tan rico como ella lo hacía, los vio salir
contentos y relajados, los vio despedirse con tristeza.
Afuera del penal nos juntamos los tres, Nora quería conocerme
más íntimamente y Gabriel ya disfrutaba de sólo pensar en su nuevo papel de
observador. yo, siempre he sido muy arriesgada y curiosa,
Dicen que la base de una vida sana y feliz es un alimentación
variada, bueno, esa noche yo me comería el coño de Nora, pero es otra historia.
Marcia