EL HECHIZO DE MARIO
Mi amiga Marta no dejaba de hablarme de su nuevo novio, Mario
y de ensalzar sus virtudes, a todos los niveles, tanto en su físico, que parecía
ser extraordinario, según ella me contaba, como en la propia relación con él,
que la convertía en una alocada, confesándome que por fin había encontrado al
hombre de su vida. Coincidieron en un Chat y lo que empezó como una charla
caliente acabó siéndolo de verdad, es decir, quedaron, se conocieron
personalmente y llevaron todas sus fantasías virtuales a la realidad…
Ella me confesaba, que además de guapo, Mario era un amante
impresionante y que con él había sentido cosas que nunca antes había vivido con
nadie. Porque Mario (palabras textuales de ella) follaba como los ángeles. No sé
muy bien si porque ella le ensalzaba tanto, hablándome de todos esos detalles
íntimos o quizás porque yo me encontraba tras dos meses fuera de una relación,
el caso es que cuando me describía sus experiencias amatorias con ese nuevo
chico, lograba calentarme a más no poder y sin quererlo me estaba convirtiendo
en otra admiradora de Mario y eso sin conocerle de nada.
Marta, yo creo que exageras. – le comentaba yo.
De eso nada Lydia… sabes que he tenido un montón de
relaciones, pero ninguna como esta, te lo juro. Mario me tiene loca.
Pero ¿Qué tiene de especial ese tío? Le pones por las
nubes…
Todo, guapa, lo tiene todo. Me hace ver las estrellas,
pero verlas de verdad…
Bueno y ¿Qué hace para que veas tantas estrellas…?
Su poder de atracción Lydia, es algo que me supera. Me
mira fijamente a los ojos y es que me deshago. Y para colmo, que follando es
un artista. Pero no te lo digo por decir, es impresionante. Me encanta hacer
el amor con él, estaría horas y horas…
¿Tan bien lo hace? – Preguntaba yo mientras me iba
calentando con sus palabras.
De maravilla, hasta ahora nadie me ha dado tanto placer
como él… Además de una lengua virtuosa tanto para hablar como para lo demás,
tiene… ¡una polla preciosa!, digna de ser admirada.
¿La tiene grande, entonces?
No, para nada, de tamaño muy normal, pero es… como una
joya entre sus piernas, como un icono al que adorar. No sé que tiene de
especial, pero me encanta. Me la quedo mirando embobada.
Que loca eres Marta…
Te lo digo en serio.
Claro y además te tratará como a una princesa, ¿A que sí?
No, jajaja…. Al contrario. Me trata como a una puta.
Pero ¿Marta?
Sí, soy su zorra, más zorra y aunque no lo creas me
encanta serlo.
Por Dios, ¿Cómo dices eso?
No, no creas que es un tirano o algo parecido o un
macarra de esos… para nada, todo lo contrario, es un cielo de hombre, dulce,
cariñoso, romántico…
¿Entonces?
Pues en la cama se convierte en mi amo y yo en su
perrita. Él me domina y lo mejor… es que yo me dejo dominar.
Sin duda que las palabras de mi amiga sonaban sorprendentes y
me costaba creer que todo lo que contaba llegara a esos límites. Desde luego esa
nueva relación le hacían comportarse como una loca adolescente, a pesar de haber
cumplido los 35, sin embargo sin conocerle, yo también me estaba imaginando a
ese chico en esas situaciones que ella me detallaba, recreándolas en mi mente,
pasando a formar parte de mis fantasías más íntimas… sin contárselo a ella, por
supuesto.
Al cabo de unas semanas, en las que siguió deleitándome con
sus más espirituales relaciones con Mario, sin escatimar pormenores y
enfatizando cada momento hasta lograr ponerme cachonda perdida, me propuso
conocer a su nuevo romance amatorio.
Mario ha alquilado un bungalow en la playa y me ha pedido
que te vengas. – me decía.
Pero, no Marta… no puede ser…
Sí, le conté que andabas algo depre y que…
¿Qué le contaste qué? – pregunté confusa.
Sí mujer, que ahora estabas sin novio y que podrías pasar
un fin de semana con nosotros… y así te distraerías. El caso es que le
pareció genial.
Te lo agradezco Marta, pero no puede ser… además vosotros
dos solos y yo allí… ¿Qué pinto?
No seas tonta, te vienes y no se hable más.
Esas fueron sus últimas palabras y sin comerlo ni beberlo el
viernes vinieron a recogerme a casa, como habían planeado. Si bien por un lado
me incomodaba ser un estorbo entre ellos dos, que eran una pareja en su pleno
efluvio amoroso, me sentía poderosamente atraída con la idea de conocer al
famoso Mario y descubrir directamente todas esas virtudes de las que ella me
hablaba.
La primera impresión de Mario, en cuanto le vi bajarse del
coche, no fue excesivamente sorprendente, quiero decir que a simple vista se
trataba de un chico normal… majo, guapote, alto y fuerte, de 1,80 de altura… es
decir muy buena planta, pero nada especial a simple vista. Ahora, eso sí, su
mirada fue lo que me desarmó. Nada más saludarme y agarrarme por la cintura, mi
cuerpo sufrió un cambio extraño y lo que antes eran húmedos sueños eróticos,
ahora eran reales, no me digáis por qué, pero fue así. Me había puesto
mojadísima con solo darle un par de besos y quedar hechizada de su mirada. Tuve
que agarrarme a sus brazos para no caerme. No sé si influenciada por Marta, pero
todo lo que ella contaba en sus aventuras se repetía en ese momento. Durante el
viaje me estuve fijando en él detenidamente, aunque procuraba disimular. Poseía
algo que se me escapaba, pero lo cierto es que deseaba a ese tipo desde el
primer momento, sin conocerle de nada, entendiendo a mi amiga perfectamente en
esa enfermiza atracción. Los calentones previos con mi amiga me conducían ahora
a imaginarle follándome y eso me ponía más que caliente. Intentaba borrar esa
imagen continuamente de mi mente, buscando cierta compostura, pero me resultaba
francamente complicado.
Llegamos al camping y nos instalamos en el pequeño bungalow
que habían alquilado para la ocasión, donde solo había una gran habitación, con
una cama grande y otra más pequeña enfrente, una cocina diminuta y estrecha y un
más que reducido baño compuesto por un inodoro, un lavabo y una ducha.
Aprovechando que Mario se fue con el coche a comprar cosas para ese fin de
semana, Marta y yo nos quedamos a solas y evidentemente hablamos de él.
¿Qué, Lydia?, ¿Qué te parece?
Sí hija, tenías razón.
Esta buenísimo ¿A que sí? – me recordaba ella
animosamente.
Sí, es muy guapo – le contestaba como quitando
importancia al tremendo impacto que me había causado.
Verás, que además es un cielo. Si es que enamora… Me
tiene loca.
Ella no lo sabía, evidentemente, pero a mí también me tenía
así… loca perdida y eso que solo acababa de conocerle.
Pero Marta, en este bungalow…casi no cabemos los tres,
además no vais a tener intimidad y yo creo que… - le comenté a Marta pero
ella me cortó.
No quiero oírte hablar más del tema ¿vale? Lydia, por
favor, eres mi mejor amiga, tengo confianza contigo, incluso para decirte
que no me importa que me oigas follar por las noches con Mario. Hay
confianza para eso…
Mi amiga parecía estar invitándome a escucharles haciendo el
amor y en el fondo pensaba que todo formaba parte de un exhibicionismo
manifiesto ó quizás demostrarme que todas sus confesiones formaban parte de una
realidad más que palpable… que además de las virtudes físicas, también estaban
las de amante perfecto.
Pero Marta, me da muchísimo corte, imagínate… vosotros
ahí en la cama dale que te pego y yo aquí… mejor, me voy a otro bungalow.
Que no, quiero que estemos juntas y si tengo que estar
sin follar con Mario, lo estoy, pero no quiero que te vayas, Lydia… por
favor…
Sus palabras me emocionaron, más todavía comprendiendo que si
era capaz de renunciar a echar un polvo con semejante hombre por mi culpa, era
porque realmente me quería un montón… Nos abrazamos y al tiempo me sentí mal al
tener pensamientos tan lascivos con su novio mientras ella me estaba profesando
todo su cariño de gran amiga. Sin embargo no podía renunciar a eso… algo me
empujaba a desear a ese hombre con un furor inaudito.
Ya estoy aquí – anunciaba su llegada Mario cargado de
bolsas - ¿Pero aun no os habéis puesto el bikini?
No, aun no nos ha dado tiempo. – contestó ella.
Yo, pudorosamente y queriendo dejarles una parcela de
intimidad me metí en el baño a ponerme el bikini. Hubo un momento en el que les
escuché como se besaban, al menos eso parecía pues no se les oía hablar sino más
bien respiraciones fuertes y jadeos… imaginaba que además debían estar
metiéndose mano aprovechando el cambio de ropa. Así es que tardé un poco más en
salir del pequeño baño, no sin antes palpar mi rajita húmeda y hambrienta, pues
mis dos meses en dique seco estaban empezando a pasar factura y entre aquellos
sonidos, que una no es de piedra y que Mario estaba para mojar pan...
No podía quitarme de la cabeza a ese chico, pero intenté
reponerme. Al salir y encontrarme allí frente con él… con ese bañador ajustado,
mis intentos de serenarme se disiparon por completo. Las manos de mi amiga
acariciaban su tórax y sus brazos y me miraba como diciendo "¿Ves que pedazo de
tío tengo?". Cuanto la envidiaba… Llegué a pensar si era una mala amiga por
hacerme pasar ese sufrimiento de demostrarme lo que ella tenía y que yo no podía
ni catar.
El resto de la tarde lo pasamos en la playa. A pesar de no
haber llegado el verano, hacía un calorcito muy agradable. El agua en el mar
estaba buenísima. Observaba sentada en la toalla como se divertía la loca
parejita y a pesar de la envidia, me sentía muy feliz por Marta, ya que
definitivamente, como ella misma decía, había encontrado a su hombre ideal.
Mario regresó hacia donde yo estaba y allí en pie se secaba
su cuerpazo con la toalla mientras Marta se quedaba nadando en la orilla.
¿Ya no te bañas más, preciosa? – me preguntó.
No, ahora quiero tomar un poco el sol.
Sí, se esta muy a gusto aquí.
Es verdad, hace un calorcito muy agradable.
No, me refería a eso, sino a estar en tu compañía. – dijo
Mario mientras yo observaba a mi amiga en la distancia.
Gracias. – respondí tímidamente a su atrevido halago.
Es así, eres preciosa Lydia y ese bikini te sienta muy
bien. Un placer que hayas venido con nosotros. Marta me habló de ti, pero no
me dijo que estabas tan buena. Menudo cuerpito que tienes, para comerte
entera.
Su mirada lasciva y sus palabras me dejaron muda.
Evidentemente esos piropos debían incomodarme por ser quién era, pero
contrariamente me deleitaban demasiado. Lo lógico hubiera sido pararle los pies
en ese mismo momento, pero algo incontrolable… difícil de entender, me lo
impidió. Apenas a cincuenta metros estaba su novia… mi mejor amiga y debía
cuando menos escandalizarme que aprovechando su ausencia, ese tipo al que no
conocía de nada me dedicara esas adulaciones tan desvergonzadas, pero lo peor es
que me embargaban y provocaban un cosquilleo irrefrenable en todo el cuerpo.
Bueno ¿Y que te parezco? – me preguntó de pronto
sentándose a mi lado sin apenas dejarme reaccionar con su salida anterior.
¿Cómo?
Sí, ¿Qué opinas de mí? ¿Qué te parezco?
Pues que eres muy majo.
¿Solo majo?
Bueno y muy guapo.
Ja, ja, ja… Gracias, nena. Supongo que Marta te habrá
hablado muy bien de mí.
¿Nena? ¿Me había llamado nena? ¿Por qué demonios no le decía
algo? ¿Por qué me gustaba tanto que me dijera aquello? ¿Por qué estaba tan
cachonda con ese tío?
Ya lo creo, Marta me habló muy bien de ti – dije algo
cortada pensando en todo lo que ella me había relatado con pelos y señales.
¿Ah sí? ¿Y que follo bien? ¿Te contó eso?
Mario… ¿Qué dices? – le contesté con cierto enfado y cara
de sorpresa.
¿No es cierto? No te preocupes preciosa, ella me lo ha
confesado todo.
Era imposible coordinar ante el atrevimiento y el descaro de
ese hombre, pero además no podía contradecirle, pues curiosamente esa
desvergüenza me cautivaba de una manera atroz.
Me gusta mucho follar con mujeres bonitas, es lo mejor
del mundo.
Sí, Marta lo es… además te quiere mucho. – le apunté
queriendo quitar hierro y calor al asunto, pues veía que sus palabras
parecían ir por otro lado.
No me refería a ella, preciosa. Digo a mujeres en
general, me gusta follar con chicas guapas… con tías buenas como tú.
Mario, por favor… - le dije con una expresión de miedo,
confusión y en gran medida de un placer inusitado.
Aquel hombre me estaba poniendo en un apuro, primero por
hacerlo tan insolentemente, segundo por encontrarme en la situación de ser la
mejor amiga de su novia y tercero por no querer escapar de allí y seguir
escuchándole esas cosas que me estaban calentando infinitamente. Lo peor de todo
es que no podía contradecirle, no podía huir de esa mirada.
Tranquila mujer… no te asustes… no te voy a follar si tu
no quieres… - me decía mientras se acariciaba la polla con descaro por
encima del bañador y que parecía crecer por momentos.
Mario… Marta es mi amiga…
¿Qué tiene que ver ella? ¿Te gusta lo que ves o no? – Me
repetía sobándose una verga que alcanzaba tamaños más que considerables bajo
su única prenda. De pronto, Marta se acercó hasta nosotros.
¿Qué tal pareja? ¿De qué hablabais? ¿De mí? – preguntó
ella.
Sí, cariño… - contestó él – Le decía a Lydia que es un
placer tenerla aquí con nosotros… y además que es preciosa. Mucho más de lo
que me habías dicho.
¿Ves como es un cielo de hombre? – me sentenció mi amiga
con naturalidad como si el piropo fuera una atención, mientras yo enrojecía
de forma considerable.
¿Quién se va comer esta cosa? –dijo de pronto Mario con
descaro siguiendo con sus tocamientos insolentes a su miembro por encima del
bañador.
Yo, naturalmente… Perdónanos Lydia, tenemos un asunto
pendiente, jeje… – añadió ella mientras tiraba de él de una mano y se le
llevaba hasta el bungalow, casi diría yo, a la desesperada.
Se esfumaron de la playa dejándome completamente
desorientada, no sin antes volverme a sorprender cuando Mario me tiró un beso a
modo de "Este te lo dedico".
La situación era surrealista total, me encontraba con mi
amiga y su novio, un completo desconocido para mí, pero que había conseguido
calentarme a más no poder con sus palabras, cuando debía estar enfurecida y
salir corriendo de allí. Sin embargo no lo hice, ni quería hacerlo. Esperé un
tiempo prudencial antes de volver al bungalow y cuando pensé que ya podrían
haber terminado con sus "jueguecitos", el ruido que se oía desde dentro de la
pequeña casita no me permitía pasar, sino quedarme a escuchar una innumerable
cantidad de gemidos que lanzaba mi amiga y cosas que le decía Mario: "Eres una
zorra de verdad", "Como te gusta que te parta ese coño que tienes" "¿A que si
putita?" "Vámos zorrita, cabalga sobre esta polla"… Ella contestaba un sí casi
ahogado víctima al parecer de los placeres que le estaba otorgando su novio. A
pesar de que esas palabras me sonaban soeces y bastante brutas, la situación era
caliente de verdad y aun me quedé más tiempo escuchando sin darme cuenta que mis
dedos ya se habían metido bajo la braguita de mi bikini y me estaba acariciando
presa de una audición tan ardiente y morbosa.
Al rato, tras el silencio, hice mi entrada en la pequeña
casa. Se habían quedado dormidos, aunque no me extraña, creo que fueron dos
horas dale que te pego.
A la mañana siguiente amaneció un día caluroso y soleado, por
lo que tras el desayuno optamos por volver a pasar gran parte del día en la
playa, al menos hasta la hora de la comida, aprovechando ese buen tiempo. Me
coloqué el bikini en el baño de nuevo mientras ellos lo hacían al otro lado de
la puerta siguiendo con sus juegos, caricias y besos del día anterior. Volvimos
a la playa y colocamos las toallas.
¿Qué tal si nos despelotamos? – preguntó Mario de repente
nada más llegar.
¿Qué dices? – le dije pasmada.
Sí, es buena idea. – añadió Marta y sin más dilación, se
despojó del bikini quedándose completamente desnuda ante mi sorprendida
mirada.
Esa es mi niña. – contestó Mario y a continuación deslizó
su bañador a lo largo de sus musculosas y adorables piernas.
Por fin tuve la oportunidad de ver a ese chico desnudo, en un
cuerpo que se me antojaba deseablemente perfecto y que parecía estar llamándome
a gritos. Su miembro a pesar de estar "en descanso" resaltaba
extraordinariamente, tal y como me había anunciado Marta. Hay quién cree que
todas las pollas son iguales, pero es falso, las hay grandes, pequeñas, gordas,
largas… y espectacularmente preciosas, como la de Mario.
Él sabía que me había quedado con la vista fija en su
instrumento y parecía gustarle pues me sonreía apoyando las manos en sus caderas
como diciéndome: "Ahí la tienes guapa". Marta también me sonreía y cuando crucé
mi mirada con la suya enrojecí al verme pillada en aquella observación continua
a la divina verga de su chico.
Vamos, quítate el bikini, verás que bien te sientes… – me
invitó Marta.
Sí, eso, eso, enséñanos ese cuerpito. – insistió él.
No, es que me da mucho corte… quizás después… - dije
azorada.
No insistieron más y se dirigieron hacia la orilla
completamente desnudos. Antes Marta volvió hacia mí para susurrarme:
- ¿Has visto que polla tan linda?
Me volví a quedar muda y mi amiga salió corriendo hacia el
agua con su amigo, dejándome sobre la toalla con un calentón de campeonato y con
el recuerdo de la primera impresión del cuerpo desnudo de ese tío y de su divina
polla. La imagen me torturaba y el tío estaba buenísimo.
A los pocos minutos como en el día anterior, Mario regresó
hasta las toallas antes que Marta, que se quedó bañándose en la orilla y
disfrutando de las olas.
Deberías bañarte Lydia, está el agua impresionante. – me
comentó Mario sonriente en pie, exhibiendo sus mejores dotes.
Sí, ahora me animo – respondí mientras la polla de aquel
chico se movía de un lado al otro al tiempo que se secaba enérgicamente la
cabeza.
Pero tienes que bañarte desnuda, es una pasada.
Es que me da vergüenza.
¿Por qué? No hay nadie más en la playa… ¿Es por mí?
Bueno… creo que sí.
A mí me encanta estar desnudo y que me veas así. Seguro
que estarás disfrutando de ver a un tío en bolas ¿O no? Pues yo igual…
Bueno… pero…
No tendrás nada raro que ocultar, te imagino desnuda y
tienes que estar…
Pero es que Marta…
¿Marta? Ella ha sido la que me ha dicho que te
convenciera.
¿En serio?
Claro, mucho mejor así, los tres desnudos ¿No te parece?
No sabía donde meterme, pero en el fondo una de las cosas que
más me apetecía era desnudarme y mostrarme así, con el mismo descaro que él.
Además verle sin ropa a él, me animaba a hacerlo a mí…
Bueno, de momento hago top-less. – dije decidida soltando
el cordón del bikini y mostrándole mi pecho desnudo.
Guauu, eso son un par de tetas. – soltó de repente
acariciándose su miembro que se ponía algo más grande ante sus tocamientos
insolentes.
Gracias. – Contesté algo avergonzada pero enormemente
excitada mirando cortada hacia otro lado y solo de reojo volvía la vista
hacia ese poderoso instrumento.
Bueno sería como un sueño verte desnuda por completo.
Debes ser como un ángel. Venga nena, no te hagas la estrecha…
Esas palabras y creo que el hecho de una situación tan
morbosa y de no ver más peligro que estar desnuda en una playa solitaria y
hacerlo ante aquel hombre tan guapo, me animaron a despojarme de mi última
prenda.
Está bien, me desnudo… - Dije poniéndome en pie dispuesta
a soltar los cordones de mi bikini.
Espera nena… ¿Me dejarías a mí ese honor?
¿Cómo?
Sí, quitarte esa braguita yo mismo.
Nada me apetecía más en ese momento y ninguna otra cosa me
impedía que lo hiciera, ni tan siquiera que mi amiga estuviera tan cerca y
pudiera vernos. No tuve que responderle, pues mi silencio dio pie a que él mismo
actuara. Mario, en pelota picada, se plantó frente a mí y con sus manos acarició
suavemente mis caderas lo que produjo un tembleque en mis piernas fuera de lo
normal. Lo notó y me sonrió. Soltó un cordoncito del bikini, luego el otro y la
prenda se deslizó entre mis piernas hasta caer al suelo.
Ostras, que buenísima estás. – Decía esto sosteniendo mis
caderas y admirando mi desnudez.
Dios, como me gustaba la forma de mirarme, con esos ojos
brillantes, esa boca entreabierta y una polla que en ese momento estaba tomando
su máxima dimensión, proporcionándome una visión celestial. Lo que más me
apetecía era tocársela, acariciársela… Era tan bonita… Cuanto deseaba a ese
hombre y que situación tan complicada… tan imposible… Mi mente me conducía a
imaginar esa polla dentro de mí y de ser yo la receptora del mismo placer que
había absorbido Marta en tantas ocasiones.
Eres preciosa Lydia… Déjame darte un beso…
Sin darme tiempo a contestar el cuerpo desnudo de ese chico
se soldó al mío dándome un suave y tierno beso en los labios. No puedo expresar
lo que sentí en ese momento, seguramente un montón de cosas mezcladas y desde
luego algo muy placentero, mayor aun, al sentir su polla en completa erección
cobijándose entre nuestros cuerpos permitiéndome sentirla en su máxima dureza…
¡que delicia! ¡Cuánto tiempo sin catar un hombre y este me estaba matando de
gusto! Sin embargo aun me llegó un atisbo de seriedad y responsabilidad y viendo
como se estaban poniendo las cosas decidí cortar aquello, separándome de ese
diabólico cuerpo inmediatamente.
Mejor, vamos al agua Mario. ¿Vale? – contesté seria.
Al llegar a la orilla, yo con un calentón de campeonato y
Mario con su sexo en ristre, Marta nos recibió sonriente.
Vaya, por fin te has decidido. Si es que Mario tiene una
mano para convencer…
Una mano y otras cosas pensaba yo… Pero lo curioso es que
ella no se enfadaba porque me hubiera despelotado delante de su chico y que este
mostrara una erección descomunal. Le resultaba gracioso y a mí, cuando menos,
chocante.
Veo Mario, que la chica te ha causado impresión, jajaja…
– comentaba ella señalando la verga tiesa y vibrante.
Ya lo creo – contestó él con naturalidad acariciándosela
impúdicamente.
Permanecimos unos minutos en el agua, que no sirvieron para
bajar mi tremenda calentura y después regresamos a las toallas para disfrutar de
los agradables rayos del sol antes de ir a comer. Me gustaba estar desnuda,
nunca antes lo había hecho en una playa, ni tan siquiera delante de mi amiga y
menos en presencia de su novio que me tenía enamoradamente cachonda. De vez en
cuando, mientras tomábamos el sol no podía evitar lanzar alguna mirada furtiva
hacia el cuerpo de Mario, especialmente a sus partes nobles tan rasuraditas, tan
atractivas… cuanto más le observaba, más le deseaba. Si Marta no fuera mi amiga,
seguramente no hubiera podido reprimirme tanto.
Cuando decidimos volver al bungalow a comer, Mario sugirió
que continuáramos desnudos, en plan naturista total, aunque en el fondo todos lo
hacíamos para disfrutar con nuestro exhibicionismo particular y del ambiente tan
sensual de aquella excursión. Con una aparente naturalidad, servíamos los platos
en aquella pequeña casita, pero en el ambiente se iba creando más y más morbo.
Para mi amiga Marta, la cosa suponía una demostración de supremacía, o al menos
así lo consideraba, queriendo exponer a las claras que el único macho presente
era suyo y solo suyo. Para él, disfrutar mirando y al tiempo exhibirse también,
exactamente igual que yo, con unos deseos cada vez más libidinosos. Tras la
comida, decidimos echar una siesta. Ellos naturalmente juntos en la cama grande
que estaba al fondo y yo en la pequeña de enfrente.
Uno de los momentos en los que estaba tan ricamente tumbada
con los ojos cerrados y volví la vista hacia Mario me le encontré de lado
observándome y con toda la cara dura del mundo, masturbándose ante mí. Marta
estaba boca abajo y no se estaba dando cuenta de que su novio se la estaba
cascando a mi salud. Sus ojos recorrían una y otra vez mi cuerpo desnudo y no
solo no me disgustaba que lo hiciera, sino que me ponía todavía más caliente.
¿Qué haces? – le dije tan solo moviendo mi boca para que
leyera mis labios.
Disfrutar de las vistas. – contestó en voz alta.
Le hice una seña indicándole con mi dedo a mi amiga que
permanecía imperturbable boca abajo y que debía seguir dormida. No podía creer
que Mario actuara tan descaradamente, de esa manera y delante de su novia, pero
es que lo curioso es que a mi me encantaba que lo hiciera. Mis ojos no se
retiraban ni un momento de su mano que no hacía más que subir y bajar a lo largo
de aquella admirable polla. Cuanto deseaba ser yo quien le hiciera ese divino
masaje. ¡Dios, como me ponía ese tío!
¿Te gusta lo que ves? – me preguntó nuevamente.
Mario… por favor…
Vamos nena, confiésalo, ¿Te gusta o no?
Si… me gusta mucho… - respondí en voz baja, enrojecida y
excitada.
Mario continuó pajeándose con descaro mientras su novia
dormía. No podía evitar observarle y como su mano bajaba y subía incesantemente
sobre su dura daga sin dejar de mirarme a los ojos, a las tetas… a mi coño que
estaba ya hinchado y húmedo como nunca… Instintivamente abrí mis piernas para
que sus miradas se dirigieran allí y yo siguiera observando como la piel
ocultaba su glande una y otra vez. Que maravilla debía ser tocarla, sentirla,
acariciar esos huevos y chuparlos. Solo de vez en cuando le miraba a los ojos y
él me devolvía una malévola sonrisa. Al rato, Marta se despertó y observó a su
chico en plena faena. Pensé que se iba a enfadar, pero me volví a equivocar.
Como andas, nene… - dijo ella desperezándose.
Marta volvió su cabeza hacia mí, sonriéndome. Como si yo no
estuviera allí y con toda naturalidad, retiró la mano de su chico y puso la suya
en su lugar para seguir masturbándole ella misma, primero con lentitud y
frenéticamente después. No podía retirar la vista, era superior a mí aquella
situación y la envidia de no ser yo quien pajease a su chico, me tenía
paralizada…
No te importa, ¿verdad Lydia? – me preguntó Marta, pero
antes de que pudiera contestarla lo hizo él.
Claro que no, nena. Menéamela como tú sabes.
Marta le sonreía, también lo hacía mirándome de reojo. Yo no
sabía muy bien como captar aquel mensaje. O bien se estaban burlando de mí, o
bien ella quería demostrarme que Mario era suyo en exclusiva a pesar de todo, o
simplemente me estaba provocando sin más… o peor aun, quizás invitándome al
festín… Dejó de masturbarle para seguir rozando con sus dedos aquella preciosa
verga que se paseaba por sus tetas, sus caderas hasta que las manos de su novio
empujaron su cabeza hacia esa polla erecta y terminar entre sus labios. Mi amiga
empezó a masturbarle pero esta vez con la boca sin dejar de mirarme de reojo
continuamente. Dios, que envidia me daba no ser yo quien le estuviera haciendo
esa mamada tan intensa, chupar y chupar eso hasta ponerla al límite.
Nena, como lo haces, eres toda una experta putita… -
decía él sosteniendo la cabeza de su chica en la labor de tragarse su
miembro incesantemente.
¿Te gusta mi vida? – le decía ella sacando esa polla dura
de su boca y mirándole con cara de vicio.
¿Qué si me gusta?, la chupas como una diosa…
La rocambolesca situación, la excitante escena y las palabras
de ambos me encendían. Lo que más me apetecía era acompañar a mi amiga a comerme
a medias aquel apetitoso helado, algo que por supuesto ni me atrevía a hacer,
pero ni siquiera a masturbarme en una situación así, a pesar de todo me sentía
algo avergonzada… aunque mi calentura era ya incontrolable.
Quiero follarte zorrita mía, quiero partirte ese coño en
dos… - gritaba él sin dejar de mirarme desafiante. Parecía estar
diciéndomelo a mí.
Si amor, hazme tu putita, vamos, fóllame – respondía
Marta como si no se enterase de nada, participando de un juego vertiginoso.
A continuación ella se colocó sobre su novio y se insertó la
polla de una sola embestida, comenzando a cabalgar sobre él con desesperación.
Ambos gemían sin cesar y yo no podía retirar la vista de aquella escena tan
porno, tan surrealista… Me encantaba verles follar, pero sobretodo imaginarme
que era yo la que estaba sobre aquella polla y sintiéndola en lo más profundo de
mi sexo palpitante. Percibía como la vagina de amiga atrapaba aquella dura verga
sintiendo que era mi propio sexo el que la devoraba.
Como follas nena, eres toda una puta… tienes el chocho
más caliente del mundo… - repetía a su chica pero sin apartar su mirada de
la mía, como si esas obscenas palabras me las estuviera dedicando a mí.
No tardaron mucho en correrse y en gritar como poseídos,
ajenos al mundo y a mi presencia. Ambos me miraban jadeantes, yo diría que
victoriosos por el tremendo show en vivo que me habían dedicado. Al poco rato
Mario se quedó dormido y Marta se acercó hasta mi cama, sentándose a mi lado,
con su piel aun mojada del sudor y el semen que le había regado todo el cuerpo
aquel polvo salvaje:
Lydia, espero que no te haya molestado… - me decía.
No, no te preocupes, es normal…
Gracias, eres una amiga… pero es que no lo puedo evitar…
Me puede.
Con esas palabras aun me sentía peor, porque en el fondo me
hubiera gustado contarle lo mucho que me atraía su novio y su preciosa polla,
esa misma que ella acababa de comerse delante de mí, minutos antes, la misma que
la había penetrado hasta hacerle ver las estrellas, tal y como me contaba tantas
veces.
Es que es genial Lydia… me encanta como me folla este
tío, es una pasada… – añadía ella para corroborarlo aun más.
Ya lo veo y también le has dejado exhausto.
No creas, es incansable, guapa… Si no echamos tres o
cuatro al día no para, la que acaba agotada soy yo. Pero es que tiene una
verga divina y luego me dice esas cosas…
Entendía a Marta perfectamente, si a mi me conseguía poner a
mil, con tan solo mirarle, tener esa cosa dura dentro de una… debía ser lo más…
Además estaba su forma de hablarle en plena faena, era más excitante que nada.
Evidentemente Mario había conseguido hechizarnos a las dos.
Bueno, voy a aprovechar para darme un baño en la playa,
estoy empapada… ¿Te vienes? – me invitó mi amiga.
No, ahora de momento no… Voy a fregar esos cacharros y
luego te acompaño…
Vale.
Ella pareció convencerse de que mi idea era fregar los
cacharros, pero no era más que la excusa para admirar el cuerpo desnudo de su
novio… ese hombre que tenía delante de mí que ahora reposaba, allí tumbado sobre
la cama y que me ponía tan y tan caliente. Comencé a lavar los platos para
disimular pero era solo para aprovechar la observación minuciosa de ese chico
que dormía plácidamente. Con su cuerpo ladeado y una polla que aun no se había
relajado del todo estaba para devorarle. Que maravilla de hombre, apenas le
acababa de conocer y era el tío que más deseaba en el mundo, mi amiga tenía
razón, su poder de atracción era extraordinario. Al estar desnuda allí, frente a
la fregadera, no me resultaba difícil dirigir uno de mis dedos a mi coño que por
cierto noté muy hinchado. Comencé a frotarlo cerrando los ojos imaginando que
estaba echando el polvo de mi vida con ese chico que ahora dormía tan cerca de
mí. Por fin podía masturbarme con tranquilidad, pensando en él…
¿Qué haces? – preguntó de pronto Mario en pie a mi lado,
dándome un susto de muerte y haciendo que retirara los dedos de mi rajita
inmediatamente. Disimulando, continué lavando la vasija.
Nada, aquí fregando los platos… - contesté poco
convincente.
Se acercó aun más a mi cuerpo, hasta colocarse a mi lado. Le
gustaba mostrar esa virilidad en pleno rendimiento y a mi me desarmaba por
completo. La tenía completamente erecta y se movía incitante.
Imagino que estabas recordando el show de hace un rato…
¿Cómo? – pregunté haciéndome la tonta.
Sí, con el polvete que hemos echado Marta y yo. Lo cierto
es que lo hice pensando en ti. – añadió él acariciando mi espalda y
siguiendo con su mano hasta llegar a mi culo sobándolo suavemente con todo
descaro.
Mario por Dios… - dije con poco convencimiento.
Ahora no te hagas la estrecha, putita, que sé lo que has
disfrutado. – Lo decía convencido y además tenía toda la razón. Con esas
palabras aun me encendía más. Me llamaba putita y curiosamente me encantaba
oírselo decir…
Para, Mario… - mi reproche sonaba vacío.
Ese hombre, sabiéndose dominador de una situación en la que
yo caía rendida siguió acariciando mis caderas, mi culo y besando mi cuello como
si nada de lo que yo dijera fuera con él… Me proporcionaba un calorcito por todo
mi cuerpo que me hacía temblar de placer. Colocó su cuerpo desnudo detrás del
mío acariciando mis caderas y a continuación mis tetas y apretujándolas desde
atrás. Cuando su piel se pegó a la mía, creía estar en el cielo y solo pude
agarrar con mi mano a su cuello para sentirle aun más unido a mí.
Mario… Mario…
Que zorrita tan ardiente y tan bonita… mmmm… - me repetía
él…
Por favor… no sigas… - repetía yo inútilmente pues
ninguno de los dos deseábamos parar en ese momento.
Calla guarrita, que estás deseando comerte una buena
polla ¿a que sí?
No Mario, detente, por favor. – repetía sin dejar de
disfrutar de su cuerpo pegado a mi y de un sobeteo de tetas que me hacía
estar en la gloria. Como sobaba el tío y cuando más cosas me decía más
caliente estaba yo.
Me hizo girar para quedar frente a él. Intentó pegarse, pero
aun conservando cierto control de la situación, le empujé para que no siguiera,
su novia podría llegar en cualquier momento y pillarnos en plena faena. Mario
agarró con fuerza mis manos que lo empujaban colocándolas detrás de mí. Estaba a
su merced.
Calla puta, que ahora eres mía… - me repetía al tiempo
que su boca succionaba uno de mis pezones y luego lo mordía ligeramente
haciéndome estremecer. No podía detenerle y tampoco quería hacerlo… Me
limitaba a percibir todo el placer cerrando los ojos.
Mis gemidos eran más intensos que nunca, no lograba coordinar
con sensatez y a querer parar todo aquello, pero el deseo se hacía tan fuerte,
que no era dueña de mí. La boca de Mario seguía lamiendo mis tetas y sosteniendo
mis manos con fuerza a mi espalda, aunque la resistencia que yo ponía no era tan
grande como pudiera parecer. Aun así quedó totalmente anulada cuando su lengua
fue bajando por mi cintura, pasando por mi ombligo hasta llegar a mi coño. Allí
quise morirme, pues al contacto de la lengua de ese hombre, empecé a aullar de
gusto. Lamía mi rajita una y otra vez de manera habilidosa y repitiéndome:
Dios, que chocho más jugoso tienes nena, te lo voy a
comer hasta que se me deshaga en la boca.
Si, sí… hazlo. - eran mis únicas palabras, totalmente
hipnotizada.
Eres mi puta, ya no te me puedes escapar, zorra, más que
zorra… como lo estabas deseando, estás empapada so guarra…
Cuantas más obscenidades me decía y cuanto más fuertes eran,
más me gustaban… nunca antes me habían hablado así, nunca se lo hubiera
permitido a nadie, pero en ese momento era lo que más me excitaba. Sentirme así,
bajo su poder, totalmente entregada me hacía sentir algo extraño y placentero
como jamás me había ocurrido. Mi resistencia cedió a entregarme por entero, así
que aquel hombre siguió chupando mi sexo y acariciando mis tetas sin descanso
haciéndome gemir persistentemente.
¿Quieres que siga? – me preguntó mirándome fijamente a
los ojos.
Sí, Mario, cómeme el coño… soy tu puta… - ni yo misma
creía estar oyendo las palabras que salían de mi boca y él disfrutaba con mi
entrega y con el placer que me estaba haciendo pasar.
Se incorporó tras una buena sesión de chupeteos, habiéndome
dejado más caliente que una moto… deseaba que acabara y ahora era yo la que le
suplicaba que siguiera.
Mario, vamos, fóllame, por favor…
Calla putita, cada cosa a su tiempo. De momento quiero
ver como me la meneas, seguro que sabes hacer unas pajas de campeonato. ¿No
es lo que deseabas hace un rato?
Como sabía el tío lo que más deseaba. Al fin tenía para mí
sola aquella deseada polla. Al agarrarla con mi mano los dos soltamos un pequeño
jadeo, él por percibir mis dedos sobre ella y yo por tenerla al fin como un
preciado trofeo. Comencé a pajearle, lentamente al principio y frenéticamente
después, como si me fuera la vida en ello. Él permaneció de pie. Yo me puse en
cuclillas comenzando a hacer ceremoniosamente un movimiento rítmico que le
encantaba pues su respiración y sus jadeos aumentaban.
Que mano tienes guarrilla, seguro que querrás tener mi
rabo bien adentro… ¿No es cierto?
Sí… - le miraba con cara de perversión, pues era cierto
que lo más deseado en ese momento era sentir su polla en mi interior. Lo más
anhelado.
Mario me sonreía, sabiéndose dominador de la situación y le
encantaba tenerme allí bajo su mandato.
¿Sabes que eres una putita muy deseable? Me la has puesto
bien dura.
Yo seguía agarrando firmemente aquella tranca realmente dura
y viendo como desaparecía su capullo entre mis dedos mientras las primeras gotas
aparecían en la punta. Instintivamente comencé a pasar mi lengua para
degustarlas y después deslizándola por toda la longitud de aquel miembro y
metiendo y sacando sus huevos de mi boca. Era una auténtica delicia poderme
devorar aquella verga de una vez por todas. Frecuentemente le miraba a los ojos,
como esperando que me diera la orden definitiva que al fin llegó:
¿A que esperas zorra? Vámos, chúpamela ya…
Parecía estar leyéndome el pensamiento, pero es que con sus
palabras me provocaba comportarme como una auténtica posesa y frenéticamente
abordé aquel pene entre mis labios. Dios, que gusto sentirle tan caliente y por
fin en mi boca… Estaba tan encendida que no controlaba las entradas que aquel
trozo de carne hacía por abrirse camino y llegar hasta mi garganta, faltándome
incluso el aire, pero eran tantas las ganas de succionarla con mi lengua y mis
labios que no quería perder un momento ni siquiera en respirar, tenía que
comérmela como si aquello fuera lo último que hiciera en mi vida. Me agarró por
el pelo llegándome a hacer daño y separando mi boca de su miembro balanceante.
Oye nena, como sigas así vas a conseguir que me vacíe en
tu boca… y supongo que no querrás perderte mi leche en ese coño tan rico que
tienes….
Yo solo asentía con mi cabeza, esperando que él diese la
siguiente orden para poder ser perforada por su preciosa daga. Me sentía sucia,
la más puta de las putas. Además, estaba mi amiga a unos metros de nosotros,
bañándose placidamente en el mar mientras yo estaba a punto de ser follada por
su novio… el hombre de su vida. Sin embargo no me importaba lo más mínimo
comportarme así, como nunca antes había hecho y es que además estaba dispuesta a
todo por que me follara. Era lo que más deseaba en el mundo. No pensaba en nada
más.
Vamos rubita, levántate. – me ordenó tirando de mi pelo
tratándome como una auténtica furcia.
A continuación me puso de espaldas a él apoyada sobre el
fregadero y de frente a la ventana desde donde se divisaba la playa y donde mi
amiga era ajena a lo que estaba sucediendo en el interior del bungalow. De una
embestida sentí como aquella polla se abría paso en mi húmedo chochito y como
arrancó de mi cuerpo un pequeño grito de placer, pues la sensación era todavía
más increíble y más placentera de lo que hubiera imaginado jamás. Sentir ese
trozo de carne duro y caliente dentro de mí, era lo más maravilloso del mundo.
Joder, golfilla, que coño tienes, me aprietas bien
fuerte, se nota que estabas esperándome… No la quieres dejar escapar ¿eh?
Sí, sí, fóllame Mario… - repetía yo totalmente prodigada
a sus deliciosas y enérgicas embestidas.
Tienes un chocho delicioso, preciosa… Te lo voy a partir
en dos…
Es todo tuyo, dame unos buenos pollazos, necesito ese
rabo bien adentro, quiero notar tus huevos chocando en mi culo… - las
palabras salían precipitadamente de mi boca, de la manera más obscena y
extraña que yo misma pudiera imaginar.
Mario continuaba follándome como a una perra, agarrado a mi
cintura y cimbreando mi culo a cada choque. Seguía profiriendo también toda
clase de burradas, a cada cual más y más fuerte, incitando a que yo misma las
repitiese.
Vamos cabrón, fóllate a tu puta…
Toma, toma, toma… - repetía él haciéndome casi chocar
contra la ventana en cada acometida.
Que gusto, que bien sabes follar a tu perrita… Que
durísima la tienes…
Si es que eres una puta caliente, me pones a tope, lo
estabas deseando, te voy a llenar de lefa, zorra…
Sí, quiero que te corras en mi coño… que polla más rica…
ahhhh… Fóllame, fóllame, no pares…
La cercanía del orgasmo era clara y aun me concentré en
apretar los músculos de mi vagina para que ambos pudiéramos alcanzar ese momento
tan deseado. No tardé en percibir por todo mi cuerpo los espasmos de una corrida
increíble y por mi boca no cesaban de salir gemidos, aullidos, gritos… mientras
estaba entrando en trance en uno de los orgasmos más intensos e increíbles de mi
vida…
Así golfa, córrete, nena que ahora me toca a mi- repetía
el con sus dientes apretados y empujando con más violencia en mi coño hasta
detenerse completamente. Se agarró a mis tetas, las estrujó y empezó a
soltar chorros dentro de mí, uno y otro, sin parar hasta llenarme por
completo con su leche caliente.
Que gusto… - gritaba yo, mientras con mis manos me
sostenía al fregadero aguantando sus últimos empujones sobre mi cuerpo,
hasta que su pecho rendido cayó sobre mi espalda y terminó con un gemido
largo y sentido…
Joder nena, que gusto, cuanto hacía que no me corría así…
Eres una puta de campeonato…
Al alzar la vista, me percaté que Marta se acercaba caminando
hasta el bungalow y estaba muy cerca… Me separé de Mario y acudí rápidamente al
baño para que no pudiera sospechar nada. La oí llegar, abrir la puerta y hablar
algo con Mario, pero no pareció darse cuenta, seguramente porque él también
disimuló.
Por mis piernas comenzaban a fluir ríos de semen que aquel
hombre acababa de depositar salvajemente en lo más profundo de mi coño. Los fui
cogiendo con mis dedos y los chupé con fruición y auténtica pasión, como si me
los fueran a robar. Había conseguido hacerme ver las estrellas, esas mismas de
las que me había hablado Marta tantas veces… era un portento de hombre, el mejor
follador que he conocido y posiblemente conoceré.
Tras esperar unos minutos encerrada, al salir, me los
encontré dándole duro nuevamente. Era increíble la velocidad de reacción de ese
portento que acababa de hacerlo conmigo con todas sus ganas, apenas unos minutos
antes y ahora lo estaba repitiendo nuevamente con su novia… pero el caso es que
yo también estaba caliente para recibirle una vez más. Sin embargo permanecí en
silencio observando la habilidad que tenía para tirarse a su chica y
proporcionarle el mismo gusto que minutos antes me había dado a mí, sacándole
los mismos gritos… los mismos gemidos que había conseguido sacarme en un polvo
maravilloso.
Una vez acabaron y Mario volvió a quedarse dormido, las
miradas de mi amiga y la mía se encontraron, al igual que mis sentimientos… no
sabía que hacer ni que decir… pero estaba arrepentida, no precisamente de haber
disfrutado del polvo de mi vida, sino de haber engañado de esa forma tan vil a
Marta. Tan solo se me ocurrió agarrar el brazo de mi amiga y apartándola para
que él no me oyera, me armé de valor y con todas las consecuencias quise
confesarme.
Marta, tengo que decirte algo.
Que tiene una polla deliciosa y sabrosa. – contestó ella
de pronto.
¿Cómo?
Sí, que folla como los ángeles – añadió.
Marta…yo…
No te preocupes Lydia, fui yo quién te trajo y quién
quiso que lo comprobaras de primera mano. Me alegro que te haya hecho
disfrutar tanto como a mí. Tenía que demostrarte que todo lo que te conté
era verdad.
Entendí que mi amiga había llegado al máximo de la devoción
por ese hombre y que no conforme con eso quería compartir conmigo algo más que
un sueño, sino una realidad… y vaya si lo hizo. Fue el mejor regalo del mundo.
Nos abrazamos desnudas admirando a aquel hombre que tanto nos había dado y que
ahora dormía apaciblemente.
Lydia