Dispuesta a Todo.
Demasiados días y noches sin el calor de un hombre a mi lado,
por eso, mis apetencias eran saciadas por mis manos curtidas por el trabajo,
pero esa noche, estaba lista para seducirlo y no pararía en mi tarea hasta
conseguir tenerlo en mis brazos.
Le hable de sexo, supuse que contándole mis necesidades y
detallándole mis formas para satisfacer mi apetito, despertaría la libido en él
y funcionó, relataba ansiosa el momento en que mis dedos entraban y salían de mi
caverna, cuando en mi boca sedienta reconocí su beso, un beso ardiente,
apasionado, intenso, la succión de sus labios en los míos provoco que mi sexo se
humedeciera logrando que mi ropa interior luciera, indecorosa, mi deseo.
Sus manos comenzaron raudamente a recorrer mi cuerpo y me
prometí dejarlo cumplir su misión, estábamos en aquella plaza, a la vista de
todos, era temprano, el reloj solo marcaba las nueve de la noche, pero mi deseo
era inmenso y estaba llana a hacerlo ahí, justo ahí, en aquel lugar, a la vista
de cualquiera que nos quisiera observar, tal vez con el escondido deseo de que
alguien se nos quisiera unir, cerré los ojos para sentir el sabor de sus besos y
creí sumergirme en un espacio pleno, respirábamos agitados y ambos queríamos
tenernos, metió su mano por entre mi camisa y yo la mía por su entrepierna,
palpe su sexo, estaba duro, inmenso, palpitante y delicioso, rozó mis pezones
con la yema de sus dedos y me enloqueció, tanto que apreté con fuerza su
virilidad, provocándole un gemido cargado de lujuria y gusto.
-Mmmmmm eres exquisita, me excitas mucho, quiero tenerte
aquí y ahora- me dijo.
Yo estaba dispuesta a todo, no podía dejar pasar la
oportunidad de tener mi primer orgasmo en un espacio público, por eso, accedí de
inmediato a su ardiente propuesta, observamos el panorama y nos dimos cuenta que
en una esquina, debajo de un árbol, estaba más oscuro y pensamos que ahí sí
estaríamos más cómodos, caminamos hacia el árbol pegados, sin parar de besarnos
ni de transitarnos, nuestro ardor era tan grande que nuestras caricias y
recorridos eran fuertes y brutales, él apretaba mis pechos con una fuerza
increíble, pero que no hacia daño, al contrario, me excitaba más aún, por mi
parte, lamía su cuello y le susurraba al oído palabras lujuriosas y eróticas, lo
sentía estremecerse con mis mensajes y sus manos paseaban frenéticas por mi
pubis y entrepierna, mi falda le ayudaba en su tarea, no le costo mucho trabajo
encontrar mi ropa interior y comenzó a dibujar mis labios íntimos por encima de
ella, sus dedos se movían formando orbitas magistrales que me hacían humedecer
más y más, tanto así, que en minutos chorreaba mi temperatura por las piernas y
mi dilatación estaba completa, continuábamos sentados en aquel lugar y la gente
que pasaba miraba atónita nuestra escena romántica, escuche un comentario, pero
no me importo, en ese momento, mi prioridad era saciarme.
-Que obscenos, porque no se van a hacer eso a otro lado-
escuche decir.
Reíamos al escuchar tales recriminaciones, porque estábamos
tan comprometidos en nuestro idilio que nada importaba, nuestras lenguas estaban
adheridas reconociéndose y nuestras manos, dichosas al palpar nuestras
integridades.
Con mucha maestría, deslizó suavemente mi ropa interior por
entre mis piernas hasta que logro despojarme de mi colales, a esa altura, yo ya
había desabrochado su pantalón y acariciaba circularmente sus pubis frondoso y
desordenado, a ratos, tomaba la punta de su poderío y con la yema de mis dedos
lo recorría, echaba hacia atrás sus pliegues y lo sentía suave, palpitante y muy
mojado, salpicaba pequeños chorros de su néctar que mojaban mis manos y
esparcían un olor digno de ser enfrascado.
Sus dedos escarbaban amenos en mis partes íntimas hasta que
por fin dejo entrar uno de ellos, la sensación que me provocaba tal evento era
deliciosa, los espasmos se apoderaban de mí completamente y solo quería que
llegaran a tocar mi alma, vivazmente lo dejaba entrar y salir de mí con una
cadencia que me hacia gemir encolerizada, mientras continuaba dándole fuertes
fricciones en su virilidad, simulando estar dentro de mis profundidades.
No sabía que hacerlo en un lugar público me provocaría tanto
placer, es que el exhibicionismo era algo que jamás pensé realizar, pero me
sentía dichosa, encendida y muy deliciosa, su boca seguía succionando mi cuello
y mis pezones apuntaban al cielo de tanto ardor.
-Levántate y siéntate en mí- me suplico.
De un brinco me acomode sobre él y sentí su puñalada certera,
creí que su sexo había tocado mi garganta, la profundidad que alcanzo su fuerza
con aquella posición era insospechada, comencé a moverme suavemente en
principio, pero no pude soportar las ganas de cabalgarlo frenéticamente, por
eso, me afirme del espaldar de aquel asiento y di rienda suelta a mi imaginación
dejándolo sentir fuertes apretones en su fuerza, provocadas por mi deseo y mis
ganas de devorarlo.
-Aaaaahhhhh, como me gustas- le decía al oído.
Cabalgué encima de él mirándolo a los ojos, su cara
desfigurada por el placer me enaltecía y en sus ojos veía el reflejo de los
míos, desorbitados, casi idos, nuestro reflejo entre las sombras era salvaje,
miraba como las luces dibujaban nuestra escena impúdica en el piso y me sentía
extasiada, alguien paso por el lugar mientras estábamos disfrutándonos pero no
me importo, es más, creo que fue un aliciente más en mi acto, porque al sentir
la presencia de un extraño, mis movimientos circulares montada en su trono se
hicieron mas frenéticos y desesperados, el éxtasis se aproximaba y sabía que
recibiría dentro de mí, su semilla.
Tenia el poder de alargar la situación, pero el roce de mi
clítoris con sus partes íntimas era mi talón de alquiles y no pude resistir más,
toqué sus testículos y los sentí duros y desesperados por vaciar, por eso, le
comenté que estaba lista para tocar el cielo, me agarré fuerte del asiento y con
la respiración a mil, me fui directo al orgasmo.
-Mmmmmm estoy lista mi amor, voy a tocar el cielo- le
declaré.
De pronto, sentí millones de agujitas clavando mi cuerpo,
desde la punta de los pies, hasta mi cabeza, mi pelo desordenado por sus manos
toco sus hombros, bajé mi cabeza y sentí el palpitar de su sexo, dejando su
regadío dentro de mí, ambos habíamos llegado al orgasmo.
Pasaron unos segundos y nos reincorporamos, me bajé de su
montura y quedé muda, mi corazón acelerado no me permitía emitir una sola
palabra, sentía correr nuestros jugos mezclados por entre mis piernas y lo
observé cansado y con su cabeza levantada como mirando al cielo, solo que con
los ojos cerrados.
Acomodamos nuestras ropas y caminamos a casa, las
murmuraciones continuaban, pero a esa altura y después de lo vivido, solo nos
quedo reírnos de la gente, me dejó hasta mi puerta y se marcho, nunca mas supe
de él.