Llegamos hasta la terraza del bar con el bañador puesto yo, y
el bikini mi novia. Nos sentamos y pedimos unas cervezas. Hacía calor. Delante
nuestro había sentada una mujer de unos 40 años. Me llamó enseguida la atención.
Morena, piel tostada por el sol, enormes gafas de sol, top ajustado marcando
prominentes pezones, y una falda hasta la rodilla. Pero lo que más me llamó la
atención fueron sus tersas piernas bien torneadas y los preciosos pies muy bien
cuidados y con pedicura francesa. Vestía una pulsera en el tobillo, y calzaba
unas magnificas sandalias de madera con un gran tacón. Leía el periódico.
Llegó el camarero y nos sirvió las bebidas. Mi novia se
recostó hacia atrás y levantó la cabeza para tomar el sol. Yo me quedé embobado
mirando esos maravillosos pies. Cruzó las piernas y dejó que la sandalia colgara
de su pie, con leves movimientos la levantaba y bajaba. Mi paquete comenzó a
crecer. Intentaba disimular, pero la mujer levantó la vista del periódico y me
sonrió. Bajé la mirada y ella siguió leyendo. Dio un fuerte golpe con la madera
del tacón en el suelo al cambiar el cruce de pierna. Creo que fue para llamar mi
atención de nuevo. Comenzó a sacar lentamente su pie de la sandalia que apoyaba
en el suelo. Mi polla crecía.
A los pocos segundos, mi novia vio los juegos que estaba
haciendo la mujer con los pies.
¿Te está poniendo caliente? – Me preguntó.
Un poco sí…
La verdad es que tiene unos pies preciosos, cariño… ¿te
gustaría lamerlos?
Ya sabes que si…
¿Más que los míos?
Los tuyos los tengo cada día, esos no…
Mi novia comenzó a acariciarme la pierna por debajo de la
mesa. Yo me concentraba en los pies de la mujer que había comenzado a mover sus
pies con descaro. Me sonreía. Apoyaba los dedos de los pies en el tacón y hacia
presión para levantar la punta de la sandalia. Mi novia jugaba con su mano sobre
mi paquete, trazaba círculos recreándose en el interior de mis muslos. La mujer
se agachó y comenzó masajear su pie, recreándose en sus dedos. Después metía y
sacaba el pie de la sandalia lentamente.
Mi novia entendió a la perfección ese movimiento.
Acércate – Me dijo, accedí, nuestras piernas se tocaban.
Metió su mano debajo de mi bañador, mi verga estaba
completamente dura y un flujo de líquido seminal aparecía por la punta de mi
glande. Agarró con firmeza mi polla y comenzó a frotarla al mismo ritmo que la
mujer metía y sacaba su pie. La mujer nos miraba y sonreía. Aceleraba el juego
de su pie y mi novia la seguía, luego de golpe paraba y m novia recreaba el
parón en mi verga. Yo no podía más.
Estoy mojando el bikini- me dijo mi novia. – Me encanta
este juego.
La mujer podía incluso oírnos, ya que entre nuestras mesas no
había más de dos metros. La mujer levantó el pie que colgaba de su pierna
cruzada y me ofreció una gran visión de su planta y talón. Lentamente fue
arqueando el pie y me mostró todas la pequeñas arrugas que se le formaban en la
planta. Mi novia aceleraba el ritmo con cuidado de que no nos vieran las demás
mesas. Mi cara denotaba la enorme excitación que tenía. Me contenía para no
dejar ir un gemido. La mujer simuló que le caía el periódico y entonces se
agachó mostrando sus perfectas plantas y su goloso trasero, tardó una eternidad
en recoger todos los papeles. Mi novia aceleró aún más su frenético movimiento
entendiendo que no podía retenerme mucho más.
Fíjate como te provoca, tiene ganas de que la penetres.
Esta cachondisima. – Me susurraba al oído.
La mujer se levantó y se sentó de nuevo, nos sonrió y con un
movimiento del pie lanzó su sandalia hasta los pies de mi novia. Mi novia le
sonrió y recogió la sandalia.
Sacatela – Me susurro. Accedí y polla asomó por el
bañador.
La mujer se recostó hacía atrás para tener un ángulo de
visión de mi verga durísima. Mi novia acercó la sandalia a mi polla y con
movimientos rítmicos comenzó lo que debía ser una explosión de placer.
Correte cariño, mánchale la sandalia completamente,
correte como nunca lo has hecho, demuéstrale a esta salida lo que tengo en
casa – me susurraba, o que aún hacía que aumentara mi excitación. Mi novia
se dio cuenta de que llegaba e momento y acercó la sandalia para que rozara
todo el tronco de mi polla. Con fuerza bajó mi verga apuntando a la sandalia
y con tres movimientos espasmicos consiguió que mi leche comenzará a salir
con una presión incontrolada. Manché toda la sandalia, y la mano de mi
novia, que se limpió mirando a la mujer y lamiendo mi leche entre sus dedos.
Guardé mi polla aún con la respiración cortada. Mi novia dejó la sandalia en
el suelo junto a ella, la mujer se levantó, se acercó y lentamente se colocó
la sandalia. Nos levantamos mientras veíamos como se alejaba, y una mancha
húmeda aparecía a la altura de su fenomenal trasero.
PD. Agradecería comentarios, muchas gracias.