LOS PROBLEMAS QUE NOS TRAJO EL DISFRAZ DE CABALLO 3
Por Lindo Culo 04.
Para cuando Rolando llegó a mi casa, mi novia había llamado
avisando que no iba a venir porque tenía que ir a estudiar a la casa de una
amiga. Como no me dijo el nombre ni el teléfono de la amiga, era obvio que "la
amiga" sería uno de los muchachos con el que desapareció durante el baile de
disfraz de la otra noche, la noche en que Rolando y yo tuvimos que ir embolsados
dentro del disfraz de caballo, yo oliéndole el culo por todo el camino. Hermoso
culo, por suerte. Margarita, la novia de mi amigo, se quedó con nosotros apenas
un ratito, en el que se fue a la cocina a preparar algo para comer.
Como nosotros estábamos en el living y Margarita no podía
vernos, yo aproveché para agacharme y besarle a Rolando su potente culo, aunque
más no fuera a través de la tela del pantalón. Rolando, por su parte, vigilaba
la cocina para avisarme si volvía su novia. Entretanto sacó su soberbio culo
hacia atrás, para que pudiera besárselo bien.
Esta afición data de la noche en que compartimos el traje de
caballo, por lo cual tuve que ir todo el camino oliéndole el culo.
Como el disfraz era cortito, Rolando estuvo todo el camino
masajeando mi rostro con sus nalgas. Ya a mitad del camino se las estaba besando
a través de la tela del pantalón. Y mi amigo se entusiasmó y me culeó la cara
con deliberación.
Bueno, la cuestión es que ahí estaba yo besándole el culo
mientras su novia estaba en la cocina. Pude hacerlo durante casi dos minutos,
así que mi amigo se empalmó completamente, aunque no se le notaba porque su
calzoncillo disimulaba su bulto. Y también el mío.
Margarita volvió con un té con leche y algunos sándwiches,
pero olvidó el azúcar y la leche, por lo cual debió irse por otro momento. Yo
aproveché para darle un beso en la polla a mi amigo, siempre a través del
pantalón. Fueron unos segundos nomás, pero algo es algo.
Después de la merienda fue el turno de Margarita de
disculparse porque "tenía trabajo en la oficina". Otro macho, claro.
Así que Rolando la acompañó hasta la puerta de calle,
mientras atrás de él yo le metía mano en el culo.
Y nos quedamos los dos solos en la casa. Y teníamos
perfectamente en claro que teníamos ganas de hacer unas cuantas cosas.
Primero juguetear un rato. Mientras mi amigo, sentado en el
sofá, hacía una llamada telefónica, se inclinó para que yo pudiera tocarle o
besarle el curo mientras él hablaba. Opté por besárselo. Y Rolando mantuvo la
conversación telefónica bastante tiempo, como para que yo pudiera mantener la
cabeza en el ángulo que formaba su traste con el sofá, y engolosinarme con él.
Naturalmente, cuando con la mano tanteé su bulto este estaba durísimo. Y también
el mío, claro.
Cuando colgó nos sacamos los zapatos y nos fuimos a la cama.
Sin mediar una palabra, ni sacarnos los pantalones, nos pusimos en posición para
un sesenta y nueve, con él arriba.
Nuestros respectivos rostros enterrados en nuestros
respectivos culos. Ah, que placer. Rolando me restregaba su fantástico culo por
mi cara, moviéndolo en círculos, apretándolo, moviéndolo arriba y abajo y a los
costados, poniéndome en estado de trance. Y yo otro tanto, porque aunque mi culo
no es tan robusto como el de mi amigo, también es muy lindo y lleno de
sensibilidad. De modo que podía sentir todos y cada uno de los besos que la
hambrienta boca de Rolando daba en mis glúteos. Yo le estaba devolviendo el
favor en forma apasionada, y ambos gemíamos, tanto era el gusto que sentíamos.
Después Rolando retrocedió un poco y con su boca apresó mi
polla a través del pantalón, por lo cual yo pude hacer lo mismo. El olor de la
gorda polla de mi amigo, tan dura como estaba, me transtornó y se la estuve
mamando, siempre a través del pantalón, sin poder –ni querer- parar.
El tratamiento que Rolando le estaba dando a mi polla era
glorioso. No faltaba nada, incluso las pequeñas mordidas para aumentar las
sensaciones que su boca húmeda me producía a través del pantalón.
Estaba claro que seguiríamos así hasta que ambos nos
corriéramos, así que ambos fuimos regulando nuestras respectivas chupadas, para
llegar juntos. Mi amigo comenzó a restregarme su polla en la cara, haciéndome
sentir completamente puto al sentir semejante tratamiento sobre mi rostro.
Así que primero me hizo sentir su soberbio culazo y después
su gran pollota. Yo estaba en estado de éxtasis total y terminé corriéndome,
mientras Rolando absorbía mi semen a través del pantalón, con su boca húmeda y
caliente. Afortunadamente él había estado regulando nuestros movimientos, y yo
pude tragarme todo su semen a través del pantalón. Qué gusto…!
Yo seguí chupando y chupando hasta que el pantalón le quedó
limpito. Y él hizo lo mismo.
Nos quedamos así como estábamos, oliendo y aún lamiendo lo
poco que quedaba, más que nada para continuar abrazados en ese sesenta y nueve.
Luego tomamos un café con leche con medialunas. Y a
continuación nos sacamos las prendas inferiores, quedando ambos con el culo al
aire.
Haciéndome poner boca arriba, Rolando sentó su culo sobre mi
cara. Sus peludas y carnosas nalgas abarcaron ambos lados de mi rostro, que
quedó enterrado profundamente. Cada tanto mi amigo levantaba levemente su culazo
para permitirme respirar, e inmediatamente volvía a bajarlo para que yo le
lamiera el lado interno de sus glúteos. El sabor era formidable, y cuando
Rolando abrió un poco más su culo para que yo pudiera llegar a su agujerito,
lancé mi lengua ansiosamente. Mi amigo, para disfrutar más, hamacaba su culazo
sobre mi rostro. En tanto, con su mano derecha comenzó a manosearme el nabo,
consiguiendo una rápida erección, que él continuó amasando en una paja lenta que
me llevó rápidamente al cielo. Con la otra mano me metió un dedo envaselinado en
el culo.
Entre la sensación de ese tremendo orto sobre mi cara, y sus
movimientos de suave frotación, y la suave cabalgata que hacía sobre mi cara, el
sabor de ese ojete, los manoseos sobre mi erecto nabo y sus dedos en mi culo
(ahora eran dos) yo estaba completamente despatarrado y en su poder. Este
muchacho me estaba pudiendo a su antojo, y yo avanzaba hacia derretirme en un
orgasmo cada vez más poderoso, que él conducía con determinación y suavidad. No
tardé más de quince minutos en estar a punto de correrme. Yo sentía como la
leche se iba acumulando, presta a lanzarse.
En ese momento sonó el teléfono. Era mi novia que llamaba
para avisarme que tenía que seguir "estudiando" y esa noche no iba a poder
venir. Naturalmente, no pude atenderla, y Rolando usó su mano derecha para tomar
el teléfono y le dio cualquier excusa y luego me pasó la noticia, mientras con
su mano izquierda seguía cogiendo mi orto. Al hacerlo me lanzó un pedo lento y
grande que inundó mis fosas nasales y se constituyó en el único aire que me dio
para respirar. Por suerte no tenía un olor pestilente, pero un pedo es un pedo.
Y un gran pedo es un gran pedo. Y entonces, en medio del gran pedo de mi amigo,
me corrí.
El continuó con los movimientos de su gran culo sobre mi
rostro, mientras de mi choto brotaban los chorros de mi tremenda acabada.
Luego se levantó y, dándose vuelta se sentó en mi pecho, con
su enorme pollota frente a mi cara, y pajeándose enérgicamente me llenó el
rostro con sus trallazos de leche pringosa. Los recibí uno tras otro con una
mezcla de humillación y placer exquisito.
Luego metió su poronga en mi boca y se quedó quieto, hasta
que sentí como su orín iba llenando mi boca. Era mucho así que tuve que tragar y
tragar. Finalmente me la dejó adentro y yo supe que esperaba que se la chupara
para que se le parara nuevamente. Sabía que mi amigo podía entregarme dos polvos
seguidos, y cuando estuvo completamente al palo, me dio vuelta y me enterró su
gruesa poronga en el culo.
Me sentí muy humillado y muy, pero muy, caliente. Sentir el
grosor de ese miembro duro y vigoroso ensanchando las paredes de mi orto, me
llevó al cielo de los masoquistas bien garchados. Y qué garchada. Su poronga iba
y venía con determinación y vehemencia. Mi amigo me estaba dando la mejor cogida
de mi vida. Y así continuó por cosa de más de veinte o veinticinco minutos, que
fue lo que tardó en darme la enterrada final, y hacerme sentir en las paredes de
mi orto las pulsaciones de cada chorro que me mandó hacia mis profundidades. Los
últimos movimientos fueron varios empujones cortitos y enérgicos. Se quedó un
ratito más, dejándome sentir el ojete completamente lleno, y luego, muy
lentamente, lo fue abandonando.
Su acabada había sido tan profunda que había llegado hasta
profundidades nunca soñadas de mis intestinos, y allí se quedó.
Luego me hizo parar y me dio un gran beso de lengua, mientras
nuestras porongas se tocaban, sintiéndose mutuamente la una a la otra.
Yo me quedé entre sus brazos musculosos que me sostenían,
mientras continuaba besándome en la boca, revolviéndome su lengua.
Finalmente me soltó y caí de espaldas en la cama totalmente
despatarrado.
Y realmente no nos importó para nada que nuestras novias
estuvieran engañándonos con quien sabe quienes.
En el próximo encuentro volveríamos a jugar "al disfraz de
caballo", pero debía reponerme de la paliza sexual que acababa de darme mi
amigo.
Si quieres escribirme hazlo a
lindoculo04@yahoo.com.ar
contándome que te ha parecido este relato. Besos.