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 TODORELATOS.COM Fecha: 04 de Diciembre, 2008.
Fecha: 17-May-07 « Anterior | Siguiente » en No Consentido (1519 de 1817)

Por unos ojos verdes...

Darkeduardo
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Compañera de la universidad, todo iba bien hasta que llegaron a hacernos compañia... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

... eran casi las 11 de la noche en de una bella nocturna de invierno. Todos los presentes bailábamos al ritmo de música moderna entre arreglos de pantallas, sonidos y luces. Yo, un joven de 20 años, piel morena clara, de poco más de 180 cm de alto, cabello negro y ojos que hacen juego, enfundado en un pantalón de vestir color negro y una camisa amarilla, me intentaba dejar llevar al compás de la canción que se escuchaba.

A poca distancia, Angélica, una compañera de estudios en la universidad se desenvolvía atrayendo la atención de los que la rodeaban, llevaba unos jeans ajustados que dejaban presumir su envidiable figura, una blusa de tela ligera en color rosa, y en su cabello largo un broche en forma de corazón. Desde el primer día de estudios la había notado, ya habíamos intercambiado nombres, pero las circunstancias no nos habían permitido pasar más de lo absolutamente necesario juntos, ya sea para preguntas o trabajos. Me perdí mirando su cuerpo, sus senos medianos pero bien redondeados que en más de una ocasión me habían robado el sueño, sus ojos verdes, su cabello negro intenso y lo más llamativo de ella eran sus muy bien desarrollados glúteos.

Me disculpe de mis acompañantes que bailaban a mi alrededor, le prometí una bebida a quien estaba siendo mi pareja de baile, y caminé, como pude, hacia donde estaba Angélica, toqué su hombro y al descubrirme no tardo en abandonar a las amigas que estaban con ella y bailar mirando de frente hacía mi.

No sabía que te gustaran los antros. – le dije hablando lo más fuerte que podía para escucharme sobre la música.

No, no me gustan, pero pues ya que ando aquí... – respondió acercándose mucho a mi oído.

Bailamos juntos un par de pistas más, hasta que empezó un parte de música norteña, tomó mi mano y me guió hacía la mesa que habían apartado. Charlamos hasta quedarnos afónicos, más bien, ella fue la que hablo, yo estaba embelesado viendo el generoso escote que la blusa mostraba orgullosas. Sus manos se posaban en mis rodillas, en mis muslos y notaba como en el ambiente la temperatura subía lentamente.

La música de corte reggeatón se hizo presente, mi compañera me pidió nos levantáramos. Acepte. Nos colocamos en una de las orillas de la pista de baile y de inmediato nos dejamos llevar, ella bailaba de manera sugestiva, me daba la espalda y agitaba con energía su precioso trasero, después se acercaba un poco más hasta donde nuestros cuerpos comenzaban a tocarse, llevó las manos hacía arriba y provocó que su blusa dejara al descubierto su abdomen, rápido tomé su cintura entre mis manos y con movimientos rítmicos pegaba mi miembro a sus nalgas, ella no decía nada, se movía conmigo y de vez en cuando sonreía. Dio la vuelta para quedar de frente, nuestros rostros de encontraron a poca distancia, sentía su respiración, la acerqué con delicadeza y sin dejar de movernos nos fundimos en un apasionado beso.

Sentía sus senos apretándose entre nuestros cuerpos, mis manos se aferraron a sus glúteos y estoy seguro de que ella sentía a su vez mi miembro intentándose clavar un poco más debajo de su ombligo. Nuestras lenguas se entrelazaban con desesperación, mientras que nuestros labios buscaban hacer el equilibrio perfecto entre su presión y la mía. No se cuanto tiempo después nos separamos, me acerqué a su oído y dije.

¿Nos vamos?

Salimos del lugar a los pocos minutos, ella se fue a despedir de sus amigas y yo busqué a quienes habían asistido conmigo, solo encontré a Jessica que enfadada me exigió su bebida, le dije que me tenía que ir y ella asintió cuando le pedí me despidiera de los demás.

El chevy color azul que me habían regalado en mi último cumpleaños arrancó. Angélica me miraba y platicábamos de cualquier cosa, se notaban sus pezones erectos y constantemente pasaba sus manos sobre sus senos en un acto de abierta coquetería.. Cuando hice un cambio de velocidad aproveche para acariciar su muslo izquierdo, subí un poco mi mano hacía su zona genital, otro cambio, regrese directo a la cremallera de sus jeans, metí mi mano y noté de inmediato que para ese momento ya estaba mojada.

Pase mis dedos por sobre su tanga acariciando todo lo que encontraba, ella no decía nada, solo de poco en poco gemía en voz apenas audible. Una de sus manos se enredo entre mi brazo y la otra se aferraba con fuerza en una de las agarraderas de la puerta.

Llévame a tu casa... – dijo con voz entrecortada – a donde sea...

Di la vuelta con violencia, la casa de uno de mis primos estaba muy cerca, mi casa, según pude recordar estaría ocupada con mi familia que no había salido, mi primo era demasiado parrandero y con algo de suerte no estaría en casa, y si estaba, no haría preguntas solo se desaparecería como ya antes había hecho. Estacioné fuera de un complejo habitacional, ninguna luz se miraba encendida en su piso, la conduje hacia el sitio, su respiración estaba ya un poco más normal, sus pezones seguían apuntando amenazadores hacía adelante y su cremallera cerrada con prisa había aprisionado un trozo de la poca tela de su tanga.

Saque la llave de la planta que caía en una de las paredes, era un escondite excelente y pocos, muy pocos de la familia sabíamos de su existencia. Entremos a la casa que estaba completamente a oscuras, mientras nos besábamos de nuevo encendí a tientas la luz y me encontré directamente con esos ojos verdes que me miraban de forma casi implorante.

Nos tumbamos en el sofá, recorrí su cuerpo, qué aún cubierto por las prendas despedía un calor excitante, ella correspondía con leves sonidos y abriendo con ansias la cremallera de mi pantalón, lo hizo caer sin prestar atención y de un jalón me desprendió de los boxers que me cubrían. Miró mi miembro erecto apuntando hacía ella, lo tomó suavemente con una de sus manos y casi de inmediato su lengua paso deliciosa sobre la punta de mi glande, al instante una oleada de placer me vino, recorría con experiencia mi falo, metía todo lo que podía en su boca y luego haciendo poca presión lo sacaba, el resultado, la mejor sesión de sexo oral que he recibido. Mientras ella chupaba con deseo mi pene, y sus manos apretaban despacio mis testículos, yo había conseguido levantar su blusa, desabrochar un elegante sostén color rosa y acariciaba sus pechos, jugueteaba con sus pezones y los apretaba provocándole el placer que ella me hacía sentir.

Levántate... – le pedí mientras sostenía sus senos.

Se deshizo de la blusa mientras yo ya estaba bajando sus jeans junto con su tanga, cuando iba por las rodillas me acerque a su vulva, respiraba su aroma a mujer y rozaba mi nariz entre sus pocos bellos púbicos.

No, ¿qué... qué hacer? – dijo intentando sin mucha convicción apartar mi cabeza de ahí – no huelas ahí.

Podría hacerlo durante toda mi vida... – le respondí tras besar tiernamente su clítoris y con mis manos separar un poco sus glúteos.

Me recosté sobre el sofá, ella a su vez se hinco dispuesta a continuar con su anterior labor, le pedí se recostará sobre mi, dudo un poco pero al fin su área sexual quedo a la altura de mi boca y ella lamía sin dejar de intentar ver que iba a hacer yo. Separé sus labios vaginales y metí mi lengua en su vagina, mis manos se sostenían de sus lagas y con frecuencia apretaba entre mis labios su clítoris, ella mientras tanto no podía dejar de gemir, ya no chupaba mi miembro sino que solo lo sostenía con una de sus manos y me masturbaba cuando su propia excitación se lo permitía. Hablamos en este idioma un par de minutos, su lengua ya recorría mi miembro y los fluidos de su primer orgasmo ya escurrían por sobre mi rostro. Su sabor era agridulce, agradable a mi gusto y demasiado adictivo como para dejar de lamer aquel delicioso elixir.

La puerta se abrió de pronto, y mi primo seguido de una comitiva de amigos y amigas entraron haciendo mucho ruido. Me levanté de prisa al tiempo que Angélica intentaba ocultar su desnudez con un cojín que alcanzó, la abracé y coloqué la primera prenda que tomé, su sostén, sobre mi miembro intentando cubrirlo.

¡Eduardo! – dijo mi primo Rodrigo quién iba a su vez abrazando a una ya casi desnuda joven - ¿Qué haces a...? – su mirada descubrió un poco tarde a mi acompañante, sonrió de complicidad y cerró la puerta detrás de el.

Pensé que... que no tenías novia – dijo Rodrigo sentándose muy cerca de Angélica.

Lo somos a partir de hoy... – mentí mientras acercaba más a mi pareja que había comenzado a temblar - ¿y tu? ¿quién es ella?

Se levantó con una sonrisa algo tétrica, la abrazo y con la otra mano tomó uno de los senos de la joven que no pronunció más respuesta que un ligero rubor.

Es una compañera de trabajo – dijo mientras le quitaba la camisa color negro que ella llevaba dejándola en un sostén del mismo color – cogemos para aliviar el estrés.

Angélica ya se había comenzado a poner la tanga, y su sostén estaba a corta distancia, noté como su tensión iba en aumento así que comencé a despedirme diciendo que ella tenía que llegar a su casa. Mi primo de detuvo tomándome del brazo, el era más de 7 años mayor que yo, no le tenía miedo, pero por alguna extraña razón lo respetaba demasiado debido al semblante amenazador que emitía.

No puedes dejar a tu novia así... – dijo en voz perfectamente audible, Angélica tomó fuertemente mi brazo.

Dejarla... ¿cómo, digo, ya hicimos lo que venimos a hacer, o a qué te refieres?

¿Ya se lo metiste?

La brusquedad de la pregunta no me hubiera molestado de haber estado el y yo hablando a solas, pero Angélica me miraba expectante y la acompañante de mi primo comenzaba a desnudarse como si nada estuviera ocurriendo. Sus senos eran enormes, para su estatura, de pezones pequeños y areola muy marcada, no era una belleza, pero estoy seguro de que nadie le diría que no a follar con ella un rato.

Si...

¡Pinche mentiroso! – contestó sin medirse en el volumen, ahí fue cuando noté un fuerte olor a algo... algo...

¿Qué estuviste fumando?

¡Eso a ti es algo que te debe de valer madres!

Rodrigo – dije, dándole a mi pareja su blusa – ya nos vamos... no te quito más el tiempo.

Lo que paso después fue demasiado rápido, me levanté, desnudo, su amiga me miró y me mostró su sexo abiertamente sentándose sobre la mesa. Noté el fuerte olor de su excitación, giré para ver a Angélica que se había vestido oculta detrás de mi, pero ella miraba espantada hacía otra dirección sosteniendo aún el broche de su cabello en las manos. Rodrigo, me apuntaba directamente con una navaja, la reconocí, esa misma navaja había pertenecido a nuestro abuelo que había muerto hacía poco.

¿Qué haces? – le pregunté sin dejar de ver la hoja plateada.

¡Quítate cabrón! ¡quítate o aquí quedas güey!

No digas estupideces...

Apartó la mano que había levantado para hacer a un lado la navaja, solo recuerdo que sentí un dolor intenso en mi costado, cuando abrí los ojos de nuevo estaba en el suelo, sin perder tiempo su amiga se acercó, me tumbó dejándome completamente sobre mi espalda, y comenzó a chupar mi miembro que ya estaba flácido.

A un par de metros, Angélica estaba siendo atacada por mi pariente, con la navaja corto los cordones que sostenían su blusa, levantó el sujetador y con exceso de fuerza lamía los pezones de una cada vez más asustada joven.

¡Mira pendeja, ese cabrón que tienes por novio no quiere meterte la verga, pero no te vas a ir de aquí sin haber sentido una de nuestra familia! – le dijo cuando ella lo empujaba – tu decides, o te lo meto o te lo meto.

Sentía repulsión por la que ahora apresaba mi miembro entre sus senos y lamía la punta al quedar descubierta. Me sonreía con picardía y volvía a su tarea. Quería moverme pero el dolor era demasiado intento y solo pude ver cuando Rodrigo obligaba a ponerse en cuatro puntos a una Angélica que volvía a estar desnuda, pero que esta vez no mostraba el mínimo de excitación. Metió primero un dedo en su ano, ella tuvo un estremecimiento, me miraba pidiendo misericordia, ayuda, pero yo estaba tan inutilizado que no podía hacer nada más que observar.

Tu coño es de tu novio... – dijo cuando ya introducía el tercer dedo en el recto de mi novia – pero tu culito es algo que no puedo dejar pasar... ¡y nada de gritos puta! ¿entendido?

No hubo tiempo de respuesta, el miembro de mi primo de abría paso en el ano de Angélica que mordía sus labios y cerraba fuertemente los ojos tratando de no gritar. Mi guardiana ahora apuntaba mi miembro al mismo orificio, deseé con todas mis fuerzas correrme antes de que eso pasara, pero la poca erección que tenía entró con demasiada facilidad entre el enorme trasero de la compañera de trabajo de mi primo.

Mi pariente tuvo su orgasmo entre gritos y groserías, Angélica lloraba y me miraba mientras la otra mujer me acercaba su vagina a mis labios que permanecían cerrados negándose a moverse.

¡perdón por lo de la puñalada primo, pero es que me preocupa que te estas volviendo medio maricón! – dijo acercándole el miembro a la boca de su amiga quien de inmediato quizó devorarlo – y, por favor no le digas a nadie que ando consumiendo... tu sabes...

No respondí, de hecho no volví a pronunciar palabra alguna mientras mi amiga me curaba la herida, las clases de medicina nos habían servido después de todo...

Esto paso hace un par de días, hoy por la mañana Angélica se acercó, me abrazó por la espalda y me susurró...

- dejamos algo pendiente... – y agregó cuando estuvo segura de que solo yo la escuchaba – pero esta vez, preferiría que fuéramos a mi casa... tu familia es... algo especial.

TodoRelatos.com © Darkeduardo

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