... eran casi las 11 de la noche en de una bella nocturna de
invierno. Todos los presentes bailábamos al ritmo de música moderna entre
arreglos de pantallas, sonidos y luces. Yo, un joven de 20 años, piel morena
clara, de poco más de 180 cm de alto, cabello negro y ojos que hacen juego,
enfundado en un pantalón de vestir color negro y una camisa amarilla, me
intentaba dejar llevar al compás de la canción que se escuchaba.
A poca distancia, Angélica, una compañera de estudios en la
universidad se desenvolvía atrayendo la atención de los que la rodeaban, llevaba
unos jeans ajustados que dejaban presumir su envidiable figura, una blusa de
tela ligera en color rosa, y en su cabello largo un broche en forma de corazón.
Desde el primer día de estudios la había notado, ya habíamos intercambiado
nombres, pero las circunstancias no nos habían permitido pasar más de lo
absolutamente necesario juntos, ya sea para preguntas o trabajos. Me perdí
mirando su cuerpo, sus senos medianos pero bien redondeados que en más de una
ocasión me habían robado el sueño, sus ojos verdes, su cabello negro intenso y
lo más llamativo de ella eran sus muy bien desarrollados glúteos.
Me disculpe de mis acompañantes que bailaban a mi alrededor,
le prometí una bebida a quien estaba siendo mi pareja de baile, y caminé, como
pude, hacia donde estaba Angélica, toqué su hombro y al descubrirme no tardo en
abandonar a las amigas que estaban con ella y bailar mirando de frente hacía mi.
No sabía que te gustaran los antros. – le dije hablando
lo más fuerte que podía para escucharme sobre la música.
No, no me gustan, pero pues ya que ando aquí... –
respondió acercándose mucho a mi oído.
Bailamos juntos un par de pistas más, hasta que empezó un
parte de música norteña, tomó mi mano y me guió hacía la mesa que habían
apartado. Charlamos hasta quedarnos afónicos, más bien, ella fue la que hablo,
yo estaba embelesado viendo el generoso escote que la blusa mostraba orgullosas.
Sus manos se posaban en mis rodillas, en mis muslos y notaba como en el ambiente
la temperatura subía lentamente.
La música de corte reggeatón se hizo presente, mi compañera
me pidió nos levantáramos. Acepte. Nos colocamos en una de las orillas de la
pista de baile y de inmediato nos dejamos llevar, ella bailaba de manera
sugestiva, me daba la espalda y agitaba con energía su precioso trasero, después
se acercaba un poco más hasta donde nuestros cuerpos comenzaban a tocarse, llevó
las manos hacía arriba y provocó que su blusa dejara al descubierto su abdomen,
rápido tomé su cintura entre mis manos y con movimientos rítmicos pegaba mi
miembro a sus nalgas, ella no decía nada, se movía conmigo y de vez en cuando
sonreía. Dio la vuelta para quedar de frente, nuestros rostros de encontraron a
poca distancia, sentía su respiración, la acerqué con delicadeza y sin dejar de
movernos nos fundimos en un apasionado beso.
Sentía sus senos apretándose entre nuestros cuerpos, mis
manos se aferraron a sus glúteos y estoy seguro de que ella sentía a su vez mi
miembro intentándose clavar un poco más debajo de su ombligo. Nuestras lenguas
se entrelazaban con desesperación, mientras que nuestros labios buscaban hacer
el equilibrio perfecto entre su presión y la mía. No se cuanto tiempo después
nos separamos, me acerqué a su oído y dije.
¿Nos vamos?
Salimos del lugar a los pocos minutos, ella se fue a despedir
de sus amigas y yo busqué a quienes habían asistido conmigo, solo encontré a
Jessica que enfadada me exigió su bebida, le dije que me tenía que ir y ella
asintió cuando le pedí me despidiera de los demás.
El chevy color azul que me habían regalado en mi último
cumpleaños arrancó. Angélica me miraba y platicábamos de cualquier cosa, se
notaban sus pezones erectos y constantemente pasaba sus manos sobre sus senos en
un acto de abierta coquetería.. Cuando hice un cambio de velocidad aproveche
para acariciar su muslo izquierdo, subí un poco mi mano hacía su zona genital,
otro cambio, regrese directo a la cremallera de sus jeans, metí mi mano y noté
de inmediato que para ese momento ya estaba mojada.
Pase mis dedos por sobre su tanga acariciando todo lo que
encontraba, ella no decía nada, solo de poco en poco gemía en voz apenas
audible. Una de sus manos se enredo entre mi brazo y la otra se aferraba con
fuerza en una de las agarraderas de la puerta.
Llévame a tu casa... – dijo con voz entrecortada – a
donde sea...
Di la vuelta con violencia, la casa de uno de mis primos
estaba muy cerca, mi casa, según pude recordar estaría ocupada con mi familia
que no había salido, mi primo era demasiado parrandero y con algo de suerte no
estaría en casa, y si estaba, no haría preguntas solo se desaparecería como ya
antes había hecho. Estacioné fuera de un complejo habitacional, ninguna luz se
miraba encendida en su piso, la conduje hacia el sitio, su respiración estaba ya
un poco más normal, sus pezones seguían apuntando amenazadores hacía adelante y
su cremallera cerrada con prisa había aprisionado un trozo de la poca tela de su
tanga.
Saque la llave de la planta que caía en una de las paredes,
era un escondite excelente y pocos, muy pocos de la familia sabíamos de su
existencia. Entremos a la casa que estaba completamente a oscuras, mientras nos
besábamos de nuevo encendí a tientas la luz y me encontré directamente con esos
ojos verdes que me miraban de forma casi implorante.
Nos tumbamos en el sofá, recorrí su cuerpo, qué aún cubierto
por las prendas despedía un calor excitante, ella correspondía con leves sonidos
y abriendo con ansias la cremallera de mi pantalón, lo hizo caer sin prestar
atención y de un jalón me desprendió de los boxers que me cubrían. Miró mi
miembro erecto apuntando hacía ella, lo tomó suavemente con una de sus manos y
casi de inmediato su lengua paso deliciosa sobre la punta de mi glande, al
instante una oleada de placer me vino, recorría con experiencia mi falo, metía
todo lo que podía en su boca y luego haciendo poca presión lo sacaba, el
resultado, la mejor sesión de sexo oral que he recibido. Mientras ella chupaba
con deseo mi pene, y sus manos apretaban despacio mis testículos, yo había
conseguido levantar su blusa, desabrochar un elegante sostén color rosa y
acariciaba sus pechos, jugueteaba con sus pezones y los apretaba provocándole el
placer que ella me hacía sentir.
Levántate... – le pedí mientras sostenía sus senos.
Se deshizo de la blusa mientras yo ya estaba bajando sus
jeans junto con su tanga, cuando iba por las rodillas me acerque a su vulva,
respiraba su aroma a mujer y rozaba mi nariz entre sus pocos bellos púbicos.
No, ¿qué... qué hacer? – dijo intentando sin mucha
convicción apartar mi cabeza de ahí – no huelas ahí.
Podría hacerlo durante toda mi vida... – le respondí tras
besar tiernamente su clítoris y con mis manos separar un poco sus glúteos.
Me recosté sobre el sofá, ella a su vez se hinco dispuesta a
continuar con su anterior labor, le pedí se recostará sobre mi, dudo un poco
pero al fin su área sexual quedo a la altura de mi boca y ella lamía sin dejar
de intentar ver que iba a hacer yo. Separé sus labios vaginales y metí mi lengua
en su vagina, mis manos se sostenían de sus lagas y con frecuencia apretaba
entre mis labios su clítoris, ella mientras tanto no podía dejar de gemir, ya no
chupaba mi miembro sino que solo lo sostenía con una de sus manos y me
masturbaba cuando su propia excitación se lo permitía. Hablamos en este idioma
un par de minutos, su lengua ya recorría mi miembro y los fluidos de su primer
orgasmo ya escurrían por sobre mi rostro. Su sabor era agridulce, agradable a mi
gusto y demasiado adictivo como para dejar de lamer aquel delicioso elixir.
La puerta se abrió de pronto, y mi primo seguido de una
comitiva de amigos y amigas entraron haciendo mucho ruido. Me levanté de prisa
al tiempo que Angélica intentaba ocultar su desnudez con un cojín que alcanzó,
la abracé y coloqué la primera prenda que tomé, su sostén, sobre mi miembro
intentando cubrirlo.
¡Eduardo! – dijo mi primo Rodrigo quién iba a su vez
abrazando a una ya casi desnuda joven - ¿Qué haces a...? – su mirada
descubrió un poco tarde a mi acompañante, sonrió de complicidad y cerró la
puerta detrás de el.
Pensé que... que no tenías novia – dijo Rodrigo
sentándose muy cerca de Angélica.
Lo somos a partir de hoy... – mentí mientras acercaba más
a mi pareja que había comenzado a temblar - ¿y tu? ¿quién es ella?
Se levantó con una sonrisa algo tétrica, la abrazo y con la
otra mano tomó uno de los senos de la joven que no pronunció más respuesta que
un ligero rubor.
Es una compañera de trabajo – dijo mientras le quitaba la
camisa color negro que ella llevaba dejándola en un sostén del mismo color –
cogemos para aliviar el estrés.
Angélica ya se había comenzado a poner la tanga, y su sostén
estaba a corta distancia, noté como su tensión iba en aumento así que comencé a
despedirme diciendo que ella tenía que llegar a su casa. Mi primo de detuvo
tomándome del brazo, el era más de 7 años mayor que yo, no le tenía miedo, pero
por alguna extraña razón lo respetaba demasiado debido al semblante amenazador
que emitía.
No puedes dejar a tu novia así... – dijo en voz
perfectamente audible, Angélica tomó fuertemente mi brazo.
Dejarla... ¿cómo, digo, ya hicimos lo que venimos a
hacer, o a qué te refieres?
¿Ya se lo metiste?
La brusquedad de la pregunta no me hubiera molestado de haber
estado el y yo hablando a solas, pero Angélica me miraba expectante y la
acompañante de mi primo comenzaba a desnudarse como si nada estuviera
ocurriendo. Sus senos eran enormes, para su estatura, de pezones pequeños y
areola muy marcada, no era una belleza, pero estoy seguro de que nadie le diría
que no a follar con ella un rato.
Si...
¡Pinche mentiroso! – contestó sin medirse en el volumen,
ahí fue cuando noté un fuerte olor a algo... algo...
¿Qué estuviste fumando?
¡Eso a ti es algo que te debe de valer madres!
Rodrigo – dije, dándole a mi pareja su blusa – ya nos
vamos... no te quito más el tiempo.
Lo que paso después fue demasiado rápido, me levanté,
desnudo, su amiga me miró y me mostró su sexo abiertamente sentándose sobre la
mesa. Noté el fuerte olor de su excitación, giré para ver a Angélica que se
había vestido oculta detrás de mi, pero ella miraba espantada hacía otra
dirección sosteniendo aún el broche de su cabello en las manos. Rodrigo, me
apuntaba directamente con una navaja, la reconocí, esa misma navaja había
pertenecido a nuestro abuelo que había muerto hacía poco.
¿Qué haces? – le pregunté sin dejar de ver la hoja
plateada.
¡Quítate cabrón! ¡quítate o aquí quedas güey!
No digas estupideces...
Apartó la mano que había levantado para hacer a un lado la
navaja, solo recuerdo que sentí un dolor intenso en mi costado, cuando abrí los
ojos de nuevo estaba en el suelo, sin perder tiempo su amiga se acercó, me tumbó
dejándome completamente sobre mi espalda, y comenzó a chupar mi miembro que ya
estaba flácido.
A un par de metros, Angélica estaba siendo atacada por mi
pariente, con la navaja corto los cordones que sostenían su blusa, levantó el
sujetador y con exceso de fuerza lamía los pezones de una cada vez más asustada
joven.
¡Mira pendeja, ese cabrón que tienes por novio no quiere
meterte la verga, pero no te vas a ir de aquí sin haber sentido una de
nuestra familia! – le dijo cuando ella lo empujaba – tu decides, o te lo
meto o te lo meto.
Sentía repulsión por la que ahora apresaba mi miembro entre
sus senos y lamía la punta al quedar descubierta. Me sonreía con picardía y
volvía a su tarea. Quería moverme pero el dolor era demasiado intento y solo
pude ver cuando Rodrigo obligaba a ponerse en cuatro puntos a una Angélica que
volvía a estar desnuda, pero que esta vez no mostraba el mínimo de excitación.
Metió primero un dedo en su ano, ella tuvo un estremecimiento, me miraba
pidiendo misericordia, ayuda, pero yo estaba tan inutilizado que no podía hacer
nada más que observar.
Tu coño es de tu novio... – dijo cuando ya introducía el
tercer dedo en el recto de mi novia – pero tu culito es algo que no puedo
dejar pasar... ¡y nada de gritos puta! ¿entendido?
No hubo tiempo de respuesta, el miembro de mi primo de abría
paso en el ano de Angélica que mordía sus labios y cerraba fuertemente los ojos
tratando de no gritar. Mi guardiana ahora apuntaba mi miembro al mismo orificio,
deseé con todas mis fuerzas correrme antes de que eso pasara, pero la poca
erección que tenía entró con demasiada facilidad entre el enorme trasero de la
compañera de trabajo de mi primo.
Mi pariente tuvo su orgasmo entre gritos y groserías,
Angélica lloraba y me miraba mientras la otra mujer me acercaba su vagina a mis
labios que permanecían cerrados negándose a moverse.
¡perdón por lo de la puñalada primo, pero es que me
preocupa que te estas volviendo medio maricón! – dijo acercándole el miembro
a la boca de su amiga quien de inmediato quizó devorarlo – y, por favor no
le digas a nadie que ando consumiendo... tu sabes...
No respondí, de hecho no volví a pronunciar palabra alguna
mientras mi amiga me curaba la herida, las clases de medicina nos habían servido
después de todo...
Esto paso hace un par de días, hoy por la mañana Angélica se
acercó, me abrazó por la espalda y me susurró...
- dejamos algo pendiente... – y agregó cuando estuvo segura
de que solo yo la escuchaba – pero esta vez, preferiría que fuéramos a mi
casa... tu familia es... algo especial.