Recibe el amanecer en casa del señor Policarpo, una persona con inhabitual
desagradecimiento respecto al que le es dirigido a cada nuevo sol que se cuela
por la cortinas de la alcoba. Los ojos de Angula son forzados a abrirse, bajo el
brillante efecto de un día ya avanzado cuando esta muchacha recibe noticia de
que debe afrontarlo.
Usualmente despierta ella mucho más temprano, quizá 2 o 3 horas más temprano.
Pero un desastroso suceso acaecido a las últimas horas del día anterior ha hecho
que la verdadera consciencia de la chica haya postergado su puesta en orden.
Muy diferente fue este "desastre" al que estuvo a punto de acabar con su vida, y
consiguiolo con otras, en el gigantesco incendio que se comió en una noche la
hacienda Astorga entera junto a varios de sus ocupantes. Este desastre significó
la desgracia eterna para sus posesores, las familias de estos, amigos,
asociados, e incluso la comarca entera ha perdido mucho de forma irreparable con
el suceso. Lo que aconteció la pasada noche no fue tan grave pero para una joven
mujer, que su esposo no sea capaz de corresponder su amor, tiene efectos
similares que preguntaranle si es este el programa que vida que desea.
Tenía mucha ilusión Angula con esa mágica noche que separase esos dos
importantes tramos de su vida; pasar de niña a mujer. Pero aparentemente la
demasiado avanzada edad de su cónyuge impidió que su verga tomara la
consistencia necesaria para romper su virginal barrera. Esta estaba bien
encajada en la entrada de la panocha de la muchacha, pero lo intentos de
Policarpo de introducirla resultaban inútiles pues se doblaba al sentir presión
por ambos extremos. Del extremo de Policarpo que empujaba y del extremo de la
prieta vagina de Angula que no se dejaba vencer por la insuficiente tensión de
su invasor. Estuvo la verga tratando de entrar, sin éxito, como una hora. A las
últimas la comprensiva muchacha tan sólo rogaba que entrara de una vez aunque
hubiese huido el romanticismo inicial. El carnet de mujer es algo que
gustabaríale a Angula, como a cualquier otra chica, conseguir de una manera
mágica e inolvidable. Pero siguiendo el "a falta de pan buenas son tortas" se
olvidó de sus identitarios deseos y dirigió sus ansiares a tan sólo la
consecución de la ceremonia de forma triunfal.
No fue posible pero Policarpo no le dio de mucha importancia. Apenas abandonada
la gesta, su esposo se durmió a su lado quizá ignorando lo abiertos que estaban
los ojos de ella. Esta llegó a desesperarse ante la situación de imposibilidad
de convertirse en mujer y pensó, en su marginal sueño, cosas fatales con las que
reaccionar al desastre. Afortunadamente el Dios del sueño venció la cabeza de
Angula antes que lo hiciera el Dios de la locura y la volviese una bella
demente, y se ha despertado esta con las constantes vitales más o menos
estables.
Su esposo no está a su lado. Habrá ido a alguno de los trabajos veterinarios de
que es responsable en la villa y no habrá dado importancia a la inhabitual
somnolencia de su esposa a raíz de la que también recuerda él olvidable noche.
Después de despejar la embotada cabeza, Angula se propone qué hacer hoy si es
que se ve capaz de hacer alguna cosa. Ve en el suelo su humilde camisón de noche
que de ningún propósito excitante proveió y de nada sirvió desnudarse de él. Aún
desnuda, Angula toma el camisón y lo pliega cuidadosamente bajo su almohada. Se
viste convencionalmente y agua pasada se dispone a, hoy, continuar respirando.
Después de almorzar una manzanita toma la bolsa de la compra y se marcha a
adquirir los bienes elementales que le harán falta para seguir respirando, como
pan, leche o chorizo. El primer sustento con que tropieza es, peró, muy
diferente.
-Ciego: ¡6 millones! 6 millones de €uros a quien crea que hoy es su día de
suerte. ¡6 millones!
-Angula: oiga.
-Ciego: ¿sí? quien me habla. Quiere un cupón señorita? Porque con esa hermosa
voz seguro que es usted una señorita.
-Angula: uhmm, sí, por desgracia soy aún una señorita.
-Ciego: ja ja ja, cuan mal se toma usted su bendición. Tuviera usted mi
desdicha, valoraría de verdad la fortuna que ostenta en medio de su cara. Tanto
me refiero a esos ojos que me ven como a esa carita que sin verla sé yo que es
linda.
-Angula: qué importa una cara bonita, si no sirve para conseguir lo que
quería...
-Ciego: oh ruin desgraciada, aquí y ahora le cambiaba su futuro por el mío, pero
ello no me es posible por lo que tan sólo le ofrezco el más preciado de los
regalos; la ilusión, la ilusión por ser multimillonaria!
-Angula: oh sí, deme, deme 4 cupones. A ver si es verdad y cambia mi futuro.
El ciego arranca 4 cupones de su levita y, tras notar que es depositado en su
mano el billete que reconoce como de 10€, entrega los 4 cupones a donde cree que
está esa misma mano que le ha entregado el billete.
-Ciego: tome señorita, sepa que le acabo de entregar el mayor regalo del mundo.
Si aún así no está conforme con su futuro le recuerdo que mi oferta de cambiar
el mío por el suyo sigue en pie.
-Angula: ja ja, gracias señor cuponero, si no me toca el premio lo recordaré y
quizá se lo cambio.
-Ciego: ¡oh lo siento! la empresa no admite devoluciones. ¡6 millones! 6
millones a qui...
Retomado su cante el ciego sigue su camino para ofrecer a quien quiera, sino lo
6 millones, la ilusión de conseguirlos. Angula prosigue su proyectada compra
ahora dedicada a algo más material, y no tan intangible como la ilusión de ser
rica. Entra en la lechería y allí cambia un par de simpáticas palabras con la
regente del establecimiento.
-Lechera: hola Angula, que guapa te veo hoy. Ojalá todas mis clientas adoptaran
tu semblante gracias a beber mi leche.
-Angula: gracias señora, quizá sí, quizá sí es su leche. Pero hay cosas para las
que una cara bonita no sirve para nada. Si le digo la verdad preferiría ahora
mismo estar en su posición de mujer revelada con hijos sanos, a esta infame
postura de niña guapa y por consiguiente tonta. El repetido tópico adquiere a
veces escenario no por el juego a que invita sino por su profundo significado.
Estas grandes mamas que posee usted dan prueba que también ha sídole entregado
el envidiado carnet de mujer de que tanto huí en mi infancia y tan serio
ambiciono hoy.
-Lechera: ¿carnet de mujer? pero no eres la mujer de Policarpo? Es que mi
pequeño Policarpo ha perdido su buen humor? je je..
Dice la mujer tomándoselo en broma. Angula no se atreve a dar la incómoda
respuesta y la sustituye por otra igual de chistosa. La sonrisa de Angula
desaparece, peró, cuando sale de la lechería.
El siguiente artículo a conseguir es la primera comida de la que gozó el ser
humano en el inicio del mundo; el pan. Angula entra en la panadería y allí
encuentra a Marcelino. El panadero que conoció el primer día de serle encargada
la compra desde la hacienda y al que ha sustraído desde que vive con Policarpo
una hogaza redonda de kilo al día.
-Angula: hola Marcelo.
-Marcelino: hola querida, lo quieres cortado a rebanadas u hoy te lo llevas
entero? o puesto? je je.
-Angula: sí, córtamelo a rebanadas, que hoy no tengo ganas de usar el cuchillo.
Mientras Marcelino mete la hogaza en la máquina tronchadora, Angula observa con
sus atentos ojos lo que siempre ha observado de un hombre cuando se da la
vuelta.
-trash- -trash- -trash- -trash-
La máquina guillotína cuidadosamente la gruesa hogaza para dejarla
milagrosamente en su original forma pero cortada a finas láminas.
-Marcelino: toma guapa, ya me dirás si te gusta porque hoy he añadido un
ingrediente especial a la masa. Para que mis clientas encontréis un poco de
diferencia en las 300 hogazas anuales que me compráis cada una.
-Angula: gracias, ya te lo diré.
Dice la muchacha deteniéndose de improviso cuando ha dicho la última palabra,
recordando que lo mismo díjole al ciego que le vendió los cupones. Angula
reacciona rápido para que no se note su estupor y girando los pies sale de la
panadería como si no hubiera pensado nada raro. Mientras se dirige a la
carnicería va pensando en lo extraño de que dé tal importancia a dos estúpidas
coincidencias. Mientras espera su turno en la laboriosa tienda de embutidos
revélasele el motivo de sus pensares. Queda totalmente convencida de la
veracidad de sus teorías cuando, al tomar el par de butifarras de perol y ver
que se las da una mujer, automáticamente desecha el en ello pensar porque no
estale relacionado. A medida que toma la bolsa con las butifarras y sale de la
tienda sus pensamientos están cada vez más claros. No dejará a Policarpo porque
ha diseñado con él un futuro muy grande, pero el hombre que tenga la fuerza
necesaria entrepiernas y por tanto la convierta en mujer será otro. Esta noche
le dará otra oportunidad a Policarpo para que cumpla con su misión, pero si
tiene el mismo resultado, por tanto falta de resultado de la noche pasada... No
lo hará a escondidas, se lo dirá y esperará su consentimiento. Policarpo es un
hombre inteligente que sabe los límites que le están marcados. Asumirá el
destino que ha sídole proporcionado sin tan sólo mostrar interior desacuerdo. A
sabienda mutua Angula mantendrá una relación sexual, la primera relación sexual
completa de su vida, con otro hombre sin por ello hacer aparecer los legendarios
cuernos, sino que el hombre en cuestión será su... podría llamarle la juguetona
muchacha; entrenador personal. Entrenador para que pueda cumplir como es debido
sus deberes de mujer al que es su marido, al que es su profesor, su protector,
su segundo padre, y muchas cosas más desea fervientemente que sea en su vida.