Yo y mis deseos.
Llegue temprano del trabajo y me tendí en mi cama, tranquila
y despojándome de deseos ajenos; por esos días, mis hormonas se presentaban
deseosas de refrescarse con la tibieza de una piel masculina, pero en ese
momento estaba sola y decidí que seria yo quien le daría a mi cuerpo el placer
que necesitaba, y como no dárselo, si mi excitación me desbordaba y mis deseos
se hacían cada vez más colosales, mi cabeza esbozaba lujuriosa posiciones
sexuales y frenéticas, por eso, decidí que era el momento de darme goce. Y lo
hice.
Me desnude lentamente frente al espejo, me excitaba mucho al
verme tan deseosa e imaginaba que algún vecino podría estar observando mis
movimientos sensuales y apetecibles, con finura me desarrope y quede lista para
saborearme.
Comencé por relajarme y acomodar bien mis piernas para
recibir con plenitud mi trabajo, por eso, puse una almohada debajo de mi cóccix
y la comodidad fue la apropiada, no podía con mi deseo, estaba ardiente, sudada
y muy lubricada, comencé apretando mis pechos, mis pezones estaban duros,
electrizados y deseosos de ser mordidos, mis manos no paraban de recorrerme,
gemía tímidamente mientas me recorría y mi cuerpo se retorcía al sentir mis
manos acercarse a mis labios íntimos, jugueteé por instantes en mi pubis,
escarbé y desordené mis vellos largos y desordenados, me gustó sentirlos, me
electrificaba cada vez que los despeinaba en forma circular, con mi otra mano
seguí mi recorrido.
Encontré de súbito mi clítoris, estaba duro palpitante, en el
espejo podía verlo, rozado hermoso, revivido y delirante, mi mano comenzó a
recorrerlo, lentamente, con movimientos circulares, me sentía divina, hermosa y
muy sensual, seguí hasta llegar a mis labios íntimos y los sentí carnosos,
jugosos y con un olor embriagador, su color moreno me caldeaba y mis gemidos
comenzaron a hacerse cada vez mas fuertes, mi mano bajó, de mi pubis hasta mi
interior, y comencé metiendo mi dedo mayor, despacio, con delicadeza y siempre
en círculos, ambas manos me ayudaban en mi satisfacción y mordía mis labios
secos al sentir tanto placer.
Imaginaba alguna escena antigua y sin pensarlo repetía frases
sin sentido, jugaba a ser poseída y mis fluidos recorrían mis piernas por
doquier, ningún hombre me ha provocado esta satisfacción, por eso, mis manos son
mi más preciado cetro de inspiración y mis dedos, en ese momento, entraban y
salían de mí como niños jugando a correr.
-Mmmmm que rico, me gusta, mmm que rico, aaahhhh!!!-
repetía como una desquiciada.
Diestramente, mis manos continuaban su recorrido, estaba
dispuesta a conseguir tocar las estrellas, a esa altura, tres dedos de mi mano
entraban y salían de mi caverna y mi clítoris continuaba siendo recorrido por
las uñas largas de mi mano izquierda, en el espejo, la muestra era magistral,
solo yo, disfrutando, gimiendo e imaginando una escena erótica, no era necesario
un hombre en ese momento, por que mis manos cumplían satisfactoriamente con mis
apetecías, la cadencia de mis dedos se agudizaba y mi mano izquierda apretaba
mis pezones y los recorría lentamente, en órbitas, como siempre me gustaba.
Quise probar de mi sabor y lamí mi mano derecha, estaba
embadurnada de todo mi ser, y mi excitación era alucinante, mi sabor tenia la
fuerza arrolladora de la lujuria y mi olor el perfume mágico de una noche de
pasión, estaba consternada, ardiente, y seguí metiendo mi mano dentro de mí
gruta profunda, húmeda y recóndita, quería llegar cada vez más hondo, quería
tocar mi alma.
Mi cara estaba desfigurada, mis ojos estaban pegados en algún
lugar de mi cuarto, mis piernas temblorosas estaban arqueadas, se abrían y
cerraban simulando sentir un acompañante, suspiraba, gemía, recordaba, en ese
momento mi mundo era solo yo y mis deseos, mi cuerpo daba brincos en el colchón
me sentía llena de espasmos increíbles que nublaban mi mente, entonces, me di
cuenta que mi orgasmo se acercaba e intensifique mis movimientos, paría litros y
litros de jugos que se desplegaban por mis sabanas, mi olor estaba esparcido por
todo mi cuarto y sin pensarlo entre y salí tantas veces como pude de mi interior
provocándome una choque de electricidad que me recorrió completa y que me dejo
por unos segundos, muda y sin respiración.
Respire profundo y observe el panorama, mi cuarto estaba
totalmente desordenado, mis ropas tiradas, mi cama regada con mis mares de
pasión y mi hedor esparcido por doquier, pero no importaba, aquel cariño de mis
manos me dejo exhausta y me dormí tranquila, satisfecha y con mis hormonas
saciadas íntegramente.