Entonces Eva se incorporó, se sentó sobre mi espalda, lo cual
ya era un alivio, y me preguntó: "¿Qué es lo que has dicho? Repítelo, no te he
oído bien" y yo repetí que era su esclavo, que me rendía, que haría lo que ella
quisiera. No veía su cara, pero creo que se reía; me recordó que la rendición
implicaba una paliza con su zapatilla rosa, que implicaba ser su esclavo durante
un mes... me preguntó si quería volver a luchar. Me comentó que si luchábamos lo
haríamos en igualdad de condiciones: los dos de pie o arrodillados frente a
frente, y que si ganaba yo, ella sería mi esclava. Lo de la igualdad de
condiciones me parecía una befa y casi seguro lo era. Le ratifiqué que me
rendía, que ella era muy superior a mi, que había sido un idiota al enfrentarme
a ella y aceptaba el castigo, haber si con el castigo aprendía de una vez. Ella
al oír mis palabras empujó con sus pies mis rodillas hacia abajo y liberó mis
piernas de la horrible posición en que las había colocado; le di las gracias; mi
sobrina entonces liberó mis brazos de la posición en que estaban y los colocó a
lo largo de mi cuerpo. "Puedes usarlos para lo que quieras menos para hacerme
daño a mí" volví a darle las gracias, ella me pasó una mano en la cabeza y me
llamó bobalicón. A continuación dijo que debía ser más limpio, que llevaba el
pelo sucio, repliqué diciendo que me había duchado aquella mañana y recibí una
bofetada y un consejo. "Si tu ama dice que llevas el pelo sucio, lo llevas
sucio, y si dice que acaba de amanecer, es que acaba de amanecer. No lo olvides,
esclavo, por tu bien". A continuación, antes de que yo dijera nada me mandó que
fuera desvistiéndome.
Conseguí desvestirme aunque con ella encima me llevó su
tiempo, al fin quedé totalmente desnudo, ella me mandó dar la vuelta y se sentó
sobre mi cara asfixiándome mientras ella se frotaba. Estaba muy caliente y tuvo
varios sobresaltos (en realidad los sobresaltos los tuve yo) ella tuvo orgasmos,
antes de que se diera por satisfecha, se dejó caer sobre mi, encarando mis pies,
vio que estaba empalmado y me dio un apretón que me bajó la sangre, y el aparato
claro. Palmoteó dos o tres veces mis bolas indefensas y dijo que solo podía
tener erecciones cuando ella lo permitiera, que la próxima vez que tuviera una
sin permiso el apretón lo daría en mis bolas, me estremecí . Cuando se cansó, se
levantó de mi cuerpo, se sentó en el sofá y me mandó traerle las zapatillas
rosas y colocárselas en los pies. Permanecí arrodillado junto a ella a la espera
de una señal, hasta que dijo: "como algo has aprendido te voy a perdonar el
castigo de las agujas, y algunos castigos más, pero los azotes en el culo no te
los perdono, porque has sido un niño malo y debes purgar tu pecado, también hay
algún castigo más que te haré en los próximos días, tengo treinta contigo abajo.
Ahora, dame una de las zapatillas y ponte en mis rodillas; ¿Qué se dice?"
"Gracias por corregirme, ama", dije yo bastante aliviado con
lo de la supresión de las agujas, y me puse en la posición indicada, ella
pareció satisfecha con la respuesta, pasó la mano por mi cabeza y me dijo que
tenía el pelo sucio, le dije que en cuanto el ama me lo permitiera iría a
lavármelo. Eva se rió a mandíbula batiente, dijo que no era tan tonto como
parecía, que aprendía rápido y que ella me ayudaría a aprender todavía más
rápido y apenas dichas estas palabras, sobre mi trasero cayó, muy deprisa, hasta
media docena de zapatillazos que me arrancaron un gemido. Eva paró, pero solo
para indicarme, muy didáctica que tener que pegarme le dolía más a ella que a
mi; me ofrecí a cambiarle el puesto y volvió a reírse. "Has sido un niño malo y
a mamá no le queda más remedio que pegarte", dijo, añadió otra tanda de golpes
en un cambio de dialéctica al que no le vi la gracia.
De momento la azotaina no parecía gran cosa, me había quejado
como los perros pequeños, para dar pena y que parase el castigo, pero las tandas
de zapatillazos caían una tras otra, separadas por un repertorio de sabios
consejos sobre como deben portarse los niños buenos. La sexta me hizo suplicar,
en ese momento ella se puso la zapatilla en el pie; vana esperanza, cogió la
otra. Tres tandas después me puse a llorar a lágrima viva, la siguiente estaba
tan desesperado que estuve tentado de rebelarme y luchar, pero por suerte para
mi, me funcionó el sentido común. Dos tandas después me retorcía y tenía
convulsiones, entonces ella paró y me dijo: "Ponte de rodillas". Así lo hice y
ella me dijo que todavía faltaban dos tandas, pero que estaba dispuesta a
aplazarlas, incluso, en su inmensa bondad, a perdonármelas a tenor de cómo me
comportase. "En cualquier caso", añadió, "esta noche vas a cenar de pie, por lo
que te va a doler el trasero y ya veremos como das las clases el lunes, ahora,
aprovechando que estas de rodillas, limpia mis pies con tu lengua".
Todavía antes de la hora de cenar me llevé algunos golpes y
algunas burlas, con la sabia finalidad de ponerme en mi sitio, tuve que llevarla
al baño en mi espalda y con mi lengua limpiar lo que la naturaleza había
manchado, y aún debes estar contento, me había dicho porque en los próximos días
puede que te lo haga en la boca. También tuve que lamer su sexo que seguía
estando mojado y calentito, varias veces seguidas, sin separar la boca de su
clítoris, mientras ella estallaba de placer y me decía cosas del tipo: "Hay,
tontín mío, mira que ir a pegarte con una luchadora profesional y ama sexual,
como te va la marcha".
Cuando llegó la hora de acostarnos, me ató las manos a la
espalda y el cuerpo a mi cama, después me dijo: "duerme bien, esclavo, mañana es
domingo y te espera un día muy duro, y cuando te recuperes de la paliza que hoy
te he dado tendrás una gran sorpresa, uno de los días te daré la posibilidad de
dejar de ser mi esclavo", como vio que yo iba a hablar prosiguió: "tendrás que
pelear con una esclava mía, si vences te dejaré en libertad, si pierdes te
entregaré a ella para que te haga lo que quiera, y es una mujer muy cruel. Esa,
si te vence, sí que te hará llorar."
¿Cómo era posible que una esclava fuera una mujer muy cruel?
Se lo pregunté a mi sobrina y contestó...