HIJA DOMADA Y HUMILLADA:
-¡Puta, ven aquí!-
El bramido ensordecedor del macho dominante suena por toda la
casa llegando hasta la última habitación. Allí Mar siente un escalofrío recorrer
su joven cuerpo de abajo a arriba erizando la piel, poniendo alerta sus
sentidos, mientras deja los deberes escolares para salir al encuentro de dueño
de sus días.
Llega corriendo, exaltada. Entra atropelladamente en el
comedor. Él está allí, sentado en el gran sofá de cuero que preside la estancia.
Como de costumbre impecable con su traje echo a medida. Pantalones con la raya
hecha, perfecta, zapatos de piel, italianos… la chaqueta reposa en la silla,
cuidadosamente doblada. En la mesa auxiliar una botella del mejor malta de
importación que Él bebe solo, a pequeños sorbos, deleitando su refinado paladar.
Del televisor salen gritos desesperados, gemidos
anticipándose al orgasmo inminente y, seguramente fingido, de la "porno star" de
turno. Si no fuera por esos sonidos guturales el silencio seria tal que podría
escucharse la respiración agitada de Mar que se mantiene de pie, a tres metros
de su padre, sin atreverse a mirarlo. Le teme tanto como lo ama. Él es
consciente de ello, le divierte y juega con esa contradicción.
- Acércate –
Su voz es neutral. Mar se siente desconcertada. Se acerca
despacio, tímidamente. Entonces lo mira, sólo 2 segundos, lo suficiente para ver
como su padre, con la verga fuera del pantalón, no del todo erecta aún, acaricia
sus huevos mientras la mira con una sonrisa irónica.
- Ya sabes lo que tienes que hacer -
Claro que lo sabe, está bien enseñada. Empieza a desnudarse,
sin prisa. Sus movimientos son eróticos, sensuales a la par que naturales pero
nada improvisados. Estudiados frente al espejo de su habitación una y otra vez
para conseguir agradarle, excitarle. Sus pechos grandes, exageradamente grandes
para su corta edad, cuelgan mientras se agacha bajando sus braguitas infantiles,
descubriendo con la mirada como la polla del callado mirón se alza poco a poco
llegando a su plenitud desafiante al descubrir ella su pubis completamente
rasurado, como si aún fuera la niña que hasta hace poco era.
Desnuda ya se acerca más a Él, que abre sus piernas
acomodándose en el sofá. Todo transcurre en silencio, roto únicamente por los
gemidos que siguen saliendo del televisor convirtiéndose en la banda sonora de
este ritual tan frecuente y tan perverso como placentero para ambos. Mar, sin
atreverse aún a mirarlo a la cara, como hipnotizada por ese gran falo, sin poder
despegar los ojos de el, se arrodilla lentamente. El contacto con el frío suelo
hace que se estremezca erectando sus grandes y oscuros pezones. Él los acoge,
los acaricia, con delicadeza, casi con amor. La cara de ella es un poema, las
mejillas sonrojadas, los ojos vidriosos, la boca entreabierta… en el momento en
que echa hacia atrás la cabeza, soltando un ligero gemido casi inaudible, Él
apresa, pellizca perversamente, pinzando con los dedos los delicados pezones,
atrayendo hacia su cuerpo a su delicada y pequeña hija, que sin apenas tener
tiempo para gemir de dolor se lanza a lamer la cabeza de la polla de papi
perverso, de papi excitado, de papi travieso, de papi juguetón.
El placer y el orgullo se apoderan de Él a partes iguales
mientras Mar se encomienda en cuerpo y alma a darle placer. Su lengua juguetona
recorre y ensaliva mientras su boca fresca, joven y experta -pura
contradicción-, succiona, traga, cambiando el ritmo cada poco. Ya no es
necesario que Él la guíe, agarrando su cabellera, apretándola contra su pubis,
como antaño. Ahora se relaja y disfruta, acariciando la cabeza de su pequeña tan
sólo como muestra de cariño, de satisfacción de Amo cuando ella se la traga
entera, sintiendo como roza su campanilla, y se queda así, inmóvil, ahogándose,
durante unos pocos segundos.
Es entonces cuando Él empieza a gemir con su voz tosca,
varonil. Sintiendo próximo el orgasmo tensa sus piernas. Ella acelera el ritmo,
poderosa. Son los únicos momentos en su vida en que siente que controla la
situación. Sin dejar de succionar lo más fuerte que le permite su mandíbula mira
a su padre desde abajo, con ojos brillantes de deseo y calentura. Con los mismos
le mira él, teniendo además un brillo especial de perversidad que la hace
estremecerse.
- AHHHHHHHHHH!- Grita a la vez que de un empujón la
aparta, haciéndola caer al suelo mientras alcanza el éxtasis en varias sacudidas
largas, derramando gran cantidad de esperma espeso y caliente en el suelo,
delante de él.
Apaga el televisor, la habitación queda en silencio. Queda
exhausto, derrotado, reclinado en el sofá, con los ojos cerrados, pequeñas
gotitas de sudor perlan su frente. Así lo observa ella, adorándolo, enamorada y
servil, sintiendo su joven entrepierna húmeda y caliente, ardiendo de deseo pero
sin atreverse a tocarse, ni siquiera a moverse por no estorbar el descanso de su
Dueño.
Pasados unos minutos que a ella se le hacen eternos vuelve en
si, abre los ojos, la mira sonriendo, feliz, satisfecho y mira su corrida
orgulloso de la cantidad derramada.
-Límpialo, anda, perrita- Pide mimoso, casi cariñoso,
sin dejar de sonreírle, haciéndola estremecerse ante la curiosa petición.
No se lo piensa dos veces, se arrastra, gateando, con un
insinuante movimiento de caderas, lentamente, hasta colocarse ante la leche
derramada. Su culo respingón, duro y de suave piel blanca se alza ante Él
provocativo cuando ella inclina su cuerpo hacia delante. Abre ligeramente las
piernas, lo suficiente para mostrarle la brillante humedad de su coño, a la vez
que la lengua toma contacto con el espeso y oloroso néctar, su premio,
recogiéndolo, saboreándolo, tragándolo.
Sin dejar de lamer el suelo se siente morir al notar los
dedos de papi juguetear con su clítoris, arrancándole un gemido mientras abre
más las piernas, facilitándole a Él la labor emprendida. Sus dedos expertos de
macho pinzan el botoncito de placer, que sobresale duro de entre unos labios
vaginales perfectamente simétricos, brillantes, bonitos. Un coño perfecto,
bello, que lo atrae como un imán. Él se agacha, acercando su boca pero observa
que ella ha dejado de lamer y molesto da un solo azote en el imponente culo,
dejando su mano marcada, devolviendo a la pequeña perra lamedora a la realidad.
Cuando se asegura que Mar ha vuelto a la humillante tarea de
limpiar con la lengua el semen del suelo la penetra con 2 dedos, de un solo
golpe, hasta dentro al mismo tiempo que un tercer dedo presiona el clítoris,
moviéndose en círculos, desesperadamente despacio, haciéndola derretirse. Siente
tanto gusto, tanto placer con los dedos de papá dentro que enloquece y lame
desesperada, rápida, eficaz., moviendo las caderas hacia atrás, buscando el
orgasmo que siente próximo.
Él mira por encima de ese cuerpo esbelto y bello que tanto lo
enloquece y la ve desesperada. El suelo está ya limpio de leche pero su lengua
sigue lamiendo movida sin duda por el morbo de sentirse usada. -Buena chica-
susurra e incrementa la presión del clítoris, los dedos entran y salen del
estrecho coño adolescente que empieza a contraerse. La coge del pelo, levantando
su cabeza, suavemente pero con decisión. –Ladra cariño, córrete como una
perrita, ladrando de placer- le exige.
Y Mar se convulsiona, oleadas de placer arquean su cuerpo
mientras su voz suave y tierna, casi infantil, suena en los oídos de papá como
un regalo:
- guau, guau, guau, guau, guau….-