Con Lu
Hola, soy Mango. Mango es un nick soy Sergio…sí, Sergio que
retorna de la crisis.
Me ha costado mucho sobrellevar el episodio de censura a la
que me vi sometido.
Pensé en archivar mi pluma, bueno, pluma NO porque escribo en
un ordenador. En borrarme de TR para siempre. En beber la cicuta como Sócrates.
En evadirme del mundo como Gauguin. En el suicidio que pondría fin a mis males.
Pero la vida es tan linda, nos da siempre otra oportunidad.
Las mujeres que habitan la vida son tan deseables. Cada una
con su matiz diferente.
Una no tiene casi tetas, pero luce un culo resplandeciente.
Son muy pocas las que ostentan muslos rotundos como me
gustan.
Las hay sin nada de nada, pero me calientan igual por alguna
otra cosa.
No hace falta aclarar que me calienta cualquier mujer que
tenga, al menos, un agujero. La mayoría de ellas tiene tres.
Ando enojado con la moda de hoy. Las jóvenes (que son las que
más me gustan) han adoptado la moda de los tatuajes y los piercings . Los llevan
en los sitios más insólitos, he visto pezones atravesados por barritas con
esferitas en sus extremos. Pequeñas esferas en la parte superior de las vulvas.
Ositos en el bajo vientre. Corazones en una teta.
Por suerte Lu, mi pendeja, usa piercings de quita y pon y
tatuajes que se van con un baño.
Y la madre de Lu, Marta, mi amante, no los emplea para nada.
La censura, que perdona a los cuervos y se ensaña con las
palomas, no me permitió publicar un relato porque según el Zar de TR las fotos
podían prestarse a que alguien pensara que esa niña era menor. No obstante
publican relatos en los que la misma protagonista declara tener doce años, o
menos.
Pero no es esto el objetivo que me guía hoy. Apenas si quiero
contarles una noche de un día cualquiera de mi vida. Y también las secuelas de
esa noche.
Era ya el fin de la tarde cuando arribé al piso que le había
comprado a Marta para que viviera allí con sus dos hijos menores: Carlitos y Lu.
No había nadie aún allí. Tenía algo de hambre, en la heladera
hallé algo tentador: pasta de langostinos, descorché una botella de un
Chardonnay excelente, y me senté a comer tostadas con esa pasta, y a beber el
néctar de los dioses.
La botella promediaba cuando sonó el portero eléctrico, era
Tela http://www.todorelatos.com/relato/36276/ ruego ver ese relato para saber
quién es Tela.
Llevaba cierto tiempo sin coger con esa pendeja, se me echó
encima, me besaba en la boca, me tocaba el paquete (mi pobre paquete inocente).
Me hubiera violado, a no ser porque llegó Carlitos, su novio. Al poco rato se
hizo presente Lu, me dio un beso más que casto. Tela sabía de lo nuestro, pero
Carlitos no. Y fue el pendejo el que preguntó:
Sergio, ¿Qué vamos a comer?
Lo que quieran, Marta no se va a oponer a nada con tal
de no tener que cocinar.
Bueno, entonces …empanadas.
El mejor utensilio de cocina que he conocido es el teléfono,
pero antes requerí que me dijeran los gustos de cada uno, sabía los míos y los
de Marta.
Entre carne suave y carne picante, cebolla y queso, jamón y
queso, roquefort, panceta y ciruelas, tomate y albahaca, pollo, verdura… armamos
el pedido, nos dieron cuarenta minutos de demora.
Los chicos armaron la mesa, muy simple, platos descartables y
servilletas de papel. Nada de complicaciones para mañana, sobre todo porque
mañana no habría servicio doméstico.
Antes de que llegara Marta ya las dos pendejas se estaban
disputando mi paquete, me lo sobaban cada vez que estaban cerca. Tela se
desprendió dos botones de su blusa para poder mostrarme sus tetas. Lu sabía que
no tenía que hacer nada para calentarme.
La llegada de Marta interrumpió el jugueteo erótico. Carlitos
ajeno a todo, como siempre, genio y figura hasta la sepultura, el pibe nació
boludo y así morirá, boludo y cornudo. Yo cojo con su novia anterior y con la
actual.
Marta me besó, cansada y lánguida. No había logrado
convencerla de que no trabajara tanto.
Nos sentamos a la mesa a picotear mientras llegaban las
empanadas. La niñas habían dispuesto de modo que Marta estaba frente a mí. Y a
mis lados Tela y Lu.
Ya la pasta de langostinos no existía, picábamos quesos
varios, salamines, butifarras y todo lo que los chicos encontraban en la
heladera.
Cuando llegaron las empanadas la cosa se empezó a poner
espesa. Las pendejas habían degustado algo de vino, y estaban arreboladas.
Las manos de Lu y de Tela comenzaron a encontrarse en mi
entrepierna, yo procuraba rehuir esos contactos furtivos para que Marta no
advirtiera en mi rostro la calentura que empezaba a ganarme.
Entre guerra y paz cenamos los cinco. Ayudando a llevar las
sobras a la cocina me encontré con Lu que me dijo:
- Papi, no le des bola a esa pendeja, ella lo tiene a mi
hermano, yo no tengo a nadie.
Mi nenita, sabés que tu hermano no la llena.
Bueno, pero hoy no la llenes vos.
En otro aparte me vi frente a Tela:
Sergio, estoy muy caliente.
Sabés que ahora no podemos.
¿Y cuándo entonces?
En cuanto se pueda te llamo.
Me fui a acostar con Marta, yo estaba muy caliente, al punto
de romper una regla de oro. Jamás le pedía a Marta tener relaciones, esa noche
lo hice, a pesar de haber notado su cansancio, ella accedió por puro amor.
Con muy poco juego previo logré que su concha se mojara.
Apenas noté la vía libre le puse toda la verga, en la posición más clásica.
Aguardé sus tres primeros orgasmos para descargar lo que me habían hecho
acumular las chicas. Fue un bello polvo, gocé mucho. Y estoy seguro de que Marta
gozó igual, a pesar de lo inesperado de la cogida.
Nos dormimos, desnudos y abrazados.
El más implacable de los implacables, el maldito despertador,
sonó a las 7 de la mañana. Salté presto de la cama, me cubrí con una bata, y
corrí a preparar el desayuno para Marta y para mí. Lo llevé al dormitorio
mientras ella se vestía. Todo era ternura en esos momentos.
Ya lista me besó hondo y se marchó.
Me quité la bata y volví a la cama dispuesto a dormir unas
horas más.
Iluso de mí, no habían pasado ni diez minutos cuando entró Lu
y se acostó a mi lado, desnuda, me rozaba la espalda con sus tetas, me arañaba
con sus pezones durísimos, buscaba ansiosa mi verga con sus manos.
Saben que no puedo resistirme a los encantos de mi pendeja,
me enciende los motores y me hace sentir un jet. Se me paró igual que cuando
tenía dieciocho años, dura y caliente. Ella lo sintió, lo tocó, lo acarició.
Pa, quedé caliente de anoche, cogeme porfi. Tengo dos
horas después tengo clase.
Juntamos nuestras bocas en un beso muy caliente, las lenguas
jugaban en una suerte de danza loca. Insinuó hacerme una mamada, y Lu mama mejor
que nadie en el planeta, pero yo buscaba algo diferente. La puse de espaldas,
levanté sus piernas, miré sus dos orificios de placer que se ofrecían a mi vista
y a mi verga. Opté por la concha.
La concha de mi pendex que sólo conoce dos vergas, la de su
noviecito de tiempo atrás y la mía. La del chico nunca la conformó, la mía fue
la primera en penetrarla por todos sus lados. Esa concha que se mantenía
estrecha como si cada vez que la cojo me encuentro con una virgen. Esa concha
cálida y húmeda que me da tanto placer.
A esa concha dirigí la punta de mi poronga, la posé entre sus
labios y esperé. Ella sabía qué hacer, levanto su pelvis y se la fue enterrando
poco a poco entre gemidos de placer.
Yo de intento se la mezquinaba, me gustaba sentir el chapoteo
de mi glande entre sus abundantes jugos. Hice esfuerzos acrobáticos para no
metérsela entera y, a la vez, amasar sus tetas y besarla con ternura.
Duró poco mi resistencia, ella se las ingenió para tener toda
mi verga en su interior. Allí empezamos el delicioso mete y saca.
Cuando retiraba la verga su concha parecía estrecharse más
con la ausencia; y al volver a meterla me daba trabajo como si fuera su primera
vez, este trabajo me llevaba al paroxismo, era de lo mejor de la vida.
Sus orgasmos aparecieron muy pronto. Ya he relatado los
orgasmos de Lu, son idénticos a los de su madre. Alguna vez tendré que
investigar si son varios continuos o si es uno solo que se prolonga en el
tiempo.
Papi, cogeme fuerte, quiero más de lo tuyo. Lllename de
lechita .
Hago lo mejor que puedo mi nena.
Pero quiero más, estoy llena de tu carne Papi.
Así no hay nadie que aguante mucho tiempo, con tres bombazos
seguidos le dejé todo mi semen en la conchita.
Seguí dándole, porque sus orgasmos parecían no tener final.
Pero estoy lejos de ser un Titán, y mi verga acabó por ablandarse.
¡Cómo extrañaba tu pija! Hace como diez días que no
cogemos.
También yo te extrañaba linda, pero no pude venir
antes.
Tenés muchas mujeres Papi.
Pero sabés que la que más me gusta, y la que más me
calienta sos vos. Las otras son como una compulsión, excepto tu mamá, ella
es especial.
¿Qué le ves a mamá?, es mucho más vieja que yo, claro
que con todos los arreglos que se hizo ha quedado casi de mi edad.
Con Marta hay una compenetración intelectual y afectiva
que no he tenido jamás con nadie. Eso hace que me caliente mucho.
Bueno, sabés que te admito todo.
Gracias bella, sos muy comprensiva.
Mientras hablábamos yo tocaba suavemente sus tetas. Las tetas
de Lu son de una belleza inigualable, de buen tamaño sin ser exageradas. No me
gustan las tetas enormes por más erguidas y firmes que se conserven. Las de mi
pendeja son duritas y tersas, pezones bien definidos y grandes aréolas oscuras.
Me interrumpió en mi grata tarea para plantarme un beso
apasionado en la boca, la abracé fuerte y mis manos se fueron solas hasta su
culito.
El culito de Lu es un capítulo aparte, ya he publicado fotos
fragmentarias del culito y de las tetas de Lu, no quiero mostrar una foto
íntegra para preservar su identidad, es probable que muchos lectores de esta web
la conozcan. Volviendo al culo: no es grande pero si está muy bien formado, es
redondo, duro y parado, la piel es suave y, al contrario de la mayoría de las
mujeres, nunca lo he sentido frío. Me encanta apretar las semiesferas de sus
cachas y sobarlas largamente.
¡Para qué contar lo que es el interior de ese culo.! Un canal
estrecho y caliente que la pendex ha aprendido a utilizar para mi deleite, sabe
hacer todo lo preciso para volverme loco.
En lo que falla es en sus muslos, no tienen el volumen que me
agrada. Son muy pocas las chiquilinas que, sin ser gordas, tienen los muslos
contundentes como prefiero.
El caso es que acariciando ese culito mi verga recuperó sus
formas de combate, y ella lo notó contra su vientre.
¿Querés mi culo Papi?
¿Cómo adivinaste mi vida?
Yo sé que te gusta cogerme por ahí, y a mí también me
gusta. Es increíble como me hacés gozar por el culo.
Ella misma buscó en la mesa de luz el gel que siempre está
allí, no había tiempo para enemas, me alcanzó el tubo para que yo iniciara el
trabajo de dilatación. Cogemos tan seguido por el culo que ya está acostumbrada,
sabe relajarse totalmente, y así dilata muy pronto. No obstante la frecuencia de
uso, cada vez que se la pongo por la puerta de servicio es para mí como una
primera vez.
Si preguntarme nada se colocó boca abajo, con una almohada
bajo elvientre, así el culito se mostraba en todo su esplendor, y se abrió bien
las nalgas mostrando el anillo oscuro y rugoso de su ano.
Como en el polvo anterior apenas le puse el glande sobre su
orificio, ella hizo el resto del trabajo, levantando sus caderas se fue
enterrando toda la verga, a su ritmo y a su conveniencia para evitar cualquier
dolor innecesario.
Movía las caderas como si estuviera bailando salsa, y a la
vez apretaba los músculos del recto. A riesgo de aplastarla deposité todo mi
peso sobre su cuerpo, así me quedaron las manos libres, una fue a su clítoris y
la otra a sus tetas, mejor dicho a una sola teta, no tengo las manos tan grandes
como para abarcar ambas tetas a un tiempo.
Los orgasmos de Lu no demoraron en llegar. He probado cogerla
por el culo sin tocarle nada más, y acaba como cuando se la pongo en la concha,
en realidad es un caso poco frecuente de sensibilidad erógena anal.
El manejo muscular que ha alcanzado la convierten en la
delicia de mis días y noches, me apretaba la verga como si se tratara de una
mano, y una mano fuerte.
Demoré todo lo posible mi eyaculación, de ser posible me
hubiese gustado estar varios días cogiéndola así.
Cuando no pude contenerme más le brindé la enema láctea, a
pesar del esfuerzo que llevaba mi pobre poronga, y del incremento acelerado del
ritmo de producción de mis huevos, hubo mucho semen para Lu.
Entre caricias y mimos nos quejamos por tener que abandonar
tan grato menester, ella se fue a duchar y vestirse para ir a su clase. Y yo me
dispuse a gozar del merecido descanso.
Pero todo se complotaba en mi contra, eran casi las diez de
la mañana, y no acostumbro dormir a esa hora. De modo que me puse una bata y me
fui a la cocina a prepararme el mate, estaba en eso cuando apareció Carlitos,
apurado como siempre, y como siempre tan inútil para todo, no sabía como hacerse
un café y quería desayunar enseguida porque se le hacía tarde para su clase.
Le preparé un café con leche mientras terminaba de vestirse,
lo bebió apurado mientras comía unas galletas con manteca y dulce. También
apurado partió.
Carlitos, ¿ Tela está en tu cuarto?
Sí, pero sabés que duerme hasta la tarde.
No es por eso, apenas quería saber si hay alguien o no.
El sofá del living, con el mate y escuchando un programa
periodístico en la radio pasó a ser mi descanso.
Pero la maldición vudú que me persigue se hizo presente muy
pronto bajo la forma de una pendeja despampanante, Tela apareció fregándose los
ojos, recién despertada, o mejor todavía dormida.
¿Qué hora es? ummm qué sueño.
Diez y media, ¿por qué no te volvés a acostar?
¿Hay gente en esta casa?
Solamente vos y yo. Andá y tratá de seguir durmiendo.
¿Estás loco Sergio? Tenemos que aprovechar para coger.
Estoy muy caliente.
¿No hiciste nada con tu novio anoche?
Ja ja, se durmió apenas puso la cabeza en la almohada.
No seas turro Sergio, cogeme ya que no aguanto más.
Los que hayan leído el relato de mi primer encuentro con Tela
sabrán que no es una mina para dejar de lado. Pero mi estado no era de lo más
promisorio, apenas estaba haciendo tiempo para salir por unos asuntos muy
postergables, tomar un aperitivo en el centro de la ciudad, y culminar en "El
Hispano" (Rivadavia y Salta) con la mejor picada de mariscos de toda Argentina.
Me detuve a pensar, mejor no lo hubiera hecho.
Tela se quitó la parte superior del pijama que vestía, y
tiene unas tetas de campeonato. Me las acercó a la cara.
El que pueda resistir el impulso de chupar una hermosa teta
que está a cinco centímetros de su boca, que arroje la primera piedra.
Mis manos cobraron voluntad independiente de la mía, y fueron
a bajar la parte de abajo del pijama. El culo y las piernas de Tela merecen
homenajes de ambas cámaras legislativas en pleno.
Ella, trabajosamente ya que yo estaba muy vestido, se abrió
camino entre bata y pijama y logró apoderarse de mi verga. Yo había perdido la
partida, ya no podría descansar nada, y resignado acepté el sufrimiento que mi
destino me imponía.
Tela se metió lo que pudo de verga en la boca, y logró algo
que parecía imposible, se me empezó a parar otra vez.
Comprendí que quería beber lechita tibia, pero no se lo
permití.
Nena, si querés que te coja no me hagas que te acabe en
la boca, estoy muy débil.
Ah, ¿y qué anduviste haciendo? seguro que cogiste con
Marta y más de un polvo.
Uno con Marta, dos con Lu. A vos te queda uno, con
mucha suerte dos.
Si va a ser uno solo, que sea largo. Pero primero
mamame la concha. Me hacés gozar mucho con tu boca
Te la mamo, te hago acabar tres veces, pero después, el
polvo lo quiero en tu culo
Bué, si son tres veces te dejo el orto.
El culito de Tela era un capítulo aparte, no quiero
comparaciones, más grande que el de Lu, por fuera, más estrecho por dentro.
Me apliqué para cumplir mi parte. Nos fuimos a mi dormitorio,
allí ambos desnudos la acosté boca arriba a la orilla de la cama. Arrodillado en
el piso le abrí las piernas, temblaba toda y se erizaba el tenue vello de sus
piernas cuando mi aliento la rozaba. Era cierto que estaba muy caliente, se
estremecía a cada contacto de piel a piel.
Comencé besando sus muslos, desde la rodilla hacia la concha,
uno y otro, derecho e izquierdo, sin llegar hasta la unión de ambos. Los
espasmos de Tela eran muy significativos.
Llegué con la lengua hasta sus labios mayores, los abrí,
aprecié un clítoris erguido y casi rojo. Deben saber que los clítoris me dejan
sin aliento, no me puedo resistir a ellos. Lo tomé entre mis labios y lo rocé
con la lengua. Tela temblaba entera, quería decir algo, pero le era imposible,
de su garganta apenas salían algunos gemidos extraños y sonidos incoherentes.
Los orgasmos eran más que evidentes y sonoros, gritados,
proclamados a los cuatro vientos.
Traté de contarlos, fueron cinco, ¿o fueron ocho?. No
importaba, con tres ya me ganaba ese culito que me hacía delirar.
¿Y, me vas a dar el orto?
Te lo merecés, además me vas a hacer gozar hasta por el
culo.
Esta vez hubo tiempo para la enema, la verga se me puso como
un poste cuando le penetré el culito con la cánula del irrigador.
Volvimos a la cama, yo estaba muy cansado. Me tendí boca
arriba y le pedí que me montara ella.
Se ubicó muy bien sobre mí. Apuntó la punta de mi verga a su
ano, bajó un tanto para sentirla bien. No se apresuró, demoró unos cinco minutos
en puntearse el culo sin que le entrara nada. Luego se resolvió, presionó más,
el glande se insinuó en el estrecho anillo,
Pasó de un golpe, es lo mejor, duele un poco pero es una sola
vez.
El resto fue coser y cantar.
Ella subía y bajaba, mi verga entraba y salía, se deslizaba
plácida por ese canal de placer.
Mis manos libres se concentraron en la concha, que por
secretos del destino se hallaba vacante, vacía. Mi viejo y querido clítoris
estaba de nuevo entre mis dedos, vigente y activo como siempre.
Cada orgasmo que sacaba con mis dedos se traducía en un
apriete de su culo, en nuevas sensaciones para mi verga .
Ahh, perdí la cuenta de los orgasmos de Tela, yo gocé como
animal durante no sé cuántos minutos.
La últimas gotas de leche que habían elaborado mis huevos
fueron a dar dentro del culo de Tela, que lo agradeció con algunos apretones muy
placenteros.
Y ese es el ritmo de mi vida cuando estoy en Buenos Aires,
hay algunas minas más que agregan lo suyo.
Estoy pensando en volver a mi estado anterior.
Sergio