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TODORELATOS » RELATOS » LA PLAYA (3)
[ Fui donde no debí ¡y cómo salí!. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 04 de Diciembre, 2008.
Fecha: 07-May-07 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2621 de 3498)

La Playa (3)

spartakus
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recordó cómo su padre se lo tenía que mamar al peón de brega sudoroso y maloliente que se había casado con la sirvienta le había hecho dos hijos una chica y un chico y ahora yacía en una cama inválido y cerca de morir porque según comentarios de la gente la sirvienta y ahora propietaria de la tienda “La Playa” tenía “chupadera” y acababa con los hombres que se la comían. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Quiero agradecer los comentarios y las críticas, espero que continúen exponiéndolas para que los relatos sean cada vez mejores.

La Playa 3.

Miserable, maldito…

La pobre vieja musitaba, temblando de ira. Había recogido del suelo los despojos de su tierna princesa quitándole del pecho la rodilla del amo que inmisericorde le lastimaba la vagina perforándosela con los dedos de su mano. La joven resignada estaba con las piernas abiertas bañada en lágrimas y al ponerla de rodillas con dificultad para levantarla su madre sólo la dejó lista para la segunda parte de la terapia. El amo se acomodó en una silla e hizo señas a la madre para que acercara (desplazándose arrodillada, no caminando) la sumisa a su espectacular miembro. Llorando lo obedeció y con gesto de reprobación fue acercando a su pequeña a la zona de fuego hasta que estuvo a pocos centímetros del poderoso rey.

Lengüita, lengüita, mi amor…

Le dijo el amo rodeándole la barbilla con una mano mientras con la otra mantenía horizontal frente a la cara de la chica su corpulento pene: al soltarlo por un momento se elevó como impulsado por un resorte, era como un cohete apuntando hacia arriba, con el vástago pasando por el ombligo del amo y con la poderosa punta pegada al estómago de su portentoso dueño. Con su mano lo volvió a poner en posición cerca del rostro de su alumna y dio la orden; luego de varios delicados contactos de la punta del pene con la lengua rosadita de su sumisa, (lo satisfizo la infinita ternura con que la joven ejecutaba su labor de lamedora) el amo liberó a la bestia que se irguió de inmediato como el asta de una bandera y la chica acercó su rostro para empezar a rendir honores camino arriba a lo largo y ancho del grueso animalazo. Esa temible cobra en posición de ataque podía abalanzarse sobre ella en cualquier momento, y la chica cerraba los ojos suplicando que no lo hiciera mientras muy humilde abarcaba con su lengua en lo posible la parte expuesta del cuello de la serpiente. Con un chasquear de los dedos el amo ordenó otra red bull que inmediatamente fue traída por el hermano de la dócil paciente.

La joven tardó unos dos minutos en bañar suficientemente con la húmeda miel de su boca al rey. Lo tenía llenito de saliva y el señor le tomó una mano para dirigirla y obligarla a poner de nuevo horizontal al yunque. La chica lo hizo tomando por la cerviz a la bestia Y doblegándola tímidamente con su pequeño puño para agacharla hacia su boca; el amo la incitó a lamer el espinazo de ese majestuoso elemento (por debajo ya había sido atendido) y la joven lo hizo a las mil maravillas. Se irguió para servirlo por encima y se acercó aún más a ese potro indómito hasta que su cara quedó cubriendo por completo el mar de pelos sudorosos bajo la cintura de su señor. Besó la raíz del miembro en actitud de adoración y con sus labios lo cubrió de besos, lo que sorprendió al amo; con ágil lengua la princesa atacó rápidamente cubriendo al rey por todos lados rendida ante la imponente belleza de ese potro torturador que dejaba clara su superioridad. Ya la joven sabía lo que su señor le podía hacer sentir cuando le metía ese fenómeno descomunal entre las piernas y sentía temor y respeto hacia él en medio de una extraña sensación de fascinación por lo que le estaba pasando ese día. Lamió con tal decisión el grueso yunque que su señor decidió concederle una especial deferencia: fue incapaz de humillarla sometiéndola a sexo oral, lo que habría sido una tarea de difícil cumplimiento dado el pequeño tamaño de esa tierna boca de jovencita que apenas sí lograba con sus dientes aferrarse a su homenajeado con tímidos mordisquitos que sólo acariciaban la piel de esa máquina perfecta de tortura.

Una vez dejó las cosas claras, sabiendo que la chica entendía que cada vez que quisiera la tomaría a voluntad, el amo se dirigió al joven recién desvirgadito.

Y usted qué? No crea que se me va a escapar.

Alejó suave y respetuosamente a la chica (ella entendió que lo había hecho muy bien pues su señor se mostraba complacido e indulgente con ella) e hizo acercar al joven novicio, obligándolo a activar esa aspiradora industrial luego de pegarla a su verga desafiante y abofetear en tres ocasiones a su admirador inseguro de hacerlo. Fue más bien una actitud masoquista pues sabía que iba a quedar en ridículo por la desigual pelea entre un león y una medusa profesional que se encontraba a sus anchas en su elemento acuoso. Esa lengua los labios y el paladar estaban listos para dar una nueva paliza al rey. El jovencito lo encendió a lengua sin compasión, no lo dejó prepararse y parecía enloquecido dándole placer por todos lados en todos los ángulos velocidades y grados de suavidad y fortaleza. Lo volvió añicos: lo hizo gemir, revolcarse en la silla agarrarse los cabellos musitar súplicas estirar las piernas a lado y lado del sumiso arrodillado en el suelo. El señor fue atacado con infinita crueldad, los cables de su cerebro estaban trastocados y el corto circuito sólo podía terminar en lo que terminó: la hemorragia mortal del rey que inundó la boca del esclavo, un maullido y una convulsión desesperada. Agarrándole la cabeza su señor suplicaba "no más, pare, pare, ahhh…"

El joven sonrió: superó a su hermana, su madre lo miraba sorprendida pero él había decidido hacer pública su vocación de mamador: a su señor continuamente lo veía en la playa jugar con sus amigos y amigas, la piel bronceada del amo lo excitaba, observaba con poco disimulo las piernas gruesas y fuertes, el bulto de la verga lo enloquecía, la masculinidad y fortaleza de sus ágiles pies lo embrujaba y lo había hecho masturbarse mil veces soñando tenerlos entre sus manos, lavarlos masajearlos lamerlos para después ir subiendo y meterse en la boca ese hermoso ejemplar para satisfacerlo… y la vida le había dado ese regalo, él yacía por fin a los pies de su señor como un perro.

Se quedó estático esperando la voluntad del herido que convulsionaba aún desangrándose entre sus amígdalas llenándoselas de semen que bebía con devoción mientras con su mano lo exprimía tratando de sacarle todo el semen que podría producir durante su vida. Esperaron todos y finalmente el amo se repuso y volvió a tomar el control de la situación.

Tú sigues, abuela.

La vieja abrió los ojos muy grandes, los hijos gritaron desconsolados. Cómo era posible que fuera a humillar a su propia madre de esa manera? Suplicaron, se arrodillaron pero vieron indefensos cómo el amo levantaba la falda de la vieja la arrinconaba contra la pared y le metía de una sola intentona semejante dragón hasta los pulmones. La vieja sorprendida por el sorpresivo asalto (llevaba varios meses en vigilia) sólo pudo pegar un chillido de dolor vergüenza e infinito placer; todo ese óxido por falta de uso fue removido por un ácido de efecto inmediato. Se quedó ahí parada mientras era bombeada con furia por una verga juvenil que se encontraba muy cómoda en las entrañas de una hembra hecha y derecha, capaz de darle pelea sin destrozos que lamentar.

El amo recordó los días grises en que su madre se bañaba con él y se hacía acariciar la pelusa y los senos mientras lo violaba. Lo abofeteaba todos los días enseñándolo a darle lengua con eficiencia y se burlaba de él por su pequeño gusanito que le escupía mientras le colgaba medio ladrillo para que creciera y lo fortalecía con continuos ejercicios de masturbación que a veces ella misma le hacía. Recordó cómo su madre hacía poner a su padre delante de la sirvienta (que ahora tenía ante él clavada) en cuatro patas para torturarlo por detrás con el palo de la escoba o para que le lamiera y lavara la vulva a la infeliz muchacha del servicio, recordó cómo su padre se lo tenía que mamar al peón de brega sudoroso y maloliente que se había casado con la sirvienta le había hecho dos hijos una chica y un chico y ahora yacía en una cama inválido y cerca de morir porque según comentarios de la gente la sirvienta y ahora propietaria de la tienda "La Playa" tenía "chupadera" y acababa con los hombres que se la comían.

Cerró los ojos asqueado y avergonzado y la vieja (la ex sirvienta torturadora de su padre) decidió mostrarle que podía hacerle daño si quería. Le acarició la cabeza mientras lo ponía sigilosamente a él contra la pared y a la vez que le hacía el amor le decía "ya, ya mi tierno niño, no te voy a volver a hacer lo que te hacía antes, cuando era tu madre… ya no más…" y le daba suaves contorneos con su cuerpo y su sexo para hacérselo muy suave casi imperceptiblemente. Pocos años antes le daba por orden expresa de la mamá unas palizas terribles sin causa alguna, sólo para que la vieja sintiera placer al ver a su hijo (en realidad su hijastro retoño de un millonario a quien quería quitarle toda su fortuna) humillado por una campesina iletrada a la que le provocaba mucho placer obligarlo a decirle "mami", cogerlo de las manitas desde los siete años subírselas por encima de la cabeza y abofetearlo y darle trompadas hasta que le reventaba boca y nariz mientras le tenía que decir "perdón, mamita, perdón por obligarla a castigarme" luego de lo cual lo elevaba en el aire para tener al alcance los testículos que le lastimaba apretándoselos entre sus dedos o pellizcándole el miembro mientras ambas lo veían entre risotadas disfrutando con las muecas desesperadas que el infante hacía pataleando en el aire. Luego ensangrentado se lo ponía arrodillado en bandeja a la madre que se excitaba a su vez con su pequeño hijastro lamiéndole el clítoris con la carita llena de sangre. Cuando tenía menstruación lo hacía meter la lengua y coger entre sus dientes la sangre coagulada en bolitas para hacerlo romperlas y saborearlas un instante: después las tenía que tragar. Si se vomitaba por el olor de sangre en descomposición la sirvienta lo atacaba por detrás metiéndole los dedos en el culito o dándole garrote hasta que dejaba de vomitar y reiniciaba su labor.

La vieja sabía que todos esos recuerdos estaban torturando al amo y lo vio desvencijarse ante ella y poner su cara a un lado para ocultar su debilidad. Ella cruelmente le elevó los fuertes brazos hacia arriba y lo abofeteó dos veces con fuerza. El amo empezó a llorar lentamente para sorpresa de la chiquilla recién estrenada que lo observaba con sorpresa mientras su madre le agarraba los testículos se le acercaba al oído al pobre diablo y le decía

- Ahora cae de rodillas a mis pies, saco de mierda y lámelos como lo hacías antes…soy tu mami y me vas a obedecer o le digo a mi hija que traiga la escoba para hacerte relinchar de dolor clavándotela por el culo como hacía con tu papá".

El se asustó muchísimo pues tenía un extraño ataque de pánico y estaba como hipnotizado. Se fue hincando mientras llorando le acariciaba con su rostro las piernas a su ama hasta que se puso de rodillas y se abrazó gimiendo a los oues de su sirvienta. Empezó a lamerlos diciéndole "mami, mami… no me castigue mamita que yo soy un perro a sus plantas…soy…".

Y seguía lamiéndole los pies totalmente desarmado ante ella. La vieja sonrió y le dijo a la chica "mi amor, tráeme la escoba que te voy a enseñar a castigar a tu esclavo que se está portando mal" ; la joven obedeció más aterrada que su hermano, trajo la escoba y la madre le dijo a su sumiso "levante el culo saco de mierda que una reina se quiere divertir." El obedeció totalmente deshonrado; de repente se atrevió a mirar hacia atrás y vio a la jovencita acercándole el palo de la escoba a punto de torturarlo. percibió en la niña el terror la inseguridad y la sincera compasión viéndolo llorar derrumbado a los pies de su madre. El rey sintió su poder y con rabia se repuso del ataque, sacó fuerzas de donde no las tenía saltó hacia atrás y le metió una bofetada que le reventó la boca a la chica que cayó en medio de un grito al piso.

El rey estaba de vuelta y venía herido muy cerca del corazón, en el lado donde guardaba los recuerdos tristes de su infancia. Otra bofetada tronó y la vieja cayó al piso mientras el vengador fue a la habitación donde un pobre bultito que alguna vez había sido un peón esperaba la hora de decir adiós a este mundo. El amo se le acomodó por detrás y elevándole una pierna para clavarlo gritó:

Quieren ver un toro bravo embistiendo?? Quieren ver, trío de hijueputas???

Sin esperar respuesta se lo clavó. Vengó a su padre que presa de la humillación se había pegado un tiro en la boca para librarse de la maldición que le significaba su esposa dómina y la sirvienta con chupadera. Agonizante sólo le dijo a su hijo presente "clávelo, clá..ve…lo…" y según el toro rojo bronceado su padre le había dado indicaciones sobre lo que debía hacer con su vida. Lo que en realidad pasó fue que en sus últimos momentos el pobre sumiso moribundo tuvo la certeza de que su esposa ordenaba al marido de la sirvienta que lo clavara y murió sintiéndose clavado por el peón.

El viejo espantosamente sodomizado gritó y se desmayó, el amo lo liberó convencido de su cruel venganza luego de verguearlo un poco. Tres días después su víctima estiró la pata por la perforación que sufrió en el intestino grueso los pulmones el riñón derecho y el esófago; murió en manos de los sorprendidos médicos preguntándose sinceramente arrepentido si el esposo suicida de su patrona había sentido el indecible dolor tan espantoso que él sintió cuando lo clavaron. Estaba en la más absoluta verdad.

El amo fuera de sí salió a su camioneta y trajo su revólver. El comisario del pueblo lo vio en actitud agresiva y al intentar averiguar qué pasaba para apoyarlo sólo se ganó un cachazo y al caer al piso el león salvaje marcó su territorio orinándole la cara mientras rugía intentando imitar a su héroe de la selva, el rey de los animales. El amo entró a la casa atravesando la cafetería "La Playa" en medio de la sorpresa de los dos clientes que esperaban en la sombra ser atendidos; mientras tanto su empleado salía corriendo para buscar dónde esconderse mientras se limpiaba del rostro los orines de su amo.

El galán entró a pedir la mano de su amada a su manera: le puso el cañón en la boca a la chica y gritando le dijo "te vas a mi casa, sos mi sirvienta por el resto de tu puta vida o te borro de este hijueputa mundo de un tiro en esa jeta. Contestá malparida, tenés dos segundos"

La joven aterrorizada asintió con la cabeza llena de gozo mientras sentía en su paladar y su lengua el frío cañón de un revólver calibre 38 extra-largo. El amo la tomó por la cintura y se la echó doblada en el hombro para luego sujetarla por las piernas con una mano mientras sonriente decía "muy bien, sirvienta, tu hija te sigue los pasos y es ahora mía. Cualquier reclamo dirigirse a..…" y burlón le apuntó con el 38 mientras con los labios estirados le hacía señas de dirigirse a su arma. La vieja reaccionó y le dijo sinceramente

- Cómo se le ocurre un reclamo mi patrón?? Para mí es un honor…un ho-nor, mi niño, hijooo… hi- j- jooo. (Estaba cagada del susto pero feliz por su hija).

Terminó el asunto sin muertos. La vieja sabía que la chupadera se heredaba y sonrió porque supo que cuando el amo se comiera a su hija y se quedara quieto dentro de ella iba a sentir unos segundos después esa misteriosa fuerza, esa mano invisible casi siniestra que le iba a apretar y le iba a soltar repetidas veces el miembro y se lo iba a chupar hacia sus entrañas hasta que lo iba a hacer eyacular de nuevo una y otra vez debilitándolo muy lentamente como un veneno en bajas dosis.

Con el tiempo "la chupadera" lo iba a dejar exhausto y en los puros huesos, pletórico de felicidad y rendido a los pies de su hija aferrado a sus tobillos de rodillas como un esclavo sexual involuntario pero cien por ciento manipulable y obediente, incapaz de hacer nada para librarse de la insoportable necesidad de que se lo comiera y se lo volviera a comer como si fuera un bebé que necesita el seno de su madre para sobrevivir. El león iba a temblar de terror ante la chica por la posibilidad de que dueña absoluta del poder lo abandonara por otro juguete fresco cuando él ya irremediablemente des-energizado no pudiera más y se fuera quedando inválido en una cama a merced de ella que si quería matarlo sólo tenía que dirigirle el fláccido soldado retirado para obligarlo a penetrarla unas cuantas veces más y chuparlo y chuparlo como un vampiro poderoso cruel e insaciable hasta dejarlo muerto, desangrado. Para ella sería muy fácil quedarse quieta y dejar que el duende interno que tenía hiciera el trabajo, el rey suplicaría estuviera debajo de frente o encima de su hija (buscaría desesperado mil posiciones para ver si podía dominarla de alguna forma en la cama pero nunca funcionaría). El pobre intentaría al final de sus días cumplir como hombre al menos con una erección pero serían sus últimos intentos de demostrar que aún existía, pisoteado y condenado por el tierno e involuntario pero descomunal poder de su hija.

Quedaba la duda de si la chica sería o no capaz de manejar su ventaja infinita sobre los hombres. Todos los que tuvieran sexo con ella iban a convertirse en sus esclavos e iban a hacer lo que ella les ordenara para ser suyos una vez más salvo que tuvieran la infeliz pero salvadora idea de sacárselo apenas eyacularan la primera vez para librarse del encuentro con ese extraño sortilegio que los músculos de la vagina les iban a hacer si no se retiraban inmediatamente. la madre no había podido hacerlo del todo bien en la vida a pesar de su arma secreta pero tenía fe en la inteligencia y sagacidad de su inocente pequeña. El tiempo le iba a dar la razón, y de qué manera...

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