Quiero agradecer los comentarios y las críticas, espero que
continúen exponiéndolas para que los relatos sean cada vez mejores.
La Playa 3.
Miserable, maldito…
La pobre vieja musitaba, temblando de ira. Había recogido del
suelo los despojos de su tierna princesa quitándole del pecho la rodilla del amo
que inmisericorde le lastimaba la vagina perforándosela con los dedos de su
mano. La joven resignada estaba con las piernas abiertas bañada en lágrimas y al
ponerla de rodillas con dificultad para levantarla su madre sólo la dejó lista
para la segunda parte de la terapia. El amo se acomodó en una silla e hizo señas
a la madre para que acercara (desplazándose arrodillada, no caminando) la sumisa
a su espectacular miembro. Llorando lo obedeció y con gesto de reprobación fue
acercando a su pequeña a la zona de fuego hasta que estuvo a pocos centímetros
del poderoso rey.
Lengüita, lengüita, mi amor…
Le dijo el amo rodeándole la barbilla con una mano mientras
con la otra mantenía horizontal frente a la cara de la chica su corpulento pene:
al soltarlo por un momento se elevó como impulsado por un resorte, era como un
cohete apuntando hacia arriba, con el vástago pasando por el ombligo del amo y
con la poderosa punta pegada al estómago de su portentoso dueño. Con su mano lo
volvió a poner en posición cerca del rostro de su alumna y dio la orden; luego
de varios delicados contactos de la punta del pene con la lengua rosadita de su
sumisa, (lo satisfizo la infinita ternura con que la joven ejecutaba su labor de
lamedora) el amo liberó a la bestia que se irguió de inmediato como el asta de
una bandera y la chica acercó su rostro para empezar a rendir honores camino
arriba a lo largo y ancho del grueso animalazo. Esa temible cobra en posición de
ataque podía abalanzarse sobre ella en cualquier momento, y la chica cerraba los
ojos suplicando que no lo hiciera mientras muy humilde abarcaba con su lengua en
lo posible la parte expuesta del cuello de la serpiente. Con un chasquear de los
dedos el amo ordenó otra red bull que inmediatamente fue traída por el hermano
de la dócil paciente.
La joven tardó unos dos minutos en bañar suficientemente con
la húmeda miel de su boca al rey. Lo tenía llenito de saliva y el señor le tomó
una mano para dirigirla y obligarla a poner de nuevo horizontal al yunque. La
chica lo hizo tomando por la cerviz a la bestia Y doblegándola tímidamente con
su pequeño puño para agacharla hacia su boca; el amo la incitó a lamer el
espinazo de ese majestuoso elemento (por debajo ya había sido atendido) y la
joven lo hizo a las mil maravillas. Se irguió para servirlo por encima y se
acercó aún más a ese potro indómito hasta que su cara quedó cubriendo por
completo el mar de pelos sudorosos bajo la cintura de su señor. Besó la raíz del
miembro en actitud de adoración y con sus labios lo cubrió de besos, lo que
sorprendió al amo; con ágil lengua la princesa atacó rápidamente cubriendo al
rey por todos lados rendida ante la imponente belleza de ese potro torturador
que dejaba clara su superioridad. Ya la joven sabía lo que su señor le podía
hacer sentir cuando le metía ese fenómeno descomunal entre las piernas y sentía
temor y respeto hacia él en medio de una extraña sensación de fascinación por lo
que le estaba pasando ese día. Lamió con tal decisión el grueso yunque que su
señor decidió concederle una especial deferencia: fue incapaz de humillarla
sometiéndola a sexo oral, lo que habría sido una tarea de difícil cumplimiento
dado el pequeño tamaño de esa tierna boca de jovencita que apenas sí lograba con
sus dientes aferrarse a su homenajeado con tímidos mordisquitos que sólo
acariciaban la piel de esa máquina perfecta de tortura.
Una vez dejó las cosas claras, sabiendo que la chica entendía
que cada vez que quisiera la tomaría a voluntad, el amo se dirigió al joven
recién desvirgadito.
Y usted qué? No crea que se me va a escapar.
Alejó suave y respetuosamente a la chica (ella entendió que
lo había hecho muy bien pues su señor se mostraba complacido e indulgente con
ella) e hizo acercar al joven novicio, obligándolo a activar esa aspiradora
industrial luego de pegarla a su verga desafiante y abofetear en tres ocasiones
a su admirador inseguro de hacerlo. Fue más bien una actitud masoquista pues
sabía que iba a quedar en ridículo por la desigual pelea entre un león y una
medusa profesional que se encontraba a sus anchas en su elemento acuoso. Esa
lengua los labios y el paladar estaban listos para dar una nueva paliza al rey.
El jovencito lo encendió a lengua sin compasión, no lo dejó prepararse y parecía
enloquecido dándole placer por todos lados en todos los ángulos velocidades y
grados de suavidad y fortaleza. Lo volvió añicos: lo hizo gemir, revolcarse en
la silla agarrarse los cabellos musitar súplicas estirar las piernas a lado y
lado del sumiso arrodillado en el suelo. El señor fue atacado con infinita
crueldad, los cables de su cerebro estaban trastocados y el corto circuito sólo
podía terminar en lo que terminó: la hemorragia mortal del rey que inundó la
boca del esclavo, un maullido y una convulsión desesperada. Agarrándole la
cabeza su señor suplicaba "no más, pare, pare, ahhh…"
El joven sonrió: superó a su hermana, su madre lo miraba
sorprendida pero él había decidido hacer pública su vocación de mamador: a su
señor continuamente lo veía en la playa jugar con sus amigos y amigas, la piel
bronceada del amo lo excitaba, observaba con poco disimulo las piernas gruesas y
fuertes, el bulto de la verga lo enloquecía, la masculinidad y fortaleza de sus
ágiles pies lo embrujaba y lo había hecho masturbarse mil veces soñando tenerlos
entre sus manos, lavarlos masajearlos lamerlos para después ir subiendo y
meterse en la boca ese hermoso ejemplar para satisfacerlo… y la vida le había
dado ese regalo, él yacía por fin a los pies de su señor como un perro.
Se quedó estático esperando la voluntad del herido que
convulsionaba aún desangrándose entre sus amígdalas llenándoselas de semen que
bebía con devoción mientras con su mano lo exprimía tratando de sacarle todo el
semen que podría producir durante su vida. Esperaron todos y finalmente el amo
se repuso y volvió a tomar el control de la situación.
Tú sigues, abuela.
La vieja abrió los ojos muy grandes, los hijos gritaron
desconsolados. Cómo era posible que fuera a humillar a su propia madre de esa
manera? Suplicaron, se arrodillaron pero vieron indefensos cómo el amo levantaba
la falda de la vieja la arrinconaba contra la pared y le metía de una sola
intentona semejante dragón hasta los pulmones. La vieja sorprendida por el
sorpresivo asalto (llevaba varios meses en vigilia) sólo pudo pegar un chillido
de dolor vergüenza e infinito placer; todo ese óxido por falta de uso fue
removido por un ácido de efecto inmediato. Se quedó ahí parada mientras era
bombeada con furia por una verga juvenil que se encontraba muy cómoda en las
entrañas de una hembra hecha y derecha, capaz de darle pelea sin destrozos que
lamentar.
El amo recordó los días grises en que su madre se bañaba con
él y se hacía acariciar la pelusa y los senos mientras lo violaba. Lo abofeteaba
todos los días enseñándolo a darle lengua con eficiencia y se burlaba de él por
su pequeño gusanito que le escupía mientras le colgaba medio ladrillo para que
creciera y lo fortalecía con continuos ejercicios de masturbación que a veces
ella misma le hacía. Recordó cómo su madre hacía poner a su padre delante de la
sirvienta (que ahora tenía ante él clavada) en cuatro patas para torturarlo por
detrás con el palo de la escoba o para que le lamiera y lavara la vulva a la
infeliz muchacha del servicio, recordó cómo su padre se lo tenía que mamar al
peón de brega sudoroso y maloliente que se había casado con la sirvienta le
había hecho dos hijos una chica y un chico y ahora yacía en una cama inválido y
cerca de morir porque según comentarios de la gente la sirvienta y ahora
propietaria de la tienda "La Playa" tenía "chupadera" y acababa con los hombres
que se la comían.
Cerró los ojos asqueado y avergonzado y la vieja (la ex
sirvienta torturadora de su padre) decidió mostrarle que podía hacerle daño si
quería. Le acarició la cabeza mientras lo ponía sigilosamente a él contra la
pared y a la vez que le hacía el amor le decía "ya, ya mi tierno niño, no te voy
a volver a hacer lo que te hacía antes, cuando era tu madre… ya no más…" y le
daba suaves contorneos con su cuerpo y su sexo para hacérselo muy suave casi
imperceptiblemente. Pocos años antes le daba por orden expresa de la mamá unas
palizas terribles sin causa alguna, sólo para que la vieja sintiera placer al
ver a su hijo (en realidad su hijastro retoño de un millonario a quien quería
quitarle toda su fortuna) humillado por una campesina iletrada a la que le
provocaba mucho placer obligarlo a decirle "mami", cogerlo de las manitas desde
los siete años subírselas por encima de la cabeza y abofetearlo y darle
trompadas hasta que le reventaba boca y nariz mientras le tenía que decir
"perdón, mamita, perdón por obligarla a castigarme" luego de lo cual lo elevaba
en el aire para tener al alcance los testículos que le lastimaba apretándoselos
entre sus dedos o pellizcándole el miembro mientras ambas lo veían entre
risotadas disfrutando con las muecas desesperadas que el infante hacía
pataleando en el aire. Luego ensangrentado se lo ponía arrodillado en bandeja a
la madre que se excitaba a su vez con su pequeño hijastro lamiéndole el clítoris
con la carita llena de sangre. Cuando tenía menstruación lo hacía meter la
lengua y coger entre sus dientes la sangre coagulada en bolitas para hacerlo
romperlas y saborearlas un instante: después las tenía que tragar. Si se
vomitaba por el olor de sangre en descomposición la sirvienta lo atacaba por
detrás metiéndole los dedos en el culito o dándole garrote hasta que dejaba de
vomitar y reiniciaba su labor.
La vieja sabía que todos esos recuerdos estaban torturando al
amo y lo vio desvencijarse ante ella y poner su cara a un lado para ocultar su
debilidad. Ella cruelmente le elevó los fuertes brazos hacia arriba y lo
abofeteó dos veces con fuerza. El amo empezó a llorar lentamente para sorpresa
de la chiquilla recién estrenada que lo observaba con sorpresa mientras su madre
le agarraba los testículos se le acercaba al oído al pobre diablo y le decía
- Ahora cae de rodillas a mis pies, saco de mierda y
lámelos como lo hacías antes…soy tu mami y me vas a obedecer o le digo a mi
hija que traiga la escoba para hacerte relinchar de dolor clavándotela por
el culo como hacía con tu papá".
El se asustó muchísimo pues tenía un extraño ataque de pánico
y estaba como hipnotizado. Se fue hincando mientras llorando le acariciaba con
su rostro las piernas a su ama hasta que se puso de rodillas y se abrazó
gimiendo a los oues de su sirvienta. Empezó a lamerlos diciéndole "mami, mami…
no me castigue mamita que yo soy un perro a sus plantas…soy…".
Y seguía lamiéndole los pies totalmente desarmado ante ella.
La vieja sonrió y le dijo a la chica "mi amor, tráeme la escoba que te voy a
enseñar a castigar a tu esclavo que se está portando mal" ; la joven obedeció
más aterrada que su hermano, trajo la escoba y la madre le dijo a su sumiso
"levante el culo saco de mierda que una reina se quiere divertir." El obedeció
totalmente deshonrado; de repente se atrevió a mirar hacia atrás y vio a la
jovencita acercándole el palo de la escoba a punto de torturarlo. percibió en la
niña el terror la inseguridad y la sincera compasión viéndolo llorar derrumbado
a los pies de su madre. El rey sintió su poder y con rabia se repuso del ataque,
sacó fuerzas de donde no las tenía saltó hacia atrás y le metió una bofetada que
le reventó la boca a la chica que cayó en medio de un grito al piso.
El rey estaba de vuelta y venía herido muy cerca del corazón,
en el lado donde guardaba los recuerdos tristes de su infancia. Otra bofetada
tronó y la vieja cayó al piso mientras el vengador fue a la habitación donde un
pobre bultito que alguna vez había sido un peón esperaba la hora de decir adiós
a este mundo. El amo se le acomodó por detrás y elevándole una pierna para
clavarlo gritó:
Quieren ver un toro bravo embistiendo?? Quieren ver,
trío de hijueputas???
Sin esperar respuesta se lo clavó. Vengó a su padre que presa
de la humillación se había pegado un tiro en la boca para librarse de la
maldición que le significaba su esposa dómina y la sirvienta con chupadera.
Agonizante sólo le dijo a su hijo presente "clávelo, clá..ve…lo…" y según el
toro rojo bronceado su padre le había dado indicaciones sobre lo que debía hacer
con su vida. Lo que en realidad pasó fue que en sus últimos momentos el pobre
sumiso moribundo tuvo la certeza de que su esposa ordenaba al marido de la
sirvienta que lo clavara y murió sintiéndose clavado por el peón.
El viejo espantosamente sodomizado gritó y se desmayó, el amo
lo liberó convencido de su cruel venganza luego de verguearlo un poco. Tres días
después su víctima estiró la pata por la perforación que sufrió en el intestino
grueso los pulmones el riñón derecho y el esófago; murió en manos de los
sorprendidos médicos preguntándose sinceramente arrepentido si el esposo suicida
de su patrona había sentido el indecible dolor tan espantoso que él sintió
cuando lo clavaron. Estaba en la más absoluta verdad.
El amo fuera de sí salió a su camioneta y trajo su revólver.
El comisario del pueblo lo vio en actitud agresiva y al intentar averiguar qué
pasaba para apoyarlo sólo se ganó un cachazo y al caer al piso el león salvaje
marcó su territorio orinándole la cara mientras rugía intentando imitar a su
héroe de la selva, el rey de los animales. El amo entró a la casa atravesando la
cafetería "La Playa" en medio de la sorpresa de los dos clientes que esperaban
en la sombra ser atendidos; mientras tanto su empleado salía corriendo para
buscar dónde esconderse mientras se limpiaba del rostro los orines de su amo.
El galán entró a pedir la mano de su amada a su manera: le
puso el cañón en la boca a la chica y gritando le dijo "te vas a mi casa, sos mi
sirvienta por el resto de tu puta vida o te borro de este hijueputa mundo de un
tiro en esa jeta. Contestá malparida, tenés dos segundos"
La joven aterrorizada asintió con la cabeza llena de gozo
mientras sentía en su paladar y su lengua el frío cañón de un revólver calibre
38 extra-largo. El amo la tomó por la cintura y se la echó doblada en el hombro
para luego sujetarla por las piernas con una mano mientras sonriente decía "muy
bien, sirvienta, tu hija te sigue los pasos y es ahora mía. Cualquier reclamo
dirigirse a..…" y burlón le apuntó con el 38 mientras con los labios estirados
le hacía señas de dirigirse a su arma. La vieja reaccionó y le dijo sinceramente
- Cómo se le ocurre un reclamo mi patrón?? Para mí es un
honor…un ho-nor, mi niño, hijooo… hi- j- jooo. (Estaba cagada del susto pero
feliz por su hija).
Terminó el asunto sin muertos. La vieja sabía que la
chupadera se heredaba y sonrió porque supo que cuando el amo se comiera a su
hija y se quedara quieto dentro de ella iba a sentir unos segundos después esa
misteriosa fuerza, esa mano invisible casi siniestra que le iba a apretar y le
iba a soltar repetidas veces el miembro y se lo iba a chupar hacia sus entrañas
hasta que lo iba a hacer eyacular de nuevo una y otra vez debilitándolo muy
lentamente como un veneno en bajas dosis.
Con el tiempo "la chupadera" lo iba a dejar exhausto y en los
puros huesos, pletórico de felicidad y rendido a los pies de su hija aferrado a
sus tobillos de rodillas como un esclavo sexual involuntario pero cien por
ciento manipulable y obediente, incapaz de hacer nada para librarse de la
insoportable necesidad de que se lo comiera y se lo volviera a comer como si
fuera un bebé que necesita el seno de su madre para sobrevivir. El león iba a
temblar de terror ante la chica por la posibilidad de que dueña absoluta del
poder lo abandonara por otro juguete fresco cuando él ya irremediablemente
des-energizado no pudiera más y se fuera quedando inválido en una cama a merced
de ella que si quería matarlo sólo tenía que dirigirle el fláccido soldado
retirado para obligarlo a penetrarla unas cuantas veces más y chuparlo y
chuparlo como un vampiro poderoso cruel e insaciable hasta dejarlo muerto,
desangrado. Para ella sería muy fácil quedarse quieta y dejar que el duende
interno que tenía hiciera el trabajo, el rey suplicaría estuviera debajo de
frente o encima de su hija (buscaría desesperado mil posiciones para ver si
podía dominarla de alguna forma en la cama pero nunca funcionaría). El pobre
intentaría al final de sus días cumplir como hombre al menos con una erección
pero serían sus últimos intentos de demostrar que aún existía, pisoteado y
condenado por el tierno e involuntario pero descomunal poder de su hija.
Quedaba la duda de si la chica sería o no capaz de manejar su
ventaja infinita sobre los hombres. Todos los que tuvieran sexo con ella iban a
convertirse en sus esclavos e iban a hacer lo que ella les ordenara para ser
suyos una vez más salvo que tuvieran la infeliz pero salvadora idea de sacárselo
apenas eyacularan la primera vez para librarse del encuentro con ese extraño
sortilegio que los músculos de la vagina les iban a hacer si no se retiraban
inmediatamente. la madre no había podido hacerlo del todo bien en la vida a
pesar de su arma secreta pero tenía fe en la inteligencia y sagacidad de su
inocente pequeña. El tiempo le iba a dar la razón, y de qué manera...