Una joven mujer yace inconsciente en un raro sitio, llámasele raro por el
intenso alborozo que aún percata su alrededor desde, desde pocas horas después
de la medianoche, cuando se declaró un incendio en la hacienda Astorga.
Diferentes personas, tanto ex-residentes en la desaparecida hacienda como
procedentes de la villa, están con alguna que otra tarea para salvar lo poco que
se pueda y dejar el irrecuperable desastre de forma que no provoque más
problemas. Son un gran número de personas, desde guardia civil a personalidades
del ayuntamiento, a amigos de los afectados, familiares, asociados e incluso
curiosos. Que han oído acerca del desastre en la hacienda y se han acercado a
tomar foto mental de lo que tanto se habla y se hablará por mucho tiempo en la
villa y alrededores; la quema de la hacienda Astorga.
Se han acercado también un grupo de monjas del convento de la madre Calcuta,
para ayudar en lo que sea posible a los heridos que dejó el incendio. Unas
cuantas personas yacen en plataformas de algunos carros y por sus grandes
cubrientes en brazos y piernas se ve que están afectados de grandes quemaduras.
Unos cuantos más cuerpos están reunidos en un extremo de la planicie pero
cubiertos totalmente con blancas sábanas, no les hará falta nunca más ni luz, ni
aire, ni comida.. tan sólo el perdón de Dios es lo que necesitan ahora algunos
de ellos. Para que les sea abierta la puerta donde están llamando ahora mismo.
Un grupo de forzudos hombres están cavando cerca del gran mortuorio con la ayuda
de unos también fuertes bueyes. Ante tal desastre la villa no dispone de
recursos necesarios para organizar un entierro para cada una de las víctimas y
serán todas reunidas en un gran agujero. Que será después tapado y coronado por
una inmensa cruz que recordará por muchos años lo que tantas lágrimas ha hecho
derramar hoy y muchas más lágrimas harales recordar.
Angula fue, una de las personas que descargaron su sufrimiento en la humedad que
encharcó su cara y sin duda harale encharcarla más veces en los próximos años.
Después de recibir la noticia de que nunca mas vería a su amiga Jenara, Angula
se desesperó y no pudo parar de sollozar hasta que la ausencia de sus misma
fuerzas hízola caer al suelo donde ahora se encuentra durmiendo. Cualquiera que
la viera podría pensarse que era una víctima de incendio pero su relativamente
limpia ropa junto al vital color de su cara hacen eliminar tal posibilidad a los
diferentes sujetos que se detienen junto a ella cuando pásanle junto.
Una de esas personas resulta ser ahora mismo la mujer que le dio esta mañana la
fatal noticia y que también arropola la pasada noche después de la huida. Esta
mujer sin pelos en la lengua se disponía a trasladarse a casa de unos familiares
en la comarca pero al ver a Angula a reparado que aún le queda una tarea. La
mujer se sienta junta al derrumbado rostro de la muchacha y se lo acaricia
tratando de, además de infundir cariño, despertarla.
-BustyWoman: eh, chica, ¿estas bien?
-Angula: uhmm, uhmm.
Dice Angula levantado la cabeza y frotándose los ojos.
La chica da un rápido vistazo a su alrededor para recordar donde se encuentra, y
le encantaría volver a ponerse a llorar pero no le quedan ya lágrimas.
-Angula: ¿qué ha pasado?
-BustyWoman: lo que tenía que pasar. Ha venido el alcalde y los bomberos y están
limpiando esto. Mucha gente se ha ido ya y nosotros también tenemos que hacerlo.
No nos podemos quedar aquí.
-Angula: sí, claro. ¿Pero a donde?
-BustyWoman: yo voy a casa de unos familiares. Si no tienes sitio puedes venir
conmigo por un tiempo.
-Angula: uhmm, no, sitio tengo. Sino a casa de mis padres, a casa de otra
persona.. ya tengo sitio.
-BustyWoman: vale, pues se está organizando un carro que irá a la villa, vamos a
tomarlo antes de que esté lleno y se marche.
Las dos mujeres establecen una que será breve alianza y junto a otras personas
llenan el carro que se dirige a la villa. Una vez en la villa Angula y la mujer
se despiden afectuosamente para ambas tomar caminos opuestos. Angula sabe ya a
donde dirigirse; a casa del señor Policarpo, el veterinario con quien ya
estableció una especie de trato de convivencia ayer mismo.
Cuando llega ante la puerta de la lujosa vivienda duda antes de llamar. Angula
se mira de arriba a abajo y presenta un aspecto lamentable, pero digamos que
después de sobrevivir a un incendio nocturno y pasar la noche al raso, este
aspecto es excusable. Por fin sus dedos impactan contra la puerta.
-toc-toc-
La puerta no tarda en abrirse y Policarpo parece sabedor del desastre pues sin
hacer ninguna pregunta da pasa a la muchacha y le ofrece asiento en el comedor.
Mientras la sustenta con lejanamente aprendidas frases de consuelo, la sustenta
también de forma más terrenal sirviéndole un sabroso almuerzo que, aunque tomado
es por ella a las 3 de la tarde, no deja de tener este nombre del primer papeo
del día. Angula traga con glotonería el alimento que se le sirve pues pocas
cosas gastan más energía que la que ha vivido junto a sus compañeros esta noche
y que ha puéstoles a prueba su propia vida.
-Policarpo: la noticia del incendio llegó a la villa esta misma noche. Bien
entrada la madrugada despertó al pueblo la campana que un alguacil repicaba por
las calles requisando toda la ayuda que fuera posible. Yo opté por no venir y ha
resultado más provechosa mi estancia aquí pues he curado unos cuantos quemados
en el dispensario habilitado en la iglesia.
-Angula: ¿no pensó en mi?
-Policarpo: claro que pensé en ti querida, pero barajé las posibilidades de que
te trajeran a la villa a ser curada mientras yo te buscara en los alrededores de
la hacienda. Di por acertada la elección de quedarme y como veo ha sido sí la
acertada.
-Angula: sí, no me he quemado, pero estuve muy cerca de quedarme dentro. De
hecho aún no recuerdo cómo salí.
-Policarpo: cuéntame, cuéntame cómo pasó de tu propia voz.
Dice el señor veterinario sentándose al lado de Angula, en la mesa de la cocina.
-Angula: pues yo estaba durmiendo, los primeros gritos lo oí en sueños y no los
reconocí, pero creo que alguien le dio un fuerte golpe en mi puerta y eso me
despertó. Cuando me hube despertado y al seguir oyendo los gritos de "fuego,
fuego" lo comprendí y me puse en marcha. Pero yo no quería irme sin mi amiga
Jenara, la busqué antes de salir pero no la encontraba y . .. . . -sollozo-
-sollozo-
La narración de Angula se ve interrumpida por esas lágrimas que aconteceranle
muchas veces al recordar lo sucedido.
-Angula: -sollozo- -sollozo- pero no la encontraba y no me quería ir -sollozo-
-sollozo-
-Policarpo: tranquila, tranquila.
Dice el veterinario levantándose y abrazando la llorosa cabeza de la chica.
-Angula: buuh, buuh, ¡Jenara está muerta! y ni tan sólo sé donde está, buuh.
-Policarpo: sssht, ssht, silencio.
Dice el veterinario descendiendo la cabeza a la altura de su protegida.
-Policarpo: ¿quien era esa Jenara?
-Angula: -snif- una amiga que recién conocí ayer, pero era muy buena e hicimos
buenas migas. Con tan sólo un día de amistad pero fue maravilloso las cosas en
que me ayudó.
-Policarpo: bueno, no debes preocuparte, ¿sabes por qué?
-Angula: ¿por qué?
-Policarpo: porque ella sigue viva dentro de ti, mientras tú la recuerdes ella
seguirá viva.
-Angula: ya, algo he oído sobre ello. Que mientras yo piense en ella seguirá
viva, y nunca voy a olvidarla. Trataré de que viva el resto de mi vida junto a
mi practicando un atento ritual cada aniversario de la catástrofe. Le voy a
dedicar algo muy especial dentro de un año, dentro de dos y dentro de todos los
que sea capaz de mantenerme en pie para cada año recordarla.
Dice la muchacha volviendo a abrazar al veterinario. Este ha erguido su incómoda
postura doblada y la cara de la muchacha queda arropada ahora por una no tan
casta superficie como pudiera ser el seno de una madre o los dedos de un
guerrero. Angula permanece con los ojos cariñosamente cerrados y apoyada su cara
en el delantero de los pantalones de Policarpo. No le da ella importancia alguna
al hecho pues no es más que amor lo que recibe la muchacha de ese que sería
visto por terceras personas tan tachable contacto. Es por ello que la muchacha
se arropa a su misma con la cintura del veterinario gozando de la suavidad de
los tejidos. Don Policarpo piensa sí, en unas cuantas más cosas que la muchacha.
Esta le reposa apoyada a la altura de su ingle y quizá no parecerale a ella
problemático, y de hecho no es en absoluto problemático, no lo es en absoluto
pero la verga de Policarpo está parándose como es la más normal reacción de un
pene. Por muchos incendios, desastres, lloros, acongojes o naranjadas que se
interpongan entre el pene, y esa cara angelical pegada a pocos centímetros de él
con sólo un par de capas de tejido de separación.
-Policarpo: así me gusta, que dejes de llorar como una niña.
Dice el señor Policarpo acariciando la tierna cara de la muchacha y que más
tierna sentiríala cualquier hombre del mundo de tenerla pegada a la cintura.
-Angula: gracias señor Policarpo, gracias.
Angula se siente muy tiernamente compadecida, se siente y por supuesto está
acompañada por el inestimable consuelo que necesitaría cualquier joven recién
perdida su mejor amiga, y se siente agradecida al señor veterinario en lo que
está haciendo hoy y en muchas más cosas que espera que haga para ella y su
instrucción a lo largo de su futura convivencia. Se olvida la muchacha del
rojizo padecimiento de la noche y se recrea en el suave sentimiento de abrazar a
alguien simplemente por amor. El señor Policarpo sigue acariciando la carita de
la niña pero no es simplemente amor lo que siente este, el colosálmente humano
sentimiento del amor se ve a veces pragmado de animal ingenuidad cuando un
miembro masculino se llena de sangre y adquiere un tono tenso y tieso dando tan
sólo los medios técnicos para consecutir ese tan noble sentimiento.
La experiencia y la dura experiencia de la vida ha enseñado al señor veterinario
que la suavidad es una cosa de la que a veces se debe prescindir tanto en
animales como en personas. Dando la personal consciencia de la muchacha por
estabilizada, Policarpo se desabrocha los pantalones y ofrece su recia verga a
ser obsequiada con el mismo cariño que sin necesitarlo recibían los inhumanos
tejidos de sus pantalones.
-Policarpo: va... chupa guapa.. verás que rico.
-Angula: oh sí, gracias.
Para Angula no es la primera polla que se come, sí la segunda. Esta es de un
tamaño un poco menor a la del señor Adauco y es agradecido su temor respecto a
que algún día pudiera metérsele entre las piernas, a recuerdos del miedo que le
inspiraba la gran verga de Adauco que la misma noche del incendio estaba
prometida a hacerlo.
El primer engulle de la muchacha es casi total, la verga entra casi por completo
en la boca de esta. Vese con claridad que fue ella que estaba tomándole talla y
al llegar al tope de su garganta le provoca unos leves toseres.
-Angula: tjó, tjó.
Los toseres por supuesto han sídole desagradables, pero la muchacha no cesa en
su empeño e ilusión y sigue mamando la verga en su totalidad, extenuando a cada
engullo el máximo de profundidad de su conducto bucal. La mano del cuidadoso
veterinario por supuesto no forzaría el inocente mamar de una novicia, pero no
se ve tampoco con poder para detener la impetuosa mozalbeta y vedarle tan sano
vicio que practícale.
-Angula: goooooooorbl, goooooorbl, gooooooorbl.
-Policarpo: muy bien hijita, uhmm, eres una Diosa, muy biennn, uhmmm.
Angula no llega a dar como triunfante su mamada y sigue aplicándola con todo su
vigor en las tragadas y con su cariño en la lengua que usa para repasar. Desde
chupar el capullo con los labios y meter la lengua por el agujerito, a
tragársela toda sin tener en cuenta tejido alguno que pudiera tropezarse por el
camino.
-Angula: gooooooorbl.
En esto que, y después de tragarse toda la verga. La muchacha la permanece
tragada jugando con su lengua, sus mofletes, y todas las rojas retinas dentro de
su boca que no mucho tiempo atrás jugaban con caramelos.
-Angula: bbb, bbb, bbb, bb.
-Policarpo: ooooh, síí, sííí, síííí.
Los extenuantes aullidos del veterinario indican a cualquier tercero que
estuviéralos contemplando que está eyaculando. Policarpo trata de retroceder su
cintura para echar la leche en la cara de la niña, pero ante la reacción de esta
de avanzar la cabeza para no liberar el miembro, lo da por perdido y obedece a
su capricho empujando más si cabe la cintura para meterle cuanta más leche sea
posible en el estómago.
-Policarpo: ooooooh, ooooooh, oooooh.
-Angula: bbbbb, bbbbb, bbbbbb, mmmm, mmmm, mmm, mm.
La culminación de la eyaculación llega a su final unos dos minutos después de su
primera nieve. La verga del veterinario sale de la boca de la chica casi
totalmente desinflada. Salen también unos pocos hilos de sabo que ella se
encarga que no caigan en huerto yermo tragándolos.
-Policarpo: así me gusta preciosa, que te olvides de todo porque tienes toda la
vida por delante.