Naomi me esperaba sentada en el sofá, de ladito, con una
pierna cruzada por debajo de la otra y un brazo extendido en la parte alta del
respaldo. A un costado de ella, en una mesa lateral, estaba la charola que trajo
del bar. En esa posición, la minifalda dejaba a la vista gran parte de sus
portentosos muslos, mientras el escote se abría generoso, mostrando las tetas
casi hasta el pezón.
Trague saliva. Me di cuenta que, en ese mueble, iba a estar
más cerca que nunca del enorme y seductor cuerpo, sin tener como escaparme.
Llegue frente a ella y me quedé, derechito, de pie.
-Ya…ya acabé, Mami….
-Sí, ya vi Amorcito. ¿Salió todo bien?-, me preguntó desde
arriba. Aún sentada y debido a lo alto de la butaca, rebasaba mi estatura.
-Sssi…si, Mami. To-todo salió bien…-.
-Bien… ¿y te sacudiste bien tu Pilila, chiquito?-, preguntó
con una sonrisita, deslizando socarronamente la mirada por todo mi cuerpo y
deteniéndose en mi pene.
-"¡Dios! ¡Que fuerte! ¡Y…que sádica!"-, pensé. -"¡Como goza
verme cada vez más empequeñecido, pero excitado! Y lo que es peor… ¡Cómo me está
gustado!"-.
-¿Mi Pi-pi-pilila, Mami?-, respondí al fin.
-Siiii, tontín-, prosiguió con la pícara paciencia de una
maestra de Kinder, pero sin retirar la vista de mi pequeño miembro. –Quiero
saber si te aseaste bien tu pollita…-.
-¡Ah, sssi! ¡Sí me limpié bien!-, suspiré aliviado, por que
en verdad lo había hecho.
-Bueeno, ya lo comprobaré después-, añadió con un guiño, sin
saber yo si me estaba haciendo una promesa o una amenaza, pero encantado con el
gesto.
-Co-co-como quieras…como quieras Mamí…-.
Se tomó un momento antes de seguir, cruzándose ahora de
brazos.
-¡Oye! ¿Pero tardaste bastantito, no? ¿Qué estabas haciendo?
¿Cositas de niño malo?-.
-¡Nnnnno, no Mami! ¡Co-co-como crees!-, dije, y agregué en
tono humilde, para no parecer insolente: -Acuérdate, Mami, que te pedí permiso
para arreglarme-.
-¡Ah, si es cierto, pequeño! ¡Ya veo que vienes bien guapo,
peinadito y lavadito! ¡Anda, ven aquí con Mami!-, dijo la Mulata, relajándose de
nuevo y palmeando el lugar al lado de ella.
Yo dificultosamente trepé al sillón, que para mí tenía la
altura de un pequeño muro. Cuando lo conseguí, me acomodé en el respaldo, otra
vez con mis pies en el aire, cruce mis manos en mi regazo y volteé de lado,
hacia arriba, hacia sus chispeantes ojos.
-"¡Ooops, lo que me temía. Aquí si de verdad que me siento
diminuto!"-.
Y es que instalado ahí y por la postura en que se encontraba,
el inmenso cuerpo de Noami cubría todo mi campo visual. Lo peor: mientras que yo
debía mantenerme erguido para intentar reducir mi desventaja, ella se
desparramaba casual, con una pierna cruzada por debajo de la otra, apoyada de
lado en el descansa-brazos y exhibiendo esa burlona confianza que me desarmaba.
-Bueno-, empezó a hablar, divertidísima, -¿qué vas a querer
tomar, chiquito? ¿Coñac, whisky, vodka? Tengo de todo, mi Amor-.
-Coñac, Mami…si no…si no es molestia-….
-¡Buena elección papito! ¡Ya sabía que eres muy refinadito!-,
expresó, añadiendo traviesa. –Yo prefiero whisky, con hielo, por que ando muy
cachonda… ¡No, perdón! Muy acalorada-.
La gigante giró su cintura hacia la mesa lateral, sirvió dos
vasos de diferentes licoreras y me dio uno. Aunque de un fino y transparente
cristal, el vaso era pesado y enorme, como una jarra pequeña y mientras la
mulata lo sostenía con dos dedos, yo tenía que aferrarlo con ambas manos.
-"Lo dicho"-, reflexioné. –"Aquí todo me hace ver ridículo"-.
Naomi me miró fijamente –la verdad, casi nunca me veía de
otra forma- y levantó su vaso.
-Bueno pequeño, primero que nada vamos a brindar por este
encuentro… ¡Salud!-.
-¡Salud…Mami!...-.
Chocamos los cristales y ambos apuramos un trago, el de ella
ligero, el mío mas abundante. Necesitaba calmar mis nervios.
-¡Epa, epa, Cosita! ¡Calmadito, que eso se les sube rápido a
los bebés!
Me pase apresurado lo que tenía en la boca, aclaré mi
garganta y de inmediato me disculpé.
-(Gluuup)… (Ejem)…Ssssi, Mamí….si, disculpa. Ya le voy a dar
traguitos más pequeños-, dije, apoyando el vaso en mi regazo y sonriendo
tontamente.
Ella sólo soltó una cristalina carcajada que a mi me puso mas
nervioso y que denotó lo divertidas que le parecían mis reacciones a sus
regaños.
Luego, mirándome de ladito, me dijo:
-Quiero que sepas lo contenta que estoy al tenerte aquí,
pequeño-.
-Gracias, Mami. Yo…yo también estoy muy contento-.
-Que bueno, chiquito, vas a ver que no te vas a arrepentir-,
se inclinó, besando ligeramente mis labios.
-Bueno-, continuó, quedándose inclinada, -platícame de tu
vida, ¿a que te dedicas?-.
Yo quise responder de inmediato, después de todo no nos
conocíamos a fondo, pero me tope con un problema, mejor dicho… ¡con dos enormes
problemas! ¡Sus tetazas quedaron directamente frente a mis ojos!
Yo empecé a sudar frío. Todavía me dolía la oreja, de cuando
la joven me regañó por "mirón" y no deseaba arriesgarme a otra sesión similar.
Pero tenía que responder a su pregunta, así que opté por bajar la mirada y
clavarla en mi regazo.
-Yo…soy economista Mami…-.
-Ah, que interesante, fíjate que yo sé un poco de empresas.
¿Y exactamente en que área andas metido, Cosita?
No soy tonto y supe que si no la veía al rostro, lo tomaría
como una grosería. Así que empecé a bajar y subir mi mirada rápidamente, entre
sus ojos y mis manos, deteniéndome lo menos posible en el escote.
-Soy ana-ana-analista financiero Mami…-.
-Ah, si. ¿Y, en que te especializas, bebé?-.
Al levantar la mirada para responderle, vi que ella había
empezado a pasar un dedo por la parte alta de sus senos, acariciándose
suavemente y sonriendo con burla… ¡Me había descubierto!
-Asesoro TETAS… ¡Perdón! ¡Presas!...¡NO! ¡Empresas! Asesoro
empresas, Mami-, respondí, sufriendo por evitar seguir ese dedo, que ya bajaba
al valle que se forma entre sus fabulosas tetas.
-Si, pero ¿en que, pequeño? ¿En que las asesoras?-.
El maldito dedo había llegado al borde del escote, ahí donde
un puntiagudo pezón casi se escapaba del vestidito. Me estrujé las manos y pasé
la lengua por mis resecos labios.
-Les aconsejo en que….en que invertir su-su-su dinero…-.
-Entonces debes ser muy listo-, dijo Naomi, hinchando
repentinamente el pecho, con lo que el escote bajó un poco y el enorme pezón
quedó a la vista. -¿Eres inteligentito, Carlitos?-.
-¡Sssií! ¡Cre…creo que…que sí!-, contesté, parpadeando
desesperado y bajando la mirada bruscamente.
Con una risita, la Mulata decidió ponerme de veras en
aprietos y se inclinó más. Pasé saliva. Los globos quedaron directamente ante
mis ojos, a ambos lados de mi cara y con mi nariz casi entre ellos. Para mí, las
tetas eran tan impresionantemente grandes, que ahora sí no podía evitarlas.
-Pero, ¿qué pasa Cosita Chula? Se supone que el licor es para
relajarnos y yo te veo muy inquietito -.
-Al-al-go, Mami…..sssiiiiiii, tantito inquieto…-, logre
decir, forzando mis ojos muy arriba, más allá de las montañas de carne,
intentando alcanzar su mirada.
-¿O sea que no estás a gusto conmigo?-, dijo la Mulata,
aparentemente ofendida.
-¡No! ¡Digo! ¡Sssiii! ¡Si estoy muy a gusto a-a-aquí,
conti-contigo!"…-.
-Entonces, mi niño, ¿Cuál es el problema?-, insistió
levantándose un poco, dando un trago a su bebida y vertiendo como por descuido,
un chorro de licor.
-"¡Dios! ¡Es una torturadora profesional!"-, pensé, atónito,
a ver que el líquido se estrelló en sus pechos, resbaló hacia abajo, empapó el
vestido… y dejó más a la vista sus encantos.
-¡Pero que torpe soy! ¡Disculpa si te salpique, Chiquito!-,
exclamó, despegando con sus dedos la tela de su cuerpo y soplando hacia sus
senos.
-¡Anda, Carlitos! ¡Ayúdame con tu boquita!-, añadió, poniendo
nuevamente sus tetotas frente a mis narices. -¡Sóplale, papito! ¡Sóplale!-.
El frío whisky y el aire que la Mulata expulsaba de su boca,
provocaron que los pezones se irguieran como puntas de flecha y que la piel de
las tetotas se erizara enloquecedoramente.
-"¡Es demasiado!"-, admití en mi interior. "¡De todas maneras
voy a salir pendiendo!"-.
Derrotado, alcé mi mirada hacia la gigante.
-Nnnno, no puedo Mami…-.
-¿No puedes que, tesoro? ¿Soplar? ¡Es muy fácil, tontito!
Mira, haz la boquita así…-, me dijo Naomi manipulando mis labios con sus dedos,
sin retirar su enorme y paradísimo busto.
Me fue difícil hablar con mi boca atrapada entre sus dedotes.
-So-so-soplar, si…sé, si sé co-co-como soplar…-.
-¿Entonces pequeño?-.
-Es que si te soplo, te vas…te vas…a…eno-no…a enojar….-.
-¿A enojar?-, preguntó soltando mi boca, pero empezando a
pasar suavemente su índice por mi sensible labio inferior. -¿Por qué, si yo
misma te pedí que me echaras aire?-.
-Es…es que si te so-soplo, te voy a tener que mi-mi-mirar las
tetas… ¡Nó! ¡Perdón! ¡Qui-quise decir los…los se-se-senos! ¡Si te soplo, tengo
que mirarte los, los senos, Mami!-.
-¿Y?-, insistió, mojando el dedo en el licor que empapaba su
busto y llevándolo juguetonamente a la boca. -¿Qué acaso no te gustan mis
tetas?-.
-¡Siiiiiii!-, estallé. ¡Si me gustan mucho, mucho tus tetas,
pero no quiero que me regañes, ni me maltrates por…por mirón…!-.
¡De verdad que no podía más! ¡Era increíble que, en tan poco
tiempo, aquella gigante me estaba convirtiendo en un ser sin voluntad, inseguro,
con una enfermiza necesidad de agradarle!
Al mismo tiempo, me estaba acostumbrando a tenerle miedo.
Pero no ese temor que rechazas por instinto y te obliga a huir del peligro, sino
uno que me mantenía clavado ahí, a su lado, aceptando los castigos, con la
esperanza de también merecer sus caricias.
-¡Ay, Chiquito!-, exclamó, interrumpiendo de nuevo mis
pensamientos. -¿De verdad es eso lo que te tiene temblando como pajarito y con
ojotes de gatito asustado?-.
-Si…si-si, Mami. Quiero ser como me dijiste que ti-ti-tienen
que ser los ni-ni-niños…-.
-¿Ah, sí? ¿Y como es eso? ¿Cómo tienen que ser los niños
guapitos con las señoritas?-, cuestionó, levantando una ceja, con la clara
intención de ponerme nuevamente a prueba.
Intenté hacer memoria, aturdido por los violentos cambios de
humor de la preciosa negra. Crucé los dedos y me la jugué:
-¿Bien portaditos, muy bien educaditos y respetuosos?-, dije
por fin, en un hilo de voz.
-¡Sí, bebé!-, exclamó, genuinamente contenta. -¡Así tienen
que ser los nenes lindos, como Tú!-.
La Mulata volvió a dejarme mudo, pues inmediatamente tomó mi
rostro con ambas manos y me llenó de incontables, frescos y breves besos en toda
mi cara.
-¿Sabes pequeñito?-, volvió a ronronear, ahora mordiendo
ligeramente el lóbulo de mi oreja y provocándome escalofríos por toda la
espalda, -Me da mucho gusto que no hayas querido faltarme al respeto con tu
mirada-.
-Eso me pone muy contenta contigo, Cosita mía, y creo que te
mereces un premio-.
Naomí volvió a enderezarse y con la segura y majestuosa
sonrisa de una reina, bajó los delgados tirantes de su vestido y enrolló la
prenda hacia abajo, hasta la cintura. Las enormes, firmes y puntiagudas tetas
que quedaron a la vista, son sin duda las más hermosas que veré en mi vida.
-¡Mi madre!-, exclamé, sin poder contenerme. -¡Que…que…que
cosototas!-.
Y es que, aunque yo ya adivinaba el calibre de ese busto,
verlo de repente al natural, tan fresco, inmenso, terso, armonioso y juvenil,
casi me provoca taquicardia.
La gigante respondió volviendo a soltar una cantarina
carcajada, la tercera o cuarta de la noche. Sus ojos brillaban, su sonrisa era
de oreja a oreja y todo en ella hacia parecer que, realmente, gozaba con mis
arrebatos de sincera admiración.
-¿De verdad te parecen grandes, Carlitos?-, dijo enseguida,
acercando de nuevo sus tetas a centímetros de mi cara, pero ahora apretándolas
entre sus brazos. Con los globos juntitos, la Mulata logró que los pezones
apuntaran directamente a cada uno de mis ojos.
-Ssssiiiii-, mi frente se volvió a perlar de sudor. –Muy…muy
grandes Mami…-.
-¿Grandotas, grandotas?-, añadió Naomi ahogando una risita y
acercándose un poco más, hasta casi clavar las carnosas puntas en mis pupilas.
-¡Si! ¡Ssssssssiiiiiiiii, mama-mamita!
¡Gran-grandototototas!-.
Encantada, la Mulata retiró su poderoso armamento, se
enderezó y dio un trago a su bebida. Pero inmediatamente y con otro mohín de
adolescente traviesa, tomó un hielo, lo pasó por sus pezones y se inclinó de
nuevo, dejando sus tetotas, esta vez sueltas, a los lados de mi cara.
Mirándome hacia abajo con total cachondería, Naomi volvió a
la carga.
-¿Y nomás son grandes, bebé? ¿No te parecen bonitas?-.
-Ssssssiiii….bo-bo-bonitas-. Apenas pude responder.
-¡Ah! ¿Nada más bonitas? Yo pensé que era preciosas-, dijo
como desilusionada y empezó a mover sus hombros de lado a lado, cacheteándome
suavemente con las tetotas.
-¡No! ¡Sí! ¡Quiero de-decir! ¡Decir que…qué no sólo son
bo-bo-bonitas! ¡Son pre-preciosas, Mami!-, contesté, casi babeando.
-¿Deveritas, chaparrito?-, continuó, ahora acunando uno de
los inmensos senos en su mano, como para dar pecho a un bebé.
-¿O lo dices nada más para poner a Mami contentita?-, agregó,
pasando el pezón por toda mi cara, acariciando con él mis mejillas, frente y
párpados y, en la más sublime de las torturas, terminó haciendo círculos
alrededor de mis labios, acercándolo de cuando en cuando a mi entreabierta boca
y pretendiendo que en cualquier momento, iba a introducirlo.
-Lo…lo…lo digo en se-serio-, respondí cerrando los ojos,
embargado por el placer, pero esforzándome en no cruzar el límite. Sabía que
otra vez me estaba poniendo a prueba. –Tienes unas te-tetas en verdad…en verdad
pre-preciosas, Mami-.
La Mulata volvió entonces a romper la magia, soltando una
risita divertida y enderezándose de nuevo, quedando recargada en el
porta-brazos, con sus tetas otra vez lejos de mi boca.
Y mientras yo aún luchaba por controlar mi pulso y mi
respiración, ella lucía completamente relajada, sonriente, como si de verdad no
se diera cuenta de lo tembloroso y agitado que quede con sus juegos.
Así, bebiendo con tranquilidad de su vaso y mirándome
felinamente, volvió a sacarme el tapete.
-Y bien, pues este es tu premio, chiquito-.
-¿Mi-mi premio? ¿Sí?-, respondí imprudentemente, sin poder
disimular mi confusión.
-¡Ay tontito! ¡No me digas que ya se te olvidó! ¡Que
distraído eres!-, añadió, tomándome nuevamente de la oreja, pero esta vez
agitándome en forma suave, juguetona y sonriéndome con paciencia.
-Me refiero al premio que te iba a dar por ser un niño muy
respetuoso con su Mami y por evitar andar de mironcito-.
-¡Ah, si! ¡Sí Mami! ¡Ese…ese premio!-, expresé con fingida
confianza, intentando ganar tiempo.
Naomi me dejó dar un apurado trago a mi coñac, antes de
continuar amenazadora.
-¿No sabes exactamente cual es tu premio? ¿Verdad,
chaparrito?-.
Me quedé totalmente mudo. Ni siquiera pude tartamudear, como
ya se me estaba haciendo costumbre frente a la dominante y enorme Mulata. Quise
pronunciar palabra, pero mi mente no lograba decidir que era mejor: si inventar
algo o confesar mi ignorancia.
-Mírame a los ojos, bebé-, sentenció Naomí, quebrando el
silencio. Resignado, obedecí.
Más al alzar la mirada, el bello rostro de la gigantesca
joven me desarmó como nunca hasta ese momento. Donde esperaba encontrar un gesto
duro, me topé con una expresión serena, sin asomo de enojo, pero con cierta
tristeza, como la de alguien que sabe va a escuchar una mentira.
-Cosita, flaquito, chiquito mío, ¿no sabes, verdad?-, dijo
finalmente, con una vocecita impropia de su belleza y poder y tomándome la mano
con suavidad.
Apurando el resto de mi bebida, decidí que si esa era una
trampa, valía la pena caer en ella. Y caer hasta el fondo.
-No Mamita-, mi voz sonó segura, pero aun más bajita que la
suya. –Me has hecho tantas cosas tan ricas, tan bonitas, que no sé cual de todas
ha sido mi premio…-.
-Pero…pero si estoy bien se-seguro de algo-, agregué, ante su
silencio. -De que me encanta estar aquí…con-contigo. Me encanta, como con…con
nadie me había encantado ja-jamás-.
Siguió callada, mirando el temblor de mis labios y el titubeo
en mis ojos. Luego su cara se iluminó nuevamente con una sonrisa y sin más
trámite extendió un brazo, me tomó con una sola mano por las solapas y me jaló
poderosamente hacia ella.
Levantado como pluma, terminé hincado en el sillón, pegado a
ella y con su lengua invadiendo por completo mi boca. Sentada todavía y sin
soltarme de la camisa, se tomó su tiempo para comerme la boca, mientras que con
la mano libre me acariciaba intensamente el cuello, nuca, brazos y espalda.
Terminó dándome ligeras mordiditas en labios, mejillas y
orejas, mientras sus grandes dedos apretujaban la parte interna de mis muslos y,
por bastante más rato, mis nalgas.
Yo estaba embelesado, con los ojos cerrados y sonriendo como
bobo. Era la primera vez que me tocaba tan íntimamente y me alegré de haber sido
sincero. No me daba cuenta, sin embargo, que la Mulata había cerrado así un
círculo más en mi domesticación.
Su voz me devolvió nuevamente a este mundo.
-Insisto-, dijo besándome los ojos, -que niño tan lindo me he
encontrado en ti-.
-Gra-gracias Mami…-.
-No tienes ni idea, Carlitos, el tiempo, esfuerzo y dinero
que invertí en encontrar a alguien como tú y ya que te hallé, no creo que te
deje ir-.
La última frase de la Mulata volvió a encender la alarma que
me advertía sobre tantos extraños detalles que envolvían al encuentro. Iba
entonces a decir algo, pero ella lo evitó –y me hizo olvidarme de todo- al
jalarme de la nuca para apretar mi cara contra sus tetotas y empezar a pasar
insistentemente la punta de sus dedos, sobre el pantalón, por la línea que
divide mis glúteos.
-Pero bueno, ¡ya no te quiebres tanto la cabeza!-, añadió de
pronto empujándome hacia atrás, sin necesitar de mucha fuerza, para hacerme caer
sentado en medio del sillón. Se levantó desperezándose voluptuosa, con sus
tetotas aún al aire, mirándome con sexi soltura de porrista traviesa, de esas
que gozan torturando al nerd de la clase.
Yo parpadeé nervioso, confundido. ¿Acaso había leído mis
pensamientos?
-Me refiero, tontito, a que te voy a explicar exactamente
cual es tu premio-, me dijo, inclinándose hacia mi, apoyando las manos en sus
rodillas y volviéndome a hipnotizar con sus enormes pechos.
-Tu premio, el que te ganaste por no andar de mirón, es que
de aquí en adelante vas a poder mirar todo lo que quieras, sin tener que pedir
permiso…-.
Yo seguía con la boca abierta, alelado con el suave balanceo
que había impuesto a sus globotes, haciéndome mover la cabeza de lado a lado.
- L O Q U E T U Q U I E R A S …Y te aseguro que por aquí hay
muuuuuchas cosas que ver Chiquito, que creo te van a gustar-, agregó,
enderezándose y girando sobre sus talones para quedar de espaldas a mi.
Luego, volteando el rostro hacia atrás para no perderme de
vista, empezó a doblarse por la cintura hacia adelante, manteniendo las piernas
separadas y las nalgas levantadas, para quedar empinada frente a mi, que
permanecía expectante sentado en el sillón.
La Mulata empezó entonces a ondular de lado a lado sus
caderas, mientras sus manos llevaban su vestido hacia arriba y dejaban poco a
poco a la vista la totalidad de sus gruesos y bien formados muslos y su
impresionante trasero.
-¿Te está gustando tu premio, bebé?-, dijo, ya con el vestido
totalmente a la cintura y dejándome ver su tanga roja de hilo dental,
profundamente clavada ente sus firmes y tersas nalgotas.
-Ssssiiiiiii, Ma-ma-mami, mu-mucho-.
Naomí entonces se reacomodó la ligera falda, volteó hacia mí
y levantó una pierna hasta lo alto del respaldo del sillón. Con el otro pie
firmemente apoyado en el piso, la Mulata quedó como una bailarina, abierta como
tijera y con mi rostro justo frente a su entrepierna.
-¿Te alegra haberte portado bien?, dijo desde arriba.
-Si-siiiiii, me-me ale-le-legra-, alcancé a responder, pero
la Diosa volvió a dejarme mudo cuando levantó otra vez su falda, sin cambiar su
postura y dejó al descubierto su tanga, ahora por adelante.
-"¡Santo cielo! ¡Que bultote!"-, pensé horrorizado, ante la
enorme verga que se adivinaba dentro de la diminuta prenda interior.
-"¡Y eso que aparentemente no está parada!"-, terminé de
lamentarme, recordando de pronto que no estaba con una mujer cualquiera, sino
con una que tenía un instrumento que, por lo que veía, me podía partir en dos.
Ella de nuevo pareció leer mi mente, por que me tomó por las
orejas y me acercó más a su entrepierna, dejándome a un palmo de su herramienta.
Luego, con el tono que emplearía el gato mientras juega con el ratón, dijo muy
lento, saboreando mis reacciones ante cada palabra.
-Como te dije Cosita, hoy podrás mirar MUCHAS, muchas cosas,
y sé que UNA COSA en especial, te va a dejar F-A-S-C-I-N-A-D-O…-.
Yo otra vez no podía hablar. Sentí escalofríos por todo el
cuerpo y el sudor empando mi cara, manos y espalda. Tragué saliva, me recordé
que ya sabía a lo que había venido y, con cierto esfuerzo, despegué mis ojos del
hipnotizador bulto y los dirigí al rostro de la Mulata.
-Sí Ma-mami, estoy se-seguro que to-todo me va…me va a…a
fascinar…-.
Avasalladora, Naomi se quedó mirándome y luego, con una
sonrisa de poder, empezó a adelantar lentamente su cadera, como si fuera a
repegar su instrumento en mi rostro. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, se
sonrió, mordió su labio inferior, me aventó desde arriba un juguetón y breve
beso…y me soltó.
-¡Vaya!-, dijo enderezándose en tono casual, mientras se
acomodaba el vestido, bajando su falda, subiendo sus tirantes y ocultando sus
cosotas de nuevo a mi vista. –Creo que ya nos acabamos las bebidas. ¿Qué tal si
nos sirves más, Chiquito?-.
Yo tardé en reaccionar, parpadeando, No me acababa de
acostumbrar a ese remolino de sensaciones a que me sometía la gigante, donde lo
mismo me seducía y mimaba, que me dominaba, maltrataba y torturaba.
-Si…si Mami-, respondí finalmente, abandonando el sillón,
tomando los vasos vacíos y dirigiéndome a la charola. -¿Tu whisky con bastante
hielo, verdad Mami?-.
Yo había dejado a Naomi, al otro extremo del sofá, por eso
cuando su voz sonó inmediatamente atrás de mi nuca, me estremecí, ligeramente
asustado. Se había acercado sin el mínimo ruido.
-Si chaparrito, con mucho hielo-, su voz sonó divertida por
mi sobresalto. –Me da gusto que se te grabe lo que le gusta a Mamita.
Mientras yo servía las bebidas, la Mulata pasó su mano por mi
cintura y me jaló hacia ella, dejándome apoyado en su cuerpo, con sus tetas
envolviéndome la nuca y su enorme bulto palpitando en mi espalda
Y con mis manos ocupadas en vasos y licoreras, su boca
masticó levemente mi lóbulo y me susurró.
-Te voy a dejar tantito, bebé, como un caballerito terminando
de preparar las bebidas-.
-¿Te vas a ir?-, dije sorprendiéndome por lo triste que me
dejó el breve comentario, girando mi rostro hacia atrás y hacia arriba, para
encontrarme con sus chispeantes ojos.
-No, tontito-, me respondió, riendo bajito, y zarandeando con
su mano, en forma ligera, mi barbilla. –Nada más voy a mi cuarto a refrescarme y
ponerme algo más cómodo-.
-¡Ah, bueno!-, respondí con infantil alegría. –Yo aquí
termino con esto, Mami, y luego…-.
-…Y luego tú también te me pones más cómodo-, dijo,
interrumpiéndome.
-¿Ma-ma-más, co-co-cómodo, Ma-ma-mami?-, respondí
repentinamente acobardado. De pronto me di cuenta que no estaba preparado para
mostrar mi delicada, quizá hasta ridícula desnudez, frente a ese portentosa y
exuberante mujer.
De verdad que ella debía ser telépata, por que podría jurar
que adivinó la causa de mi inquietud.
-Nada más un poquito, mi Amor-, me dijo conciliadora,
metiendo la mano por el cuello de mi camisa y apoderándose con dos dedos de una
de mis tetillas. –Por ahora, sólo quiero que te quedes descalcito para que andes
más fresco y que te desfajes y arremangues la camisa… ¿OK?-.
El pellizquito en mi pezón con que la gigante terminó su
frase, casi me hace soltar los vasos de las manos.
-¡Ay…Sí, sí Mami! ¡OK!...-.
-Bueno, no tardo pequeño-, dijo entonces ella, dándome un
ligero chupete en el cuello y soltándome. Sentí que se enderezó, dio la media
vuelta y empezó a alejarse de mí, pero de lo que no me percaté –por que otra vez
lo hizo sin ruido-, es que volvió a acercárseme por detrás.
Lo siguiente que supe de ella y que me hizo dar otro saltito,
fueron sus enormes manos tomándome por el trasero.
-Por cierto… ¿Te he comentado que tienes un muy lindo
Culito?-, siseó la enorme joven, con su nariz enterrándose y jugueteando con mi
cabello y sus largos dedos masajeando mis nalgas, las cuales abarcaban con
facilidad
-Nnnno, no-no lo has men-men-cio-cio-na-na-nado, Mamita…-.
-Pues te comento ahora que tienes unas nalguitas muy, pero
muuuuy ricas, Bebé-, añadió, dándome un fuerte apretón en las pompas, mordiendo
ligeramente mi nuca y soltándome de nuevo.
Ahora sí se separó de mi y partió hacia el fondo del
apartamento, riendo traviesa, muy consiente de que me dejaba temblando,
excitadísimo y con la cabeza llena de dudas.
En cuanto Naomi abandonó el salón, yo rápidamente dí un gran
trago a mi bebida. Luego tomé un hielo de la cubitera y empecé a pasarlo por mi
frente, sienes, cuello, nuca y pecho, intentando que la combinación del frío y
el alcohol me calmaran y devolvieran la serenidad a mi cerebro.
"¡Dios! ¡Si me tiene comiendo de su mano!", pensé, menos
alarmado de lo que creería. "Y el problema no es que me convierta en un perrito
faldero… ¡Sino que me está gustando!"-.
Me interrumpí al darme cuenta que debía cumplir con las
órdenes de mi majestuosa anfitriona.
"Por que no fueron sugerencias, sino órdenes", seguí
meditando, mientras terminaba de servir las bebidas y acomodaba todo en la
charola. –"Y si no obedezco, me va a poner como trompo".
Siguiendo con mis "instrucciones", me retiré botines y
calcetas, los dejé acomodados en un rincón y me doble un poco el pantalón hacia
arriba, para no pisarlo. "Lástima"-, me lamenté, "sin las botas, pierdo como 5
centímetros".
Luego me senté en la esquina del sofá que había venido
ocupando la Mulata, al lado de la mesita con la charola. Calculé que tenía
tiempo –después de todo, las chicas tardan en refrescarse- y me dispuse a
esperarla dando pequeños sorbos a mi coñac.
"Lo que no entiendo, es sí ella es así de dominante o nomás
se le antojó jugar conmigo al verme tan pequeño"-, volví a cavilar. "Aunque mi
estatura ya la conocía y cuando se cercioró que soy chaparro y delgado, como que
me invitó con más gusto".
"Tampoco me explicó como alguien que evidentemente cambió de
sexo muy joven, haya podido desarrollar una personalidad tan fuerte y segura,
tanto, que no le cuesta nada manipular a alguien mayor que ella, como yo".
Yo había tomado otro hielo para pasármelo por la frente y
entonces caí en la conclusión que, juego o no, la Mulata en verdad gozaba con
hacerme saber que podía hacerme lo que quisiera, que disfrutaba recordándome a
cada momento –con gestos, palabras y acciones- lo pequeño, débil y delicado de
mi persona, sobre todo ante alguien tan grande, fuerte y sexual como ella.
"O sea que aquí yo soy la débil mujercita y ella, el macho
dominante"-, concluí abrumado. "Y la verdad, creo que la idea no me está
disgustando del todo, a menos que…"-.
-¿Tienes calor bebito?...-.
"¡En la madre!", me sobresalté al verme de nuevo interrumpido
por la gigante, dejando caer el hielo. "Aparte de telépata, esta mujer debe ser
gata... ¡No hace nada de ruido!"-.
De pie frente a mí, sonriendo con picardía, las manos
cruzadas hacia atrás como niña buena y una pierna ligeramente más adelante que
la otra, la Mulata se mostraba semidesnuda.
"¡Mamasota! ¡Cada vez se pone más buena!"...-.
Y es que Naomi se apareció con una cortísima y muy delgada
bata de seda, de esas que se amarran con un lazo a la cintura y usualmente se
ponen encima de un Baby-Doll. Pero ella, seguramente para terminar de volverme
loco, prefirió usarla sin casi nada debajo
La abertura de la negra prenda llegaba hasta la cintura,
descubriendo el ombligo y dejando las tetotas casi de fuera, mientras que lo que
restaba hacia abajo, a partir del lazo, era tan breve, que seguramente apenas
tapaba una breve tanguita.
Yo estaba con la boca y los ojos más que abiertos que nunca,
con los oídos zumbándome y preguntándome si la gigantesca niña no se cansaría de
sorprenderme.
-Algo me dice, Chiquito, que te gustó mucho mi batita-, dijo
de pronto, mordiéndose un labio y adelantando un pie, para acariciar mi
semi-descubierta pantorrilla.
-¡Muuuucho, Mami! ¡Me gustó muchisísisimo tu bata!-, respondí
extasiado, pero pensando de pronto que quizá estaba cometiendo una falta,
agregué: -¿Por...por qué, Ma-mami?….¿Te mo-molesta que, que me-me guste?...-.
-¡No, Chaparrito! ¡No me molesta que te guste! ¡Al contrario!
¡Si para eso me la puse, Tontín!-, dijo alegre, lo que me tranquilizó.
Pero inmediatamente añadió, otra vez con cierto tono de
severidad:
-Lo que pasa es que te quedaste todo taradito y no
respondiste a mi pregunta. ¿Te parece eso propio de un niño educadito?-.
¡Otra vez en aprietos! ¡De verdad, ni idea de que hablaba la
Mulata!
-¿Me...me...preguntaste…Ma-ma-mami…?-.
-¡Cuando recién llegue de cambiarme, Carlitos!-, me
interrumpió, ahora sí muy impaciente y dando en el suelo golpecitos con la punta
de un pie. –Yo llegué, me paré a tu lado –que ni cuenta te diste, por cierto- y
te pregunté algo con mucha amabilidad y por que me intereso por ti-.
-¿ ¿ ¡ ¡ D E V E R D A D N O T E A C U E R D A S ! ! ? ?-.
La voz de la gigante se elevó como nunca en la noche.
-Nnno…no me-me-me acuerdo-do, Ma-mami…-, reconocí, mas
asustado que nunca.
- ¿ ¿ ¡ ¡ Y S E P U E D E S A B E R P O R Q U É , N I Ñ O T A
R A D I T O ! ! ??-.
La violencia del tono y sobre todo, sus despectivas últimas
palabras, volvieron a colocarme al borde de las lágrimas. Fue esto lo que me
hizo responder nuevamente con toda sinceridad
-Por que así me po-pones Tú, Ma-ma-mami…todo idiota y
ta-tarado con lo buenota que estás…-.
Entonces Naomi se acercó bruscamente a mí y ahora sí pensé
que iba a pegarme. Cerré los ojos y me encogí en el sillón, esperando lo
inevitable.
Pero pasaron algunos segundos y nada pasaba. Decidí abrir
lentamente los ojos, sin mucho ánimo y la encontré sentada al lado mío,
completamente erguida, con piernas y brazos cruzados y respirando hondo, como
intentando controlarse.
Previendo lo peor, me atreví entonces a levantar la mirada
hacia su rostro y me la encontré con ojos ligeramente severos, una sonrisa
forzada y moviendo repetidamente la cabeza de lado a lado, como diciendo no. Me
pareció la viva imagen de una joven tía, al momento en que reprocha la travesura
de un sobrinito.
-¡Ay Carlitos!-, dijo de pronto, sujetándome de la oreja y
agitándome con un poco de rudeza.
-Uno de estos días, Niño, te vas a ganar una verdadera tunda,
nomás por distraído…-.
-Perdón, Mami…-, fue todo lo que pude decir, con los labios
temblorosos y extendiendo tímidamente la mano para tocar una de las suyas,
acariciando sus enormes nudillos, como reafirmando mi disculpa.
Naomí volvió a relajar el rostro y suspiró. Luego, exhibiendo
nuevamente su portentosa fuerza, me tomó bruscamente por debajo de las piernas y
espalda, me levantó en vilo y me sentó en su regazo, como a un niño chiquito.
Y en verdad eso parecía, con mi minúsculo cuerpo sobre el
gigantesco de ella, mi delgado tórax pegado a las enormes tetas y acurrucado en
un cuello, que fácilmente doblaba el grosor del mío.
-Perdóname tú a mi, bonito-, susurró de pronto, exhalando el
aire, ya completamente calmada y empezando a acariciar mi espalda y nalgas. –A
veces creo que si soy un poquito dura contigo-.
Yo no dije nada, no quería estropear el momento. Me limité a
subir mi mano para acariciar levemente sus labios y a dar ligeros besos en la
parte alta de sus senos. Levanté otra vez la mirada y me alegró el ver que la
ternura había vuelto a su rostro.
De pronto, otro cambio de ánimo y la chica me separó
bruscamente, dejándome equilibrado en su rodilla y deteniéndome con su mano por
la camisa, apenas evitando que cayera al suelo
-¡Es que tu tienes la culpa chaparrito, por taradito!-,
exclamó la Mulata, con tono de reproche, pero sonriendo.
-¿De…de…de qué…Mamita?-, cuestioné dócilmente, no muy seguro
de para donde iban las cosas y temiendo que me arrojara al piso.
-¡De que me enoje contigo, bobito!-, respondió Naomí. –Eres
un niño bien lindo, muy educadito y con un culito muy rico… ¡Pero me desesperas
por distraído!-.
Ante el tono cariñoso y su rostro tranquilo y sonriente, yo
ilusamente me creí del todo seguro y hasta me atreví a bromear, queriendo volver
a sus brazos.
-Es que los niños lindos y de culito sabroso, como yo, así
somos de distraídos, Mami-, dije riendo y meciéndome en su rodilla, como a
caballito, sosteniéndome con las manos de su muslo.
Ella SÍ sonrió con mi comentario, pero con un gesto
sarcástico. Entrecerró los ojos y empezó a afirmar despacio con la cabeza,
divertida, pero acusadora, como una maestra que sorprende al alumno haciendo
trampa y anticipadamente disfruta del castigo que le va a dar.
-Muy graciosito, ¿No, chiquito?-, me dijo, tamborileando los
dedos de su mano libre sobre uno de mis muslos, remarcando la advertencia
escondida en sus palabras.
-Po-po-poquito, Mami-, respondí, ya no del todo convencido de
mi ocurrencia.
-¿Así que tú eres un NIÑO LINDO, de CULITO SABROSO? ¿Eh,
bebito…?-, añadió, recalcando ciertas palabras, y subiendo y bajando
repetidamente la rodilla en que me tenía sentado, sin brusquedad, pero
haciéndome temer una caída.
-¡No¡ ¡Es que tu…Tú dijiste Ma-mami…que yo…que yo lo
tengo…que mi culito…!...-.
-…SÍ…-, me interrumpió. Es cierto que YO dije que tienes un
RICO CULITO. Pero no quieras PASARTE DE LISTO. Ese no es PRETEXTO para ser tan
BOBITO Y DISTRAÍDO-.
-¿No, Mamí?...-.
- NO, chistosito. Y para que se te vaya quitando lo
ATOLONDRADO y GRACIOSITO… ¡YO te voy A ENSEÑAR para que sirven los CULITOS de
los niños LINDOS!...-.
Sacándome un gritito, Naomí me volvió a jalar hacia ella,
pero no para abrazarme como yo lo deseaba, sino para levantarme como títere,
darme la vuelta con facilidad en el aire y dejarme colocado boca abajo, en su
regazo, con mis nalgas a su entera disposición.
-¡No, mami! ¡No, por favor!-, chillé aterrado e intenté
levantarme, pues adiviné lo que venía y temí lo que las enormes y poderosas
manos de la Mulata, podían hacer en mi pequeño trasero.
-¡Cómo de que no cabroncito!-, respondió con ferocidad la
chica, sujetándome fácilmente con el peso de una sólo mano en mi espalda.
-¡Ahorita vas a aprender que con Mami no se juega!-.
Y sin más, la mano libre de la gigante empezó a caer sobre
mis nalgas. –PAF, PAF, PAF…-.
Una, dos, tres….10 nalgadas recibí en total, provocándome un
intenso ardor y haciéndome llorar como un bebé.
Los chirlos habían sido rápidos, contundentes, con la
suficiente fuerza y consistencia para hacerme rebotar como pelotita entre sus
piernas y su manota.
-¡Te estás enterando, chistosito!-, me dijo, acercando su
rostro a mi nuca. -¡Te estás enterando para que sirven los culos bonitos, de los
niños mal-portados!-.
-¡Sí, Mamita, ya…ya me enteré! ¡Ya no me…no me pegues, por
favor!-, respondí, girando mi cuello hacia atrás, intentando ver sus ojos y –muy
grave error- cubriendo mis nalgas con mis manos.
-¡NO te tapes, CABRONCITO! ¡Que te va PEOR!-, vociferó,
sujetándome ambas muñecas con una sola mano y jalándolas en dirección a mi nuca,
para inmovilizarme con una llave.
-¡Ay, ay, ay! ¡Duele, Mami! ¡Duele mu-mu-mucho!...-.
-¡Y más te va a doler, si no te callas, llorón!-, atajó,
dándome otro manazo, más fuerte que los anteriores y que me dejó berreando como
becerro.
En el salón, sólo se escuchaban mis lamentos. No quise
moverme en absoluto, para no provocar más su enojo. Escuché hielos chocando
entre sí y supe que Naomi bebía de su whisky, quizá para relajarse un poco.
Luego la Mulata aflojó la presión sobre mis muñecas y empezó a pasar las puntas
de sus dedos suavemente por mi castigado trasero.
-Voy a soltarte los bracitos, pero no te vas a levantar.
¿Entendiste Chaparrito?-, dijo la gigante con tono tenso, pero ya sin enojo.
-Ssssiiiiii, Mami…no…no…no me levanto…-.
Los gruesos dedos liberaron mis muñecas y yo inmediatamente
quise frotarme las adoloridas pompas.
-NO TE SOBES, niño-, me advirtió, arrastrando las palabras y
provocando que yo inmediatamente inmovilizara las manos.
-No…no...Ma-ma-mamita…lo que tu di-di-digas…no me-me sobo…-.
Los dedos de la colosal joven empezaron a masajear mi cuero
cabelludo, mientras se escuchaba como seguía disfrutando, a sorbitos, de su
bebida. De pronto, la misma mano que jugaba con mi cabeza, me sujetó por el pelo
de la nuca y, despacio, pero firmemente, me obligó a girar el cuello para verla
al rostro.
-Bueno, Chaparrito, ya se me pasó el enojo…-.
-Que…que bueno, Ma-mami…yo…-.
-…Y ahora, siguen tus Nalgadas de Castigo…-.
-¿Qué? ¿Cómo?... Pe-pe-pero...Mamita, me acabas
de…de…nalguear…-.
-Sí, pero eso fue de puro coraje. Por que me colmaste la
paciencia con tu chistecito-, dijo, con calma y pasando sus dedos por mi culito.
-Los azotes que te voy a dar a continuación, SI SON
para darte una lección y que se te vaya quitando lo bobito y
DISTRAÍDO.
Me quedé turulato. No sabía si estaba bromeando o si iba a
calentarme las nalgas un rato más. De lo que sí estaba seguro, es que la chica
cada vez me tenía más encadenado a su persona.
-Pe-pero…pero…Mamita…este…yo…-.
-Nada de peros, Cosita-, me silenció, pellizcando ligeramente
mi nariz. -¿Qué clase de Mami sería yo si no educara bien a mi Chiquito? Tengo
que instruirte debidamente, ¿no crees bebito?-.
-Si…claro…Mami…-…
-Bueno, pues enseguida te voy a dar otras 5 nalgaditas, bien
dadas y Tú, mi niño lindo, no te vas a mover… ¿OK?-.
-Pero Mami…-…
-…NO TE VAS A MOVER-, continúo ella, ignorando mis súplicas y
sin soltarme de la nuca, -por que tu eres un nene muy obediente, que respeta y
quiere mucho a su Mamita, ¿VERDAD?-.
No respondí inmediatamente, pero cuando lo hice, fue
convencido de que no había escapatoria. Yo aún no lo sabía con certeza, pero
voluntariamente me entregaba cada vez más a los caprichos de la gigantesca,
dominante y a la vez, tierna niña y a un proceso de verdadera domesticación.
-Sí Mamí-, respondí finalmente, con voz quedita, pero firme.
–Soy tu nene obediente. No me voy a mover. Puedes nalguearme cuanto tú
quieras…-.
Naomi asintió con la cabeza, satisfecha y al fin soltó mi
cabello. Y cuando la vi enderezarse para volver a tomar su vaso, aproveché.
-Mami…antes de mi…de mi…cas-castigo… ¿Te puedo hacer tres
preguntas…?...-.
-Claro, dime bebé-, respondió distraída, pasándose un trago y
volviendo a acariciar mi nuca.
-Las…las…nalgadas… ¿Me las vas a dar…muy…muy fuerte…?-, dije,
casi inaudiblemente.
La mulata dejó de lado su bebida y volteando hacia mi,
respondió como dudando.
-Un poquito…sí. Van a estar un poquito duras, bebé-.
-¿Me puedo agarrar fuerte de tus piernas, mientras me
nalgueas, Mamita…?-.
-Si Angelito, si te puedes agarrar-, contestó, cada vez más
enternecida.
-¿Y me puedes dar algo para morder, mientras me das los
azotes, Mami…por favor?-.
Esta vez antes de responderme, la enorme niña se agachó hacia
mí, para enterrar su nariz en mi cabello y susurrarme al oído.
-No chiquito-, dijo con mucha dulzura, como si de verdad le
pesara. –No puedes morder nada, por que quiero oír tus quejiditos. Es parte del
castigo, Cosita. Pero sí te prometo que voy a procurar tenerte un poco más de
paciencia el resto de la noche, ¿está bien mi Amorcito?-.
-Si Mamacita-, respondí, arrebatado por su delicadeza. Y
añadí, confirmando mi total y sumisa entrega: -Ya sabes que tu nene hace lo que
tú gustes y mandes-.
La hermosa Mulata volvió a sonreír, besándome ligeramente y
enderezándose sin prisa. Dio un nuevo y breve sorbo al licor y empezó a alisarme
el pantalón, a la altura de mi trasero, como queriendo dejar bien expuesta la
zona que iba a torturar.
-Lo dicho, que lindo culito…-…, expresó en voz baja, como
hablando consigo misma.
-Gra-gracias, Mami…-, empecé a decir, halagado.
-…lástima que lo tengo que zurrar-, me interrumpió,
haciéndome dar cuenta de que no me estaba escuchando. Luego, en el mismo tono,
como reflexionando en voz alta, agregó:
-Vas a ver, vas a ver mi bebito, que con el tiempo te voy a
dejar bien domesticadito y ya no va a haber necesidad de castigarte, Cosita
hermosa…-…
-Si, chaparrito lindo-, añadió, pasando sus uñas suavemente
por mis nalgas y marcándome, sobre el pantalón, la raya del culo. –Te voy a
convertir en un lindo perrito faldero, bien amaestradito, que sólo viva para
complacer los gustos de SU AMA…MIS gustos, nene…-…
En lo profundo de mi mente, una luz finalmente se encendió.
Comprendí que de eso se trataba todo, que la voluptuosa gigante no sólo buscaba
una aventura casual, sino quizá, un amante de fijo, uno a la altura de sus
gustos…y en éstos sólo tenía cabida un hombrecito débil, sumiso, manejable y
además, dispuesto a entregarse libremente a todas sus órdenes, deseos y
caprichos.
"Pero, ¿porque yo?"-, el cerebro me iba a estallar. –"¿Cómo,
si me acaba de conocer? Aunque que me vea dispuesto, ¿Porqué arriesgarse con un
desconocido? ¿Y cómo está eso de que me buscó y me encontró? Además, ¿como puede
alguien tan joven vivir sola, con lujos? ¿Cómo se convirtió en alguien tan
segura de su especial sexualidad, si sólo tiene 20 años? No entiendo, nada tiene
lógica, es como si ella …"…
-¡…Ahhhhhhhh…!...-.
Gemí en voz alta, interrumpiendo mis pensamientos. La Mulata
había encontrado, por sobre mi pantalón, mi cerrado orificio y había empezado a
clavar un dedo con dulce firmeza
-¡Ahhhhh….Maaaamiiiiiiii….Ahhhh...!-, volví a gimotear mas
alto y mas constantemente, cuando el grueso índice de Naomi se adentró lo
suficiente y empezó a girar con suavidad, como queriendo desgarrar la tela y
llegarme muy adentro.
Pero lo que terminó de silenciar mis dudas y me hizo temer
que la gigante quizá SÍ había encontrado en mí el perrito que buscaba, fue
sentir que ella abandonó mi culito y deslizó su mano a mi entrepierna,
localizando la punta de mi parada pollita y poniéndose a darle apretoncitos.
-Ahhhhhhhh…Nooo…Siiiii….¿Maaamiiii?….¿Queee…meee…haaa…haaa…haceees?...-…
-Nada en especial Chiquito-, respondió, muy divertida, sin
soltar mi verguita de entre sus dedos. –Es que se me antojó estrujarte tantito
la Pilila e ir abriéndote un poco el culito-.
-¿Por qué, nene?-, añadió, con dulzura e intensificando sus
pellizcos. -¿No te gusta, bebito?-.
-¡Siiiiiiii…muuuuuuchoooooo….Maaamiiitaaa…muuuuchooo…!...-.
-Que bueno bobito-, dijo entonces la gigante, soltándome del
todo y volviendo a alisar la tela de mi pantalón. –Es que te vi muy tenso, muy
pensativo y pensé que había que relajarte el culito para empezar con la
calentadita de nalgas. ¿No te parece?-.
Respirando hondo, temblando por sus atrevidas caricias y con
mí pitito golpeteando excitado el regazo de la Diosa, decidí que ahora o nunca.
-Si…Mami…-, respondí. -Ya me tienes relajado y…y…listo…-.
-¿Para que, Cosita?-.
-Para…para…para que me des mis…mis…mis nalgadas, Mami…-.
-OK, nene-; su voz sonó a una sentencia inapelable. –Van a
ser cinco nalgadas, bien dadas y te voy a ir diciendo por que te las estoy
dando, ¿entendido?-.
-Si, Mami…-…
-No te voy a detener, por que sé que no te vas a mover…
¿OK?-.
-OK, Mamita…-…
-Y cuando termine, ya que nos calmemos, vamos a tratar de
conocernos un poquito más, por que la noche se nos esta yendo en puros regaños…
¿Te parece bien?-.
-Si…si…Ma-Ma-Mami…-.
Tras guardar silencio por un momento, Naomi se inclinó un
poco hacia a mi y, con un ronroneo lleno de promesas, me dijo mientras pasaba
las uñas por toda mi espalda:
-Te juro, mi niño, que si ya no te portas mal Y ERES BUENITO,
voy a mimarte MUCHO, MUCHO y te voy a hacer cositas tan, pero TAN RICAS, que te
voy a poner TODO LOQUITO ….¿Te gusta la idea, MI REYESITO?-.
Yo me tarde un poco en contestar, por que se me quebró la voz
de gusto. Pensé que, en verdad, estaba valiendo la pena la experiencia y que por
nada del mundo me iba a echar atrás.
-Me encanta la idea Mami…y sé que todo lo que me hagas me va
a gustar-.
E inmediatamente, para reafirmar mi rendición incondicional,
me agarré fuerte de sus muslos y solito paré el trasero.
-Ya estoy listo, Mami-, agregué, torciendo mi cuello para
verla a la cara.
Ella sonrió otra vez, complacida con mi docilidad y
lentamente levantó su brazo para agarrar fuerza.
-Aquí vamos, Carlitos…-…y dejó caer pesadamente su mano.
PLAF…-…. El ruido llenó la habitación y me convenció que
ahora iba en serio.
-Esta es por distraído…-, la oí decir.
PLAFF…-…. Tuve que clavar los dedos en su muslo, para no
gritar.
-Esta, por bobito…-…
PLAFFF…-… -¡Aaaayyyy-, grité yo, ahora sí incapaz de
contenerme.
-Esta tercera, te la debía por mirón-, me dijo ella.
PLAFFFF…-… -¡Aaayyyy!… ¡Ayyyy!… ¡Ya no, Mami! ¡Ya no!-, gemí,
con la voluntad quebrada, pero sin moverme y manteniendo el culo en alto.
-¡Cállese, chillón! ¡Que esa también se la merecía, por
graciosito y por querer pasarse de listo con Mami!-.
A estas alturas yo estaba bañado en llanto. Hipaba
abiertamente, ahora sí que como bebe, mientras sentía mis nalgas arder como
nunca. No era tanto el dolor físico, pues sabía que de haber querido, Naomí
podía matarme de un par de puñetazos. Era la humillación se sentirme
completamente dominado, apabullado por alguien menor que yo y con cuerpo de
mujer.
-Falta la quinta y última, chiquito-, dijo entonces la
hermosa gigante, cortando de nuevo mis pensamientos. –Esta si va a estar fuerte,
bebé, te la ganaste, bien ganada, por andar de habladorcito-.
-¿Ha-ha-habladorci-cito?-, alcancé a murmurar, entre
quejidos.
-Si angelito, por que una cosa es que sepas que tienes un
lindo culito y otra que andes de presumidito. ¡Eso sí está muy mal!-.
-¿Sí, Mami?-, balbuceé, volteando a verla y queriendo
salvarme con una sonrisita.
-¡Y ni me pongas esa carita!-, advirtió ella, sin enojo, pero
firme. ¡Que si no te corrijo ahorita, al rato vas a andar por ahí de coscolino,
presumiendo tus nalguitas con cualquier putilla! ¡Y eso sí que no, niñito! ¡Esas
nalguitas son nada mas mías!-.
Al verla levantar la mano más alto que nunca, ya no dije
nada. Mejor cerré los ojos, mordí mis labios y me aferré fuertemente a sus
piernotas….
PLAAAAAFFFFFFF…-… -¡Aaaaaayyyyyyy-.
El grito y mi llanto, llenaron por completo el apartamento.
Ella me dejó unos momentos más en su regazo, gimoteando como un verdadero niño.
Luego, con delicadeza y otra vez como vil muñequito, me levantó y me puso de pie
en el piso, frente a ella.
Yo estaba hasta moqueando. Mis lágrimas apenas me dejaban
verla, pero con esfuerzo, pude apreciar un rostro serio, pero sin ningún rastro
de ira. Las nalgas me escocían tremendamente y me urgía calmar un poco el dolor.
Ella otra vez jugó al telépata y me dijo, con tono cada vez
más relajado.
-Ande chiquito, ya puede sobarse las pompitas, si quiere-.
Yo rápidamente aproveché su autorización y me froté
vigorosamente el trasero, sin dejar de mirarla y atento al menor gesto de mi
gigantesca captora.
La mulata, al verme completamente derrotado, volvió a sonreír
con ternura y sin abandonar el sillón, me atrajo hacia ella, dejándome paradito
entre sus piernas.
-¿Ya ves, traviesito?-, dijo, mientras limpiaba mis ojos,
nariz y cara con una servilleta, en plan maternal. –Eso le pasa a los niños
cuando se portan mal. ¿Pero ya te vas a portar bien, verdad?-.
-Si…si…Ma-ma-mamita…-, respondí, todavía entre hipos. –Ya voy
a ser bue-bueno…-…
-SI, eso ya lo sé bebé-, dijo tranquilamente, separándome de
su cuerpo, poniéndose de pie y alejándose un poco del sillón. –Ven conmigo.
-¿A…a donde…Ma-Ma-Mami?-, inquirí dudando, dando
instintivamente dos pasos hacia atrás. La verdad temí que la sesión de nalgadas
fuera a seguir en otra parte del apartamento. Ella al notar mi renovado temblor,
soltó otra de sus juveniles carcajadas.
-¡Tú obedéceme, malcriado!-, insistió, extendiendo una mano
hacia mí. -¡Y trae la cubeta de los hielos, que necesitamos refrescarte un
poquito!-.
No me quedó más que tomar la enorme cubeta –tuve que
abrazarla- y meter mi mano entre sus grandes dedos. Ella me guió entonces al
fondo del apartamento, pasando por el baño de visitas que yo ya conocía.
Empezamos a avanzar por un pasillo colmado de lujos, con cuadros y adornos
evidentemente de gran valor.
"¡Parecen originales!", pensé, en el colmo de la sorpresa. Yo
conocía bastante de arte, es una de mis pasiones, pero las obras ahí exhibidas
debían valer una fortuna. "¡Es increíble!".
-¿Te gusta mi depa, Cosita?-, preguntó ella de repente,
notando mi interés.
-¡Sí!-, respondí con sincera admiración. –Tienes pinturas y
esculturas muy interesantes, Mami-.
-Sí-, contestó ella sonriendo y mirándome fijamente. Ya sé
que tienes un gusto muy refinado. Después te doy un paseo en forma por todo el
lugar. ¿OK?-.
-OK, Mami-, respondí simplemente. "¡Esta niña no para de
sorprenderme!".
El pasillo parecía interminable. Había contado por lo menos
10 puertas, de cada lado, cuando llegamos a una esquina. Siempre llevándome de
la mano, Naomi me hizo dar vuelta y, tras otro pasillo mucho mas corto, llegamos
a un amplio y altísimo salón.
-¡Guau!-, exclamé en voz alta. -¡Si parece un Palacio!-.
Ella volvió a reír, suspendiendo su paso y mirando en
derredor distraídamente, como si de verdad no diera importancia a todo el lujo
que la rodeaba.
Yo no soy ningún pobre. Siempre he ganado bastante bien y
tengo una pequeña fortuna acumulada en el banco. Pero nunca imagine que aquella
gigantesca joven viviera como la realeza.
-Bonito, ¿verdad nene?
-No, no nada más bonito Mami… ¡Es fabuloso! -, respondí yo
anonadado ante el oro, marfil, piedras preciosas, muebles suntuosos y todo tipo
de valiosas antigüedades reunidas con orden y buen gusto, en el lugar.
-Pertenecen a mi familia-, dijo con sencillez. –A mi la
verdad, me gustan las cosas mas simples, pero es mi obligación cuidar de todo
esto-.
-Pero ya luego te explicaré-, añadió, dando por concluido el
tema y avanzando nuevamente, ahora hacia una enorme puerta en la pared del fondo
de la habitación.
La Mulata dio vuelta a la perilla, empujó y me hizo pasar por
delante de ella. Yo quedé otra vez sorprendido… ¡Estábamos en su recámara! ¡Y
que recámara!
-Anda, pásale chaparrito, con confianza-, dijo ella riendo y
empujándome con gentileza al ver que me había detenido.
Ella no mintió. Todo ahí era de buen gusto, pero sencillo.
Sencillo, sin ostentaciones… ¡Pero todo gigantesco! Al fondo de la habitación,
al pie de una enorme cabecera de hierro forjado y enmarcada en cuatro postes, se
encontraba una cama del tamaño de al menos dos King Size… ¡y altísima! ¡Tanto,
que hasta a ella debían colgarle un poco los pies! "Seguro que yo necesito un
banquito para subir ahí", pensé.
-Es que me gustan las camas muy altas, bebito-, dijo ella
sonriendo y exhibiendo de nuevo sus cualidades telepáticas.
-Si… ¡Ya veo, Mami! Y no nomás la cama… ¡Todo te gusta muy
grande y muy alto!-, expresé sin ocultar mi admiración ante el tamaño del resto
de los muebles. Tocador, anaqueles, sillones, mesas, bancos, sillas…hasta el
guardarropa. Todo ahí me hacía parecer cada vez más diminuto.
-Bueno, no todo, Cosita-, repuso la chica, en tono meloso,
agachándose hacia mí y revolviéndome el cabello. –Tu eres realmente minúsculo,
un verdadero muñequito a escala… ¡y ya ves! ¡Me encantas!-.
-¿Si, Mami…?...-.
-¡Si bebé!-, respondió, besando ligeramente mis labios y
apretándome contra sus tetas. -¡Como nadie me había gustado jamás!-.
Tras casi asfixiarme entre sus enormes pechos, Naomi volvió a
soltarme para abrir una puerta instalada en la esquina de la habitación. Era el
baño.
-Quiero que te des una ducha con agua fría, Cosita-, empezó a
explicarme, como dando instrucciones a un crío y moviéndose entre el baño y la
recámara, acomodando toallas, sacando ropas de un cajón y disponiéndolo todo.
-Necesito que te refresques y que evitemos que se inflame tu culito, nene.
-Para eso-, continuó, siempre en plan de madre paciente, -vas
a poner la cubeta con los hielos en el piso de la regadera y te vas a sentar ahí
un ratito, unos 10 minutitos y ya después te das un regaderazo y te me lavas
bien todos tus rinconcitos, ¿OK, pequeño?-.
-OK, Mami-, respondí, totalmente avasallado por la facilidad
con que la voluptuosa Mulata me controlaba.
-Estoy poniendo las cosas al alcance de tu mano, mi Amorcito:
jabón, shampoo, toalla, etc. Es que todo aquí está diseñado a mi medida y no
quiero que mi Chaparrito Lindo tenga ninguna dificultad, ¿OK?-.
-OK, Mamita-, contesté nuevamente con sencillez, totalmente
atento a sus palabras.
Ella seguí deambulando de aquí para allá con soltura, con
expresión de que sabía bien que yo seguiría al pie de la letra todas sus
órdenes. Y no se equivocaba.
Yo ya no dudaba en absoluto sobre su poder y me quedaba claro
que ella gozaba de hacérmelo sentir en todas las formas posibles: manipulándome
como muñequito; regañándome y pegándome, cual vil crío; mimándome y
consintiéndome como a un noviecito; abrumándome con su aplastante sexualidad, o,
como ahora, dándome instrucciones como a niño chiquito.
La Mulata disfrutaba de todo eso, pues sabía que me hacía
sentir dominado, diminuto, indefenso, pero querido y protegido. Ella sabía todo
eso…y que a mi ese trato ya me había gustado más allá de todas mis dudas y
recelos.
-¡Bueno! ¡Ya está todo listo, bebé! ¡Ahora, vamos a preparar
a mi nene para el baño!-.
Yo parpadeé nervioso, sin saber a que se refería, pero ella
lo dejó bien claro al tomarme por las axilas y levantarme hacia la alta cama,
donde me dejó de pie, en la orilla, frente a ella. Tras comprobar que ahí sí
quedaba a su altura, empezó a abrir los botones de mi camisa.
-¿Qué…que estás haciendo Ma-Ma-Mami?-, pregunté horrorizado y
deteniendo sus manos.
-¡Que pregunta tan tonta, Carlitos! ¡Tengo que dejarte
desnudito para la ducha! ¡Ni modo que te metas con ropa!-.
-Si, pero, yo me…me puedo desvestir so-solo, Mami-.
-Ya lo sé bobito-, repuso ella sonriendo pacientemente. -Pero
a mi me da gusto hacerlo, además tengo que revisar como te quedó de hinchado el
culito, cielo-.
-¿¡Mi Culito!?-, exclamé yo, cada vez mas aterrorizado.
-¡Pues claro, tontito! ¡Ni modo que el mío! A ver, ¿a quien
le acaban de dar unos buenos azotes?-.
-A…a mi…-…
-¡Si! ¡Yo se los di a mi nene, por que se los merecía! Pero
ahora, como la Mami buena que soy, tengo que revisar si no le quedaron las
pompas muy lastimaditas a mi niño lindo. Y ultimadamente… ¡Ya estuvo bueno de
explicaciones!-.
La enorme niña acompañó su última frase con una palmada, más
o menos fuerte, a mis manos, las cuales seguían aferradas a mi camisa, evitando
que me desvistiera. El gesto y su mirada de advertencia, me hicieron ver que era
mejor no oponerme y la dejé seguir soltando mis botones.
Yo seguía sin sentirme preparado para exhibirme ante ella
desnudo, sin nada que ocultara mi delicada anatomía y, mas particularmente,
ciertas características de mi persona que me hacían francamente especial, si no
es que ridículo. La verdad, temía sus burlas y quizá, su rechazo.
-¡Ay Carlitos!-, dijo ella, hablando para sí misma y sin
detenerse a ver con detalle el cuerpo que iba desnudando. –Yo no sé por que
armas tanto alboroto, si no es nada del otro mundo que te vea encueradito.
La Mulata acabó de quitarme la camisa, la sacudió un poco y
separándoseme unos pasos, la colocó cuidadosamente en uno de los postes que se
encontraban en las esquinas del enorme lecho. Al terminar, volteó de nuevo hacia
mi…y ahora si me observó.
-¡Vaya! ¡Pero que tenemos aquí!-, exclamó.
Yo sabía muy bien a lo que se refería y aunque su tono no
denotó burla, sino algo más parecido a una genuina sorpresa, inmediatamente
crucé mis brazos sobre el pecho, como las mujeres cuando protegen su desnudez.
-¡No, no!-, expresó inmediatamente ella, acercándoseme y
poniendo sus manos sobre las mías, pero sin forzarme a bajarlas. -¡Anda! ¡No
seas malito, Cosita! ¡Deja que Mami te vea!-.
La Mulata no dejaba de sorprenderme. No estaba ordenando,
sino pidiéndomelo amablemente, cuando de haber querido, me habría obligado sin
esfuerzo. Además, había adoptado una adorable expresión de niña curiosa, con
ojos brillantes y una sonrisa de lo más sincera.
-¿Quieres…quieres verme Ma-mami?-, pregunté en un susurro,
aunque ya sabía la respuesta.
-¡Si, mi angelito! ¡Mucho! ¿Me vas a dar ese gusto?-,
respondió, acercándoseme y frotando juguetonamente la punta de su nariz, contra
la mía.
En toda la noche no la había visto así: como una pequeña
desenvolviendo sus regalos de Navidad. Miré una vez más sus chispeantes pupilas
y, dándome por vencido, la dejé bajar mis brazos.
-¡Guauh!-, exclamó entusiasmadísima, clavando sus ojos en mi
pecho. -¡Pero si tienes tetitas!-.
Yo había temido ese momento y, ruborizándome intensamente,
empecé a tartamudear.
-Nnno…no ssson…te-te-tetitas, mas bi-bien son…-…
-¡Como de que no!-, me interrumpió, sin dejar de devorarme
con la vista. -¡Si son tetitas! ¡Y muy lindas!-.
En ese momento ella subió sus manos, que habían estado
sosteniendo las mías y empezó a tocarme. Utilizando sólo las yemas, pasó sus
pulgares por la zona que está debajo de mis pezones, en la ligera y firme curva
que innegablemente, da forma de copa a mis pechos.
La caricia me provocó mayores dificultades para hablar.
-Ma-ma-mamita…de ver-verdad no creo que sean te-te-tetitas…-…
Le estaba hablando al vacío, pues ella en verdad ni siquiera
me escuchaba. Concentrada en su descubrimiento, pasó ahora a acunar mis senos
con sus enormes manos, como midiéndolos.
-¡Y la verdad, no son tan chiquitas!-, dijo la Mulata, cada
vez mas enardecida. -¡Es más! ¡Apuesto a que te sentaría de maravilla un
brassier tipo 32-A o incluso, 32-B! ¡Talla colegiala!-.
-Hmmmm-, añadió, pensativa y todavía para si misma. –Con un
poquito de tiempo y cierto tratamiento que yo conozco… ¡Haríamos maravillas con
estas tetas, nene!
-¿Tratamiento…?-, balbuceé, alarmado. –No…no creo que sea
necesa… ¡Aaaahhhhhhhhh!...-…
El gemido me brotó incontenible cuando Naomi, que seguía
arrebatada con su hallazgo, apretó ligeramente mis tetas, provocando que mis
pezones se irguieran como flechas.
-¡Y mira! ¡Que rico se te paran los pezoncitos! ¡Como nena
excitada!-, exclamó, al parecer disfrutando intensamente con mi especial
anatomía y las reacciones de mi cuerpo.
Yo aún quería defenderme, no sé si por orgullo o por sentido
de autodefensa.
-Nnno, Ma-Mami…-, empecé a murmurar. -Las
mu-mujeres…exi-exitadas… reaccionan… dife-diferente…no es…no es lo…lo mism…
¡Aaaahhhhhhhhh!...-…
La gigante interrumpió mi alegato –no sé si premeditadamente-
pellizcando mis pezones, en forma más o menos intensa y utilizando dos dedos
para cada uno de mis pechos. Luego, sin dejar de darme apretoncitos, con pulgar
e índice, me miró -ahora sí a la cara- y dijo con picardía:
-¡Pero que guardadito te lo tenías, mi chiquito! ¿Por qué
nunca le dijiste a Mami, que tenías estas cositas tan ricas?-.
No había enojo en el tono de la chica. Seguía mostrándose
encantada con la novedad.
-Yo…no sabía…me daba…me daba vergüenza… Ma-Ma-Mamita…-…
-¿Vergüenza? ¿De tener estas tetas tan lindas? ¡Que locura!
¿Por qué?-, cuestionó, juntando ahora mis pechos uno contra el otro y utilizando
un solo pulgar para acariciarme alternadamente ambos pezones.
-Creí…pen-pensé…que tú…que no te iban…iban…-…
-¿Pensaste que no me iban a gustar? ¿Qué me iba a burlar de
ti? ¿Eso pensaste chaparrito?-.
-Ssssi…la ver-verdad…sssiii, Mami…-…
Naomi suspendió sus caricias, poniendo sus manos en su
cintura y viéndome fijamente. Temí lo peor, pero estaba demasiado excitado y
abrumado para intentar corregir mi respuesta.
Ella movió suavemente la cabeza de lado a lado, como
reprochándome mis temores y enseguida me atrajo hacia ella con fuerza por la
nuca y clavó su lengua en mi boca. El beso era suave, pero profundo, como
seduciéndome y no tardó en tenerme todo tembloroso y con las piernas a punto de
fallarme.
Como adivinando mi debilidad, la Mulata me tomó en sus brazos
y me acostó boca arriba, alejándome un poco de la orilla de la cama. Luego se
tendió a mi lado, sobre su costado y siguió torturando mis labios.
Tras unos minutos, se separó un poco de mi, sonrió ante mi
respiración agitada y me recetó otra sorpresa. Con su increíble fuerza, la
gigante coló una mano por debajo de mí espalda, me arqueó hacia arriba y colocó
una gruesa almohada entre mi cuerpo y la cama, a la altura de mi pecho.
Mi cabeza colgó hacia atrás… ¡Y mis tetitas quedaron más
henchidas y expuestas que nunca!
-Así es justo como te quería-, dijo Naomi, con ferocidad… ¡y
se lanzó a devorar mis senos!
-¡…Ahhhhhhhh…!...-, exclamé, al primer contacto de su boca.
-¡…Ahhhhh…. Ahhhh...!...-, seguí gimiendo, completamente
perdido en el placer que sus labios… ¡y sus dientes!...me estaban provocando.
-¡…Ahhhhh…. Ahhhh......Ahhhhhhhh!… ¡Yaaaa!... ¡Ya nooo!...
¡Ya nooo, Maaami!...-…
-¿Ya no, bebito? Pero, ¿por qué no?-, dijo, sin
interrumpirse, pero volviendo a reír bajito, otra vez con tono divertido. -¡Si
yo la estoy pasando sensacional, pequeño!-.
-¡Es queeee…es queeee….es que me vas a volver loco,
Maaaaamiiii!-.
-¡Ah, no!-, dijo ella separándose de mi y adoptando
nuevamente un aire socarrón. -¡Tampoco te quiero volver loquito! ¡Los manicomios
son muy caros hoy en día!-.
Yo la miré con la boca abierta, con ganas de estrangularla.
Ahí me tenía: Temblando de excitación, todavía arqueado por la almohada y con su
pulgar repasándome traviesamente un pezón… ¡y ella estaba de lo más sonriente y
tranquila! ¡Condenada niña tan abusiva!
-¿Te gusta mucho jugar conmigo, verdad Mami?-, le pregunté
sonriendo tímidamente, no como un reclamo, sino como una afirmación.
-¿Jugar contigo, nene?-, cuestionó a su vez, fingiendo
inocencia y sin dejar de acariciar mi teta.
-Bueno, más bien agarrarme de tu juguetito… ¿Verdad?-…
-¡Un poquito nada más, mi amorcito!-, respondió alegre,
girando suavemente un dedo en mi ombligo. -¡Pero son juegos bonitos! O que, ¿no
te gustan los jueguitos de Mami, mi Rey?-.
Esto último lo dijo ronroneando a mi oído y volviendo a
pellizcar suavemente mis pezones.
-¡Aaahhh! ¡Siii! ¡Si me gustan tus jueguitos, Ma-Mami!-,
respondí, volviendo a cerrar los ojos.
-Entonces-, añadió, dando breves lengüetazas a mis tetitas,
-¿te puedo seguir agarrando de mi juguetito?-.
-¡Siiiii!...¡Aaahhh!...¡Siiiii!...¡Agárrame de lo que tu
quieras, Maaamiii!-.
-¡Que bien, bebé! ¡Siempre quise tener de juguetito a un
hombrecito lindo como tú!-.
-Además-, agregó, arrojando aire con su boca en un ensalivado
pezón y provocando que se elevara más, -¿Sabes por que te comí las tetitas con
tantas ganas?-.
-¡Aaahhh! ¡No, Ma-.Ma-Mami! ¡No lo sé!-, estallé yo,
aferrándome a su nuca.
-Por que te quería demostrar, sin muchas palabras, lo que me
encantó descubrirlas. ¿Ya me crees que me encanta que tengas tetas, papi?-.
-¡Siii, Mamiiii!... ¡Aaahhh!... ¡Si te creooo!-.
-¿Seguro, Tetudito? Por que, si quieres, te lo puede seguir
demostrando-, insistió, ronroneando otra vez traviesa y empezando a morder
delicadamente mis pezones.
-¡Nooo!... ¡En serioooo, te creoooo! ¡Aaahhh! ¡Te creo, Mami!
¡Te creo!...-…
-¡Que bien!-, repuso, soltándome y sonriendo de oreja a
oreja. -¡Por que ya se va haciendo tarde y aún nos quedan muchas cosas por
hacer!-.
De nuevo como si nada, la gigante rodó hacia la orilla de la
cama, se puso de pie y tras acomodarse la bata, me dijo.
-¡Anda! ¡Ven acá, marranito! ¡Que todavía te hace falta un
baño!-.
Yo me empecé a levantar, retirando la almohada de debajo de
mi espalda, pero al parecer no lo hice lo suficientemente aprisa para ella.
-Pero que lento eres, niño bobito. ¡Ven acá, te digo!-,
expresó, tomándome por ambos tobillos con una sola mano y arrastrándome hacia
ella.
Luego volvió a colocarme de pie sobre el colchón y prosiguió
con su dulce regaño.
-De veras que eres distraído, mi niño-, dijo, pellizcando
maternalmente mis mejillas. –Creo que es mejor que ya no te bese tanto… ¡te
quedas todo turulatito!-.
-No…es que…Mami…es que...yo…-…
-¡Nada, nada! ¡Ni modo!-, me interrumpió ella, como quitando
importancia al asunto. -¡Algún defecto tenías que tener, bebito! ¡Ya te lo
iremos quitando, poco a poco!-.
-¡Bueno!-, prosiguió, en tono más zalamero. -¿Dónde nos
quedamos? ¡Ah, si! ¡Ya recuerdo!-, y echó mano a la parte de arriba de mis
pantalones, empezando a manipular el cinturón.
-¡NO, MAMI!-.
Mi grito en verdad la asustó. Soltándome bruscamente, dio dos
pasos hacia atrás y me miró entrecerrando los ojos, muy sorprendida con la
intensidad de mi reacción. Luego endureció el gesto y volvió a aproximárseme,
amenazadora.
-¿¡Pero que te pasa, niño grosero! ¡Por qué me gritas así!?-,
reclamó, sujetándome fuertemente de los hombros.
-Es que…Mami… no…no quiero que me…que me quites…el
pantalón…-, respondí sosteniéndole la mirada, conciente de las posibles
consecuencias de haber provocado su enojo
-¡Otra vez lo mismo! ¿¡Pues cuando vamos a terminar!? ¡¿Cómo
que NO QUIERES que te quite el pantalón!?-, bufó, con una mano en la cintura y
la otra dándose fuertes golpes en un muslo.
-Nnnno, Ma-Ma-Mamita. No te quiero faltar…faltar al respeto,
pero… no…no quiero…-…
-¡Pues te advierto que YA me lo estás faltando niño! ¡Y
MUCHO!, prorrumpió, dando un impresionante zapatazo al suelo y poniendo las
manos en la cadera. -¡¿Y SI me puedes decir POR QUE no quieres?! ¡¿O TAMPOCO me
lo quiere explicar, EL SEÑORITO?!
Medite rápida, pero profundamente mi respuesta. Sabía que
Naomi estaba al borde, más enojada que nunca. Pero todo iba demasiado rápido
entre nosotros y, tras la sorpresa de mis tetitas, creí que no podría soportar
revelarle mi otro gran secreto…bueno, mi pequeño secreto. ¡Era demasiado pronto!
Vi sus labios apretados, su respiración agitada, sus ojos
echando fuego…y respondí.
-Po-po-por que…me da…me da…vergüenza…Ma-Ma-Mamita…-…
-¡¡¡ CON UN DEMONIO!!!-, rugió la gigante, azotando un puño
contra la cama, al lado mío, haciéndome caer sentado y casi precipitarme al
piso. -¿¡A ESTAS alturas, TODAVÍA me sales con ESO?! ¿¡Que te da VERGÜENZA?!
¿¡Es cierto eso, NIÑO?!-.
Horrorizado, pero decidido, insistí.
-Si….Ma-Mami…es-es-es cierto…-…
Ella me sujetó salvajemente por los bíceps, me miró por un
segundo con furia y me arrojó como fardo hasta el centro de la cama. Luego giró
sobre sí misma y se alejó, para reclinarse y apoyar los puños en un tocador,
jalando aire ruidosamente, evidentemente tratando de controlarse.
Después irguió la cabeza, como tomando una decisión. Volteó a
verme y caminó de nuevo hacia el borde de la cama. Ahí, me miró más fijamente
que nunca y apuntando con el dedo a la orilla del colchón, frente a ella, me
ordenó:
-¡Ven INMEDIATAMENTE y te me pones BIEN PARADITO aquí!-.
Yo me arrastré inmediatamente, temiendo de verdad por mi
seguridad, pero seguro de que me iría peor desobedeciendo. Al llegar al sitio
indicado, me paré temblando y alcé, inseguro, mi mirada hacia ella. En cuanto
hice contacto con sus ojos, me advirtió arrastrando las palabras:
-¡Pues NO ME IMPORTA, Carlitos, toda la VERGÜENZA que puedas
tener!-, vociferó, cruzada de brazos. -¡Te quitas EL PANTALÓN en este instante…o
te lo quito A CINTURONAZOS!...-…
Realmente arrepentido de provocar el enojo de mi hermosa
anfitriona, hice un último intento por calmarla y traté de poner una mano sobre
las suyas. Ella respondió dándome un manotazo.
-¡QUÍTAME esa manita de encima y MEJOR ya no le muevas, niño!
¡OBEDÉCEME, si sabes lo que TE CONVIENE!...-…
Derrotado, dejé caer la cabeza y empecé a manipular mi
cinturón. Las lágrimas empezaron a correr por mi rostro a mares y la sangre
abandonó completamente mi cara. Terminé de sacarme el cinto, levanté mi rostro
hacia ella e intenté una última salida.
-¿Te…te pue-pue-puedo…decir… sólo…una co-co-cosa
…Ma-Ma-Mami?...-…
Ella no me respondió.
-Mami…sólo una…cosa, la última de la…de la noche y me…y me
termino de desnudar…-…
Naomi respiró hondo, arqueó una ceja y finalmente concedió.
-UNA sola cosa, nene y ESPERO, por TU BIEN que valga LA
PENA…-….
Ahora fui yo el que tomó aire y empecé a balbucear con toda
sinceridad:
-Soy tuyo, Mami…si Tú quieres, me termino de desnudar yo
solito…o desnúdame tú, si lo prefieres a…a cinturonazos, que ya sé...ya sé que
me los...que me los gané…-…
-Yo hago…hago lo que tu quieras, Mami linda-, añadí,
extendiendo hacia ella el cinturón, pero sin despegar mi vista del suelo. -Pero
yo…yo preferiría que todavía…todavía no…-…
Ella tomó el cinto y tras unos momentos, preguntó, todavía
tensa.
-¿Por qué, bebé? ¿Por qué prefieres que no?-.
-¡Por que aún es muy pronto para mi!-, respondí,
incrementando mi llanto, totalmente humillado. -¡Tu has sido muy linda conmigo y
no dudo que puedas serlo aún más! ¡Pero…pero tengo un cuerpo muy
especial…muy…muy diferente…a los demás!
-¡No te quiero desilusionar!-, seguí, decidido a sincerarme
del todo. -¡No quiero que me…que me veas desnudo! ¡Necesito sólo unos momentos
más!...-…
Se hizo otro profundo silencio, durante el cual no me atreví
siquiera a levantar la mirada. De pronto, sentí su mano en mi barbilla, alzando
mi rostro hacia el de ella. La mirada que me dirigió, me hizo comprender de una
vez por todas todo el amor que encerraba esa gigantesca niña.
-¿Sólo un poco más, Chiquito?...-…
-Sí Mami, sólo…sólo un poco más…-…
-¿En verdad es tan importante para ti, mi Rey?-.
-Muy…muy importante, Mami, pero te…te juro que ya no…ya no te
quiero hacer enojar…-…
-Pues no pareciera, bebé-, añadió, con un toque de tristeza.
-¡Yo estoy toda loquita de deseo por ti! ¡Y tú te haces mucho del rogar!-.
-¡No, Mami! ¡No es eso!-, respondí alarmado, acercándome a
ella y echándole los brazos al cuello, por que temí haberle dado el mensaje
equivocado. –Yo también te deseo mucho Mamita… ¡Como a nadie jamás!...-…
Entonces la volví a ver sonreír con dulzura, encantada con mi
cursi arrebato. Me apretó fuertemente contra sus tetotas -¡ya las extrañaba!- y
me dijo acariciando la espalda.
-Está bien, Cosita, me espero un poquito más…-…
-Pero-, agregó, separándome de nuevo y viéndome directo a los
ojos, -¿de esta noche no pasa, verdad Tetudito? Mira que me he estado
contendiendo mucho …-…
Yo tragué saliva. Sabía que no se refería sólo a dejarme ver
desnudo.
-No Mamita-, respondí con total convicción. –De esta noche no
pasa, te lo prometo-.
Naomi me observó por un instante más y me besó…me besó como a
una virgencita, con dulzura, paciencia y deseo. Al soltarme, lo hizo despacio,
como si le pesara. Volvió a mirarme a los ojos …y una vez más cambió de ánimo.
-¡Vaya! ¡Pero que melosos nos ponemos de repente!-, expresó,
sonriendo con renovada frescura. -¡Y eso que nos acabamos de conocer! ¡Si hasta
parecemos novios!-.
Yo no supe que responder y me limité a sonreír, igual de
relajado que ella.
-¡A ver! ¡Úpale Chiquito!-, dijo de pronto, sujetándome por
las axilas y haciéndome brincar sobre mis pies en la cama, de arriba, a abajo,
rebotando en el colchón, una y otra vez.
-¿Listo, nene?-, preguntó, poniendo cara de niña. -¡A ver! ¡A
la una, a las dos y a las…tres! ¡Zuuuum!-, exclamó dichosa, levantándome muy
alto, como fingiendo el lanzamiento de un cohete. Luego y siempre en el mismo
plan, giró sobre si misma y empezó a bajarme lentamente al piso, por pausas y
haciendo ruiditos.
-¡Zut, Zut, Zut …Tsssssssssss! ¡Que buen aterrizaje, Pequeño!
¡Bienvenido a la tierra!-.
El espontáneo juego acabó con su rostro a la altura del mío,
dándome besitos en toda la cara y terminándome de confundir… ¡y de fascinar!
"De verdad, que lo que tiene de grandota y buenota, lo tiene
de tierna", pensé, subyugado.
-¿Qué tal, mi nene? ¿Te gusto el paseíto?-. Ella seguía
inclinada, con su boca mordisqueando mi oreja.
-¡Si Mami! ¡Mucho! ¿Otra vez?-, respondí, brincando en mis
pies, contagiado de su entusiasmo.
-¡Pero mira nada más que juguetoncito me saliste!-, repuso,
irguiéndose y cruzando los brazos, fingiendo severidad. -¡Si ya hasta se te
olvidó para que te traje aquí!-.
-¿Aquí? ¿Para…para que…Ma-Mami?-, dudé, dando un paso atrás,
inseguro de sus intenciones.
-¡Pues para que te refresques, marranito!-, respondió,
divertida con mis evidentes temores. Luego, girándome con sus manos por los
hombros, me dejó de frente a la puerta del baño.
-¡Ándele!-, añadió en el mismo tono y llevándome con suaves
nalgadas al pie de la ducha. -¡Al agua, mi Culoncito!-.
Yo volteé a verla, otra ves confundido. Empecé a mirar
alternadamente la regadera, la puerta y a ella, sin decidirme a quitarme la
ropa. Ella entendió el mensaje y volvió a sonreír con picardía.
-¿Seguro que puedes tu solito?-, dijo, sentándose en la tapa
del inodoro y haciendo como que iba a despojarme del pantalón.
-¡Sí, Mami! ¡Yo puedo solito!-, respondí asustado, pero sin
retirar sus manos.
-¿Segurito, segurito?-, insistió, más socarrona que nunca,
paseando una uña desde mi cuello, hasta mi ombligo.
-¡Si Ma-Ma-Mami!-, contesté nuevamente, con la piel de
gallina. -¡Segurito! ¡Bien segurito!-
-¡Lástima!-, repuso ella, en lo que me pareció sincera
desilusión.
Luego se mordió un labio y empezó a arañar con ambas manos
mis rodillas, subiendo por los muslos, con rumbo a la entrepierna. Pero justo
antes de llegar a mi pollita, cambió la dirección de su tortura, apresando mis
tetitas y pellizcando levemente mis pezones.
-¡Con lo que a mi se me antoja bañar a un nene lindo y
tetoncito!-, añadió, devorándome los pechos con los ojos. -¡Pero otra vez
será!-.
Naomi dijo la última frase levantándose del inodoro, para
volver a asumir su postura de madre cariñosa, pero estricta.
-Mira chiquito-, empezó con sus instrucciones.-Me pones toda
tu ropita, incluyendo la camisa, en ese cesto de ropa sucia. La toalla que uses,
también mi Rey. Ya luego llevaremos todo a la lavandería. No me dejes mugrerito.
¿OK?-.
-OK, Mami-. Había aprendido que le gustaban las respuestas
atentas y directas.
La Mulata me sonrió satisfecha y agregó, más para divertirse,
que para probarme:
-A ver, mi chiquito. ¿Cómo deben ser los niños?-.
-Ordenaditos y muy, muy limpiecitos-, contesté en el acto,
sonriendo, cruzando mis manos por detrás y cuadrando los hombros. Sabía que mi
respuesta no era exacta, pero confié en que le complacería mi actitud de escolar
aplicado. No me equivoqué.
-¡Muy bien!-, aplaudió, alborotando mi cabello. -¡Que rápido
aprende mi niño!-.
Luego, saliendo del baño, dictó sus últimas indicaciones
mientras sacaba algo de un cajón y lo extendía en la cama.
-No te olvides, mi angelito, de meter la cubeta y sentarte un
ratito en el hielo. Estoy segura que vas a caber cómodamente.
-Sí Mamita, lo que tu digas-.
-La verdad, no creo que tengas el culito muy inflamado, pero
es mejor prevenir-, añadió y su voz se escuchó bastante lejos, como si ya
estuviera por salir de la recámara.
-Sí, Mami-, respondí subiendo la voz, para que me escuchara
bien. -No te preocupes. Yo me siento un ratito en el hielo.
-Te dejé en la cama una batita, que compré especialmente para
ti, para que andes cómodo, chaparrito-, prosiguió, escuchándose claramente como
abría la puerta de la habitación. –No quiero que te pongas nada debajo, para que
los calzones no te lastimen más las nalguitas. ¿OK?-.
-¡Sí, Mamita! ¡Gracias! ¡Yo me la pongo sin nada más!-,
contesté casi gritando, sin darme cuenta de lo extraño de una parte del
comentario, por que a mi ya me urgía ducharme y que la voluptuosa gigante
siguiera enredándome en su especial forma de amar.
Ya tenía completamente desabrochado mi pantalón, cuando…
-¡Buuuu!...-…
-¡Ayyyy!...-…
…la hermosa cabeza de la Mulata volvió a aparecer en la
entrada del baño, haciéndome brincar hacia atrás, sobresaltado. Rápidamente me
di la vuelta, quedando de espaldas a ella, pero estuve casi seguro, que había
alcanzado a ver mi pantaletita rosa.
"¡De verdad que esta chica se mueve como fantasma!", pensé,
boquiabierto.
-¡Uyuyuy… ¡Que penosito, mi flaquito!-, expresó burlona y
recorriendo mi columna con sus ojos. Su expresión era incierta y no pude deducir
si había descubierto o no, otro de mis secretos.
-Po…poquito, Ma-Mami…-, respondí aferrando mis pantalones,
con el cuello girado hacia atrás, para no perder de vista su rostro.
-Bueno, yo sólo vine a decirte una última cosa, nalgoncito-,
dijo sonriendo, conciente de que había estado apunto de –ahora sí- sorprenderme
desnudo. –Te me lavas muy, pero muy bien TODO tu cuerpecito, sin descuidar
NINGÚN RINCONCITO. ¿OK?-.
-OK, Ma-Ma-Mami-, respondí automáticamente.
-Y cuando digo TODO, me refiero hasta tu más ÍNTIMO RECOVECO.
¿Me entiendes, COSITA?-, prosiguió, clavando su vista en mi erguido trasero.
-Siii, Ma-Mamita…si te…te entiendo…-…
-¿Si sabes POR QUÉ quiero que TODO te quede, bien, pero muy
BIEN ASEADITO, nenito?-, añadió, mordiéndose un labio.
-No…no, Mami… ¿Por…por qué?-, contesté, otra vez temblando.
-Por que a MAMI, le gusta que esté MUY LIMPITO todo lo que se
va A COMER…-…
La gigante remató sus últimas e inquietantes instrucciones
mirándome con lujuria de arriba abajo. Luego y otra vez sonriendo traviesamente,
se retiró del marco del baño y se dirigió –ahora sí- a la salida de su recámara.
-¡No tardes mucho, bebé!-.
En cuanto oí cerrarse la puerta de la habitación, respiré
aliviado. "¡Que bárbaro, que mujer!", pensé, sintiendo el corazón en las sienes
y mi verguita cabeceando como loca. "¡Y como me pone!".
Tras sacudir mi cabeza, decidí poner manos a la obra. Primero
que nada salí del baño, con precaución, cerciorándome que la gigante
efectivamente me había dejado sólo. Por un instante pensé en poner el cerrojo a
la recámara, pero inmediatamente me contuve. "No, si Naomi viene y encuentra con
llave, ¡tira la puerta y me mata!", reflexioné.
Ya sin recelo, me quité el pantalón y las pantaletas,
dejándolos sobre la cama, a un lado de donde la Mulata había colocado mi camisa.
"Se siente extraño andar desnudo en el cuarto de una chica", pensé. "¡Y que
chica!".
Fue ahí donde reparé que sobre el colchón, había dos objetos
que me llamaron poderosamente la atención: la bata y una cajita envuelta para
regalo.
-"¡Pero si me queda justa!"-, me dije sorprendidísimo, al
ponerme la prenda de seda negra, de un modelo idéntico al que traía Naomí.
–"¿¡Como pudo saber exactamente mi talla?!".
Con el fino "salto de cama" revoloteando, corrí hasta el
tocador que dominaba toda una pared de la alcoba. Subiendo con dificultad a un
banco, pude apreciarme de cuerpo completo en el espejo.
-"Lo dicho", medité, viéndome de arriba abajo y por todos
lados. -"Me queda a la medida, es mas… ¡Demasiado a la medida!"-.
Era cierto: el ajustado y delgadísimo kimono resaltaba
provocativamente mis juveniles tetitas y permitía adivinar con facilidad, la
ubicación – ¡y grado de excitación!- de mis pezones.
De ancho, apenas me cerraba, ajustándose como guante a mi
silueta y haciendo más evidentes que nunca, mis femeninas curvas
Por delante y una vez amarrada, la bata apenas cubría mi
pollita, mientras que por la parte trasera, mi abultado culito levantaba
bastante la prenda, dejando a la vista la parte baja de mis redondas nalgas.
Además y como último ingrediente para crear un efecto totalmente perturbador, el
diseño de la túnica hacia parecer mis piernas mas largas, torneadas y delicadas
que nunca.
-"¡Parezco Putita Fina!"-, concluí extasiado. -"¡Esta chica
sí que sabe como ponerlo a uno a tono!"-.
-"¡Pero que estoy haciendo!"-, me reprendí al acordarme de
Naomi. -"¡Estoy perdiendo mucho tiempo!"-. En realidad, no habían pasado más que
unos minutos desde que la curvilínea gigante abandonó la habitación. Pero yo
todavía tenía que poner "a remojar" mi culito y lavarme a conciencia.
Apresurado, dejé la bata otra vez sobre la cama y volví a
reparar en la caja de regalo. -"Un vistazo rápido"-, me dije y tomé el presente.
Tras sonreír brevemente ante la tarjeta que decía "¡Sorpresa, Bebé!", rompí la
envoltura… ¡y me encontré con mi loción favorita!
"¡No puede ser!", recapacité, cada vez más pasmado, ante la
esencia importada de Francia, sólo disponible sobre pedido. "¡Y luego la bata!
¡Por que hay mucha diferencia entre imaginarse que soy bajito, que conocer a
fondo mis medidas! ¡Que diablos está pasan…!..."-…
- TOC – TOC -…-¿Chaparrito?-. La voz se oyó inmediatamente
detrás de la puerta de la recámara, pero sin que ésta se moviera en absoluto.
-¿¡Siii,