Después de un largo periodo sin publicar ningún relato, ha
caido a mis manos grácias a "Caja" el autor de este relato, una parodia gay del
gran éxito cinematografico actual "300" Espero que les guste… yo… a mi no me va
mucho el rollo gay ^^ pero bueno, El relato no esta mal. Espero que también les
gusten las ilustraciones ;).
300 gays
En algún lugar de Turquía una pareja huía del ejercito persa, ella era una
hermosa adolescente de piel morena y larga y sedosa melena de ébano, sus
hermosos senos se movían al compás de su carrera y sus suaves piernas ya estaban
al limite de lo que podían correr, su hermano, un musculoso muchacho tres años
mayor que ella, era de pelo corto y negro, musculoso y moreno y de glúteos
apretados.
La mala suerte hizo que ella cayera, él ejercito Persa los rodeó.
Ella tenia miedo, sabia que matarían a su hermano y a ella la violarían durante
días y días y aun después de muerta seguirían gozando de ella
O al menos eso era lo que pensaba.
Ellos miraban a la pareja babeando de deseo.
El se interpuso entre su hermana y él ejercito persa, dispuesto a morir por
protegerla.
Pero los persas agarraron al muchacho, miles de manos arrancaron sus vestimentas
y los soldados se prepararon para gozarlo, obligaron al muchacho a ponerse a 4
patas y uno de los persas le ensartó su carne entre sus hermosos glúteos
mientras que el otro se lo ensartó en la boca.
La joven quedó boquiabierta con el espectáculo, pero un puñal la sacó de su
asombro mientras uno de los persas le dijo.
-¿dónde hay más hombres?.
La joven, aun consternada, le habló.
-hay una ciudad atravesando el mar, una ciudad donde ningún heterosexual se
atreve a pasar, ni siquiera acercarse a diez kilómetros de allá, se llama
Ensarta, allí moran los legendarios ensarta-anos.
El persa se relamía los labios pensando en esos culos dispuestos a ser
penetrados y dándole una patada en el trasero de la joven le dijo.

-bien, ahora veté, no queremos nada de feminas asquerosas.
Esta es la verdadera historia de la legendaria batalla de Termopilas, todo lo
que os han contado es mentira, permitidme que os relate, ya que fui testigo de
aquella gloriosa batalla.
Estaba observando la ciudad de Ensarta en la lejanía, sus diez mil habitantes
habitaban 5150 hombres ensártanos, se la cifra exacta muy a mi pesar, puesto que
su bienvenida consiste en encadenar al invitado con el culo en pompa y recibir
los "saludos" de cada ensartano, de hecho, os cuento esta historia de pié, con
las piernas separadas y sin pantalones, ya que sus "saludos" han dejado inútil
mi esfínter y no puedo contener mis heces. Pero prosigamos con la historia, en
aquel día de verano, se acercaba la fiesta nefasta, una fiesta en el que hombres
y mujeres ensártanos tenían que consumar relaciones heterosexuales para poder
traer al mundo nuevos ensártanos, el rey Leonidas, el más poderoso guerrero y
amante que el mundo ha conocido, esperaba la fiesta con miedo y asco.
Entonces divisé en el camino a Ensarta a un emisario persa a través de la lente
de mi catalejo, llevaba una guardia de cinco hombres, al llegar dentro de la
ciudad, le dijo al rey Leonidas. -gran rey Leonidas, soy un emisario del gran
dios Jerjes, mi señor exige a su pueblo la mitad de sus hombres, si no, Jerjes
acabará con vosotros, su ejercito es tan inmenso que si sus vergas chocaran a la
vez contra el suelo, el suelo temblaría y que si eyacularan todos a la vez, se
ocultaría el sol.
El rey Leonidas sonreía, al fin y al cabo esquivará esa fiesta tan heterosexual.
-contempla el poder de Ensarta, persa, dijo Leonidas mientras su miembro
mostraba una erección tal que golpeó la barbilla del emisario enviándolo a un
profundo agujero, la escolta del persa fue capturada y despojada de sus ropas y
armaduras, miles de ensártanos los rodearon, abrieron sus nalgas con crueldad y
embistieron con una fuerza que solo los dioses podían soportar, la guardia
persa, con lagrimas en los ojos, notaron como los ensártanos los gozaban uno
detrás de otro, pero sus vergas eran demasiado poderosas, destrozando los
intestinos de los persas, matándolos al instante, cuando sus cuerpos empezaron a
estar fríos, los arrojaron al agujero donde ahora mora el emisario.
Vi como Leonidas reunía a los que han sido librados de ir a la fiesta y se
fueron directos hacia las Termopilas.
Mi curiosidad hizo que les siguiera ¿dónde iban sino al infierno? ¿Por qué
tantas ganas de morir en manos de un ejercito tan grande que no cabrían en el
Egeo?, durante el viaje, vimos al ejercito ateniense que se encontró con los
ensártanos, se mantenían a distancia, pues conocían bien el poder que tenían.
En medio del camino, se encontraron con miles de cuerpos de hombres, mujeres,
animales, un joven tambaleaba con la boca llena de esperma, estaba agotado,
adolorido, los ensártanos lo recogieron y le preguntaron que había pasado.
-vinieron, ellos, 10.000 demonios sedientos de lujuria, apresaron hombres y
mujeres de todas las edades y los gozaron sin piedad, cuando no quedaron humanos
fueron por nuestros animales, cuando acabaron con ellos fueron a por nuestras
plantas y nuestras estatuas, después nuestras casas, destruidas por sus
vergajos, no tienen saciedad, son monstruos, enfermos, ¡INMORALES!.
El rey Leonidas sonrió y se dijo para sí.

-¿inmorales? Bien, les pondremos a prueba.
Yo contemplé el dantesco espectáculo del pueblo destruido, ¿qué fuerza tan
terrorífica era capaz de algo así? Seguí al rey Leonidas y sus huestes en su
camino a la batalla, pero había una sombra que les seguía ¿amiga? ¿enemiga? En
aquel momento no lo supe bien.
Al llegar a los acantilados, vimos a la inmensa flota del ejercito persa que se
reunía en centenares de miles de naves, todas llenas de hombres hambrientos de
nalgas masculinas, había tantos barcos que apenas divisaba el mar de la costa
hasta el horizonte, pero una figura divina apareció ¡era Poseidón!.
-¡¿Cómo os atrevéis a taparme el sol?! ¡Os voy a enseñar! – Dijo el ser divino.
En ese momento movió las olas con fuerza, hundiendo miles de aquellos barcos
ante las lagrimas de los ensártanos, que veían como todos aquellos culos se
ahogaban en el mar, lo que ignoraban, es que aquella inmensa flota era una
insignificante parte del imperio persa, miles de soldados persas ya estaban en
la playa, tantos que cada ensartano tendría que pelear por 1000 hombres para
vencer.
Cuando las huestes de Leonidas se retiraban cabizbajas, aquella figura se les
interpuso, era curiosa, llevaba la capa, el casco y el escudo ensartano, pero
era jorobado y deforme, les contó que él ejercito de Jerjes estaba en la playa y
se dirigían aquí, había también un paso que podían franquear a los ensártanos,
el rey Leonidas apreció esas noticias, pero despreció al jorobado de su
ejercito, el encolerizado deformado, juró venganza.
Entonces lo sentí, el suelo temblaba, apenas me sostenía.
¡Él ejercito persa se acercaba!.
Mis ojos vieron como miles de soldados con deseos de profanar nuestras tierras
se acercaban, el líder, al ver a los ensártanos, les dijo.
-¡entregad vuestros culogloub!.
Antes de que acabase la frase, un chorro de semen había impactado en su boca,
entonces el rey Leonidas, autor de aquel intimo disparo, le dijo.
-¡ve a por ellos!.
Él ejercito persa se lanzó como un alud de nieve de la montaña, pero las
erecciones de los ensártanos se hundieron en la carne de los persas, pero los
persas seguían empujando cada persa tenia detrás de él otro persa que le
embestía al igual que tenia otro dándole por detrás y otro y otro, embistiendo
con fuerza para que los de delante empujasen con más fuerza.
Pero los ensártanos empujaron con poder, los de delante eran embestidos con la
fuerza de las trancas de los de detrás penetrándoles y estos con la fuerza de
las trancas de su retaguardia, empujaron, empujaron hasta que aquel grupo
superior a los ensártanos en numero, cayeron al mar por la fuerza de la
virilidad ensartana, habían ganado la primera batalla.
Y las siguientes tuvieron idénticos resultados, pero como la fuerza no
resultaba, usaron la magia, un grupo de hombres con extraños atuendos, apuntaron
con sus traseros a los ensártanos, les lanzaron bolas de hierro a través de su
esfínter y esas bolas explotaban en fuego y hierro.
Los ensártanos retrocedían, pero uno avanzaba con decisión, con precisión,
ensartó su verga en uno de los traseros de fuego,

ese trasero no pudo sacar la bola de hierro, aquel mago huyó hasta donde había
bolas de hierro y explotó con ellas, destruyendo a los magos.
Pero había algo raro, el sol dejó de brillar, entonces lo vi.
Miles y miles de descargas seminales tapaban el sol, los ensártanos abrieron
bien la boca, yo corrí hacia una cueva, en ese momento vi a un hombre que decía
en voz alta.
-¡por fin! Después de las sombras, la luz, la hoguera y la luz que entraba en la
cueva, puedo ver el sol directament......
Vi como entraba totalmente cubierto de lefa mientras decía que no saldría ni
borracho de la cueva y que Platón no cuente con él para las discusiones
filosóficas.
Yo no salí de la cueva hasta que se aclaró el sol, vi campos enteros cubiertos
de pringoso fluido, el rey Leonidas, relamió su escudo manchado hasta que
brillaba como el sol.
Los ensártanos parecían invencibles, pero un carro gigantesco aparecía y en él
estaba él, el rey Jerjes, estaba desnudo, con miles de joyas cubriéndole el
cuerpo, el rey Leonidas fue tras su encuentro.
-Saludos ensartano, veo que las leyendas son ciertas – decía Jerjes bajando de
su trono.
-saludos Jerjes, veo que vuestra divinidad también – decía Leonidas mirando la
verga de Jerjes.
-creo que podríamos llegar a un acuerdo, pensadlo bien, mis ejércitos son tan
numerosos como la arena que hay en el desierto, sé que sois leones, pero hasta
los más poderosos y bravos leones no pueden contra las tormentas de arena,
terminaremos dominandoos, podemos ganar mucho juntos – decía Jerjes colocándose
detrás de Leonidas.
-un ensartano nunca se rinde, da igual cuantos nos envíes, les daremos por el
ojete – decía Leonidas mientras sentía la divinidad de Jerjes en sus nalgas.
-podemos hacer nuestros los hombres de creta, ¿pero porque conformarse con eso?
Podemos tener todos los hombres del mar Egeo, imagínate, tu, yo y miles de
esclavos que suplicaran que les tomemos – decía Jerjes mientras su divinidad sé
hacia más y más grandiosa.
Leonidas se separó de Jerjes y le dijo jocosamente.
-prefiero solo tener un esclavo sexual, tu mismo, seguro que te gustará que te
den caña.
Jerjes sonrió, abrazó al ensartano y lo besó apasionadamente, las lenguas de
ambos se entrecruzaron mientras sus manos acariciaban sus sendas virilidades.
Jerjes no quería ponerse de rodillas, pero no hacia falta, la tremenda virilidad
ensartana es tal que Jerjes podía chuparla sin hincar la rodilla.
Leonidas gozaba con ganas, hacia tiempo que no se la comían tan bien, no tardó
en eyacular en la boca del rey persa, el cual, tragó toda la leche de un solo
sorbo.
Leonidas se tumbó en el suelo con el mástil en erección, Jerjes agarró su tranca
y se sentó encima de ella, hundiendo la lanza de Leonidas en su interior, su
divinidad acariciaba el pecho y la barba de Leonidas y sus manos pasaban con la
punta de sus uñas el pecho del rey ensartano, el cual, lamía la divinidad de
Jerjes y usaba las manos para acariciar la prueba divina del persa.
He de admitir que fue impresionante la hazaña de Jerjes, muchos hombres murieron
al ser empalados por el poder de Leonidas, pero Jerjes, demostraba ser una
divinidad sexual que superaba en mucho las limitaciones mortales, Jerjes lanzó
un grito y lanzó un río blanco sobre Leonidas, el cual lo recibió con gran
placer mientras eyaculaba dentro de Jerjes.
¡Ahora Jerjes iba a atacar! Puso al rey ensartano cara a una de las paredes de
piedra y le hundió toda su divinidad entre sus posaderas, Leonidas recibía esa
divinidad con placer y apretaba el esfínter para que Jerjes sintiese más, sentía
como la tierra temblaba a mis pies debido a las embestidas que daba aquel dios
humano, pensaba que el rey de Ensarta moriría allí.
Pero Jerjes gritó, Leonidas no, cuando se desacopló del ensartano, le preguntó.
-¿qué te ha parecido mi poder divino?.
-bueno, tienes buena divinidad, pero la usas con la misma habilidad de un inútil
– dijo Leonidas de forma insolente
Jerjes gritó de furia, juró que no se libraría de aquella afrenta.
Un escalofrío recorrió mi espalda, me pareció en un principio una tontería,
pero, presentí que iba a pasar algo terrible.
Desperté con pesadillas, entonces les vi, por todos los dioses, les vi y vivo,
10.000 almas endemoniadas que caminaban mientras se pajeaban, oí terribles
historias, eran seres que poseían cualquier cosa, mortal o dios y no paraban
hasta destruirlo con su virilidad, conocían todas las parafilias imaginables e
inimaginables, ninfomanos despiadados, la fuerza de combate más salida de toda
Asia ¡los inmorales!.
Y hoy pasarán la prueba del rey Leonidas.
El rey Leonidas lanzó al ejercito ateniense, que sintieron con horror como las
manos de los inmorales los agarraban, les arrancaban las armaduras y empezaban a
abrir sus bocas y nalgas.
En ese momento, él ejercito ensartano actuó, el rey Leonidas atravesó con su
barra de carne la mascara de uno de los inmorales atravesando su cabeza, cuyo
último pensamiento fue.

-muero, pero con un buen sabor de boca.
Los inmorales vieron la jugada de Leonidas, ellos estaban desarmados, puesto que
sus vergas estaban siendo usadas contra los atenienses, no podían sacarlas hasta
reventarlos.
Y eso no sucedió.
Fue una batalla corta pero intensa, con la victoria de los ensártanos a través
del sacrificio de los atenienses.
Inmorales, ¡no han pasado ni de coña la prueba del rey Leonidas!.
Pero la suerte dejó de favorecer a los ensártanos, el jorobado les dijo el paso
secreto que conducía a la retaguardia de Leonidas.
Los atenienses supervivientes huyeron al saber que pasaría, pero los ensártanos
se quedaron.
Escuché a Leonidas gritar a sus huestes.
-¡ensártanos! ¡Desayunad bien y preparad vuestras vergas! Pues esta noche, ¡nos
follaremos a Hades!.
En ese momento oí un grito de horror que salía de las entrañas de la tierra, sin
duda fue Hades que oía espantado la noticia.
Fue una noche larga y llena de temores, aún quedaban muchos persas, pero ellos
no se rendirían.
Con la llegada del alba, Jerjes rodeó a los ensártanos, muchos persas se
lanzaron, pero los ensártanos los violaban con furia y ganas.
Pero al tener la retaguardia desprotegida, los persas aprovecharon la
oportunidad, los ensártanos fueron agarrados por las piernas y sintieron las
espadas persas hundirse entre las nalgas.
Leonidas estaba atado, indefenso, debajo de el estaba un persa penetrándole el
culo al mismo tiempo otro persa le penetraba también el ojete, dos espadas para
una puerta es algo muy doloroso mientras que intentas contener tres espadas con
la boca.
A medida que pasaba el sol, testigo de aquella orgía demencial, los ensártanos,
uno a uno murieron, hasta que quedó Leonidas, que estaba al limite de sus
fuerzas.
Moribundo, dejaron de penetrarle, lo ultimo que vio Leonidas, fue a los persas
pajeándose y eyaculando todos encima de el.
Y esa es mi historia, nunca dije que la historia fuese lógica

Fin
Este es el último relato que he ilustrado desde hace tiempo.
Aunque el tema homosexual entre tios no me vaya mucho ^^ La peli 300 me encantó
así que ... por que no? Además está hecho con gracia y picardia, un relato que a
cualquiera que haya visto la película puede atraerle. Al menos para mi gusto.
Grácias Caja por este relato
Sé que me repito... y que demora mucho... pero el proximo
relato en teoría será "Simpsons 2a Parte" (en teoria xD) ...
Para cualquier comentario por favor no dudeis en dejarmelo en
"todorelatos.com" o en mi página web " www.johandark.miarroba.com "
Grácias por todo