Esta semana tuve el cumpleaños de una amiga.
En general, los cumpleaños a los que habíamos asistido con mi
esposo en esa casa nos habían resultado muy aburridos ya que la familia de él no
nos agrada demasiado y ellos nunca nos miraron con buenos ojos.
Pero mientras me preparaba para ir me vino a la memoria otro
cumple en la misma casa y que no nos resultó tan tedioso...
... Recuerdo que yo me había puesto una minifalda azul de
jean, una remerita marrón ajustada y bastante escotada y sandalias de gamuza
negra con tacos muy altos.
Mi esposo estaba refuerte, tenía puesto un pantalón pinzado
negro y una camisa de seda blanca.
La familia del dueño de casa, como ya he mencionado, no nos
soporta y en cuanto llegamos nos clavaron las miradas, miradas que destilaban
envidia y recelo.
El cumple era como todos los anteriores : un plomo, todos
alrededor de la mesa desesperados por comer y criticando en voz baja.
Después de aburrirme un rato fui al baño que está situado en
el primer piso y noté que había un par de miradas diferentes a las demás.
Eran el dueño de casa y su mejor amigo que disfrutaban del
paisaje...
Cuando bajé las escaleras, lo hice más lentamente y prestando
más atención y si, se desnucaban tratando de ver mis piernas y algo más. Desde
ese momento la fiesta se me hizo más amena.
Por el momento no tenía deseos de ampliar el número de
participantes en el juego así que decidí no comentarle nada a mi esposo.
Como los nenes jugaban arriba comencé a subir y bajar más
seguido con la excusa de controlarlos.
Recuerdo que para colmo yo me había puesto una tanga negra y
no tenía medias.
Cada vez que subía, lo hacía bien cerca de la baranda
asegurándome que ellos pudieran ver cada vez más.
Al bajar siempre me detenía en algún escalón fingiendo
arreglar mis sandalias, dejando bien visibles mis piernas y mi culo.
Había logrado llamar tanto su atención que creo que por
momentos se olvidaban que había más gente en ese lugar. La fiesta se había hecho
más entretenida para mi porque me gustó calentarlos a ellos y dar envidia a
ellas. Y para ellos... bueno, calculo que fue una buena fiesta y que se llevaron
un excelente recuerdo mío.
Camino a casa lo elaboré y al llegar comencé a ejecutarlo :
la segunda parte de mi plan estaba en marcha...
Con la excusa de haber bebido mucho alcohol y resistiendo
como pude varios intentos, esa noche evité tener sexo con mi esposo, pese a que
yo volaba de calentura.
Aún hoy no se como evité una masturbación frenética ya que no
dejaba de imaginarme a mis dos admiradores haciendo el amor con sus esposas pero
pensando en mi o, lo que era mejor aún, masturbándose en mi honor mientras
recordaban mis subidas y bajadas por las escaleras.
Al día siguiente hice dos cosas : por un lado le conté a mi
marido lo sucedido la noche anterior, mandándole un e-mail a su trabajo. Yo
sabía que eso lo volvería loco de excitación en el mismo instante en que lo
leyera. Y por otro lado invité a casa al esposo de la cumpleañera con la excusa
de ver cómo habían salido las fotos de un viaje que habíamos hecho ambos
matrimonios hacía poco tiempo atrás. Obviamente coordiné las cosas como para que
el arribo de ambos hombres (mi esposo y su amigo mirón) se produjera con escasos
minutos de diferencia.
Cuando mi marido volvió de su trabajo quedó boquiabierto...
Primero me observó detenidamente a mi. Yo me había puesto una
minifalda muy corta y muy pegada de gamuza, una camisa blanca, abotonada casi
completamente pero muy transparente y unas sandalias blancas con tacos altos.
Pese a que no es mi estilo, esta vez estaba tan caliente que
estaba dispuesta a mostrar todo. Por eso me había puesto debajo de la ropa una
diminuta tanga blanca de seda y un corpiño del mismo material y color que solo
cubría la mitad inferior de mis tetas, dejando incluso al descubierto el
nacimiento de mis pezones. Además la tela del corpiño era tan fina que permitía
apreciar claramente su permanente dureza.
Luego, en un momento que su amigo no lo miraba, me hizo notar
la excitación que traía, reflejada por debajo de su pantalón.
Y luego observó con extrañeza a la inesperada visita y cuando
su amigo giró para saludarlo yo le señalé a mi esposo con mi mirada la
entrepierna de nuestro visitante ya que lucia una considerable dureza.
Terminó de entrar, nos saludó y se sentó junto a nosotros
para tomar mate.
No se si por no poder levantarse dignamente o por seguir
disfrutando del "paisaje", la cosa es que mi esposo tuvo que sobrellevar a su
amigo cerca de tres cuartos de hora más. Y yo aproveché...
Cruzaba las piernas, las descruzada, las abría y cerraba muy
seguido con la excusa de la incomodidad de la silla, todo para mostrarle la
diminuta tela que a duras penas lograba contener los labios de mi sexo.
Mi esposo percibió mi intención rápidamente y comenzó a
calentarse...
En ese rato las hice todas : me incliné cada vez que le daba
un mate para que apreciara mis tetas sin impedimentos, me agaché a sus espaldas
para dejarle ver los "hilos dentales" de mi tanga, dejé que me viera como
distraída, escuchándolos y metiendo la punta de mi lengua en la bombilla, en
fin, no me privé de nada. Estaba desatada y desinhibida y si me lo hubiesen
pedido creo que me habría desnudado delante de ambos para deleitarlos con un
buen tratamiento de sexo oral...
La cosa fue que nuestro visitante no dejó de mirarme, a veces
hasta descaradamente y no se perdió detalle alguno. Transpiró, se puso muy
nervioso, tosió, se acomodó mil veces hasta que finalmente, cuando pudo
recomponerse, se fue.
No alcancé a cerrar la puerta con llave cuando mi marido ya
me estaba quitando la tanguita casi a los tirones. Bajó el cierre de su
pantalón, sacó su vara candente y allí mismo, sin dejarme girar, me penetró
salvajemente, deslizándose por mi túnel empapado.
Estábamos tan calientes que hicimos el amor como animales,
con movimientos fuertes y bruscos y sin detenernos en ningún momento. Ambos
acabamos casi entre gritos y con tal vehemencia que las últimas bombeadas me
hicieron golpear la cabeza contra la puerta de la casa.
Me di vuelta, le di un hermoso beso y sin dejarlo hablar o
preguntar le dije :
"Date una ducha y vamos a cenar a algún lugar elegante. Hoy
tengo muchas ganas de mostrarme..."
"Eso si, cuando volvamos seguimos con un poco más de esto..."

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