A Melisa la conocí en un boliche, buena piba, de mi edad, yo
ando por los 20, soy castaño de cabello y ojos, tendré metro ochenta y porto
setenta y pico de kilos.
Ella poco menos de estatura, ha de estar en el metro setenta
con sesenta y pocos kilos de peso. De cabello, hoy negro, piel blanca, unas
tetas bien formadas pezones algo rosados, extraordinarias gambas, nalgas firmes
pero abundantes sin llegar a ser voluptuosas.
Ojos claros, rostro bien femenino, de rasgos suaves.
Ese día en el boliche solo bailamos y tomamos unas copas, no
me dejó acompañarla a su casa pero me dio su teléfono. Ya que debía regresar con
su hermano Alex, lindo pibe algo menor que yo, pero no mucho, lo noté solitario
en el local, por lo que solo me lo presento.
-Fabio, este es mi hermanito Alejandro, debemos ir a casa ya,
el debe rendir y por eso nos vamos temprano, llamame y arreglamos vernos otra
vez.-
Me quedé jodiendo con mis amigos, compañeros de pensión.
Ellos tampoco pudieron enganchar NADA, de modo que nos fuimos a donde nos
alojamos en Bs. Aires, estudiamos acá.
A mí me toca compartir la habitación con Leandro, de modo que
hacíamos turno el y yo para refrescarnos las bolas en el bidet.
Como Leo no salía del baño, mas escuchaba yo el ruido del
agua al chocar con sus nalgas, entré.
-Estás al palo Leo – le dije viendo que su pija estaba en
erección, tal como la mía –
no nos queda otra que la ducha fría hermano.-
-Pero Fabio no pongás el agua totalmente helada – me sugirió
ya masturbándose – no la quiero de golpe.-
La puse templada a menos de 37 °C y entramos en bolas ambos a
la ducha.
-Está exquisita así Fabio, ¿nos pajeamos como el otro día
Fabio, así largamos la leche?.-
Ya lo habíamos hecho antes, de modo que le conocía su
cuerpito y él el mío.
La otra vuelta le toqué el culo, a lo que Leo hizo como que
no se daba cuenta y se lo seguí acariciando en tanto nos pajeamos ese día,
cuando acabamos de largar el semen, fuimos a dormir sin comentarios.
Bajo el agua Leo se dio vuelta quedando de espaldas a mí.
¿Por recato?
O para que me apoderara de sus nalgas. Esa era mi duda.
-Che Leo, porque te das vuelta ¿le tenés aversión a mi
pija?.-
-Fabio tocame el culo, yo acabo mejor si me lo acaricias como
antes.-
No me quedó duda que a Leo le gusta que lo acaricien.
Tal como yo es afín a las hembras sin dejar de lado el placer
de la homosexualidad.
Está lindo el Leo, poco y nada de vello, salvo en las bolas,
el culito es suave, firme y la carencia de pelos tanto en nalgas como en gambas,
agregado a la poca visibilidad producida por el vapor del agua, hacian que ese
culo que pasaba por el de un efebo o de una mujer.
No solo se lo acaricié, además le enjaboné bien el ano,
dejándoselo rosadito.
Él gemía de gozo.
Me senté en el extremo opuesto de la bañera, frente a las
canillas. Lo atraje hacia mí tomándolo de la cintura, él accedió.
-Agachate Leo y abrírtelas – le dije besándole una nalga – te
voy a dar el beso negro.-
Sus manos abrieron el túnel del placer, quedó ante mi boca,
yo me estaba pajeando a dos manos ya, su culo abierto por el de par en par
recibió mi beso.
Ya me había calentado tanto que tomé sus nalgas y me sumergí
en ellas lamiendo chupando y besando su ano.
Por supuesto que no había ya resistencia de sus anillos
musculares.
Ese ano pedía desesperadamente una visita diferente a mi
lengua exploradora.
-Metémela Fabio – pedía Leo con voz ronca, miró mis 18 cm de
carne tiesa – dejame sentarme en tu verga.-
Y se fue sentando, guiado por mí le entró mi glande, él
suspiraba profundo, apoyando en mis muslos sus manos, inició su sube y baja
sobre mi pija.
Cuando le llené la tripa Leo se dio vuelta desensartándose y
arrodillado en la bañera me chupó la pija en tanto se pajeaba, desperdició su
semen pero se comió las ultimas gotas del mío.
Unos chorros de agua limpiaron el semen y nos secamos luego.
Pude ver su carita bien masculina, pero su cuerpo con tan
escaso vello que bien pasaría por un efebo a pesar de su edad, próxima a la mía,
al ir hacia el lecho me besó, nos morreamos en tanto Leo me invitó a compartir
con el su cama.
-Fabio – me dijo, en tanto estábamos desnudos en el lecho –
me gusta estar con mujeres como a vos, pero como de chico probé el homosexo con
mi primo Tito, me quedó el gusto por disfrutar de una verga, tanto para mamarla
como para tenerla en mi hoyo. Mas me caliento, cuando con la Elisa no podemos
hacerlo bien. Aun habiéndola cogido como Dios manda necesito de un hombre que me
haga vibrar a mi luego.-
-Leo, no te niego que me gusta ver un cuerpo de hombre, pero
mas me gusta que sean como lo sos vos, sin vello, será porque me he cogido a
algún pibe en el internado y en ese entonces todos éramos casi púberes, y
nuestros cuerpitos estaba aun con tan escaso vello como estás vos aun.-
Así nos dormimos en cucharita. A la mañana siguiente nos
despertamos y fui a mi cama para desordenarla, tal como si hubiera dormido yo en
ella, la mucama que hace los cuartos no debía sospechar de nuestras relaciones.
Estaba con ganas de hacérmelo de nuevo a Leo, la erección
matinal se imponía, cuando.
-Muchachos – gritó nuestro compañero Ignacio del cuarto
vecino, que comparte con Ezequiel – vamos a desayunar los cuatro, ¡apúrense!.-
Nos vestimos rápido y los cuatro desayunamos en el bar.
De allí a la Facultad.
Pasó un tiempo en que dormí y porque no decirlo cogí a Leo.
Con Melisa la cosa fue de parabienes, mas cuando sus papas
viajaron de tour por Europa, ni Melisa ni su hermano Alex pudieron ir, por la
cursada.
Ya habíamos tenido salidas solos y ella fue gustosa de
dejarse tocar TODO y comprobé que también le agradaba mi cuerpo por lo que al
salir del boliche nos fuimos a un telo donde dimos rienda suelta a nuestros
deseos de sexo.
Le gusta tanto mamarme como que le lama el clítoris, la cogí
de atrás metiéndosela en vagina y de paso masajeándoselo, entra ella así en
estimulantes orgasmos.
A punto estaba hasta de llenarle el chico pero a la primer
puerteada manifestó mas dolor que desagrado, por lo que dejé el coito anal para
mas adelante, al menos no esa primera vez en el hotel transitorio.
Otro día, ya en casa de Melisa, como se hizo tarde y
estábamos meta mimos me invitó a quedarme a dormir con ella.
-¿Pero que dirá Alejandro? – le pregunté prudentemente.
-Yo no me meto en su vida de modo que el no se mete en la
mía.-
Esa noche le dimos como caja, era viernes y el sábado no hay
cursos.
Luego de los primeros polvos, descansamos un rato tomando un
café y un trago, escasos de ropa, yo en slip y ella solo con una breve
bombachita roja.
Así estábamos meta beso cuando entró Alex.
-Hola Meli, hola Fabio – dijo – me alegro de que la pasen
bien, voy a darme una ducha y no los molesto mas.-
-No molestás hermano, después vení que te preparo café.-
Ojalá venga en paños menores pensé, su metro setenta y poco
condice con su bien marcado culito, paradito y no creo que sea velludito.
Pues es rubión de ojos claros como Melisa.
Lo que si noté fue que se me estaba parando la pija de solo
imaginarlo en bolas al Alex.
Melisa cargó la cafetera y mientras esperaba la afirmé de
atrás, disimulando mi erección a causa de su hermano, como tardaba él, le bajé
la tela e intenté metersela por el chico.
-No, no Fabio, menos aun ahora, dejémoslo para el cuarto.-
Apareció la ricurita de Alex, cubierto con una bata de toalla
cortita, pude ver parte de sus gambas, cuando se sentó no se apreciaban vellos
en sus muslitos.
Tomó su café y una copa de licor.
Miré sus ojos y su mirada de los mios pasó a mi verga que
estaba bien erecta dentro de mi slip, Melisa había levantado las tazas y copas
yendo a lavarlas a la cocina.
Mire bien hacia Alex que seguía fija su vista en mi
entrepierna, le sonreí y me froté la pija, el como al pasar dejo caer la toalla
y al ponerse de pie me descubrió su culo, se dio vuelta y me sonrió el.
-Me voy a descansar –exclamó y se fue a su cuarto.
No esperé a que regresara Meli de la cocina. Entré al nuestro
cuarto con unas ganas locas de coger.
Tal que cuando volvió Meli le di por donde pude, besos, manos
todo, pero el culo no me lo entregó.
Ese sábado almorzamos los tres en el bar y después con el
cuento de que tenía clases que preparar me fui con Leo.
Estaba Leo haciendo una siesta, me metí en su cama y casi sin
preámbulos lo cogí imaginando en el a Alex.
-Estás maravilloso Fabio.-
Fue el comentario de el ante la violenta irrupción de mi pene
en su precioso hoyo.
El martes por la tarde, habiendo corroborado que Melisa no
estaba, pues sabía que en la peluquería llevaría como dos horas largas, de allí
me telefoneó ella.
Llamé al timbre del dto y me atendió Alex.
-Hola Alex ¿subo?.-
-Subí Fabio, ¿tenés llave?.-
-Si Alex.-
-Me estoy duchando, subí y entrá ya salgo.-
Subí, entré y abrí la puerta del cuarto de baño
¡magnífica vista!
Ese cuerpito de macho núbil, al menos eso parece, sin vello,
sus muslos son digamos de un morrudo, sus nalgas preciosas paraditas y sin
pelos, cuando se dio vuelta la pija al palo de unos 17 cm nada despreciable, su
rostro sonriente.
-Me imaginé que entrarías Fabio, te recalenté con mis nalgas
el viernes, solo te las mostré un segundo y te dejé al palo ja ja ja.-
-Si, me cautivaste – respondí quitándome el pantalón y el
resto de ropa para entrar con el al agua – deseo besar esas joyas de nalgas que
tenés Alex.-
Y nos besarnos en la boca, las manos presionando nuestras
respectivas nalgas, pija contra pija, un beso apasionante.
-Estás precioso Alex, ansiaba estar a solas con vos.-
-Fabio, a pesar de ser el novio de mi hermana me gustaste
desde esa vez en el boliche, cuando Melisa nos presentó.-
Seguíamos besándonos y lamiéndonos bajo la lluvia, ni
nuestros dedos ni nuestra lengua dejaban de explorar la piel de los rostros,
cuello, lomo y nalgas.
Cerró Alex el agua y nos secamos uno al otro, sus 17 fueron a
parar a mi garganta pues me cogió por la boca, tal como si fuera mi culo.
Jugaba Alex con mi pelo y de allí me tomaba para que su verga
pasara de mis labios a mi boca. Lo lamí hasta que decidió que fuésemos a su
cuarto.
Se sentó Alex en el lecho, me tomó de la cintura, me dio unos
besos en mi dura verga, de pie yo, me giró y se sumergió en mis nalgas dándome
un delicioso rimming hasta que le pedí me dejara sentar en sus 17 cm.
Sin forro Alex me fue penetrando a carne viva, sentí con
placer su entrada en mi.
Me fui moviendo yo mismo, apoyado en sus rodillas, hasta que
lo tuve todo en mi tripa.
Luego suavemente dirigí mi propia sodomización por Alex, que
con un brazo me hacía de la cintura, su otra mano me pajeaba, en tanto me
mordisqueaba y alternativamente me besaba el lomo.
El pibe me desvirgó, ya que salvo mi dedo o algún objeto
inanimado, una pija nunca me había hecho gozar antes.
Y así pasé mi estadía de estudiante en Buenos Aires.
Ya en mi ciudad del interior solo puedo gozar del placer del
coito anal en mi, cuando visito la Capital.
Los taxi boy son para mí hoy, la solución de esta
"desviación" de mi conducta.
Melisa se casó ya y con Alejandro poco nos vemos, viven en
Uruguay.
Mi camarada Leo, también está casado y solo depuntamos el
vicio en alguna salida de caza.
Olvidaba decirles que también yo me casé y espero pronto que
mi mujer me de un hijo.