Cada tanto, y luego de comentárselo a mi primo, "me agarra la
loca" de contar de ésta forma mucho de lo erótico que me ha estado sucediendo
sobretodo desde hace dos años, y en especial las cosas que hemos hecho juntos.
Como se dicho por ahí " a la gente le gusta contar sus
cosas" y yo no creo ser la excepción, sino todo lo contrario ya que
considero que a pesar de cierta "simpleza" de algunas de mis experiencias tengo
bastantes cosas para contar.
Además, en estos últimos días tratando de explicar lo que fue
viniendo después, he estado recordado mucho, y con placer, algunos de aquellos
primeros sucesos que compartimos juntos.
Entonces ahora, con un poco más de tiempo libre y con tantos
recuerdos, me han vuelto las excitantes ganas de escribir sobre algunas de esas
cosas que más me marcaron en los primeros días de nuestra relación y de las que,
desde un principio, he venido contando abundante y detalladamente.
Así que, en una de esas primeras semanas, en las que con mi
primo ya habíamos pasado varias mañanas encamados en mi casa, después de que mi
maridito salía a trabajar; lo que, por momentos, era para mi toda una locura, ya
que hubo días que ni me vestía, ya que no bien salía uno de la cama matrimonial
entraba el otro; precisamente en esa época fue una de las veces que debí asistir
a la maternidad, en la ciudad, para los respectivos chequeos médicos.
Haciendo coincidir con eso, y siendo un viernes, mi primo
estaría, también en la ciudad, haciendo unos trabajos en el departamento de una
vieja amiga de su antiguo barrio que recientemente se había reencontrado.
Incluso cuando mi primo, días antes, me había comentado ese encuentro, sumado a
que por algunas horas no había dado señales de vida, yo había tenido un ataque
de angustia y celos; pero que con su labia, sus morbosas caricias y maneras, y
mi complacencia, incluso, para mi sorpresa, rápidamente lo transformamos en un
estado de calentura que me disipó toda mi inquietud.
Así fue que habiendo pasado algunos días mi primo me dijo que
la mujer le dejaría las llaves con el encargado para que los trabajos se
hicieran mientras ella no se encontrara, ya que en ese verano pasaba todos los
fines de semana en un importante balneario.
Yo me puse como loca de contenta de que por fin por una vez
íbamos a estar solos y más tranquilos en un lugar donde nadie nos conocía; pero
la noche previa, de tan ansiosa que estaba y como no me podía dormir, terminé
haciendo un sesenta y nueve con mi marido la mayor parte del tiempo sentada en
su cara incluso haciendo que él, por primera vez, chupara bien mi culo, mientras
me imaginaba lo que haría al otro día con mi primo
Entonces como lo habíamos convenido anteriormente luego del
control médico, yo me dirigiría hacia el dpto donde mi adorado amante familiar
me estaría aguardando.
Cuando llegué mi estado de animo no era el mejor, más allá de
las ganas de verle y de que no me había sucedido nada muy grave; y mismo
habiendo confirmado que todo lo de mi embarazo marchaba súper bien, como me lo
había asegurado enfáticamente el médico, (un interesante, amable y elegante
veterano que también, olía muy bien y tenía unas manos de "seda"); pero de
cualquier manera, quedé inquieta porque después de escucharlo, fue, algo así,
como que tomé real conciencia de lo próximo que estaba de ser madre o, por lo
menos, el hecho de estar embarazada adquirió otra dimensión más cercana a la
realidad que me resultó muy impactante ya que de cierta forma en mi psiquis se
aceleraron los tiempos.
Además, todo el tema de la asistencia pública, sumado al
lento y caluroso viaje en colectivo, me dejaron un poco "quemada" física, pero
sobretodo "re quemada" mentalmente; porque ese día, me tocó vivir que,
precisamente, a la hora en que tenía mi turno, coincidió, creo que con una
medida gremial sorpresiva, una asamblea o algo a así, que paralizó, las
actividades de los funcionarios de la salud, provocando, por más de dos horas,
la suspensión de la consulta con la consiguiente demora para todo el mundo e,
incluso, quedando mi ansiada ecografía para un siguiente chequeo; pero, en
realidad, la cuestión era que toda esas cosas negativas que muchas veces tenía
que pasar se las terminaba siempre atribuyendo al hecho ser pobre.
Todo esto trastocó mucho mis planes, más el viaje, terminó
por disminuir en mucho el tiempo en que con mi primo estaríamos juntos, ya que,
en un principio, incluso, pensaba que almorzaríamos juntos.
Pero por suerte el barrio en que se encontraba lugar de
encuentro era bastante limpio, tranquilo y lindo; muy distinto al entorno del
centro asistencial.
En lo que me pareció un moderno edificio, cuando salí del
elevador, mi primo ya me estaba esperando ansioso en la puerta del depar;
obviamente, para él también había sido una larga y deseosa espera, pero que,
según me dijo después, utilizó en adelantar en algo los encargos de la dueña.
No bien entramos me apresuré en colgarme de su cuello
buscando, entre sus brazos, protección anímica; en buena parte, al haber
permanecido tanto rato, estaba un poco impresionada por lo que había visto y
escuchado en ese mísero local público, tanto que recordarlo me hacía sentir
cierto estremecimiento porque, al fin de cuentas, aunque nunca había creído que
me fuera pasar a mi, de alguna manera, también me había sucedido, así que no
podía dejar de pensar que mi historia no era muy diferente a la de la mayoría de
aquellas pobres chicas, la mayoría bien jóvenes, embarazadas que había
encontrado y escuchado en todo ese tiempo en que permanecimos esperando para ser
atendidas.
Entonces mientras le informaba a mi primo algo de lo que me
había sucedido y sentido, tomé real cuenta, que además de la tensión, propia de
la larga espera, en un no muy placentero lugar, lo que me había alarmado y, en
esos momentos, me hacía explotar en sus brazos fue el miedo que sorpresivamente
sentía ante la eminencia de ser madre siendo tan joven y con muy pocas recursos
y perspectivas.
Cariñoso como siempre, me mimó mucho para tranquilizarme,
pero después de enterarse que mi retraso no había tenido nada que ver con mi
salud ni con mi embarazo, me pasó un buen responso, por lo rápido en que yo, en
su opinión, perdía la humildad y me olvidaba que lo importante era que, según lo
que me había dicho el médico, todo marchaba super bien; y que además, de última,
desde un tiempo a esa parte, yo no la estaba pasando nada mal, etc, etc.
Luego recuperó su buen humor y comenzó a chancearme con que
parecía que yo quería ser la más deseable de las barrigonas pero sin dudas sería
una hermosa la madre tal cual él me lo había profetizado la primera tarde, en
casa de mis padres, que, estando casada y embarazada, me chupó mis ya tentadoras
tetas; aquel primer día de muchos que vinieron después, en los que le puse los
cuernos a mi marido de todas la formas posibles.
Además, mientras me toqueteaba toda, también hacía hincapié
en lo buena y deseable que me pondría una vez recuperada mi cintura y mis curvas
normales pero conservando por bastante tiempo, mientras amantase, un buen tamaño
en mis senos, cosa que de solo pensarlo me provocó una sonrisa cómplice.
Entonces, viéndome más animada, y conociéndome bien, para que
no comenzara de entrada a toquetear y curiosear todo lo del departamento y lo de
la mina, me fue arriando, de forma bastante paternal y autoritaria, hacia el
baño, donde él mismo me fue me desvistiendo, para que tomara una reconfortante
ducha, que terminará por cambiar radicalmente mi humor, tal cual lo que prometía
aquel cuarto de baño que no bien entré me pareció alucinante.
Al no estar acostumbrada a tales comodidades, sobretodo en
aquella época, para mí todo era lujo; así comencé a disfrutar mucho de que el
calentador a gas permitiera correr abundante agua tibia por mi cuerpo, y hasta
que pude haber tomado, aunque sentada, un baño de inmersión, si así lo hubiese
deseado, ya que, también, la muy guacha de la dueña de casa tenía todo tipo de
champús, cremas, jabones líquidos, geles y hasta sales de baño.
Mi primo, que mientras aguardaba mi llegada ya se había
duchado, y sin temor a mojarse ya que solo vestía una bermuda de jean, comenzó,
como si yo fuera una potranca a enjabonarme con una esponja, pasando por todo mi
cuerpo, un delicioso y perfumado gel que inmediatamente formó abundante espuma,
.
Cuando se concentraba en mi frente, yo echaba mi cuerpo hacia
atrás para resaltar, aun más, mis tetas, mi barriga y mi pelvis permitiéndole a
sus manos un mejor acceso a mis zonas erógenas. Y cuando mi espalda pasaba a ser
el objeto de sus jabonosas caricias yo inclinaba mi cuerpo hacia el frente,
apoyándome en la grifería, empinando, como siempre exageradamente, mi trasero.
Por supuesto, que él no perdió la oportunidad, con sus dedos enjabonados, de
penetrarme rápidamente un poquito el culo y la vagina. A su vez todo esto yo lo
podía ver reflejado y en primer plano, ya que dentro del box y frente al duchero
había un espejo que permitía apreciarse de cuerpo entero.
Una vez que se cansó de manosearme higiénica y morbosamente y
no sin antes prevenirme de que no fuera a hacer mucho quilombo en el
baño, salió para preparar unas bebidas y desplegar la cama; mientras tanto yo,
ya que estaba, observándome en el espejo con atención y prolongando un
poco más mi refrescamiento, también, con mucha discreción para que mi primo no
me regañara, le usé todo lo que pude de los, para mí, novedosos artículos de
higiene personal que la dueña almacenaba en el armario al que no dejé rincón sin
curiosear; incluso mientras me secaba, encontré un frasco, que no dudé en abrir
y oler, de un lubricante sexual que estaba por la mitad, del que yo solo había
visto la propaganda.
Al volver, envuelta en una toalla, al ambiente principal,
sonaba una suave pero constante música electrónica tipo chill out; él ya
había transformado el sillón en una enorme cama cubierta por una sensual sábana
beige y un par de almohadas más claras.
Mi primo, que por momentos, parecía más atento y formal que
nunca, quizás mimetizado en aquella atmósfera ciudadana, pero que, también, daba
para ver que era consecuencia, obviamente, de que se había asustado más de lo
que quería demostrar por lo de mi demora, sumado a la incertidumbre que nadie
puede dejar de tener frente a este tipo de visitas al médico.
Vistiendo un novísimo y elegante bóxer gris claro, aunque
bastante ajustado que le marcaban de forma exagerada el bulto de sus bolas y de
su verga semi erecta; a lo que no pude dejar de pensar que era la primera vez
que se lo veía puesto y él me aseguró que era regalo de su madre; y yo
habiéndome reclinado ya en la cama, me sorprendió gratamente al proponerme
brindar por nosotros mismos con un poco de champagne helado, ya que la dueña
guardaba por lo menos media docena de botellitas individuales en su heladera; de
esta forma terminó por contagiarme su optimismo y fuimos cambiando poco a poco
el tema de la conversación pasando a sentirme mucho más distendida.
A medida que me fui relajando con la bebida, nuestras
palabras y sus caricias ya no tan cariñosas, comencé a percibir y disfrutar de
lo coqueto y prolijo de aquel mono ambiente, y, como no podía ser de otra
manera, inmediatamente me intrigó y quise saber, lujuriosamente sospechando, de
que forma la mina, (por los cuentos de mi primo una muchacha de barrio de su
edad), había conseguido tanta comodidad ya que tenía un último equipo de audio,
buena tele, un viejo video, un reproductor de DVD, otros electrodomésticos
bastantes nuevos, hasta tenía aire acondicionado, incluso en un rincón tenía una
compu sin desembalar además que el sillón cama era espectacular, y todo el resto
del escaso mobiliario parecía que con poco llegaría a completar un buen
conjunto.
También él se deslizó mansamente en la cama a mi lado
separando la toalla que me envolvía, y como la temperatura me pareció ideal no
sentí ninguna necesidad de cubrirnos; luego comenzó con delicadeza , (hasta me
pareció que con demasiada), a besarme las tetas para muy despacio continuar por
mi panza de cinco meses y suavemente recorrerla toda con sus labios
entreabiertos y su lengua hasta por fin llegar a mi limpita y perfumada entre
pierna.
Le dedicó, con la misma sutileza, varios besitos a los
pequeños labios que rodean mi clítoris para terminar, con su boca entre abierta,
besando toda mi concha y por momentos introducir un poco su lengua en mi
abertura; lo hacía con tal refinamiento que me daba la impresión que le estaba
dando un exquisito beso de legua como si mi sexo fuera otra boca.
Yo, posiblemente, aun un poco distante en mis pensamientos,
disfrutaba serena de ello, a la vez que con una mano acariciaba sus cabellos y
con la otra, cruzada sobre mi pecho, jugueteaba pellizcando suavemente uno de
mis pezones, de la misma forma que lo hago cuando me masturbo en soledad.
Recordar esto me trae a la memoria que hace un tiempo una amiga quería que le
contara como me masturbaba.
Pero esa vez, al mismo tiempo, que mi primo se ocupaba de mi
concha, con mi vista vagaba por toda la prolija estancia y por el paisaje
ciudadano que se extendía, enmarcado por las cortinas a medio correr de la pared
ventana; pero también me detenía en las imágenes reflejadas de nuestros cuerpos
en el espejo que se encontraba encima del bajo mueble de cuatro cajones, sin
patas, de escasa altura y aspecto antiguo, que ubicado, convenientemente,
paralelo y muy cercano a la transformada cama permitía que se viera mucho de lo
que sucedía en ella; encima de él también había una foto de la dueña de casa que
abrazada a una amiga llamativamente vestida de promotora de algo desde un lugar
turístico parecía sonríeme feliz.
Como casi todo lo de aquel lugar era nuevo para mi,
despertaba mi curiosidad pero creo que en esos momentos y estando acostada, lo
más inédito eran las aromas que inundaban el entorno: sobretodo las de la cama,
las sábanas y almohadas, y hasta nuestros propios cuerpos recién bañados
despedían fragancias nuevas, para mi exóticas y super ajenas.
Entonces a pesar de la excesiva delicadeza con que mi primo
me estaba tratando me fui calentando más y más; ya que si hay algo, como ya lo
he contado mil veces, que generalmente me pone sensualmente super dispuesta y
creativa es lo novedoso, incluso llevándome a imaginar muchas cosas, al punto de
que en esos momentos estuve tentada, mientras mi primo me chupaba la concha, a
estirar la mano y abrir uno de los cajones de aquel cercano mueble del que
estaba segura guardaría pertenencias de la mina que con solo curiosearlas
elevarían aún más nuestra temperatura.
Cuando ya estaba bastante mojada, él se sacó
parsimoniosamente su ropa interior liberando su erecta pija, como siempre
maravillosamente perpendicular a cuerpo; y, delicadamente, puso debajo de mi
cola una de las almohadas; entonces abriendo mis piernas se posicionó entre
ellas y, mirándola con atención, como si fuera un ginecólogo, comenzó a
juguetear y hurgar con sus dedos en mi vagina.
Con dos dedos de una de sus manos abría mis labios y con el
mayor de la otra estimulaba profesionalmente mi clítoris haciéndome dar
respingos o me lo introducía lentamente haciendo movimientos circulares dentro
de mí. En esos momentos, por un lado recordé la visita al médico de ese mismo
día y, por otro, los lejanos tiempos en que con mi primo jugamos a los doctores
aunque no fuera, precisamente, mi peladita lo que más atraía su atención; ya que
en aquella época, a mi precoz doctorcito, lo que más le entretenía, dándole
continuamente tratamiento, era juguetear de diversas formas con mi pequeño
culito.
Entonces, hincado entre mis piernas las fue elevando poco a
poco llevándome a una posición aun más ginecológica; su tiesa verga quedó
naturalmente enfrentada en mi ya palpitante conchita, y sin ningún tipo de
demora, ya que hacía algunos días que habíamos dejado de usar condones tras los
satisfactorios resultados de sus análisis de sangre, así pude experimentar lo
poco traumático que fue sentirla deslizarse con total facilidad en mi interior.
Con mi piernas enlazadas en su cuerpo me fui dejando hacer por un buen rato,
prácticamente inmóvil; todo el ritmo de la penetración era suyo, a lo que yo,
aprovechando mi inactividad, dejaba vagar mi cabecita solo por los aspectos
voluptuosos de lo que me estaba sucediendo e, incluso, vinieron a mi mente
algunas de las cosas que me había enterado, en ese mismo día, de boca de las
otras pendejas embarazadas, algunas super atorrantas, y que, a pesar de todo, e
incluso con lo patéticos de ellas, más morbo me provocaron, como fue la
confesión de una que contó que: aunque no podía asegurarlo con total certeza,
probablemente, estaba embarazada de un tío suyo. Esa confesión me había excitado
bastante y hasta, de cierta forma la envidié, porque, más allá de otras mil
historias que solo serían complicaciones, en esos momentos, hubiera, en mi
lujuria, deseado haber estado preñada de mi primo. en vez de estarlo de mi
marido.
Así de entregada y "haciéndome la cabeza" a mi misma, poco a
poco, sin entrar en un explosivo orgasmo, me fui empapando de una forma que su
pija, por supuesto, sin que nunca la hiciera llegar hasta el fondo de mi útero,
parecía perderse dentro de mi inundada y dilatada concha al punto de que en cada
envestida y retirada, quizás por la posición tan abierta en que me encontraba,
se producían algunos ruidos y ventosidades característicos de chapoteos entre
espesos líquidos.
Fueron tantos mis fluidos que mi primo sin haber acabado la
sacó, para mostrármela y así pudiéramos juntos apreciar bien como la cabeza y,
en especial, el tronco de su pija estaba todo veteado de cremosa y blancuzca
leche que no era precisamente la suya, sino que solo mía.
Con la verga en su mano nos miramos a los ojos y enseguida
entendí, o quise entender, que era el momento especial de experimentar abundante
y exclusivamente, desde su pija, el gusto de mis propios derrames.
Recuerdo que le pedí que me la acercara para verla mejor;
entonces hincándose a un lado de mi cabeza, me la aproximó a la boca.
Al principio, no me la embutí, solo le pasé la lengua a lo
largo del tronco, dejándolo limpito y saboreando mis flujos, de un gusto que esa
vez me parecieron realmente fuertes, además, de tan espesos que eran, amenazaban
con secarse rápidamente. Lamí despacio para que él viera bien como lo hacía y
con que fruición saboreaba lo mío.
Durante todo el tiempo, incluso, cuando terminé por metérmela
lo que más pude en la boca, hasta que la cabeza llegó a mi la garganta, y
chupetear fuerte, no dejé nunca de volver siempre a mirarle y en el cruce de
miradas solo quería que se diera cuenta de lo caliente y de lo ansiosa que ya
estaba y sobretodo para que, de cierta forma, abandonara de una vez por todas
esas caballerosidades, delicadezas y cuidados, aunque deliciosos en su momento y
que tanto me había re confortado en mi arribo, ya me estaban resultando
demasiado ligth.
En esos precisos instantes, y una vez que todas mis
aprensiones, más que nada, sobre el futuro ya habían sido sustituidas por ese
presente de estar en tan sensual lugar que en mi ya calenturienta imaginación
escondía y prometía excitantes prácticas, ya que, a pesar de mi edad, en lo
sexual nunca fui, lo que se dice, muy ingenua sino más bien muy mal pensada, y
que, sin dudas, con mi primo, para re calentarnos, descubriríamos y
aprovecharíamos al máximo una vez que el degenerado se pusiera a mil dejando de
lado tanto cuidado por las cosas de la otra y el demostrarme tanta ternura y
delicadeza como si yo estuviese a punto de parir cuando aun faltaban casi cuatro
meses.
Estábamos en eso cuando sonó el teléfono y como ya lo
habíamos hecho un par de veces, dejamos que se encargara la contestadora, pero
esta vez era la mina de la casa, lo que nos asustó un poco, que con repetidos
hola y llamándolo por su nombre requería a mi primo. Como el aparato estaba bien
cerca de la cama no cambiamos de posición, ni yo tenía alguna intención de
hacerlo, no solo no solté su verga sino que me aproximé más al tubo para
escucharla.
Para nuestra tranquilidad llamaba desde la ciudad balnearia y
parecía que solo quería saber si estaba todo bien y como iban las cosas. Mi
primo mientras llevaba una mano hacia su pija acelerando el ritmo que le
imprimía la mía le aseguró que estaba trabajando a full, sobretodo con el
taladro, pero que había tenido problemas con el mueble que ella quería instalar
en la cocina ya que era un poco más grande que el espacio disponible, así que
habría que cortarlo, con una herramienta apropiada o buscar otra solución y que
le era imposible hacerlo esa vez.
En realidad se percibía que la mina estaba en otra ya que le
dijo que no se preocupara por eso que ya lo resolverían la próxima vez, pero sí
en que dejase todo en orden y lo más limpio posible ya que tenía un compromiso
ahí no bien estuviese de vuelta pero lo que , en realidad, quería era que le
hiciera el favor de encontrar una agenda que había olvidado y que se hallaba
dentro del mueble cercano a la cama, y buscar en ella un par de números de
teléfonos.
Para mi fue como una bendición, ya que por fin podría
comenzar revisarle algunas cosas; entonces sin separarme de mi primo, logramos
abrir el primer cajón, y luego de revolver un poco la hallamos. Rápidamente
curioseamos en ella y encontramos los números que la mina solicitaba, no sin
cierta dificultad porque no solo aparecían nombres, sino que algunos tachones, o
junto a ellos también cifras y otros nombres entre paréntesis
Mi primo, que al momento de darle los números, poco a poco me
había ido empujando hacia abajo para que mientras él hablaba yo le mamara la
pija; sin dudas realizando la fantasía de estar en el teléfono a la vez que era
chupado.
No me resistí en nada y se la seguí mamando mismo en los
momentos que oí, en respuesta a que la mina para despedirse volvió a insistir en
que por favor le dejase todo limpito, como mi primo le decía en un arrebato de
familiaridad y en tono gracioso, que achicara un poco con eso de la pulcritud y
de que todo debería estar super limpio, pero que si realmente tenía que ser así,
él podía hacer venir a una amiga suya, que estaba embarazada y pasando una
difícil situación económica, para que pasara a fondo la aspiradora; a lo que yo
reaccionando sobretodo frente a eso de la aspiradora paré, como le venía
haciendo, de chuparle con fuerza y casi quiero morderle el pene al sentirme
super aludida pero mi primo acariciando y empujando mi cabeza me guió a que
continuara mamándosela.
En el mismo tono jocoso la mina le contestó: que ni loca y
que si él pensaba que ella cagaba dinero no solo para pagarle a él sino también
para tener que contratar a alguien que le limpie la casa; mi primo
caballerosamente le dijo que eso era lo menos que ella se merecía.
Ella, antes de cortar, aceptó el cumplido pero, también, ya
que estaba, le pidió si le podía hacer el favor de cuando saliera llevarle a la
lavandería de la cuadra una bolsa con sábanas sucias que se encontraba en el
baño.
Al colgar nosotros ya estábamos a mil de calientes, a mí con
complicidad se me ocurrió exclamar: que puta, te manda a que le lleves a
lavar las sábanas, a lo que mi primo dijo: mejor porque entre ellas están
éstas que estamos usando ahora.
Sin dudas éramos medios cerdos porque desde el principio me
parecieron bastante perfumadas pero no se sentían sucias.
Después de la llamada, nos quedamos masturbando mientras
leíamos e interpretábamos cosas de esa agenda, aunque en el cajón también tenía
otras dos un poco más viejas. Estábamos excitadísimos con la casí confirmación
de que la mina era un gato ya que si bien la cifras no estaban acompañada
por el signo $ obviamente correspondían a montos de dinero. Las
cantidades que más aparecían equivalían a más o menos unos 30 dólares aunque
también había unos cuantos números teléfonos acompañados por cifras menores y
algunos muy pocos por una buena plata.
Mi cabeza estaba a mil, y solo quería imaginarme a la guacha
de levante por guita y haciéndose coger por algún veterano rico en esa misma
cama en que nosotros nos estábamos revolcando.
Aprovechando que el cajón estaba abierto me dediqué a husmear
en él, dándole la espalda a mi primo que a modo de reprimenda comenzó a meterme
mano por atrás con cierta vehemencia a lo que yo lo incentivaba, muy en embroma
pero también con mucho de verdad con expresiones como: la muy puta ha
conseguido todas estas comodidades solo garchando y pensar que ni mi marido y ni
que hablar de tu, que me coges todo los días, me dan nada.
Por supuesto que él me contestaba con alguna excitante
grosería y profundizaba la penetración con sus dedos.
Ya bien de frente al espejo, hincada en el borde de la cama,
ofreciéndole mi trasero a mi primo, y apoyada con una mano en el mueble a la vez
que con la otra revisaba lo que allí había que era más que nada papeles, algunas
fotos y artículos de escritorio. Por momentos me concentré un poco en las otras
agendas y era sorprendente el grado de calentura que me invadía, parecía que
estaba mirando una revista porno en vez de nombres, números de teléfono y
cifras, a cada línea en la que creía un descubrir algo erótico movía mis caderas
para que mi primo no dejara de pajearme.
Luego prosiguiendo mi búsqueda en el mismo cajón y por fin
dentro de una carpeta encontramos dos alucinantes fotos de la mina medio en
bolas. Las fotografías de más o menos 20x30 cm cada una eran de muy buena
calidad, en especial ya que parecía tomada en un estudio, la que ella estaba
vestida con lencería blanca de primera noche de casados que contrastaba con el
aceitunado del color de su piel y su cabello negro; tomada de cuarto perfil la
mina aparecía de cuerpo entero apoyada con una mano apoyada en el alto respaldo
de un antiguo sillón vació, dejaba ver mucho de una linda cola en la que se
incrustaba entre las nalgas una tanga blanca haciendo conjunto con las medias,
portaligas y zapatos de taco alto también blancos. Con el tul hacia atrás, su
rostro inclinado, como mirando sumisa hacia el inexistente ocupante del sillón,
era lo único que le daba, de forma muy bien buscada, un aire inocente que
contrastaba con todo el resto de su cuerpo pero sobretodo con sus suculentas
tetas que realzadas por el también blanco corpiño de media copa parecían estar a
punto de estallar y que por el canal que las separaba caía un collar de perlas.
Era la típica foto antigua de una reciente boda solo que le faltaba el traje de
la novia y el novio, por supuesto en mi imaginación un señor mayor, de frac
sentado en el sillón.
En un momento, hasta pensé, y así se lo pregunté a mi primo
sin dejar de moverme, que pudo haberse casado alguna vez pero también consideré
que solo podría ser una fantasía erótica de alguien, como parecía confirmar la
otra foto, bastante más desprolija, en la que aparecía junto a otra amiga
distinta, disfrazadas de enfermeras, muertas de risa, abrazadas casi besándose,
mostrando todo, ya que los escotes de los uniformes lo tenían tan abierto que a
la otra casi se le veía el pezón, la mini era tan mini que a la guacha que
estaba más de perfil y más inclinada se le vía la tanga. Parecían estar alegre
de más, diría que borrachas, en alguna fiesta privada o en un caliente hallowin,
pero en realidad tenían un aspecto de putas bien atorrantas.
Puse ambas fotos bien juntas encima del mueble, dando por
terminada mi búsqueda. A mi primo ya no le daban los dedos con que penetrarme,
así que incorporándose se ubicó detrás de mi y me ensartó por la concha. Me
entregué realzando mi cola apoyándome con ambas manos en el mueble con las fotos
entre medio de ellas. Mi primo bombeaba sin parar y yo cada vez que abría los
ojos veía las excitantes fotos de la dueña de casa pero levantando la vista
también podía verme, bien de frente, en el espejo con mis tetas colgando, mis
cabellos revueltos y mi cara de trola gozadora; más aun , atrás de mí, también
podía ver pecho, hombros y cabeza de mi primo balancearse a cada estocada.
En mi cabeza se agolpaban mil imágenes lujuriosas, ya que en
ese departamento, y con mi calentura, me daba la impresión que todo estaba
dispuesto para facilitar e incentivar los encuentros carnales.
En un momento que percibí a través del espejo que, pese a
estar detrás de mí, mi primo buscaba con su mirada las fotografías, me incorpore
llevando una mano hacia atrás buscando su cabeza para acercarme y inclinando la
mía pudiéramos comernos a besos, para que, a la vez, mis brazos ya no
interfiriesen su visión de las fotos. Y como la excitación era, por decirlo de
alguna forma, interminable o mejor dicho yo quería que esa vez no terminara
nunca porque, quizás, no quería sentir y vivir lo que había experimentado al
principio del día, me atreví a preguntarle cual de las fotos le gustaba más.
Ahí, cogiendo despacito, mientras las mirábamos, dábamos, entrecortadamente
nuestra opinión, por supuesto, siempre de una forma lasciva, que nos enardecía
más.
Ambos coincidimos que la que estaba vestida de novia con
lencería de primera noche de casada era la más erótica y no solo porque era la
que más mostraba su suculento culo y sus morenas tetas. Por unos instantes y en
voz alta, sin parar de coger, la imaginamos entregándose aun con esa ropa al
fotógrafo o a la persona que no había querido aparecer sentada en el sillón o a
ambos ya que la foto parecía haber sido tirada por encargo a un profesional.
También la imaginamos siendo sodomizada en su primera noche de casada.
Totalmente sacados, mi primo me preguntó si me gustaba la
forma en que la mina había conseguido realzar la cola en esa posición en que
aparecía; yo, siendo muy sincera, le conteste casi gimiendo que sí y
también agregué no solo preguntándole: si a él le encantaba, como a mi, la forma
que la pequeña tanga se le metía entre las nalgas sino que volviéndome a
inclinar sobre el mueble, paseé lentamente un dedo por la fotografía justo por
encima del canal que separa ambos hemisferios del orto de la mina.
Inmediatamente después y en esa misma posición, mi primo
totalmente enamorado de mi, no sin antes ensalivarse un dedo y pasarlo por mi
ano, sacó su verga de mi concha y la apoyó en mi ojete, a la vez que me decía
que mi culito era el más lindo de todos, más sensual que el de la mina, y que
todos los tipos que él conocía se lo querían coger. Entonces, apoyada con las
manos en el mueble y totalmente emocionada yo misma reculé un poco y dejando
escapar un gritito me ensarte solita y mi primo aferrándose a mi cintura con las
dos manos y me culió bien culiada y a los pocos sin darme mucho tiempo me llenó
el culo con su tibia leche. Y yo estaba contentísima y alucinada de como
curtiendo el sexo a full, mismo solo fantaseando y sin aparentemente haber
solucionado nada de lo mío, había cambiado radicalmente mi estado de ánimo.