|Comedor del personal doméstico de casa de los señores Astorga, 15:00|
Angula come junto al resto de sus compañeros pero parece aún no verse con
fuerzas para decirles tanto a sus compañeros como a madame Coleta que
supuéstamente abandonará la hacienda y volverá con su familia en breve. Llegó,
después de tener un especial conocimiento con el señor Policarpo, veterinario de
la villa, a una hora correcta a la hacienda. No desgastó pues tiempo innecesario
en su viaje hacia la villa o como mínimo los breves morreos que se dio con el
señor Policarpo no llegaron a ocupar un tiempo que pareceríale a madame Coleta
sospechoso de investigación. Pero lo que lleva escondido en el corazón la
muchacha sí le parece preciso de aclarar. Y más si esto trata acerca de una
decisión en la que se enfrentan los deseos de sus padres; que trabajara en el
servicio doméstico de la hacienda de los Astorga. O sus verdaderos y los que
cree más sensatos deseos; aprender la ciencia de la veterinaria y dedicar su
ansiosa cabecita a investir una que será admirada veterinaria, quizá la única
con faldas y pololo de la región.
La decisión parece facilísima de tomar, hasta un niño de 5 años decidiríala en
menos de 5 segundos. Pero para una muchacha cercana a las dos decenas de años es
siempre más difícil. Pues esta muchacha piensa muchas más cosas que el niño de 5
años, hablamos en este caso de Angula; una muchacha que piensa lo que quizá
piensan dos o tres docenas de niños de 5 años.
-Hey, te veo muy callada.
Una desconocida voz junto a un codo que impacta contra sus costillas rapta a
Angula de sus marginales navegares neuronales. Es Jenara, una de sus nuevas
compañeras de trabajo en la que ya se había fijado. Pero asaltándola de forma
repentina su voz mientras se siente tan confusa Angula, le parece una voz que no
ha oído en la vida.
-Angula: ey hola.
-Jenara: ¿qué te pasa? se te ve embobada como si no supieses hablar. ¿Eres
tímida o tonta? Ja ja ja.
-Angula: ja ja ja.
-Jenara: no te lo tomes mal, ya sé que no eres tonta porque alguna vez te he
oído hablar con madame Coleta o alguien otro y pareces una poetisa. Las he
conocido tontas, pero no te preocupes porque no hubiérales hecho a ninguna la
broma que te hice.
La compañera que le ha hecho la broma es Jenara, una entre muchacha y mujer un
poco más grande que ella pero que vese en su cara que de ella puede aprender
muchas cosas que tal aprendió sin ayuda alguna.
-Coleta: tranquila, ya te creo, pero la verdad es que un poco tonta sí que soy.
Almenos estos días porque llevo muchas cosas en la cabeza y no llego a aclararme
cosas que un día hubiéranme parecido de sentido común.
-Jenara: no te angusties, eres muy joven y todas tenéis la cabeza llena de
murciélagos. Verás como un día huyen sin dejar rastro.
-Angula: no lo veo tan fácil, si yo te contara....
-Jenara: ey.. pues.
Dice la llamada Jenara acercándose al rostro de Angula para inspirarle
confianza.
-Jenara: puedes explicarme lo que sea, yo las he vivido de todos colores, nada
me sorprenderá.
Angula mira un poco asustada la que cerca de ella se ha vuelto más grande cara
de Jenara pero el propósito de esta parece tener éxito.
-Angula: uhmm... es que no sé..
-Jenara: claro querida, puedes explicarme lo que sea. Yo llevo ya unos cuantos
años trabajando aquí y sé muchas cosas que tú por supuesto ignoras, puedo
ayudarte o aclararte alguna cosa que no entiendas.
-Angula: mm, bueno pero, es que aquí me da corte ¿podemos hablar en algún sitio?
-Jenara: sí, supongo que como ya sabes el reglamento de la hacienda nos permite
hacer dos salidas semanales de 4 horas máximo. Podemos esta tarde irnos a pasear
por el valle y ahí encontraremos algo.
-Angula: vale, es verdad, ya lo sé. Le pediré a madame Coleta que nos dé la
tarde libre.
-Jenara: tú pide por ti, que yo pediré por mi.
-Angula: de acuerdo, así será.
-Jenara: pues nos encontramos a las 4 en el huerto sur. De allí tomamos el
camino y nos iremos a un sitio tranquilísimo.
-Angula: de ac...
Las dos jóvenes hablan alguna que otra trivialidad, en la comunitaria mesa que
no permite de mucho más sin bajar la voz. Y en acabado cada una se retira a un
sitio diferente, la mayoría a retomar sus tareas. Pero la primera en solicitar
el permiso es Jenara. Esta le pide a madame Coleta lo que le ofrece el
reglamento y sin mucho papeleo madame Coleta le dice que tiene la tarde libre.
Angula se espera un poco a pedirle, dudando si es aconsejable después de la
advertente frase que le dijo Jenara; "tú pide por ti, que yo pediré por mi" Pero
en diez precavidos minutos le pide a madame lo mismo que le pidió Jenara pero
sin que lo parezca. Otros 5 minutos le son necesarios para recoger algo que
pudiera serle necesario en la salida e ipso facto se encuentra con Jenara en la
cara sur de la hacienda.
-Jenara: vamos.
Las dos muchachas se encaminan hacia su tarde sin temor alguno, pues aún siendo
bellas los caballos o jabalíes que abundan por la campiña no suelen agredir
sexualmente a las mujeres, por muy jóvenes u hermosas que sean. Cuando se han
alejado unas pocas cuadras los discretos contares de Angula empiezan a pedir
libertad. Siguen caminando hacia su destino que sólo conoce Jenara, pero Angula
empieza a contar.
-Angula: anteayer fue, por la noche.
-Jenara: uhmm, ¿te encontraste con alguien esa noche?
-Angula: sí, bueno me encontré, fue él que me encontró. Se metió en mi recámara
mientras yo dormía y bueno... pero no me hizo nada. O sea, bueno, algo sí, pero
no me cogió.
-Jenara: ¿quien fue?
-Angula: el señor Adauco, se metió en mi cama por sorpresa y quizá me hubiera
forzado. De hecho estuvo a punto de hacerlo, pero no sé cómo fueron las cosas
que al final nos acabamos besando, y me gustó.
-Jenara: bien, eso está bien. El señor Adauco lo sé yo que arrastra algunos
pecados con chicas del servicio pero esta vez parece que no fue pecado sangre.
-Angula: pues al principio sí, usó la fuerza y casi que me viola, pero no sé
como lo hice si hablando o así, pero se calmó y platicamos un rato y al final
nos besamos, pero con mi consentimiento.
-Jenara: fenomenal, muchas de otras antecesoras a ti hubieran rezado el que se
te ha a ti dedicado trato, pero esta vez parece que el señor Adauco ha puesto
juicio y no se ha propasado.
-Angula: nos hemos encontrado dos veces, una esta primera en mi habitación y
otra en la cocina. Mientras yo fregaba los platos me sorprendió por detrás y nos
besamos, y me chupó los pechos y tal, pero entonces apareció Gregorio, el
encargado de las cuadras, y casi nos pilla.
-Jenara: bien, ¿y dices que te gustó?
-Angula: sí, ya te digo que el primer día, cuando se metió en mi cama, estuvo a
punto de hacerse odiado por mi pa los restos. Pero los sucesos que han seguido
están percatados de un agradable tono.
-Jenara: ya, pero, algo no concuerda. ¿Por qué te veía tan preocupada en el
comedor? No creo que esas cosas sean para inquietarse.
-Angula: bien es que, hay algo más..
-Jenara: vale, lo suponía que hay algo más, pero ¿qué es ese algo?
-Angula: es que... ha sido hoy mismo..
-Jenara: ¿hoy has tenido un encuentro con él que no te ha sido bien parecido?
-Angula: no, con él no, es que he conocido otra persona. Esta mañana he ido a la
villa, para diversos encargos.
-Jenara: ah sí, es verdad que esta mañana has ido a la villa.
-Angula: sí, y ha sido en casa del señor veterinario.
-Jenara: ¿el veterinario? pero si ese señor tiene como 70 años, como va a poder
ese señor hacerte algo?
-Angula: no me ha forzado, ni lo ha intentado tan sólo. Sólo nos hemos besado..
pero es que.. eso no es lo más importante...
-Jenara: ¿lo más importante? si no te ha forzado pero sí te ha besado.. qué es
más importante?
-Angula: es que me voy a vivir con él.
Jenara resta un instante impasible, dijole antes a su nueva compañera que nada
le sorprendería, pero sí ha esto sorprendídola y es que nunca una compañera de
trabajo ha sido invitada por el señor Policarpo a irse a vivir a la villa.
-Angula: no sé qué fue primero, si cuando nos besamos o cuando me lo dijo. Pero
yo me iré a vivir con él y aprenderé su ciencia, de veterinaria. Y seré o
trataré de ser un día la veterinaria de la villa.
-Jenara: uhmm, interesante de verdad, querida Angula. No contádome has la típica
historieta de mobbing sexual sino que parece que puedes optar ahora de ser una
vulgar empleada doméstica a ser veterinaria.
-Angula: sí, así es. Bueno, supongo, espero, es que no veo nada claro.
-Jenara: ¿cómo que no ves nada claro? pero qué bobadas dices? Sabes lo que haría
yo si alguien me ofreciera de hacerme veterinaria en la villa? por muchos años
que tuviera?
-Angula: si no son los años, eso tanto me da, pero es que... el señor Adauco fue
el primero que me besó y... y ahora yo me iba a ir a la casa de otro, a
traición, sin tan sólo decirle adiós...
-Jenara: ya...... empiezo a comprender tu preocupación...
Mientras charlaban las dos chavalas han ido haciendo ruta y han llegado a donde
tenía pensado Jenara. Se trata de una vieja caseta junto a un pozo abandonado
que servía de suministro a un marginal huerto del que alguien vivió hace muchos
años. Jenara es la primera que con un salto se sienta en el borde del pozo,
Angula hace lo mismo y cuando se ven cómodas las chicas siguen conversando esa
que se está intensificando en confianza conversación.
-Jenara: tienes razón pero no tienes razón en preocuparte. Si yo fuera tú
mandaba a Adauco a tomar viento, pero en este caso esta sería mi decisión. Pero
si pienso un poco, y pienso como pensaría de tener ahora tus años... quizá haría
lo mismo, es una bobada pero quizá, quizá pensaría lo mismo que tú y con razón,
aunque no consiguiera decidirme en nada...
-Angula: es eso, lo reconozco... quiero mucho a Adauco porque fue mi primer
beso, y fue muy bueno conmigo. Pero lo que me ofrece Policarpo es inmenso y me
maldeciría el resto de mi vida de no aprovechar esta oportunidad.
Las dos muchachas quedan un instante calladas después de la trágica cita de
Angula, esta resta impávida mirando el suelo y Jenara contempla el que tiene
conocido alrededor suyo. Mira el descuidado suelo que una vez dio que beneficio
agrícola anual. Mira la ruinosa caseta de pertrechos que quizá dentro de 2000
años sea catalogada como patrimonio de la humanidad, por su valor prehistórico.
Y mira el flasheante techo cubierto de follaje que unas veces deja pasar la luz
y otras la negra silueta de sus ramas. En esta silueta Jenara aprecia algo.
-Jenara: mira chica, ese de ahí es un pino piñonero y tiene unas gordas piñas.
Podríamos tomar unas cuantas y tostarlas en casa.
-Angula: oh sí, por qué no.. vamos a subirnos.
-Jenara: venga va, yo me subo y tú me las vas recogiendo del suelo.
Con alguna que otra dificultad pero también con una experimentada técnica,
Jenara se sube al pino piñonero. Tiene la mujer unas fuertes piernas que se
abrazan al rudo tronco mientras sus brazos la van subiendo. Ahora con la ayuda
de una rama y ahora simplemente abrazando el gordo tronco. Angula se mira a su
nueva amiga un poco sorprendida pues creía que todas las mujeres ni que sea un
poco mayores que ella, eran unas aburridas. Pero la situación está marcada de
cierta contrariedad al estar una veintiañera recogiendo del suelo las piñas que
una treintañera lanza desde el árbol. Pero aún en la ociosa recogida de piñas la
mente de Angula no cesa su preocupación, y es que le dijo a Policarpo que mañana
mismo dejaría la hacienda para trasladarse a su casa, y no tiene las cosas nada
claras, ni tan sólo claro si irá a visitarla el señor Adauco esta noche a su
recámara. Angula se mira ilusionada a su nueva amiga mientras esta le lanza
piñas desde el cielo. Ilusionada porque, que le dé esta la respuesta que ignora
ella.. ¿qué hacer? quedarse en la hacienda o ir a la villa a casa del
veterinario? Angula va recogiendo paciéntemente las piñas y a la vez cargando
valor para exigirle un consejo a Jenara por muy arriesgado que sea. Cuando esta
ha lanzado las suficientes piñas para hacer dificultosa su llevada a casa, baja
y entre las dos tratan de hacer un saco con la ayuda de un pañuelo. Entonces
Angula dispara.
-Angula: ¿qué hago? me quedo en la hacienda o me voy a casa del señor
veterinario?
-Jenara: uhmmm.
Dice Jenara mientras no cesa de ensacar.
-Jenara: dices que, quieres mucho a Adauco porque te dio el primer beso.
-Angula: sí, nunca me lo habían dado y fue muy bonito. Lo quiero mucho porque me
gustó y a veces me he recreado pensando en que me está besando.
-Jenara: pero en el futuro preferirías más ser veterinaria que empleada
doméstica. Ridiez, como cualquiera de nosotras ¿no?
-Angula: sí, por supuesto. Si yo fuera veterinaria... no lo haría símplemente
por los lujos que ello comportaría. Sino porque sería una compleja pasión a la
que entregar mis sueños de triunfo. No sería empleada doméstica sino que
tendría, mis propios empleados, je je.
-Jenara: bien pues.. la respuesta me parece sencillísima.
-Angula: ¡¿sencilla? jopá, pues no sé cómo ves tan fácil algo que a mi me lleva
aflijido el corazón todo el día.
-Jenara: se trata de... esta noche segúramente Adauco vendrá a tu recámara.
-Angula: sí, eso es lo que me da miedo. Porque no sabré qué decirle, si le
quiero o no.
-Jenara: sí que le quieres.
-Angula: pero yo me quiero ir a la villa con el señor Policarpo, entonces Adauco
se sentiría mal, si le parece que quiero estar con él y al día siguiente
desaparezco.
-Jenara: ¿si desapareces? qué problema hay en eso?
-Angula: que yo quiero mucho a Angulo, pero no me gustaría enamorarlo y largarme
al día siguiente, y dejarlo sólo como si no me importara.
-Jenara: je je je , querida Angula... ¿sabes lo que le importa a Adauco que una
de sus empleadas se vaya de la hacienda después de gozar de ella.
-Angula: ¿gozar de ella?
-Jenara: sí, Angula, gozar de ella.
-Angula: .. ... . . ¿qué, qué quieres decir?
-Jenara: que tú puedes pasar esta noche con él, puede ser y será maravilloso, te
hará el amor por primera vez. Pero mañana puedes irte, sin aviso alguno, a casa
de Policarpo. ¿Tú crees que se deprimirá mucho Adauco después de haverte cogido
esta noche?
-Angula: uhmm, o sea que, yo podría coger esta noche con él, y..
-Jenara: sí, y mañana irte a casa de Policarpo. Y te aseguro que Adauco estará
contento. Serás una más de las empleadas domésticas que ha estrenado sólo que no
te seguirá cogiendo la segunda y tercera vez. Pero la primera vez es la más
importante para algunos hombres y si quieres agradecerle de alguna manera ese
querer que le tienes, con una vez será suficiente.
-Angula: ostia... uy perdón, digo... no es tan mala idea. Si esta noche viene a
mi cámara, lo hacemos y...
-Jenara: mañana te vas, y tan contentos. Te aseguro que Adauco sentirate
agradecido etérnamente, aunque no te vuelva a ver en la vida. Y mañana te vas a
casa de Policarpo y allí aprendes de la veterinaria y... de otras cosas
aprenderás... estoy segura de ello.
-Angula: vale, pues eso haré, ¡Gracias Jenara!
Angula suelta el saco de piñas que sostenían entre las dos y se lanza a abrazar
a su amiga. El saco no puede hacer más que abrirse por un lado y todas las piñas
caen al suelo.
-bbbbrrrraaaaaaassssssss-
-Angula: gracias.. gracias... gracias.....
El disminuyente tono de las gracias que no cesa de soltar Angula revela el goce
que siente por soltarlas. De verdad se siente agradecida la muchacha por havérle
sido revelado algo que su juvenil estupidez no le habría permitido vislumbrar.
Cuando ha terminado su agradecimiento, las muchachas vuelven a recoger las piñas
y alegres como niñas regresan abrazadas a la hacienda.