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Fecha: 10-Abr-07 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi hermano, su mujer, el culo de ella y yo (4)

erosnovato2007
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Una bella mujer y su joven cuñadito, pretenden finalizar la noche que habían planeado pasar juntos, entregándole ella lo mas deseado de su cuerpo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Mi hermano, la mujer de él, el culo de ella y yo (cuarta parte).

La noche que la mujer de mi hermano y yo nos habíamos propuesto compartir a plenitud había felizmente transcurrido y se asomaba el alba del nuevo día, no quería perderme ni un solo minuto de aquellos momentos tan bellos.

Le pregunté cual era su posición favorita. Me contestó que en verdad disfrutaba de todas pero que le gustaba mas cuando la cogían por atrás ya que le estaba conciente que su pareja se daba un festín con aquel culo que ella sabía era apetecido por los hombres y que disfrutaba al máximo al entregarlo. Conmigo le gustaba con mucha mas razón porque desde el primer momento se había dado cuenta que le miraba el culo con ansias y el sólo hecho de que un adolescente le manifieste tal interés, era altamente excitante. Disfrutaba del placer de enseñarme algo tan sublime como es hacer el amor y estaba emocionada de mi muy poca experiencia.

- "Te veía cómo se te salían los ojos cuando me mirabas". Me dijo.

Se me ocurrió decirle que me parecía que cuanto más se excitaba, mas palabras obscenas o vulgares le gustaba pronunciar o escuchar.

- "Si mi amor, cuando estoy haciendo el amor me gusta hablar de nuestros genitales y de lo que en ese momento estamos haciendo".

Entonces empecé a jugar con ella, le agarré una teta y le dije "De quien es esta tetita", al pasar por su cintura "De quien es esta cinturita". Pasé la mano por su entrepierna y también le pregunté: "De quien es este cochito, esta conchita, esta cuquita, esta zorrita". Le toque el culo "De quien es este culazo". Ella respondía a todo "Tuyito, tuyito" y me devolvió la cortesía, tocándome dijo: "De quien es esta verguita, esta pijita" (confieso que no me gustaron mucho los diminutivos), "De quien son estos huevitos". Al oír mi copiada respuesta nos reímos de buena gana y nos besamos en la boca.

Le pregunté si estaba lista para recibirme por el culo, es decir para el sexo anal (en reversa como diría un famoso autor). Ella me dijo que era virgen y que tendría que pensarlo.

- "Mas que pensarlo tengo que medirlo y asegurarme de qué grosor es lo tuyo, no vaya ser que me desgarres, dicen que es doloroso".

El solo hecho de estar hablando de algo tan vulgar, me despertó los deseos y advertí que mi miembro comenzaba otra vez a crecer. Convenimos que lograríamos una erección y ambos nos aseguraríamos de su grosor, para que entre los dos "calculemos" si entraba o no.

- "Pero mi amor, no es necesario que tomes tantas precauciones, solo quiero meter la puntita" Le dije.

- "Dejate de joder cuñadito, ya eres bastante grandecito para estar con mentirillas y yo ya estoy de retorno para creerte semejante cosa". Me dijo.

Seguimos charlando ella me acariciaba por momentos la verga y el culo, metió la mano debajo mi ropa interior y la sacó aún dormida. Hizo algunos comentarios un tanto burlescos de su aspecto, porque ya pueden imaginarse que después de tres polvos de las características anteriores no daba para menos. Estaba mi pene medio triste o con ganas de dormirse definitivamente el resto de la noche.

- "Que pasa mi bebé?, porqué está tan triste?". Le decía mientras lo manipulaba de un lado para el otro. "Qué le han hecho para que no pueda ni pararse?, no quiere entrar al huequito que está por estrenarse?".

Me estaba ofreciendo algo que de solo pensar lo apretadito que sería se me subían otra vez los humores. En eso se escuchó el breve llanto de mi sobrino, que como ya dije estaba durmiendo en otra cama.

- "Qué barbaridad!, con tanta jarana me olvidé de mi hijo, ¡no puede ser! Dijo saltando apresurada de la cama para dirigirse hacia él.

Le sugerí que ponga al niño con nosotros, quería disfrutar toda la noche de ella y no pensaba perderme ni unos minutos, aunque fuera por mi propio sobrino. Levantó al bebé y se vino con él a mi lado, se recostó y suavemente sacó una teta de su camisa de dormir, mostrándomela me preguntó:

- "Quieres"?.

No le di respuesta, simplemente me aproximé por detrás, para no perjudicar la lactancia de mi sobrino. El calzoncito negro que ella tenía puesto era divino y contrastaba con el color de su piel, haciendo aún más atractiva aquella parte gloriosa de su cuerpo. Se lo quité lentamente y me apegué poniendo mi verga aún dormida en contacto con la raja de su culo. Ella sin mover el resto de su cuerpo abriendo con una de sus manos sus nalgas, terminó de acomodarla a la entrada de su ardiente ano. Este contacto nuevo y placentero hizo que mi miembro empiece a despertar lentamente, sentí que mi bulto crecía con los movimientos sensuales y casi imperceptibles de mi cuñadita, hasta que se irguió orgulloso para un nuevo desafío. Estiré el brazo para alcanzar la botellita de aceite del velador, no sin antes decirle:

- "No te muevas".

Con mucha delicadeza le pasé el líquido lubricante en su hermosa entrada y las partes circundantes. Anticipándose a lo que sin remedio estaba por ocurrir, me reclamó:

- "No seas cruel, no me digas que me la vas a meter por ahí en presencia de mi hijo, de tu sobrino!"

No le respondí, estaba con la idea fija y nada ni nadie me haría desistir de mi propósito. Con el aceite que quedaba entre mis dedos lubriqué la punta de mi pene y me asomé para metérsela en aquel glorioso huequito.

- "Espera por favor".Me suplicó. "No lo hagas sin que yo pueda disfrutarlo".

Me pidió abrir el ropero de madera que estaba justo en frente de la amplia cama, en el interior de una de las puertas había un espejo de cuerpo entero y de acuerdo al ángulo de apertura que se le diese, bien podría reflejar lo que pasaba o mas bien, permitía ver todo lo que nosotros hacíamos.

- Ahí está bien". Me dijo mientras permanecía semitendida dando la leche a su hijo. "Ahora ven a mi lado y termina lo que empezaste".

Me puso a su lado, le acaricié suavemente el culo y su cochito que nuevamente estaba mojado. Ella entreabrió las piernas y mirando hacia el espejo me dijo:

- "Mira que bello panorama, mira que lindo se ve, no te parece una película en la que un muchachito se tira a la mujer de su hermano mayor?"

La pregunta hizo que mi erección temblase a modo de reclamo para entrar en acción de una vez. Le levanté un poco mas la pierna hasta que se le veía íntegro y abierto el peludo cocho a mi cuñadita. Entonces introduje mi miembro en su ardiente interior, a manera de preámbulo de lo que era ya inminente, el estreno de su aún virgen orificio anal.

En forma suave sujetando con una de mis manos la pierna que estaba en el aire me dediqué al mete y saca, mete y saca, en forma lenta observando cada detalle a través del espejo, con el cuidado de no moverla mucho por el bebé, haciendo que mi verga se viera íntegra al salir y al empujar, mis huevos se apretujen a la entrada de aquel boquete sensual. Al ver tan explícito espectáculo, bajó la mano y cogió mis dos bolas comentando en forma jocosa como era su costumbre:

- "Y estas dos metiches porqué se quedan en la puerta?".

Sin darle respuesta yo seguí con el frenesí de meter y sacar, por momentos olvidándome del bebé que aún tomaba su leche y haciendo algunos movimientos bruscos. Ella trataba de frenar mis impulsos, por lo que me contuve calculando que si el bebé se ponía a llorar, todo aquel espectáculo armado de una forma tan casual, se arruinaría.

Por su estado de excitación pensé que Lupita bien podría alcanzar un orgasmo en esa situación tan inverosímil: dando de lactar a su hijo y viendo a su cuñado cogiéndola por detrás a través del espejo, disfrutando por partida doble de esa forma de fornicar. Empezó mi cuñada unos masajes circulares y suaves alrededor de su clítoris, mientras yo en la forma mas delicada que podía, seguía mandándole por detrás. Tuve la esperanza de que podría yo hacerla gozar en esta posición, es mas, me entró la obsesión de hacerlo, por lo que desplazando el dedo de mi cuñada empecé a darle los masajes circulares con mi dedo mojado en saliva.

- "Puedes acabar ahora mi amor?" Le pregunté.

- "Si papito, métemela en el lugar que ambos deseamos y verás como acabo" Me contestó.

Claro que no esperaba semejante respuesta, saque mi verga del cocho y soltando la pierna que sujetaba levantada, logré que ella instintivamente sacase mas el culito empujándolo hacia mi, abriendo ligeramente las nalgas con una de sus manos, me ofreció el camino libre hacia la invitación que nadie podría resistir.

Tomé la precaución de poner otro tanto de aceite a mi falo e inicié el acercamiento para la penetración. A través del espejo se podía ver como acercaba mi miembro duro y orgulloso al culito atento y sobresaliente que mi cuñada me ofrecía. Puse la cabeza en contacto con su ano, ella contuvo la respiración como quien espera un desenlace final. Sin perder el impulso, seguí empujando y noté que mi verga era un poco gruesa para tan apretado orificio porque se resistía a recibirme. Ante mi insistencia sólo obtuve otro rechazo.

Lupita ya decidida sacó mas el culo hasta formar un ángulo de noventa grados con su cuerpo y agarrando mi verga con una mano, la guió hacia ella en forma firme y sostenida. Con la ayuda de la mano de mi cuñadita y el empuje de su culo, no hubo mayor problema, en el triunfal ingreso de mi verga en esa parte prohibida, sentí una leve presión, como si me pusieran un anillo de goma o la parte de entrada de un condón demasiado pequeño, el ingreso al culo de mi cuñada me apretaba, no sé si oponiéndose a que ese bicho raro siga entrando o para que no salga lo que ya estaba dentro.

Hice mi parte y empujé suavemente hasta el lugar donde ya no había posibilidad de retorno, en el punto preciso en que daba lo mismo que la saque o la siga metiendo, por lo que mi cuñadita quedó sin respiración.

- "Quedate quieto". Me dijo en forma autoritaria. "No te muevas papito", ahora en forma mas dulce.

Lentamente desplazó su mano hasta su cochito y sin permitir que la perturbara con ningún movimiento, empezó a masturbarse suavemente, influida por el placer acompañado del dolor y por el morbo de la presencia de su hijo en la misma cama; se masturbaba en una forma muy delicada, disimulada y hasta secreta, sin hacer muchos movimientos y tratando de no emitir ningún ruido.

Sentí que alcanzaba el orgasmo, un orgasmo que lejos de ser como los anteriores que acontecieron con un sinfín de movimientos y alaridos, éste fue uno silencioso, en un estado de quietud de su cuerpo que apenas se percibían sus espasmos, no sé si por estar con mi verga dentro como clavada por una estaca por detrás o por el bebé que estaba tomando su leche, o mejor, por la práctica bien asimilada para fingir al revés; tuvo un orgasmo apenas perceptible.

Sea cual fuere el verdadero motivo, mi cuñada gozó en forma casi secreta, apenas delatada por un sudor frió que recorrió rápidamente su cuerpo, mientras se estremecía cerrando los ojos. Yo permanecí inmóvil, empujando mi verga porque el culito de mi cuñada ahora luchaba por expulsar lo que había osado ingresar por donde no debía, por donde la iglesia lo condenaba totalmente y por donde mi hermano no lo habría hecho ¡nunca!

Empezó a moverse rítmica y suavemente, empujaba y recogía el culo con solo movimientos de cintura, con el resto de cuerpo inmóvil, lo que se veía muy sensual. Esto hacía que mi lubricado pene entre y salga de aquel glorioso huequito sintiendo ser apretado por todos lados, en una especie de prisión cariñosa y feliz. Vi a través del espejo el rostro completamente lleno de placer de mi cuñada, sus hermosos ojos cerrados y su boca entreabierta y ante tanta belleza, solo de verla tan complacida me dieron ganas de correrme. Por un instinto de solidaridad único con mi pareja, llegué al orgasmo silenciosa y moderadamente, como una muestra de pudor a la presencia de mi sobrino o para demostrarle a ella que también podía fingir y compartir sus secretos.

En ese estado de placer, sentí que la leche al salir de mi verga, luchaba por abrirse paso en aquel estrecho túnel, a última hora alcancé a sacar mi verga para ver las última gotas ya muy débiles de mi leche, ahora muy escasa y casi transparente.

Sin darle tiempo al huequito de mi cuñada a cerrarse herméticamente y aprovechando que mi verga aún estaba dura y lubricada, se la volví a empujar hasta el fondo, obteniendo como resultado esta vez, la protesta no sólo de ella, sino también de su hijo. Y fui tremendamente feliz.

Eran alrededor de las seis de la mañana cuando después de una corta conversación, nos pusimos de acuerdo para reiniciar el viaje. Me abrazó y besó con pasión y se puso a llorar. Lloró larga y amargamente, no tuve el valor de consolarla, me limité a escuchar en respetuoso silencio. Me dijo que la vida había sido tremendamente cruel con ella al haberse visto obligada a casarse con mi hermano, renunciando a la felicidad al lado no precisamente de mi, sino de cualquier hombre joven, que la entienda, la satisfaga y le de felicidad. Se había enterrado en vida, por decisión propia.

Quedé destrozado, en silencio pedí perdón no sé si a Dios o a quien fuese, por haber cometido aquella serie de pecados y al haberme hecho dueño de la mujer de mi hermano, con las consecuencias que ya se manifestaban. Una rabia interior única se apoderó de mí, al no saberme dueño absoluto de esa hermosa mujer, lo que no podía justificar ni con mi corta edad. Tenía que conformarme con robarle el tiempo a mi jodido hermano para dedicarle las atenciones que tanto ella necesitaba. Lupita estaba condenada a perder su tiempo al lado de mi hermano, no entendí porqué continuaba con él, seguramente era la seguridad de poseer una familia, la relativa comodidad económica o simplemente, se entregaba como cruel tributo a un error que cualquier mujer joven puede cometer.

Brevemente acordamos en algunos detalles para evitar contratiempos, nos besamos largamente, prometimos ambos hacer los mayores esfuerzos para aprovechar al máximo cualquier tiempo libre que se presentase, pero fundamentalmente cuidando de la seguridad de ambos, ya que ninguno de los dos estaba de acuerdo con vivir el escándalo que se desataría en toda la familia y el barrio completo si es que salía a la luz nuestro secreto.

Esa misma mañana llegamos a destino, hice entrega de la valiosísima carga doble y argumentando que tenía una cita esa noche con una noviecita, emprendí el camino de retorno "sin mirar atrás" y con un sabor agrio en la boca, por lo injusta que era la vida al negarme un derecho que lo asumía como propio y tener que resignarme a dejarla en ese remoto lugar, al lado del ogro de mi hermano, viviendo aquel teatro que no se merecía.

Estoy con las ganas de escribir el resto de mis experiencias con mi cuñadita. Tengo pendiente la parte complicada del asunto. Si quieren enterarse del detalle, escríbanme a mi correo.



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