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La dependienta más guarra
TODORELATOS » RELATOS » JUEGOS DE SOCIEDAD (2)
[ Benavente, buena tierra y mala gente. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 09-Abr-07 « Anterior | Siguiente » en Orgías (1738 de 1941)

Juegos de sociedad (2)

go out
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Sigue la orgía, Mila eyacula sin saber lo que le ocurre. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Juegos de sociedad  (2)  por nuevo

La fiesta se estaba volviendo más osada. Como yo deseaba. Me gusta que un hombre me desnude, era generalmente un episodio romántico. Esto era más emocionante. En cuanto al registro del cuerpo---Me preguntaba si Goyo sabría lo que ello significaba. Recordar, yo había pensado que él no era tan decidido. Pronto me di cuenta que estaba a la altura de la situación.

Goyo despachó rápido la parte superior, aunque a veces pareciese un poco torpe. Luego me sorprendió. Para quitarme el sujetador y las bragas, dio una vuelta alrededor para mirarme. “¿Si te compro bragas nuevas puedo rasgar éstas  como si fuera a violarte?” Lo que pensé, la audiencia aprobaba por unanimidad. La idea parecía de todos modos realmente emocionante. Nunca me habían rasgado la ropa. “Si quieres...” Respondí. “Solamente estos tirantes se me clavan en los hombros.”

“No hay problema,” dijo Goyo, se acercó, estiró las manos, las puso entre mis tetas, deshizo el cierre que mantenía los dos lados de mi sujetador y arrancó la cosa entera. Jadeé. Me hizo un poco daño donde el elástico había cortado mi carne, pero no mucho. Pero el dolor valió la pena al sentir el placer cuando me rasgó la ropa, exponiendo mis pechos a la vista de todos. Mis tetas de la talla 90C quedaron súbitamente libres y sentí que vibraban como flanes. Mis pezones se hincharon con la reacción y a la vista de las cuatro erecciones que me rodeaban, una de ellas a la derecha delante de mí, que obviamente se disponía a violarme.

Y entonces Goyo magreando más abajo, metió una mano entre una pierna y mis bragas, a través de la tela que cubre la parte más inferior de mi vientre, y de mi entrepierna. El nylon de mis bragas se incrustó en la grieta entre mis nalgas cuando Goyo arrancó de golpe las bragas, rasgando el débil y sedoso material. Se paró detrás de mí mirándome con un aire y una mueca  triunfante. Yo estaba más que desnuda. Mi sujetador colgaba en dos pedazos mientras que mis tetas se balaceaban libremente, mis bragas colgaban de mi cintura como un trapo hecho andrajos y podía sentir mi concha que comenzaba a salivar con la sensación realmente de ser violada. Violada psicológicamente por lo menos. Estaba sin aliento. Realmente gozaba de ello.

Me relajé. Me había olvidado de que Goyo tenía más instrucciones.

“Date vuelta y separa las piernas,” ordenó. “Tengo que verificar si ocultas drogas.”

Había gritos de asombro de la audiencia. Creo que algunos se preguntaban si esto iba a suceder. Me puse de espalda a todos con mis piernas separadas. No tenía ni idea en absoluto de lo que iba a suceder.

“Ábrelas más,” ordenó Goyo. Obediente abrí más las piernas, imaginé que todos podían ver cómo mis ninfas resaltaban sobre los labios de mi chocha, colgando empapados y brillantes entre mis muslos abiertos. Este juego había sido mi idea, y ahora estaba realmente exhibiéndome.

Goyo se puso a mi lado, supongo para no bloquear la visión a nadie. Él me había realmente engañado, sabía que era un hombre seguro de él, pero... No había timidez aquí. “Dóblate,” dijo. No contaba con esto, pero me doblé. “¡No! En pie,” repitió. “Intenta tocar el piso con tus dedos.” Mi concha debía de estar abierta de par en par y escurriendo, y todos podían verla, pienso yo. Sentía mis dos tetas colgando. Nunca había realizado lo grandes que son. Podía verlas por completo muy prominentes con las areolas de un marrón rosado, hinchadas por la excitación del momento, estaban estiradas, lisas y brillantes ¡Oh! Pensé, necesito que alguien me las chupe y acaricie en este momento. Deseaba que Goyo se metiese debajo de ellas y que las manoseara por mí.

Sentía repentinamente una mano entre mis piernas. La mano de Goyo abrazaba mi chocha entera.

Y entonces sentí un dedo que sondaba el resbalaba arriba abajo dentro de mi concha. Parecía buscar  algo alrededor y dentro de mí durante algún tiempo, tocando todas las clases de puntos deliciosos y sensibles. No pude evitar de exhalar un grito de asombro y de placer. No sé lo que hacían mis amigos, yo ya estaba suficientemente ocupada disfrutando mis propios placeres. De repente todo cesó. El dedo de Goyo salió de mi concha, y me sentí vacía y hambrienta. Intenté levantarme, pero una mano me empujó otra vez firmemente para abajo.

“Vamos a  buscar en cada orificio,” dijo Goyo. Sentía sus dedos otra vez, pero ahora separó la grieta entre mis nalgas todo lo que pudo. Después su dedo encontró mi ano y comenzó a buscar su camino dentro de mí. Intenté al principio enderezarme y pararlo, pero él me sostenía firmemente. En algunos momentos no era tan desagradable, y cuando  él sondó más profundo era una sensación emocionante. Me pregunté si esto era o no sexo anal.

Tocaba por todas partes casi demasiado rápido. Goyo puso una mano debajo y me levantó para arriba, masajeando uno de mis pechos en el proceso. Todos aplaudieron, no supe si era para Goyo o para mí. De todas formas hice un arco, y  recuerdo haber estado exhibiendo mi culo desnudo y la mayoría mis partes íntimas. "De acuerdo," este juego había sido mi idea, y esperaba que sucedieran cosas, pero estaba lejos de pensar que ocurrirían así. Apenas había calculado que sería yo la protagonista y que acabaría conduciéndome de esta manera.

“Bien,” dije, sabiendo que todos me miraban todavía. “Estamos en medio de la jornada. Algunos de nosotros han sido victimados más que otros. O se han divertido quizás más que otros. De todas formas, en la parte siguiente del juego todos tienen que estar con el culo al aire. Así que cualquiera puede desnudar a cualquier otro que vea con ropa. Vamos a ello.”

Eso provocó la estampida de los desnudos a la caza de los otros que no estaban en el mismo estado. Envidié a Mari, que tenía tres hombres para desnudarla, me di cuenta que  no la quitaban realmente la ropa, más bien exploraban las partes íntimas de su cuerpo bastante a fondo. Pablo era igual. Rita, la tímida, estaba agarrada a su polla, examinándola como si nunca antes hubiese visto algo parecido.

Cuando el salón parecía un campo de nudistas sin control, llamé al orden: “Si hay alguien que no se sienta cachondo como una cabra en celo puede irse a casa.” Nadie se ofreció voluntario.

“Bien, ahora que estamos todos desnudos, os recordaré que no había nada en las reglas que estipulara que teníais que quitaros la ropa, o que eso era todo lo que podíais hacer. Os dije que debíais decir qué hacer a otra persona. Todos sois muy refrenados,  modestos y castos y os comportáis muy bien y todo eso. Así que ahora es la tercera fase. Volvamos de nuevo a donde estábamos antes.

“Es mi turno otra vez. Rita, mientras estás confortablemente sentada en esa butaca, toma Pablo en tu regazo y lo amamantas como un bebé. Veamos lo que él puede hacer a esas pequeños tetitas tuyas.” Pablo estaba más que listo para cooperar. En un santiamén estaba sentado en el regazo de Rita, mientras que ella acunaba su cabeza en sus brazos, él aplicó su boca a uno de los pezones de ella. Pablo chupaba con entusiasmo, y agarraba el otro pecho con su mano.

“A tu vez, Pablo,” dije yo.

Pablo mantenía sus piernas estiradas y lucía una espléndida erección de casi 30 centímetros que necesitaba una urgente  atención. Soltó el pezón de Rita que seguía muy hinchado.

“Bueno, Mari, mete en tu boca este lindo pedazo de carne. Veamos lo que puedes hacer con él.”

Mari rió nerviosamente, se puso de rodillas al lado de Pablo. Tomó su pollazo con sus dos manos, y puso su boca alrededor del glande. Mientras ella le miraba. ¿“Es mi vuelta, no? No puedo hablar con mi boca llena de polla. Anda Goyo, mientras estoy con el culo al aire, déjame disfrutar de dos pijos a la vez, uno en cada extremo.”

Hubo exclamaciones de aprobación, pues veían a Goyo separar las piernas de Mari y arrodillarse entre ellas. Él frotó ligeramente los dos nalgas un momento, luego deslizó los pulgares en su grieta y las separó. El ano de Mari era un cráter de invitación que Goyo acarició con su dedo, podríamos ver su vulva abierta de par en par y sus empapados labios colgando entre sus muslos.

“Métesela, Goyo,” clamó alguien,  Goyo agarró su cintura, acarició un poco esas delicias a su alcance y dirigió su erecto órgano hacia una concha que estaba evidentemente lista para la acción. Su pollón se deslizó raudo al interior de la vagina sin esfuerzo, hasta que sus muslos presionaron fuertemente contra las nalgas de Mari.

“Te toca, Goyo,” dije. Y ésas fueron las últimas palabras que pronuncié hasta mucho más tarde. Goyo se detuvo brevemente y sus movimientos del pistón cesaron. Él miraba alrededor del salón. Me miró a mí. “Juan, veamos como haces un sesenta nueve con Mila, tú encima.”

Me acosté obedientemente sobre la moqueta, y Juan se puso a horcajadas sobre mi cabeza, frotando ligeramente su polla sobre mis labios. “Esto es para que todos lo vean,” me dijo a mí. “Mila, deja ver a todos lo que estoy a punto de comer.” Me abrí de piernas. “Más, de par en par,” me ordenó Juan.  Reí. Ésta casi era una repetición de lo que él me había dicho de hacer al principio la tarde. Separé mis muslos lo más posible, Carmina y Roberto se aproximaron para ver mi agujero de cerca  mirando mi ancha y dilatada vagina abierta de par en par. “Ahora levanta las rodillas,” me pidió Juan. “Quiero que separes tus muslos todo lo que puedas. Deseo poder ver bien tu túnel de amor. Estoy seguro que tu chocho está bien mojado.” Yo sentía mi concha gotear y mis jugos resbalar por mi grieta mojando mi ano.

Juan se puso de rodillas, con una pierna a cada lado de mi cuerpo, podía oler el perfume embriagante de los órganos genitales del hombre cerca de mi cara. Él cogió la verga con su mano, y puso su bálano rojo e hinchado al alcance mi anhelosa boca. Pude probar el jugo que exudaba ya y comencé a dar masajes a su bulbo con mi lengua chupándolo al mismo tiempo, me agradó de la manera que llenó mi boca.

Estaba demasiado ocupada chupando su polla para ver lo que Juan hacía, así que me sorprendió cuando sentí su boca presionar contra mi concha abierta, abriéndose camino dentro de mí, su lengua sondeaba el interior de mi vagina y todo alrededor de mi vulva, encontrando puntos exquisitos de placer que yo misma ignoraba. Luego el dedo de Juan daba masajes a mi clítoris, frotándolo mientras intentaba chupar hasta la última gota del jugo que expulsaban todas mis glándulas sexuales excitadas al extremo. Mi clítoris debió haber salido de su escondite pues yo estaba experimentando sensaciones inusitadas que nunca antes había sentido. Yo seguía tumbada sobre la moqueta, estaba tan cachonda por la vista de tantos hombres desnudos que había visto siempre antes, y sobre todo por los cuidados y el magreo que Juan prodigaba a mi vagina, que todos mis órganos genitales palpitaban, hasta que pensé que algo iba a estallar.

Juan masajeaba sin cesar mi clítoris, mordisqueaba y lamía los labios de mi concha y sondeaba dentro de mi vagina con su dedo. Sabía que pronto volvería  a correrme, me estaba poniendo tan cachonda que ya no podía aguantarme, nunca antes me había corrido dentro de la boca de un hombre, aunque ya me habían comido la rajita a menudo. Estaba determinada a hacer correrse a Juan al mismo tiempo, así que agarré su verga y lo masturbé con mi mano mientras que trabajaba su glande con mi lengua y chupé ese chupa-chups hasta que pude sentir las palpitaciones de su verga en mi boca. Entonces empecé a correrme. No podía gritar, ni conseguía sacar ese pedazo de carne de mi boca porque Juan la empujaba más y más en mi boca. Yo estaba balanceándome y palpitando, pero Juan mantuvo su boca sujetada a mi concha. De repente sentí el semen caliente que su bálano proyectaba con fuerza  sobre mi lengua y en el fondo de mi garganta y que tuve que injerir a grandes tragos para no atragantarme. Me sentía tan poderosa, haciéndolo correrse y sintiendo su esperma verterse en mí, que mis propias secreciones aumentaron, y solo después que la manguera de Juan había acabado de llenar mi boca, que los hinchados labios de mi concha y mis órganos genitales hasta el extremo profundo de mi vagina cesaron de palpitar y comenzaron  a aflojarse en las últimas convulsiones del orgasmo.

Pero por en ese momento yo no pensaba mucho, con excepción del orgasmo que se forjaba de nuevo en las profundidades de mi concha.

No podía controlarme, mis nalgas se levantaban del piso y empujaba una y otra vez mi concha contra Juan, presionando a cada parte íntima de mí en su cara y para que su lengua, sus dientes y su boca continuaran haciendo lo que él quisiera. Luego metió su dedo medio en mi vagina y siguió acariciándome el clítoris con su pulgar, con su dedo en mi interior tocaba la parte superior de la vagina... Súbitamente sentí unas ganas imperiosas de hacer pipí ¡NO HAGAS ESO! ¡PARA... PARAAA... QUE ME MEOO...! Exclamé, pero Juan continuó con lo suyo. De repente sentí como un calambre, descarga eléctrica, espasmo o no sé lo que fue, levanté mis muslos en el aire, no pude impedir una extraña e incontrolable mueca, al mismo tiempo que de algún lugar situado en mi vulva salió proyectado un potente chorro de un jugo cristalino y por suerte inodoro, luego otro más fuerte y caudaloso, si posible, que nos salpicó a Juan, a mí y a todos los que estaban alrededor, poniéndolo todo perdido.

Alguien dijo:

¿HABEIS VISTO COMO HA EYACULADO LA NIÑA? ¡ESTA MILA NO ACABA DE SORPRENDERNOS!!!

Oí la voz de Roberto: “Hey ¿Y nosotros qué?” Y de nuevo: “Yo no puedo esperar, estoy a punto de correrme a la vista de toda esta fornicación ¡Carmina, ven sobre el sofá, vamos a follar!” Yo estaba perdida y cansada, me había olvidado de todos ellos, y satisfecha porque Carmina iba a conseguir follar por fin. Carmina era la única de la que estaba segura que le gustaba este jaleo e iba a sacar partido de la fiesta de esta noche. A Carmina le gustaba follar más que a cualquier persona que yo conocía.

Espero que los otros gozaran de mi fiesta. ¡Yo seguro que gocé!!!

 ¿Queréis saber como les fue en la fiesta de Nochevieja? Si os gusta, decidlo y si no cerraremos por falta de negocio.

TodoRelatos.com © go out

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