Me presento: Digamos que me llamo Felicia. Soy mujer de 42
años, casada y con dos hijos. Mi marido es gerente de unos almacenes de calzado
y yo trabajo a media jornada como administrativa en una tienda de
electrodomésticos. Vivimos en Sevilla, aunque yo nací en Madrid, que es donde
conocí a mi marido cuando éste prestaba allí el servicio militar. No quiero
enrollarme y pretendo ir directamente al grano; poco a poco si puedo seguir
escribiendo iré contando más sobre mí.
El conectarnos a internet en casa hará cosa de cuatro años
fue todo un descubrimiento para mi marido primero, para mis hijos después y
finalmente para mí. Al principio no me gustaba nada sentarme delante del
ordenador, bastante tenía ya en la tienda en la que soy empleada llevando la
contabilidad y sacando facturas, pero mis hijos insistían en que aprendiese a
hacerme una cuenta de correo, a consultar en los buscadores, en acceder a
portales de compra y venta de artículos, etc. En fin, que fui cogiendo habilidad
para navegar por internet y en poco tiempo era una usuaria más o menos
independiente. Se ha puesto de moda internet y el que no navega parece que no
vive lo más del presente. Un día, con unas compañeras de trabajo, fuimos a tomar
un trago a un bar tras la jornada y una de ellas habló de un portal de internet.
Lo dijo ruborizada: se trataba de un portal erótico llamado Todorelatos. Reímos
por lo picante del tema y ahí quedó la cosa, pero cuando llegué a casa por la
noche, después de cenar todos e irse mi marido y los chicos a la cama, yo me
conecté a internet a ver si encontraba una receta de cocina india de la que me
habían hablado. Leí algo sobre el tema y fui a apagar el ordenador cuando
recordé lo del portal de Todorelatos. Nunca había tenido interés por el porno,
pero esta página de relatos era simplemente literatura. Mi amiga me advirtió que
algunos eran muy fuertes, sin embargo yo me consideraba preparada para leer
cualquiera de ellos sin escandalizarme. Por eso marqué la dirección y abrí la
página: Allí encontré de todo tipo de relatos, buenos y malos, morbosos, de una
amplia temática, serios, ridículos, sensuales, sensibles, chabacanos, más o
menos obscenos, pero algunos muy interesantes y escritos con gran maestría. He
de decir que me tiré leyendo casi tres horas ininterrumpidas y confieso que
cerré la sesión de lectura con el gesto quizá más insospechado a mi edad; me
masturbé. Lo curioso es que no lo hacía desde antes de casarme. Vibré al
hacerlo, temiendo incluso que mi marido entrase al pequeño despacho y me
sorprendiese "haciéndome un dedo" como lo llaman actualmente los adolescentes.
Llegué al orgasmo leyendo una historia en la que una mujer, recién casada, hace
el amor en su noche de bodas con su marido y con un camarero del hotel.
Me gusta leer, y me gusta escribir, por eso creo que lo voy a
intentar. Quizá mis historias para todorelatos dejen que desear, pero advierto
que ante todo voy a ir más por la línea erótica que por la pornográfica. Os iré
contando más de mí.

VALE.