Marta se havia dormido esa mañana y su padre apresuradamente
la acercó a la facultad. Ella era animadora y su equipo participaba al día
siguiente en los nacionales. Su autobús salía a las 9.30h y cuando llegó ya
había partido. Por suerte, todavía pudo subirse al de los chicos, que ya cerraba
las puertas.
Hasta el lunes, papá! –gritó des de la puerta.
Mucha suerte, cariño! –respondió su padre.
Marta se sentó en un asiento que estaba vacío, junto a la
ventana. Llevaba su uniforme de animadora en una mochila, junto con algo de ropa
para el fin de semana. Que rabia haber perdido el autobús de sus compañeras!
Ahora tendría que viajar sola las 5 horas que duraba el viaje. Conocía a algunos
de los jugadores que ocupaban el autobús con ella, incluso había salido con uno
de ellos, Manuel, pero de eso ya hacia casi un año.
Estaba sumida en sus pensamientos cuando alguien se sentó a
su lado.
Hola, tu eres Marta, verdad?
Sí –respondió ella
Me llamo Luís, soy defensa. Te he visto animando en algún
partido. Que pasó? Cómo es que vienes en nuestro autobús?
Me he dormido, y cuando he llegado al parking de la
facultad el autobús de las animadoras ya no estaba. Por suerte he podido coger
este. Sino me pierdo el evento!!
Y no te da miedo viajar 5 horas entre tanto chico?
Marta se asustó. Miedo, porqué? No entendía.
Lo digo porque como eres así tan linda... no sé, quizás a
alguien se le puede ocurrir meterte mano –dijo él con descaro.
Déjame en paz, vuelve a tu asiento –se enfadó Marta.
Mira, hacemos una cosa... tu me dejas acariciarte estas
tetitas que tienes y yo me marcho a mi asiento –le dice, mientras le acaricia el
pelo y se lo coloca detrás de la oreja- venga, Martita, pórtate bien.
Que me dejes en paz! –grita ella.
Pero Luís hace el intento meterle la mano bajo la blusa, ella
le propina un bofetón y le aparta con las manos. Los compañeros del asiento de
delante, que se percatan de la situación, se dan la vuelta.
Que pasa Luís? –pregunta uno.
Es esta jodida puta, que no me deja tocarle las tetas. Con lo
grandes que son! –responde él.
Ellos se echan a reír, el resto de compañeros empiezan ha
hacer coro al lado de los asientos donde se encuentran Luís y Marta. Se oyen
gritos: -Venga, Luís, duro con ella, que te las enseñe!. Marta está ya muy
nerviosa, la situación se está poniendo tensa y no le gusta nada el camino que
lleva. Luís intenta acariciarla de nuevo, pero ella se resiste y lucha con
fuerza, grita, piensa que si la oye el conductor quizás logre frenar a esos
chicos, pero nadie sale en su ayuda.
Que alguien me ayude a sujetarla, la muy zorra me está
arañando! –grita Luís.
Traedla aquí atrás –grita alguien desde el fondo del
autobús. En la última fila hay cinco asientos, y el del centro está libre. –Si
nos tiene que enseñar las tetas, que podamos verla todos!- Eso, eso! Traedla
aquí! –responde otro.
Corred las cortinas de las ventanas! Que no nos vean desde
la carretera! Venga, ayudadme, vamos a llevarla atrás –grita Luís, mientras
levanta a Marta de un tirón.
Al cerrar las cortinas el autobús se ha quedado medio a
oscuras... Pero sorprendentemente el conductor, que estuvo observando por el
retrovisor delantero, enciende las luces. Se oyen gritos de victoria entre los
chicos. Esa señal es el consentimiento del conductor. Más de ocho manos cogen a
Marta violentamente, unas de los pelos, las otras de los brazos, la arrastran
por el pasillo. Marta está histérica: -soltadme, soltadme! –grita entre llantos-
pero es en vano, el ambiente está muy caldeado. Logran sentarla en el asiento
central trasero. Alguien le ha puesto un calcetín en la boca para que no grite,
y le atan un jersey alrededor de la cabeza para que se mantenga calladita. Su
cara está bañada en lágrimas y sus ojos parecen salirse de la orbita. Siente
vergüenza, miedo, rabia... está indefensa. Que van a hacerle esos animales!
-Estiradle los brazos! –grita Luís a los chicos que estaban
sentados a su lado. –Bien tensos, que los abra en forma de cruz.- Los chicos
obedecen y le aguantan los brazos en esa posición. Marta todavía patalea. Pero
alguien tiene la brillante idea de atarle los pies a las patas de los asientos
laterales con otros jerséis. –Así, así, abridle las piernas! Que nos enseñé
también el chochito! –gritan des de adelante. El conductor, excitado, apenas
puede mirar la carretera. Marta está ahora indefensa, inmovilizada de pies y
manos y con la boca obstruida por el calcetín, ya no puede hacer nada más que
llorar. Sus lágrimas se deslizan por las mejillas. Busca con la mirada a Manuel,
su antiguo novio, para que haga algo, pero Manuel está todavía más excitado que
Luís.
Ves que ha pasado, Martita, por no portarte bien conmigo?
Ahora vas a tener que mostrarle tus pechos a todo el quipo! –ríe- Vamos a ver,
vamos a ver, que se esconde debajo de esta blusita tan mona... –Luís le está
desabrochando los botones de la blusa, uno a uno, mientras le acaricia las
mejillas y le seca las lágrimas –No llores, mujer, que lo vamos a pasar muy bien
contigo- Tras desabrocharle el último botón separa los dos bordes de la blusa
–Mirad, mirad, que sujetadores más tiernos.. son de encaje! La muy zorrona se ha
vestido para la ocasión... –Sacadle la blusa!- grita Luís, y los compañeros que
le sujetaban los brazos consiguen retirársela, no sin romperla por dos o tres
sitios. Ahora Luís saca una navaja de su mochila –Luís, no te pases, qué vas ha
hacer? –se oye a lo lejos. Pero Luís no hace caso y sigue hablándole a Marta:
-Mira que me he traído, putita, vamos a cortar por aquí –mientras corta los
sujetadores por el centro- y así liberamos este par de tetitas, que ya tienen
ganas de que las veamos. Y así sucede, Marta ya se encuentra desnuda de cintura
para arriba, y un montón de manos están empezando a tocarla. Le pellizcan los
pezones, se los estiran, le están haciendo daño pero no puede hacer nada.
–Déjame a mí- grita uno. –Maldita guarra! Quiero chuparle ese par de tetas,
abridme paso- dice otro.
De repente el autobús se detiene. Alguien mira por la ventana
y ve que se ha estacionado en un área de descanso de la carretera. El chofer se
levanta y camina por el pasillo hacia el grupo de chicos, que se van retirando
para dejarle paso. Finalmente llega a la parte trasera donde se encuentra Marta
atada y medio desnuda.
-Que está pasando aquí? –pregunta- Qué le estáis haciendo a
esta chiquilla indefensa? El chofer mira a Marta a los ojos, ella parece
aliviada al ver que alguien esta deteniendo esa aberración pero aprecia algo
raro en sus ojos. El chofer está excitadísimo. Puede notar su paquete a punto de
estallar bajo el pantalón. –No podéis pretender que yo siga conduciendo como si
nada, que uno no es de piedra, joder! –prosigue el conductor- Ahora vais a hacer
todos lo que yo os diga, si no queréis que explique lo que ha pasado a la
policía. Venga, echaros para atrás y dejadme espacio. Quiero disfrutar de esta
zorrita, jua jua jua! –ríe. El conductor se acerca a Marta y le acaricia el
cabello con ternura –tranquila, Martita, tranquila... solo quiero acariciarte
estas tetitas tan lindas. Mira que pezoncitos tan juveniles, cuanto tiempo hacia
que yo no veía nada igual! Y seguro que tu chochito será igual de dulce... –el
conductor va deslizando su mano por su vientre, por sus muslos, y la mete bajo
su falta, que levanta un poco, y busca el contacto con el bello por entre las
braguitas. –mira, mira... ya lo tenemos aquí... esta seco, Martita, no te gusta
lo que te estoy haciendo? Vamos a meterte un dedito, a ver si reaccionas...
todavía no, sigue seco... voy a probar con dos dedos, quizás uno no sea
suficiente para ti... sigue seco... Dadme esa navaja! -grita a Luís mientras le
extiende la mano para recogerla- tendremos que cortarle esta faldita a pedazos,
para poder apreciar mejor su chumino, a ver si conseguimos que se humedezca! –el
conductor le rompe la falda en dos trozos y la tira al suelo, a Marta ya solo le
quedan puestas las braguitas. Pero el conductor las corta por la cintura
izquierda, luego por la derecha, y se las desprende de un tirón. Todos gritan
entusiasmados. Marta ya está completamente desnuda. Vuelve a meterle la mano en
la entrepierna, y a acariciarle los labios, mientras busca introducirle de nuevo
los dedos. Ahora todos pueden contemplar la escena, pues ya no hay ropa de por
medio. Marta sigue seca. Se siente humillada, avergonzada, sucia, y no puede
dejar de llorar. –Que vamos a hacer, putita? Para humedecerte este coñito? Mmm...
déjame pensar... quizás si te doy lengua... Quieres, Martita, que pruebe a
introducirte la lengua en el agujero? –el conductos se arrodilla frente a Marta
y empieza a lamerle los labios, mientras con las manos sigue acariciándola.
Lame, y chupa, y le da pequeños mordiscos por todas sus partes íntimas. Deja
caer su saliva y la esparce con los dedos –esto ya está mejor, vamos a ver que
tal respondes, zorrona! – el conductor se desabrocha el cinturón, los ojos de
Marta están abiertos como platos... qué va a hacer ahora? Se atreverá a tomarla
aquí, delante de todos? Y nadie hará nada para impedírselo? –en efecto, el
conductor saca su verga del pantalón, está dura y hinchada, a punto de estallar.
Puede ver sus venas marcadas en el glande, cierra los ojos, No! No! por favor! –
piensa- pero ya puede notar la punta de la polla entre sus piernas, y de un solo
golpe se la introduce hasta el fondo! Marta cierra los ojos con fuerza, nota
como algo se le rompe por dentro, y el conductor empieza a moverse a un ritmo
frenético, adelante y atrás, con fuerza, sin miramientos... la está follando
delante de todos! Y nadie dice nada, solo contemplan atónitos! El conductor esta
a punto de correrse, pero coge aire y se levanta. Esta tan excitado que quiere
que esto termine aquí. –Quiero correrme en su cara, que se beba mi leche! –el
conductor se aproxima a Marta y se coloca entre sus piernas abiertas, de manera
que el glande casi llega a su boca. –Sacadle ese calcetín de la boca, quiero que
esta jovencita me de la mamada de mi vida! –les ordena a los muchachos que
estaban sujetándole los brazos. Estos obedecen y cogiendo a Marta por la cabeza
le desatan el jersey y le sacan el calcetín de la boca. –Muy bien Martita, ahora
vas a chuparme la polla con esmero, y sin hacer tonterías, eh? Como se te ocurra
morderme te parto la cara a ostias! Me has entendido? –Marta no responde- y el
conductor de da una bofetada de advertencia. –Me has entendido o no? Marta
asiente con la cabeza y el conductor le mete el glande en la boca –Chupa,
maldita, chupa! Con la lengua... como si fuera un rico helado! Marta hace lo que
le dicen, pero parece que no es del agrado del conductor, pues acogiéndole la
cabeza entre las manos la obliga a ir más y más de prisa. Marta siente náuseas,
se ahoga. Pero la fuerza con la que esas manos la empujan es superior a ella.
–Me voy, me voy! –grita el conductor- no puedo más! Dios que gozada! Que gozada!
La leche empieza a esparcirse por dentro de la boca de Marta, el conductor saca
la polla y le llena toda la cara de leche. –Te gusta, Martita? Te gusta? Venga
lame, no dejes ni una gota, bébetela toda!
Marta se siente humillada, con la cara llena de leche y con
ese sabor asqueroso en la garganta. Ahora que puede gritar ya no tiene fuerzas.
Además, de que serviría. Esta dentro de un autobús y con las cortinas corridas.
Nadie puede oírla. Y ya no tiene fuerzas.
Menudo viajito! –dice el conductor. Quién me lo hubiera
contado esta mañana! Mira alrededor y los ocupantes del autobús le devuelven
miradas y risas cómplices. Todos han disfrutado del espectáculo, alguno que otro
se ha hecho hasta una paja contemplando la escena.
Su glande se encuentra ahora flácido, pero el conductor no
puede quitarle la vista de encima a Marta. Una oportunidad como aquella no se le
volverá a aparecer en su vida!
Martita, estás cansada? Porque yo todavía tengo ganas de
marcha. Déjame que piense... que voy a hacer contigo ahora... Ya sé, ya sé... y
si le damos la vuelta? Me apuesto lo que queráis a que este culito sigue
virgen...
Al oír esto Marta se puso a gritar: -no, por favor, dejadme
en paz! No habéis tenido bastante? Es que nadie va a detener a este cabrón?
Dejadme, por favor, soltadme! –pero la seguían sujetando de los brazos y estaba
inmovilizada. Alguien le volvió a poner el calcetín en la boca, y le ataron el
jersey de nuevo.
No te asustes Martita, tranquila, que lo haremos poquito a
poco... te juro que no te harñe daño. Vale? Lo haremos despacito... poquito a
poco...
Le desataron los pies de los asientos y con dificultades,
pues Marta no dejaba de patalear, consiguieron darle la vuelta. Le ataron los
pies de nuevo a las patas de los asientos. Y volvió a estar inmovilizada, esta
vez en posición inversa.
-A ver, aver este culito... -decía el conductor mientras le
separaba las nalgas con las manos- No me equivoco, no! Seguro que es estrechito
y virgen. Intentó meterle un dedo por el orificio, y a duras penas lo consiguió.
Acercó su lengua y lamió su raja de arriba abajo, una y otra vez, deteniéndose
en el ano para echarle saliva. –Vamos Martita, no me lo pongas difícil- intentó
con dos dedos. Marta gritaba, pero sus gritos eran ahogados por el calcetín.
–Esto es más difícil de lo que me imaginaba, Martita, si te meto mi glande ahí
seguro que te parto en dos. Este agujero es estrechito. Tendremos que mirar de
agrandarlo. Vamos a ver, vamos a ver... El conductor caminó por el pasillo del
autobús hacia la parte delantera, abrió la portilla del guardamaletas y hurgó
dentro, sacó algo de una bolsa. Una linterna, y un bote de lubricante para el
motor. Caminó de nuevo hacia Marta y le dijo. –Mira putita que traigo, vamos a
ver si podemos con esto. Metió dos dedos dentro del pote de lubricante y los
sacó chorreando, los pasó por la raja del culito de Marta y los sumergió en el
agujerito. Frotó y untó bien el orificio, metiéndole dos dedos dentro, que esta
vez se abrieron paso sin dificultad. –Ves, como esto ya va mejor? Jua jua! Vamos
a desvirgarte este culito. Le atizó una zurra en la nalga derecha. Pero primero
con la linterna, deja que me recupere, que mi polla está todavía cansada!- Cogió
la linterna por la parte delantera y unto el mango con aceite lubricante. Le
insertó la puntita del mango en el orificio, poco a poco, y parecía que se abría
paso. Marta apretaba los dientes y mordía el calcetín. Sentía un dolor nunca
antes percibido. No podía dejar de llorar, de rabia, de vergüenza, y de
humillación. No podía creerse lo que le estaba ocurriendo. Y el dolor era tan
fuerte que creía que se iba a desmayar. El conductor continuaba introduciendo el
mango en su culo, y lo hacia tan lentamente que los chicos del autobús se
estaban impacientando! –Venga, dale fuerte! Métesela ya! Sin compasión! Hasta el
fondo! Dale linterna, dale!- El conductor con los gritos se envalentonó y empezó
a hundirla con fuerza. A meterla y sacarla violentamente. El orificio de Marta
empezó a sangrar. Y eso hizo que su verga reaccionara al instante, se puso dura
y grande. Podía sentir como palpitaba deseosa de sustituir a la linterna. El
conductor la agarró con la mano y retirando la linterna de un tirón le metió la
poya hasta el fondo, de un solo golpe! Esta vez se corrió enseguida dentro de
Marta, y permaneció ahí dentro unos minutos. Hasta que pudo recuperar el aliento
y subiéndose la cremallera del pantalón, caminó hasta su asiento, arrancó el
autobús y prosiguió el viaje, mirando de vez en cuando por el espejo retrovisor.
Este es mi primer relato. Espero que les haya gustado. Podéis
enviarme vuestra opinión a: huelva01@yahoo.es