Tempranos inicios lésbicos III
Durante las noches mi habitación cambió de sitio y pasaron
dos meses así, aprendí de las dos criadas gran cantidad de secretos. Bernarda y
yo nos encontrábamos a veces por las tardes para amarnos, ya sea en su cuarto o
en el mío, afortunadamente mis padres se encontraban fuera de casa la mayor
parte del tiempo y había muchas ocasiones para disfrutarnos.
Un a de esas tardes recibí la inesperada visita de mi amiga
Lisa a la que solamente había podido ver en el colegio y no habíamos tenido
oportunidad de volver a acariciarnos cómo el día de la pijamada, solo que ahora
yo tenía muchas cosas que enseñarle y estaba ansiosa por hacerlo.
Nos quedamos solas en la habitación y desde el primer
instante me di cuenta de que ella se encontraba sumamente nerviosa.
¿Te acuerdas de lo que pasó la otra vez? – pregunte con
malicia.
¿Cuándo? – preguntó ella haciéndose la tonta.
¡No te acuerdas!... ¡Cuando te toqué aquí! – dije
poniendo mi mano en su monte de Venus.
¡Este, s… si! – contestó más nerviosa.
¡Te voy a enseñar cosas mejores! – le dije con seguridad
en la voz.
Mi mano seguía sobando su entrepierna y su cara se estaba
poniendo completamente roja, puse mis labios sobre los de mi amiga y con
delicadeza le pase la lengua por estos, recorrí todo el contorno de su boca y
luego me pegué a ella para introducirme y buscar su propia lengua. Lisa se
dejaba hacer completamente excitada, su respiración estaba muy agitada. Pronto
su lengua se comenzó a mover lentamente junto con la mía y nuestras salivas eran
mutuamente intercambiadas. Mis manos acariciaron los cabellos rubios y luego
pasé a su espalda bajando lentamente hasta llega a sus nalgas, ella traía puesta
una minifalda así que no me costó trabajo meter mis manos debajo y acariciar sus
nalgas sobre las bragas. Ella tomando un poco de confianza me abrazó y nuestro
beso se volvió más ardiente y húmedo.
Con suma delicadeza comencé a bajarle las bragas hasta que
estás quedaron a la mitad de sus muslos, pasé una mano para adelante y poder
acariciar su suave mata de vello, ella gimió al sentir mi mano directamente
sobre sus labios vaginales. Sus manos buscaron mis pechos y sobre la playera que
traía los comenzó a acariciar tiernamente y yo para esos instantes ya estaba
desabrochando el botón de su minifalda que pronto cayó al suelo. Por primera vez
interrumpí nuestro ardiente beso y poniéndome de rodillas delante de ella le
terminé de bajar las bragas, luego le quité los zapatos y las calcetas y volví a
ponerme de pie para comenzar a sacarle la playera. Lisa quedó únicamente en
sostén y yo me volví a pegar a ella en otro prolongado beso.
Luego me volví a separar de mi bella amiga y dando un paso
atrás me comencé a desnudar lentamente ante su atenta mirada, cuando me saqué la
playera y mis senos quedaron completamente desnudos ella estiró sus manitas para
acariciarlos y con algo de inexperiencia ella los amasó con ternura y deleite,
hasta aquí no le había dicho nada y continúe desnudándome, me quité los zapatos
y las calcetas para luego seguir con el pantalón de mezclilla y mis bragas color
rosa quedaron únicamente sobre mi cuerpo. Puse mis manos en los cachetes de Lisa
y dulcemente le dije que me besar los pechos, ella con torpeza comenzó a dar
tiernos besos en uno de mis senos y la dejé continuar por unos minutos luego la
volví a besar en los labios mientras nuestros pechos se restregaban, ambas
teníamos los pezones completamente erguidos y yo con delicadeza hice que estos
se restregaran una y otra vez apenas y tocándose. Lisa sorprendida me veía sin
poder creer lo que estaba comenzando a sentir. Luego de esto me agaché y tomando
con mi boca esos hermosos meloncitos los comencé a mimar con mis labios y
lengua, pude sentir como su cuerpo vibró cuando usé mi lengua para juguetear con
los pezones una y otra vez. Lisa respiraba cada vez con más intensidad a cada
una de mis lamidas y sin más sentí como sus piernas flaqueaban a la vez que ella
gemía dulcemente.
¡Ah, así!... ¡Oh, que delicia… mi amor así, así!
Sí, Lisa había alcanzado un orgasmo con solo mamarle las
tetas y ahora ambas estábamos sentadas sobre el mullido alfombrado de mi
habitación y ella con una mirada de completo agradecimiento hacía mí.
¿Te gustó?
¡Mucho!... ¡Fue delicioso!
Pues espera.
Me incliné hasta atrapar de nuevo sus labios y lentamente la
fui tendiendo sobre la alfombra, luego sin dejar de besarla recorrí desde su
boca hasta su cuello y continué así hasta llegar a sus senos y solo deteniéndome
el tiempo suficiente para cada una de las tetas bajé por su plano estómago hasta
llegar al monte de Venus. Su olor era en verdad desquiciante y completamente
caliente me dediqué a lamer sus labios vaginales pero solo superficialmente,
paseé mi lengua desde el nacimiento de sus rajadita hasta su ano, ella me ayudó
levantando un poco sus caderas; regresé por el mismo camino y con el mismo
tratamiento una y otra vez. Luego atacando sin previo aviso dejé que mi lengua
se deslizara entre sus pliegues sepultándosela profundamente en la vagina.
¡Ohhhh!
Fue la única expresión que ella pudo dejar escapar con una
voz muy sensual, yo entonces comencé a meter y sacar mi lengua lentamente y
disfrutando de los jugos que ya inundaban esa rajada; las manos de mi amiga
comenzaron a juguetear con sus propias tetas y de vez en cuando bajaban
acariciándome la cabellera. Mi lengua seguía una ruta de entrada salida pero
pronto cambie de rumbo y busque en la parte alta el clítoris de mi amiga y no
llevaba ni siquiera un minuto martirizándola cuando llegó a su segundo orgasmo.
Sus caderas se movieron arriba y abajo y yo la sujeté por las nalgas pegándome
más y más a su vulva para sorber todos los jugos que me pudiera ofrecer.
Lisa quedó profundamente cansada y las dos permanecimos allí
tendidas sobre la alfombra cerca de veinte minutos, luego nuevamente nos
comenzamos a besar con la misma y ardiente pasión que cuando iniciamos, nuestras
manos recorrías sin pausa nuestros delgados cuerpos y aunque yo todavía traía
puestas las bragas mi amiga no dejaba espacio sin reconocer. La humedad se
dejaba ver pues al frente de mis bragas una mancha más oscura delataba mi
excitación. Me levanté y dirigiéndome a la cama me tendí boca arriba esperando a
mi compañera que no tardó en seguir mi ejemplo. Lisa se puso de pie delante de
mí y con su mirada fija en mi cuerpo se agachó pasando sus manos desde mi cara
hasta mis caderas, ahí sujetó la braga pos los costados y la hizo descender
lentamente por mis muslos y hasta sacarla por mis pies. La prenda voló hasta
caer sobre mi escritorio de trabajo. Le abrí los brazos a mi amiga y sin hacerme
esperar se montó sobre mi cuerpo, nos besamos acariciamos y restregamos
nuevamente, esta vez uniendo nuestras vulvas y acariciarnos vehementemente con
estas la una a la otra. Leves chasquidos húmedos se escuchaban por la habitación
acompañados de algunos gemidos ahogados que salían de nuestras bocas.
¡Déjame chuparte! – dijo jadeante mi hermosa Lisa.
¡Es lo que más deseo amor! – dije con mis labios en su
boca.
¡Dime como!
Le puse mis manos en los hombros y la fui haciendo descender
lentamente por mi cuerpo dándole instrucciones para que se fuera deteniendo en
tal o cual parte, mi amiga lo estaba haciendo suficientemente bien y lograba que
toda mi piel se erizara. Por fin Lisa llegó a mi vagina y entonces le pedí que
con su mano abriera los labios y buscara mi clítoris, ella lo hizo y después
comenzó a chuparlo y lamerlo, así en pocos segundos logré llegar a mi orgasmo,
tan intenso que casi me hizo gritar. Lisa no paró de chuparme la vagina y
también bebió mi néctar diciéndome lo rico que le sabía.
Su boca me hizo llegar a otro orgasmo más y fue en este
último que le pedí que me dejara descansar un poco, ambas nos recostamos
abrazadas y esperamos varios minutos eso sí, sin dejar de besarnos y
acariciarnos. Luego me levanté y la recosté boca arriba completamente tendida en
la cama, me monté sobre su pecho y me agaché hasta acomodarme sobre su panocha,
así lo había hecho alguna vez con Bernarda, un rico sesenta y nueve; Lisa de
inmediato comprendió de lo que se trataba y sentí como sus manos pasaban pode
debajo de mis piernas y me sujetaban las nalgas con ambas palmas, su lengua no
tardó en comenzar a recorrer mi vagina lo mismo que la mía y sin más preámbulos
nos comenzamos a dar nuevamente placer.
El sesenta y nueve se prolongo largo rato pues nos
chupábamos, lamíamos y mamábamos muy despacio y reconociendo cada uno de
nuestros puntos más sensibles, y por fin cerca de media hora después nos
comenzamos a lamer con más y más intensidad, la lengua de mi amiga se volvió
rápidamente experta y entonces el orgasmo nos envolvió al mismo tiempo, fue
lento, pausado, lo disfrutamos intensamente y bebimos sin pausa hasta dejar
nuestras vaginas totalmente satisfechas. Permanecimos recostadas mucho tiempo
solo mirándonos, sin hablar y después poniéndonos de pie nos comenzamos a
vestir, la una a la otra sin separar nuestras miradas.
Bajamos a la sala y allí platicamos de muchas cosas, cosas
que no conocimos la una de la otra hasta que llegaron por Lisa, nos despedimos
con un beso tierno en los labios y no dejé de mirar la camioneta en donde iba
Lisa hasta que se perdió calle abajo al dar una vuelta. Entré directo a mi
habitación, me desnudé y me metí a las cobijas, me masturbé pensando en lo
ocurrido esa tarde hasta que me quedé profundamente dormida.
CONTINUA