Entré en la habitación, y mi marido salía del baño. Me miró,
sonrió y sin mediar palabra, me empujó sobre la cama. Pensé que estaba jugando,
pero cuando intenté levantarme, otro empujón aún más fuerte, me volvió a tirar.
Esta vez, incluso me hice daño. Cuando iba a protestar enérgicamente, recibí un
bofetón, y de repente me di cuenta, entre sorprendida y asustada que mi marido
me estaba esposando a la cama.
¿Qué haces? Pregunté llorosa
Te estoy atando, frígida de mierda. Estoy harto de que te
abras de piernas solo por que te deje en paz, y de que echar un polvo contigo
sea una odisea. Te aseguro que hoy me suplicarás y rogarás que te folle por cada
agujero de tu cuerpo.
David, haz el favor de soltarme. Me haces daño, y me estás
asustando.
Ja, que te crees tu eso. Te soltaré cuando considere que he
acabado contigo. Y por cierto, se acabó hablar. Total, para decir las tonterías
que siempre dices, no necesitas hablar.
Dicho esto, me amordazó. Y solo pude desde ese momento,
llorar y gemir. Ya me había esposado las manos, me puso un cojín bastante alto
bajo los riñones, y me ató las piernas, muy separadas y una a cada extremo de la
cama.
Estaba totalmente inmovilizada, pero por si era poco, ató una
especie de cinturón a mi cintura, y luego a los lados de la cama, por lo que ya
no pude moverme ni un centímetro. Cada momento me sentía más atónita. ¿Qué le
había pasado a David? Hasta el momento tenía un marido que se conformaba con un
polvo rápido una o como mucho dos veces a la semana, y una mamada con muchos
reparos cada varios meses. Estaba desconocido.
En ese momento, dejé de pensar, pues una tira muy suave
cubrió también mis ojos.
Oí y sentí como unas tijeras cortaban mi camisón. ¡joder que
estaba haciendo con mi ropa! Ya estaba completamente desnuda, inmóvil y
expuesta.
Noté una mano que tocaba mi coño, y luego una sensación
húmeda y fría. Luego sentí como David me afeitaba el coño. Era algo que yo jamás
había hecho, y me parecía horrible, con el coño totalmente expuesto, los labios,
la vulva, mi clítoris… ¡que vergüenza sentía!
Pasados unos minutos, David paso algo húmedo por mi rajita,
que supongo sería una esponja. Le oía decir:
¡Por fin puedo observar tu coño como a mi me gusta! Está
totalmente afeitado, sin un pelo. Suave como el de una niña, y todo para mí.
Noté que me estaba mojando, y por supuesto David también lo
notó. Me abrió los labios, pasó los dedos, rozó mi clítoris y le dio suaves
pellizquitos. Incluso pasó el dedo por mi año, lo que me hizo estremecerme por
completo.
Vaya, si parece que te gusta, frígida de mierda. A ver si va
a resultar que ahora te va a gustar el sexo, y vamos a poder follar a gusto,
comernos, sobarnos.
Debo admitir que sentía algo muy distinto a lo que había
experimentado antes con mi marido. No había tenido relaciones sexuales con nadie
antes de el, por lo que tampoco había experimentado demasiado.
Cuando llevaba un rato jugando con mis clítoris, estirándole,
y tocándole, noté algo frío. ¡Me lo estaba chupando!, ¡que maravilla!, ¡que
placer!, y eso que nunca le había dejado hacerlo, pues me parecía algo sucio.
Estaba muy cachonda, húmeda, y excitada. Me metía los dedos en mi agujero, a la
vez que chupaba y sorbía todo mi coño. Cuando notó como subía mi excitación,
paró de repente. ¡Que putada, creo que me iba a correr!. Hacía mucho tiempo que
no me corría.
Era el turno de mis tetas. Primero tocaba mis pezones, luego
los chupaba, los estiraba y pellizcaba. Los mordiscos consiguieron ponerme a mil
por hora. También se debuto al cabo de un rato.
Me desabrochó lo que tenía en la boca, y me metió su polla en
ella. Sabía que no me gustaba mucho comérsela, pero sabía que no me iba a quedar
otro remedio, y empecé a chupar lo mejor que supe. Alguna de las embestidas me
llegaba a rozar la garganta. No se cuanto tiempo estuve, pero creo que mucho.
Noté un espasmo de David y le oí gemir, para acto seguido correrse en mi boca.
¡Trágatelo puta, no derrames una gota o sabrás lo que es
bueno! Y ve acostumbrándote, porque te la vas a comer muy a menudo, y no quiero
desperdiciar mi leche.
Y así lo hice. Me lo tragué todo, aunque me dieron arcadas.
Entonces David volvió a concentrarse en mi conejito. Metía
sus dedos con fuerza, los sacaba, me metía un dedo con mis jugos en la boca para
que lo lamiera despacio, saboreándolo. Luego volvía a mis tetas, y yo excitada,
le pedí que me follara.
Rotundamente no. Mucho vas a tener que rogar y pedir, para
que meta mi polla en tu coño frígido.
Joder, que putada. ¿Qué quería que hiciera? Notaba mi coño
recién afeitado, y empezaba a picar y escocer un poco. Entonces noté que si
metía algo, aunque estaba claro que no era su polla. ¡Estaba metiendo un
consolador o algo así!. Yo solo los había visto en las revistas, y nunca había
tenido uno. ¿De donde lo habría sacado?. Pero eso no fue todo. Comenzó a vibrar
dentro de mí. También me puso algo parecido en la boca y me dijo:
"será mejor que lo chupes y humedezcas bien"
Yo no sabía a que venía eso, pero lo chupé, aunque con cierta
desgana. Luego supe a que se refería. Esa cosa iba a entrar en mi culo virgen.
Ya estaba en la entrada del ano, y empezaba a dilatar mi esfínter. Intenté
negarme, hice todos los gestos posibles, pero fue inútil.
¿No te gusta? Pregunto el muy sarcástico. Te va a dar igual.
Te lo voy a meter entero, y luego también la polla, así que vete haciendo a la
idea, y prepara ese culo frígido, pues se va a calentar y mucho.
Y claro que iba a ser así. Nada ni nadie podría impedirlo.
Tenía lago que vibraba en mi coño, y otro artilugio casi por completo dentro de
mi culo.
Pues si te soy sincero, desde aquí parece que te gusta puta
de mierda. Estás empapada, y has mojado el cojín con tanto flujo. Como ya te
advertí, rogarás que te folle, pero hoy solo te follaré tu culo. Ese culo que
lleva años provocándome, pero luego se me prohíbe.
Los movimientos fueron cada vez más rítmicos. Me dejé llevar
y cada vez estaba más excitada. Todo mi cuerpo me pedía que me follaran. Me armé
de valor, y aunque totalmente avergonzada, le pedí que me follara. Me contestó
que sin problema, que cuando yo quisiera, me desataba las piernas y me la metía
en el culo.
Me negué. Me sentía vejada y muy avergonzada. Pasó otro rato
largo, y David no se cansaba de sacar y meter consoladores, chuparme,
acariciarme como si fuera la primera vez que lo hiciera, e incluso darme algún
que otro azote sin previo aviso, por lo que ya estaba al límite de mis fuerzas y
necesitaba correrme como nunca me había sucedido. Volvía a pedirle que me
follara.
Nuevamente la misma consideración: si, pero por tu sucio
culo. Esta vez le dije que vale.
Quiero que lo repitas, que me digas cuanto deseas que folle
tu sucio culo, que te la mete sin contemplaciones, que tu culo está a mi
disposición igual que el resto de tu cuerpo, para lo que yo desee y cuando lo
desee.
Me sentía humillada y abochornada, pero accedí. Necesitaba su
polla con anhelo, así que como el predijo, rogué, supliqué y me ofrecí como
vulgar ramera, con el único deseo de que me follara y me dejara correrme. Así lo
hizo. Me desató las piernas, quitó el cojín, y de un golpe certero, la metió
entera en mi culo, a la vez que yo aullaba literalmente, sobrecogida por el
dolor y el placer.
Me cabalgó un rato y por fin, sucia y mojada, me corrí. Fue
el mejor orgasmo de mi vida sexual. Si bien hay que recordar que había sido
corta, y monótona. No sabía que se podría gozar de esa manera. En ese momento,
David me desato, no sin antes recordarme que había prometido muchas cosas, y que
esperaba cumpliera, tan pronto como el le pidiera. Asentí sin ser capaz de
mirarle a los ojos, y me encerré en el baño. Miré mi coño y mi culo sin un pelo.
Con un espejo, me sorprendí a mi misma revisando cada centímetro de mi
entrepierna. Estaba segura que David me haría cumplir mis promesas, y que el
sexo iba a cambiar entre nosotros, pero sobre todo para mí, pero en el fondo de
mí ser estaba encantada.
Ya te contaré mis nuevas experiencias según vayan sucediendo.
Un beso húmedo.
Alex