Fantasía zoofílica
Estaba con Juan, mi marido con el cual nos vemos pocos ratos
al día para compartir la vida pero sobre todo, cama. Yo estaba algo resignada a
dejarme follar por el ya que de momento no tenía tiempo para buscarme otro, su
poca gracia y nula imaginación hacían de nuestras noches de amor una algo
insulsa sesión. Es por ello que la ultima noche cuando estábamos empezando a
jugar, yo con su normalita polla, como de unos 14 centímetros, pues noté un
soplo extraño en mi vagina por atrás, es que era mi perro tobi, un doberman de
los grandes, que sin darnos cuenta había subido a la cama y había metido su
morro entre mis piernas. A raiz de esto me asusté y decidimos dejarlo con Juan
por lo que se puso a dormir.
Yo me quedé pensativa y recordaba la sensación que tuve al
notarme olida y acariciada aunque solo fuera una ligera lamida, por mi perro.
Pensé que lo que había oido debía de ser cierto pues la relación entre mujer y
animal en cuanto a sexo, era posible, sobre todo con un perro ya que por tamaño
parecía que eran como de hombres e incluso mas pequeñas sus pollas.
Me levanté y me fui al sofá para calmarme en mi agitada noche
de sexo mal acabada en cuanto a llegar a sentir algo, aunque orgasmos no había
sentido con mi marido hacía años, desde el viaje de bodas, dos veces. Estando
sentada en el blando y ancho sofá se me ocurrió acariciarme el chochito algo
excitado que tenía al notar los mínimos flujos que siempre me salen por ser una
mujer ardiente. Y me dedeé como hacía en mis noches de soltera sin ligue, en eso
que de pronto no se como pero de nuevo apareció mi tobi acercándose a mi y con
la cabeza levantada olfateando. Sin darme tiempo a cerrar mis piernas me hundió
su largo morro en dirección a mi vulva que se encontraba húmeda y con los labios
separados. Sin perder el tiempo me pasó su larga y gorda lengua por todo lo
largo de mi boca vertical y me dejó estremecida sin reaccionar con lo que el ya
no se detuvo en sacar y volver a meter su lengua de su boca y hundírmela en mi
coño abierto del todo y llenos ya de jugos. Aquello le entusiasmó a el y a mi
por lo que le dejé y me deslicé del respaldo hacía delante de forma que mi culo
estaba medio al aire.
Así me estuvo lamiendo un buen rato y yo ya completamente
entregada tuve uno de mis mayores e intensos orgasmos como jamás había tenido,
con los ojos en blanco pues la excitación me había colapsado mis controles
físicos de mi cuerpo y en eso que noto que tobi se sube encima mío poniendo sus
dos patas delanteras a mis costados y notando como una punta de carne dura me
fregaba la entrada de mi rebosante chocho de babas y jugos. No tuve que hacer
nada solo que en una de sus clavadas me entró su polla hasta no se donde pues no
veía nada, pero sentí algo muy distinto a las de mi marido pues el grosor de
aquella polla era muy superior a todas las conocidas por mi y no solo eso sino
que con otro empujón con su espalda encorvada, me metió otro tanto de su
tremenda verga y ahora si que estaba empalada y completamente entregada a mi
tobi, dueño ahora el de mi. Mi orgasmo recién obtenido me ayudó a adecuar aquel
tamaño que me invadía entre las paredes de mi túnel que ahora estaba dilatado
como nunca, lo que tobi debió notar como le estrujaba su polla con mis músculos
vaginales pues detuvo sus golpes de riñones, para dejar que nuestros dos sexos,
el del macho dentro del de la hembra, se acoplaran. Tras un par de minutos tobi
reinició la bombeada y ya fue un sin parar el meterla y sacarla, follándome como
un rey y notando yo como mi macho cada vez se hacía mas ostensible por su tamaño
y su largura, me tocaba el fondo de mi vagina golpeando con su dura punta la
entrada de mi útero, donde nadie había llega nunca aún. Eso me llevó a un
orgasmo de los llamados continuos que todas las mujeres soñamos tener y que te
mantienen en estado de gracia sensorial y felicidad máxima con un gusto por todo
el cuerpo que crees que no es tuyo. Pero lo que comporta ese estado mientras, te
follan magistralmente es sentirte que irremediablemente perteneces al macho que
con su enorme polla te esta copulando como un campeón y esto crea adicción.
Creo recordar que llevaba mas de tres cuarto de hora
follándome mi perro al contrario de con mi marido que sus cincuenta segundos
hasta su eyaculación creía eran el mundo del sexo correcto, pero ahora yo había
descubierto algo trascendental para mi, mi vida y sobre todo mi ilusión por
estar cuantas mas veces sintiendo aquello. Ya el explicar cuando tobi se corrió,
me produce un temblor en todo el cuerpo, fue que me entró su bulbo por lo
lubricada que tenía mi vulva, goteando pegajosos flujos de los dos en el suelo y
una vez me lo insertó se paró otra vez para acomodarme ya toda la polla por
completo, yo me tocaba el clítoris y notaba la hinchazón que aquella bola
abultaba todo mi pubis y en un breve lapso de tiempo noté como se contraía
aquella pelota y al momento un chorro de hirviente líquido, semen canino, me
empezó a entrar en mi sexo que estando taponado por aquel "accesorio" no podía
salir, estando durante mas de cinco minutos largos y cada veinte segundos mas y
mas chorros de su leche fecundadora para perras. Yo me llegué a sentir perra,
tal cual, pues también su morro de dientes limpios y relucientes, lo tenía
delante de mi cara y sus babas me caían dentro de mi boca abierta por los
espasmos de placer de que disfrutaba, además al acabar al quedarse encima mío
pues no podía salir, nos estuvimos mirando, el sin su mirada dominante si no mas
bien mohíno por acabar de eyacular y como para agradecerme el haberle dejado que
me follara, me paso su lengua por mis labios ahora si, repetidamente ya que
debía gustarle el olor de mi aliento y al abrirle la boca, el olor de mi saliva
lo que le debió parecer exquisita pues rápidamente metió su lengua buscando la
mía que se la entregué con gusto, por lo que yo también de agradecida estaba.
Cuando se desabotonó de mi, lo limpié todo y me volví a la
cama donde mi marido dormía plácidamente. Me invadió un pesado sueño con la
sensación de goce que el cuerpo llevaba lo que me ayudó a no pensar en nada.
Por la mañana cuando en el despacho hice repaso a todo lo que
paso con mi tobi, noté como me salía un líquido lechoso de mi sexo, empapando
por completo mis segundas bragas que me puse aquel día, tenía todavía el coño
encharcado con el semen de tobi, a pesar de que me duché con el doble de tiempo
que un día normal pues me salía su leche sin parar que me creí eran mis meados
por la cantidad pero por su inconfundible color y densidad no había duda de que
era la semilla de mi tobi. Apenas estaba por el trabajo y comencé a pensar como
hacer para mantener una relación sexual con mi perro pues no pensaba renunciar a
que me follara tantas veces como pudiera. Al cabo de dos días mi marido llegaba
tarde de su oficina por lo que pedí permiso a mi jefa para salir algo antes y
fui como un cohete a mi casa en donde tobi me ladró al verme y saltando de
alegría, creo que el también esta loco por follarme y ahora me identifica con su
perra. Solo llegar me desnudé y me fui a mi cuarto seguida por mi perro que ya
saltaba y me daba empujones, al girar mi cabeza pude ver su roja polla asomarse
del todo de su funda, solo le faltaba el bulbo que les crece cuando ya están
excitados por completo. Me folló de todas maneras por mas de tres horas, una vez
se corrió se le mantuvo dura y larga sin sacármela de mi coño y así me folló las
dos primeras veces corriéndose copiosamente. Después y para empezar a mamársela
a la vez que me comía el chocho, hicimos un 69 magnífico, eyaculando en mi boca
otra copiosa cantidad de esperma canino, que me tragué con deleite.
Como que no podía hacer muchas veces lo de ir a casa a follar
con tobi pues mi marido no tenía mas que cuatro o cinco veces al mes trabajo
extra, pensé llevármelo como de paseo pero a un hotel y así lo hice dando la
excusa yo de tener mas trabajo del normal, cosa que mi marido no puso en
absoluto en duda pues tenía un buen puesto e incluso ganaba algo mas de dinero
que el.
Así pues saqué a tobi de casa con el collar y me fui a un
hotelito de playa abierto todo el año incluso fuera de temporada. Me dieron la
llave y subimos en el ascensor tobi y yo, yo emocionada mirándolo por pensar
primero que me iba a follar en otra tarde gloriosa y segundo por ponerle cuernos
a mi marido, incompetente en cuanto a sexo. Al entrar en la habitación ya tobi
comprendió de qué iba el asunto cuando me vió que me quedaba desnuda en unos
pocos segundos, pues había pensado que necesitaba llevar ropa que se pudiera
sacar lo mas rápida posible, ya que nunca se sabía cuando y donde podía aparecer
la oportunidad de abrirme de piernas a mi amante canino. Una vez me estiré en la
cama iniciamos con un 69 divino por lo buena que me sabía ya su leche para
después tomarnos un buen rato en darnos la lengua uno frente al otro hasta que
no pudiendo mas, o bien en la postura del misionero, con dos almohadones yo
debajo de mi culo o poniéndome en cuatro, me empezaba a follar, llegando incluso
a perder la noción de con quién estaba pidiéndole mas y mas, que me follara, que
era suya, que me hiciera un bebé, en fin los desvaríos propios de la hembra
entregada y sumisa en pleno goce gracias a su macho.
Aquello de que tobi fuera mi amante, follándome de cinco a
diez veces por semana según circunstancias, ya duraba casi tres meses y me
empecé a notar rara y con náuseas. Sabía lo que era: tobi me había preñado pues
con mi marido ya casi no lo hacemos, una sola vez y con el consiguiente
preservativo, por lo que me enteré bien de qué hacer y disimulando mi estado,
conseguí parir yo sola, en el hotel que ya me conocían y sabían lo que hacía con
mi perro en la habitación, a los tres meses, un cachorrillo de dóberman precioso
cosa que alegró mucho a mi macho que vio cumplido con éxito su misión de
fecundar y tener descendencia de su hembra.
Tobi me ha vuelta a preñar otras once veces hasta que murió
no se si de agotamiento y ahora a mis 39 años, son dos de sus hijos que me
reservé para mi, los que me follan a diario pues me separé de mi marido que
todavía no se había enterado de nada y nada comprendió, siendo además que entre
humanos y canes no existe el incesto…