-¡Esto no puede ser! ¡No puedo continuar con esto! ¡Debo
buscar la forma de escapar de aquí! ¡Tengo que lograr que me libere!-
Esos eran mis angustiosos pensamientos mientras me encontraba
prisionero en la reducida habitación. Tan reducida que solo cabía la cama
individual en que me encontraba amordazado y una silla.
Me sentía vacío, desesperado...¡estaba enloqueciendo!; no
debía sentir ese grado de atracción por quien era mi captor. Pero lo deseaba. No
dejaba de pensar en él, la manera de tratarme...de hacerme sentir...
Llevaba contadas 14 noches desde el día que me secuestraron.
Todo había ocurrido tan rápido que en un principio pensé que se trataba de una
pesada broma. Pero no, todo era cierto. Me encontraba cautivo en un reducido
cuarto sin poder moverme. No niego que hasta el momento me habían tratado con
cierto privilegios. Me alimentaban bien y me permitían usar el baño cuando lo
solicitaba. Siempre había alguien a quien pedir ayuda. No sabía yo si estaban
negociando mi liberación y nunca tocaban el tema cuando se encontraban conmigo
en el cuarto.
Las últimas seis noches las había pasado vestida
completamente de mujer y en todas y cada una de ellas me habían poseído de todas
las formas posibles. Al principio sentía un miedo indescriptible, pero aún así
cooperaba de la mejor manera para evitar disgustos...y golpes.
Ahora era tal mi deseo que disfrutaba lo que me hacían...¡yo
misma lo pedía o tomaba iniciativa para todo!
Cada una de esas noches me hicieron vestir infinidad de
prendas femeninas. Toda la ropa que les gustaba y que sabían escoger muy bien:
Vestidos cortos y ajustados, tangas, ligueros, medias, zapatos altos; habían
conseguido un par de senos postizos grandes, peluca y todo lo necesario para
maquillarme y perfumarme...era la mujer de todos. No quería dejarlos. No había
logrado ganarme la confianza necesaria, por eso siempre me mantenían amarrada y
encerrada en la habitación.
Sabía la hora a la cual acostumbraban meterse a la habitación
y comenzaba mi emoción y mi deseo. Mojaba la tanga con mis líquidos tan solo al
pensar en lo que me harían esta vez. Los imaginaba besando todo mi cuerpo;
imaginaba sus manos recorriendo mis piernas y, especialmente, mis nalgas;
deseaba verlos apenas bañados, desnudos y dirigiéndose hacia mi con sus penes
erectos.
Los imaginaba ayudándome a hincarme, con mis manos atadas a
la espalda para enseguida ponerse delante de mí y pasear sus penes por todo mi
rostro, detenerlo en mis labios y comenzar a empujar hasta desaparecerlo en mi
boca por completo. No tenían que pedirlo, yo comenzaba a succionarlos hasta
conseguir sus gemidos que me enloquecían y me animaban a seguir adelante de
forma más atrevida.
Haberles confesado lo que hasta entonces era mi secreto había
impedido su rudeza y la violencia inicial de su trato. En principio, después de
escuchar la palabra "Travesti", no lo creían pero me sorprendieron una noche que
llegaron con las primeras prendas, querían comprobarlo viéndome vestida de
mujer.
Amenazando con matarme ante algún movimiento inesperado
liberaron mis manos y dejaron que me bañara, depilara, me vistiera y maquillara.
Siempre bajo sus miradas atentas. Al terminar, sus actitudes cambiaron
radicalmente, se mostraron complacidos y procedieron a amarrarme nuevamente no
sin antes decirme que no podían arriesgarse. Me tuvieron en pie acariciando todo
mi cuerpo...besándolo, cada uno por su lado. Su atención era dirigida
principalmente a mis nalgas, suaves, depiladas, perfumadas, brillosas por la
crema y resaltadas por la tanga. Las besaban y amasaban una y otra vez. Hundían
sus rostros enmedio de ellas y dirigían sus lenguas hasta mi ano el cual picaban
vigorosamente. Se levantaban y empinándome restregaban sus miembros en todo mi
trasero, se turnaban dejando sus líquidos en mis nalgas...yo disfrutaba
plenamente. No oponía resistencia. Me empujaba hacia el que estuviera en turno.
La primera noche no se atrevieron a penetrarme a pesar de su
gran excitación. En vez de ello me sentaron en la cama y subiéndose metían su
pene en mi boca hasta venirse en ella. Tragué todo su semen saboreándolo
golosamente.
Deseaba ganarme su confianza. No lograba adivinar el lugar en
el que me encontraba y, lo que era aún peor, no sabía la suerte que me deparaba
el destino. No sabía a que se dedicaban cuando se encontraban ausentes, lo que
sí es que dejaban a una persona cuidándome.
La segunda noche fue la más sublime de todas. Después del
arreglo me subieron en la cama y, quitándome una reducida minifalda, me
acostaron boca abajo colocando una almohada debajo de mi cintura de manera que
mi trasero quedo levantado y completamente expuesto a sus deseos. Ataron manos y
pies a ambas cabeceras de la cama. Me era imposible moverme. Estuvieron
acariciándome por largo rato. Me repetían una y otra vez que me veía muy bien
vestida de mujer, que les agradaba como la tanga resaltaba mi trasero. Mordían
mi espalda, paseaban su lengua por mis piernas humedeciendo las medias. Hasta
que no pudiendo contenerse más uno de ellos dirigió su miembro hasta la
hendidura de mis nalgas y sin penetrarme comenzó un movimiento de arriba hacia
abajo picoteando mi ano cubierto por la tanga. Mientras tanto el otro logró
acomodarse por debajo de mí y quedando su miembro a la altura de mi boca me
dediqué a realizarle una deliciosa felación. Yo deseaba apresurar la
penetración, tener las manos libres para retirar la tanga, abrir mis nalgas y
dirigir su miembro...pero no podía. Estaba a merced de sus decisiones.
El que finalmente me penetró me hablaba con algo de rudeza,
me preguntaba si deseaba ser penetrada y después de responderle afirmativamente,
retiraba la tanga que cubría mi ano y comenzaba a llenarlo de saliva para
después introducir lentamente uno de sus dedos. Lo hacia despacio, cuidando de
no lastimarme. Yo apretaba mi esfinter para hacerle sentir que me agradaba lo
que hacía, sin embargo él jugaba conmigo, no se animaba o no quería penetrarme,
estuvo haciendo eso por largo rato. El que recibía mi felación no pudo aguantar
más y descargo su semen dentro de mi boca. Finalmente sentí que ql otro se medio
incorporó y ayudándose con una mano abrió una de mis nalgas mientras que con la
otra tomaba su pene y lo colocaba encima de mi ano. Yo me relajé completamente,
levanté un poco más mis nalgas y en ese preciso momento la punta de su pene
comenzó a abrirse paso a través de mi recto. Sentí un ligero dolor por lo que
sin proponérmelo mi esfinter apretó esa deliciosa parte de su cuerpo. Pasado un
rato empujó nuevamente pero esta vez abriendo ambas nalgas con sus manos, esto
permitió que más de la mitad de su miembro desapareciera. Estaba completamente
entregada, deseaba que terminara de penetrarme, lo quería todo dentro de
mí...así que comencé a apretar al intruso, sabía que con este movimiento lo
animaría a penetrarme completamente...y así sucedió, su bajo vientre quedó
encima de mis nalgas, sus manos tomaron los tirantes del liguero y tirando de
ellos comenzó a cabalgarme. Que dicha sentí en ese momento, a cada embate dejaba
escapar gemidos placenteros. El apresuraba el movimiento haciendo que su pene
saliera por completo para posteriormente encajarlo nuevamente y sin problemas.
Volvía a cabalgarme, mi ano se encontraba completamente lubricado, no sentía
dolor, un leve cosquilleo y la sensación ya conocida de querer hacer del baño.
Aceleró sus movimientos, ambos bañados en sudor, hasta que
sentí su eyaculación dentro de mí, retiró su miembro y buena parte de su semen
la envió hacia mis nalgas, la espalda, la ropa. Tomando su miembro golpeaba mis
nalgas, no quería ceder a la flacidez. No imaginaba que deseaba penetrarme
nuevamente. Me dí cuenta cuando, retirándose, comenzó a quitar las cuerdas que
aprisionaban mis manos y pies. Acto seguido me hizo recostarme boca arriba y
amarró nuevamente mis manos. Mis nalgas quedaron a la orilla de la cama lo que
permitió que, colocándose entre mis piernas, éstas fueran levantadas y
acomodadas sobre sus hombros; finalmente dirigió su miembro hasta mi ano y sin
esperar a más me penetró completamente. Yo disfrutaba enormemente cuando comenzó
a bombearme; abrazaba mis piernas, las acariciaba; llevaba sus manos a mis
nalgas y las estrujaba con dureza, las abría y empujaba su miembro más
profundamente. Y así ocurrió que nuevamente depósito su semen completamente
dentro de mí. Esta vez no dejo escapar nada. Un rato inolvidable.
Resulta que yo no les conocía, veía sus rostros pero no
recordaba haberlos visto jamás, por lo tanto no entendía el porqué era su
prisionera. Honestamente mi situación económica no era la que buscan este tipo
de personas que se dedican al secuestro. Pero ahí estaba yo.
La tercera noche es también de las que no olvidaré jamás. En
ella se presentó quien parecía ser otro de sus ayudantes. Los escuché hablar,
sin embargo no entendía lo que conversaban. De repente la puerta de la
habitación se abrió y esta persona, asomándose, se quedó observándome con
extrañeza. Su rostro igual no se me hacía conocido. Entrando en la habitación
comenzó a desnudarse precipitadamente, yo temí lo peor. Pero no hizo más que
masturbarse frente a mí. Me miraba de arriba a abajo hasta que, acercándose,
comenzó a acariciar mis piernas. Su mirada se volvió morbosa y comenzó a
divertirse agachándose y mirando por debajo del pequeño vestido que usaba en esa
ocasión. Seguía acariciando mis piernas, atoraba sus dedos en los broches del
liguero, estiraba los tirantes del mismo y los soltaba de manera que se
escuchaba el chasquido del golpe. Yo tenía los ojos cerrados y no hacía
movimiento alguno. Después su mano llegó más arriba del comienzo del vestido y
toco mi miembro por encima de la tanga, supongo que ya sabía lo que realmente
era, aún así se deleitó acariciando un buen rato. Obviamente se disparó mi
erección. Aceleró sus caricias hasta que eyaculé mojando por completo la
diminuta prenda. Acto seguido me ayudó a incorporarme y hablándome con cierto
grado de rudeza me hincó delante de él y sin esperar a más introdujo su miembro
en mi boca. Comenzó a bombear de manera rápida. Me gustaba la forma de su
miembro. Era un poco más larga que la del principal de mis captores. Pensaba que
iba a querer eyacular en mi boca pero no fue así.
En un movimiento precipitado sacó su miembro y tomándolo con
una de sus manos comenzó a pasearla sobre mis labios. Lo hacia suavemente por
toda la comisura de los mismos, se deleitaba viéndome completamente sumisa y
entregada. Aceleró el movimiento de su mano al masturbarse hasta que finalmente
se vino disparando su semen por todo mi rostro. Sin que lo pidiera metí su pene
en mi boca con la intención de exprimirlo todo.
La cuarta noche fue diferente, antes de acariciarme y
penetrarme hicieron que me cambiara de ropa infinidad de veces, les estuve
modelando y hasta me exigieron que bailara sensualmente, yo hice lo que pude y
afortunadamente les agradó. Al final me dejaron vestida con un corset con
liguero en el que predominaba el color azul y una parte en negro, tanga y medias
negras y los zapatos altos. Me sentaron en la silla y me amordazaron. Fue
entonces que todos se acercaron y tomando sus miembros comenzaron a masturbarse.
Uno a uno metían su miembro en mi boca, querían verlo ensalivado, lo paseaban
por mis brazos desnudos, uno de ellos comenzó a restregarlo sobre el pezón de
uno de los senos postizos, esa visión me enloqueció y el que tenía su miembro en
mi boca recibió una succión de mis labios que hizo que gimiera deliciosamente,
me pidió que volviera a hacerlo y gustosamente lo hice hasta que se vino
abundantemente. Mientras tanto los otros dos lanzaron todo su semen por mi
cuerpo, la ropa quedo bañada en semen.
¿Quieres que te siga contando el resto? Lo haré en un próximo
relato. Mientras tanto sigue imaginando que tu eres uno de esos secuestradores.