Tempranos inicios lésbicos II
Después de colgar el teléfono me quedé recostada hasta que se
me llamó para la hora de la cena, mis padres y yo cenamos como de costumbre pero
en esta ocasión de vez en cuando me le quedaba mirando a Bernarda y pensando en
lo que está haría después de que se encerrara con Toña, de solo pensarlo pude
sentir como se humedecía mi entrepierna y se me aceleraba el pulso.
Terminando la cena me despedí de mis padres y subía a mi
habitación para darme un baño y por supuesto que me toqué como lo había hecho
con Lisa. Mis dedos se posaron sobre mis pétalos cerrados y lentamente comencé a
juguetear con ellos, levemente metía uno de mis dedos para poder tocar los
sensibles pliegues que hacían que me retorciera por el placer, mi clítoris por
ejemplo se erguía deliciosamente y al tocarlo una exquisita oleada me recorría
desde los pies hasta la cabeza. Ese baño duró más de lo normal pero fue en
verdad delicioso y excitante, alcancé un delicioso orgasmo que hizo que se me
escaparan apagados gemidos mientras me sujetaba con una mano de una de las
llaves de la regadera para no caer.
Salí desnuda del baño y después de secar mi cuerpo comencé a
ponerme la pijama de seda, pantalón y blusa. Después me acosté sin poder dormir
y sintiendo que la oscuridad me llamaba. Dejé pasar aproximadamente una hora y
luego me levanté, salí de mi cuarto procurando no hacer ruido y bajé las
escaleras, vi que aun había luz en la cocina y me asomé por el cristal de la
puerta. Bernarda estaba acomodando algunas cosas, se había quitado el delantal
blanco del uniforme y su vestido rojo no se amoldaba a su cuerpo como lo hacía
con el cinturón del delantal pero se veían claramente sus portentosas nalgas y
senos tratando de sobresalir del vestido.
Me fui a la sala y me senté en la oscuridad esperando a que
la luz de la cocina se apagara, pasaron todavía cerca de treinta minutos antes
de que esto sucediera, inmediatamente me volvía a asomar por la ventanilla de la
puerta y solo vi oscuridad. Me adentré en la cocina y caminé hasta la puerta que
conduce a las habitaciones de las criadas, pegué el oído para comprobar que no
había nadie por ahí cerca y luego de no escuchar nada lentamente abrí. Como de
costumbre las puertas de las diferentes habitaciones se encontraban abiertas y
la luz del interior alumbraba el pasillo. Despacio me dirigí hacia la puerta que
era la de Bernarda y traté de asomarme pero rápidamente corrí a esconderme en
otro de los cuartos vacíos pues una sombra salía de una de las habitaciones, era
Toña que salía de su cuarto para entrar en el de Bernarda. La seguí con la
mirada hasta que se perdió en el interior de la habitación y luego lentamente
salí de mi escondite para poder mirar.
Toña acababa de bañarse y traía solo una toalla enredada al
cuerpo, se sentó en la cama a mirar la televisión pues por lo que pude escuchar
Bernarda se estaba bañando, pasaron unos diez minutos y la chica salió, alcancé
a ver como Toña se ponía de pie y pero no se escucharon voces, despacio me
introduje en el pasillo y me asomé. Las dos mujeres se encontraban parada y
enfrascadas en un prolongado beso, Bernarda completamente desnuda dejaba
apreciar ese gran trasero, las manos de Toña no dejaron mucho tiempo libres las
nalgas y comenzaron a amasarlas con delicadeza. Bernarda buscó la orilla de la
toalla de Toña y la dejó caer al suelo. Sus senos desnudos se unieron y así
permanecieron por largos minutos hasta que Toña comenzó a empujar a su compañera
contra la cama, lentamente ambas mujeres fueron quedando recostadas, Toña sobre
la hermosa Bernarda y se perdieron en un sin fin de caricias y besos, cosa que a
mi me tenía a mil y mi entrepierna ya comenzaba a escurrir un leve hilillo de
humedad que pronto se impregno en la seda color rosa dejando esa parte más
visible. No perdía detalle de lo que sucedía en la cama y estaba encantada con
los cuerpos de las sirvientas restregándose entre sí cuando de pronto Bernarda
levantó la cabeza y lo primero que vio fue a la hija de su patrona medio
escondida en la entrada de su habitación.
¡Señorita Ilse! – Dijo sorprendida y tratando de
levantarse.
¿Qué? – alcanzó a preguntarle Toña.
Me asusté por ser descubierta y me giré, detrás de mi escuche
a Bernarda levantándose con gran velocidad y corriendo detrás de mí.
Espere, espere señorita… No piense mal… es… es qué…
No digas nada, lo sé todo…
No le vaya a decir a sus papás señorita.
No lo haré… solo qué…
Pídame lo que quiera, de veras si puedo se lo doy.
No le contesté simplemente me paré frente de ella y sin más
deposité un beso en sus labios, un beso justo como se lo había dado a mi amiga
Lisa. Bernarda atónita se dejó besar y después de que me separé de ella me
sujetó por la mano antes de que me pudiera retirar.
¿Le gustaría?
Dije sí solo moviendo la cabeza, entonces Bernarda tomó mis
manos y me las colocó sobre sus tetas.
¿Te gustan?
¡Sí! – murmure tímidamente
Acarícialas.
Moví lentamente mis manos sobre ese par de firmes senos
sintiendo su textura y dureza, sus pezones estaban erectos al máximo y eran muy
oscuros. Estuve así varios minutos hasta que ella se separó de mí y tomándome de
la mano me jaló hasta su habitación, ahí estaba Toña nuevamente con su toalla
puesta y visiblemente nerviosa. Bernarda me colocó en frente de ella y sin decir
palabra jaló su toalla, dos generosos senos aunque no tan firmes como los suyos
quedaron frente a mí. Su aureola era grande y oscura y al centro sus pezones
gordos y largos me apuntaban, los tomé delicadamente y Toña sorprendida dio un
paso atrás. Se los agarré y con ansiedad los estrujé con delicadeza, poco a poco
sus pezones se pusieron más duros aun.
¡Chúpalo! – ordenó Bernarda.
Acerqué mi cara y abriendo mi boca metí ese delicioso pezón
dentro de ella, lo saboree en mis labios y lo besaba con ternura.
¡Usa tu lengua… chúpalo como si fuera un helado! – dijo
Toña.
Hice caso a sus instrucciones y pronto comencé a disfrutar de
esa delicada y exótica fruta que se me ofrecía. Sentí como Bernarda me pegaba
sus senos en la espalda y comenzaba a desabotonar la blusa de mi pijama de seda,
no me la quitó sino que metió sus manos acariciando mí estomago y comenzó a
besarme suavemente la nuca; la piel se me erizó inmediatamente y gemí pero sin
soltar el pezón que estaba en mi boca. Las manos de la sirvienta subieron
lentamente y pronto se apoderó de mis senos que aunque no tan grandes como los
suyos ya tenían un buen tamaño. Sus caricias eran suaves y abarcaban toda la
superficie de mis montecillos, el pezón estaba tan rígido que me dolía, pero un
dolor mezclado con un fantástico placer, cada roce de sus yemas hacía que desde
mis pezones se regara en mi cuerpo completo una deliciosa y cálida sensación.
Por fin me separé de los senos de Toña y ella sujetándome por
las mejillas me dijo:
¡Eres tan caliente como tu madre pequeña!
¿Cómo? – pregunte perpleja.
Luego te contaré por ahora disfrútalo.
No me dejó decir nada más me besó, pero este era un beso
diferente, uno que nunca había imaginado pues su lengua me penetró en la boca y
casi de inmediato buscó mi lengua para enredarla junto con la suya, esta
sensación y el aroma de su aliento en mi aliento me hizo abandonarme a la madura
mujer. Ella fue dueña de mi boca por interminables minutos.
Sentí que Bernarda se separaba de mí cuerpo y unos instantes
después Toña, la mujer puso sus manos sobre mis hombros y con suma delicadeza
fue jalando hacía atrás mi pijama, mi piel se fue mostrando y poco a poco la
prenda se deslizó hasta caer al suelo, mi torso completamente desnudo mostraba
orgullosamente mis senos erguidos y sus pezones puntiagudos apuntando a Toña,
ella se inclinó un poco y acarició cada una de mis tetas para luego chuparlas
con delicadeza.
¡Qué bonito tesoro tienes mi niña!
Colocándose detrás de mí y sujetando mis hombros con ambas
manos Toña me giró y pude ver que Bernarda se encontraba tendida en la cama con
las piernas abiertas y mostrando impúdicamente sus labios vaginales abiertos de
par en par, una rosada cavidad se asomaba y algo de humedad reflejaba algunos
destellos apagados, sobre sus labios una bella mata de vellos oscuros como la
noche se rizaban unos sobre otros. Toña me guió o más bien me empujó hasta que
quedé sobre el cuerpo de Bernarda, cara a cara, pude sentir sus vellos picando
mi entrepierna aun pelona y sus senos restregándose junto con los míos. Bernarda
me besó en la misma forma como lo había hecho Toña y yo inmediatamente le
respondí entregándole mi lengua sedienta por probar su saliva sus manos rodearon
mis espalda y descendieron sin prisa hasta mis nalgas, las amasó y apretó con
delicadeza mientras que yo no sabía que hacer con mis propias manos hasta que al
fin estás pararon en su cabellera.
Toña hincándose a un lado de nosotras se agachó y comenzó a
besar mi espalda y fue bajando lentamente hasta llegar a mis nalgas, las besó y
mimó dulcemente hasta que las dejó para seguir con mis muslos y pantorrillas, mi
cuerpo se movía lentamente en un suave vaivén a ritmo con el cuerpo de Bernarda,
nuestros sexos se restregaban así uno a uno y no fue mucho el tiempo
transcurrido el que pasó cuando comencé a sentir un delicioso y pausado orgasmo
que tensó mi cuerpo con exquisita delicadeza. Bernarda al mismo tiempo se venía
junto con migo.
Toña dejó que ambas descansáramos unos minutos y luego ella
se recostó en la cama, Bernarda se recostó entra las piernas de la mujer y me
hizo colocar a un lado de ella.
¡Observa y no pierdas detalle!
Con sus dedos Bernarda separó los labios vaginales de Toña y
dio una primera lengüeteada a la panocha de la mujer, luego su lengua comenzó a
recorrer con lentitud los pliegues de cada milímetro de esa húmeda cueva que se
le ofrecía, sus labios atrapaban los labios vaginales de esa panocha. Pronto
parecía que ella se la quería comer completa pues su boca se pegaba
completamente a esa antojable hendidura. Luego de unos minutos ella se levantó
con el rostro humedecido por los jugos y me hizo una seña cediéndome el sitio.
Me acomodé y el rico aroma de esa vulva me pegó directamente en la cara, me
agaché y justo cómo lo vi hacer a Bernarda le pasé mi lengua desde abajo hasta
el inicio de la panocha. Su sabor era deliciosamente embriagador y entre agrio y
dulce, una mezcla difícil de explicar. Ya no paré y siguiendo las instrucciones
de Bernarda logré hacer llegar a Toña a su orgasmo, sus jugos los bebí sin
descanso.
Las cosas cambiaron pues ahora Toña me hizo recostarme en la
cama, me quitó los pantalones y entre ambas me acariciaron completamente todo el
cuerpo, me besaron la boca y me chuparon las tetas, no hubo un rincón de mí que
no recorrieran, luego Toña me pidió que abriera las piernas y así lo hice.
Bernarda se acomodó entonces entre mis piernas y sentí la primera lengüetada que
me dio como el presagio de algo portentoso, mi cuerpo se crispó en seguida y
gemí. Bernarda no me dio tiempo a descanso y su lengua comenzó recorriendo mis
pequeños labios vaginales primero un lado y luego el otro para terminar
clavándose un poco en mi hendidura, Toña entre tanto me mamaba los senos uno a
uno y de vez en vez me besaba los labios. Yo respiraba con suma dificultad y
sentía mi pecho querer explotar de tanta excitación.
La experta lengua de Bernarda se apoderó al poco de mi
clítoris y fue entonces que le regale un orgasmo tras el otro, mis gritos y
gemidos eran ahogados por los labios y lengua de Toña pero mi cuerpo no dejaba
de convulsionarse en estertores involuntarios que esas fuertes y hasta hace poco
desconocidas sensaciones me producían, sudaba a mares y perdí la noción del
tiempo. Cuando pude darme cuenta de lo que había pasado estaba besándome con
Bernarda en la boca y las dos abrazadas. Toña nos dio un beso de buenas noches y
se retiró a su habitación. Bernarda y yo todavía estuvimos besándonos y
acariciándonos por largo rato hasta que nos quedamos profundamente dormidas.
CONTINUA