El patrón y yo
El sueño dorado de casi todas las empleadas es el del típico
final de novela mexicana, donde el dueño de casa las descubre, se enamoran ,se
casan y viven felices para siempre, pero a diferencia de ellas, yo me conformaba
con algo mas excitante y menos sufrido, soñaba con pasar una noche enredada en
las sabanas con el dueño de casa, pero quería que fuera en mi recamara.
Mi sexto sentido me decía que mi sueño no era un imposible,
soy una mujer joven y bien parecida y cada vez que él estaba cerca de mí, podía
sentir su mirada libidinosa clavada en mis muslos generosos, cuando me hablaba
para pedirme algún servicio, sus ojos me dejaban saber el deseo que sentía por
mí, por eso, aquella noche cuando entro a mi cuarto, no me pareció tan raro.
Llego presuroso y jadeando, me contó que se había escabullido
en las penumbras de la noche, entre el jardín, para no ser sorprendido por su
esposa, traía una botella de vino y sin diplomacias, me declaro a lo que venia,
y como no soy celosa, accedí sin problema.
La situación era fantástica, por fin podía cumplir mi
fantasía erótica y estrenar mi camisón rojo italiano, le sugerí ponerse cómodo y
le preste mi bata, hablamos, bebimos, bailamos y reímos como niños, el señor
estaba complacido con mis atributos y no dejaba de elogiar el tamaño de mis
glúteos bien repuestos, súbitamente me beso ardientemente.
Sentí su lengua incursionar en mi boca buscando la mía y el
calor de su aliento me estremeció, cada poro de mi piel se estimulaba saboreando
sus labios suaves y carnosos y la cadencia de sus besos encendió mis deseos, mis
manos se aferraron a su espalda amplia y varonil y mi olfato se deleitaba
disfrutando el éxtasis de su olor a hombre, poco a poco comencé a sentir mis
fluidos desencajarse de mi sexo y salir presurosos a preparar mis cavidades para
recibir a mi invitado.
El señor aumento el calor de los besos y su lengua recorrió
mi cuello, decidí acomodarnos en mi cama, le saque la bata y lo observe desnudo,
su cuerpo lucia majestuoso, su vientre plano y su pecho marcado me volvían loca,
pero lejos lo más maravilloso, era su sexo, magno y bien dotado, arrodillados en
la cama me desnude para él y sus pupilas delataron el gusto que le dio ver mis
pechos apuntándolo, mis ojos se maravillaron al advertir el latido de su sexo
deseando poseerme, lamí cada centímetro de su cuerpo perfecto y sabroso y
succione demencialmente su intimidad queriendo dejarlo seco, mis manos tomaron
sus testículos tímidos y retraídos, y mi boca también quiso probar de su sabor,
mi lengua recorría cada pliegue de sus partes intimas y lo veía estremecerse
disfrutando, respiraba el aire que brotaba de sus poros abiertos y sudorosos y
saboreaba el sabor delicioso de los jugos que brotaban de su sexo, extasiada y
chorreando pasión desde mi interior, me apoderaba del tesoro mas preciado de mi
patrona, mientras sentía sus dedos incursionando en mis cavidades y entrando
impúdicamente dentro de mí, sin siquiera pedir autorización.
Gemí y goce cada segundo que mi lengua acaricio
meticulosamente todo su poder y agradecí a cada uno de los cinco dedos, de su
mano, que me regalaban espasmos intensos y vívidos, aquel hombre estaba
maravillado y lleno de mí, desde su pubis hasta su ano; mí boca hacia tan bien
su trabajo que pronto lo sentí explotar, tiro de mí pelo con fuerza y regó mi
cara y mis pechos con toda su miel, yo agradecí su gesto y me revolqué en su
mar.
Sabía que todavía estaba prendida y continuo sus movimientos
circulares con sus dedos en mis cavidades y luego su lengua abrió paso entre mis
labios íntimos jugando con mi clítoris duro y deseoso de pasión, estaba
recostada con su cara totalmente perdida entre mis piernas y sus manos apretando
con fuerza mis pechos calientes y duros como una roca, me daban tanto placer que
solo podía gemir tan fuerte como mi alma me lo pedía, era un experto con su
lengua, casi me logra hacer tocar el cielo con su calor, pero me sorprendió
recuperado y listo para clavarse en mis entrañas, arquee mis piernas lo mas que
pude y lo invite a domarme, lo sentí entrar en mi intimidad y apreté mis
cavidades para que sintiera todo mi calor, puse una almohada bajo mi cóccix para
ayudar en la entrada y sentir la profundidad de sus deseos y cual león feroz me
penetro salvajemente con un ritmo nunca antes sentido por mi cuerpo, me
encontraba sudada y consternada, sintiendo la majestuosidad de aquel amante
perfecto.
Sus empujones eran increíbles, ideales para el momento y
cargados de un salvajismo que me hacia sentir una hembra devorada por su macho
cabrio, gemimos juntos una y otra vez y su boca succionaba mis pezones de forma
brutal, mis manos ciegas buscaron sus testículos tímidos para darles una mano de
atención, contamos los movimientos y recuerdo que fueron mas de mil, me tomo por
detrás y entro como un toro salvaje en mi ano y creí que moriría del dolor, pero
sentí el placer de sus bramidos en mi oído y sus palabras de agradecimiento y el
placer de la situación volvió de inmediato, lentamente fue aumentando su
cadencia hasta llegar a ser frenética, estaba exhausta, sus manos se
posesionaban de mi clítoris y su virilidad desvirginaba mis partes prohibidas,
pero el goce era suculento y la pasión mayor, estaba lista para tocar el cielo y
él junto conmigo, entonces al unísono y sin ponernos de acuerdo, nos imbuimos en
una contracción intensa y majestuosa y volví a ver su néctar regado por mi
cuerpo, mientras todos mis fluidos mojaban sus piernas.
Quedamos exhaustos en la cama y fumamos un par de
cigarrillos, antes del amanecer volvió a su cuarto y cuando lo vi en la tarde,
me agradeció por mi servicio.
Ahora, en las noches de luna llena lo espero nerviosa, mi
lencería aumento y la imaginación me permite ser una empleada eficiente, feliz
de trabajar en su casa y dispuesta a ser para todo servicio.