En la primera parte, que les sugiero leer primero, el Sr. Q. me viola cuando
acudo donde él para pedirle trabajo, yo debo quedarme callada debido a las
muchas deudas que tiene mi marido y que el Sr. Q. como distinguido abogado se
encarga de cobrar. Al llegar a la casa debo “compartir” la violación con mi
marido para no volverme loca.
Al terminar de follarme, Q. se retira
satisfecho y mira orgulloso como mi conchita exuda su abundante leche. Saca una
cámara fotográfica del cajón de su escritorio y toma un acercamiento de su obra.

Atontada aún me subí la tanguita, la que
gracias a Dios conservaba aún el protector diario, así evitaría que su semen
escurriera por mis piernas al caminar.
Q. hablaba por teléfono con Juan Carlos,
explicándole que muy temprano pasaría un vehículo a buscarlo para su nuevo
trabajo y otros detalles referentes a documentos para paralizar las cobranzas de
las deudas y acerca del dinero que nos prestaría. Al ver que me retiraba me
lanzó un chao Marcia, nos vemos mañana a las nueve para que comiences tu
trabajo, no le respondí.
Aún era temprano pero decidí irme a la
casa. Mientras iba de pie en el abarrotado metro noté la mirada de descarada de
muchos hombres sobre mí, sentía como que todos sabían que me acaban de follar ya
dos veces en el lapso de una hora, y que además, eran hombres distintos. El tipo
que estaba sentado frente a mí quedaba demasiado cerca de mi conchita para mi
gusto, seguro percibía mi olor a sexo. El muy cerdo cerraba los ojos y aspiraba
lenta pero profundamente poniendo cara de deleite, luego me miraba desde abajo
con una cara que decía claramente, “quiero cogerte puta”. Traté de apartarme
pero lo atestado del metro me lo impedía, cerré los ojos y me tragué mi
vergüenza.
Al llegar a la casa Juan Carlos me
esperaba aún desnudo, muy ansioso y contento.
Marcia mi amor, eres un genio, no sólo
conseguiste trabajo para ambos, sino que también lograste que no nos quitaran
nuestra casa y las cosas y que yo no fuera a la cárcel, eres súper, no se como
agradecértelo, ¿cómo lo hiciste?
Me limité a sonreír, ¿qué sentido tenía
explicarle?, ¿cómo podría explicarle lo sucedido?
Me zampó un beso, su lengua jugaba dentro
de mi boca. Con culpa recordé que hace muy poco yo había besado a mi violador
dándole las gracias como una tonta por la buena cogida que me había dado. Con
morbo recordé lo sucedido, como estando Juan Carlos al otro lado de la línea yo
podría haber gritado o reclamado para evitar que Q. mi violara, recordé sus
manos acariciando mis senos como lo hacía Juan Carlos en ese momento, las manos
de Juan Carlos bajaron hacia mis piernas y en mi cabeza eran las manos de Q. que
bajaban mientras yo no hacía nada por evitarlo.
Juan Carlos me tocó la conchita por encima
de mi tanga; mmm, que caliente que estas. Me aparté, no quería que tocará mi
conchita o se daría cuenta de lo mojada que estaba. Me debes algo le susurré al
oído, se echó sobre la cama mostrando orgulloso su pene erecto.
Me arrodillé entre sus piernas como
pidiéndole perdón, acaricié su pene con mi lengua sin mirarlo a los ojos como
solía hacerlo, me daba vergüenza lo sucedido. Su verga tenía un gusto más fuerte
de lo normal y estaba como pegajoso, recordé que me había follado en la mañana
dejándome sin acabar. Si no lo hubiera echo, o si yo no me hubiera quedado tan
caliente, o incluso si hubiera tenido la precaución de lavarme después de que
Juan Carlos me la llenó con su leche, entonces mi conchita no hubiera estado tan
mojada, Q. no se hubiera equivocado pensando que su actitud me excitaba cuando
sus dedos descubrirán mi conchita tan mojada, tampoco su gran verga se hubiera
introducido en mi con tanta facilidad.
Me sentía culpable, culpable de no haber
podido evitarlo, culpable de haber tenido un orgasmo, culpable de haberlo besado
después. Trataba de expiar mi culpa dándole la mejor mamada de su vida a mi
marido, le limpiaba el ojete de su miembro con la punta de mi lenguita, me lo
metía en la boca hasta tocar mi garganta y donde las arcadas no me dejaban
seguir, se lo lamía como si fuera un rico helado, me comía a besos sus bolas
mientras mi dedo exploraba su ano, incluso le lamía esa sensible zona que va
desde donde terminan los testículos hasta su ano. Necesitaba imperiosamente
expiar mi culpa.

Juan Carlos estaba en la gloria, sin
embargo, mi mente no lograba alejarse de lo pasado, veía su pene y recordaba la
gran verga de Q. toda mojada con mis jugos y la leche de Juan Carlos. Besaba su
glande y me imaginaba como sería besar el glande de Q., ¿me cabría en la boca?,
¿podría chuparselo como se lo chupo a Juan Carlos?, ¿me obligaría a hacerlo?.
Escuchaba los gemidos de placer de Juan Carlos y recordé que Q. me había follado
en silencio. Recordé también la gran cantidad de leche con que Q. había llenado
mi vagina, lo caliente y rica que se sentía dentro mio, y como ésta escurría
entre mis labios cuando Q. me había fotografiado. Realmente Q. arrojaba
bastante leche, ¿querría terminar en mi boca?, ¿le gustaría que me la tragara
directamente o como Juan Carlos preferiría que le mostrara mi boquita llena y
que nos besáramos antes de beberla?, ¿podría realmente tragarla?, ¿qué gusto
tendría?.
Realmente esto no estaba funcionando,
necesitaba sacar a Q. de mi mente, necesitaba exorcizarlo de mi cuerpo.
Necesitaba que mi vagina olvidara que había sido tocada por esa varita mágica
que llenaba todos mis pliegues y todos mis rincones. Era necesario que hasta la
última gota de leche de Q. abandonara el cálido refugio de mi conchita.
Decidida a lograrlo me desvestí
completamente. Mi conchita era una sopa mixta de mis jugos, los de Juan Carlos y
los de Q. No me importó. Como una gata en celo me deslice sobre Juan Carlos
hasta poner mi vagina en su boca. El trato de protestar, !estas muy mojada!. Si
mi amor, estoy muy mojada, me pone muy caliente chupártelo, además, acuérdate
que tu terminaste en la mañana y yo no, me la debes. Juan Carlos asintió y yo
seguí con mi cantilena me has tenido toda la mañana saboreando este momento.
quiero que me la chupes hasta hacerme acabar, quiero que tu lengua me recorra
entera, quiero que tu boquita beba todos nuestros jugos, !los tuyos y los mios!.
Si te portas bien y te tomas toda tu lechecita, como niño bueno, te daré un
premio. Ambos sabíamos que premio quería él, mi culito seguía siendo virgen pese
a los años de matrimonio.

La lengua de Juan Carlos comenzó a lamerme
entera, en cada lamida su lengua llevaba hacia su boca parte de mi flujo, y con
el la leche de Q., Juan Carlos se relamía de gusto por el abundante flujo y
tragaba sin darse cuenta de mi engaño. Extrañamente me sentí aliviada, Juan
Carlos sin darse cuenta y sin poder oponerse estaba siendo violado por Q. Creo
que lo más difícil de aceptar para un hombre en caso de una violación es tener
que someterse a que otro hombre, más macho que él, con la verga más grande, más
gruesa, lo obligue a hacerle una felación y luego tener que tragarse su leche.
Ignorante de todo, Juan Carlos me estaba dando una excelente chupada, su lengua
se afanaba por alcanzar todos mis rincones, me deje llevar, comencé a disfrutar
cada lamida, cada roce de su lengua con mi clítoris me encendía, como un juego
comencé a gemir y a estimularlo con frases como, !que rico papito!, !chúpame
así!, !más, más!, era yo quien controlaba todo, mis caderas comenzaron a
moverse, me estaba follando la boca de Juan Carlos!!!, cerré los ojos e imagine
que yo era Q., que me violaba a Juan Carlos por su boca, me vagina chocaba
contra su boca y era como si la verga de Q. se introdujera en su boca, una y
otra vez, como me habían dado a mi por la conchita yo le daba a Juan Carlos por
la boca. Termine gozando como una cerda, en un orgasmo intenso y ruidoso.
haaaaaaaayyyyyyyy.
Me dejé caer hacia un lado, temblaba
entera, traté de ponerme en 4 patas como una perrita para que Juan Carlos
cobrara su premio, si alguien me iba a desvirgar el culo que al menos fuera mi
marido. Pero mis manos no tenían fuerza, sólo logré incorporarme sobre mis
rodillas y afirmé mi torso en la cama, de esa manera estaba a su disposición,
podía cumplir al fin su sueño de darme por el culo, estaba tan entregada que no
podía oponerme de ninguna manera. Él no estaba para cosas suaves ni dilatar
nada, me metió su verga de un golpe en la vagina y comenzó a darme bien duro,
cómo a mi me gusta, rápidamente tuve un nuevo orgasmo, luego me dormí o me
desmayé, mientras el me seguía cogiendo muy rico. Cuando desperté ambos
dormíamos desnudos y abrazados. Era recién mediodía, pensé en levantarme pero
que caso tenía, mejor descansaba, Q. ya me había advertido que al día siguiente
tendría un día de mucho trabajo.
Próximo Capitulo: El peor enemigo de Juan
Carlos y como subastan mi culito virgen.