Al verte, ahí, acostada, en tus sueños íntimos, junto a mi,
cual ángel entre los suaves algodones, blancos, ver tu cuerpo, cubierto por la
fina capa de seda transparente, hace que despierte el deseo, el cual enciende el
fuego en mi sangre y hace latir con fuerza mi corazón que lleva por las venas el
flujo ardiente, de lava, por todo mi cuerpo, encendiendo cada célula.
Mis manos con deseo innato, se acercan a ti, para descubrir
tu cuerpo, sintiendo la calidez y suavidad de tu piel. Mis dedos se entrelazan
al recorrer tu suave cabellera, mis boca, busca tu nuca, juego con los lóbulos
de tu oreja, mordisqueándolos, luego me dirijo a besar tus rosados tiernos,
calidos y húmedos labios y un beso funde nuestras bocas.
No se si despiertas o aun duermes, pero tu cuerpo reacciona
encendido, se siente bajo tu piel, como la temperatura de tu sangre calienta
cada célula de bello cuerpo, tu corazón late rápido, llevando ese rió de lava
que arde hasta lo ultimo de ti. Te das vuelta, mis manos sobre tus hombros, te
beso, me besas adormitada, mis manos bajan, apartando la fina seda que te cubre,
dejando al descubierto tus prominentes formas redondas, firmes, duras, con esos
pezones rosados hinchados por el fuego que te recorre. , mis manos se deleitan
al sentir sus formas, al apretarlos, mis dedos juegan con los pezones duros,
como queriendo extraer el rico néctar.
Mi boca instintivamente busca rozar con la punta de la lengua
tus rasados pezones, mis labios se junta para probar tal exquisitez rosada, tu
gimes y mueves tu cuerpo. Tu corazón se acelera y tu piel se vuelve mas rosada.
Mis manos y boca bajan a tu vientre plano, juegan haciéndote
cosquillas. Mi lengua juguetona se pierde en tu ombligo, ríes suavemente y
gimes. Una de mis manos entonces, baja por tu vientre, buscando el comienzo de
tu monte, el cual custodia, la entrada de tu túnel de amor. Un dedo se desliza
sigilosamente, hasta encontrar las dos paredes, rosadas he hinchadas, que
guardan la entrada, logra separar las paredes y entra a tu abertura, te mueves,
aceptando la visitante. Se siente la húmeda ardiente de su interior y como las
paredes se preparan para recibir algo mayor. Tu cuerpo tiembla Y gimes. Tu
respiración se acelera.
Abres mas tus piernas, mi cabeza baja a la entrada de tu
túnel de amor, húmedo, ardiente, rosado, tú néctar fluye de tu interior, se hace
agua mi boca, por probar tal néctar de diosa. Mi lengua empieza a recorrer sus
labios, los separa, tímidamente se introduce en su interior, busca luego como
por instinto ese capullito, rosado, dulce como confite, que desea un niño, para
lamerlo, para chuparlo, hasta que se deshace en el paladar. Tú gimes, dices
cosas indecibles, te mueves como si una corriente eléctrica recorriera tu
cuerpo. Tus piernas tiemblan.
Ahora tu cuerpo pide ser explorado en tu interior, a través
de tu túnel de amor. Mi cuerpo desea complacerte y explorar hasta la ultima
célula de tu ser. Tu túnel invita a ser la entrada para explorarte, no rechazo
tal invitación, mis manos, mi boca, mi miembro arden de deseo por comenzar la
exploración. Mi boca se acerca otra vez a tu entrada, se deleita en tus jugos,
tu gimes, levantas tu cuerpo arqueándote, mis manos suben buscando tus pechos
los aprisiona, mientras mi boca disfruta de su dulce confite rosado.
Ahora mi cuerpo tiembla de deseo, el fuego me consume los
ríos de lava ardiente se concentran en mi bajo vientre hinchando mi miembro,
sintiendo los latidos del corazón en su dura cabeza. Mi miembro desea comenzar a
explorar, abrir la abertura de tal deseado túnel, ser aprisionado por las
paredes y llenar su interior con cada centímetro.
Me acomodo sobre ti, tomo tus piernas las separo un poco,
coloco tus pies sobre mis hombros, mi miembro duro como mástil, hambriento de
deseo como león palpita fuerte, buscando la ruta de entrada a tu túnel. Una de
mis manos lo dirige hacia ahí, a tu abertura candente, que rico es sentir tus
labios y como se desliza mi miembro abriéndose camino a tu interior, gimes
indeciblemente, suavemente emites quejidos.
Mi miembro siente como es aprisionado por las paredes de tu
interior, atrapándolo, no dejándolo escapar, como deseando tenerlo siempre ahí.
Comienzo a mover mis cadera, comienzo a explórate, a entrar y salir con suavidad
al principio, pero el movimiento de tu cuerpo, hace incrementar al velocidad,
jadeo, gimes, te revuelves entre las sabanas de algodón, nuestros cuerpos
transpiran y arden de pasión. Tus paredes me aprietan más y mas, se siente que
tus ríos de lava quieren salir, desean explotar.
Tu gimes, jadeamos, sudorosos, te contorneas, dices cosas
indecibles, arqueas tu cuerpo, explotas y aprietas mi miembro no queriendo
soltarlo. Gritas, tu corazón acelerado y tu respiración exasperada. Te dejas
caer sobre el suave algodón.
Salgo del interior de tu túnel, sudoroso, mi manos
temblorosas, nuestras bocas se funden en un beso, tu pides mas.
Te doy vuelta, ahora mis manos, recorren tu nuca y espalda,
mis labios, recorren con la lengua, tu columna, gimes, mis manos se detienen en
tus firmes y carnosos glúteos, ese par suave de carne, que se levantan cual
firmes guardianes de tu entrada trasera.
Mis dientes los mordisquean suavemente, mis manos los separan
dejando ver el fino hilo que los separa y que se dirige a tu entrada trasera.
Dejo escarpar de mi boca un chorrito de saliva que se desliza
por el fino canal, hasta llegar a tu entrada estrecha, te mueves, levantas tu
cadera, lo cual permite poder abrir más tus piernas y separar tus glúteos aun
más.
Alcanzo una almohada y la coloco bajo tu vientre, lo cual
permite ver mejor, tu rosada, chica y algo arrugadita entrada aun no abierta. Mi
miembro palpita desesperado con fuerza, con leve dolor, por la presión de los
ríos de lava que lo endurecen más.
Uno de mis dedos se humedece en tu túnel de amor con tus
jugos, se dirige a tu entrada estrecha, gimes, se resiste a recibir al huésped
extraño, pero aun así se abre paso, y se siente lo estrecho de tal entrada.
Luego se une otro a su misión y se siente algo mas relajado, pides que tenga
cuidado. Otro chorrito de saliva humedece tu entrada.
Ahora mi miembro con su cabeza hinchada y dura como mástil,
quiere ser la llave que abra tal angosta entrada. Una de mis manos lo dirige a
la entrada, su cabeza rosa entrada, esta se estrecha más, un leve empuje, gimes,
muerdes la sabana. Se siente la resistencia para dejar pasar, pero sede un poco
y dentro. Gritas y gimes.
Mientras siento como la cabeza de mi miembro es aprisionada y
apretada por un anillo, que lo ahoga, se siente como si toda la sangre ardiente
fluyera hacia la cabeza de mi miembro. Por unos segundos estoy ahí quieto, luego
empujo un poco mas, el anillo sede, se relaja, tu gimes, un pequeño lloro sale
de ti. Me muevo un poco mas hacia dentro, es una sensación única, una estreches,
un roce con cada pared.
Comienzo a entrar y salir despacio, pero firme y duro., tu
espalda se arquea, entro un poco mas de mi miembro al interior de tal rica
entrada., te tomo de tus caderas, comenzamos el balanceo de nuestros cuerpos. Mi
miembro se deleita en ser el primero en abrir tu puerta trasera. Por fin
introduzco hasta el último centímetro de mi miembro, comienzo a salir y entrar
con suavidad pero con más fuerza, tus caderas siguen el ritmo, cada vez siento
como las paredes me aprietan más, tú gimes, gritas desesperada. Gimes
indeciblemente, me aprietas mi miembro como no queriendo soltarlo. Jadeo, gimo,
un dolor, me cunde, quiero explotar y derramar, empujo con mas fuerza, mas
profundo, mmmmmm, exploto cual volcán. Siento como un chorro de lava sale de la
cabeza de mi miembro y se riega por todas tu paredes. No deseo salir de ahí, la
paredes de tu entrada palpitan y aprietan aun mi miembro. Sudorosos, fundidos en
cada célula, logro moverme un poco más en suave vaivén, salgo de tu interior,
veo la entrada estrecha, cerrándose tristemente, como quien ha dejado ir a su
amado. Nos dejamos caer, nos fundimos en un beso, un abrazo. Acaricio tu bello
cuerpo, volvemos a dormir en nuestros íntimos sueños.