JUGANDO CON MI HERMANITA
( PRIMERA PARTE )
Con 18 años, mi cuerpo estaba experimentando un sin fin de
sensaciones nuevas. Me costaba mucho achuntarle a la taza del baño en las
mañanas al tener mi pene completamente duro, y por nada se ponía así. La
atracción por el sexo opuesto, comenzó a ser cada vez más grande. Me fijaba en
las grandes pechugas de la señora de la verdulería, en el tremendo culo de la
vecina del lado, en fin cualquier mujer con grandes atributos, despertaba en mí
inmediatamente mi virilidad. Incluso al conversar con mi madre, mientras esta se
cambiaba ropa, comenzó a ser un hábito.
Fue así como una noche viendo televisión en mi cuarto, con la
luz apagada, echado de boca, vi una escena donde un hombre espiaba a una mujer
cambiarse ropa y tal cual como el hombre sentía al verla, la misma excitación
recorrió mi cuerpo. Mi pene completamente duro, bajo mi cuerpo y con movimientos
de mi pelvis haciendo fricción contra la cama, comencé a sentir un suave
cosquilleo, muy rico, que cada vez fue en aumento, hasta que sentí que mi
primera eyaculación, había llegado.
Desde ese día, mis masturbaciones eran muy frecuentes,
imaginándome que hacía el amor con las mujeres que salían en revistas de ropa
interior, con la mamá de Pedro, con la hija de doña Josefa etc. Cualquier mujer
era apta para mi imaginación y mis diarias masturbaciones, a veces 4 o 5 veces
en un día fácilmente.
Poco a poco me hice un experto en el tema, haciéndolo con mi
almohada incluso una vez con una muñeca grande de trapo que tiene mi hermana.
Pero un día, en que estábamos solos en casa al cuidado de una vecina y sus hijos
de nuestra misma edad, comenzamos a jugar a las escondidas. Inocentemente
arranqué hasta el cuarto de mis padres, seguido de mi hermana y la vecina. Yo me
escondí dentro del armario, mientras mi hermana lo hizo en la tina del baño de
ellos. La vecina de la misma edad de mi hermana, trató de esconderse
bajo la cama de mis padres, pero al darse cuenta que la cama llegaba hasta el
piso, abrió el armario y se escondió conmigo. En un principio, yo, tonto, le
dije que no cabía, pero al sentir que Toño ya salía a buscarnos, entró de todas
maneras al armario, quedando completamente apretados. Se acomodó para poder ver
a través de la rendija del armario, dejándome todo su inocente trasero pegado
completamente a mi pene. No paso ni un minuto, cuando mi pene estaba
completamente parado, sintiendo la presión del culito de mi vecina. Disimulando
que yo también quería ver por la rendija, me apoyaba mas contra ella, moviéndome
de una lado a otro para sentir ese cuerpo femenino rozarse conmigo.
Estaba gozando esa sensación cunado Toño entra a la pieza.
Primero se fue al baño y pillo a mi hermana. Mientras corrían hasta el lugar
donde se contaba, mi vecinita, abre la puerta del armario, y se va a esconder al
cuarto de baño, donde ya toño había revisado.
Toño entra a otro cuarto, y mi vecina sale corriendo y libra
a todos nosotros, debiendo contar Toño, nuevamente. Nuevamente salimos a
escondernos y esperaba que Cony, mi vecina, se escondiera nuevamente conmigo,
pero no, corrió a esconderse a otro lugar. EN los juegos posteriores, buscaba
esconderme junto con ella pero no se dio la ocasión. Pero después que nuevamente
la contaba Toño, salgo corriendo tras de Cony y entra a la pieza de mis padres.
Le digo que nos escondamos el armario, pero ella prefiere esconderse en la tina.
Resignado corrí a esconderme en el armario y cual fue mi sorpresa al encontrarme
a mi hermana dentro de este. Tal cual como lo había echo con Cony, me metí al
fondo del armario, dejando a mi hermana al lado de la puerta. No era lo que yo
tenía pensado, pero al estar ahí con ella, con su cuerpo pegado al mío, no tuve
ningún problema en rozarme con ella. Al igual que Cony, mi hermanita miraba por
la rendija del armario y yo haciendo que también miraba me frotaba mas contra su
cuerpo.
Debo hacer notar que mi hermanita es mucho mas desarrollada
que Cony. Su trasero es más grande y a diferencia de Cony que no tenía nada de
pechos, mi hermanita, herencia de mi madre, ya estaba empezando a formar los de
ella. Además usaba un vestido muy delgadito, a diferencia de los Jeans de Cony,
que me hacían sentir mucho más. Esa tarde me escondí 3 veces con ella en el
armario y nunca fuimos descubiertos, ya que Toño era muy tonto para buscar y
Cony siempre nos libraba a todos.
Desde ese día comencé a poner más atención en mi hermanita.
Como a pesar de sus 18 años, ya se estaba formando como mujer. Tenía unas
bonitas piernas, un culo gordito y como mencioné sus pechos estaban más
desarrollados que el de sus amigas. Me gustaba verla salir del baño en toalla
hasta su cuarto, me imaginaba que la toallas e caía, o que estando solos nos
besábamos y la acariciaba por todas parte, lo que derivaba obviamente en una
buena paja.
Frecuentemente la estaba molestando para poder abrasarla y
frotarme con ella, cosa que ella también hacía , hasta que un día ocurrió algo
que cambiaría completamente nuestras vidas. Como de costumbre yo entraba a su
cuarto a molestarla y a quitarle algo, cosa que tratara de arrebatárselo,
oportunidad que yo aprovechaba de tocarla, a veces incluso acostados en la cama,
con ella arriba mió etc.
Pero esa tarde, ambos solos en casa, yo veía televisión en mi
cuarto, cuando entra ella. La noté un poco extraña, yo estaba haciendo mi tarea,
y ella me pide si le puedo prestar un lápiz rojo. Le dije que lo sacar de mi
estuche. Al sacarlo encontró una lápiz de mi padre y me dijo que ese era de
ella, yo le dije que no y como no me lo quería devolver comenzamos a forcejear.
Por lo general yo cuando andaba con ganas de frotarme con ella, disimuladamente
la botaba a la cama, pero esta vez, fue muy distinto casi sin empujarla mi
hermana cae a la cama. Metiéndose el lápiz tras su espalda. Ya con los apretones
que nos habíamos puesto de pie, yo ya me había excitado, y no era nada de malo
hacerlo un poquito más con ella en la cama, más teniendo el lápiz tras su
espalda, lo que casualmente me hacía tocarle el culo mientras trataba de
sacárselo.
Mi hermana con las piernas abiertas y yo entre ellas me
permitía tener un contacto pleno, con ella. No dejaba de moverme incluso a veces
pensando que se me estaba pasando la mano siendo muy descarado, pero la
sensación de rozar nuestros sexos, aun con ropa era divina.
Pero esa vez era distinto, su risa era distinta, la forma de
tratar de salirse de abajo mío, era como sin fuerza, como si no quisiera
salirse, además no se si era idea mía, o ella al igual que yo movía su pelvis
contra la mía.
Nunca había tenido a mi hermana en tan buena posición, y
cunado bajo sus manos hasta llegar a su trasero, las mías la siguieron y
quedaron aprisionadas por este. Mas raro me pareció cuando alcancé el lápiz y
ella en vez de volver a subir sus manos, las dejó ahí. Yo tampoco puse mucho
empeño en sacárselo, pero a las finales lo hice. Pero en vez de levantarme y
bajarme de la cama, solo me arrodille en esta y con mi lápiz en la mano le
volvía a repetir que era mío. Mi hermana en un rápido movimiento como yo
esperaba, me lo volvió a arrebatar y lo volvió a meter tras su espalda. En la
misma posición con sus piernas abiertas me volví a subir sobre ella,
arrebatándoselo por segunda vez, no sin antes frotarme bien con ella.
Nuevamente no salía de la cama y por tercera vez ella lo sacó
y lo metió tras su espalda. Esta vez mis movimientos ya eran mucho mas
descarados al darme cuenta que mi hermana no se movía, incluso como invitándome
a frotarme con ella. Esta vez, con el lápiz en mis manos y las de ellas también
en este, le empujaba su culo hacia mí, y ella cada vez con una risa más
distinta, también lo levantaba, haciendo que nuestro contacto fuera más pleno.
Mi pene estaba durísimo y esa rica cosquilla, la sentía desde
hace rato, fomentada por el contacto de mi hermana. Hasta que me di cuenta que
mi hermana estaba moviéndose más y más fuerte, haciéndome sentir muy rico, con
sus ojos cerrados y su pelvis que se rozaba descaradamente con la mía.
Yo no aguanté más. Sentí como mi eyaculación venía en camino
y soltando el lápiz y agarrándola del culo y atrayéndola hacia mí, comencé a
acabar, al mismo tiempo que mi hermana me abrazaba fuertemente y me apoyaba
completamente su virgen sexo, contra el mió.
Me bajé de ella, con el lápiz en la mano, diciéndole
tontamente que el lápiz era mió. Mi hermana me miró la parte de abajo del
pantalón, donde una abundante mancha de semen acusaba mi eyaculación.