9-enero-07
MARINA
Hacía pocos meses que me había casado y que vivía en el piso
de mi marido. El piso es un ático y está en una buena zona de la ciudad, en un
edificio de lujo. La verdad es que es genial vivir aquí y la única pega que le
ponía antes era nuestra vecina.
Se llama Marina, tiene una edad indefinida que calculo
rondará los 35, pero su aspecto es el de una chica más joven debido a su cuerpo
de jovencita en desarrollo, su carácter descarado y su forma de vestir, siempre
a la última. Cuando le miras a los ojos es al contrario, da la impresión de
tener una experiencia infinita y saber mucho sobre cualquier cosa. La cuestión
es que mi vecina tiene una ajetreada vida social y la semana que no celebra un
par de fiestas es porque está de viaje. Además, se relaciona con todo tipo de
gente, incluida la "poco recomendable", supongo que debido a su trabajo como
asesora en una agencia de arte, ya sabemos todos que los artistas son de lo más
variopinto.
A mí no me hubiese molestado tanto si no fuese por el mal
humor que se le pone a mi marido con todo lo relacionado con ella. Mi marido es
un hombre más bien conservador al que le gusta guardar las formas y dar buena
imagen. Por eso las idas y venidas de "gentuza" (como él llama a los invitados
de mi vecina), las provocaciones de las que hacen gala ya en el portal o la
escalera, las conversaciones subidas de tono que se escuchan desde la terraza, y
hasta los inequívocos gemidos y sonidos que se propagan en muchos momentos a
través de las paredes que nos separan de su casa, consiguen sacarle de sus
casillas y hacen que se refiera a ella como una furcia, desvergonzada y
ninfómana sin ningún valor moral.
No es raro encontrarse con ella en el descansillo a medio
vestir porque lleva prisa. Ni sería la primera vez que sale a abrir la puerta en
ropa interior para recibir quejas de los vecinos.
Un día al llegar al portal me encontré con Marina, estaba
totalmente concentrada en magrearse con un joven mientras esperaban el ascensor,
recuerdo haber dicho "hola" muy bajito, porque casi ni me salía la voz, sin
obtener respuesta. Unos segundos después vino derecha hacia nosotros la bruja
del 2º que, al ver el panorama, no pudo contenerse y empezó a criticar a Marina
en voz alta mientras nos metíamos en el ascensor los cuatro.
-¡Qué desvergüenza! ¡En plena tarde! ¡Ya no puede una ni
salir de su casa! Lo siento por ti Marga, que tienes que aguantarla de vecina
¡Imagina que hubiese niños delante!
El acompañante de Marina debió sentirse un poco incómodo y
aflojo su pasión. Marina, contrariada por la interrupción se dignó a contestar.
-Pero señora, si no hay niños en todo el edificio,… y yo le
prometo que cuando a usted le hagan un hijo yo dejo de practicar sexo en el
portal.
La del segundo se bajó en su planta sin dejar de murmurar una
sarta de frases de las que se entendía poco y se adivinaba mucho.
Marina se volvió hacia mí. Yo no había participado en el
incidente pero temí que fuese a tomarla conmigo y le puse cara de "yo no digo
nada". Ella me sonrió amablemente y dijo:
- Así que tú eres Marga, la novia de Andrés.
- Su mujer - le corregí yo.
- Andrés me habló de ti. No entiendo cómo te has casado con
él con lo mal que folla, yo ni le he vuelto a invitar a mi casa.
El mundo se me cayó encima. Andrés me había sido infiel. Por
eso el muy cerdo se ponía de tan mal humor con Marina, de pura rabia al sentirse
descartado de su cama. Debí ponerme de todos los colores en los pocos segundos
que tardamos en llegar al ático, y mis sentimientos pasaron de la más bochornosa
vergüenza a la furia total.
Me dirigí a mi casa lo más rápida y dignamente que pude.
Estaba intentando abrir la puerta y contener las lágrimas al mismo tiempo, pero
se me cayeron las llaves y sin poder evitarlo rompí a llorar. No me di cuenta de
que se me había acercado Marina hasta que acariciando mi cara intentó una
disculpa.
- Siento mucho haberte hecho daño, no era esa mi intención.
Pasaron un par de minutos, hasta que pude recomponerme y
secar mis lágrimas y ella seguía allí conmigo.
- Ya estoy mejor, gracias - de dije para librarla del
compromiso de acompañarme.
- Ahora no te voy a dejar sola, ven a mi casa - y dándolo por
hecho recogió las llaves del suelo, agarró mi mano y me metió en su piso.
La verdad es que prefería no estar sola para no tener que
enfrentarme a mis pensamientos en esos momentos. No sabía qué hacer. ¿Hacía las
maletas y me iba? ¿Esperaba a que viniese y le pedía explicaciones? ¿O le
recibía sin más echa una fiera? Estando acompañada mantenía a la espera
cualquier decisión.
El piso de Marina es de revista de decoración, no podía ser
de otra forma, moderno y sencillo pero cómodo. Me puse a curiosear los cuadros
que adornaban el salón mientras ella iba a por el agua que le había pedido, noté
una presencia a mi espalda y me volví, era el chico que acompañaba a Marina en
el ascensor, me había olvidado de él. Se había puesto cómodo en el sofá, iba en
bañador o en calzoncillos no era cuestión de fijarse demasiado, pero ni se
inmutó al verme.
- Marina me ha invitado a quedarme un rato - me justifiqué yo
estúpidamente.
- Estupendo - contestó mirándome detenidamente.
No me había dado cuenta hasta ese momento, era el hombre más
guapo que había tenido nunca delante, castaño, con el pelo muy corto, los ojos
muy azules, la piel bronceada y una sonrisa de anuncio, su cuerpo iba en
consonancia con su cara, precioso. Sin darme cuenta habíamos pasado unos
segundos mirándonos atentamente sin disimulos.
- Tu agua - oí a mi espalda, y vi a Marina mirándonos con una
sonrisa de lo más descarada.
- Marga, él es Óscar, es modelo y llegará lejos, te lo digo
yo que tengo buen ojo para estas cosas. ¿No crees que está para comérselo?
- Pues yo me dejo - dijo él riéndose.
- Creo que debería irme ya - de repente se respiraba tensión
erótica en el ambiente.
Marina me quitó el vaso en cuanto dejé de beber, me cogió la
mano y me animó a sentarme junto a Óscar, ella se dejó caer a mi lado. Estaba
atrapada entre ellos.
- Me apetece un rato de relax en el jacuzzi, ¿serías tan
amable de ir a prepararlo? - le dijo Marina a Óscar asomándose por encima de mí.
Él se incorporó y la besó, yo estaba entre los dos, sin
atreverme a moverme. Cuando él se levantó Marina no se movió, empezó a hablarme
mientras acariciaba mi pelo y mi cara, la tenía casi sobre mí.
- Marga, eres preciosa, me gustas mucho y he visto cómo te
mira Óscar, no te vayas, lo pasaremos bien juntos. Además, no se me ocurre mejor
venganza para ti.
Y me besó. Me besó en la boca. Y yo no pude resistirme a
devolverle el beso. Sabía a golosina, dulce y ácida al mismo tiempo. No quería
que acabase aquel beso, pero acabó. Me oí decirle:
- Sólo me he acostado con Andrés, con nadie más. Y no quiero
hacerlo con öscar, sólo contigo.
Me miró como si fuese la primera vez que me veía, se quedó
pensativa un momento.
- Marga, sería injusto que le echase ahora, pero si
conseguimos que acabe rápido… ¿estás dispuesta a ayudarme en eso?
Asentí y eso me hizo ganarme otro beso, esta vez más lento,
más íntimo, más profundo. Nunca pensé que me podría excitar con una mujer, y
apenas dos besos habían sido suficientes para hacerlo. Sin pensar en lo que
hacía acerqué más mi cuerpo al suyo y debió gustarle que lo hiciese porque sentí
un leve gemido vibrar dentro de mi boca. En esa deliciosa situación estábamos
cuando noté que me agarraban de la mano y tiraban suavemente de mí para
incorporarme, fue como despertar de un sueño. Óscar nos llevaba a cada una de
una mano, estaba desnudo, con una tremenda erección.
- Venga chicas, al agua, que yo también quiero participar.
Entramos en un baño de ensueño preparado con luz tenue, aroma
de plantas, sonido de burbujas y música melódica, el vapor había empezado a
crear una suave niebla que templaba el ambiente y lo hacía todo un poco irreal.
- Espéranos en el agua Oscar, tenemos que desnudarnos - dijo
Marina mientras bajaba un poco la cremallera de su moderna blusa y le guiñaba un
ojo.
Él, encantado se dispuso a contemplarnos desde la bañera
burbujeante.
Marina se volvió hacia mí y empezó a quitarse la ropa sin
dejar de mirarme, simplemente por su forma de moverse ya era fantástico
observarla mientras lo hacía. Se quitó la blusa, los zapatos, los pantalones,
llevaba un conjunto de tanga y camiseta blancos, la camiseta transparente dejaba
ver sus pequeños pechos y marcaba sus pezones y el sencillo tanga hacía resaltar
su bonita piel. Me ayudó entonces a quitarme la camiseta que llevaba yo y
desabrochó mi falda que cayó al suelo, se arrodilló para sacarla de entre mis
piernas y me quitó los zapatos. Yo me había puesto aquel día un conjunto rosa de
sujetador y braguita de encaje. Me cogió las manos y las llevó a su camiseta, yo
se la quité y en un arranque de atrevimiento y excitación besé uno de sus
pezones que respondió al instante. Ella rodeó mi cuerpo con sus brazos y
desabrochó mi sujetador, lo dejé caer y me acerqué un poco más a ella, nuestros
pezones se rozaron y fue como recibir una descarga. Nos besamos.
- Dejad que os quite yo lo que queda - Óscar ya no podía
estarse quieto por más tiempo.
Marina me preguntó con la mirada, yo respondí acercándome a
Óscar que se había puesto de pie en el jacuzzi. Metió desde abajo un dedo a cada
lado de la cintura de mis bragas y empezó a bajarlas despacio mientras iba
frotando sus labios contra la parte de mi piel que iba quedando al descubierto,
justo cuando acabó de quitármelas noté su lengua en el comienzo mismo de mi
rajita, no sé cómo me contuve para no agarrar su cabeza y pedirle más. Me dio la
mano para ayudarme a bajar al agua y fue a por Marina, ella se puso en
cuclillas, él cogió su tanga y lo fue deslizando hasta las rodillas mientras
ella cerraba las piernas, luego, mientras acababa de quitárselo del todo, las
abrió de nuevo para quedarse así abierta de piernas y desnuda delante de Óscar
que la atrajo hacia él. Quedó sentada en el borde del jacuzzi, él le acariciaba
las tetas y metía la cara entre sus piernas para comérsela. Me acerqué por
detrás de Óscar y fui deslizando mis manos por su piel mientras apretaba mi
cuerpo contra su espalda, encontré su verga durísima y empecé a acariciarla, mi
acción debió tener una reacción en lo que él hacía porque Marina subió el
volumen de sus gemidos hasta que no nos quedó duda de que se estaba corriendo.
Cuando Marina terminó, Óscar se dio la vuelta y me sentó
sobre él mientras me besaba y recorría mi cuerpo con sus manos, en esa postura
cualquier movimiento hacía que su polla rozase mi clítoris así que empecé a
moverme rítmicamente. Marina se sentó sobre Óscar, detrás de mí, pegada a mí,
notaba sus pezones duros clavados en mi espalda y sus manos agarrando mis tetas,
estimulando mis pezones. Él besaba mi boca, ella mi nuca. No creo haber estado
más mojada en mi vida. Una de las manos de Marina abandonó mis pechos y empezó a
hurgar desde detrás entre mis piernas, eso hizo que mis movimientos se
acentuasen. Óscar intentó penetrarme, Marina no le dejó.
- Ella es mía Óscar, hoy no te la vas a follar.
- Si lo está deseando - dijo él.
En ese momento yo ya no sabía lo que quería así que no dije
nada, hubiese aceptado cualquier cosa, así de excitada estaba.
- Es lo que hay - le retó Marina.
- Tú y tus juegos - aceptó él medio fastidiado medio
divertido.
Óscar me puso en pie sobre el asiento de la enorme bañera,
agarró mi culo y acercó su cara a mi empapado sexo, tuve que apoyar las rodillas
en el borde mismo del jacuzzi. Al mismo tiempo, Marina ocupó mi lugar anterior,
pero a diferencia de mí, ella sí se empaló en el mástil de Óscar. Sentir la
lengua de aquel hombre recorriendo mi interior y sentir sus labios besando mis
intimidades me estaba dando un inmenso gusto, mirar hacia un lado y ver la
escena reflejada en un espejo consiguió mi máxima excitación, pero el colmo del
placer llegó cuando vi y noté un dedo de Marina pidiendo permiso para entrar en
mi culo. Casi unos segundos después de que entrase del todo no pude resistirme
más y me corrí.
Bajé de encima de Oscar, sus movimientos se intensificaron
dentro de ella. Marina me atrajo hacia ella y me beso mientras seguía follando.
Al oído me susurró:
- Estoy deseando tenerte. Vamos a dejar a gusto a Óscar y nos
quedamos solas. Ahora te toca hacerle a él lo que yo te acabo de hacer a ti.
Dicho esto Marina se puso en pie, se arrodilló en el asiento
de la bañera justo enfrente de Óscar, mostrándole su culo, agarro una nalga con
cada mano y se abrió mientras le decía:
- Elige por dónde - con una cara de fingida inocencia que me
provocó hasta a mí.
- Te voy a romper el culo por provocarme así Marina - Óscar
no se lo pensó dos veces y lamió el culo de Marina para preparárselo.
Me acerqué a ellos, no sabía cómo pero quería ayudar. En una
postura bastante incómoda empecé a lamerle la polla, me di cuenta de que acababa
de salir de dentro de Marina y aún debía tener parte de su sabor así que me la
metí en la boca con gusto, saboreándola. Óscar resopló, Marina gimió. Me aparté
para que pudiese penetrar su culo. Entró suave. Casi envidié a Marina por los
quejidos y gemidos que emitía. Cuando Óscar empezó a acelerar sus acometidas yo
me puse tras él y con bastante timidez empecé a acariciar su ano, perdí la
timidez cuando me di cuenta de cuánto le gustaba. Metí un dedo, sus sacudidas
contra Marina eran terribles, metí otro dedo, Marina se corría y nos lo decía a
gritos; con las convulsiones de su orgasmo y mis dedos presionando en el
interior de su culo Óscar se corrió también mientras soltaba todas las
obscenidades que se le ocurrían. Saqué mis dedos y le ayudé a sacar la polla del
interior de Marina, chorreaba un poco de su semen, lo froté con mis dedos,
Marina gimió. Oscar me sonrió. Besé a Marina.
- Coge ese albornoz y vete a mi habitación, es por esa puerta
- me dijo en voz baja.
Se volvió y le abrazó. Así les dejé. La habitación de Marina
era grande, cálida, sencilla y acogedora. Me sequé y me metí en su enorme cama,
las sábanas olían a ella. Apenas tuve que esperar unos minutos hasta que vino,
se había secado también ella, se metió conmigo en la cama y empezó a acariciar
desde mi espalda hasta mis piernas. Mi piel se calentaba con el roce de su mano.
- ¿Se ha enfadado? - le pregunté. No podía evitar que Óscar
me cayese bien.
- No, no. Ha intentado convencerme para quedarse, pero sabe
cuándo debe desistir. Me gusta ese chico.
- A mí también - confesé yo.
Marina se rió con ganas y luego me besó apasionadamente.
Tiene una forma de besar que me llena de deseo. Se dedicó a recorrer mi cuerpo
con su boca, yo temblaba de excitación. Cuando la tuve al alcance de mis manos
la atraje hacia mí y lamí uno de sus pezones, me encantó notar cómo se endurecía
contra mi lengua, hice lo mismo con el otro. Una de mis manos bajó hasta su
pubis y empezó a acariciarla tal y como lo hacía conmigo misma. Marina entornó
los ojos, se mordió los labios y suspiró profundamente. Desde el momento en el
que se había desnudado me había fijado en el tatuaje de una rosa que tenía en la
ingle izquierda y deseaba besarlo, lo hice y una vez allí di un paso más, relevé
a mi mano con mi boca y probé su sabor, su olor, lamí delicadamente mientras
exploraba un mundo nuevo para mí, ella me dirigía, me animaba o gemía, me
encantaba oírla gozar. Le hice el amor con mi boca y mis manos hasta que se
corrió.
Marina fue hasta un armario y abrió un cajón, la vi
trasteando con algo que no distinguía bien desde la cama. Cuando vino hacia mí
de nuevo vi que llevaba puesto un arnés con un consolador.
- Voy a follarte. Te lo mereces - me dijo mientras se
arrodillaba ante mis piernas y metía sus dedos en mi vagina para comprobar mi
humedad, mi cuerpo reaccionó rápido ante la idea de ser penetrada por ella y
cuando sacó los dedos de mi interior y los chupó los tenía ya muy mojados.
- Mmmmm, qué bien sabes Marga, ¿no quieres que te coma antes?
- Por favor Marina fóllame ya - ¿quién me iba a decir a mí
unas horas antes que esa frase saldría de mi boca?
Entonces me abrió bien de piernas, abrió mi coño con sus
manos y me penetró, fue una sensación de lo más erótica sentirme follada por una
mujer, sentía además el morbo que le producía a ella estar en ese papel y
disfrutaba con ello. Me embestía suavemente al principio, tocando mis tetas,
mimándome, pero su movimiento fue ganando intensidad al notar mi creciente
excitación. Puso la palma de su mano encima de mi clítoris sin dejar de follarme
y empezó a masajearme cada vez con más presión hasta que me corrí. Se quito el
arnés, se tumbó a mi lado y me abrazó.
- Tienes que dejarme probar tu juguete - le pedí señalando el
arnés.
- Tengo muchísimos juguetes Marga, cuando quieras vienes y te
los enseño todos para que elijas lo que quieras.
Cuando nos vestíamos no pude resistirme y besé de nuevo su
rosa tatuada.
- Es muy bonito tu tatuaje - le dije acariciándolo con mi
dedo.
- Hace tiempo amé a una mujer con nombre de flor, como tú -
dijo con una sonrisa melancólica - Y si no me ando con cuidado pronto me verás
con una margarita tatuada.
Aunque lo dijo riendo me llegó al alma.
Pasaron dos semanas. Decidí actuar con Andrés como si nada
hubiese ocurrido, salvo que le evitaba en la cama.
Marina había estado de viaje, sabía que había vuelto esa
noche porque oí su puerta de madrugada. Hubiese dado cualquier cosa por ver su
cara cuando encontró el sobre que colé por debajo de su puerta. Dentro sólo
había una foto. Una foto del final de mi espalda donde ahora lucía un pequeño
tatuaje y su descripción escrita: "Ola Marina".
Esperé todo el día alguna noticia suya sin resultado, me
entretuve todo lo posible para encontrármela al salir o entrar pero parecía que
se hubiese ido de nuevo. Cuando vino Andrés, ya tarde, yo estaba de un humor de
perros. Al mirar la cara que traía supe que pasaba algo.
- Oye Marga, la vecina celebra mañana una fiesta de tatuajes
y nos ha dejado una invitación en el buzón. Yo creo que deberíamos ir ¿qué
dices? - su cara de mal fingida inocencia no llegaba a disimular la ilusión que
le hacía, aunque no era ni la mitad de la ilusión que me hacía a mí.
- Me parece genial. Además, hablando de tatuajes, tengo que
enseñarte algo…
Un relato de Erótika Lectura.
erotikalectura@hotmail.com