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Fecha: 15-Mar-07 « Anterior | Siguiente » en Textos de risa

Mi familia violó a mamá en al autobús

Anónimo
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Tiempo estimado de lectura: [ 7 min. ]
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Después de haber descubierto esta página de Todorelatos y tras haber leído muchas de las historias que aquí se relatan, me he decidido a narrar lo que pasó una tarde de agosto, esperando que les sea interesante.

Primero, me presento. Procedo de una familia del norte de Europa, afincada desde hace años en este país. Gracias a eso, soy rubio, ojos azules, 1'80 de altura, 80 kilos de peso, piel blanca, delgado, con un cuerpo bien cuidado gracias a todo el deporte que hago... en fin, en resumidas cuentas, que si fuera gay me llamaría David Beckham.

Bueno, como digo, todo empezó aquella tarde de agosto en la que yo, mi familia, e incluso mi perro (que es como de mi familia, porque está casado con una vecina que es casi un tío abuelo para mí.) descubrimos una moneda de tres céntimos en el suelo y, además, una nueva forma de amarnos los unos a los otros, los otros a los unos, y los unos a los ortos.

En fin, que ese día nos fuimos toda la familia a la playa, y para ello cogimos el autobús que nos llevaba hasta allí. Cuando frenó, entramos todos, yo, papá, mamá, la abuela, mi prima Gertrudis, el perro, mis hermanos, mi tío Antonio, su mujer Maruja, su esposa Pepa (mi tío es borbón, digo mormón, y puede casarse con varias mujeres) y yo. Sí, ya sé que he dicho dos veces yo, pero es que tuve que entrar dos veces porque salí a recoger un condón que se me había caído (cuando voy a la playa yo siempre cojo condones, porque si no se me queda luego la polla toda llena de arena, que tengo el vicio de hacer agujeros en la orilla del mar y follarme la playa. Depravaciones de uno, vaya.)

En fin, tras entrar todos en el autobús (después de untar bien a la abuela con aceite porque si no no entraba por la puerta, la muy gorda), tratamos de encontrar un sitio. Pero lamentablemente, los asientos estaban ocupados por el equipo de petanca de Matalascañas, y los cuatro únicos asientos libres fueron ocupados, respectivamente, por las nalgas y las tetas de mi abuela (ella se sentaba en los dos de atrás y sus tetas caían hacia los dos asientos de delante, es que mi abuela es un puto engendro).

Bueno, mi abuela es un engendro, pero mi madre es todo lo contrario. No. No es un ordnegne (que no sé lo que significa), es una tía buena que ni te cuento. Aún tras parir a tres hermosos varones y a mí, tiene las medidas de Laetitia Casta, los ojos de Milla Jovovich, el culo de Jeniffer López, los labios de Angelina Jolie, las tetas de Pamela Anderson y las piernas de Adriana Skleranikova. Vamos, que en vez de una madre tengo al monstruo de Frankenstein, pero en versión porno.

Nada más entrar, el conductor echó una mirada a toda la familia y exclamó un amable y educado "¡Tía buena! ¡A ti te la iba a meter por el culo hasta que te chirriasen los dientes!". Y claro, mi madre, que no es de piedra, se pilló un calentón de cojones (de los cojones de mi padre, puesto que cuando mi madre está cachonda lo único que la calma es jugar a malabares con los testículos de mi viejo).

Pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando el chófer se levantó y, pasando por delante de mi madre, mi padre, las pelotas de mi padre, yo, mi prima, mi tío, mi abuelo, mis hermanos, mis tías, el equipo de petanca de Matalascañas y mi perro (que se llamaba Bonzo en homenaje a uno de sus héroes), se dirigió hacia mi abuela y, poniendo su rodilla en el suelo, se declaró con estas palabras:

- ¡Oh, mi hermoso ballenato! ¡Desde que te vi entrar a presión por esa puerta caí enamorado de ti! ¿Concederíaisme tu gorda, rechoncha, porcina y grasienta mano en matrimonio?

Pero resulta que mi abuela ya estaba casada, con mi abuelo, para más inri, pero ella, mujer tan astuta como horriblemente asquerosa, halló la solución al instante. Sacando el rifle de asalto que guardaba entre las mollas de la tripa, descerrajó a tiros a mi pobre abuelo, que murió al instante, lo que conllevó que todos, incluyendo el equipo de petanca de Matalascañas, aplaudiéramos a la vieja (es que todavía no os he dicho que mi abuelo era un clon de George Bush).

A todo esto, mi madre, para aplaudir, tuvo que dejar de hacer malabares con las pelotas de mi padre, pero en compensación empezó a chuparle la polla, lo que mi padre agradeció con un:

- ¡Oh, sí, nena! ¡Cómo la chupa la pedazo de puta!

Toda la familia, por culpa de las palabras de mi padre, nos empezamos a calentar. Así que mi tío decidió violarla. Cuando me quise dar cuenta, mi tío ya le había dicho a mi madre:

- levanta la grupa, cacho puta, que te la voy a meter.

- No, no quiero, que soy virgen.

- ¿Pero cómo vas a ser virgen si tienes cuatro hijos?

- Pues soy virgen.

- Pues me la suda, te la voy a meter como que me llamo José Francisco.

Y, aunque mi tío no se llamaba José Francisco, se la metió. Vaya si se la metió. Mi madre, mientras tanto, gritaba "¡No, no, no!". La verdad no sé cómo conseguía gritar y al mismo tiempo, chuparle la polla a mi madre. Será que, además de tener las medidas de Laetitia Casta, los ojos de Milla Jovovich, el culo de Jeniffer López, los labios de Angelina Jolie, las tetas de Pamela Anderson y las piernas de Adriana Skleranikova, pues también tiene la habilidad de ventriloquía de Mari Carmen y sus muñecos.

- ¿Cómo que no? Si te gusta.- gritaba mi tío.

- No, no me gusta.- gritaba mi madre mientras su hermano se la follaba.

- ¿Ah, no? Hostia, pues lo siento, perdóname, creía que te gustaba.- se disculpó mi tío y dejó de violar a mi madre.

- ¡Pero gilipollas!- le gritó mi madre.- ¡No se te ocurra parar! ¿Es que los hombres no aceptáis una ironía?- Y mi tío volvió a violar a mi madre mientras mi madre volvía a gritar "No, no, no".

A todo esto, mi abuela ya se había puesto de pie, y aprovechando que al conductor del autobús se le había quedado la rodilla pegada al suelo por culpa de un chicle, se bajó las bragas, se subió las mollas y dijo:

- ¡Cómeme el coño si quieres casarte conmigo!

Y el conductor, que entre tanto michelín estaba como en el cielo, obedeció y comenzó a lamer la panocha de mi abuela.

Mientras, mi prima y mis hermanos ya se habían despelotado y comenzaron a follar encima del mejor jugador del equipo de petanca. La pelota de mis hermanos chocaban con el culo de mi prima, mientras los dos se la follaban (es que mis hermanos nacieron siameses, unidos por los cojones. Y los médicos al separarlos, perdieron los otros tres). Entonces, mi tía Pepa le bajó las bragas a mi tía Maruja y comenzó a chuparle la polla. ¿Ein? ¿Mi tía Maruja tiene polla? Menos mal que mi tío estaba allí (follándose a mi madre) para explicármelo todo detalladamente.

- Sí. Tiene polla.

Por otra parte, los del equipo de petanca, cada vez más calientes, ya comenzaban a pajearse, por lo que llamé a Bonzo y le dije:

- ¡Eh, Bonzo Junior, lámeme un poco las pelotas!- Y Bonzo me las lamió.

Los jugadores del equipo de petanca también quisieron sumarse a la fiesta, pero les dije que no, que era sólo para familiares. Entonces uno, para participar en la orgía me preguntó si quería casarme con él. Y aunque él no era más que un anciano millonario con una dolencia crítica del corazón y yo un joven ambicioso que mataría a su padre por una moneda de dos euros, acepté.

Por suerte, el portero del equipo de petanca era también sacerdote, y nos casó allí mismo. Luego preguntó si alguien más quería casarse, lo que coincidió con un orgásmico grito de mi madre tal que:

- ¡Violadme cabrones!

Eso conllevó un alzamiento de manos semejante al que causaría un loco con un bazooka gritando "¡Manos arriba, esto es un atraco!". Así pues, toda la línea defensiva del equipo de petanca se casó con mi hermano mayor. La media, con mi hermano pequeño. La delantera con mi tío Maruja. Y yo me tuve que conformar con los suplentes.

Yo pregunté que porqué nadie se casaba con mi prima Gertrudis, o con mi tía Pepa, pero el cura me dijo que él sólo oficiaba matrimonios homosexuales. Que lo demás era una total depravación.

Así pues, todos empezamos la gran orgía, y no hubo agujero sin tapar. Bocas, coños, culos, vaginas, orejas, ortos, panochas, ombligos, la cuenca del ojo de un jugador que era tuerto, conchas, anos, manos, agujeros de la nariz y hasta una gotera que había en el techo. Todo fue tapado respectivamente por pollas, chorras, vergas, mingas, pichas, trancas, cipotes, falos, pitos, miembros, porongas, nabos, rabos y hasta penes.

La orgía iba tan bien que hasta mi abuelo resucitó para poder percular a Bonzo, que lo agradeció con lastimeros ladridos. Pero de pronto, me di cuenta de una cosa. Hacía dos horas que el bus se movía, pero el conductor estaba desde entonces buceando entre los flotadores de carne de mi abuela para encontrarle un agujero por donde meterla (más tarde sabríamos que se conformaría con hacerse una paja con sus mollas).

- ¡Dios mío!- grité.

- ¿Qué pasa?- me preguntó Dios, que estaba sentado a mi lado.

- ¡El autobús está sin control, Dios, y nos vamos a estrellar contra ese edificio! ¡Haz algo!

Entonces Dios miró hacia delante y dijo.

- ¡Hostia! ¡Claro que voy a hacer algo! ¡Me voy a pirar de aquí que no quiero moriiiiir!- y desapareció.

Y, al tiempo que todos nosotros nos corríamos a la vez (la natación sincronizada es una chufla al lado de eso), el autobús se estampó contra el Pentágono (en las dos horas de viaje el autobús había cruzado el océano Atlántico y casi todo Estados Unidos... sin pagar ni un puto peaje y sin tener problemas con los de inmigración. ¡Chuparos esa "Minute Men"!).

Esto fue el 11 de septiembre del 2001. Yo, el cura y Bonzo (aunque quedó bastante pelado) fuimos los únicos que sobrevivimos de aquél autobús. Ayer salí por fin del hospital, y narré esto para que a nadie se le olvide que, si participa en una orgía violando a su madre en un autobús con el equipo de petanca de Matalascañas, se acuerde de mirar que el freno de mano esté echado.

Ah, sí. Lo prometido es deuda. Aquí están las fotos:

El autobús:

El cura (buscando gays para casar):

Bonzo:

Mari Carmen y sus muñecos:


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© Anónimo

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