Pub descontrolado
Todos los fines de semana, me voy siempre a mi pub favorito,
es un antro donde tocan música roquera y suelen aparecer chicas buenas mozas, mi
rutina, es tomarme un trago con los amigos en mi casa y luego, partir al
encuentro con nuestra música favorita.
Llegamos a la hora de siempre y la rutina es la misma, lo
particular de este sitio, además de la música, es que se puede ver todo tipo de
cosas, sobretodo cuando los tragos se apoderan de la gente, la madrugada se hace
presente y el lugar se queda con los "más inquietos", por decirlo de alguna
forma.
Este fin de semana paso algo que me dejo un poco impaciente,
si bien es cierto, soy un tipo abierto de mente y con bastante recorrido en este
mundo, me impresiono mucho ver tamaña escena.
En la mesa de enfrente, note que había una chica muy linda
abrasada a su novio, la escena era muy romántica, ambos se besaban cariñosamente
y nada parecía anormal, excepto por un detalle, al lado de ellos, estaba sentado
otro joven, un amigo de ellos, pensé, y lo particular de esto era que la chica
mientras se besaba con su novio, por debajo de la mesa, masturbaba con
afanosidad a su compañero, yo quede impresionado.
Me quede clavado mirando aquel suceso, mi respiración se
torno mas acelerada y mis pulsaciones comenzaron a tomar una cadencia
apresurada, aquel acto de impunidad me dejo perplejo, ella, comenzó hurgueteando
sigilosamente el pantalón del otro chico hasta encontrar sus partes intimas, sin
ninguna ignominia, tomo con fuerza su fuente de poder y comenzó a darle placer,
su mano estaba adherida a sus partes intimas frotándola con fuerza y desenfreno,
yo no podía estar ajeno a aquella escena y me instale a observarlos, note que mi
pantalón comenzó a comunicarme el despertar de mi deseo y sin poder hacer nada
me dedique solo a observar.
Todo era excitante, la música, los tragos, las chicas lindas
alrededor, aquellos impunes enfrente de mí; estaba consternado, la libido se
hacia presente dentro de mis partes intimas mientras ellos disfrutaban, de
pronto, la vi levantarse y dirigirse al baño y su acompañante, en su deseo, la
siguió presuroso, decidí que tenia que ir detrás de ellos, me sentía adicto al
placer que me provocaba verlos en su impunidad, me levante de mi silla y fui a
su encuentro.
Los encontré besándose ardientemente en el fondo del baño
para varones, él la tenia posada en la pared, mientras su boca recorría
victorioso su cuello, sus manos cobraron vida y comenzaron su recorrido por su
cuerpo esbelto y cálido, trate de esconderme para no ser sorprendido
observándolos, me instale en un rincón y quede en la ubicación exacta para mi
deleite personal y para percibir el festín.
Sin importarles nada, ellos continuaban su deseo
desenfrenado, se besaban lujuriosamente, las manos de él se instalaron en sus
valores y mi sexo dio un brinco cuando lo vi desabrochar su blusa y dejar sus
pechos blancos al descubierto, tuve ganas de unirme a ellos, pero me resigne a
mi posición de observador y comencé, lentamente, a acariciar mi integridad, que
para ese momento estaba decida a conseguirme un orgasmo.
Él la tenia atrincada a la pared y con sus manos recorría
cada parte de su cuerpo, apretaba sus nalgas, levantaba su falda corta y
hurgueteaba con sus dedos en sus partes intimas, ella emitía grandes quejidos
embriagadores, que me volvían loco, estaba sujetada fuertemente de la fuerza de
su acompañante, simulando tenerlo sumergido en sus partes intimas, por eso, la
cadencia de su mano era ideal dándole fuertes apretones y jadeantes friegas que
pusieron su sexo, y el mío además, a punto de estallar.
Me deleitaba infinitamente mirándolos, ellos continuaban
apoyados en la pared dándose fuertes friegas de placer, en un momento alguien
entro al baño y los observó un momento, pero ellos ni se inmutaron, continuaban
recorriéndose y lamiendo sus cuellos ardientes, me sorprendió el descaro e
impunidad de ella, cuando de pronto subió su falda , se volteo y le ofreció su
cola.
Era grande, blanca y sudorosa, yo agitaba inmensamente mi
mano en mi poder y mi corazón latía tan rápido como las alas de un picaflor, él,
sin chistar, desabrocho sus ropas y saco su pujanza, la clavo con fuerza, con
garra y desesperación y ambos emitieron fuertes bramidos cargados de lujuria,
mientras, yo continuaba con la cadencia de mi mano estimulando mi integridad y
sentía correr litros de jugos por entre mis piernas, manados vívidos y sabrosos
desde la punta de mi ser, hasta mis testículos, los observaba con mis ojos
clavados en el ir y venir del poder de aquel infame, dentro de aquella musa.
Los tres disfrutábamos inmensamente de nuestros actos y yo
sentía que mi estallido estaba cerca, no podía aguantar las ganas de dejar
escapar todo mi ser detenido, por eso, aumente frenéticamente la cadencia de mi
mano, me acomode en mi lugar y comencé mi recorrido al placer producido por la
llegada del orgasmo, frote tan fuerte como pude mis partes intimas y sentía, en
mi estomago, las mariposas de la lujuria que anunciaban que era hora de regar mi
leche en aquel lugar, entonces, sin darme cuenta, mi mano sintió el calor de mis
jugos recién paridos y un temblor me recorrió el cuerpo entero, quede cansado,
sediento y con el olor del deseo plagado en mi mano, note que la pareja que
provoco mi deleite todavía continuaba su tarea y como un buen espectador
continué observándolos, sus sexos estaban pegados, unidos por su deseo, ella
recibía agradecida los empujones de su compañero y le invitaba a conseguir
juntos el orgasmo, mi sexo despertó otra vez, pero ya no había tiempo para
seguir con la fiesta, al unísono, ellos consiguieron su cometido y el derramo
plenamente litros de su leche dentro de ella.
Por un segundo quedaron pegados, enganchados de sus sexos,
respiraron victoriosos y, luego de acomodar sus ropas, volvieron a sus asientos
como si nada hubiera sucedido, yo no podía creer su desvergüenza, había sido
testigo de su acto de impunidad, gozado con ellos y ahora, los miraba extrañado
por su increíble forma de disimular.