Relato 70…
La carta
SINOPSIS: La velada declaración de una madrina, quien desea
ser penetrada por su adolescente ahijado, al sorprenderlo jugueteando con su
pene cuando se bañaba…
ECSagardez
Al abrir el cajón de mi mesa de estudios encontré un sobre
sin remitente, pero cuyo destinatario era yo. Sin embargo, no me movió el
interés por saber su contenido y ni siquiera tuve la intención de abrirlo… Lo
guardé de nuevo y me dediqué a hacer mis tareas escolares…
Pasaron las semanas y en otra ocasión en que limpiaba mi
cuarto, le tocó revisión al cajón de mi mesa de estudios y nuevamente vi el
sobre. Aunque en esta ocasión si me intrigó saber su contenido, así que lo abrí
y era una carta en hoja rayada y con pésima ortografía, dirigida a mi y firmada
por mi madrina Eustolia
II
Corrigiendo un poco dichas faltas ortográficas y algo de
puntuación, les transcribo la carta que aún conservo en el baúl de mis recuerdos
y que de sólo leerla me produce una gran excitación:
""…Román, ahijado mío… Hace unos días que visité tu casa,
de pura casualidad subí al sanitario para orinar y sin querer observé desde la
cortina que te estabas bañando, como pude logré esconderme y desde mi posición
alcancé a ver el lindo colgajo en que se ha convertido tu pájaro… Pero no sólo
eso, vi como te lo parabas para acariciarlo y como le untabas el jabón para
lavártelo y llegué a creer que por un momento te masturbarías, por lo repetido
de tus movimientos de arriba hacia abajo…
Debo confesarte que ganas me dieron de ser yo, quien te lo
hiciera… Pero no pude, por temor a que tuvieras un mal pensamiento de mi… Lo
único que hice fue levantarme el vestido, hacer a un lado mi calzón e
introducirme el dedo y hacerme una paja… En verdad que no podía creer que a tus
17 años, tuvieras un miembro tan enorme y grueso que nuevamente te confieso
quisiera que fuera mío… También te digo que esa noche intenté hacer sexo con tu
padrino… Pero como siempre, llegó cansado de trabajar, cenó y se retiró a su
cuarto, porque desde hace mucho tiempo cada uno duerme en habitaciones
distintas… Lo más que hice fue sacar del refrigerador un enorme pepino y
pensando que era como el miembro que te colgaba entre las piernas, lo chupé y
chupé, además de recorrerlo con mi lengua… Poco después me metí a mi cuarto y me
desnudé rápidamente porque de pensar en lo que había visto esa tarde cuando te
bañabas, nuevamente mi excitación se hizo latente y empecé a pasarme el pepino,
primero en mis senos y posteriormente por mi estómago, hasta llegar a mi
entrepierna, las cuales cerré cuando sentí su grosor…
Para ese entonces la humedad de mi panocha se había hecho
presente y no tuve más remedio que apurarme y melo introduje a la mitad y lo
moví hacia adentro y hacia fuera, sosteniéndolo fuertemente, hasta que el mete y
saca se hizo con mayor velocidad, porque ya deseaba la presencia del preciado
momento que disfrutamos todas las mujeres… Y cuando éste llegó, debo confesarte
de nuevo, llegó a mi la imagen de que eras tu, ahijado, quien me metía su pájaro
en mi cuca y no pude más… Lancé un grito ahogado y me quedé penetrada por
algunos minutos con ese pepino y cuando me lo saqué lo chupé y lo chupé,
pensando siempre que era tu verga la que estaba mamando…
Para mi, ahijado, me ha quedado claro que tienes que cogerme
algún día… Y ojalá, espero, sea pronto… Quisiera que tomaras esta declaración
con la mayor discreción posible y eres tu quien desde el momento que la leas,
tendrás la decisión de hacerlo o no. Te quiere y te desea tu madrina Eustiolia…""
III
Luego de leer esa carta, era claro que estaba intranquilo y
excitado. Además, algo por dentro me decía que me tenía que tirar a mi madrina a
como diera lugar… Pero había que buscar un momento adecuado para hacerlo en su
propia casa, porque mi presupuesto estudiantil no me permitía pagar hotel y
menos quería exponerla a las habladurías de la gente si alguien la veía entrar o
salir de uno de esos sitios…
La oportunidad se presentó, cuando platicando con su hijo
Víctor, éste me dijo que acompañaría a su papá a una reunión sindical en la
ciudad de México y estarían por lo menos tres días por esos lares… La salida
estaba prevista el domingo como a las 3 de la tarde…
Serían las 13 horas de ese domingo, cuando llegué a la casa
de mi madrina y tanto mi padrino Armando como Víctori, su hijo, se preparaban
para dirigirse a la terminal de autobuses, así que los acompañé y también se
sumó doña Eustolia… Hasta que llegó el momento en que el autobús partió hacia su
destino…
IV
Nos regresamos a la casa en un taxi… Pero ambos no
platicábamos nada ni siquiera hicimos comentario alguno de la carta… Como si
cada uno esperara la confesión del otro para iniciar el juego erótico que los
dos, en nuestro interior, estábamos deseando…
El taxi llegó a la casa y tras pagar el servicio, mi madrina
me invitó a pasar. Me senté en el sofá y ella se sentó a mi lado, encendió la
televisión y se le veía nerviosa, porque manejaba el control remoto sin que
ningún canal le satisfaciera…
Hasta que de pronto me soltó la pregunta:
— A qué has venido Román… Es casualidad que estés aquí,
cuando sabes que no está tu padrino ni Victor…
Su pregunta me puso alerta y sólo alcancé a responderle con
titubeo:
— Madrina, leeeeei su, su, su carta y algo me me me trajo
para estar cocococon usted…
— Entonces ya la leiste…
Más tranquilo le repuse:
— Claro y déjeme decirle que me excitó demasiado…
— ¿Por qué te demoraste tanto?... Han pasado varias
semanas…
— Es cierto madrina… Pero esperaba este momento, porque
era necesario estar en privado…
Ella ya no respondió y soltó una carcajada… Los dos nos
tranquilizamos y seguimos sentados en el sofá de la sala…
V
De pronto se levantó y me dijo que iría a su habitación a
ponerse cómoda y que ella me hablaría cuando estuviera lista… Así que permanecí
sentado en la sala, pero al ver el contoneo de sus caderas, me saqué la verga y
me la estrujé por varios minutos…
De pronto se escuché su voz que decía: "Puedes pasar hijo…"
Las palabras mágicas sonaron en mis oídos como a una
invitación a coger y sin querer me fui acercando a la habitación, pero ya iba yo
en puros calzoncillos… Por lo que abrí la puerta y ella estaba en su cama
completamente desnuda y con el pelo extendido y medio húmedo, tras haberse dado
una ducha…
Me acerqué a la orilla y ella me bajó de inmediato el
calzoncillo y abrió los ojos cuando vio de cerca el largo y grueso pene que
erecto como una lanza se movía levemente debido a los impulsos nerviosos…
No se hizo del rogar y con las dos manos lo tomó y se lo
introdujo a la boca para chuparlo, como la niña golosa que chupa un caramelo…
A la vez con sus manos me masturbaba y me bajaba el prepucio
lo más que podía para rodearme el glande con su lengua que me estaba produciendo
miles de sensaciones, aún desconocidas para mi… ¡Que forma de mamar tenía mi
madrina!
Ella seguía lamiendo y me jalaba y subia el prepucio, dejando
al descubierto el glande y chupándolo así por varios minutos que se hacían
interminables, hasta que del pequeño orificio del pene salió disparado un enorme
chorro de leche que cayó en su rostro y que ella se apresuró a limpiar con un
dedo, el cual se introdujo en la boca… Para exclamar:
— Que leche tan sabrosa me acabas de dar hijo… Dame más,
por favor…
Ella siguió apretando el pene y yo había perdido la
conciencia de lo que hacía, por lo que le dejé toda la iniciativa y mira que
exprimió mi pene y lo hizo como le dio la gana con tal de tener más leche
fresquecita y caliente…
VI
Cuando terminó de salir sémen de mi pene… Ella se tiró en la
cama y por unos instantes pareció que se quedaba dormida, así que me dispuse a
hacer lo mismo a su lado… Pero sólo pasaron algunos minutos… Cuando sentí que
unas manos volvían a exprimir mi verga…
Era mi madrina que sentada lo agarraba y como había visto
como me lo lavaba con jabón, ella también me bajaba el prepucio al máximo y eso
en verdad que toda la vida me ha súper excitado… La dejé hacerlo y el miembro
respondió para tener la fuerza necesaria que mi madrina Eustolia estaba
demandando para tenerlo adentro de su vagina…
Sin embargo, me entretuve un poco en sus senos y le chupé con
tal fuerza sus pezones que un líquido viscoso y blanco salió de ellos… Como
queriendo terminar de crearme con esa leche maternal que con mis mamadas le
extraía…
Ella estaba muy excitada por esa forma de mamar, ya que sus
gemidos eran profundos y graves… Con la misma intensidad me refugié entre sus
piernas y le introduje mi lengua hasta lo más recóndito de su vagina, sorbí el
dulce néctar que emanaba de sus entrañas y busqué con loca ansiedad su clítoris,
hasta que lo encontré entre esa masa de carne y lo chupé con frenesí…
Mi madrina estaba embelesada por la forma en que le hacía el
sexo oral y sólo respondía con ligeros gemidos y suspiros… Hasta que separé mi
rostro para introducirle mi verga, primero una parte y luego toda… Ella sólo dio
un respingo, pero se acomodó de tal manera que permitió bombearla y bombearla
por varios minutos…
Sus ojos ya no se veían… Estaban completamente blancos, signo
de la intensa lujuria que estaba viviendo con su adorado ahijado de quien había
deseado tener esa verga dentro de sus entrañas y ese deseo hoy se cumplía…
Mi cintura hizo movimientos circulares como si mi verga,
fuera un cepillo que limpiaba esa panocha de todos los residuos que pudiera
contener. Al tiempo de meterla y sacarla, convertido mi miembro en un pistón
hidráulico que entraba y salía según mis deseos con tal de que mi madrina
disfrutara a plenitud este polvazo…
Los hondos gemidos de mi madrina me estaban indicando que
ella estaba gozando al máximo y que deseaba perpetuar el momento, por ello hice
gala de mi control mental para montarla y limarle más y más su vagina, sin dar
tiempo a que mi eyaculación llegara…
Su carta me había entusiasmado y yo tenía la obligación de
hacerla disfrutar y que le inundara una oleada de placer contenido… Ambos le
imprimíamos ritmo al movimiento de entrar y salir… Hasta que con voz
entrecortada por la emoción, me dijo:
— ¡Hiiiiijooo… Me vooooooooooooooooooooooyyyyy aaaaaa
veeeeeeeennnnnnnnnnnnnnnnnnniiiiiiiiiiiiiiiiiiiirrrrrrrrrrrrrrr!
Y al decir estas palabras aflojó todo el cuerpo y buscó ser
penetrada lo más profunda para darme una gran cantidad de espasmos, resultado de
un tremendo orgasmo…
VII
Dejé que ella tomara la inciativa y disfrutara su orgasmo…
Cuando sentí que había terminado de hacer sus movimientos espasmódicos… Seguí mi
mete y saca en su vagina y le levanté las piernas hasta que sus pies quedaron a
la altura de mis hombros…
Me metí uno de sus dedos en la boca y se lo chupé, luego mi
lengua se recorrió para introducirla entre sus dedos y tras humedecerlos, le
soplé e hice que los abriera y exclamó:
— Que bonito siento… Sigue así, por favor te lo ruego…
Le seguí lamiendo sus dedos, las plantas de sus pies y le
mordí ligeramente los talones… Mi madrina estaba embelesada. Creo que en su vida
le habían lamido sus pies, los cuales estaban bien cuidados, ya que acostmbraba
hacerse pedicure semanalmente… Sin duda, para mi una delicia…
Mi verga seguía entrando y saliendo, por momentos se la
dejaba ir en su totalidad y ella medio respingaba, pero no decía nada, le
gustaba tener mi colgajo dentro de su vagina… Había llegado el momento de
eyacular… Pero yo también quería disfrutar a plenitud ese gran momento y seguía
bombeando…
Cuando una descarga eléctrica recorrió desde mi cerebro y se
dirigió a lo largo de mi columna vertebral, comprendí que tendría una de las
mayores descargas de esperma que en toda mi vida había tenido…
Y así fue, porque seis o siete chisguetazos de leche salieron
disparados de mi pene y se estrellaron en los músculos vaginales de mi madrina,
quien sólo alcanzó a decir:
-— Te sale mucha leche de tu verga hijo… ¿Cómo le haces…?
A lo cual respondí:
— Madrina, tu me tienes muy excitado y desde que leí tu
carta, estaba esperando este momento…
— ¿Deveras te excita esta cuarentona mujer…?
— Si madrina…
Los dos sonreímos…
VIII
Cuando yo pensaba que todo había terminado… Mi madrina
Eustolia tuvo la ocurrencia de hablar por teléfono a mi casa y pedirle a mi
abuela que me dejara quedar con ella, ya que estaba sola y su compadre se había
ido a México…
Como era lógico y por la amistad de ambas, mi abuela accedió
y me quedé esa noche con mi madrina… Así que después de esa tarde de sexo, nos
dormimos un rato y como a las siete de la noche salimos a cenar unos tacos y
recorrimos un poco el malecón veracruzano… Para retirarnos después al nido de
amor en que se había convertido su casa…
La habitación de mi madrina era confortable, tenía baño y
todo lo que uno quisiera se podía hacer ahí mismo, además de una televisión de
grandes proporciones… Por lo que llegamos y de inmediato nos dirigimos a la
recámara y nos desnudamos antes de recostamos a ver un poco los programas de la
televisión. Sólo tapados con una sábana…
Ella se dirigió al baño y cuando salió ya iba sólo envuelta
en una toalla, se sentó en el taburete del tocador y pude apreciar sus nalgas,
lo cual provocó me excitara y deseara cogérmela por ahí…
Así que me acerqué y la despojé de la toalla para acariciarle
sus senos y sus pezones respondieron al masaje. Pero ya mi verga se incrustaba
en su espalda…
Mi madrina, mujer avezada en cosas de sexo, comprendió mis
negras intenciones y se puso sobre el taburete, dejando al aire sus hermosas
nalgas, por lo que me agaché y le introduje primero mi lengua para ensalivarle
el círculo negro de su ano…
Ella lanzó un suspiro y colocó sus manos hacia atrás, para
abrir sus nalgas y permitirme más espacio para acariciarlo… Por lo que ensalivé
un poco más y con la verga en la mano se la fui acercando hasta que logré
colocarle la punta y con suavidad le fui penetrando ese agujero que estaba a mi
merced, mientras ella sólo se quejaba por el agudo dolor que le taladraba su
ano…
Sin embargo, no dijo nada, aguantó estoicamente el cuarto de
pene que le introducía y cuando calculé que se había acostumbrado la penetré
hasta la mitad y un hilillo de sangre recorrió mi verga…
Comprendí que era la primera vez que alguien usaba ese
agujero y procuré ser lo más tierno con ella… Pero no se la saqué, así que por
varios minutos me contuve y cuando comencé a bombearla, no tuve más remedio que
meterla toda, hasta que mis testículos chocaron con su perineo y fue cuando
lanzó un grito enorme y desgarrador que me provocó espanto…
Pero se la dejé clavada y no hice el menor intento por
sacarla… Era necesario que se acostumbrara al tamaño de mi pene y a su grosor…
Empece a meterla y sacarla, primero ligeramente y luego hasta la punta… Para
volvérsela a meter con mayor fuerza, lo cual le producía un dolor enorme, por
los gestos que hacía…
Al poco rato, mi madrina, ya no sentía dolor alguno y se
entregaba completamente a los movimientos de la acometida que se hicieron
rítmicos y acompasados, fruto de la satisfacción que le producía tener la verga
de su amante ahijado en su trasero…
El mete y saca se hizo más violento, algo en mi me decía que
había que bombear más y más, hasta que mis sacos escrotales lanzaron el aviso de
que varios chorros de esperma serían derramados en ese negro agujero y así fue,
sólo alcancé a decir:
— ¡Me veeeeeennnnngggggooooo madrina en su culo!
Pero ella no dijo nada, porque también su cuerpo se dejó caer
en el taburete y también lanzó un alarido de que se le producía un orgasmo de
grandes proporciones… Como pude le metí la mano en su húmeda oquedad y sentí
como despedía su vagina un líquido viscoso y con un aroma penetrante…
IX
Cuando me zafé de ese negro agujero… Ella revisó mi verga y
vio que los residuos de mi sémen se confundían con el rojizo sangre de su ano y
me dijo:
— Mi virginidad anal ha sido tuya… Nunca creí que a tu
edad, fueras tan depravado… Pero me gustó, de eso no me arrepiento…
Y dicho esto, se retiró al baño para ducharse y demoró varios
minutos, porque según ella no podía sentarse, ya que le dolía demasiado el ano…
Llegó el momento de acostarnos… Pero mi madrina estaba
insaciable y cerca de la medianoche, me despertó para decirme:
-— Hijo… Hijo… Vamos a coger otra vez…
Y sin responderle, ella se encargó de engullirse mi verga y
ponerla a tiro, así que me volvió a mamar y lamer mi verga como ella ya sabía
que me gustaba, bajando el prepucio y lamiendo el glande, apretándome los
testículos y chupando con tal fuerza como si quisiera que así saliera el líquido
espermático…
Cuando sintió que mi verga estaba a todo lo que daba, mi
madrina me pidió que la montara y se la introduje en su vagina totalmente… Ella
sólo lanzó un gemido y comenzó a moverse para acompasar mi ritmo y los dos al
unísono nos movíamos a veces con lentitud y otras con rapidez pasmosa…
Era curioso, pero esa madura mujer me excitaba y hacía sentir
pleno, por lo que nuestros movimientos se fueron fundiendo en uno solo, hasta
que ella lanzó un ligero bramido y luego un alarido, señal de que estaba
teniendo su siguiente orgasmo…
Mientras tanto, yo seguí penetrándola para que disfrutara su
orgasmo… Pero al mismo tiempo, empecé a dispararle varias descargas de sémen que
por unos segundos de diferencia ambos nos confundimos al llegar, casi al mismo
momento, al final del coito entrelazados y mezclados con nuestros propios
jugos..
X
La noche, un poco fresca, transcurrió sin ningún problema y
cerca de las 5 de la mañana me levanté y tras darme una ducha, me acerqué a
donde estaba ella para darle un beso en la frente y despedirme, porque tenía que
entrar temprano a la escuela y debía pasar por mi casa para ponerme el uniforme…
Mi madrina Eustolia agradeció el gesto y dormitada como
estaba estiró la mano y abrió el cajón del buró para sacar algunos billetes y
dármelos… Quise contener esa acción, pero ella sólo me dijo:
— Ve con Dios hijo… Gracias por hacerme feliz…
Esa tarde cuando regresé a casa, supe que mi madrina había
comido con mi abuela y se había retirado enseguida porque tenía un dolor que no
la dejaba sentarse, como me lo dijera mi abuela… Aunque yo sabía la verdadera
razón de ese dolor…
Me dirigí a mi cuarto y en el cajón de la mesa de estudios,
encontré de nuevo un sobre y el cual, ahora si abrí enseguida. Adentro encontré
un billete de 500 pesos y una tarjeta que decía:
""Querido Román… Gracias hijo por hacerme feliz… En verdad
disfruté mucho tu compañía, pero sobre todo ese enorme colgajo en que se ha
convertido tu pájaro. Lo único que lamento es que me hayas estropeado el culo,
porque no me puedo ni sentar.. Pero no te preocupes, porque en cuanto me
reponga, lo tendrás para ti nuevamente… Te dejo algo de dinero para que te
compres lo que quieras. Te quiere tu madrina Eustolia…""
Las palabras escritas en esa tarjeta me produjeron una
excitación que calmé con una pajuela en el baño, pero recordando la noche de
sexo anterior… En tanto esperé el momento preciso para cogerme de nuevo a mi
madrina, como sucedió tres semanas después en mi cuarto. Pero esa será otra
historia…
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