La historia comienza a mis 16 años.
Mi nombre es Pablo. Soy el hijo mayor de un matrimonio joven.
Mi papa, Alfredo, viene de una familia muy bien acomodada. Es el vicepresidente
de una empresa de telecomunicaciones fundada por su padre, mi abuelo, cuando el
era chico. Cuando tenía 21 años embarazo a mi mama, en ese entonces de 17.
Mi mama, Victoria, viene de una familia más bien humilde. A
mis abuelos paternos no les hizo mucha gracia la situación pero mi papa se caso
con ella poco después de que yo fuera concebido.
Casi dos años después nació mi hermana, Luz.
Vivimos en la misma casa desde que nací. Es un gran
mobiliario de dos pisos con más habitaciones de las que necesitamos. Esta en un
barrio privado, bien separada de otras casas y de la calle para mantener una
máxima privacidad.
Mi familia siempre fue muy abierta en todo. Si bien mi papa
es el hombre de la casa y nadie se lo discute, nunca tuvimos problemas para
hablar de lo que nos preocupara.
A mis papas nunca les molesto que en la casa se ande con poca
ropa, o que en verano durmamos desnudos. Y desde que tengo memoria el sexo no es
un tema tabú en casa.
Aprovechando la independencia que mi hermana y yo tenemos, y
el fácil acceso al dinero, con el tiempo arme una colección bastante variada de
películas porno que uso, en la comodidad de mi habitación, para bajar mi lívido
cuando sube demasiado. Y lo normal es que suba. Confieso que soy un chico
bastante pajero. Casi cualquier cosa me la pone dura.
El año pasado cuando cumplí 15 mi papa me llevo a debutar con
una prosti porque el decía que ya tenia edad suficiente, que era demasiado
pajero y que el a mi edad ya lo había hecho con mas de una mujer. Yo no le
cuestione el razonamiento y fui sin reparos. No fue como lo esperaba, pero de
igual modo no me desagrado.
El problema fue que desde esa vez no había vuelto a tener
sexo, y la paja se había convertido otra vez en mi mejor amiga.
Melina es una compañera de la escuela un año más grande que
yo. Medio regordeta pero con un culo y un par de tetas que atraen la mirada de
cualquiera; y, lo mas importante, no tiene la reputación de ser muy difícil.
Hace poco me puse de novio con ella, sobre todo para ver si me la podía tirar.
Una arreglamos para encontrarnos en su casa. Sus padres
estaban de viaje. Era mi oportunidad.
Cerca de las 10 salí de mi casa diciendo que no iba a dormir
ahí, que iba a lo de mi novia.
Cuando llegue a su casa me estaba esperando en camisón. Podía
ver que no llevaba corpiño, sus pezones me saludaban a través de la tela.
Ni bien se cerró la puerta me lance como una animal sobre
ella. Caímos en el sillón del living. Mientras mi lengua buscaba su garganta,
mis manos sobaban sus pechos.
Baje una mano hasta su entrepierna para encontrarme con la
diminuta braguita que separaba sus dos velludos labios. Ya estaba medio mojada.
Mi falo, apretado todavía debajo del pantalón de jean,
pugnaba por salir. Me pare y baje mi pantalón y mi calzoncillo dejando al
descubierto mis 17 cm. de carne.
A mis 15 años media 1,6 mts. pelo castaño, ojos marrones y,
aunque tenia un cuerpo bastante formado, ya que desde muy chico mi papa me
incito a hacer deportes de toda clase, todavía tenia cara de nene. Pero de lo
que no podía quejarme era de mi instrumento: 17 cm. cuando estaba erecto, no era
el más grande en mi grupo de amigos pero no estaba lejos.
Como iba diciendo, estaba de pie con los pantalones bajos y
la pija dura llamando a gritos a mi novia cuando escuchamos unas llaves en la
puerta de entrada. Los padres de Melina entraron para encontrarse con un
espectáculo que no se esperaban.
Quede helado un minuto, pero enseguida reaccione y me subí
los pantalones. El padre de mi novia ya estaba gritando cuando melina me dijo
que saliera por atrás. Sin quedarme a pensarlo salí corriendo por la puerta que
da al patio.
Camine las cuadras que me separaban de mi casa abochornado y,
a mi pesar, todavía excitado. Había estado tan cerca, ¿Por qué habían regresado?
Llegue a mi casa y entre sin hacer ruido. No quería que se
despertaran y me pidieran explicaciones. En silencio subí a mi habitación con la
idea de cascarme una para bajar la excitación que tenia. Puse una peli porno con
el televisor en mudo y me tire desnudo en la cama. Me la estaba haciendo cuando
escuche una especie de gemidos que venían del pasillo, muy tenues, pero sin duda
no los estaba imaginando.
En seguida vino a mi mente la idea de mis padres teniendo
sexo, y la verdad escuchar los gemidos de mi mama me ponía mas que la peli sin
sonido. Así que me puse una bata y salí de la habitación para escuchar mejor. Me
acerque en silencio a la pieza de mis papas pero el ruido no venia de ahí, venia
del piso de abajo.
Baje las escaleras preguntándome donde estarían. Seguí los
gemidos, que ahora escuchaba muy bien, hasta un cuarto para huéspedes que usamos
como deposito para guardar cosas viejas que no usamos.
La puerta estaba cerrada pero los gemidos de gozosa
excitación de mi mama se escuchaban a la perfección. Ahí mismo pele mi chota y
comencé a pajearme como loco.
Cuando escuche que estaban por acabar apure mi paja y acabe
antes que ellos. Limpie la leche que había desparramado por el suelo y me
escabullí a mi habitación antes de que salieran.
Esa noche y las que siguieron tuve sueños intranquilos
plagados de imágenes de mis viejos cogiendo. Y oía los gemidos de mi mama hasta
que un último grito lleno de placer me despertaba.
Para colmo el malestar no se limitaba a las noches. Durante
el día, cuando veía a mis padres juntos, no podía evitar imaginarlos cogiendo
como animales en el depósito de la planta inferior.
Una tarde me desperté todo sudado y con una buena erección.
Había soñado con mis viejos otra vez. Como no había nadie en mi casa decidí
bajarme la calentura en el lugar de los hechos.
Baje hasta el cuarto/deposito y empecé a buscar rastros de la
acción de mis padres. El cuarto estaba abarrotado de cosas. Cerca de la puerta
había un gran ropero viejo que ya no usábamos. Adentro encontré unas frazadas,
tan viejas como el ropero, que olían a sexo. Las extendí en el único pedacito de
suelo que estaba libre imaginando que eso debía hacer mis papas antes de echarse
un polvo. La manta estaba llena de rastros secos de semen y fluidos. El morbo me
gano y me casque una acabando cerca de una mancha particularmente grande. Una
vez convencido que mi acabada no se notaba, guarde las frazadas de vuelta en el
ropero.
Cuando iba de salida me llamo la atención que una de las
paredes tenia una zona mucho mas oscura que el resto. Me acerque corriendo una
especie de enrejado de metal que estaba apoyado en ángulo contra la pared, y
descubrí que la zona oscura era una especie de hueco o agujero, posiblemente
hecho para un calefactor que nunca habían instalado, suficientemente grande como
para que una persona quepa sin mucho esfuerzo.
Ahí fue que se me ocurrió. A pesar de que una parte de mi
repudiaba la idea, me fue imposible no imaginarme en ese hueco viendo a mis
papas en acción. Al principio pensé que era una idea absurda, pero de a poco fue
tomando forma.
Note que el cuarto era bastante oscuro, no había otra luz que
la que entraba por la puerta y por la pequeña claraboya del techo, y si mis
papas cerraban la puerta como la otra noche la habitación debía de quedar casi
completamente a oscuras.
Además, pensaba en creciente excitación, si yo no había
podido ver el hueco en la pared, de día y con la puerta abierta, ellos, de
noche, con la puerta cerrada, y para colmo ocupados cogiendo, tampoco lo verían.
Y, como última barrera protectora, estaba la reja casi vertical tapando todavía
más el hueco.
Así fue como esa noche diciendo que me iba a dormir a lo de
mi novia (cosa que no me atrevería a hacer por miedo a que su padre me mate) me
escabullí a mi nuevo escondite sin que me vieran.
Era verdaderamente oscuro, hasta llegar al hueco me choque
todo lo que había en mi camino. Me acomode como pude. Estaba un poco nervioso
porque desde esa perspectiva el escondite no parecía tan escondido, estaba mucho
más cerca del centro de la habitación de lo que me pareció y sentía que la
primera persona que entrara me vería de inmediato. Pero aun así no me moví y
espere.
Para hacer la espera más llevadera me puse a pensar en mis
padres. Mi madre era toda una jodida hembra. Es morocha con ojos marrones muy
intensos, no muy alta, con apariencia de ser mas joven de lo que es, bien flaca,
con un par de tetas chicas y bien firmes, pero con un culo impactante: grande,
redondo y firme, un verdadero deleite para la vista, y un manjar para la pija
imagine.
Mi papa, en cambio, no es ni parecido a mi mama. El es alto y
bien fornido (producto del gimnasio y del polo, deporte que hizo toda la vida).
Tiene pelo rubio y ojos celestes. Se cuida mucho su cuerpo, casi al extremo de
ser obsesivo.
Y no solo su apariencia es distinta, sus personalidades
también lo son. Mi papa, chico rico nacido en cuna de oro, esta acostumbrado a
tener lo que quiere. Así como se le antoja un auto, o un bote se le antojaban
las mujeres. No es casualidad que mi mama sea de una familia humilde, y
ciertamente no fue la primera. Imagino que las jovencitas pobres e incultas como
mi mama eran presa fácil para alguien como mi papa y su circulo de amigos
igualmente mujeriegos. Y no descarto la posibilidad de que su época de mujeriego
no haya terminado, es mas, estoy casi seguro que en los lugares que mi papa
frecuenta siempre hay carne disponible para sacarse las ganas. Pero mi mama es
demasiado sumisa como para quejarse de las actitudes poco fieles de mi papa.
Con esos pensamientos en mente espere varias horas hasta
quedar dormido.
Esa noche no paso nada.
Durante las semanas que siguieron invente diferentes cosas
para justificar mi ausencia de la casa, lo que nadie sabia era que nunca me iba
de ella, me metía en mi escondite y esperaba que mis papas aparecieran. Y las
noches que no me escondía igual me quedaba despierto hasta altas horas de la
noche escuchando, atento a cualquier indicio de que mis padres salieran de su
habitación.
Una noche, de vuelta en el escondite, ya desalentado por no
haber visto a mis papas en acción y pensando que no eran tan sexualmente activos
como había esperado, me volví a quedar dormido.
Me desperté bruscamente. La luna, alta en el cielo, bañaba la
habitación de luz. Podía ver a la perfección dentro del cuarto, y no tarde en
ver el motivo de mi brusco despertar.
Frente a mí, a escasos metros, estaba mi papa dándome la
espalda. Estaba parado sobre las mantas, ya extendidas en el suelo, y desnudo.
Hacia rato que no veía a mi papa completamente desnudo y la imagen fue de
sorpresa. Su espalda era enorme, y bajaba en forma casi triangular hasta su
esbelta cintura. De alli arrancaba un culo perfecto, alto y musculoso que se
veía muy firme y se separaba en dos piernas fibrosas completamente lampiñas. Mi
primera reacción fue de susto, pensaba que me iba a ver. Pero el estaba ocupado
en otra cosa, suspiraba y tiraba la cabeza para atrás mirando el techo. Como sus
manos no estaban a la vista pensé que se estaría masturbando, pero esa idea fue
rápidamente descartada cuando vi unas manos de mujer apretar sus firmes glúteos,
parecía que empujaba hacia ella la cintura de mi papa.
Mi mama estaba mamándosela, no había dudas de eso. El susto
se convirtió rápidamente en excitación. Mi pija, ya dura, salio de debajo de mi
pantalón con rapidez y mi mano fue a saludarla.
La mole de mi papa tapaba completamente el cuerpo de mi mama,
así que desde mi posición no podía verla.
De pronto mi papa hablo por primera vez:
-ahh, siii, ahh ¿Quien es tu papi? Sii, shh
Que mi papa le hablara así a mi mama me puso a mil, mientras
me seguía pajeando mi papa seguida diciendo cosas como:
-eso nenita, me encanta... ¿te gusta la pija no putita?...
Me entraron ganas de ver a mi mama, quería que mi papa se
moviera así yo podía verla en acción. Y como si me hubiesen escuchado mi papa
dijo que quería estar adentro de ella. Al principio pensé que mi papa iba a
acostarse para adelante, sobre mi mama, tapándola por completo con su cuerpo,
pero en seguida me tranquilice al ver que mi papa se empezaba a acostar de
espaldas. Mi mama lo iba a cabalgar, iba a poder ver casi todo su cuerpo.
Mi excitación crecía sin límites, hasta que de pronto sentí
como si me hubiesen tirado un balde de agua fría encima, quede duro como una
piedra. Mi papa se acostó de espaldas dejando una morsilla tan larga y gruesa
que parecía de mentira, lustrosa por la saliva, apuntando hacia el techo. Y
sobre el, con su recién desarrollado par de tetas colgando desnudo, tratando de
tragar la gran chota de mi papa con su imberbe conchita, estaba mi hermana.
Mi hermana saco lo mejor de mis papas. Tiene el pelo negro y
lo lleva cortado hasta la oreja. Tiene los ojos celestes de mi papa, pero es
flaquita y menudita como mi mama, aunque con su corta edad ya desarrollo un buen
par de gomas que son cada vez más y más grandes, que ya alcanzaron la medida de
mi mama y prometen pasarla en poco tiempo. Tiene un culo con forma de manzanita,
chiquito pero se ve que es firme y jugoso. Sus manitos y sus pies pequeños y
delicados, la tez clara como la de mi papa. Un par de piernas que más de una vez
me la han puesto dura, tersas y completamente lampiñas, al igual que su rajita.
Con cara de dolor pero también de satisfacción Luz fue
bajando hasta quedar sentada sobre mi papa, con ese tremendo pijon metido
adentro.
Mi papa la agarro por el cuello y la atrajo hacia si. Cuando
sus bocas se encontraron se dieron un beso de lo mas caliente. Cuando sus
lenguas dejaron de ser una, mi hermana se volvió a incorporar.
Con sus manitos apoyadas en el pecho de mi papa hacia fuerza
para ir levantando la cadera, cuando la punta de la pija estaba cerca de salir
volvía a bajar. El movimiento era lento, pero regular. Mi papa tenía sus dos
manos ocupadas con las tetas de su hija. Los pezones de mi hermanita estaban muy
rojos y paraditos.
Las manos de mi papa seguían amasando las tetas de luz, pero
a ella no parecía molestarle, estaba más que ocupada en subir y bajar por
semejante rabo. Yo podía ver que hacia bastante fuerza con los brazos sobre mi
papa para no bajar demasiado rápido. Apenas gemía, era más un suspiro constante.
No podía creer lo que veía. La bestia de mi papa se estaba
cogiendo a su propia hija. Confieso que más de una vez le dedique una paja a mi
hermana, después de haberla visto cambiarse, o saliendo del baño, pero esto era
muy diferente. Y lo peor de todo era que yo estaba atrapado allí. Trate de mirar
para otro lado pero fue en vano. Los gemidos de mi hermana, que ahora eran mas
sonoros, producto de una aceleración en el ritmo de la penetración, me llamaban
y no podía apartar la vista de semejante espectáculo.
De a poco me fui exitando otra vez. El cuerpito de mi hermana
danzaba arriba de mi papa me estaba volviendo loco. Podía ver como la pija de mi
viejo aparecía y desaparecía dentro de aquel agujerito sin pelos. La cara de mi
hermana era de satisfacción, pero se notaba como le dolía cuando la pija entraba
completamente en su conchita.
Mi pija estaba como piedra otra vez, y sin pensarlo demasiado
mande manos al asunto. La morbosa escena me excitaba muchísimo. En poco rato ya
estuve listo para acabar y trate de aguantarme, pero lo único que logre fue
eyacular con mas fuerza, y con lo excitado que estaba no me di cuenta, hasta que
fue demasiado tarde, que uno de los chorros de leche fue a parar cerca de la
cabeza de mi papa.
Cuando lo vi mire instintivamente a mi hermana. Lo había
cazado al vuelo y sus ojos buscaban en la penumbra. Por un segundo me aterro
pensar en lo que mi hermana podría hacer, pero no hizo nada. Siguió cabalgando a
mi papa y se limito a buscar con los ojos en la oscuridad, hasta que de repente
su mirada se detuvo en la mía.
Estaba seguro que no podía verme, pero ella sabía que yo
estaba allí.
El ritmo de la cogida había aumentado bastante, mi hermana se
movía con presteza arriba de mi papa, quien la ayudaba a subir y bajar
agarrándola por los costados con sus fuertes manos. Ahora los gemidos de mi
hermana eran tan fuertes y gozosos como los que había escuchado la otra vez
pensando que eran de mi mama. La respiración de los dos era entrecortada y
agitada. Pero luz seguía con la mirada clavada en el lugar donde yo estaba.
Vi como los cuerpos de ambos se tensionaron. Mi hermana lanzo
un gritito casi sin aire y mi papa bufo como un toro cansado. Habían acabado.
Ella seguía con la mirada fija en mí. Vi como el miembro de mi papa, flácido
pero igualmente enorme, salía de entre las piernas de mi hermana. Su conchita
estaba empapada en leche. Mi viejo no tenía preservativo. Ella se iba a acostar
a un lado de mi papa, sobre las mantas, pero el tenia otros planes:
-Limpiala -le dijo en tono imperativo
Mi hermana lo ignoro, pero el la agarro del pelo y acerco la
cabeza de Luz a su pija. Ella comenzó a chupar todo el rabo de mi padre. Pude
ver que además del gran tamaño tenia unos enormes huevos haciendo juego, y
además note que no tenia vello puvico, ni en los huevos ni en la base del choto,
se los debía afeitar.
Cuando mi hermana dejo toda la pija de su padre sin rastro
alguno de leche se acostó con la cabeza en su pecho, pero con la mirada hacia mi
rincón.
Ver sus cuerpos desnudos, perlados por el sudor, tirados en
el suelo me hizo sentir muy raro. Seguía excitado, pero ahora me venían a la
cabeza pensamientos más racionales. Esto no estaba bien. Ella era una nena
todavía, tendría que estar dando sus primeros besos con lengua, no cogiendo con
un hombre adulto que encima resulta ser su padre, y que ni siquiera usa forro
para cogersela por la concha. Y lo peor era que daba la impresión de saber muy
bien lo que hacia, se había movido como una verdadera maestra arriba de mi papa,
¿cuanto tiempo de practica llevaría en esto?
Mientras los seguía mirando, y seguía pensando estas cosas la
pija de mi papa se ponía dura otra vez, y abandonando su estado de reposo volvía
a convertirse en ese animal enorme.
-Me gusto mucho bebe.
Mi hermana no dijo nada.
-¿que te parece si ahora probamos...?
-No - lo corto mi hermana-Ya habíamos hablado de eso.
Luz se levanto sin decir nada mas, su pequeño cuerpo todo
sudado se dirigió a la puerta pero mi papa también se levanto y la agarro antes
que pudiera dar un paso más.
-Vas a ser una nena buena y le vas a dar a papa lo que
quiere, ¿no?
-Soltame... No... No quiero...
Sin mucho esfuerzo mi papa la tiro contra la reja que estaba
entre ellos y yo. El cuerpo de mi hermana estaba de cara a mí. Mi papa a su
espalda la agarraba con fuerza, ella casi no podía moverse. El cuerpo de mi
hermana apoyado en la reja estaba a escasos centímetros de mí. Trate de
ocultarme pero no había otro lugar a donde ir. Ella ya estaba mirándome
fijamente, me dio mucha vergüenza, yo me había sacado el pantalón cuando pensé
que ella era mi mama y como no tenia remera me encontraba desnudo. Mi papa no me
había visto, como estaba detrás de ella su cuerpo me tapaba. Pude ver como el le
chupaba el culo.
Me imagine lo que iba a pasar. Luz estaba parada delante mió,
arqueada hacia delante con los brazos apoyados en la reja. Mi viejo la agarro de
la cintura poniendo su culito en pompa y con sus macizas piernas separo las de
ella.
Mi papa se preparo y sujeto con firmeza a mi hermanita. Ella,
callada, me miraba fijamente a los ojos. Mi papa empujo y mi hermana se
estremeció. Su grito de dolor fue amortiguado por una de las manos de mi papa.
Podía ver su sufrimiento. Con cada embestida su cuerpo parecía convulsionarse. Y
al cabo de un instante sus ojos, que seguían fijos en mi, se llenaron de
lagrimas.
Mi papa aceleraba sus arremetidas mientras con una mano
tapaba la boca de mi hermana y con la otra le amasaba las tetas, que estaban tan
cerca de mí que si estiraba el brazo podía tocarlas.
La sorpresa se junto con el dolor en los ojos de mi hermana
cuando su mirada bajo hasta mi miembro.
No solo tenia una erección terrible, además me había empezado
a masturbar. Me sentía terrible, culpable, pero la excitación ganaba y no pare.
Mi hermana veía como me pajeaba mientras mi papa le daba por el culo cada vez
más fuerte. Su cuerpo se retorcía de dolor, impotente.
A la altura de mi cabeza estaba su pequeña concha, tenía los
labios hinchados y muy rojos, y de entre ellos un hilo de semen colgaba y se
balanceaba al ritmo de las embestidas de mi papa. Por ultimo recorrí sus piernas
con la mirada, trabadas por las fuertes piernas de mi papa. Sus piecitos se
doblaban de dolor.
Ahora mi papa tenía ambas manos en la cintura de luz para
ayudarse a penetrarla ya que el ritmo que llevaba era brutal. Sin una mano que
ahogue los gritos el cuarto se lleno de sonidos de dolor y sufrimiento.
Mi papa estaba cerca de acabar y respiraba ruidosamente, mi
hermana casi se había quedado sin voz así que sus gritos no eran más que una
sombra de su dolor. Sus lágrimas se despegaban de sus ojos e iban a parar tan
cerca mió que me salpicaban las piernas.
Volví mi mirada a sus ojos justo en el momento que mi papa
acababa. Su grito mudo acompaño mi eyaculación también, y mi leche, toda, fue a
parar a una de sus piernas.
Mi papa se despego de ella y sin notar mi presencia se fue de
la habitación.
Con la cara roja, como la mayoría de su cuerpo, y empapada
por el llanto mi hermana empezó a moverse. Ya no me miraba. Despacio, dolorida,
dio media vuelta y tambaleándose se dirigió hacia la puerta.
Su culo estaba muy colorado y de entre sus nalgas salía un
chorro de semen mezclado con un poco de sangre que bajaba por la pierna que
tenía mi propia acabada. Cerca de la puerta recogió su camisoncito y sin decir
una palabra salio del cuarto.
Yo me quede como estaba un rato más antes de irme a mi
habitación. Tenía la cabeza hecha un desastre y me sentía terrible y culpable.
Estuve acostado mucho tiempo hasta que logre dormirme.