Los Abuelos
Primera Parte
Dedicados a Jaime(Chupito) y a Carrizo, con mucho cariño
Alberto, salio satisfecho del National Bank, por fin estaban
los 25.000 dólares en su cuenta, el sueño de toda su vida y el de su esposa
Luisa, se haría por fin realidad; un viaje Europa, de una duración, no menos de
dos meses estaba ya al alcance de sus manos.
Por supuesto había aun, algunas cosas que pulir, pero lo
principal, que era el dinero estaba ya asegurado.
No veía el momento de darle a su esposa la feliz noticia;
lógicamente, que después de 20 años de matrimonio, en realidad de un muy feliz
matrimonio, la idea era usar el viaje como una segundo luna de miel; por lo
tanto no habría mas remedio que decirle a sus tres hijas, que tendrían que
quedarse durante el tiempo que ellos se ausentasen, en casa de sus abuelos; no
les agradaría mucho las noticias; especialmente a Juanita, la mayor, ya que
desde hacia un par de mese estaba de novio con un compañero de universidad y
pondría mil excusas para no alejarse de su novio.
Con las otras dos niñas no habría mayormente problemas,
Martina y Josefina, adoraban a sus abuelos y no les molestaría tanto, ir a pasar
una temporada a la antigua casona, propiedad de los padres de su esposa Luisa.
Como sea, ya el viaje estaba decidido y Alberto no aceptaría
ninguna protesta por partes de sus hijas.
-¡No, no y no!- gritó ya con lagrimas en los ojos Juanita,
mientras corría a encerrarse en su habitación.
Alberto, miro a su esposa, como pidiendo consejo, ya que no
sabia como convencer a su hija mayor a aceptar el viaje a la casa de sus
abuelos.
Luisa, gran conocedora de los sentimientos de sus hijas,
movió su mano como indicándole que no se preocupara y subió lentamente las
escaleras para dirigirse al dormitorio de Juanita.
Al cabo de algunos minutos, minutos que a Alberto se le
hicieron eternos, regresó nuevamente su esposa con una gran sonrisa iluminando
su aun hermoso rostro y le comunicó que todo estaba arreglado y que Juanita iría
muy contenta a pasar el tiempo que ellos estuvieran ausentes, a la casa de sus
abuelos.
- ¿Como lo lograste? – pregunto sorprendido su esposo.
- Fácil – contesto Luisa – Su novio, Marcelo, irá con ella y
con el resto de nuestras hijas a pasar sus vacaciones a la casa de mis padres-.
Dos días antes de embarcarse en el avión que los llevaría a
Europa, se dirigieron hasta el pequeño pueblo en donde se hallaban los padres de
Luisa, y donde vivirían durante esos 45 días las adolescentes hijas y el novio
de Juanita.
Horas más tardes se detuvieron frente a una gran casona,
antigua, pero en perfectas condiciones, con un frente cubierto en partes por una
enredadera, que remarcaban los grandes ventanales.
Antes de que tuvieran tiempo de golpear en la gran puerta, de
doble hoja, de gruesa madera, esta se abrió y dos personas, un hombre y una
mujer, salieron y entre gritos y risas comenzaron a abrazarlos y besarlos: eran
los abuelos.
Don Mariano, el abuelo, era un hombre de algo mas de 60 años;
alto, delgado, de facciones angulosas, pero agradables, con unos ojos negros,
como el ala de un cuervo; de modales rudos, como todo hombre acostumbrado a las
tareas rurales, pelo negro, pero bastante canoso, que en realidad no lo
envejecían, si no, le daban un aspecto respetable y atractivo; a pesar de su
delgadez, su cuerpo era fuerte y duro, tenia una sonrisa que atrapaba, por que
destilaba bondad y simpatía.
Doña María, su esposa, se notaba que había sido en su
juventud una mujer muy atractiva, tenia aproximadamente unos 58 años, algo gorda
ya, pero su cuerpo mantenía aun algo de la dureza y belleza que la había
caracterizado en su adolescencia.
Salio también en ese momento a recibirlos, Carlos; Carlos era
el hermano menor de Luisa, que se había dedicado en los últimos años a viajar
por el mundo en busca de aventuras y a pesar de que sus padres tenían mucho
dinero, de fortuna; por lo visto había encontrado poco de estas cosas por que
regresó y había decidido quedarse con sus progenitores.
Era, Carlos, un mozo muy atractivo, heredó de su padre el
cabello y los ojos muy negros y también su delgadez, aunque su cuerpo de veía
fuerte y fibroso, era en extremo bondadoso y gentil, sobre todo con las mujeres,
el único defecto; si es que podíamos llamarlo defecto a esto, era que le
encantaban las mujeres, especialmente las adolescentes; por lo tanto sus ojos
brillaron al ver a sus jóvenes sobrinas.
Don Mariano no dejaba de abrazar y besar a las niñas, se
detuvo un segundo a mirar de arriba abajo a Martina; ésta a sus 21 años era las
mas bonita de las tres, ojos celestes y un cabello rubio, como el trigo maduro;
labios chicos , carnosos y muy rojos, su cuerpo era un capitulo aparte, muy
delgada , alta, delgada si pero con una par de tetas que era la admiración de
cuanto hombre se detuviese a mirarla; de cintura estrecha, con una nalgas en
forma de pera, muy paradas, era realmente un gusto verla pasar caminando y
mirarla desde atrás.
No paso inadvertida para Mariano, tanto así que no pudo menos
que exclamar mirando a su esposa: - ¡María, María, mira tú que par de tetas
carga esta niña y que culazo por Dios! Me hacen acordar a ti cuando tenías esa
edad-.
María conocedora de la forma de hablar de su esposo, largó
una risotada y pidió disculpas, también su hija Luisa, conocía bien a su padre y
por supuesto no pudo menos que reírse, solo Martina enrojeció, pero en el fondo
le complacía que se sacasen a relucir sus atributos, del cual ella, secretamente
estaba muy orgullosa, ya que veía en los ojos de sus amigos y compañeros como se
excitaban con solo mirarla.
-¿Y quien este esplendido mozo?- pregunto María, reparando
por primera ves en Marcelo y comiéndoselo con la mirada.
- Bueno mamá- dijo Luisa – Ha tenido que venir con nosotros
por que es el novio de Juanita, y tu ya sabes como es tu nieta cuando se le pone
algo en la cabeza, no ha querido separarse de él por tanto tiempo así que nos
atrevimos a invitarlos que se quede acá estos meses; claro siempre y cuando a
ustedes no les incomode-.
-¡Pero claro que no mujer!-dijeron a dúo los abuelos – Es tan
bienvenido como las pequeñas y esperemos que la pase muy bien en nuestra
compañía-.
Así que no bien estuvieron todos instalados, Alberto y Luisa
dándoles a sus hijas mil consejos y otros tantos besos y abrazos, subieron a su
automóvil y emprendieron el regreso a la ciudad, para allí, partir para su
destino tan soñado: Europa
Luego de la copiosa cena, las jovencitas se retiraron a
descansar, Marcelo fue ubicado en la habitación de Carlos, donde se coloco una
cama más, para que el invitado de último momento durmiera.
Los últimos en retirarse a sus habitaciones fueron los
abuelos.
La noche transcurrió en calma ya que todos estaban cansados y
nadie tenía muchas ganas de charlar, para eso y otras cosas mas habría tiempo de
sobra.
A la mañana siguiente las niñas fueron llamadas a desayunar,
como así también Marcelo y Carlos.
- No es necesario que se coloque ropa- les dijo Maria a sus
nietas – Estamos en familia así que bajen solo con sus pijamas, y luego pónganse
ropa de baño ya que hemos preparado la piscina para pasar una mañana nadando y
descansando al sol.
Tanto Juanita como sus hermanas Martina y Josefina, dormían
solamente cubiertas con un delgado camisón, por lo tanto les pareció muy
divertido bajar con tan poca ropa, especialmente Juanita que sabia que los ojos
de su novio se le saldría de las orbitas al verla con tan escaso atavío.
A pesar de tener ya 20 años, Juanita era aun virgen y Marcelo
era su primer novio y este no había pasado de darle algunos besos, así que
estaba segura que cuando la viera se volvería aun más loco de lo que estaba por
ella, esto la excitaba muchísimo y mas aun la estimulaba, al notar como se le
formaba el bulto sobre los jean, cada vez que estaban juntos.
Marcelo se preocupó un poco al sentir el llamado a desayunar
de Maria, pero luego le pareció normal, en esa casa las cosas no eran como en la
suya, ya que por lo general en su casa eran mas estrictos en cuestiones de
vestir, el problema era que el dormía solo con un par de bóxer, no usaba ningún
tipo de pijama, por lo tanto bajó a sentarse a la mesa solo cubierto por sus
bóxer de color azul.
Al bajar, vio que solo los abuelos y Carlos estaban en la
mesa, don Mariano y Carlos al igual que el solo tenían puesto ropa interior,
Maria tenia un camisón muy delgado de algodón blanco, se notaba que no tenia
nada debajo, ya que al caminar para servir el desayuno, no solo se veían
bambolear sus grandes y pesadas tetas, si no que se le marcaban claramente los
grandes pezones, como así igualmente el negro triangulo de pelos de su bajo
vientre.
En el momento que Marcelo se acomodaba en la gran mesa,
bajaban, por las escaleras las tres hermanitas.
En primer lugar Juanita, solo cubierta por un delgado camisón
de seda, color celeste claro, que apenas le cubría el nacimiento de los muslos,
esto y el hecho que sus piernas se entreabrían para ir de un escalón a otro,
mostraba que nada tenia debajo, así que se veían perfectamente los rizos,
abundantes y negros, de los pelos que rodeaban su concha, dejando incluso ver
algo de la rosada raja; las tiras de su camisón eran bastantes largo, por lo
tanto tenia que usar sus dos manitos para tratar que sus tetas no se le
escaparan por los costados, lográndolo a medias, por que mas de una ves quedo a
la vista de los presentes y especialmente de su novio, los oscuros pezones y las
grandes areolas.
Detrás de ella, estaba Martina, cubierta en la parte de
arriba con una especie de camiseta corta que apenas le tapaban, a pesar de que
solo tenia 16 añitos, las grandes y rotundas tetas; viéndola de abajo se le
advertía perfectamente parte de estas, solo quedaban ocultos los pezones, ya que
al ser dicha camiseta de algodón algo grueso ni siquiera se le transparentaban,
lo que si se veía bastante bien era toda su raja, ya que la pantaletas era
blanca y transparente, incluso por los bordes que se ajustaban sus a su ingle
algunos pelos rubios se le escapaban, su vientre, plano, y su ombliguito tan
delicado, bien a la vista, haciendo en conjunto una imagen terriblemente
excitante.
Finalmente Josefina, al ser la mas chica de todas, ya que
solo tenia 18 años, tenia puesto un camisón de algodón amarillo claro que le
llegaba hasta casi los tobillos, sin embargo al moverse y pegarse éste en su
delgado cuerpo, se notaba que: primero estaba totalmente desnuda debajo y
segundo que ya su cuerpo se estaba convirtiendo en el cuerpo de una mujer y muy
bien formada por cierto.
Las tres se sentaron en la mesas con los rostros arrebolados
de vergüenza, pero con una sonrisa que desmentía en cierto modo esa timidez, ya
que era la primera ves que estando con tan poca ropa o al menos con ropa tan
intima, se sentían admiradas y deseadas por los tres hombre, a pesar que en
realidad estos hombres eran parientes de ellas; dos al menos y un tercero quizás
seria parte de la familia, en un futuro próximo.
- Mira mujer- le dijo don Mariano a su esposa – Es como yo te
digo, nuestra nieta Juanita tiene sus tetas igual a las tuyas; acércate querida
y tú Juanita ven acá - .
Maria que estaba colocando el desayuno sobre la mesa obedeció
a su esposo, Juanita se levanto de la silla y también se acerco a la cabecera de
la mesa donde estaba su abuelo.
Este para la sorpresa de la niña, tomo con sus dedos los
tirantes del camisón y los bajo por los hombres de su nieta, dejando bien a la
vista las tetas de Juanita, Maria con gesto algo cansado de tener que obedecer
en todo a su esposa, pero con cierto grado de excitación por el juego obedeció
también y bajando su camisola dejo al descubierto sus propias tetas.
Eran en realidad, salvando la gran diferencia de edades,
bastantes parecidas, no por supuesto en dureza, pero si en su tamaño, forma y
color de areolas y pezones.
Juanita miro de reojo a su novio primero y luego a su tío
después y vio que tanto uno como otro no sacaban la vista de su desnudez y la de
su abuela, esto la complació y la excito de tal forma que noto es su rajita una
suave y dulce humedad.
Don Mariano miraba alternativamente a una y otra mujer, luego
llevando sus dedos al pezón de Juanita lo toco y pellizco suavemente haciéndolo
poner mas duro aun de lo que estaba, hizo lo mismo con el de su esposa, que
reacciono de igual forma, luego coloco nuevamente los tirantes en su lugar y
mascullando – Yo siempre tengo razón – mandó a la niña sentarse nuevamente y
riendo continuo desayunando.
Juanita al sentir los dedos de su abuelo tocarle ese lugar
tan sensible, sintió que sus piernas temblaban y deseó que su abuelo siguiera
haciéndolo, mas la excitaba que su novio la estuviese viendo, pero don Mariano
dejo todo ahí, como si lo único que le importase fuese demostrar lo igual que
ella tenia esas partes con su abuela.
El resto del desayuno transcurrió sin nada importante de
narrar, pero tanto Marcelo como algo menos Carlos, que tenia mucho mas mundo y
contactos con mujeres, estaban excitados; Marcelo por que había visto por vez
primera las hermosas y paradas tetas de su novia y también por ver semidesnuda a
doña Maria y por supuesto ver a sus apetitosas futuras cuñaditas, prácticamente
sin ropas.
- Como tengo que preparar el almuerzo y para eso falta varias
horas aún, les recomiendo que vayan a la piscina que esta llena y pueden darse
un chapuzón o simplemente tomar algo de sol – dijo la abuela y mirando a las
niñas, terminó diciendo – Ustedes especialmente que están muy blancas mal no les
vendrá dorarse un poco-.
- Pero abuela – protesto Juanita - Es que no trajimos ropa de
baño, ya que nuestros padres nada nos dijeron de que tenían una piscina-.
- Esta hija mía siempre tan olvidadiza – respondió Maria –
Pues hagan lo que quieran, en todo caso pueden hacerlo desnuda, ya que acá
estamos todos en familia y nadie se sorprenderá de verlas - ,
- Pues claro – dijo don Mariano, levantándose de la mesa –
Vamos, vamos nada de vergüenza – y se dirigió a la salida para entrar en el
enorme parque donde estaba la piscina llena de agua cristalina y fresca.
Detrás de el, salieron las adolescentes hermanas, junto a
Marcelo, que a duras penas podía disimular su excitación y también Carlos que ya
veía que gozaría de un esplendido espectáculo.
Al llegar al borde de la piscina, don Mariano rápidamente se
despojo de la única prenda que tenia y se zambullo en el agua.
Las tres hermanas se quedaron un poco cortadas, paradas en el
borde de la alberca, sin saber a ciencia cierta que actitud tomar, una cosa es
estar con tan poca ropa y otra muy distintas desnudarse completamente a la vista
de los tres hombres a pesar de que eran familia; lo miraron a Marcelo que estaba
tan confundido como ellas; sin embargo, este, encogiéndose de hombros, tomo el
borde del bóxer y bajándoselo hasta los tobillos se lo saco con un movimientos
de sus pies; los ojos de Juanita y su hermanas se abrieron como platos el ver la
erecta verga del joven; apuntaba hacia arriba, con todo el redondo y enorme
glande al descubierto, Marcelo a pesar de la vergüenza que sentía no dudo en
quedarse desnudo delante de su novia y de sus hermanas, es mas; se quedo
bastante tiempo para que ellas pudieran admirar en todo su largor y grosor la
herramienta que cargaba.
Luego, el joven saltó hacia las cristalinas aguas de la
piscina y emergiendo se tomo de los bordes, mirando a las niñas para ver que
decisión tomaban ellas
Juanita se humedeció instantáneamente al ver a su novio, al
pasarse rápidamente las manos por sus tetas rozándose los pezones, los sintió
erectos y duros; también sus hermanas sintieron el impacto al ver por vez
primera a un hombre desnudo y con la verga erecta.
-Vamos nietitas – les gritó su abuelo mientras nadaba de una
punta a la otra – El agua esta espectacular-.
Fue Josefina, la que finalmente tomó la iniciativa,
inclinándose tomo el ruedo de su largo camisón y levantándolo se lo fue sacando
por la cabeza, en un instante, su delgado y hermoso cuerpo de preadolescente
quedo a la vista de todos.
Tenia las piernas muy largas y hermosamente formadas, su
cintura estrecha y el vientre muy plano, entre medio de sus muslos una matita de
pelitos negros y largos apenas ocultaban los labios gorditos de su vagina, al
prepararse para saltar al agua estos se entreabrieron y Marcelo que estaba
debajo de ella pudo advertir el brillo de la humedad producto de la excitación;
sus tetas que ya despuntaban; no olvidemos que solo tenia 18 años, eran
pequeñas, pero redondas y sus pezones, aun abultaditos, eran de color rosado y
estaban ya bastantes duros.
Gritando y riendo Josefina salto a la piscina sumergiéndose
en las frescas aguas, emergiendo de ellas se coloco al lado de Marcelo
observando a sus hermanas.
Carlos no perdía detalles de lo que sucedía, tampoco lo hacia
don Mariano a pesar que nadaba de un lado a otro y les gritaba a sus nietas para
que se apurasen, al ver entrar en el agua a Josefina nado hacia ella y se coloco
por detrás tomándose de los bordes de la piscina y rozando el culito redondo y
parado de su nieta menor, con su verga que estaba pasando de su flacidez
habitual a tomar una dureza considerable.
Continúa