Siempre se ha dicho que el fútbol levanta pasiones, y en los
hombres de mi familia eso es algo que está más que comprobado. Mi padre me
enseñó todo lo que se tiene que saber sobre el deporte rey, y no nos perdemos un
partido jamás. Esto, aunque nos une enormemente a mi y a mi padre, siempre ha
sido motivo de discusión entre mis padres, ya que mi madre es anti-fútbol total.
Supongo que lo que más le molesta es que cuando hay partido, se siente
invisible, pues mi padre y yo nos volcamos tanto en el fútbol que durante esas
dos horas no existe otra cosa. Pero quitando eso, somos una familia feliz de
Zaragoza. Yo me llamo Joaquín, tengo 22 años, estoy a punto de acabar la carrera
de químicas y se puede decir que soy un chico normal(o al menos lo era).Mi padre
Pedro tiene 47 años, es algo bruto, pero de los que caen bien a todo el mundo
desde el primer instante, y es todo un hombre de familia. Mi madre Ana tiene 42
años, pero desde luego aparenta estar aún en los treinta, y en muy buena forma
por cierto. Mantiene un culo prieto, con carne donde agarrar, llenando cualquier
pantalón que se pone en una forma perfectamente redonda. Aparte de su culo, que
ya me gustaría que tuviese mi novia, es muy esbelta en general, y con un rostro
del que me gustaría haber heredado algo más que la barbilla. Tiene los rasgos
muy finos, con unos ojos color miel que siempre consiguen lo que quieren de mi
padre y que además hacen juego con su pelo castaño. Pero lo que más llama la
atención son sus tetas. Tiene unas tetas increíbles, bastante grandes sin ser
enormes, y que hoy en día siguen llamando la atención igual que hace 20 años, y
que igualmente siguen desafiando a la gravedad, para mantenerse firmes y
redondas.
Como he dicho, el fútbol nunca había sido su pasión, pero
pronto le encontraría el gusto a esto de tocar la pelota.
Todo ocurrió un día que volvíamos de visitar a la abuela, y
el tráfico estaba horrible, con los tres muertos de hambre y encima mi padre y
yo desesperados por no perdernos el Zaragoza-Real Madrid. Al final cuando ya
casi habíamos llegado a casa se había hecho tarde, estábamos agotados y mi madre
demasiado cansada para cocinar, así que decidimos parar en algún bar del lugar
para tomar algo. Entramos primero mi padre y yo porque mi madre quería llamar a
la abuela para ver como estaba, y nada más entrar al bar nos invadió el ambiente
de noche de partido, que estaba ya en su segunda parte recién comenzada. Fuimos
rápidos a la barra pues no había una sola mesa libre, y pedimos algo de comer
para nosotros y también para mi madre. Yo me fui acto seguido al baño pues tenía
que echar una meada, y de paso fumarme un cigarrillo. Por suerte era uno de esos
baños con ventana al exterior, y aunque te mosquean mazo porque cualquiera de
fuera te puede ver meando, viene genial para fumar a escondidas. Al cabo de un
rato entro mi madre y parte del bar se quedó callado de repente. Era un bar de
cincuentones, y allí no se veía a ninguna otra mujer que a una señora que había
tras la barra que debería tener sobre la edad de mi madre pero allí acababan los
parecidos, porque a esta sí que le habían pesado los años y hacía que mi madre
en vez de aparentar los 35 que suele echarle la gente aparentase 25. Además mi
madre ese día iba vestida con unos vaqueros bien prietos que le marcaban el culo
a la perfección, y encima sólo llevaba un polo rosa algo viejo que había ido
encogiendo con los años, y que marcaba sobremanera sus pechos. A todos los
hombres del bar se les caía la baba al ver a mi madre, y ella, ya acostumbrada a
ello cruzó el local decididamente hasta la barra. Mi padre y yo ya estábamos
demasiado absortos en el partido y no le dimos importancia al repentino
silencio, y lo mismo hizo todo el mundo porque en seguida ya se llenó el local
de nuevo de gritos contra jugadores y árbitros. En ese momento oí un comentario
que mosqueó un poco, y al girarme vi a nuestra derecha, sentados en una mesa dos
chavales de mi edad, que no paraban de mirar hacia la barra, donde estaba mi
madre, y parecían desvestirla con la mirada.
-Coño mira, ¿has visto las tetas de la titi esa?
De reojo pude ver como los dos chavales miraban y se reían de
los comentarios hechos por cada uno sobre la anatomía de mi madre.
Mi padre no se daba cuenta de nada en ese momento y mi madre
o no lo oyó o decidió hacer oídos sordos. Entonces uno de ellos se levantó y se
puso al lado de mi madre.
-Hola, ¿qué tal? ¿Viendo el partido? – dijo decidido
-¿Perdón? – preguntó mi madre sorprendida.
-Hola, soy Sergio. Te preguntaba si estabas viendo el
partido. – Sergio era un chaval de pelo rizado, de rostro muy anguloso y moreno,
y con un cuerpo atlético como el que siempre había querido tener yo.
-¡Ah! Hola, yo soy Ana. Y no, no estoy viendo el partido. No
me gusta el fútbol.
-¿Ah no? ¿Y para qué has venido?
-Por mi marido y mi hijo. Teníamos hambre y de paso ellos
querían ver el partido.
-¿Te puedo invitar a algo? – le propuso el chaval.
-No gracias, ya hemos pedido algo – respondió mi madre con
una sonrisa
Al ver que uno de ellos había establecido contacto, el otro
saltó de su silla y se puso al otro lado de mi madre, apartándome de un empujón
para tenerla flanqueada por los dos lados.
-Oye, si no estás viendo el partido, al menos siéntate con
nosotros y así hablamos – sugirió el recién incorporado.
Yo miraba de reojo todo lo que pasaba y mi madre miró primero
a los dos chavales, que tenían buena planta y eran guapetes de cara, y tras
decidir que además de guapos eran simpáticos, nos dijo a mi padre y a mí que se
iba a sentar con ellos. Mi padre contestó un sí vago, completamente absorto en
el partido. Yo no contesté, pero eso a mi madre ya le dio igual y se sentó en
medio de los dos. Los dos chavales acercaron sus sillas para estar casi rodilla
con rodilla con mi madre, y dejaron de ver el partido, detalle que ella
agradeció pues además de suponer para ella una victoria en su batalla personal
contra el fútbol habiendo conseguido arrebatarle a dos seguidores, estos dos le
daban conversación, y además centraban toda su atención en ella. La mesa estaba
a menos de un metro de donde estaba yo de pie, y no perdía detalle de lo que
ocurría entre esos dos listillos y mi madre.
-Si tienes razón. Todas las mujeres están cansadas de que los
tíos las dejemos por el fútbol….pero míranos a nosotros dos, que preferimos
estar hablando contigo que ver este partido – le decía uno a mi madre mientras
ponía su brazo ardedor de los hombros de ella.
-No te quejarás, que además estamos buenos que te cagas, ¿o
no? – añadió el otro que se llamaba Carlos. Este era un auténtico maromo, que a
pesar de su camiseta de fútbol ancha, se notaba que había pasado unas cuantas
horas en el gimnasio.
-Jajaja, sois un peligro. Pero sí, tengo que reconocer que
estáis bastante buenos – se reía mi madre divertida.
-Oye por cierto, que tetas más bonitas tienes. ¿Son
naturales? – preguntó Carlos sin apartar sus ojos de los dos globos de mamá.
Ella se le quedó mirando durante un segundo con cara de
sorpresa para luego romper en una carcajada.
-¡Jajaja, pero cómo eres así! – dijo mamá dándole una palmada
en el muslo.
-¡Te cuidado! – le advirtió Sergio entre risas – Como te
descuides le acabas tocando la polla, jaja.
-Bueno….¿ya estamos siendo fantasmas? – respondió mi madre
segura de que era otra broma de ellos.
-Te aseguro que yo con eso no bromeo – le aseguró Carlos.
-Bueno bueno, eso habría que verlo – dijo mi madre en broma.
-Cuando quieras, Ana, si quieres vamos ahora al baño y te la
enseñamos los dos.
-Jaja, eso díselo antes a mi marido y a mi hijo que están ahí
al lado – dijo mi madre señalándonos. Yo aparte rápidamente la vista porque no
quería que creyese que estaba en plan hijo celoso.
-Ellos no tienen porqué enterarse – le dijo Sergio. Pero esto
lo dijo con un tono distinto más serio, casi como una proposición, lo que me
dejó helado, y por lo visto a mamá también, por la expresión de su cara.
Enseguida mi madre apartó su mano del muslo de Carlos y
cambió de tema, y entre ellos se miraron e hicieron como que nada había pasado.
Pero esa mirada no paraba de mosquearme. Parecía que estuvieran planeando algo.
Al cabo de un rato volvían a tener una conversación amistosa, con bromas algo
subidas de tono pero de buen rollo. Entonces vi que Carlos ponía "inocentemente"
su mano en el muslo de mamá para que ella se girase porque quería contarle algo,
pero desde ese momento no volvió a levantar la mano de la pierna de mamá. Ella
no hacia nada que pareciese indicar que le molestaba, y probablemente se sentía
halagada por esos dos chicos de la edad de su hijo que trataban de flirtear con
ella, y por eso le permitía cierto contacto físico, porque tal y como ponía su
manaza sobre las piernas de mi madre, era imposible que ella no lo notase.
La conversación entre los tres fue tornándose cada vez más
subida de tono, con Carlos y Sergio tratando de sacarle detalles de su vida
sexual a mi madre a cambio de contarle toda tipo de detalles de sus encuentros
con otras chicas de su edad. Mi padre seguía en su mundo con el partido, y yo
empezaba a estar mosqueado de ver a mi madre tan cómoda con cuatro manos
tratando de sobarla disimuladamente todo el rato. La mano de Carlos llevaba ya
en su muslo casi 10 minutos y cada segundo parecía subir un poco más, y por fin
para mi alivió mi madre notó que esa mano ya había subido demasiado, pues casi
estaba rozando la ingle. Le apartó la mano pero sin brusquedad y riéndose.
-¡Pero bueno! Jaja, ¿a dónde vas con esa mano? – le preguntó
mamá sin enfadarse, más bien riéndose como si le hiciera gracia aquel joven
tratando de meterla mano. - ¿A caso te gustaría que te tocase yo tan arriba en
el muslo?
Diciendo esto puso su mano en el muslo de Carlos, aunque
bastante más debajo de donde él había llegado a tocarla, pero algo encontró allí
que le hizo ahogar un "oh dios mio" y apartar la mano enseguida.
-Te lo dije Ana. Ya te lo avisé. Carlos no es un cualquiera,
ni yo tampoco., jajaja.
Mi madre miraba a ambos una y otra vez, como entre confundida
y avergonzada, mientras ellos dos se reían.
-Venga mujer, no te asustes. Tu tienes unas tetas enormes que
me gustaría tocar, y yo tengo una polla enorme que probablemente tú estas
deseando volver a tocar. – dijo Carlos volviendo a poner su mano sobre el muslo
de mamá.
Pero afortunadamente mi madre le apartó la mano y
levantándose les dijo con apuro:
-Yo…esto…debería volver con mi marido y mi hijo. Encantada de
habler hablado con vosotros.
Y diciendo esto se puso otra vez a mi lado en la barra,
apoyada de frente, dando la espalda a Carlos y a Sergio. Pude ver que además de
confusa, estaba bastante excitada, cosa que me molestó bastante, pues no me
hacía gracia verla cachonda, aunque fuese un poco, por tocar unos nabos de
alguien que no fuera mi padre, y en especial si eran chavales de mi edad. Yo iba
a decir algo cuando me sentí otra vez empujado y vi a los dos chavales que
volvían a flanquear a mi madre.
-¿Qué te pasa Anita? ¿Porqué nos dejas así plantados? – le
espetó Sergio.
-No…yo…es que… - mi madre intentaba decir algo pero se la
veía demasiado nerviosa, y ni siquiera se atrevía a girarse.
-Has tocado algo demasiado grande que te ha asustado,
¿verdad? – le susurró el otro mientras le comenzaba a acariciar el brazo. Mi
madre dio un respingo, y se le puso la cara roja.
Yo estaba a punto de decir algo e iba a avisar a mi padre
cuando escuché algo que me dejó helado.
-Dime Anita, ¿no te gustaría tocar un buen pedazo de carne
como el que has tocado antes? Tanto yo como mi amigo estamos muy bien dotados, y
ahora mismo estamos muy cachondos gracias a ti. – Sergio había cambiado
completamente de tono al hablar a mi madre, de bromista a un tipo confiado que
estaba seduciendo a una mujer casada y madre de un hijo que estaba allí mismo –
Venga…sé que quieres tocárnosla, lo estás deseando, y nosotros también. Queremos
que las notas bajo nuestro pantalón.
Entonces ambos se pegaron completamente a mi madre,
probablemente rozando las piernas de mi madre con su entrepierna, deduciendo de
la expresión de incomodidad excitada que pude ver en su cara. Me giré deseando
que nadie estuviese viendo semejante espectáculo para vergüenza mía y de mi
padre, y afortunadamente todos estaban embobados con el partido. Cuando me volví
a girar se me quedó cara de tonto al ver como cada uno de ellos había cogido una
mano de mi madre, y las estaban acercando a su entrepierna. Mi madre se resistía
pero lógicamente ellos eran más fuertes, y por lo que pude ver tampoco se
resistió demasiado, y cuando tuvo su mano en total contacto con ambos paquetes,
se quedó con la boca abierta, como si se le hubiera cortado la respiración.
-Dime Anita…¿qué te parece ahora? – preguntó Sergio mientras
llevaba la mano de mamá arriba y debajo de su entrepierna. Mamá no dijo nada y
sólo tragó saliva.
-¿Son grandes o no?¿Eh? jeje – dijo Carlos haciendo lo mismo
que Sergio.
-Si….sí que son grandes….son…enormes…si… - consiguió
responder mi madre.
Yo volví a mirar alrededor esperando que nadie se fijase,
porque esto ya sí que era humillante. Pero Sergio y Carlos estaban tan pegados a
mi madre que había que fijarse para ver el movimiento de manos que había de
cintura para abajo, y todo el mundo estaba con el partido. Durante unos minutos
nadie dijo nada. Ellos guiaban las manos de mi madre a través de sus paquetes,
mirándose entre sí complacidos, y mi madre sólo miraba al frente sin saber qué
hacer con semejantes paquetes entre sus manos. Al cabo de un rato tanto Sergio
como Carlos soltaron sus manos, pero mi madre a pesar de ser libre de dejar de
tocarles, siguió con el mismo movimiento que había estado siguiendo junto a la
mano de esos dos chicos. Era evidente que estaba perdiendo el control sobre ella
misma por momentos. Ellos al ver que mi madre ya cooperaba se miraron y se
guiñaron un ojo. Acercándose, Sergio le dijo:
-Bueno…veo que te gusta tocarnos el paquete, ¿eh? A nosotros
nos apetece tocarte las tetas. Es lo justo, ¿no? – mi madre tragó saliva sin
saber que decir, pero siguió frotándoles el paquete.
-Venga Anita, que me muero por sobarte esas tetazas. Seguro
que tu también te mueres de ganas por que te cojamos tus melones. ¿No te
gustaría? Que te tocásemos las tetas, te las estrujásemos, las chupásemos, que
te succionasemos esos pezones deliciosos que debes tener…Venga, sólo tocaremos
un poco….nadie lo va a ver. Fíjate, están todos demasiado ocupados con el fútbol
que tanto odias. Pero el fútbol son más cosas. Como tú tocándonos el paquete, y
nosotros tocándote las tetas. Venga, no falta mucho para que acabe el partido.
Sólo te las tocaremos un poco, y si alguien nos ve, pararemos. ¿qué te parece? Y
tu podrás seguir tocándonos el bulto todo lo que quieras, jaja.
Sergio se inclinó para besarla, pero ella apartó la cara.
-¿Pero qué coño…? Venga zorra, sabes perfectamente que te
gusta que te toquen las tetas. No seas tan puta, tú tocándonos la polla, ¿y ni
siquiera me dejas besarte? – El tono de Sergio cambió radicalmente. Había pasado
de tratarla como a una señora casada que flirteaba a tratarla como a una zorra
cualquiera – Voy a contar hasta tres, y si no me dejas probar esa lengua de
guarra que tienes, tú te quedas sin tocarnos la polla. Uno….dos….
-¡No! – le rogó mi madre – No…aquí no…vamos…al baño.
Los dos se miraron como diciendo: "el plan ha salido a la
perfección", y Sergio cogió de la cintura a mamá y empezó a andar hacia los
baños. Carlos les seguía, mirando el culazo de mamá al andar. Yo me quedé allí
con cara de tonto durante unos segundos, sin saber qué hacer. Entonces decidí
que tenía que parar aquello como fuera y el baño era perfecto, pues así nadie
más se enteraría, así que fui directo al baño, pero casi me da un vuelco al
corazón al ver que la puerta estaba cerrada. Entonces me acordé de la ventana
del baño, y rezando por que no la hubiera cerrado alguien, salí pitando del bar
y dando un rodeo, me llené de arañazos atravesando los matorrales pero al fina
llegué hasta la ventana.
Al asomarme casi se me para el corazón. Pude ver a mi madre
besando apasionadamente a Sergio, que la sobaba bien el culo mientras por detrás
Carlos le agarraba de las tetas. Mi madre, mientras ofrecía su boca a Sergio,
tenía una mano delante y otra detrás, tocando aquellos paquetes que contenían un
enorme tesoro.
No podía creerlo. Estaba a punto de ver a mi madre traspasar
la línea del tonteo para llegar al adulterio, y lo estaba haciendo a escasos
metros de papá, con dos desconocidos de mi edad y en el baño de un bar de mala
muerte.
Sergio metió su mano en la entrepierna de mamá, provocándola
un suspiro que interrumpió el intenso beso que se estaban dando, momento que
aprovechó el gorila de Carlos para levantarle el polo a mi madre. Aún no le
había sacado el polo por la cabeza cuando Sergio ya le había arrancado el
sujetador y estaba chupando en pezón, provocando un espasmo de placer en mamá.
Tras tirar el polo al suelo, Carlos la agarró de la barbilla y la hizo abrir la
boca para dar entrada a su lengua, que comenzó a embadurnar sus morros de
saliva, pero ella estaba tan excitada que le daba igual todo. Sólo se
concentraba en seguir tocando esos dos bultos que parecían de tamaño imposible.
-Joder Carlos, tienes que probar estas tetas. ¡Coño, no había
catado unos pezones así en mucho tiempo! – le dijo Sergio a su amigo.
Entonces Carlos sacó su enorme lengua de la boca de mamá y la
giró, apoyándola contra la pared. Ella puso sus manos sobre su cabeza,
rindiéndose ante ellos y ofreciéndoles sus increíbles tetas. Inmediatamente los
dos se lanzaron sobre sus pechos, cada uno cogiendo uno de aquellos melones y
saboreando cada centímetro de teta que tenían entre sus manos. Mamá bajó las
manos para acariciar las cabezas de sus dos nuevos amiguitos que estaban dejando
sus tetas brillantes de saliva.
-Uhmm…..siiii….aahhhh……dios cuánto estaba deseando que me
comieseis las tetas… siiii – les decía mamá llena de excitación.
Cuando tuvo las tetas bien húmedas, agarró suavemente del
pelo a esos dos cabrones y consiguió separar sus labios de sus pezones.
-Aahhh sii….Buen trabajo chicos. Creo que me van a reventar
los pezones – dijo mi madre sonriendo de placer.
-¡Jajaja, ya te digo si están duros tus pezones! – se reía
Carlos.
-¡Dios, vaya tetas! Si llego a saber que tienes unas tetas
así, te las como en el bar delante de todos! Jajaja – dijo Sergio. Mamá se reía
con los dos con las bromas que hacían de su boca y sus tetas, mientras ella
acariciaba sus cabezas y ellos seguían lamiendo sus melones.
Yo creí que todo había terminado, pero mucho me equivocaba,
porque los tres cruzaron miradas y no hizo falta ni hablar. Ellos empezaron a
desabrocharse los pantalones y ella se puso de rodillas, con la mirada
expectante para ver qué tremenda herramienta podían esconder paquetes como esos.
Sergio se la consiguió sacar primero, y lo que pude ver me dejó consternado. Era
un pollón enorme, probablemente más del doble que la mía, y que abrió los ojos
de mi madre como platos. Miró a Sergio a los ojos, y sin decir palabra agarró la
polla de la base y fue acercando la cabeza hasta introducirla parcialmente en su
boca. Tras saborearla un poco como si de un caramelo se tratara, cerró los ojos
y comenzó un movimiento con la cabeza que hizo suspirar a Sergio de placer.
-Ohhhh siiii…..Anitaaa…madre mía como chupas…joder con la
mujercita casada….
-Glup, glup….slurp….glup..- se oía a mi madre chupar con
deleite.
Mientras, Carlos por fin liberaba su polla, que nada tenía
que envidiar a la de Sergio, es más, siendo de una longitud aproximada, era
mucho más gruesa. Tras un rato de mamársela a Sergio, por fin se la sacó de la
boca para tomar aire, pero apenas tuvo tiempo ya que el bruto de Carlos la
agarró de la cabeza y le metió la polla en la boca sin darla tiempo ni a coger
un suspiro.
-¡Ven aquí, guarrilla! Ya esta bien de chupar tanto esa
polla. ¡Que aquí tienes otra a tu entera disposición, jaja! Verás, te voy a
enseñar a mamar bien este trozo de carne que te ofrezco.
-¡Uhhnnmmgg!¡Glug!¡Ugh!¡Uhhmmmgg! – trataba de gritar mamá
protestando por la brusquedad de Carlos.
Carlos movía la cabeza de mamá como si se estuviera haciendo
una paja a dos manos y ella intentaba mamar como podía, pero apenas conseguía
respirar y tragar saliva. Cuando parecía que por fín cogía el ritmo, Carlos le
agarró de nuca y obligándola a abrir la boca todo lo posible, empezando a
meterle toda su polla en la boca, tratando de que se la tragara entera,
provocándole arcadas a mi madre.
-Venga Anita….tú puedes….jajaja….hasta el fondo…quiero notar
tu garganta….¡eso es! ¡buena chica, hasta el fondo, jajaja!
-¡Glaggghh!¡Wuegg….! – mi madre estaba a punto de vomitar
Cuando el gorila por fin estuvo satisfecho, mi madre sacó su
cabeza del nabo de éste lo más rápido que pudo e intentó coger aire.
-¡hh…joder….casi me ahogo! Menuda cacho de polla…¿no ves que
es imposible que me la trague entera, so bruto? – le dijo cariñosamente a Carlos
mamá.
Pero el bruto de Carlos la cogió de la barbilla y
levantándola le agarró con brusquedad de las tetas con ambas manos, mientras le
volvía a clavar un beso lleno de babas en la boca de mi hasta ahora querida
madre.
-¡Deja de quejarte tanto, cerda, y ven que te voy a saborear
esa boquita de puta que tienes!
Mientras tanto Sergio se había agachado y poniéndose detrás
había empezado a desabrocharle los vaqueros, y cuando las nalgas de mamá
quedaron a la vista de Sergio, dejando a la vista un tanga liso blanco
inmaculado, éste se lanzó a besarlos y mordisquear cada nalga, mientras le
empezaba a bajar el tanga poco a poco para mostrar un coño perfectamente
depilado.
Al cabo de unos segundos, mi madre estaba completamente
desnuda, con Carlos comiéndole la boca y Sergio comiéndole todo desde su ano
hasta el coño desde detrás.
-¡Qué rico está tu anito, Anita, jajaja! Mmhhh….ñam…slurp… -
le decía Sergio entre lamida y lamida.
A mí se me caía el alma a los pies al ver a mi madre
completamente desnuda entre dos tipos vestidos con las camisetas de fútbol que
tanto nos había recriminado a mí y a mi padre por llevar, jugueteando
brutalmente con la boca de uno y ofreciendo sus partes más íntimas para deleite
del otro.
Los gemidos de placer de mi madre se mezclaban con el
ambiente de bar que provenía de la puerta situada al otro extremo del baño, lo
cual me recordaba que había un montón de personas a escasos metros de donde mi
madre se ofrecía gustosa a aquellos dos recién conocidos, pero ella estaba tan
cachonda que ya no debía ni oír el murmullo del partido.
En ese momento se oyó un estruendo de voces y gritos de
"¡gooooool!", que indicaba que el Zaragoza acababa de meter un gol. Tanto Sergio
como Carlos dejaron de comerle la boca y el ano a mi madre para empezar a
celebrar el gol, gritando sin importar que alguien les pudiera escuchar. Los dos
saltaban de alegría, chocando las manos y con gestos de felicidad, y mi madre
allí, desnuda, sonreía sin apartar la vista de esas dos pollas que se movían de
arriba abajo con cada salto de alegría. Tras unos breves momentos de euforia,
ambos miraron a mi madre que ahora les miraba sonriente, algo que me sorprendió,
pues siempre que yo y mi padre hacíamos lo mismo decía que parecíamos dos monos
enjaulados. Con una sonrisa maliciosa, los dos se acercaron a mi madre, y por
turnos la fueron cogiendo para darle cada uno un intenso morreo que para cuando
acabaron tenía a mi madre tratando de coger aire, pero con una cara de alegría
que jamás se me pasó por la cabeza que pudiera exhibir mi madre por esos dos
hinchas del deporte que tanto detestaba.
-Me alegro por vosotros, de verdad – dijo mi madre sonriente
y con toda la sinceridad del mundo.
-Pensaba que no te gustaba el fútbol. Que encontrabas los
partidos muy aburridos – dijo Sergio.
-Si, pero creo que le empiezo a coger el gusto a los
partidos. Acabo de descubrir que hay muchas cosas que se pueden hacer en un
partido y no había descubierto hasta ahora – explicó mi madre con tono juguetón
– No sabía que la pasión de los hinchas era tan….excitante.
-Jaja, vaya golosa que estás hecha – le dijo Carlos. Mi madre
se rió por el comentario.
-Anita, tenemos una sorpresa para ti – anunció Sergio
intercambiando miradas con su amigo – Para celebrar el gol, te vamos a enseñar
lo que es un doblete en condiciones, jeje.
Mi madre se mostró confusa por el comentario, porque al igual
que yo, creo que ya se olía lo que insinuaban sus dos hinchas favoritos. Carlos
se puso detrás de ella, y le dijo:
-Sujétate a mi cuello – y diciendo esto la cogió por detrás
de los muslos y la levantó en vilo, con las patas abiertas, ofreciéndole una
magnífica vista de su coño bien depilado a Sergio, que pasó su dedo por toda la
raja, recogiendo los líquidos generados por su excitación mezclados con su
saliva, y le introdujo el dedo en el culo. Mi madre soltó un gemido y se quedo
mirando con cara seria a Sergio, sin decir una palabra. Yo podía notar como
temblaba, no sé si de miedo o excitación.
-Bien, veo que estás bien mojadita, jaja. Bueno, pues que
sepas que te vamos a hacer sentir la pasión del fútbol muy adentro – le dijo
Sergio con tono severo.
-¿Ah si? ¿Y cómo vais a hacérmelo sentir? – preguntó mi madre
nerviosa pero excitada.
-Creo que lo sabes perfectamente – le contestó Sergio. Se
acercó a ella y la besó en la boca de nuevo, y mi madre devolvió el beso con
sensualidad. En ese momento Sergio la cogió por donde Carlos la había estado
sujetando, y éste pasó sus manos para posarlas sobre las nalgas de mamá. Con una
mano se agarró esa enorme polla que ya estaba a punto de explotar y apuntó hacia
su ojete. Mamá, sabedora de lo que venía, se agarró con más firmeza al cuello de
Carlos y se preparó entre murmullos que se apagaban en la boca de Sergio.
-Bien, allá va, Anita – declaró Carlos. Con una leve
movimiento levantando y volviendo a bajar a mi madre en vilo, pude ver como
aquella punta monstruosa comenzaba a desaparecer por el ojete de mamá,
totalmente a merced de los poderosos brazos de Carlos que actuaban como un
ascensor para el culo de mamá.
-¡¡¡Mmmmhhhhhhhh!!!!¡¡¡¡Mnnnñññññggg!!!! – trataba de gritar
mamá, pero Sergio se negaba a liberarle la boca, y mientras la seguía besando,
sin darla tiempo a haberse acostumbrado a tener ese pollón en su dulce culito,
se cogió el nabo y lo situó a la entrada de su vagina. Sin poder liberarse del
morreo de Sergio, mi madre abrió los ojos para mirarle como suplicándole, pero
tuvo que volver a cerrarlos cuando éste, sin compasión la penetró su coñito
rosado.
Por un momento los gemidos de mamá cesaron, sólo para volver
a reanudarse con más fuerza. Gritaba como una poseída, gritos de dolor y súplica
ante esa doble follada que la estaban dando.
-Aahhhhggg…..siiiii…..mierdaaaa….¿te gusta el doblete,
Ana?¿te gusta? – le preguntaba Carlos de forma retórica.
-¡¡Mmmmnnnn!!¡¡Ggggnnnnhhgggg!! – gritaba mi madre mientras
seguía tratando de liberarse del beso de Sergio para pedirles que parasen.
Pero los gritos de mamá apenas duraron un par de minutos. Ya
no trataba de liberarse del beso de Sergio. Es más, lo buscaba ella con más
ahínco que nunca. Sergio, sorprendido, le daba a mamá toda su lengua para que
pudiera saborear la boca de su follador. Carlos intensificó sus embestidas
anales, y los gritos y gemidos de mamá empezaron otra vez, pero esta vez ya no
denotaban dolor, sino más bien placer.
Las embestidas de ambos ya se habían sincronizado, y mamá y
Sergio habían liberado sus bocas para buscar algo de aire.
-¡¡Oohhhh!!¡Siiiiii!¡Oh si, Carlos!¡Dios mío, penétrame hasta
el fondo!¡Ahh….siii….los dos….metédmela muy adentro!¡Hacedme sentirlo todo!
-¡Uff…puta guarra….vaya coñito más caliente que
tienes…joder….!¡Y vaya tetas!¡Te voy a arrancar los pezones! – gritaba Sergio
extasiado, mientras le succionaba los pezones con tal pasión que parecía que se
los iba a arrancar de verdad.
-¡Jajaja, cacho de cerda, te voy a dejar el ojete como un
balón de fútbol!¡Mira como te gusta el doblete! Parece que no te cansas, ¿eh? –
se reía Carlos mientras su polla entraba y salía por el culo de mamá.
-¡¡Ahhhhh!!¡¡Nnnngggg!!¡¡Siiii…me gusta…me encanta el
doblete!! – decía mamá ya totalmente cachonda y fuera de sí.
Así estuvieron un buen rato, mientras esos dos chavales
embestían al unísono y las caderas de mi madre acompañaban al compás de unos
gritos y gemidos de placer que me taladraban los oídos. Desde fuera podía ver el
cuerpo sudado de mamá que se retorcía de placer entre esos dos forofos que la
estaban aleccionando en la cara oculta del fútbol, y poco a poco las embestidas
cobraron mayor ritmo, al tiempo que los bufidos de los chavales y los gemidos de
mamá iban en crescendo.
-¡Ohhh joder…me cago en la puta….ya no aguanto más! – gritaba
Carlos completamente rojo y con las venas de la cabeza hinchadas.
-¡¡Annnnnnggg!! ¡Dámelo…dámelo todo! ¡No os cortéis un pelo!
¡Venga, así, así! – gritaba mi madre desfogada. Mi propia madre intentaba saltar
en el aire para recibir clavadas más profundas, lo cual tenía a Carlos y a
Sergio en el paraíso.
Y entonces se corrió. Con un bufido como el de un toro su
cara quedó paralizada, al igual que su cuerpo. En esos momentos estaba
llenándole el culo de leche a mamá, y ella empezaba a arquear la espalda del
placer de sentir esa leche dentro suya, y sus dedos se empezaron a crispar,
señal de que estaba a punto de tener un orgasmo.
-Ahhhh…Carlitos…..que calentita tu leche…aah….sii….me
gusta….siiii…. – y acarició la cara de Carlos dándole besitos en la mejilla,
mientras éste seguía ahí de pie, con su polla todavía dentro del culo de ella,
reteniendo toda su leche en el agujero de mamá.
Sergio aumentó el ritmo de sus pollazos, excitado por la
escena que estaba presenciando de ver a mi madre tan guarra, y mi madre volvió a
aumentar sus gritos.
-¡Yaaaaa! ¡Siiii! ¡Ohhh Sergio, más rápido, más rápido!
¡Yo…me….me corrooooo! – gritó mamá, gimiendo de tal forma que si cerraba los
ojos parecía estar viendo una peli porno. La zorra gemía igual o más que las
actrices profesionales. Y era mi madre.
Sergio también debió notarlo, porque eso ya fue demasiado
para él, y cogiéndola de la nuca le clavó un pollazo final que incluso empujó a
Carlos un paso atrás, y su cuerpo quedó en tensión mientras la llenaba de
fluído.
-¡Arrgghhh! ¡Tómalo entero, Anita…maldita puta….esto por
zorra! ¡aahhgg! – exclamó Sergio casi con odio. Aún no había terminado de
correrse dentro de mi madre y de decirle lo puta que era cuando mi madre con un
espasmo se agarró repentinamente al cuello de Sergio, y lanzó un largo y
significativo gemido mientras sus caderas daban golpes involuntarios, clavándose
en ambos penes. Hasta Sergio se calló la boca. Y allí quedaron los tres. Carlos
sujetándola todavía del culo, mi madre ensartada en los dos agujeros y abrazada
a Sergio con la respiración entrecortada.
El primero en reaccionar fue Sergio.
-Carlos, baja ya a esta zorra – y Carlos obedeciendo la puso
de pie en el suelo, con las pollas aún dentro.
Sergio sacó la polla semiflácida del coño de mi madre, y un
segundo después lo hacía Carlos. Ambos tenían las pollas aún chorreando semen,
pero no pareció importarles. Mi madre estaba completamente ida, y tuvo que
agarrarse a uno de los lavabos para no caerse de bruces, pues le temblaban las
piernas y apenas conseguía mantenerse en pie, con la vista perdida todavía sin
creerse lo que acababa de hacer. Sergio encontró su polo tirado en el suelo del
baño, y tras limpiarse la polla con el polo se lo pasó a Carlos que hizo lo
mismo. Miraron a mi madre, y vieron que estaba como ida, y decidieron que allí
no tenían nada más que hacer. Así que le tiraron el polo manchado de semen y se
dirigieron a la puerta para quitar el cerrojo.
-Bueno Anita, espero que lo de hoy te haya servido para algo.
Al menos ya no podrás decir que te has aburrido en un partido – le dijo Sergio
con sorna antes de abrir la puerta
Salieron cerrando la puerta tras de sí, y desde la ventana
pude escuchar la risa de Carlos riéndole la gracia a Sergio. Mi madre seguía
allí de pie, con la mirada perdida, pero tenía un brillo en los ojos que
indicaba que aún seguía excitada por la tremenda follada que le habían dado.
Temeroso de que pudiese notar mi presencia en la ventana, pues ahora ya no tenía
dos enormes pollas que la distrajeran, me escabullí de nuevo a través de los
matorrales que rodeaban el bar y volví andando hasta la entrada principal. En mi
mente no podía parar de ver imágenes de mi madre recibiendo una doble
penetración por dos pollas de tamaño descomunal, y ella lejos de quejarse,
montándolas con pasión y sin vergüenza alguna. Llegué hasta la puerta y al
entrar el partido ya había acabado. Ni siquiera tuve ganas de mirar el
resultado. Me fui al lado de mi padre y le miré con pena. Pobre hombre, tan
absorto en el partido que ni se olía lo que había estado haciendo su mujer a
escasos metros, en el estrecho baño de aquel bar.
Sergio y Carlos se estaban sentando de nuevo en su mesa con
dos cervezas, brindando por lo que parecía ser la victoria del Zaragoza, pero yo
sabía que no era eso. Nos miraron a mí y a mi padre, y empezaron a sonreír de
forma burlona. En ese momento salió mamá del baño, y lo que vi me hizo sentirme
como una mierda. Allí estaba ella, se había arreglado un poco, y su expresión
era otra vez normal, aunque con el brillo de la lujuria aún presente, y en su
polo rosa había manchas húmedas que yo sabía de que eran, y a ella no le parecía
importarle para nada notar las manchas de semen en su piel. Se acercó y mi padre
se giró.
-Oye cariño, ya ha acabado el partido. Ya nos vamos a casa.
Perdona si te has aburrido – le dijo mi padre disculpándose.
-Oh, no te preocupes. Al final lo he pasado bien – dijo ella
inocentemente.
-¿De veras? Vaya – dijo mi padre sorprendido. Entonces se
fijó en las extrañas manchas sobre su polo – Cariño, te has manchado de algo.
¿Qué es eso?
-No es nada Pedro. Me he manchado un poco en el baño.
Mi padre lógicamente creyó que se refería al agua, pero yo
sabía que sí, que se había manchado en el baño, pero no precisamente de agua.
-Bueno, pues vámonos a casa ya – mi padre pagó la cuenta y
nos dirigimos a la puerta.
Mi madre salió la última, con todo el bar observando ese culo
bambolearse. Antes de que saliese mi madre pude oír un: "hasta luego". Mi madre
se giró y vio a Carlos y Sergio sonriéndola, tocándose la camiseta por donde mi
madre tenía las manchas, y ella soltó una risita y se despidió de ellos con una
sonrisa.
Ya de camino a casa en el coche mi padre miró a mi madre con
amor.
-Cielo, gracias por ser tan comprensiva. Sé que no te gusta
el fútbol, pero este partido era muy importante. Lo siento de veras, ya sé que
soy muy pesado con el fútbol pero…
-Cariño, ya te he dicho que no te preocupes. Me lo he pasado
muy bien.
-¿Cómo? – preguntó mi padre alegrándose - ¿De verdad? Sabía
que te acabaría gustando. Toda esa pasión….Por fin has sentido la pasión del
fútbol, ¿eh?, jejeje – le preguntó mi padre ingenuamente.
-Sí. La he sentido…profundamente dentro de mí – contestó mi
madre.
Por fin llegamos a casa y mi madre me dio un beso de buenas
noches sin que pudiera apartarme, y se fue directamente a la cama. Yo me quedé
con mi padre en el salón viendo el resumen de la jornada, pero por mi cabeza
sólo pasaban imágenes de mi madre y los dos forofos del fútbol que habían
conseguido levantar en mi madre el gusto por el deporte rey.