Tras llegar a la casa, deshicimos las maletas y vimos que
había dos cuartos, en uno había una cama de matrimonio y en el otro había dos
camas individuales. Yo imaginaba que dormiríamos Jose y yo en la cama de
matrimonio, y que Rober y Fran dormirían en la otra cama. Sin embargo me
equivoqué, porque Fran dijo que él iba a dormir todos los días en la de
matrimonio, y que el resto nos iríamos rotando en las otras dos camas y el hueco
que quedaba en la suya. De esta manera, el muy cabrón se aseguraba acostarse
conmigo un par de noches. Se ve que se había quedado con ganas de más.
Con el buen rollo que teníamos, mi novio tampoco se quejó
demasiado, y sólo decía que él quería dormir conmigo todos los días. Fran y
Rober también dijeron que querían dormir alguna noche con una chica tan guapa. Y
como lo dijeron en plan de broma, Jose no dijo nada.
La verdad es que mi novio siempre ha sido bastante confiado
conmigo, nada celoso, y menos aun si los otros chicos eran su amigo y su primo.
De hecho con su primo era con el que menos celos tenía, a veces me tocaba el
culo delante de Jose y él se lo tomaba a broma. Y siempre estaba con coñas en
plan: que buena estás, Susana. O… Vaya novia más cachonda tienes, primo.
Como todavía eran las siete, y era de día, decidimos ir a dar
un baño a la playa. Yo me pues un bikini rojo de esos pequeñitos que me gustan
tanto, y los chicos, sin ningún pudor en cuanto a mí, se pusieron unas bermudas,
y unas camisetas. Salimos a la playa, y nos tumbamos en la arena con las
toallas. Jose dijo que quería ir a bañarse rápidamente, y yo quería tomar el
sol. Los otros dos también decidieron irse al agua. Y me dejaron a mi solita en
la toalla, observando el espectáculo de los tres luchando entre ellos,
lanzándose arena mojada, y ahogándose entre ellos. Con la luz del sol y el agua
en sus cuerpos parecían modelos musculosos. Eran tres tíos buenazos, y parecía
que luchaban para que yo les viera.
Cuando se cansaron fueron viniendo de uno en uno. Primero
Rober, luego mi novio, y por último Fran. Cuando ellos salieron, yo entré. El
agua estaba gélida. Así que tras estar un ratito, salí corriendo con mis
muchachos, que se quedaron mirando mis pezones endurecidos. Pregunté quién
quería meterse conmigo al agua. Y los tres hicieron un ademán de levantarse. De
modo que se metieron los tres. Dentro del agua, hacíamos todo tipo de juegos,
pero el denominador común era meterme mano debajo del agua. O les pedía que me
lanzaran alto y luego me recogieran. Cada vez que lo hacían me estremecía
notando sus torsos fuertes abrazándome, o sus paquetes rozando mi culito. Se
estaban poniendo bastante cachondos con los juegos, o al menos eso decían sus
tiesas vergas que se notaban bajo la tela del bañador. De vez en cuando
conseguía rozar alguna con la mano, y cogerla directamente. Comprobé que mi
novio la tenía bastante más pequeña que los otros dos, aunque el que se llevaba
la palma era Fran, que la tení bastante gorda. Y eso que dicen que con el agua
fría se les pone chiquitita.
Tras el caliente baño, nos salimos a las toallas, habían
dejado un tiempo de descanso para que sus pollas se calmaran. Aun así se les
notaban perfectamente con el bañador mojado y pegado. Especialmente la del primo
de Jose, se la notaba con el capullo gordo y prominente. Aunque ya no estuviesen
duras, estaban bastante hinchadas por el calentón.
Nos secamos con las toallas, y nos fuimos a cenar unas
frituras que hacían en un bar de la costa. En primera línea de playa. Con el
calor que hacía, en la comida jugábamos a tirarnos agua por encima. Quedando yo
con el vestido completamente mojado y pegado al cuerpo.
Tras la cena nos fuimos a casa, estábamos bastante cansados y
decidimos no salir esa noche. Pero sí que nos tomaríamos unas copitas antes de
ir a la cama. Para decidir quién dormiría esa noche en la cama de matrimonio con
Fran, y quiénes dormirían en las otras dos camas de la otra habitación,
organizamos un juego. El que no se bebiera una cerveza de trago, sería el que
durmiese con Fran en la cama de matrimonio. El cabrón sabía que a mí la cerveza
no me gustaba nada, pero lo que no sabía es que estaba acostumbrada a tragar
grandes cantidades de líquidos sin apenas respirar.
A mi me pareció que iba demasiado rápido, y que si me
acostaba en la cama con él, aprovecharía para intentar algo. Y yo no estaba por
la labor de ser su putita. Ya era la putita de mi novio. Aunque a veces me guste
calentar a otros chicos, no significa que me los quiera follar (aunque es cierto
que con Fran podía hacer una excepción).
Nos colocamos todos las botellas de tercio de cerveza en la
boca. Aunque tengo que reconocer que yo no me la posé en los labios, sino que me
la metí unos centímetros dentro de la boca, Fran seguro que ya estaba pensando
en que le estaba comiendo la polla. Para asegurarme de que así era me saqué la
botella de la boca, cogiéndola con ambas manos y le dije: -cuando quieras…- se
lo dije, como un juego de palabras, claro, también se podía pensar que me
refería a que diera la señal para comenzar la prueba.
Yo me bebí todo de un trago, a pesar de saberme repugnante,
pero era una manera de calentar a ese cerdo de Fran, lo cual me encantaba. Mi
novio también se tomo su ración entera, y por último, Rober, el primo de mi
novio Jose, se puso a toser a punto de terminársela.
La cara de Fran era un poema al pensar que yo iba a dormir
con mi novio y no con él como había imaginado. Consternado se bajó a la calle y
subió cargado de botellas de alcohol. Parecía que había cambiado la estrategia y
ahora pretendía emborrachar al personal.
Lo cierto es que lo consiguió, y rápidamente estábamos todos
bastante borrachos. Ellos estaban con sus chándals y yo me había cambiado,
llevaba una minifalda, porque no tenía otro tipo de ropa en mi armario, y una
camisa blanca de botones muy ajustada. Decidí no ponerme sujetador para calentar
un poquito a mis chicos. Aunque no tengo muchos pechos, son bonitos y
redonditos, y con la camisa se veía un poquito de pecho, que se que les iba a
gustar.
Yo estaba sentada al lado de Fran, que no paraba de rozarme
discretamente, lo cual a mi me estaba poniendo bastante cachonda, sólo de
recordar cómo era de grande su miembro viril.
Tras un buen rato mi novio se quedó medio dormido, a causa de
las numerosas copas que llevaba encima, quedándome solita con aquellos dos
energúmenos que tan buenos estaban, y que tan peligrosamente había estado
poniendo calientes durante todo el día.
Mi novio estaba que no se enteraba de nada, y éstos
decidieron que jugaríamos un strip poker, a lo que al principio me negué en
redondo, pero ellos avisaron a mi novio, que lógicamente sin enterarse de nada,
aceptó el reto. Pero se quedó dormido nada más aceptar. Así que así estaba el
pastel, mi novio dormido y borracho como una cuba, su primo y su amigo
totalmente cachondos, y yo, también bastante húmeda ante la perspectiva de ver
tan hermosos cuerpos en su más primitiva naturaleza. La pena es que mi novio
estuviese como estaba, porque me habría encantado irme a la cama con él.
Necesitaba desahogarme y con estos chicos no pensaba hacerlo, por muy buenos que
estuviesen.
A los diez minutos de jugar al strip poker, aun estábamos
vestidos, sólo habíamos perdido las zapatillas, así que se aburrieron de la
lentitud del juego, y decidieron jugar a la carta más alta.
El que sacara la más alta, le daba una orden al de la carta
más baja, y los otros dos concursantes tenían que colaborar o no interferir en
la prueba. En caso de que la prueba no se cumpliera se pagaba con una prenda. Mi
novio, con el pedo que llevaba encima no tenía mucha pinta de que interfiriese
en el juego. De hecho la carta se la teníamos que levantar a él.
Las primeras pruebas eran algo tímidas… hacer el pinopuente,
beberse una copa de trago, cosas así. Hasta que a mí me dio por meterles caña.
Me apetecía pararles un poco el calentón, así que le dije a Rober que tenía que
besarle a Fran en el paquete, por encima del pantalón, claro. Rober se negó en
redondo, pero Fran le guiñó un ojo y le obligó casi a hacerlo, algún buen motivo
debía de habérsele ocurrido. Lo cierto es que verle cómo le besaba el paquete me
daba bastante envidia, quería hacerlo yo… pero claro, teniendo novio eso no
podía ser.
En la siguiente jugada Fran fraguó su venganza, me dio la
orden de besarle el paquete a Rober. Durante un rato dudé si era mejor besarle
el paquete tan hinchado que tenía delante de mi dormido novio, o quitarme una
prenda. Por último me decidí a quitarme la prenda. Como solo tenia para elegir
la braguitas, la minifalda y la camiseta (no llevaba sujetador) pues me quité
las braguitas, que al menos no destapaban nada directamente, y conseguía algo de
tiempo.
Me puse de pie, y ellos, con cara de tontos, miraron cómo me
iba bajando lentamente las braguitas, sin enseñar casi casi nada… aunque creo
que Fran, que estaba algo más cerca pudo ver un poquito de mi chochito depilado.
La verdad esque me encantaba la idea de tener tanto poder sobre estos dos pedazo
de machos, que con solo ver mis braguitas en el suelo ya daban muestras de estar
más cachondos todavía.
En la siguiente prueba mi novio quedó descalificado porque no
sólo no pudo cumplir la orden, sino que encima no podía quitarse una prenda. El
pobre estaba tan dormido que ni se enteraba. Así que como descalificación, Fran
se inventó que tenía que ser expulsado del "terreno de juego" como en el fútbol,
así que entre los dos le llevaron a la cama, y luego volvieron al salón conmigo.
Parecía que se estaban saliendo con la suya, porque ya se
habían quitado al principal problema.
En las siguientes partidas ellos perdían, y creo que aposta
se negaban a hacer las pruebas, porque así se iban desnudando poco a poco. De
repente me di cuenta de que ambos se habían quitado las camisetas, enseñándome
esos cuerpazos musculosos. Estar entre ambos hombretones a mi disposición, y con
mi novio "fuera de juego" me comenzó a calentar bastante más de lo que estaba.
Pronto comenzaría el verdadero juego.
En la siguiente ronda perdí yo, y como prueba, Fran, que es
bastante cerdo, me miró a los ojos, y dijo: es la hora de comerte uno de esos
heladitos que tanto te gustan. Ante tal embestida por su parte tengo que
reconocer que me entró algo de miedo, pensé que se me estaba yendo de las manos
el juego, pero a la vez me di cuenta de que en el fondo no me importaba, es más,
me apetecía bastante comerle la polla allí mismo. Sobretodo después de intuir
que tenía un buen pedazo de carne entre sus piernas. Gorda y larga, como a mí me
han gustado siempre (y como a toda hija de vecina).
Ellos dos sonreían, y yo me mantenía quieta mirándoles con
una mezcla de asombro, de miedo, y de ganas de probar verga de la buena. Mi
nerviosismo se acrecentó cuando Fran se levantó de su sitio y se acercó al mío.
A cada paso que daba podía ver cómo su pene daba tumbos contra la fina tela del
pantalón de chándal. Se le había bajado un poco el tamaño, y por eso no la tenía
dura, pero se notaba que estaba bastante calentita. Se puso delante de mí, con
su paquete a un palmo de mi cara. Yo me mantuve sentada en mi sitio, quietecita
y mirándole hacia arriba. Tuve que abrir mis piernas para que se acercara un
poco más. Seguro que Rober, desde su sitio podía ver mi entrepierna ya sin
braguitas.
Me di cuenta de que estaba temblando por el nerviosismo. No
dejaba de pensar en que entrara mi novio a por otra copa, o a preguntar que
estábamos haciendo.
En el momento clave, se dio la vuelta, lentamente, pasando su
polla a escasos centímetros de mi cara. Y se fue a la cocina. Rober me miraba
fijamente a la entrepierna. Y yo, lo notaba, de hecho no cerré ni un poquito las
mismas. Por su cara debía de gustarle ver mi rajita depilada. La minifalda no
tapaba mucho en ese ángulo.
Es curioso, porque yo me había depilado para darle una
sorpresa a mi novio, y resulta que ahora él estaba dormido en una cama en la
misma casa donde su amigo estaba mirándome el coñito, en la misma casa en la que
su primo estaba ingeniándoselas para acostarse conmigo.
Al momento apareció de nuevo Fran, y traía un par de botes
con crema de helado, a mi me entró la risa floja, de saber que realmente iba a
tomar helado y que no se refería a comerle la polla. Parecía que al final se
había acobardado.
Le pregunté: de dónde has sacado eso?
Fran dijo: los he comprado antes, junto a la bebida, pero no
mires, que no puedes saber de qué sabores son!!!
-ah, no? Y eso porqué?- pregunté extrañada.
-porque la prueba consiste en que debes adivinar los sabores
de cada helado, y con los ojos tapados.- dijo con una sonrisa en la boca.
-vale, eso es fácil, me encantan los helados.- respondí.
No se me ocurría qué podía tener de erótico para ellos verme
comer helado, si no era un helado de esos con forma fálica, de los que me gusta
tomar en las heladerías calentando a los chicos. Así que accedí a la prueba.
Me taparon los ojos con una cinta de pelo que me había
llevado yo. No veía nada por delante, pero sí por abajo, y vi cómo se agachaba
Fran a recoger mis braguitas. Supongo que el muy cabrón quería olerlas.
Me dijo Fran: -Susanita, cariño, ya puedes probar tu primer
heladito. Pero no hace falta que pongas esa cara de ansiosa, que vas a comer
todo lo que te apetezca.- yo respondí con una sonrisa.
Abrí la boquita y lentamente noté cómo una pizca de helado
cremoso se posaba en mis labios. Comencé a chupar esa delicia fría que se
derretía al contacto con mi caliente boca.
Pronto notaba cómo se iba deslizando el helado por mi
barbilla y mi cuello. Rober se ofreció a limpiármelo con sus labios. Comenzó a
recorrer el flujo del helado por mi cuerpito, poniéndome más cachonda de lo que
ya podía estar. Le podía ver por debajo de la tela que tapaba mis ojos.
Yo seguía probando el helado, y la verdad es que no podía
descifrar el sabor. Quizá estaba demasiado obsesionada con comerme una buena
polla como para apreciar el delicioso manjar que se me ofrecía. Imaginé que
ellos estaban ideando que le comía la verga en vez de estar chupando la crema
que sostenía con la punta de sus dedos.
Así que para calentarles un poquito decidí abrir bien la boca
para meterme los dedos de Fran hasta el fondo de la garganta. Seguro que
haciendo eso pensarían que quería comerles la polla (aunque realmente era así).
Ya me había olvidado de que mi novio estaba en la casa. Aunque también es cierto
de que no me veía capaz de pasar a mayores y ponerle los cuernos.
Sea como fuere, lo cierto es que tomé aire y abrí la boca
todo cuando pude y adelanté mi cabeza hacia delante.
Noté cómo la punta de sus dedos tocaban cálidamente mi
garganta. Pero justo en ese instante me di cuenta de mi error. Mirando hacia
abajo vi que sus pies estaban demasiado adelantados, y con un cálculo rápido
llegué a la conclusión de que estando tan cerca de mí, algo debía tener dentro
de mi boquita que no era su mano.
El acto reflejo de notar sus dedos contra mi garganta, aunque
justo en ese momento imaginé que era su polla, me obligó a cerrar la boca. Mis
labios pronto notaron que estaban alrededor de una barra de carne, bastante
gorda, y que tenía la extraña propiedad de saber a helado. La mitad estaba fría
y la mitad estaba caliente. Apenas había cerrado un poquito los labios y ya
había tomado contacto con la verga de Fran. Que, bajo el disfraz de ser un
helado, había conseguido introducirse en mi boca.
Me la habían jugado, y ahora tenía dos opciones, o bien
montar una bronca descomunal por lo que me habían hecho hacer, o bien intentar
de superar la prueba con algo de dignidad. De todas maneras estaba tan cachonda
que era incapaz de dejar de comerle la polla.
Intenté tragar algo más de carne. Pero me veía incapaz, debía
de ser inmensa porque ni mi nariz ni la tela de mis ojos alcanzaban a tocar su
musculosa tripa. Acostumbrada a la polla de mi novio, de tamaño estándar, ésta
se me hacía por completo imposible de tragar.
Noté que de tanto chupar y tragar helado, se había quedado
sin nada, y tampoco era plan de chuparle la polla porqué sí, se supone que el
pretexto era lo del helado. De manera que aparté lentamente mi cabeza,
succionando los últimos restos que podían quedar, para sacármela de la boca y
pedir más helado. Sin embargo, cuando apenas quedaba por sacar la hinchada
cabeza noté sus fuertes manos atrapándome por detrás e introduciendo otra vez su
pene dentro de mi boquita.
Cuando entró hasta donde pudo, noté que no hizo falta pedirle
más crema de helado, él mismo se había ocupado de volver a llenar mi boca con
crema. Aunque en esta ocasión no estaba fría. Se estaba corriendo como un animal
sin pedir ni permiso. Yo estaba tan cachonda, y había propiciado tanto su
calentura que no hice ningún intento de quejarme.
En el momento me pareció perfecto recibir tal cantidad de
leche, pero pronto se convirtió en un problema. No me cabía tanta polla y tanta
lefa en la boca, y como él no daba muestras de querer sacarla, decidí que
tragarme la nueva crema era la mejor opción. No sabía tan rica como el helado,
pero con la mezcla de lefa y heladito, pensando que ambas cosas me gustan tanto,
el resultado era bastante interesante.
Estaba deseosa de saber qué helado era el que portaba la
polla de Rober.
Cuando sacó Fran su gran verga de mi boca ya estaba
perfectamente limpia, como si no hubiera pasado nada. A pesar de que su primo
era mi novio y estaba dormido en una habitación de la casa.
Si el primito me había engañado de una manera algo
encubierta, el amiguito de mi novio no tuvo ningún reparo en ahorrarse el
protocolo.
Directamente puso su polla en mis labios y dijo:
-Por favor, Susanita, cariño, limpia la pala del helado para
no mezclar sabores.-
Yo sonreí por su cachonda ironía, sin apartar la punta de su
miembro de mis labios, y le respondí: -Pero Rober, esta pala no es la de antes,
y parece que ya esta limpita…
Él me respondió: - Bueno, como desees, no te voy a hacer
esperar.- retiró su verga y le puso la cremita del helado. Pronto tenía otra
polla camuflada en la comisura de mis labios.
Me gustaba la idea de comérsela a él también, pero en esos
momentos creía que debía ser fuerte para quedar por encima de alguno de ellos,
ya que Fran se había corrido en mi boca, al menos Rober iba a pasar un mal rato
antes. Comencé a lamer lentamente la puntita. La crema pasaba a mi boca y la
saboreaba, dejando largas pausas entre lamida y lamida. Oía sus suspiros de
placer, parecía que le gustaba el juego, y que estaba esperando el momento de
que me metiera toda su verga en la boca. Pronto, de tanto lamer su puntita, se
acabó el helado, y me retiré para pedirle que pusiera un poquito más. Con un
sonido de resignación se alejó unos centímetros para echarse más helado y luego
volvió a ponérmela sobre los labios.
Debía estar algo ansioso, porque la puso con tal fuerza que
me manchó toda la boca y alrededores. Elevé una mano y le sujeté el miembro,
mientras que apartaba mi cara de su verga. Levantando la cara, para que pudieran
verme perfectamente comencé a lamerme a mí misma con la lengua, sacándola lo más
que podía.
Mientras le masturbaba lentamente con la mano. Recorriendo su
largo y gordo pene, y comprobando que el de Fran era sensiblemente más grande,
en todos los sentidos. Me resultaba extraño que en una sola noche estuviese
comparando grosores, tamaños y sabores de distintas vergas, y me sentí algo
desafortunada al comprobar que la de mi novio era la más pequeña de las tres.
Pero por otra parte, me sentía feliz de estar disfrutando de estos curiosos y
cálidos heladitos.
En ese momento volví a acordarme de cuando me voy a las
heladerías a comer helados mirando a los chicos, les suele calentar bastante ver
que me los como como si se trataran de pollas. Mi novio a veces se mosquea, pero
no tiene valor para decirme nada, él piensa que lo hago sin querer…
Sin embargo, es más divertido comerse una buena polla a la
vez del helado, en vez de un helado en vez de una polla.
Los suspiros de Rober me devolvieron a la realidad, y recordé
que tenía una polla en mi mano, preparada para que me la comiera enterita, y que
su dueño estaba ansioso por que lo hiciera. Sin soltarla, volví a colocarla
sobre mi boquita entreabierta, pasándola de un lado al otro de mi labio
inferior, y lamiendo su cremoso glande.
El sabor del este helado era inconfundible. Era el típico de
fresas con nata que tanto me gusta. Sin embargo, el sabor de esa polla era algo
completamente nuevo. Cuando volví a terminarme la crema que había en su puntita
me aparté de nuevo, pero esta vez abriendo bien la boca. Quería meterme ese
caliente pedazo de carne hasta el fondo. Confiaba en que ésta sí me iba a caber,
y deseaba profundamente hacerlo. Sin embargo, me sorprendí a mi misma, diciendo
alegremente: -Es de fresas con nata!!!, verdad cielo?-.
Escuché una risotada de Fran, se reía de su amigo, que no
había conseguido su ansiada meta de descargar su leche en mi boca. Yo había dado
la respuesta sin pensarlo, realmente ansiaba probar esa polla, pero también me
hacía gracia la idea de dejarle completamente cachondo. De modo que acaricié un
poquito la tremenda barra que tenía delante de mí, y me alejé lentamente con una
amplia sonrisa en mi boca.
Fran dijo: -Muy bien, has acertado, preciosa. Es de Fresas
con nata. Siento que Rober no pueda continuar dándote heladito.
Rober se quejó ansiosamente, diciendo que tenía que si quería
podía seguir comiendo, que a él no le importaba darme más. Pero ya estaba todo
dicho, y a mí me hacía gracia verle inventar estúpidas excusas para que le
comiera la polla. Así que, para dejarle KO le dije:- no te preocupes, Rober, que
el otro helado me ha gustado más, así que si tengo que repetir repetiría del que
me da Fran.-
No quería ser dura con él, pero a mi lo que me gusta es
calentar a los chicos y dejarles calentitos, para queme quieran, no comportarme
como su putita… y me di cuenta de que se me dan las dos cosas bastante bien:
calentar y ser la putita…
Cuando me dejaron quitarme la venda de los ojos estaban los
dos sentados en el sofá de enfrente, aunque la postura de Rober era distinta a
la de Fran, intuía a qué se debía. Fran dijo que se iba a la cama, que estaba
muy cansado y que mañana quería irse a la playa pronto. Rober, esperando algo de
mí se quedó quieto en su sitio. Mirándome con ojos de cordero.
Cuando Fran ya se fue, se me ocurrió una genial idea para
torturarle un poquito más. El pobre idiota picaría fácilmente.
-Rober, cariño, he decidido que me he quedado con ganas de
más Fresas con nata… me puedes acercar la cinta de los ojos y el helado?- él con
un sobresalto, me alcanzó lo que le pedía. Puso una sonrisa de chulo mientras se
tocaba la polla a través del pantalón, seguro de que al final cumpliría sus más
sucios deseos. Sin embargo se quedó tristemente resignado cuando observó que la
cinta no me la ponía en los ojos, sino como babero, que no necesitaba "pala"
para comer, sino que con mis dedos era suficiente. Le ponía la cara más guarra
que podía, y él a ratos recuperaba la esperanza de que usara su "pala" para
tomar el helado.
Le calentaba con comentarios como: "que rico está esto, que
pena no tener una cuchara grande" o… "¿has elegido tú el helado? Me encanta".
Por fin, cuando me aburrí de tragar helado, le dije,- vamos
Rober, que es hora de dormir, y alégrate, que según me ha dicho Fran antes de
irse nos ha cedido la cama de matrimonio.
Creo que no he pasado una noche tan larga en mi vida. Rober
se pegó a mí por detrás como una lapa, rodeándome con sus musculosos brazos,
colocando su duro pene en el hueco de mis glúteos, de los que sólo le separaba
su pantalón y mi faldita veraniega.
Sólo sé que cuando se despertó aún tenía un fuerte empalme
que no había sido atendido en toda la noche.
Como he dicho antes, lo que más me gusta de los chicos es
calentarles hasta que estén a punto de reventar. Qué pena que con Fran hiciera
una cremosa excepción.